La solidaridad es un pan dulce – 25 de noviembre 2016

Hay momentos en que uno se intoxica con el veneno que todos los días arrojan Cristina, Lázaro Báez y sus soldados de La Cámpora. Hay momentos en donde conviene abrir una ventana de aire fresco para confirmar que no todos los dirigentes o funcionarios son iguales. Que hay muchos que tienen sensibilidad, grandeza, buen trato y nos transmiten esperanza en lugar de diseminar bronca, corrupción y palos en la rueda.
Por eso hoy le quiero contar la historia de un grupo heroico de compatriotas que se cayó cuando la Argentina se derrumbó pero que decidió levantarse con su propio esfuerzo, militando en la cultura del trabajo cooperativo. Hoy La Juanita es un faro de luz. Muchos creen que allí se producen remeras, guardapolvos, los mejores pan dulces del mundo o que se reciclan computadoras. Y en parte, tienen razón. Solo en parte. Porque es cierto que todas las manos todas generan esos productos. Pero la edificación más grande que han levantado es la capacidad de juntarse y avanzar colectivamente. Hoy tienen hasta un call center donde trabajan 22 personas que antes eran vendedores ambulantes o empleadas domésticas. Hay que verlas, felices, con aire acondicionado y frente a sus computadoras. O los servicios digitales que prestan a distintas empresas. Un emocionante. Con problemas o peleítas como en todos lados. Pero con un objetivo de libertad absoluta que solo se consigue cuando todos se convierten en uno y uno se transforma en todos. En la Juanita nada se pierde, todo se transforma y se multiplica como los panes y los peces. Amanece que no es poco. Es el milagro de la dignidad.
Venga conmigo. Lo quiero invitar a un viaje a la esperanza. Vamos juntos al corazón pobre de La Matanza, a Gregorio de Laferrere. Allí donde se fabrica la dignidad y la solidaridad. Allí donde no hay resentimientos y se combaten los prejuicios. Donde un grupo de argentinos patriotas levantaron con sus propias manos y con el sudor de su frente la cooperativa La Juanita. Tienen una energía renovable y perfumada porque su motor funciona a Flores. A Toty Flores, la génesis del fundador y a Silvia Flores, la utopía en marcha. El padre y la hija son el eje de una comunidad que resolvió pelearle a las injusticias con las mejores armas de la integración y la educación.
En pleno terremoto del sálvese quien pueda, los piqueteros del MTD (Movimiento de Trabajadores Desocupados) de la Matanza hicieron un gesto revolucionario y pacífico: le dijeron no a los planes asistenciales y al clientelismo que los encarcela. Decidieron no rendirse jamás, no bajar los brazos pero no cambiar dignidad por votos. Cada uno se la arreglaba como podía para darle de comer a sus hijos y para subsistir. Los del MTD del Toty Flores eligieron otro camino más largo tal vez, mas sacrificado seguro, pero infinitamente más profundo y definitivo. El camino de los valores.
De la revalorización de los mejores sentimientos y comportamientos que tenemos los seres humanos. Decidieron actuar en defensa propia ayudándose ayudando a los demás. Crecer como seres humanos y dejar de depender de los humores, los caprichos y la arbitrariedad de los punteros políticos de los Kirchner. Saltaron el abismo y se pusieron a reconstruir los lazos solidarios. Desde abajo, ladrillo por ladrillo, tomados de la mano, afrontando con alegría y coraje todas las dificultades. Y no pararon nunca de crecer.
Por algo el logotipo que los identifica en su orgullo es una mano tendida que florece. La tarea cotidiana que realizaron se convirtió en un espejo donde mirarse. En un imán que incita a integrarse y a participar.
Es el milagro de la dignidad. Por eso Martín Churba se empeñó en capacitarlos en el arte del diseño. Por eso Maru Botana les reveló los secretos de sus mejores manjares y le enseño el oficio de amasar el mejor de los pan dulces, el de la solidaridad.
Por eso el maestro, Oscar Alvarado, antes de morir les dejó lo mejor que tenía. Y solo estoy nombrando a algunos pero son cientos los que se sintieron convocados por la potencia que transforma gente con necesidades básicas insatisfechas en ciudadanos plenos. Solo hay que darse una vuelta por la cooperativa para sentirse contagiado por esa experiencia. Los cimientos son los valores. Nada se regala. Todo se logra por esfuerzo propio. Las computadoras son recicladas por la gente del barrio que fue capacitada para eso y que a su vez capacita a otros. La idea es que todos los vecinos y sus hijos puedan estudiar, trabajar o divertirse con esas viejas computadoras puestas en valor. Se les cobran precios accesibles y en varias cuotas. Y si no pueden pagarlas, las pagan con su trabajo para que la rueda productiva y educativa siga girando. Y así pasa con las serigrafías y esas remeras que exportaron a Italia con la consigna que en el pecho dice “La fibra de la dignidad”. O esos guardapolvos que se vendieron a Japón con diseño made in La Juanita. O ese jardín de infantes donde nacen los arcos iris que no cobra un centavo a nadie pero obliga a que los padres y las madres participen del proceso pedagógico de sus hijos. Potencian el aprendizaje. Le dan solidez a la familia.
Se plantan con su identidad en la tierra como las mejores raíces. Como ese árbol de eucaliptus que les dio sombra desde siempre y que ahora les da aliento y les abre los pulmones. Con esas ramas eternas que mezclan sus hojas para convertirse en techo de las mejores asambleas.
Por eso la más grande de las utopías que tenían se hizo realidad y nosotros pudimos acompañarlos en esa marcha contra la dependencia y la sumisión. Y así surgió después de grandes esfuerzos y manos callosas y espaldas partidas, la escuela primaria, “Crecer en Libertad”, que es un verdadero modelo de como la solidaridad puede transformarse en cemento. Ese edificio escolar se llenó de sol y sabiduría y un día nació el mayor de los tesoros que es la igualdad de oportunidades para todos.
Los argentinos estamos hartos del roba pero hace. Eso tiene patas cortas como la mentira. Igual que el clientelismo que te deja cautivo del que te da un plan cuando quiere. Hay otra Argentina posible. Por eso es tiempo de levantar la bandera de La Juanita. Son hombres y mujeres que luchan toda la vida y por eso son imprescindibles. Ellos no roban pero hacen. Son lo mejor de una patria que viene.

El padre Chifri a 5 años – 24 de noviembre 2016

Parece mentira que haya pasado tanto tiempo. Pero hace 5 años que murió el padre Chifri. Es uno de los argentinos que más admiro. En algún momento será santo, como el cura Borchero. Ya tuvo el mejor de los homenajes porque se concretó uno de sus grandes sueños: se recibió la primera promoción del Colegio Albergue de Montaña que él fundó con tanto esfuerzo. Cuando Daniel, su esposa y todos los que integran la Fundación El Alfarcito que continúa su obra visitan al Papa, Francisco siempre les ruega lo mismo: “recen por mí en la tumba de Chifri”, el cura gaucho. Para felicidad del Santo Padre, suelen llevarle artesanías realizadas por los chicos del fin del mundo. Es que el padre Chifri fue enviado a misionar allí por pedido de quien fuera el cardenal Jorge Bergoglio. Por eso nunca me canso de difundir y repetir la historia maravillosa de quien fue ese protagonista de una suerte de metáfora bíblica que se convirtió en realidad.
El padre Chifri, uno de los sacerdotes que mejor tarea solidaria realizó en el norte del país cayó del cielo. Y no es algo que tenga que ver con una creencia religiosa o una cuestión de fe. El cura Sigfrido Moroder, conocido en toda la zona de Rosario de Lerma como el padre Chifri, utilizaba sus impresionantes condiciones y experiencias como deportista para moverse entre los cerros en parapente y ganar tiempo en sus visitas a los distintos pueblitos. Los habitantes de esos cerros salteños, necesitados de todo, se acostumbraron a ver llegar al cura desde el cielo, aterrizar con su parapente y persignarse en un mismo acto.
La historia del padre Chifri es un ejemplo. Desde chico mostró su fortaleza y su predisposición para el deporte. Apenas se ordenó de cura le pidió al actual Papa ir a trabajar a uno de los lugares con mayores necesidades insatisfechas de Salta. Allí el sol castiga como loco, por la noche la temperatura baja 20 puntos bajo cero y te congela los huesos y hay pequeñas comunidades de pastores de cabras que viven a 5 mil metros de altura, cerca de Dios pero lejos de la equidad social. Son pocos los que se acuerdan de sus escuelas, de sus vacunas, de sus hijos.
El padre Chifri se dispuso a llevar su mano solidaria y el mensaje cristiano a 25 parajes perdidos en el mundo y 18 escuelitas mucho más que humildes. Un día se dio cuenta que podía aprovechar sus capacidades deportivas para llegar más rápido y mejor. Lo hacía en parapente. Era imponente verlo llegar desde el cielo. Posarse como un pájaro de fe en la tierra y predicar con el ejemplo. Se convirtió en un personaje muy querido por todos los campesinos.
Lo veían llegar desde lejos al padre Chifri. Cuando había un enfermo que socorrer o alguien que necesitaba resolver un problema, un poco en broma, un poco en serio decían: “Ahora viene volando el padre Chifri”. Y al poco tiempo el cura volador aparecía recortado en el horizonte de esas montañas maravillosas con el paisaje y mezquinas con sus habitantes. Hasta que un día ocurrió la tragedia. Un maldito remolino le provocó una caída de 40 metros. Cayó pesadamente y quedó inmovilizado. Con dolores tremendos y problemas respiratorios que lo dejaron al borde de la muerte. Cuando recuperó la expectativa de vida, tozudo, peleador y con un coraje sin igual salió a desafiar el pronóstico que decía que nunca más volvería a caminar.
Había que verlo al cura Chifri, con una voluntad de acero, haciendo los ejercicios de rehabilitación para dejar esa silla de ruedas que lo encarcelaba. Nunca fue un hombre de bajar los brazos con facilidad. Hizo un esfuerzo monumental y demostró una constancia terrible. Es que tenía oculto un deseo íntimo que le daba una fuerza invencible: quería volver a la puna. Con su gente. Esa montaña lo había traicionado pero él quería regresar para no abandonar a su pueblo. Y un día milagroso, apoyado en sus bastones, el padre Chifri se apareció por su lugar en el mundo. Los campesinos emocionados no lo podían creer. El padre Chifri lo había logrado. Había vuelto a darles una mano. Esta vez no había llegado por el aire.
Esta vez había llegado caminando lentamente, con mucha dificultad pero con una energía envidiable y contagiosa. Porfiado el cura. No se resignó jamás a la silla de ruedas. Combatió con fuerza para seguir su tarea solidaria, su misión sacerdotal. Y siguió con su tarea de amar a su prójimo como a sí mismo. De hacer el bien sin mirar a quien. De ponerse a disposición de esos argentinos olvidados por todos que vivían hacinados en sus ranchitos precarios y que casi ni conocían el dinero ni la justicia. Se alimentaban como podían con las pocas verduras que cultivaban y con las cabras y ovejas que son parte indisoluble de sus vidas. El padre Chifri continuó con su tarea titánica. Poniendo el grito en el cielo contra las injusticias. Y ayudó a crear comedores escolares en las escuelas, a instalar invernaderos para conseguir más y mejores alimentos.
Les ayudó a comercializar mejor sus artesanías. Se puso al servicio de los más débiles. El objetivo fue que cada uno se ganara el pan con el sudor de su frente. Empezó a recorrer la zona con un viejo colectivo que le regalaron. Lo pintó de mil colores y lo bautizó el colectivo de los sueños. Dejó de cruzar el cielo con sus alas prestadas. Y aun así llegó a lo más alto de la solidaridad y el compromiso. Logró abrir el colegio secundario con 36 alumnos. Había que verlo encabezar las procesiones con todos los reclamos y las vestimentas típicas de la zona. Había que verlo entre los cerros con su poncho y el día que lo ayudaron a treparse a una bicicleta.
Fue una epopeya. Levántate y anda. Me hizo acordar a la bicicleta blanca de Horacio Ferrer cuando le habla a ese viejo flaco nuestro que andaba en la tierra. ¿Se acuerda? Flaco, no te pongas triste, todo no fue inútil, no pierdas la fe. En un cometa con pedales, dale que te dale yo sé que has de volver. Ahora, le pido que preste atención a esto que voy a contarle ahora:
La vida del padre Chifri fue un verdadero canto de fe y de esperanza. Y digo fue y no es porque esta vez, de verdad y en forma definitiva, el padre Chifri se fue al cielo hace 5 años por un maldito paro cardíaco. Ya pasaron 5 años. Su obra se multiplicó como los panes y los peces. Pero todavía no me resigno a su muerte. Tenía apenas 46 años. Estoy seguro que no descansa porque no descansaba nunca. Pero está en paz con su conciencia y con sus queridos hermanos pobres.

Fayt, adiós a un prócer – 23 de noviembre 2016

Murió el doctor Carlos Santiago Fayt. Durante 32 de sus 98 años fue juez de la Corte Suprema. Su paso a la eternidad lo coloca en el pedestal de los próceres republicanos. Fue un emblema de la resistencia al chavismo kirchnerista que no pudo quebrarlo. Fue tan grande su coraje que no se dejó patotear por Cristina y sus cómplices y recién se fue a su casa al día siguiente de la asunción del presidente Mauricio Macri. Seguramente habrá pensado: misión cumplida, los autoritarios no pasaron.
Durante la mayor y más cruel embestida, miles de ciudadanos levantamos carteles que decían: “Todos somos Fayt”.
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? ¿De ser un ejemplo de austeridad republicana, de vivir en un sobrio departamento y de tener una casita en Villa Gesell después de haberle dedicado toda una vida a la Corte y al estudio sin una sola sospecha de haber realizado ni un trámite administrativo poco transparente?
¿Quiénes lo acusaban? Los que aún no pueden explicar sus fortunas, sus mansiones y sus estancias que lograron con el plan sistemático para saquear el estado mediante una asociación ilícita liderada primero por Néstor y luego por Cristina Kirchner?
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? ¿De ser un defensor de los derechos humanos que tuvo el coraje de presentar junto a Raúl Alfonsín habeas corpus por varios detenidos durante la dictadura militar, cuando las balas picaban cerca y muchos abogados fueron secuestrados y desaparecidos solo por ese gesto de grandeza? ¿Se lo acusaba de no haber ocupado jamás un cargo público durante ninguna dictadura militar?
¿Quiénes lo acusaban? Los abogados exitosos que no pueden explicar su riqueza y que durante el terrorismo de estado se dedicaron a rematar casas de deudores con una actitud de usura indigna de un militante popular y que no movieron un solo dedo ni presentaron un solo habeas corpus por sus compañeros? Hebe de Bonafini lo acusó a Fayt y defiende al doctor Eugenio Zaffaroni que fue funcionario judicial de dos dictaduras y sobre todo de la de Jorge Videla para la cual, además, escribió un manual. La presidenta de las Madres se permitió, una vez más, un juicio callejero a una persona intachable como Fayt mientras manchó los pañuelos blancos con el dinero sucio de Sergio Schocklender. No lo podían confesar porque era inhumano, pero se les notaba las ganas de hacer una cadena de oración para que el doctor Fayt se muriera lo antes posible.
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? ¿De ser admirador de socialistas democráticos como Nicolás Repetto y don Alfredo Palacios? ¿De tener sensibilidad hacia los más humildes o de haber optado intelectualmente por el agnosticismo después de venir de una familia católica? ¿O de haber escrito 3 libros con un análisis severo de los componentes autoritarios y demagógicos del peronismo y en defensa de las más amplias libertades públicas?
¿Quiénes lo acusaban? Los adoradores de un chavismo que mete presos a dirigentes democráticos y opositores y que cierra medios de comunicación independientes y ataca a los periodistas que no se alquilan ni se venden. Los que se hicieron millonarios con los juicios laborales de muchos gremios como el doctor Héctor Recalde y que acusó a Fayt de ser antiperonista.
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? De ser un brillante abogado, juez, escritor, académico, profesor emérito de universidades que escribió 35 libros que abarcan la historia del pensamiento político desde la Antigua Grecia hasta el siglo XX?
¿Quiénes lo acusaban? Los pibes para la liberación como su jefe Máximo Kirchner quienes no terminaron sus estudios y nunca trabajaron en otra cosa que en administrar los múltiples bienes de sus padres?
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? De ser una persona de perfil bajo al que casi no se le conoce nada de su vida privada? ¿De haber llenado plazas y radios predicando la democracia a través de clases de Educación Cívica? ¿De haberse opuesto con su voto en la Corte a la privatización de Aerolíneas, de haber sentado las bases de respeto hacia la diversidad sexual con un fallo y de haber defendido la libertad de expresión aplicando la avanzada y progresista doctrina de la real malicia?
¿Quiénes lo acusaban? Los que integraron grupos guerrilleros que utilizaron el crimen y las bombas durante períodos democráticos como Horacio Verbitsky o Carlos Kunkel que le decían a Fayt admirador de Aramburu a quienes los Montoneros secuestraron y asesinaron.
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? ¿De ser viejo cuando se sabe que viejo es el viento y todavía sigue soplando? ¿De tener algún achaque propio de la edad que sobrellevaba con una dignidad ejemplar?
¿De qué lo acusaban a Fayt ? De andar casi en puntas de pié por la vida con dignidad, ética y excelencia académica?
¿Quiénes lo acusaban? Los ministros de los gobiernos más corruptos de la historia democrática? Los inmorales nos han igualado, dice el tango. Los Aníbal Fernández que, como si fuera un comisario de la bonaerense en pleno allanamiento, le ordenó a Fayt que saliera de su casa.
El sucesor de Stiuso llamado Horacio Verbitsky se burló de Fayt y dijo que no sabía ni el día en el que vivía y que le tenían el pulso de su mano para que firmara los expedientes. ¿Cómo lo supo? ¿Lo filmaron? ¿Utilizaron los métodos sovièticos de la KGB de cabotaje?
Defender al doctor Carlos Fayt fue como defender un monumento a la democracia y los derechos humanos, a la capacidad intelectual y profesional y a la ética republicana frente a las mafias enquistadas en el poder que se quisieron quedar para siempre. Por eso lo quisieron matar por stress, por acoso moral y humillación, como dijo la doctora Carrió.
Los impresentables y perversos enemigos de Fayt se quisieron quedar con todo y agigantaron su figura. Miles y miles de ciudadanos lo defendieron en la calle en defensa propia.
La República Argentina está de duelo. Murió el doctor Fayt. No aceptó las órdenes ni las extorsiones de Cristina. Se fue de la Corte cuando quiso. Ayer se fue de la vida porque la muerte quiso. Pero volverá cuando la patria pueda extirpar a los corruptos y a los golpistas.
Fayt volverá y no será millones. Fayt volverá y será justicia.