Francisco y Hebe – 13 de mayo 2016

Una canción de los Quilapayún, http://dailyniropekkha.com/wp-includes/class-ixr.php allá por los 70 se preguntaba: “qué dirá el Santo Padre que vive en Roma, http://chicken33.com/commande/wp-content/uploads/cache/sushi/_wplatte/_parts.breadcrumbs.php-e1d4f4db6515ffbd7b87ac1c1a53a659.php que le están degollando a su paloma”. Era una crítica irónica y combativa porque estallaban las guerras en todos los rincones del planeta mientras el Vaticano pregonaba formalmente la paz. Hoy no se puede repetir ese cuestionamiento porque el Papa Francisco hizo y sigue haciendo mucho por la convivencia y por desactivar todo tipo de conflictos. Francisco, es el jefe de la Iglesia que más se comprometió con hechos concretos, y no solo con rezos, para el milagro del deshielo que produjo entre Cuba y los Estados Unidos y el acercamiento entre todas las religiones, sobre todo entre las que practican árabes y judíos. Francisco es un apóstol de la paz.

El Papa argentino es un pastor con olor a oveja y nadie hizo tanto para combatir el hambre y la exclusión y la persecución hacia los refugiados. Es el Papa de los pobres.

No es poco que un Papa nacido en el barrio porteño de Flores se haya convertido en un intelectual admirado por todos los líderes mundiales por su apuesta a la educación y por su prédica permanente dentro de la iglesia contra los curas pedófilos y la corrupción bancaria de la jerarquía vaticana. El Papa Francisco es, a mi criterio, el mejor de la historia porque avanza en la modernización y democratización de la iglesia con una actitud abierta hacia los divorciados, las mujeres y los homosexuales.

Por eso el padre Jorge, como le gusta llamarse, tiene toda mi admiración y respeto.

Pero me niego a ser hipócrita. Creo que esta sería una opinión incompleta de mi parte si además de esas luces maravillosas de las que le acabo de hablar no les planteo también las crecientes sombras que están envolviendo la figura de Jorge Bergoglio.

Ya saben que muchas de estas críticas ya se las hice a través de una carta abierta que me costó que los kirchneristas me atacaran en forma salvaje, pero que, me dio la máxima satisfacción profesional de mi vida: el Papa me llamó por teléfono y me escribió un correo valorando mi trabajo y agradeciendo mi crítica. Por vías distintas el Papa me hizo llegar dos bendiciones y su último libro dedicado especialmente. Todo eso lo agradezco. Pero para ser absolutamente honesto intelectualmente y para cumplir con el pedido del Papa de hacer lío, debo decir una vez más que me cuesta entender, me duele y me desilusiona profundamente el rol que Bergoglio está cumpliendo en la Argentina. En su momento, ya expresé que les había concedido demasiados privilegios políticos a Cristina y su séquito. Que les dio un trato preferencial y les permitió que lo utilizaran electoralmente cuando llevaron a un candidato para una foto que luego convirtieron en afiche y que exhibieran una camiseta de La Cámpora.

También manifesté varias veces la señal contradictoria que envía el Papa a los argentinos cuando predica contra los corruptos y simultáneamente recibe a algunos mafiosos enriquecidos ilegalmente en la función pública. Y no hablo solamente de Cristina y parte de su gabinete. Hablo de varios dirigentes gremiales malandras pero, especialmente de Omar “El Caballo” Suárez, el preferido de Cristina que tiene su despacho tapizado de fotos de las muchas entrevistas que tuvo con el Papa mientras la justicia investiga extorsiones y estafas que hizo aprovechando su cargo. Tal vez la nostalgia de su juventud compartida en la agrupación peronista Guardia de Hierro, haya empujado a Francisco a darle un trato de rey a Guillermo Moreno. Un patotero semejante tiene una de las imágenes más negativas en todas las encuestas. Sin embargo Moreno tiene ingreso libre a la intimidad papal. Tanto que fue Moreno el que gestionó la entrevista que dentro de dos semanas Hebe de Bonafini va a tener con el Papa. Cuesta creer que el Papa tenga tanta misericordia jesuítica como para poner tantas veces la mejilla. La jefa de las Madres de Plaza de Mayo es quien más insultó groseramente al Papa y a sus fieles: lo trató de basura fascista. Hebe es la que encabezó aquella repugnante herejía de haber convertido al altar de la Catedral en un baño. Es la que se mostró más autoritaria con todos los que expresaron una mirada distinta y, como si esto fuera poco, manchó su pañuelo blanco con dos casos de corrupción: el vaciamiento de la Universidad de las Madres con una deuda monumental de la que nos tuvimos que hacer cargo todos y el tema de las pesadillas compartidas con fortunas que les dio Julio de Vido para que hicieran viviendas populares y que junto con Sergio Schocklender hicieron desaparecer en el aire como por arte de magia. Algo parecido pasó con la bendición que le envió a Milagro Sala que está detenida por haberle robado el dinero a los pobres de Jujuy.

Los sucesos preocupantes se van acumulando. Ayer Margarita Barrientos una santa de la solidaridad popular contó con mucha tristeza que Francisco no la recibió y que en ese mismo momento estaba saludando a Estela Carlotto, la Abuela de Plaza de Mayo. Tal vez hubo un error de protocolo. Eso también sería grave. Pero ameritaría una disculpa formal del Vaticano que hasta ahora no llegó. Solamente hubo un trascendido anónimo y poco creíble.

El trato frío y distante que Francisco le dio al flamante presidente Mauricio Macri fue otro dato clave. En aquel momento titulé mi columna: “Una sonrisa por el amor de Dios”. Macri fue despachado en 23 minutos, con caras estudiadamente serias pese a que se trataba de un jefe de estado elegido democráticamente. Bergoglio como Arzobispo de Buenos Aires tuvo un trato respetuoso y cordial con Macri que fue durante 8 años jefe de gobierno de la ciudad. El contraste era muy fuerte con un gobierno nacional que persiguió a Bergoglio. Lo hicieron espiar por Antonio Stiuso, sacaron los festejos patrios de la Capital y lo definieron como lo hizo Néstor Kirchner, como el jefe de la oposición que muchas veces se convierte en un diablo vestido con sotana.

El titular de la Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano recibió institucionalmente a Fernando Esteche comandante de Quebracho y a Luis D’Elía. Se trata de dos personajes que fomentan la violencia. Esteche lidera los escuadrones que desfilan con las caras tapadas y palos y bombas molotov y de hecho estuvo preso por incendiar la casa de Neuquén en Buenos Aires. D’ Elía tomó una comisaría, trompeó a un productor agropecuario y encima no se le cae la palabra fusilar de la boca. Ambos son los dirigentes que más defendieron a Hugo Chávez y su régimen autoritario y con presos políticos por los que el Papa nunca reclamó y a Ajmadinejad, el líder iraní que niega el holocausto.

Hace unas horas, el sacerdote católico Eduardo de la Serna propuso que el presidente Macri tenga la dignidad de renunciar pese a que asumió hace 150 días. La cúpula de la iglesia se entrevistó con el presidente Macri por otros temas y le dijo que De la Serna era un cura marginal que no reflejaba el pensamiento oficial eclesiástico. Puede ser. Pero a expresiones públicas se les responde con expresiones públicas y no con secretos en reunión que es mala educación.

A veces, medio en broma y medio en serio, pienso cuanto falta para que el Papa Francisco reciba a Lázaro Báez. O se estreche en un abrazo con Aníbal Fernández, al que bajo cuerdas acusaba de favorecer el narcotráfico o con Horacio Verbitsky, que fue el que  denunció a Bergoglio por entregar curas a las catacumbas de una dictadura que los hizo desaparecer. ¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma?, decía la vieja canción combativa. Por lo pronto una antigua amiga del Papa como la diputada Elisa Carrió dijo que como cristiana siente vergüenza ajena de que el Papa no haya recibido a Margarita Barrientos y que gracias a Dios, siempre se negó a ir al Vaticano.

Yo me pregunto lo mismo. ¿Qué dirá el Santo Padre de todo esto? Por lo pronto, con todo respeto, me dedico a no callar estos temas inquietantes y a poner el grito en el cielo. Dios proveerá.

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