El control de la calle – 21 de marzo 2017

Los piqueteros de todos los colores tienen sitiada a la ciudad de Buenos Aires. Hace varios días que ocupan el centro, http://chelseamamma.co.uk/wp-content/plugins/jetpack/json-endpoints/class.wpcom-json-api-list-posts-endpoint.php hacen acampes, http://colegiogimnasioamericano.edu.co/plugins/jsnimageshow/themeflow/assets/images/demo-spindown-closed.php cortan calles y puentes y hasta el Metrobus. Eso genera un caos de tránsito monumental, colapsan la vida laboral, siembran un mal humor peligroso entre el resto de los ciudadanos y un deterioro en el poder y la imagen del presidente Mauricio Macri. El orden democrático y la protesta racional fue una de las demandas de la mayoría de los argentinos que votó a Cambiemos. Fue una de las promesas de campaña y uno de los principales reclamos. Terminar con el vale todo y el vamos por todo. Ponerle límites legales al desborde anarquista de los que no tienen nada para perder y solo ganan con el descontrol en todos los ámbitos. Algún día podemos analizar el origen de los piquetes pero hoy lo cierto es que este tipo de expresiones no existen ni en Miami ni en Cuba como dice Julio Bárbaro y tampoco en la región. Nadie corta calles, rutas y puentes en forma permanente y sistemática en Chile ni en Uruguay ni en Ecuador. De vez en cuando hay manifestaciones masivas que transitan las calles y hacen actos y eso está muy bien. Es legal y constitucional. Lo que es realmente un delirio es adueñarse del espacio público durante horas y cada día con una exigencia distinta. Como el gobierno de Macri en general y el de Horacio Rodríguez Larreta en particular no hicieron nada hasta ahora al respecto, la metodología antidemocrática se fue extendiendo hasta el infinito. Se prende cualquiera porque es gratis. No hay sanciones, no hay frenos al desborde y eso genera más desborde todavía.

¿Qué miedo tiene el gobierno? El temor más importante es que los grupos más radicalizados, fanáticos y cristinistas quieren un muerto que ponga en fuga a Macri y que certifique la mentira que le dicen a su gente: que este es un gobierno represor y dictatorial. Y ninguna de las cosas es cierta. El gobierno dejó hacer y mantuvo atada a las fuerzas del orden. Casi nunca actuó para recuperar la normalidad. Casi nunca sancionó a los que violan la ley. Porque a esta altura está clarísimo que cortar vías de comunicación es un delito. Y mucho más si se hace con la extorsión fachista y autoritaria del palo en la mano y la capucha para ocultar la identidad. Esa actitud cobarde de amenazar y ocultarse es doblemente cobarde. Porque son grupos tan reducidos que con cortes ocultan además su falta total de representatividad. Algunas de esas sectas participan de las elecciones y rara vez superan el 1% de los votos. La gente los ve como dirigentes irracionales y poco confiables.

Macri y sobre todo Rodríguez Larreta temen que los kirchneristas le tiren un muerto. Que ellos mismos monten una provocación y maten a alguien en una manifestación. Sienten, con razón, que eso generaría una crisis tremenda que dejaría al gobierno colgado de un pincel y sin escalera. Que lograrían lo que buscan: erosionar y debilitar tanto a Macri que este a un empujón de la caída o de su derrocamiento. Es muy grave esto que le digo pero está absolutamente probado. Sus dirigentes más dogmáticos y sus militantes de las redes sociales lo dicen sin pelos en la lengua: hay que voltear a Macri. Asi de grave es la cosa. Asi de complejo es este problema. Están entre la espada y la pared. Si no hacen nada como hasta ahora el caos se multiplica todos los días y el votante de Cambiemos se siente defraudado. Y los inversores no terminan de creer que Argentina volvió a la normalidad. Pero si reprimen en forma feroz, las imágenes de gente lastimada o golpeada pueden ser la chispa que produzca el incendio generalizado. Como en todos los planos, este gobierno tiene un sendero muy finito que transitar. Tiene bombas y precipicios a ambos costados. Por eso hay opiniones tan encontradas aún dentro de Cambiemos. Elisa Carrió por ejemplo dijo anoche que no hay que reprimir. Que el fenómeno piquetero se agota solo por la propia violencia de sus actos. Es una expresión de deseo que hasta ahora no se verificó en la práctica.

Por eso el plan para desactivar piquetes debe ser muy responsable, cuidadoso y profesional. Si los que cortan son una multitud es muy difícil resolver el tema sin que el conflicto se extienda a toda la ciudad. Pero con los grupos más chicos y más extremistas, si se puede maniobrar. Hay que actuar con prudencia y sin armas de fuego. Con inteligencia y precisión. Multar a todos los colectivos mal estacionados que traen a los piqueteros del Conurbano y llevarlos con la grúa si es posible. Averiguar quiénes son los propietarios de los micros y saber si tienen todos los papeles en regla. Después hay que respetar siempre al otro y evitar al máximo los daños físicos pero actuar con la ley en la mano y duplicar en número a los piqueteros. Con agua y firmeza se los puede sacar del corte e intimarlos. Los líderes deben ser detenidos y que la justicia los castigue por sus delitos reiterados. No hay que permitir que ningún uniformado se exceda y filmar todo para evitar cualquier provocación. Si los piqueteros tiran un muerto eso debe ser registrado por las cámaras para deslindar responsabilidad y encarcelar a los criminales. Hay gente que está desesperada y dispuesta a todo. Han perdido privilegios y mucho dinero. Saben que si Cristina va presa muchos de estos capangas van a seguir el mismo camino.

Se puede hacer. No es imposible. El propio Rodríguez Larreta lo hizo con mucha eficiencia y respeto a los derechos humanos con los manteros de Floresta y Once. Negoció. Buscó salidas. Pero cuando los policías fueron atacados o empezaron a destruir autos o contenedores, se respondió apresando a los responsables. La justicia tiene que acompañar de cerca y castigar con todo el peso de la ley. Para que no se gratis. Para que no haya anarquía ni represión brutal. Para que todo, lentamente vuelva a la normalidad. Hay cierto doble discurso o hipocresía bien argentina que por un lado pide represión y luego acusa a los policías de criminales. Por eso no hay que lastimar a nadie pero hay que actuar con firmeza. No se puede permitir que 200 tipos que viven de planes y panfletos eviten que los sacrificados trabajadores lleguen a sus actividades o que no pasen ambulancias o que los chicos deban faltar al colegio.

Insisto: ni caos anárquico ni represión feroz. Orden democrático: aplicación de la ley con prudencia y respeto. Por supuesto que en este tipo de choques y refriegas siempre va a haber empujones, golpes y presiones corporales. Pero todos deben conservar la calma. Y la población apoyar el restablecimiento del tránsito sin que eso signifique bancar a uniformados que se quieran comer a los caníbales.

Volver a la normalidad. Valorar las normas de convivencia pacífica. Apelar a la ayuda de organizaciones humanitarias e incluso a la iglesia puede servir para desterrar esta actitud intolerante y prepotente que muchos ya naturalizaron.

Hay que respaldar a las autoridades civiles y uniformadas que son las que se eligió democráticamente para terminar con la locura de que el ciudadano violento es el que se impone y que el ciudadano pacífico es el que pierde.

Hay que repudiar que coloquen a las mujeres y a los chicos como escudos en la primera fila. Eso habla de sus disvalores. Desnuda su falta de escrúpulos. Dentro de la ley todo. En la ley de la selva, nada.

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