Extirpar la pobreza – 10 de marzo 2017

A esta altura no hay excusas. Es hora de dejar de hacer diagnósticos y de extirpar para siempre el hambre y la pobreza de nuestro bendito país. Utilizo el verbo extirpar con toda intención quirúrgica. Como se extirpa un cáncer social que nos carcome nuestra dignidad. La potencia y la capacidad de producir y exportar alimentos para 400 millones de personas que tiene Argentina, hace que el hambre y la pobreza sean mucho más que un escándalo moral. Es algo absolutamente inadmisible. Y la responsabilidad de dinamitar semejante injusticia es de toda la dirigencia política empezando por el gobierno, http://cgt06.fr/wp-admin/includes/misc.php por supuesto.

Por eso sueño con el presidente Mauricio Macri y el resto de los líderes de los partidos de oposición desarrollando una agenda común de estado que no se detenga por nada del mundo hasta que no haya ni un solo argentino más que sufra hambre o que sea pobre. Convocar a los más grandes expertos en el tema y darle autonomía y fondos para que diseñen el camino más rápido y eficaz para llegar a la promesa presidencial de pobreza cero.

Eso transformaría para siempre nuestro país. Jerarquizaría de nuevo a la política. Cerraría la brecha de desconfianza entre los ciudadanos y sus dirigentes. Le daría el mejor contenido a una democracia que muchas veces se vacía y se pierde en peleas internas ridículas. ¿Se imagina? Hay formas de hacerlo. Todos los técnicos y los expertos dicen que es posible. Que solo hace falta voluntad política y la participación de todos. No importa cuál sea el mecanismo elegido.

Pero hay que hacerlo ya. Desde el estado y con todos los partidos. Y todos los sectores sociales que puedan colaborar. Hablo de la Iglesia y su gran experiencia en el terreno y en Cáritas, http://dangerdame.com/wp-content/plugins/woocommerce/includes/class-wc-post-data.php de la CGT y de los empresarios que quieran empujar una verdadera responsabilidad social. Y con la máxima de transparencia y control. Sería una epopeya de todos que nos daría la cohesión social que nos falta. Terminaría con los odios al que piensa distinto y nos haría sentir orgullosamente argentinos. No se puede esconder la pobreza. Hay que terminar con la pobreza. No se puede negar el hambre.

Hay que instalar en nuestra patria la cultura de la Madre Teresa: darlo todo hasta que duela. Una vez un periodista chicanero la toreó y le cuestionó su colosal tarea.” ¿Cuántos pobres y leprosos puede usted salvar? Tal vez sean apenas 100 y son miles y miles. ¿De qué sirve su esfuerzo? ¿Vale la pena?  La Madre Teresa lo miro profundo desde esos ojos profundos y le contestó con sabiduría: “Estos son mis 100, ¿Cuáles son los suyos?”

Pero bajemos a la tierra de la realidad cotidiana. Hoy da vergüenza ajena lo que Jorge Fernández Díaz llama “hipocresía patológica” de Cristina. Finge estar preocupada por este drama del que ella es co responsable y es solo una plataforma para dispararle misiles al gobierno de Macri. Fue ella la que llegó a escupirnos en la cara con una mentira feroz: dijo que la pobreza era del 5% durante su gobierno. No tiene cara ni estómago. Su chiquitín, ministro de economía, Axel Kicillof, se negó dar los números para no “estigmatizar” a los pobres. Un marxista más de Groucho que de Karl. En lugar de combatir la pobreza, ocultó a los pobres. Los convirtió en los nuevos desaparecidos. No están, no existen. Eso y las mentiras infames sobre la inflación, fueron un negacionismo de estado que nos partió al medio. El lenguaraz preferido de Cristina llegó a decir que en Alemania había más pobres que en la Argentina.

Estos muchachos ladri progresistas durante más de 12 años se dedicaron a hablar de los pobres y a fabricar pobres con celular. Clientelismo despreciable de última generación. Jamás movilidad social ascendente. Por eso ahora no tienen autoridad moral para criticar al gobierno.

Pero hay que poner las cosas en su lugar. ¿Quiénes son los responsables de que hoy haya 13 millones de pobres? Es muy fácil marcar eso. Los Kirchner dejaron 11 millones y medio. Y Macri le sumó un millón y medio de pobres más. Cada uno tiene su cuota parte de culpa. Pero la responsabilidad de resolver este problema es del gobierno actual y de todos los habitantes del suelo patrio.

Deberíamos sentir vergüenza como comunidad. La mayoría de los pobres son chicos y la mayoría de los chicos son pobres. Eso los condena a la marginalidad y la exclusión y nos condena a tener una sociedad más inequitativa y que siga pariendo pobres que muchas veces no tienen otro camino que convertirse en delincuentes.

La dimensión del desgarro es monumental. Hay 6.300 villas miserias en el país donde viven 12 millones de compatriotas. Tres o cuatro generaciones que no trabajaron y no vieron trabajar a sus mayores.

El aumento de la pobreza tiene que ver con la caída del salario real del 7% y el aumento de la inflación. Pero eso es solo la pobreza por ingreso. Hay otras formas de combatir el ADN de la pobreza que es la construcción de viviendas dignas, de barrios con cloacas y agua. Y sobre todo la educación que capacite a los más chicos para insertarlos en el mundo del trabajo. Para que recuperen la cultura del esfuerzo y el sacrificio y para ir desterrando de a poco la dádiva de un plan que sirve para la emergencia pero que corre el riesgo de eternizar la pobreza si no se genera trabajo genuino en blanco y privado.

El gobierno de Cristina consolidó la pobreza por millones. Y la ignoró. Miró para otro lado. El gobierno de Macri también aumentó el número de pobres. Pero blanqueó las cifras y no las niega. El primer paso para solucionar un problema es reconocerlo. Falta el resto. Es por el bien de todos. Hay que terminar con el hambre. Por justicia social, por humanismo, por ética y también en defensa propia. Hay 13 millones de hermanos que nos están esperando. No hay otra tarea más importante en la Argentina de hoy. Es la tarea de las tareas.

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