CFK y Macri: mal momento – 7 de marzo 2017

Son la noche y el día. Cristina y Macri se diferencian en todo. Menos en una cosa: ambos están pasando por el peor momento político. La ex presidenta nunca tuvo tantas complicaciones en el llano. Y el actual presidente atraviesa los mayores problemas desde que está en el poder. Esta es mi lectura de la actualidad de esta Argentina al rojo vivo.

Primero la dama:

Cristina será procesada por tercera vez y batirá todos los records. Nunca antes un ex presidente de la Nación estuvo en una situación similar. Tal vez, http://ckls.org/wp-content/plugins/jetpack/json-endpoints/class.wpcom-json-api-list-media-endpoint.php Claudio Bonadio también procese a su hijo Máximo y a los dos empresarios más emblemáticos del kirchnerismo: Lázaro y Cristóbal. En el primero de los procesamientos, http://conceive.ca/wp-content/cache/wp-cache-7970ff0667bbfa388c481f57add04489.php la ex jefa del estado va camino al juicio oral y público por defraudación al estado en la estafa de dólar futuro.

El segundo procesamiento se lo impuso el juez Julián Ercolini por la asociación ilícita que entregó obras públicas a cambio de coimas. Los personajes centrales de esta novela de terror son siempre los mismos.

Y el mes que viene, Cristina tendrá que prestar nuevamente declaración indagatoria en la causa Hotesur que también tiene estafas y saqueos a los dineros de todos los argentinos con el mismo mecanismo de “Los Sauces” pero con el alquiler figurado de habitaciones en la cadena de hoteles de los K en lugar de hacerlo en departamentos.

En el plano judicial hay que sumarle el avance en la investigación por la denuncia del fiscal Alberto Nisman que está llevando a cabo el fiscal Gerardo Pollicita. Esta es la causa que más pánico despierta en Cristina. Primero porque la creía muerta como el fiscal. Pero resucitó con tanta energía que la exitosa abogada que nunca ganó un juicio, pidió que apartaran a Pollicita. Por supuesto que no tuvo éxito en esa tarea.

Aquí la acusación es terrible: encubrir a los terroristas de estado iraníes que volaron la AMIA y en un instante asesinaron a 85 personas.

Todo esto en el plano judicial. Pero en lo político, Cristina también está empantanada y aislada. El peronismo la mira con sospechas y no se suma a sus iniciativas. Hablo del peronismo que gobierna, es decir los intendentes y gobernadores y el resto de los justicialistas que no se quieren subordinar a La Cámpora. Varios sectores que antes eran verticalistas a las órdenes de Cristina hoy han tomado distancia. El movimiento Evita que responde más al Papa Francisco que a ella, igual que Julián Domínguez, el grupo Esmeralda, el bloque de legisladores de la nueva generación de gobernadores. Saben que Cristina todavía tiene una importante intención de votos, sobre todo en el Conurbano. Pero saben que Cristina despierta el rechazo de una inmensa mayoría de la sociedad.

Por eso Cristina se victimiza y miente. Miente cuando dice que es una perseguida política y cuando dice  que la quieren proscribir. Ayer lo desafié a Máximo con una apuesta: si proscriben a Cristina como ellos dicen yo dejo de trabajar un año en radio Mitre. Y si no la proscriben como digo yo, Máximo debería trabajar un año en la actividad privada, en alguna empresa que no sea de su familia. Por todo esto creo que Cristina está pasando su peor momento desde que abandonó el gobierno.

Ahora es el turno de Mauricio Macri. El también está atravesando las mayores turbulencias desde que está piloteando el avión en el que viajamos todos.

La marcha de ayer de los docentes fue muy masiva. Expresa el reclamo justo de mejores sueldos de muchos maestros que no encuentran mejor camino que los gremios de siempre y los dirigentes de siempre. Aunque la mayoría de los maestros no se banque la militancia cristinista y desestabilizadora de Roberto Baradel, Hugo Yasky y compañía.

El gobierno no pudo frenar esa expresión de protesta. Y tampoco la imponente marcha de hoy de la CGT. Fue impresionante más allá de los incidentes y la violencia entre gremios.

Macri fue mucho más generoso con los gremios que Cristina. No los maltrató, les resolvió el tema del impuesto a las ganancias, les devolvió el dinero adeudado de las obras sociales y los convocó al diálogo en forma permanente. Pero los funcionarios de Cambiemos no fueron capaces de abortar la concentración de hoy y veremos si logran parar el paro general que se viene para fin de mes.

Es que la CGT que se venía manejando con prudencia y moderación comprobó que en amplios sectores de la Argentina real y profunda la cuestión laboral, económica y social está peor que hace 15 meses cuando asumió Macri. Hay menos changas, menos consumo, menos trabajo y más pobreza. Los movimientos sociales francisquistas recibieron la promesa de 30 mil millones en tres años y la posibilidad de darles el lugar de un sindicato pero se sumaron a la protesta de hoy y van a hacer una propia el 13 de marzo en Plaza de Mayo.

Muchos jubilados todavía no cobraron un peso de lo que les prometieron. Muchos clubes de barrio y comercios pequeños cerraron sus puertas por el aumento de tarifas y la caída de las ventas.

Como si esto fuera poco, el gobierno de Macri fue sacudido por una caída en las encuestas. Los tomó de  sorpresa porque no escucharon las advertencias de muchos periodistas y políticos tradicionales. Creen más en las redes sociales y en el marketing que en la actividad política. Todos fueron errores no forzados. Con sentido común y sensibilidad política podrían haber evitado los cachetazos del Correo de la familia Macri, el cálculo mal parido de los haberes jubilatorios, y los cuestionamientos por conflictos de intereses como los de Avianca o Calcaterra.

El gobierno genera muchas cosas positivas pero no logra comunicarlas. Les duran 15 minutos en los medios. Y las malas noticias se instalan por un tiempo largo y por lo general los dejan sin reacción. No hay oficialistas que salgan todos los días a defender con mística las decisiones del gobierno o a defender a Macri de los ataques del kirchnerismo. El oficialismo subestimó demasiado el debate público de ideas. Macri llegó a decir la herejía de que la política eran soluciones concretas a problemas y no ideas.

El gobierno debe leer muy bien la multitudinaria protesta de hoy. Más allá del espectáculo nefasto que dieron las barras bravas descontroladas. Es cierto que aprovecharon la movida grupos minúsculos y repudiados por la sociedad como los de Quebracho, Aníbal Fernádez, Amado Boudou o Luis D’Elia. Pero también es verdad que casi todos los partidos y sectores sociales tuvieron algo que reclamar. No hay que menospreciar la calle y la participación popular como instrumento de cambio. Cambiemos no cree en eso y produce papelones como que el presidente salude a una plaza de los Dos Congresos vacía. Este gobierno no convoca a la sociedad y no tiene capacidad para incorporar nueva gente y aumentar su base de sustentación.

A esta altura yo diría que Mauricio Macri debe relanzar su gobierno. Despedir a los funcionarios más cuestionados como Gustavo Arribas y armar una fuerte estructura política que atienda lo que su equipo más cercano no atiende.

Ayer le dije y hoy se lo repito: las elecciones de octubre son de vida o muerte política para Cristina y para Macri.

Ella se juega la libertad ambulatoria porque si es derrotada se asfalta su camino hacia la cárcel.

Y él se juega la posibilidad de terminar en tiempo y forma su mandato como hace 80 años no ocurre con un presidente no peronista. Si gana será una suerte de héroe republicano y si pierde será un nuevo fracaso de la democracia plural y con alternancia.

Hoy Cristina y Macri están en un mal momento. Todavía pueden recuperarse. Depende de ellos y también de nosotros.

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