Paenza, cómplice de la persecución K – 17 de mayo 2016

Una canción de los Quilapayún, http://cuencahighlife.com/wp-content/plugins/jetpack/modules/sitemaps.php allá por los 70 se preguntaba: “qué dirá el Santo Padre que vive en Roma, http://cooperativenet.com/wp-content/plugins/simple-lightbox/includes/class.utilities.php que le están degollando a su paloma”. Era una crítica irónica y combativa porque estallaban las guerras en todos los rincones del planeta mientras el Vaticano pregonaba formalmente la paz. Hoy no se puede repetir ese cuestionamiento porque el Papa Francisco hizo y sigue haciendo mucho por la convivencia y por desactivar todo tipo de conflictos. Francisco, es el jefe de la Iglesia que más se comprometió con hechos concretos, y no solo con rezos, para el milagro del deshielo que produjo entre Cuba y los Estados Unidos y el acercamiento entre todas las religiones, sobre todo entre las que practican árabes y judíos. Francisco es un apóstol de la paz.

El Papa argentino es un pastor con olor a oveja y nadie hizo tanto para combatir el hambre y la exclusión y la persecución hacia los refugiados. Es el Papa de los pobres.

No es poco que un Papa nacido en el barrio porteño de Flores se haya convertido en un intelectual admirado por todos los líderes mundiales por su apuesta a la educación y por su prédica permanente dentro de la iglesia contra los curas pedófilos y la corrupción bancaria de la jerarquía vaticana. El Papa Francisco es, a mi criterio, el mejor de la historia porque avanza en la modernización y democratización de la iglesia con una actitud abierta hacia los divorciados, las mujeres y los homosexuales.

Por eso el padre Jorge, como le gusta llamarse, tiene toda mi admiración y respeto.

Pero me niego a ser hipócrita. Creo que esta sería una opinión incompleta de mi parte si además de esas luces maravillosas de las que le acabo de hablar no les planteo también las crecientes sombras que están envolviendo la figura de Jorge Bergoglio.

Ya saben que muchas de estas críticas ya se las hice a través de una carta abierta que me costó que los kirchneristas me atacaran en forma salvaje, pero que, me dio la máxima satisfacción profesional de mi vida: el Papa me llamó por teléfono y me escribió un correo valorando mi trabajo y agradeciendo mi crítica. Por vías distintas el Papa me hizo llegar dos bendiciones y su último libro dedicado especialmente. Todo eso lo agradezco. Pero para ser absolutamente honesto intelectualmente y para cumplir con el pedido del Papa de hacer lío, debo decir una vez más que me cuesta entender, me duele y me desilusiona profundamente el rol que Bergoglio está cumpliendo en la Argentina. En su momento, ya expresé que les había concedido demasiados privilegios políticos a Cristina y su séquito. Que les dio un trato preferencial y les permitió que lo utilizaran electoralmente cuando llevaron a un candidato para una foto que luego convirtieron en afiche y que exhibieran una camiseta de La Cámpora.

También manifesté varias veces la señal contradictoria que envía el Papa a los argentinos cuando predica contra los corruptos y simultáneamente recibe a algunos mafiosos enriquecidos ilegalmente en la función pública. Y no hablo solamente de Cristina y parte de su gabinete. Hablo de varios dirigentes gremiales malandras pero, especialmente de Omar “El Caballo” Suárez, el preferido de Cristina que tiene su despacho tapizado de fotos de las muchas entrevistas que tuvo con el Papa mientras la justicia investiga extorsiones y estafas que hizo aprovechando su cargo. Tal vez la nostalgia de su juventud compartida en la agrupación peronista Guardia de Hierro, haya empujado a Francisco a darle un trato de rey a Guillermo Moreno. Un patotero semejante tiene una de las imágenes más negativas en todas las encuestas. Sin embargo Moreno tiene ingreso libre a la intimidad papal. Tanto que fue Moreno el que gestionó la entrevista que dentro de dos semanas Hebe de Bonafini va a tener con el Papa. Cuesta creer que el Papa tenga tanta misericordia jesuítica como para poner tantas veces la mejilla. La jefa de las Madres de Plaza de Mayo es quien más insultó groseramente al Papa y a sus fieles: lo trató de basura fascista. Hebe es la que encabezó aquella repugnante herejía de haber convertido al altar de la Catedral en un baño. Es la que se mostró más autoritaria con todos los que expresaron una mirada distinta y, como si esto fuera poco, manchó su pañuelo blanco con dos casos de corrupción: el vaciamiento de la Universidad de las Madres con una deuda monumental de la que nos tuvimos que hacer cargo todos y el tema de las pesadillas compartidas con fortunas que les dio Julio de Vido para que hicieran viviendas populares y que junto con Sergio Schocklender hicieron desaparecer en el aire como por arte de magia. Algo parecido pasó con la bendición que le envió a Milagro Sala que está detenida por haberle robado el dinero a los pobres de Jujuy.

Los sucesos preocupantes se van acumulando. Ayer Margarita Barrientos una santa de la solidaridad popular contó con mucha tristeza que Francisco no la recibió y que en ese mismo momento estaba saludando a Estela Carlotto, la Abuela de Plaza de Mayo. Tal vez hubo un error de protocolo. Eso también sería grave. Pero ameritaría una disculpa formal del Vaticano que hasta ahora no llegó. Solamente hubo un trascendido anónimo y poco creíble.

El trato frío y distante que Francisco le dio al flamante presidente Mauricio Macri fue otro dato clave. En aquel momento titulé mi columna: “Una sonrisa por el amor de Dios”. Macri fue despachado en 23 minutos, con caras estudiadamente serias pese a que se trataba de un jefe de estado elegido democráticamente. Bergoglio como Arzobispo de Buenos Aires tuvo un trato respetuoso y cordial con Macri que fue durante 8 años jefe de gobierno de la ciudad. El contraste era muy fuerte con un gobierno nacional que persiguió a Bergoglio. Lo hicieron espiar por Antonio Stiuso, sacaron los festejos patrios de la Capital y lo definieron como lo hizo Néstor Kirchner, como el jefe de la oposición que muchas veces se convierte en un diablo vestido con sotana.

El titular de la Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano recibió institucionalmente a Fernando Esteche comandante de Quebracho y a Luis D’Elía. Se trata de dos personajes que fomentan la violencia. Esteche lidera los escuadrones que desfilan con las caras tapadas y palos y bombas molotov y de hecho estuvo preso por incendiar la casa de Neuquén en Buenos Aires. D’ Elía tomó una comisaría, trompeó a un productor agropecuario y encima no se le cae la palabra fusilar de la boca. Ambos son los dirigentes que más defendieron a Hugo Chávez y su régimen autoritario y con presos políticos por los que el Papa nunca reclamó y a Ajmadinejad, el líder iraní que niega el holocausto.

Hace unas horas, el sacerdote católico Eduardo de la Serna propuso que el presidente Macri tenga la dignidad de renunciar pese a que asumió hace 150 días. La cúpula de la iglesia se entrevistó con el presidente Macri por otros temas y le dijo que De la Serna era un cura marginal que no reflejaba el pensamiento oficial eclesiástico. Puede ser. Pero a expresiones públicas se les responde con expresiones públicas y no con secretos en reunión que es mala educación.

A veces, medio en broma y medio en serio, pienso cuanto falta para que el Papa Francisco reciba a Lázaro Báez. O se estreche en un abrazo con Aníbal Fernández, al que bajo cuerdas acusaba de favorecer el narcotráfico o con Horacio Verbitsky, que fue el que  denunció a Bergoglio por entregar curas a las catacumbas de una dictadura que los hizo desaparecer. ¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma?, decía la vieja canción combativa. Por lo pronto una antigua amiga del Papa como la diputada Elisa Carrió dijo que como cristiana siente vergüenza ajena de que el Papa no haya recibido a Margarita Barrientos y que gracias a Dios, siempre se negó a ir al Vaticano.

Yo me pregunto lo mismo. ¿Qué dirá el Santo Padre de todo esto? Por lo pronto, con todo respeto, me dedico a no callar estos temas inquietantes y a poner el grito en el cielo. Dios proveerá.
Nuestro compañero Jorge Lanata no solamente tiene el Martín Fierro de oro. Tiene las bolas de oro. Invitó a los cobardes que lo chiflaban para que subieran al escenario y dieran la cara como siempre da la cara él. Y los guapos del anonimato arrugaron. Nadie se atrevió. Son los mismos que se hacen los valientes cuando están en el poder o cuando escriben un insulto tuitero en 140 caracteres.

Anoche, doctor Jorge Lanata dio dos mensajes. Uno explícito y otro implícito. El primero, cure cuando dijo claramente delante de sus hijas, Lola y Bárbara que quiere para ellas un país donde los ladrones vayan presos y devuelvan todo lo que se robaron. La inmensa mayoría de los argentinos piensa y necesita eso. Después, sin decirlo, con su sola actitud y contenido dejó establecido que jamás hay que rendirse cuando se trata de luchar por la libertad. Nada vale tanto como la libertad. Siempre me gusta decir que con libertad se puede hacer un periodismo bueno, malo o regular pero que sin libertad solo es posible la propaganda. La libertad es el principal insumo del periodismo y de la democracia republicana. Y hay que tener el coraje de defenderla aunque vengan degollando como venían degollando los integrantes de la dinastía Kirchner, los fundadores de una cleptocracia feudal.

Jamás voy a olvidar que los paraperiodistas del aparato propagandístico K llegaron a hacer barbaridades, hijoputeces que no tienen nombre. Como poner a Lanata al lado de Jorge Videla. Justo a él que fundó Página 12 y se convirtió en el diario que más investigó, denunció y condenó a los terroristas de estado. Justo a él que, en un hecho inédito en la historia, publicó todos los días reclamos por los desaparecidos firmados por sus familiares. Le hicieron de todo pero recuerdo lo de Videla como el ejemplo más grande del despropósito de la cadena oficial de la mentira. No fue el único destinatario de los venenos y agresiones kirchneristas. Hubo muchos periodistas y dirigentes políticos atacados. Pero él fue el que más recibió. Le dieron para que tenga. Y el gordo se defendió como pudo y como sabe. Redobló la apuesta. Los puteaba en cámara, los ridiculizaba y seguía firme diciendo todo lo que se le ocurriera con libertad y fomentando investigaciones para destapar las ollas de la corrupción y el engaño del  ladriprogresismo.

Los peores, los más forros, los que más le dieron fueron algunos traidores que se formaron a su lado. Algún mediocre que se hace llamar profesor y apenas si vomita en castellano y al que Martín Sabbatella llenó de dinero. Lanata figura en todas las encuestas como el periodista más querido, valorado y creíble. Fracturado como está nuestro oficio, dividido como nunca, así y todo, Lanata apareció primero lejos y por paliza en todas las encuestas. Y ojo que no lo estoy endiosando. Creo que es un periodista que escribe muy bien, que tiene coraje y una creatividad asombrosa. Inventa cosas todo el tiempo. No se calla nunca. Pero también creo que el análisis político no es su fuerte. Se nota que no es lo que más le gusta. Sin embargo, muy a pesar de él la realidad lo fue convirtiendo en un referente. No en un hombre de partido ni en un posible funcionario. No duraría dos minutos en ningún cargo porque es anarquista y odia hasta la mínima burocracia. El gordo trascendió las fronteras del periodismo y se convirtió en un ícono de la rebeldía. Demostró que está más allá de todo y que no le tiene miedo a nada. Los lacayos de Chávez en la Argentina, sobre todo dos legisladores que crecieron chupándole las medias, fueron tan caraduras que pusieron en duda los aprietes que sufrió en Venezuela en su momento por los patoteros de los servicios de inteligencia. Otra vez superaron un límite. Dudaron de la víctima y lo obligaron a dar explicaciones como si fuera el victimario. Retrocedieron al peor subproducto cultural de la dictadura: pensar que el desaparecido se lo había buscado. Que algo había hecho para que le pasara eso. Decir que la víctima provoca es como decir que el violador es menos violador porque la violada usaba minifalda.

Jamás trabajé con Lanata. Pero creo que es, largamente, el mejor periodista de todos los tiempos. Logró productos novedosos y exitosos en radio en tele y en gráfica. Algunos caceroleros gritaban “se siente, se siente/ Lanata presidente”. Nadie cree que eso sea posible. Saben que es una chicana y un grito de protesta. Hoy el nombre de ese periodista que convoca multitudes en los rating y en las calles es un elemento más para incluir en el análisis político. No porque Jorge vaya a ser candidato a nada. Ni Dios los permita. Pero si porque marca que la valentía todavía tiene reconocimiento social. Porque demostró que no tuvo miedo y se puso como objetivo destruir los temores de la sociedad. Los incitó a que le hicieran “fuck you” al pánico. Y se atrevió a jugar de igual a igual contra el monopolio de medios kirchneristas. Y no digan que se hizo el guapo desde canal 13 porque ya rompía todos los moldes desde el humilde canal 26. El gordo tiene defectos, como todos. Seguramente se equivocó cien veces, como todos. Habrá cometido injusticias mientras dirigió algunos medios, como todos. Pero hoy en una bandera de libertad. Por eso anoche le dedicó el premio a Cristina que lo mira por tevé. Porque su esfuerzo de investigación monumental, contra viento y marea, finalmente se confirmó hasta el último detalle. Como él dijo: había bóvedas, había bolsos, eran socios, nunca hubo un gobierno tan corrupto en toda la historia democrática argentina. Lanata incluso se acordó de denunciar a Horacio Verbitsky, el más grande encubridor de Cristina, cuando dijo que esa misma mañana había escrito que “la corrupción es una excusa”. Es increíble como el fanatismo puede fabricar cómplices. Jorge Lanata ganó el Martín Fierro de oro entre otras cosas porque supo interpretar muy bien lo que dijo Edward Murrow, el gran periodista norteamericano perseguido por el macartismo: “una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos”. Y Lanata nunca quiso ser oveja. Lanata es el símbolo de un periodismo corajudo que no se arrodilló ante ningún poder. No se dejó domesticar ni por la pauta publicitaria coimera ni por los latigazos de Cristina, Néstor y su grupo de tareas de comisarios y vigilantes políticos. Cuando los libros estudien lo que ocurrió durante los más de 12 años de kirchnerato, nadie podrá ignorar que hubo un antes y un después de Jorge Lanata. Fue el que demostró que se podía quebrar al estado opresor. Que se podía soñar con una sociedad sin censuras ni aprietes autoritarios. Finalmente demostró lo que la historia ya demostró en varias ocasiones: que la libertad no se negocia y que la esperanza vence al miedo. Por eso Lanata vale oro.
Nuestro compañero Jorge Lanata no solamente tiene el Martín Fierro de oro. Tiene las bolas de oro. Invitó a los cobardes que lo chiflaban para que subieran al escenario y dieran la cara como siempre da la cara él. Y los guapos del anonimato arrugaron. Nadie se atrevió. Son los mismos que se hacen los valientes cuando están en el poder o cuando escriben un insulto tuitero en 140 caracteres.

Anoche, clinic Jorge Lanata dio dos mensajes. Uno explícito y otro implícito. El primero, seek cuando dijo claramente delante de sus hijas, Lola y Bárbara que quiere para ellas un país donde los ladrones vayan presos y devuelvan todo lo que se robaron. La inmensa mayoría de los argentinos piensa y necesita eso. Después, sin decirlo, con su sola actitud y contenido dejó establecido que jamás hay que rendirse cuando se trata de luchar por la libertad. Nada vale tanto como la libertad. Siempre me gusta decir que con libertad se puede hacer un periodismo bueno, malo o regular pero que sin libertad solo es posible la propaganda. La libertad es el principal insumo del periodismo y de la democracia republicana. Y hay que tener el coraje de defenderla aunque vengan degollando como venían degollando los integrantes de la dinastía Kirchner, los fundadores de una cleptocracia feudal.

Jamás voy a olvidar que los paraperiodistas del aparato propagandístico K llegaron a hacer barbaridades, hijoputeces que no tienen nombre. Como poner a Lanata al lado de Jorge Videla. Justo a él que fundó Página 12 y se convirtió en el diario que más investigó, denunció y condenó a los terroristas de estado. Justo a él que, en un hecho inédito en la historia, publicó todos los días reclamos por los desaparecidos firmados por sus familiares. Le hicieron de todo pero recuerdo lo de Videla como el ejemplo más grande del despropósito de la cadena oficial de la mentira. No fue el único destinatario de los venenos y agresiones kirchneristas. Hubo muchos periodistas y dirigentes políticos atacados. Pero él fue el que más recibió. Le dieron para que tenga. Y el gordo se defendió como pudo y como sabe. Redobló la apuesta. Los puteaba en cámara, los ridiculizaba y seguía firme diciendo todo lo que se le ocurriera con libertad y fomentando investigaciones para destapar las ollas de la corrupción y el engaño del  ladriprogresismo.

Los peores, los más forros, los que más le dieron fueron algunos traidores que se formaron a su lado. Algún mediocre que se hace llamar profesor y apenas si vomita en castellano y al que Martín Sabbatella llenó de dinero. Lanata figura en todas las encuestas como el periodista más querido, valorado y creíble. Fracturado como está nuestro oficio, dividido como nunca, así y todo, Lanata apareció primero lejos y por paliza en todas las encuestas. Y ojo que no lo estoy endiosando. Creo que es un periodista que escribe muy bien, que tiene coraje y una creatividad asombrosa. Inventa cosas todo el tiempo. No se calla nunca. Pero también creo que el análisis político no es su fuerte. Se nota que no es lo que más le gusta. Sin embargo, muy a pesar de él la realidad lo fue convirtiendo en un referente. No en un hombre de partido ni en un posible funcionario. No duraría dos minutos en ningún cargo porque es anarquista y odia hasta la mínima burocracia. El gordo trascendió las fronteras del periodismo y se convirtió en un ícono de la rebeldía. Demostró que está más allá de todo y que no le tiene miedo a nada. Los lacayos de Chávez en la Argentina, sobre todo dos legisladores que crecieron chupándole las medias, fueron tan caraduras que pusieron en duda los aprietes que sufrió en Venezuela en su momento por los patoteros de los servicios de inteligencia. Otra vez superaron un límite. Dudaron de la víctima y lo obligaron a dar explicaciones como si fuera el victimario. Retrocedieron al peor subproducto cultural de la dictadura: pensar que el desaparecido se lo había buscado. Que algo había hecho para que le pasara eso. Decir que la víctima provoca es como decir que el violador es menos violador porque la violada usaba minifalda.

Jamás trabajé con Lanata. Pero creo que es, largamente, el mejor periodista de todos los tiempos. Logró productos novedosos y exitosos en radio en tele y en gráfica. Algunos caceroleros gritaban “se siente, se siente/ Lanata presidente”. Nadie cree que eso sea posible. Saben que es una chicana y un grito de protesta. Hoy el nombre de ese periodista que convoca multitudes en los rating y en las calles es un elemento más para incluir en el análisis político. No porque Jorge vaya a ser candidato a nada. Ni Dios los permita. Pero si porque marca que la valentía todavía tiene reconocimiento social. Porque demostró que no tuvo miedo y se puso como objetivo destruir los temores de la sociedad. Los incitó a que le hicieran “fuck you” al pánico. Y se atrevió a jugar de igual a igual contra el monopolio de medios kirchneristas. Y no digan que se hizo el guapo desde canal 13 porque ya rompía todos los moldes desde el humilde canal 26. El gordo tiene defectos, como todos. Seguramente se equivocó cien veces, como todos. Habrá cometido injusticias mientras dirigió algunos medios, como todos. Pero hoy en una bandera de libertad. Por eso anoche le dedicó el premio a Cristina que lo mira por tevé. Porque su esfuerzo de investigación monumental, contra viento y marea, finalmente se confirmó hasta el último detalle. Como él dijo: había bóvedas, había bolsos, eran socios, nunca hubo un gobierno tan corrupto en toda la historia democrática argentina. Lanata incluso se acordó de denunciar a Horacio Verbitsky, el más grande encubridor de Cristina, cuando dijo que esa misma mañana había escrito que “la corrupción es una excusa”. Es increíble como el fanatismo puede fabricar cómplices. Jorge Lanata ganó el Martín Fierro de oro entre otras cosas porque supo interpretar muy bien lo que dijo Edward Murrow, el gran periodista norteamericano perseguido por el macartismo: “una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos”. Y Lanata nunca quiso ser oveja. Lanata es el símbolo de un periodismo corajudo que no se arrodilló ante ningún poder. No se dejó domesticar ni por la pauta publicitaria coimera ni por los latigazos de Cristina, Néstor y su grupo de tareas de comisarios y vigilantes políticos. Cuando los libros estudien lo que ocurrió durante los más de 12 años de kirchnerato, nadie podrá ignorar que hubo un antes y un después de Jorge Lanata. Fue el que demostró que se podía quebrar al estado opresor. Que se podía soñar con una sociedad sin censuras ni aprietes autoritarios. Finalmente demostró lo que la historia ya demostró en varias ocasiones: que la libertad no se negocia y que la esperanza vence al miedo. Por eso Lanata vale oro.
Adrián Paenza fue cómplice de la persecución hacia los periodistas independientes. Adrián Paenza miró para otro lado, site se lavó las manos y no dijo una palabra pese a que el ataque brutal del estado kirchnerista incluyó a algunos colegas que eran muy amigos suyos como el doctor Nelson Castro. El que calla otorga y el calló frente al despiadado plan sistemático para destruir a Jorge Lanata. En este caso tal vez primó el resentimiento y la bronca porque Jorge lo acusó en una ocasión de haberle robado su programa en América TV. Dijo que se fue un tiempo de vacaciones y cuando volvió Paenza se había trepado al lugar de conductor en “complicidad con las autoridades del canal que lo podían manejar más fácilmente”. Son declaraciones textuales de Lanata que recuperé del archivo.

Por eso digo que Adrián Paenza fue cómplice y militante fanático del gobierno que más atentó contra la libertad de prensa. Todos los argentinos tuvimos que pagar 140 mil pesos semanales para que hiciera su programa sobre ciencia en el canal que en lugar de ser del estado era solo de Cristina y sus caprichos. Es un dinero importante. En un mes, supongamos de cuatro programas, todos poníamos de nuestro bolsillo  560 mil pesos para que Claudio Martínez pudiera realizar la producción. No se sabe con certeza cuando de esos 560 se llevaba Paenza como honorarios. Algunos empleados de canal 7 dicen que la mitad era para el conductor y el resto para la realización del programa. Otra vez: 280 mil de sueldo mensual por un programa semanal es un dinero que en la actividad privada hay que romperse el lomo para ganarlo. O ser una figura muy popular y   atractiva para el rating. Eso solo lo ganan las estrellas.

Pero el tema del dinero no es lo fundamental. Paenza lo hacía por la patria porque dinero le sobra. Adrián Arnoldo Paenza que la semana pasada cumplió 67 años, es un millonario más del kirchnerismo que, igual que sus admirados Cristina y Víctor Hugo Morales, viven como reyes acaudalados pero hablan como si fueran guevaristas recién llegados de la Sierra Maestra. Adrián heredó varias decenas de millones de dólares de Ernesto, su padre que fue uno de esos empresarios que administró los negocios encubiertos que el Partido Comunista tenía para financiarse. Con relaciones privilegiadas con la Unión Soviética muchos aprovecharon esos contactos para su propio bolsillo y embolsaron montañas de dinero en nombre del socialismo de Marx y Lenin. Fue muy redituable la militancia clasista para los Paenza.

Nunca se supo porque Adrián Paenza prefiere vivir en la ciudad de Chicago, el corazón de los Estados Unidos imperialistas ni porque Víctor Hugo compró su departamento en Nueva York ni cómo es que Cristina vive en mansiones de Calafate y de Puerto Madero, sus dos lugares en el mundo. Ni Ricardo Lagos, Ni Pepe Mujica, ni Tabaré Vázquez, ni Bachellet, viven como monarcas ni son potentados porque les dedicaron la vida a sus pueblos y lucharon coherentemente por sociedades más igualitarias. Hacen lo que dicen y vive como piensan. Tal vez sería una chicana pedirle a Adrián Paenza y a Víctor Hugo que hagan una prueba y vivan un tiempo en la Caracas chavista y en la Cuba castrista que tanto admiran y que luego cuenten si pudieron ejercer su trabajo con libertad.

Paenza si que hablo con libertad en el arranque de la nueva temporada en canal 7. Como recordó Hernán Lombardi, Paenza fue tan contradictorio que cuesta creer que se trate de la misma persona que el gran difusor de la matemática que es.

Reapareció en la pantalla pública y sintió la necesidad culposa de hacer un discurso político contra Mauricio Macri y el actual ministro de Ciencia, Lino Barañao. Para empezar su alucinado discurso dijo que no quería trabajar para el gobierno de Macri. Aquí ya hay varios problemas de comprensión. Primero trabajar en el canal de estado es trabajar para todos los argentinos porque el estado es de todos y no de Macri. Tal vez antes Paenza trabajaba para Cristina pero eso se terminó el día que Scioli perdió las elecciones. Segundo tema: Si no quería trabajar en esta etapa de la televisión realmente pública, ¿Por qué firmó el contrato? ¿Quién lo obligó? ¿Alguien le puso una pistola en la cabeza? Ayer pase por la puerta del edificio del viejo canal 7 y en el techo hay una gigantografía de las grandes figuras del canal. Y ahí estaba Adrián en primer lugar, con cartel francés, como si fuera Tomás Eloy Martínez o Lanata. Se ve que la gente del canal lo quiere  y lo valora mucho. O se ve que todavía hay mucha militancia K tomando decisiones importantes.

Durante el reinado de Néstor y Cristina en el canal gobernó La Cámpora con mano dura. En Fútbol para Todos los muchachos más obsecuentes tipo Javier Vicente, (alias) “el relator militante”, obligaban a algunos a cantar la marcha peronista delante de todo el equipo. Los Araujo y los Tití Fernández íntimos amigos de Paenza bajaban línea y obsecuencia hacia el oficialismo y nadie recuerda ningún periodista que expresara una sola voz crítica en ningún sector horario ni programa. El día que uno de ellos se atrevió a hacer una pregunta sencilla a Andrés  “El Cuervo” Larroque, como si fuera un patrón de estancia de Lázaro, al aire lo amonestó y Juan Miceli, que de él se trata, dejó de trabajar en el canal. Lo censuraron por una pregunta aunque hay que decir para ser justos, que Miceli hacía rato que venía tragando sapos patagónicos en silencio.

Adrian Paenza también hizo silencio frente a ese grosero caso de censura y discriminación. Todo sea por la patria liberada y el socialismo de Puerto Madero o el Frente para la Valija.

Bien dijo Jorge Sigal, el Secretario de Medios, ahora “no se palpa de ideología a los trabajadores, somos locatarios del poder y no sus dueños. Hay que acostumbrarse a vivir en la diferencia. Muchas de las peores tragedias de la humanidad comenzaron con la pretensión de que todas las personas pensaran igual”.

Paenza no se privó de nada. Fue durísimo con el ministro Lino Barañao al que lo trató casi de cobarde porque no se pronuncia contra el gobierno de las corporaciones de Macri. Hasta hace unos meses para Paenza, Barañao era Gardel, el responsable del crecimiento de la ciencia en la Argentina. Pero la madre de todas las luces y avances de la Argentina para Paenza es Cristina. Ella representa todo lo que Paenza sueña para el pueblo argentino. Es tan gran matemático que es al único que le cierran las cuentas de Cristina, Máximo y Lázaro Báez. Entre millonarios revolucionarios no se van a pisar la manguera. Paenza debería resolver un problema, algo que le gusta tanto:  ¿Cómo hizo Cristina trabajando siempre para el estado y Lázaro Báez en 12 años para pesar la plata y levantarla en pala para esconderlas en bóvedas. Es un gran desafío intelectual y aritmético resolver ese problema. Tal vez solo lo pueda resolver la justicia.

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