A 5 años del siniestro de Once – 22 de febrero 2017

Primero una chicana. Que es como un meme pero escrito y editorializado. Ayer, http://cdaink.com.br/wp-content/plugins/jetpack/json-endpoints/class.wpcom-json-api-update-post-endpoint.php search los muchachos de La Cámpora instalaron el hagshtag “Cristina cumple”. Fue realmente muy creativo porque juega a tres bandas. “Cumple” por cumpleaños, http://conocity.eu/wp-content/themes/twentythirteen/inc/back-compat.php por “cumplir” lo que prometió mientras fue presidenta y, además, apela a la memoria histórica de aquel recordado: “Perón, cumple, Evita dignifica”. Hoy, por obra y gracia de la dura realidad que está atravesando la ex dos veces presidenta se podría decir: “Cristina cumple. Milani dignifica”.

Es que la abogada exitosa ayer pasó uno de los cumpleaños más infelices de su vida. Cristina sopló 64 velitas en medio de un verdadero tsunami judicial contra ella, su familia y sus funcionarios más cercanos. Semejante avance de la justicia la tiene contra las cuerdas y cada vez más cerca de  ir a la cárcel por ser la jefa de una asociación ilícita que utilizó el estado para enriquecerse de una manera nunca vista en la historia democrática argentina.

El general César Milani está preso en La Rioja en un pabellón común, con otros 13 reos y con necesidades de un ventilador por lo menos. Está acusado de secuestros ilegales y torturas durante la dictadura militar y eso impacta directamente en la imagen y credibilidad de Cristina. Porque ella y nadie más que ella, fue la responsable de haberlo consagrado como la máxima autoridad militar durante su reinado. Milani todavía puede tener complicaciones judiciales más graves en Tucumán, por la desaparición del soldado Ledo y otros dos colimnas y encima está procesado por enriquecimiento ilícito.

Por eso ayer, Cristina no tenía mucho que festejar, más allá de la sobreactuación de su militancia más fiel. Porque el peronismo que gobierna no se solidarizó con Milani ni felicitó por el cumpleaños a Cristina. Hablo de los principales gobernadores e intendente.  Contra viento y marea y pese a las denuncias de los periodistas independientes y algunos políticos opositores, la ex presidenta compró a Milani como un abastecedor de información de inteligencia, materia prima para extorsionar disidentes y como líder de un ejército peronista y chavista. Y eso que estaba mencionado hasta en el Nunca Más riojano. Pero no hay peor ciega que la no quiere ver.  Todo eso imaginó Cristina. Y ya se sabe: a Cristina no se le habla, se la escucha. Por lo tanto ahora queda en evidencia su grave responsabilidad institucional. Ella le dio a un integrante del terrorismo de estado el manejo absoluto de las Fuerzas Armadas. Nilda Garré, quien fue ministra de Defensa la ayudó a cometer semejante aberración. Ella también adquirió los espejitos de colores nac and pop que vendía el farsante y criminal de Milani.

Una reflexión y una pregunta.

Nilda Garré, ex dirigente importante de Montoneros, propuso hace poco que se sancionara con prisión a “los que niegan el terrorismo de estado”. Lo hizo al salir al cruce del brulote insensato de Juan José Gómez Centurión quien negó que haya habido un plan sistemático para la desaparición de personas algo absolutamente probado y comprobado, juzgado y castigado por la justicia.

La pregunta inevitable que deja muy mal parada a Nilda Garré y Cristina es la siguiente: Si ella propone prisión para el que niegue los crímenes de lesa humanidad, ¿Qué propone como sanción a los que como ella premiaron a un criminal de lesa humanidad con el máximo cargo militar en la Argentina? ¿Es gratis para Cristina y Nilda Garré haber designado a Milani con el poder inmenso que le dieron? Y no podían decir que no sabían nada porque ambas se encapricharon en no escuchar lo que muchos denunciamos y no quisieron dar el brazo a torcer. Ahí está el resultado. Ante la historia, el general Milani quedará como el responsable de secuestros, torturas y encubrimiento de la desaparición del soldado Ledo. Pero Cristina y Nilda Garré quedarán como las responsables de haberlo endiosado a contramano hasta del sentido común.

Pero esta tormenta terrible, irreversible, sobre el relato de los derechos humanos del cristinismo no es su única amargura.

Hoy empieza el desfile de declaraciones indagatorias en la causa “Los Sauces”. Ante el juez Claudio Bonadío pasarán 20  personas vinculadas a los robos y estafas de Cristina y la propia Cristina.

Hoy tuvieron turno tres de los hijos de Lázaro Báez, testarerro, amigo, socio y empleado de los Kirchner. Después les toca a apoderados y contadores de esa empresa que según Margarita Stolbizer funcionó como pantalla para cobrar coimas y para lavar dinero de la corrupción.

El 6 de marzo, tendrán que declarar por primera vez en su vida, Florencia y Máximo, los hijos que están sumamente comprometidos. Las firmas de cheques y actas lo tienen bajo la lupa a Máximo y los 5 millones de dólares termosellados en caja fuerte la dejan en posición muy incómoda a Florencia. Encima, Cristina al día siguiente deberá responder preguntas, cara a cara, al juez que más odia.

Son todas noticias dejan a la familia Kirchner muy cerca del juicio oral y de probar que la fortuna colosal que amasaron fue producto de un plan sistemático para cometer delitos desde el estado mediante una asociación ilícita que lideró primero Néstor y luego Cristina.

A los 64 años y con tres nietos, seguramente lo que más la preocupa es la situación de sus seres queridos. De sus hijos y de la madre de dos de sus nietos. Porque Rocío García también está en serias dificultades. Para empezar ya no maneja más el plan “Argentina Sonríe”, una movida absurda e incomprensible que gastó una millonada solo para que ella tuviera trabajo en el estado y a pocas cuadras de su casa. No sea cosa que tenga dificultades para criar a sus hijos. Ella también tendrá que ir a tribunales para explicar cuestiones oscuras de su tarea.

A los presentes griegos en el cumpleaños de Cristina de ayer hay que sumarle la intimación que le hizo el juez Ariel Lijo para que designe abogado en la causa de la investigación que Alberto Nisman no pudo llevar adelante porque apareció muerto, con un balazo en la cabeza.

Siempre decimos que esta causa es la que más temor y bronca le produce a Cristina. Es la más incomprensible y la más difícil de explicar con cierta racionalidad. Está acusada de ser encubridora de los terroristas de estado que dinamitaron el edificio de la AMIA y asesinaron en un instante a 85 personas.

Nisman había involucrado al canciller de entonces, Héctor Timerman, considerado traidor a su pueblo y algunos de los más violentos defensores de Irán como Luis D’Elía y Fernando Esteche. Pero el fiscal Gerardo Pollicita, de arranque, mientras pidió 32 medidas de prueba, también imputó a 4 de los funcionarios de mayor confianza de la ex presidenta. Hablo de Zannini, de Vido, Parrilli y Abonna.

El cerco se cierra. La justicia avanza y se le viene la noche a Cristina. No tuvo tregua ni en su cumpleaños. Por más velas que haya apagado y por mas torta que haya repartido.
Primero una chicana. Que es como un meme pero escrito y editorializado. Ayer, mind los muchachos de La Cámpora instalaron el hagshtag “Cristina cumple”. Fue realmente muy creativo porque juega a tres bandas. “Cumple” por cumpleaños, por “cumplir” lo que prometió mientras fue presidenta y, además, apela a la memoria histórica de aquel recordado: “Perón, cumple, Evita dignifica”. Hoy, por obra y gracia de la dura realidad que está atravesando la ex dos veces presidenta se podría decir: “Cristina cumple. Milani dignifica”.

Es que la abogada exitosa ayer pasó uno de los cumpleaños más infelices de su vida. Cristina sopló 64 velitas en medio de un verdadero tsunami judicial contra ella, su familia y sus funcionarios más cercanos. Semejante avance de la justicia la tiene contra las cuerdas y cada vez más cerca de  ir a la cárcel por ser la jefa de una asociación ilícita que utilizó el estado para enriquecerse de una manera nunca vista en la historia democrática argentina.

El general César Milani está preso en La Rioja en un pabellón común, con otros 13 reos y con necesidades de un ventilador por lo menos. Está acusado de secuestros ilegales y torturas durante la dictadura militar y eso impacta directamente en la imagen y credibilidad de Cristina. Porque ella y nadie más que ella, fue la responsable de haberlo consagrado como la máxima autoridad militar durante su reinado. Milani todavía puede tener complicaciones judiciales más graves en Tucumán, por la desaparición del soldado Ledo y otros dos colimnas y encima está procesado por enriquecimiento ilícito.

Por eso ayer, Cristina no tenía mucho que festejar, más allá de la sobreactuación de su militancia más fiel. Porque el peronismo que gobierna no se solidarizó con Milani ni felicitó por el cumpleaños a Cristina. Hablo de los principales gobernadores e intendente.  Contra viento y marea y pese a las denuncias de los periodistas independientes y algunos políticos opositores, la ex presidenta compró a Milani como un abastecedor de información de inteligencia, materia prima para extorsionar disidentes y como líder de un ejército peronista y chavista. Y eso que estaba mencionado hasta en el Nunca Más riojano. Pero no hay peor ciega que la no quiere ver.  Todo eso imaginó Cristina. Y ya se sabe: a Cristina no se le habla, se la escucha. Por lo tanto ahora queda en evidencia su grave responsabilidad institucional. Ella le dio a un integrante del terrorismo de estado el manejo absoluto de las Fuerzas Armadas. Nilda Garré, quien fue ministra de Defensa la ayudó a cometer semejante aberración. Ella también adquirió los espejitos de colores nac and pop que vendía el farsante y criminal de Milani.

Una reflexión y una pregunta.

Nilda Garré, ex dirigente importante de Montoneros, propuso hace poco que se sancionara con prisión a “los que niegan el terrorismo de estado”. Lo hizo al salir al cruce del brulote insensato de Juan José Gómez Centurión quien negó que haya habido un plan sistemático para la desaparición de personas algo absolutamente probado y comprobado, juzgado y castigado por la justicia.

La pregunta inevitable que deja muy mal parada a Nilda Garré y Cristina es la siguiente: Si ella propone prisión para el que niegue los crímenes de lesa humanidad, ¿Qué propone como sanción a los que como ella premiaron a un criminal de lesa humanidad con el máximo cargo militar en la Argentina? ¿Es gratis para Cristina y Nilda Garré haber designado a Milani con el poder inmenso que le dieron? Y no podían decir que no sabían nada porque ambas se encapricharon en no escuchar lo que muchos denunciamos y no quisieron dar el brazo a torcer. Ahí está el resultado. Ante la historia, el general Milani quedará como el responsable de secuestros, torturas y encubrimiento de la desaparición del soldado Ledo. Pero Cristina y Nilda Garré quedarán como las responsables de haberlo endiosado a contramano hasta del sentido común.

Pero esta tormenta terrible, irreversible, sobre el relato de los derechos humanos del cristinismo no es su única amargura.

Hoy empieza el desfile de declaraciones indagatorias en la causa “Los Sauces”. Ante el juez Claudio Bonadío pasarán 20  personas vinculadas a los robos y estafas de Cristina y la propia Cristina.

Hoy tuvieron turno tres de los hijos de Lázaro Báez, testarerro, amigo, socio y empleado de los Kirchner. Después les toca a apoderados y contadores de esa empresa que según Margarita Stolbizer funcionó como pantalla para cobrar coimas y para lavar dinero de la corrupción.

El 6 de marzo, tendrán que declarar por primera vez en su vida, Florencia y Máximo, los hijos que están sumamente comprometidos. Las firmas de cheques y actas lo tienen bajo la lupa a Máximo y los 5 millones de dólares termosellados en caja fuerte la dejan en posición muy incómoda a Florencia. Encima, Cristina al día siguiente deberá responder preguntas, cara a cara, al juez que más odia.

Son todas noticias dejan a la familia Kirchner muy cerca del juicio oral y de probar que la fortuna colosal que amasaron fue producto de un plan sistemático para cometer delitos desde el estado mediante una asociación ilícita que lideró primero Néstor y luego Cristina.

A los 64 años y con tres nietos, seguramente lo que más la preocupa es la situación de sus seres queridos. De sus hijos y de la madre de dos de sus nietos. Porque Rocío García también está en serias dificultades. Para empezar ya no maneja más el plan “Argentina Sonríe”, una movida absurda e incomprensible que gastó una millonada solo para que ella tuviera trabajo en el estado y a pocas cuadras de su casa. No sea cosa que tenga dificultades para criar a sus hijos. Ella también tendrá que ir a tribunales para explicar cuestiones oscuras de su tarea.

A los presentes griegos en el cumpleaños de Cristina de ayer hay que sumarle la intimación que le hizo el juez Ariel Lijo para que designe abogado en la causa de la investigación que Alberto Nisman no pudo llevar adelante porque apareció muerto, con un balazo en la cabeza.

Siempre decimos que esta causa es la que más temor y bronca le produce a Cristina. Es la más incomprensible y la más difícil de explicar con cierta racionalidad. Está acusada de ser encubridora de los terroristas de estado que dinamitaron el edificio de la AMIA y asesinaron en un instante a 85 personas.

Nisman había involucrado al canciller de entonces, Héctor Timerman, considerado traidor a su pueblo y algunos de los más violentos defensores de Irán como Luis D’Elía y Fernando Esteche. Pero el fiscal Gerardo Pollicita, de arranque, mientras pidió 32 medidas de prueba, también imputó a 4 de los funcionarios de mayor confianza de la ex presidenta. Hablo de Zannini, de Vido, Parrilli y Abonna.

El cerco se cierra. La justicia avanza y se le viene la noche a Cristina. No tuvo tregua ni en su cumpleaños. Por más velas que haya apagado y por mas torta que haya repartido.
A Donald Trump, medicine Nicolás Maduro y Cristina Elisabet no los une el amor pero si el espanto hacia la libertad. Odian a los periodistas y los medios de comunicación que no pueden controlar. Los satanizan hasta decir basta. Los quieren convertir en enemigos de la humanidad. Tanto el nacional populismo que hoy gobierna Estados Unidos, como el chavismo corrupto de Venezuela y el ladri feudalismo que reinó durante más de 12 años en la Argentina, sueñan con un mundo sin piedras en sus zapatos. Porque ese es el verdadero periodismo: la piedra en el zapato de todos los poderes y de todos los poderosos. La mirada crítica, la que investiga, la que busca la verdad en todo momento y en todo lugar. Eso es bueno y muy sano para la sociedad. Que haya muchas miradas ideológicas en los diarios, en la radio y en la tele y que cada uno busque destapar ollas y contar la verdad de lo que sucede. De esa competencia por captar audiencias sale algo bastante parecido a la verdad.

Los autoritarios como Maduro, Trump y Cristina pretenden someter al periodismo y lo quieren convertir en propagandistas de sus ideas. Ellos se sienten dueños de la verdad y no soportan otra cosa que no sea “su” verdad. Son tan brutales que cada uno a su manera, con mayor o menor elegancia, intenta o intentó montar su propio monopolio mediático. Y eso tiene patas cortas, como la mentira. No se puede engañar a toda la gente todo el tiempo. Se cayeron imperios nazis y estalinistas que tenían el control férreo de los medios y las noticas. Ni con dictaduras pudieron someter para siempre al buen periodismo.

El propio Perón dijo que accedió al poder con todos los medios en contra y lo derrocaron con todos los medios a favor. La historia la construyen los pueblos, no los diarios.

Se producen cuestiones tragicómicas. La CNN, cadena de noticias mundialmente famosa y prestigiosa es atacada al mismo tiempo tanto por el presunto capitalista Trump como por el presunto socialista Maduro. No coinciden casi en nada. Son enemigos, se muestran uno como la contracara del otro: el diablo negro y el diablo rojo. Sin embargo coinciden en atacar con patoterismo a la CNN. Maduro y Trump acusan a la señal de mentir. Lo mismo que decía Néstor y Cristina básicamente de Clarín, pero también de La Nación, Perfil y algunos otros medios que no se arrodillaban frente al altar de la pauta publicitaria.

Ocurren cosas insólitas. Los diarios más prestigiosos del mundo, el New York Times y el Washington Post tan combatidos por Trump han vuelto a aumentar sus ventas de ejemplares. Se venían cayendo producto del avance tecnológico de la internet sobre el papel, pero Trump, logró el milagro de ayudarlos a levantarse. Según Alberto Amato, el diario de New York aumentó en 300 mil sus suscripciones; el de Washington, se incrementó en un porcentaje de dos dígitos y la vapuleada CNN casi duplicó su rating. Lo mismo pasó en Venezuela y en Argentina. Los medios que se pusieron las camisetas del gobierno dejaron su credibilidad hecha trizas y tampoco lograron un solo éxito ni en la radio ni en la televisión. Por el contrario los medios y los periodistas más atacados por Chávez y Maduro y por Néstor y Cristina hoy gozan de buena salud, con altos niveles de audiencia y gran prestigio profesional. Los fortalecieron. Les salió el tiro del autoritarismo y la censura por la culata.

Ni Maduro ni Trump ni Cristina se dan cuenta que el negocio de los medios se hace sustentable si dicen la verdad. Es la única manera de fidelizar al lectorado, a los auditores y a los televidentes. Si un diario se equivoca seguido o engaña a sus lectores va perdiendo credibilidad y al final, la gente lo deja de consumir. A nadie, absolutamente a nadie le gusta que le mientan en la cara. Por eso nadie lee ni cree en los diarios adictos ni en los que tienen camiseta partidaria. Cristina sacó más de 12 millones de votos en su reelección y sin embargo sus medios se fueron al descenso.

El ejemplo más terrible es el Granma de Cuba. Es como un muro de Berlín pero de papel que se cae con una computadora y la posibilidad de navegar por las redes sociales.

Por suerte para la libertad existen los medios de comunicación. Para los populismos con intenciones totalitarias son enemigos porque dicen las cosas que ellos quieren ocultar.

Aman el silencio de los cementerios. Eligen a los que les chupan las medias. Jamás valoran la mirada crítica que es el ADN del periodismo y que si se sabe aprovechar es una buena manera que tienen los gobiernos de enterarse de muchos errores que cometen para después intentar corregirlos.

Trump no quiere que se diga que es un ignorante rodeado por fascistas que adoran las ideas discriminadoras y cargadas de odio racial del Ku Klux Klan. No quiere que los medios publiquen que su investidura convocó a mucha menos gente que la de Barack Obama. No se da por enterado de la realidad ni aunque le muestren las fotos tomadas desde el airo por un dron. Quieren publicar sus relatos ahora llamados “hechos alternativos” por los caraduras trumpistas. Hasta Guillermo Moreno, otro provocador del “nacional populismo”, dijo que Trump era medio peronista.

Maduro no quiere que se diga que con la muerte de Hugo Chávez se profundizó el derrumbe económico, social y ético de una sociedad donde el disidente va a parar a la cárcel como Leopoldo López y otros tantos y donde las Fuerzas Armadas son casi el único sostén de un gobierno que no solucionó ni uno solo de los problemas de los sufridos venezolanos. Al contrario, Maduro profundizó la inseguridad, la inflación, la pobreza, la delación y la censura en todos los planos. Su altanería vacía de neuronas le hizo decir que Mauricio Macri es “un ladrón y un bandido”.

Cristina no quiere que se diga que su gobierno fue el más corrupto y autoritario de la democracia recuperada en 1983. Que instaló una maquinaria desde el estado para perseguir periodistas y opositores y una verdadera asociación ilícita para saquear el estado como nunca antes se había hecho.

Un hombre de la democracia y la república jamás debe olvidar los juicios a periodistas en la plaza pública, los escupitajos a los afiches, bien al estilo de los escraches musolinianos y la utilización del aparato del estado para hostigar y estigmatizar a periodistas profesionales y políticos opositores con mentiras e injurias fogoneadas desde los medios públicos que deberían ser de todos y no de una facción. Por eso, insisto, ni cuando Cristina sacó el 54 % de los votos, los programas y medios cristinistas consiguieron algún tipo de logros ni la posibilidad de sustentarse con ventas y publicidad y no con un gigantesco y pornográfico festival de subsidios que pagaron todos los argentinos.

Maduro, Trump y Cristina tienen algo muy profundo en común. El autoritarismo que atenta contra la libertad de expresión. Deberían escuchar de vez en cuando a Serrat. Nos deja una enseñanza poética y fundacional: nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Y encima dice que para la libertad, sangra, lucha y pervive.
A Donald Trump, treat Nicolás Maduro y Cristina Elisabet no los une el amor pero si el espanto hacia la libertad. Odian a los periodistas y los medios de comunicación que no pueden controlar. Los satanizan hasta decir basta. Los quieren convertir en enemigos de la humanidad. Tanto el nacional populismo que hoy gobierna Estados Unidos, como el chavismo corrupto de Venezuela y el ladri feudalismo que reinó durante más de 12 años en la Argentina, sueñan con un mundo sin piedras en sus zapatos. Porque ese es el verdadero periodismo: la piedra en el zapato de todos los poderes y de todos los poderosos. La mirada crítica, la que investiga, la que busca la verdad en todo momento y en todo lugar. Eso es bueno y muy sano para la sociedad. Que haya muchas miradas ideológicas en los diarios, en la radio y en la tele y que cada uno busque destapar ollas y contar la verdad de lo que sucede. De esa competencia por captar audiencias sale algo bastante parecido a la verdad.

Los autoritarios como Maduro, Trump y Cristina pretenden someter al periodismo y lo quieren convertir en propagandistas de sus ideas. Ellos se sienten dueños de la verdad y no soportan otra cosa que no sea “su” verdad. Son tan brutales que cada uno a su manera, con mayor o menor elegancia, intenta o intentó montar su propio monopolio mediático. Y eso tiene patas cortas, como la mentira. No se puede engañar a toda la gente todo el tiempo. Se cayeron imperios nazis y estalinistas que tenían el control férreo de los medios y las noticas. Ni con dictaduras pudieron someter para siempre al buen periodismo.

El propio Perón dijo que accedió al poder con todos los medios en contra y lo derrocaron con todos los medios a favor. La historia la construyen los pueblos, no los diarios.

Se producen cuestiones tragicómicas. La CNN, cadena de noticias mundialmente famosa y prestigiosa es atacada al mismo tiempo tanto por el presunto capitalista Trump como por el presunto socialista Maduro. No coinciden casi en nada. Son enemigos, se muestran uno como la contracara del otro: el diablo negro y el diablo rojo. Sin embargo coinciden en atacar con patoterismo a la CNN. Maduro y Trump acusan a la señal de mentir. Lo mismo que decía Néstor y Cristina básicamente de Clarín, pero también de La Nación, Perfil y algunos otros medios que no se arrodillaban frente al altar de la pauta publicitaria.

Ocurren cosas insólitas. Los diarios más prestigiosos del mundo, el New York Times y el Washington Post tan combatidos por Trump han vuelto a aumentar sus ventas de ejemplares. Se venían cayendo producto del avance tecnológico de la internet sobre el papel, pero Trump, logró el milagro de ayudarlos a levantarse. Según Alberto Amato, el diario de New York aumentó en 300 mil sus suscripciones; el de Washington, se incrementó en un porcentaje de dos dígitos y la vapuleada CNN casi duplicó su rating. Lo mismo pasó en Venezuela y en Argentina. Los medios que se pusieron las camisetas del gobierno dejaron su credibilidad hecha trizas y tampoco lograron un solo éxito ni en la radio ni en la televisión. Por el contrario los medios y los periodistas más atacados por Chávez y Maduro y por Néstor y Cristina hoy gozan de buena salud, con altos niveles de audiencia y gran prestigio profesional. Los fortalecieron. Les salió el tiro del autoritarismo y la censura por la culata.

Ni Maduro ni Trump ni Cristina se dan cuenta que el negocio de los medios se hace sustentable si dicen la verdad. Es la única manera de fidelizar al lectorado, a los auditores y a los televidentes. Si un diario se equivoca seguido o engaña a sus lectores va perdiendo credibilidad y al final, la gente lo deja de consumir. A nadie, absolutamente a nadie le gusta que le mientan en la cara. Por eso nadie lee ni cree en los diarios adictos ni en los que tienen camiseta partidaria. Cristina sacó más de 12 millones de votos en su reelección y sin embargo sus medios se fueron al descenso.

El ejemplo más terrible es el Granma de Cuba. Es como un muro de Berlín pero de papel que se cae con una computadora y la posibilidad de navegar por las redes sociales.

Por suerte para la libertad existen los medios de comunicación. Para los populismos con intenciones totalitarias son enemigos porque dicen las cosas que ellos quieren ocultar.

Aman el silencio de los cementerios. Eligen a los que les chupan las medias. Jamás valoran la mirada crítica que es el ADN del periodismo y que si se sabe aprovechar es una buena manera que tienen los gobiernos de enterarse de muchos errores que cometen para después intentar corregirlos.

Trump no quiere que se diga que es un ignorante rodeado por fascistas que adoran las ideas discriminadoras y cargadas de odio racial del Ku Klux Klan. No quiere que los medios publiquen que su investidura convocó a mucha menos gente que la de Barack Obama. No se da por enterado de la realidad ni aunque le muestren las fotos tomadas desde el airo por un dron. Quieren publicar sus relatos ahora llamados “hechos alternativos” por los caraduras trumpistas. Hasta Guillermo Moreno, otro provocador del “nacional populismo”, dijo que Trump era medio peronista.

Maduro no quiere que se diga que con la muerte de Hugo Chávez se profundizó el derrumbe económico, social y ético de una sociedad donde el disidente va a parar a la cárcel como Leopoldo López y otros tantos y donde las Fuerzas Armadas son casi el único sostén de un gobierno que no solucionó ni uno solo de los problemas de los sufridos venezolanos. Al contrario, Maduro profundizó la inseguridad, la inflación, la pobreza, la delación y la censura en todos los planos. Su altanería vacía de neuronas le hizo decir que Mauricio Macri es “un ladrón y un bandido”.

Cristina no quiere que se diga que su gobierno fue el más corrupto y autoritario de la democracia recuperada en 1983. Que instaló una maquinaria desde el estado para perseguir periodistas y opositores y una verdadera asociación ilícita para saquear el estado como nunca antes se había hecho.

Un hombre de la democracia y la república jamás debe olvidar los juicios a periodistas en la plaza pública, los escupitajos a los afiches, bien al estilo de los escraches musolinianos y la utilización del aparato del estado para hostigar y estigmatizar a periodistas profesionales y políticos opositores con mentiras e injurias fogoneadas desde los medios públicos que deberían ser de todos y no de una facción. Por eso, insisto, ni cuando Cristina sacó el 54 % de los votos, los programas y medios cristinistas consiguieron algún tipo de logros ni la posibilidad de sustentarse con ventas y publicidad y no con un gigantesco y pornográfico festival de subsidios que pagaron todos los argentinos.

Maduro, Trump y Cristina tienen algo muy profundo en común. El autoritarismo que atenta contra la libertad de expresión. Deberían escuchar de vez en cuando a Serrat. Nos deja una enseñanza poética y fundacional: nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Y encima dice que para la libertad, sangra, lucha y pervive.
Paolo Menghini, order el padre de Lucas, ambulance lo dijo esta mañana con todas las letras: “Estamos reclamando que el Tribunal Oral Federal 4 fije, de una vez por todas, la fecha del juicio oral y público a Julio de Vido por su responsabilidad en el siniestro de la Estación Once, la mayor catástrofe ferroviaria de la historia argentina”.

Ya pasó un año y medio de la sentencia y los familiares de las víctimas todavía están esperando que se hagan efectiva la prisión para los 21 condenados. El único que está preso es Ricardo Jaime y por otras causas de corrupción.

Julio de Vido es el nombre y apellido en donde todo termina y donde todo comienza.

Fue el gerente de compra de voluntades y licenciado en sobreprecios, coimas y retornos . Es tan grosero su comportamiento y su falta de escrúpulos que la mismísima María Luján Rey  contó que quisieron comprarle su silencio en nombre de De Vido. Una semana después de que hubieran enterrado a Lucas, atrapado entre vagones en el siniestro de Once, fue uno de los Olazagasti a ofrecerle trabajo, un auto o lo que quisiera para que se sumara a la complicidad del gobierno. María Luján Rey los echó de su casa. Los ladrones creen que todos son de su condición. De Vido está procesado por la muerte de 52  personas (incluida una beba por nacer) en esos trenes corruptos.

Esta mañana, la sirena a las 8:32 nos arrancó el alma y nos dejó un agujero negro. Los ojos de los familiares del siniestro de Once ya están agotados de tanto llorar. Era conmovedor ver cómo fueron colocando una baldosa con el nombre y apellido de cada víctima. Para eternizar su recuerdo. Para no olvidar jamás. Ni  a los seres queridos ni a los seres despreciables. Hablo de los integrantes de ese triángulo mafioso de la megacorrupción seguida de muerte que conformaron los empresarios, los sindicalistas y los funcionarios de un estado kirchnerista que siempre miró para otro lado.

Por eso varios organismos de derechos humanos tradicionales y cristinistas jamás dijeron una palabra. Por eso los artistas militantes del camporismo extremo no fueron capaces de actuar nunca en forma solidaria.

Castigaron dos veces a las víctimas para ser cómplices y proteger al estado que no protegió a los muertos ni a los heridos.

Es que los Cirigliano y los Juan Pablo Schiavi, entre otros, siguen caminando por las calles pero ya fueron condenados a ir prisión de 6 a 9 años.

Recuerdo que en su momento Paolo Menghini exigió la renuncia de De Vido. Si sabía, por complicidad con la corrupción y si no sabía, por inútil.

Como diría Cristina: no fue magia. Fue un crimen de lesa corrupción cometido desde un estado encabezado por la presidenta de la Nación.

Ya falta menos para que paguen por lo que hicieron. Ya falta poco para que la democracia y la república se llenen de contenido de lo que prefiero llamar siniestro del tren de Once, siniestro en todo el sentido de la palabra.

Digo siniestro y no tragedia porque esa palabra se asocia a lo inevitable y mucho menos, quiero hablar de accidente cuando se pudo haber evitado cada muerte, cada herida. En las condiciones en las que estaba el chapa 16 del Ferrocarril Sarmiento solo un milagro podía salvar a los pasajeros de ese cementerio sobre rieles.

Siento vergüenza ajena por el silencio del gobierno que se fue. Apenas unas palabras sueltas y de compromiso frente a semejante masacre. Me cuesta comprender esa actitud negadora de ni siquiera mencionar el tema durante tanto tiempo. Fue una tozudez y una crueldad que lastimó más a los familiares. Al ningunear el tema, pretendieron ocultar el horror de un siniestro que conmovió a la Argentina. Como dijeron los familiares:” para el gobierno, la tragedia no existió”.

Siento vergüenza ajena por los funcionarios nacionales del transporte con Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi a la cabeza que estuvieron más preocupados por sus negociados y por responsabilizar a las víctimas que por la seguridad para viajar de los pasajeros.

Siento vergüenza ajena por los empresarios, empezando por los hermanos Cirigliano, que tenían que devolver como retorno coimero gran parte de los millones y millones en subsidios que les daba el gobierno y privilegiaban su rentabilidad en lugar de invertir para que los trenes funcionaran como tenían que funcionar y no se convirtieran en un cementerio que transita por las vías.

Siento vergüenza ajena por muchos para-periodistas oficiales que callaron por miedo a las sanciones del gobierno nacional. Temieron que los echaran de sus trabajos o que les quitaran el único combustible que los mantenía en pie: la pauta oficial. ¿O es producto de la casualidad que los diarios y los cronistas militantes casi no hablaron del tema durante cinco años? ¿O también en este tema siguen las enseñanzas de la presidenta? El más repugnante fue Víctor Hugo Morales que no conforme con defender a malandras de la calaña de Amado Boudou o Lázaro Báez, atacó a los familiares de las víctimas. María Lujan Rey, la madre coraje de Lucas Menghini, le respondió algo demoledor: “Cuando por obsecuencia se justifican muertes inocentes se convierte en un ser despreciable. De ese lugar no se vuelve”.

Siento vergüenza ajena por muchos dirigentes de los derechos humanos como Hebe Bonafini y Estela Carlotto que se taparon la cara con la camiseta kirchnerista para no ver lo que pasó y justificar su indiferencia. Lo mismo que le pasa a tantos artistas ladriprogresistas que se llenan la boca hablando de los sufrimientos del pueblo pero que no se solidarizaron jamás con los familiares para no ser castigados por Cristina y poder seguir cobrando fortunas que pagamos todos por participar en los recitales oficialistas.

Siento vergüenza ajena por todo lo que hace a las víctimas más víctimas y las vuelve a matar con el silencio y la insensibilidad.

Finalmente siento orgullo por los familiares.

Siento orgullo por esos padres y madres valientes, por esos esposos, por esos hijos y hermanos que tienen una entereza y una dignidad que emociona. Y por los que se animaron a acompañarlos solidariamente como Juan Carr, Fernando Bravo, Gabriela Rádice, Juan José Campanella, Nora Cortiñas o Adolfo Pérez Esquivel, entre otros.

Los muertos eran estudiantes, trabajadores, soñadores, novios, amigos, una vida por nacer en una panza floreciente, tímidos, audaces, solitarios, familieros, eran como cualquiera de nosotros, porque cualquiera de nosotros podría haber estado en su lugar. Son muertos que llevamos adentro. Que laten en nuestro corazón. Aunque el poder quiso hacerlos desaparecer del recuerdo popular.

Son “madera noble, roble su corazón”, como dice la canción de Lucas, porque siguen peleando por memoria, verdad, juicio y castigo a los culpables para que Nunca más haya crónicas de tragedias anunciadas. Para que Nunca Más, haya viajes hacia la muerte.

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