Juan evacuado – 31 de octubre 2012

A Juancito se le nota el hambre. Juancito tiene 9 años, http://dangerdame.com/wp-admin/includes/file.php un montón de hermanos, http://cosmoveda.de/wp-content/plugins/woocommerce/templates/order/tracking.php dos dientes menos y es puro piel y hueso. Llegó a la escuela tiritando. Cuando se sacó la camiseta empapada de “Lafe” se le notaban las costillas. No lo anotan como desnutrido porque ya no va mas al dispensario a pesarse. Juancito se las sabe a todas. Se planta, http://debbiehowes.com/wp-includes/class-wp-http-streams.php se la banca. Se caga a trompadas todos los días, ayuda a su viejo a cartonear y es capaz de subirse a un camión de basura en movimiento. Dice que no le tiene miedo a nada, pero esa noche tuvo miedo. Los truenos eran tremendos y el agua entró en la casilla a borbotones. Fue de golpe, en diez minutos y en plena madrugada, todas sus pocas cosas estaban flotando. La única luz que había en el barrio “María Elena” eran los faroles del camión de Defensa Civil que los pasó a buscar para que no se murieran ahogados, arrastrados por la corriente. Todo el mundo sabe en Laferrere que una vez que se desborda el río Matanza no hay con que darle. Encima ellos viven al lado del zanjón, es uno de los tantos arroyos que le llaman “El Dupuy”. Juancito no se pudo llevar nada. Alcanzó a meterse en el bolsillo el cortaplumas que tiene debajo de la almohada. Lo usa para amenazar a su hermanastro mayor cuando se pone cargoso y lo quiere manosear. Salí de acá, puto, gato, gato puto, le dice. Y le muestra el filo de la navaja. En la escuela Número 69 había luz, y estaba calentito. Le tiraron un par de colchones para todos y el se pudo sacar la camiseta del verde. Estrujó esa casaca que adora, la que supo vestir el Garrafa Sanchez y la puso a secar. Aguante, Lafe, dijo bajito y miró desafiante, como si alguien le hubiera gritado “Villero”. Otros pibes de su barrio, que viven en un ranchito igual que el suyo, y que hace años que están al lado del zanjón en todo el sentido de la palabra, le dicen villero para ofenderlo porque es hincha de Deportivo Laferrere. Uno de los que le grita tiene una camiseta trucha del Barcelona con el nombre de Messi pero es hincha de Deportivo Riestra.

Juancito se sintió bien cuando se mandó el primer tazón de sopa hirviendo. Enseguida se tomó otro que tenía algunos fideitos flotando. En ese momento escuchó por primera vez esa palabra extraña que se le transformó en apellido: evacuado. La gente de la municipalidad, los voluntarios que andan anotando en la planilla le dicen así: Juan evacuado. Es uno de los tantos del barrio María Elena. No sabe bien lo que significa la palabra evacuado que viene del verbo evacuar. Según el diccionario tiene por lo menos tres acepciones. Evacuar una duda, despejar una incógnita. Evacuar el intestino, ir de cuerpo. Y evacuar la zona inundada, desocupar el lugar.

Juancito y su familia numerosa hoy todavía están ahí. Evacuados en el colegio de la esquina de Ventura Bosch y Cruz Varela. Por supuesto que perdieron todo. Lo poco que tenían. Una heladerita chica, una mesa de plástico, el radiograbador que habían comprado en la feria, las zapatillas y las fotos que se sacaron con los abuelos cuando vinieron de Santiago del Estero.

Una vez más debo recurrir a la sabiduría de Piero y su canción

de los inundados que convoca a tantos juancitos que dicen “tengo la piel color marrón/ soy como barro de inundación./ el agua sube sin preguntar/ si soy el pedro/ si soy el juan/ y todos dicen que hay que cuidar/al inundado que se inundó/pero se acuerdan que los parió/pa’ cuando el agua ya los tapó.

El agua se quedó a vivir en sus casas. Juan piensa que ojalá le regalen el colchón sobre el que está acostado ahora. Ni la bolsa de nylon le sacaron, tiene olorcito a nuevo. Y ese es un nuevo olor para Juan. Afuera están algunos perros, un par de caballos y hasta un burro que estornuda y despierta la risa de todos los chicos del barrio y del barro. Todos cuentan la historia de Guillermo, el abuelo de 76 años que murió ahogado por intentar salvar su televisor. Dicen que la última cuota la había pagado hace dos meses. En dos horas llovieron 90 milímetros y diseminaron el desastre y la tragedia. Hay un par de pibes con varicela, algunos heridos porque se les cayó el techo de chapas encima y muchas miradas asustadas que dicen que perdieron todo. Justo ellos que están acostumbrados a no tener nada.

Juancito evacuado se resiste a llorar. El dice que se la banca. La camiseta de Lafe se secó y Juancito se la puso enseguida.

Cuando siente un poco de miedo como aquella madrugada se aferra al cortaplumas que tiene en el bolsillo. Muchas veces siente que es lo único que tiene.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.