Trump presidente – 9 de noviembre 2016

A esta hora exactamente corre frío por la espalda del planeta tierra. A esta hora el mundo sufre los remezones de un terremoto norteamericano llamado Donald Trump. Se consagró presidente con una victoria contundente.
Se cayó el sistema, me dijo un amigo mezclando el lenguaje ideológico y la tecnología. Colapsaron los sitios para sacar la visa para huir a Canadá. Los mercados se cayeron a pedazos. La sociedad de Estados Unidos sufre una grieta más profunda que la que produjo Cristina Kirchner. Todo está bajo sospecha y el piso se abre debajo de los pies de la clase dirigente. El triunfo de Trump interpela y pone bajo la lupa a todos los que usan y abusan de la política para enriquecerse y traicionar al electorado. Es el fin de esa mala costumbre de muchos partidos tradicionales de llegar al poder y olvidarse del pueblo. Hay un hartazgo generalizado que castiga en todo el mundo a los burócratas que no quieren terminar con las inequidades y que solo les interesa llegar para empacharse de poder y dinero. Los salvajes populismos que crecen en muchos países se han convertido en falsos chalecos salvavidas en medio de una tormenta de desocupación, odio, droga y delito que asusta a mucha gente. En este caso, más de 57 millones de ciudadanos votaron por esta suerte de suicidio colectivo. Porque ese señor gobernará Estados Unidos y no Trumpalandia y tendrá el botón nuclear al alcance de su mano. Será el comandante en jefe de la potencia militar más poderosa de todos los tiempos.
A los populismos los carga el diablo. Todos comienzan con esperanza y terminan en estallidos autoritarios que asfixian las libertades. Muchas veces se convierten en remedios que son peores que las enfermedades. Ojalá me equivoque pero si un presidente recibe la primera felicitación de la familia Le Pen y es apoyado por los nazis del Klu Klux Klan y Vladimir Putin, es realmente un peligro fascista.
La presunta comedia del magnate de pelo anaranjado es una tragedia nacional. ¿Se imaginan a este demagogo ignorante con el poder de decidir sobre una guerra?
Algunas de sus definiciones dan vergüenza ajena por su frivolidad y patoterismo. Dijo que los norteamericanos no tienen trabajo porque se lo quitaron los chinos y los mexicanos. Que China inventó la mentira del “cambio climático” para sacarse de encima la competencia comercial. Sobre México descarga sus peores xenofobias y odios raciales. Propuso construir un muro de 3.200 km en la frontera que debería ser pagado por los mexicanos para que sus compatriotas no entren a Estados Unidos ya que son “corruptos, delincuentes y violadores”. La NBC, Macy’s y Univisión entre otras empresas cortaron relaciones comerciales con Trump. Y el Papa Francisco opinó que el que construye muros, no es cristiano, aunque luego relativizó sus palabras porque no quiso tener una injerencia tan directa en las elecciones. De todos modos, Trump no profesa la religión católica. Es protestante presbiteriano.
No tiene problemas en expresar su discriminación feroz hacia los musulmanes, los negros, las mujeres y los homosexuales.
Es la expresión más acabada del populismo ultraderechista de un sector del pueblo norteamericano que está desilusionado del sistema político y por eso recurre a alguien que patea el tablero y provoca.
Es la reacción nefasta frente a un modelo que no termina de satisfacer a los habitantes. Es una rebelión ante las mentiras, la corrupción y la falta de soluciones de los partidos y los candidatos tradicionales.
Pero con esa explicación no alcanza. Algo más profundo está ocurriendo en las entrañas de la sociedad y en el mundo. No hay como explicar que los evangélicos del sur que son tan conservadores voten a alguien como Trump que tiene dos divorcios y es dueño de casinos. ¿Qué está pasando que latinos que fueron indocumentados hasta hace media hora apoyen el liderazgo de alguien que propone mandarlos de vuelta a sus países? ¿Existe el voto sadomasoquista? ¿Hay un individualismo egoísta que repudia a sus propios compatriotas que no se atreve a decir lo que piensa pero que lo expresa en el voto? ¿Existe alguna variante del Síndrome de Estocolmo que es la locura de enamorarse de su propio torturador?
Trump es un dinosaurio que llegó a decir que donaría 5 millones de dólares a una entidad caritativa si Barack Obama mostraba su certificado de nacimiento. Obama lo mostró y Trump tuvo que ponerse. Era la época en que decían que Obama era un negro marxista pro musulmán que ni siquiera era norteamericano”.
Los sectores más retrógrados del pueblo norteamericano tienen un nuevo ídolo. Ya su padre, había sido sancionado por no querer alquilarle departamentos a los negros. La legendaria revista Time publicó una foto en su tapa de un primerísimo plano de los ojos celestes y helados de Trump. Sobreimpreso aparecían 5 casilleros para llenar con un tilde. Los cuatro primeros estaban tildados, los que decían matón, showman, aguafiestas y demagogo. Quedaba todavía en blanco el casillero que decía: “presidente número 45 de los Estados Unidos”. Esta madrugada, ese casillero recibió su tilde.
Los debates ridículos tipo reality show le hicieron llegar a decir a Trump que tenía las manos grandes igual que su pene porque un rival electoral había dicho que sus manos chicas eran una confirmación de que tenía otros órganos de tamaño reducido: todos hablaron del pene pero en realidad, tal vez se hablaba del cerebro. Por sus comportamiento, ese órgano, si parece del tamaño de una cereza.
La revista Forbes publicó su habitual lista de millonarios y Trump se enojó. Dijo que le habían puesto que su fortuna ascendía a los 4.500 millones de dólares y que él tenía el doble de esa cifra. Trump es un experto en el arte de vender. Un capo del engaña pichanga. Así levantó su imperio. Y después publicó libros de autoauyda bien norteamericanos que daban la receta de cómo hacerse rico.
Muchos artistas, no solamente latinos, salieron con fuerza al cruce de este nefasto personaje. Desde George Clooney hasta Salma Hayek, pasando por Kevin Spacey , Thalía, Gloria Stefan, Carlos Santana y Carlos Vives. Muchos combatieron a Trump en favor de la libertad y la convivencia pero también en defensa propia.
Los mexicanos de Maná directamente fueron militantes. Su cantante Fer Olvera dijo que repudiaba todos los populismos autoritarios de derecha e izquierda. Que no quiere caudillos violentos como Hugo Chávez ni como Donald Trump al que definió como un hombre ignorante, farandulero y dañino para toda la humanidad. Y sin pelos en la lengua dijo que cagó a todos los mexicanos y a todos los latinos. Expresó su apoyo a Hillary Clinton y a los derechos humanos y la libertad de expresión y en contra de todo tipo de discriminación. No alcanzó para que Hillary ganara pero fue como Maná que cayó del cielo. Sobre todo cuando en su canción se juega y dice:
“Jamás me daré por vencido
contra todo que sea nocivo
si no vives por algo,
la vida no tiene sentido.
Violencia, racismo, blasfemia, nihilismo
el mundo está confundido.
Jamás me daré por vencido
te lo juro mientras siga vivo
mi dignidad es mi única arma contra el enemigo”.
Con ese mundo utópico sueño. Un planeta sin fascistas ni de derecha ni de izquierda. Con hombres que quieran construir una sociedad más igualitaria en el altar de la libertad más absoluta. Ni Chavez ni Trump. Ni Stalin ni Hitler. Como dice Maná: te lo juro, mientras siga vivo, mi dignidad es mi única arma contra el enemigo.
Esa dignidad, esta madrugada, perdió una batalla pero no la guerra. Creo que en eso creo.

Contra la droga – 8 de noviembre 2016

La gran mayoría de los argentinos todavía no tomó conciencia de la gravedad del tema del narcotráfico por un lado y del consumo de droga por él otro. No se generó el suficiente escándalo moral que nos haga levantar la voz y exigir que todos los involucrados trabajen duro y en forma mancomunada para terminar con estos dueños del veneno que mata a nuestros hermanos y que se llenan los bolsillos con dinero sucio.
La droga es el principal enemigo del pueblo. El último intento de instalar el tema de verdad en el debate público lo hizo la Comisión Nacional de Pastoral sobre Drogadependencias, que coordina el padre José María “Pepe” Di Paola. El documento fue contundente al pedirle a las autoridades la urgente declaración de la “emergencia nacional de adicciones” para empezar a cortar por lo sano y para ganar algunas batallas en esta lucha desigual que, según el especialista en desarrollo social Daniel Arroyo, “estamos perdiendo 10 a 0”.
El texto de los curas que ponen el pecho y el cuerpo todos los días en las villas y en los hospitales pegó un alarido: “¡Basta! ¡Basta! ¡Ni un pibe menos por la droga! Hay que ponerse a trabajar”. También ratificó su firme rechazo a “las políticas liberales que reclaman el derecho de cultivar, tener o consumir drogas”, en clara referencia a la marihuana. Se agradece esa postura tan taxativa frente a muchos presuntos progres y chicos cool que se creen que la legalización puede ser un camino de salida cuando, en realidad, es la puerta de entrada de los sectores más necesitados.
El documento de los curas villeros pone el dedo en la llaga cuando dice que hay que cortar el circuito financiero. Dinamitar la ruta del dinero que enriquece a estos criminales que trafican con el dolor de nuestras familias.
El texto dice que “ El narcotráfico es una red multinacional con gerentes y CEOs, que saben tanto de complicidades políticas como de comunicación, de maquillar la realidad con teorías novedosas surgidas en universidades prestigiosas, de hacer lobby y buscar leyes favorables a sus negocios”. Una denuncia corajuda que describe la magnitud de la guerra que nos han declarado.
Los representantes diocesanos no creen conveniente politizar el tema. Dicen con claridad que “no se trata de un gobierno u otro, sino más bien de un problema que fue creciendo y, como una espiral, avanza profundizando el deterioro de la vida de nuestros jóvenes y destruyendo el tejido social”.
Denuncian que cotidianamente, llegan a sus parroquias e instituciones presentes a lo largo del territorio nacional, a los pueblos y ciudades muchos pibes, gurisas, changos y chinitas que perdieron su libertad por la falta de sentido y oportunidades, y quedaron entrampados en las redes del consumo de alguna droga, tanto legal como ilegal. Acompañamos el sufrimiento de sus familias y seres queridos. Esto sucede incluso en los pueblos más chiquitos, en los que para poder ver a un psicólogo o especialista en salud mental hay que viajar 100 o 200 km. La situación es desesperante y nos preguntamos cuál es la respuesta que como sociedad estamos ofreciendo. Debemos sincerarnos. En los centros urbanos estamos discutiendo modos novedosos de intervenir, organizando congresos y analizando las falencias de los distintos paradigmas y modelos teóricos, muchas veces importados, y la respuesta sigue siendo insuficiente, mientras hay cerca de un millón de jóvenes que no estudia ni trabaja en nuestro país.
Rechazan los enfoques represivos hacia las víctimas que consumen y explican que si a nuestros jóvenes no les ofrecemos oportunidades reales para crecer, para descubrir el sentido de la vida, políticas públicas de prevención y un sistema de salud adecuado, van a ser estructuralmente vulnerables. No alcanza con perseguir al narcotráfico, hay que cuidar a los pibes.
La ministra de seguridad Patricia Bullrich dijo que nuestro país “tiene un mercado perfecto para los narcos y por eso iniciaron una lucha frontal y concreta. Argentina exporta cocaína por las hidrovías” Dentro de 10 días en el Vaticano se va a realizar un seminario organizado por la Academia Pontificia de Ciencia dedicado a este flagelo.
Y está claro que la prevención siempre es el camino más barato y efectivo. Porque el narcomenudeo llegó a todas las latitudes. Porque la cultura que se instaló muestra al vendedor de droga como alguien exitoso que se llena de plata y que tiene las mejores motos y zapatillas frente a la miseria que lo rodea. Es un liderazgo absolutamente tóxico. Un patrón del mal que produce una verdadera implosión social allí donde se instala: los robos y los asesinatos se multiplican en forma proporcional a la cantidad de droga que se consume y trafica. Y a las instituciones que han sido perforadas y prostituidas por la corrupción.
El anterior gobierno tenía una actitud cómplice y negadora. No solo por los millones de dólares que embolsaron con el contrabando de efedrina y por el triple crimen. También porque personajes fuertes del gobierno como Aníbal Fernández miraban para otro lado y subestimaban el problema. Hay que revisar a fondo los aportes que recibieron en la campaña electoral de la mafia de las droguerías y sumar dos más dos.
Hay que decirlo con todas las letras: no hay droga buena. Hay que decirlo de la manera más descarnada posible: no hay droga buena porque no hay muerte buena. Y la droga mata. Todas las drogas matan: Más temprano o más tarde. Algunas matan en forma fulminante y otras lo hacen por goteo: primero te esclavizan, te hacen adicto, te dominan hasta que finalmente, cuando menos lo esperas, te clavan un puñal por la espalda.
No solamente la droga mata. En general, en la mayoría de los casos, mata a pibes. Es un crimen a la vista de todos que liquida a los jóvenes. No hay otro camino que matar a la droga antes de que la droga nos mate a nosotros. La iglesia ya puso el grito en el cielo. Ahora nos toca a nosotros levantar esa bandera y llevarla a la victoria. “Ni un pibe menos por la droga” debe ser nuestro objetivo colectivo. Nuestra epopeya nacional. Ni uno menos por la droga. Ni uno menos.

De Perón a Boudou y Esteche – 7 de noviembre 2016

Alberto Nisman apareció muerto horas antes de denunciar a Cristina, a Timerman y a otros personajes nefastos como Fernando Esteche.
No deberían sorprendernos estas declaraciones temerarias y cargadas de pólvora de Fernando Esteche. Por radio amenazó que si a un juez se le ocurriera detener a Cristina podría terminar muerto. “O destituido o apartado, puede pasar cualquier cosa. La relación de poder es siniestra”.
Conspirador y conspirativo como buen jefe de Quebracho, Esteche sobre la posible muerte de algún juez dijo que “ No cuesta nada. Así como ponen a través de sorteos muy curiosos siempre a los mismos jueces y a los mismos fiscales imputando a los mismos compañeros, de la misma manera los podrían sacar de juego si alguien se autonomiza y va más allá de lo que el poder político pretende”.
Es verdad que la historia se repite dos veces. La primera como tragedia y la segunda como farsa. Y esa foto de los auténticos decadentes con las patas en la fuente de la Plaza de Mayo es una farsa. Las diferencias entre la foto original de los obreros y de los grasitas de Perón del 17 de octubre con la de la semana pasada son abismales. Es el océano que separa a Juan Domingo Perón de Amado Boudou. Uno fue un caudillo que marcó a fuego para bien y para mal la historia argentina y el otro un atorrante de estado que se enriqueció con el dinero de los argentinos.
Son dos fotos que representan cosas antagónicas. El día y la noche. El amanecer y el ocaso.
La primera es el símbolo de un nacimiento y de una incorporación. Surgió el liderazgo de Perón que parió al justicialismo y la clase trabajadora se sumó el escenario y el debate de la vida pública.
La segunda es el emblema de la muerte política y la decadencia de un grupo de impresentables que se nuclea en el ladriprogresismo de la guardia pretoriana de Cristina Fernández de Kirchner.
Aquel 17 de octubre, los laburantes de la carne que venían de Berisso con Cipriano Reyes, los trabajadores de Avellaneda o Quilmes pusieron su corazón en manos del coronel Perón que estaba detenido y que desde la Secretaría de Trabajo había multiplicado los derechos laborales. Todos exigían la libertad de ese hombre que con Eva se había transformado en la esperanza de los sectores más postergados de la sociedad. Una multitud marchó hacia una plaza convertida en ágora y asamblea popular que gritaba: “Los que sean de Perón que se sumen al montón” y “La patria sin Perón, es un barco sin timón”, como contó Ricardo Roa.
Este viernes 4 de noviembre de 2016 un par de muchachos que baten todos los records de imagen negativa fueron expulsados por Pablo Micheli, un dirigente sindical que enfrentó a Cristina y que se dio cuenta que Boudou y sus cómplices querían lavarse los pecados y limpiarse los prontuarios usando una manifestación. Amado, Fernando Esteche y Luis D’Elía, entre otros pusieron sus patas en la fuente y quisieron robarse aquel recuerdo histórico. Alguien dijo con toda razón que fue una profanación. Una violación de la memoria colectiva que fue malversada.
“Las patas de la mentira”, dijo anoche Ari Paluch.
Hasta el ministro Rogelio Frigerio caracterizó a Boudou como “un chanta que no bajó de la Sierra Maestra sino de los edificios de Puerto Madero”. Su referencia fue porque el ex vicepresidente multiprocesado por corrupción levantó su puño en alto como si fuera un guerrillero que acompañó a Fidel Castro en la revolución cubana. No se trató de una travesura de adolescentes. Fue una falta de respeto, una humillación a la historia del peronismo. Fueron a robar protagonismo y cámara y como Pablo Micheli los hizo bajar de un plumazo del escenario apelaron a su cara más dura para falsificar un hecho histórico que representa, insisto, todo lo contrario de estos personajes nefastos que el peronismo repudia y que se han refugiado bajo las polleras de Cristina.
Aquel parto de la historia se transformó en el velorio político de una secta. Aquel día derivó en el día de la lealtad y este en el día de la payasada y la caricatura.
Un año después de aquel 17 de octubre, Perón fue elegido presidente por primera vez. Un año después de esta comedia tramposa, Cristina rendirá su examen ante las urnas y pronto sabremos si volverá a las grandes ligas o se transformará en un amargo recuerdo flotando en el adiós.
Amado Boudou es un vivillo que quiso robarse la fábrica de billetes y que se aprovechó incluso de la muerte de Néstor Kirchner. Un despreciable personaje elegido por Cristina que le robó al pueblo pobre de Formosa con una megacoima que cobró su socio y como si esto fuera poco, hizo trampas de todo tipo, en sus documentos en su falso domicilio de un médano, a su ex esposa para no darle la mitad de su auto y se enriqueció ilícitamente engordando el patrimonio de toda su familia. Todo eso lo hizo a bordo de sus motos Harley Davidson y cantando la única verdad; que arde la ciudad. Arde de bronca y por su comportamiento y porque aún no se explica cómo sigue en libertad.
Fernando Esteche, el que pronostica la muerte de algún juez que se atreva a detener a Cristina, es el comandante del grupo Quebracho, el más violento que existe hoy en la Argentina. Adorador de Chávez y los sectores ultras y antisemitas de Irán, como su amigo Luis D’Elía, estuvo preso por incendiar la casa de Neuquén en Buenos Aires con bombas molotov. Suele marchar con sus brigadas de diseño militar, de palos y cadenas con caras tapadas para intimidar a medio mundo.
Luis D’Elía es otro piquetero violento que se aprovechó de su adhesión al cristinismo para hacer ingresar a todos sus hijos al ANSSes. Uno de ellos, por lo menos en forma irregular. Y su esposa Alicia Sánchez también cobró un sueldo como legisladora. D’Elía dijo la verdad: se propuso terminar con la desocupación en la Argentina y empezó por terminar con la desocupación en su familia. Por algún lugar hay que empezar. Todos los argentinos pagamos los sueldos de 5 integrantes de la familia de D’Elia. Fue además el que tomó en forma violenta una comisaría, el que le pegó a un manifestante que apoyaba al campo y el que todo el tiempo está insultando a quien no suscriba su comportamiento patotero y sugiere fusilar disidentes.
Cristina Fernández de Kirchner está tan complicada en la justicia que apela a este tipo de aparatos para asustar a jueces, dirigentes políticos y periodistas. Son los que amenazan con que va a haber kilombo si la tiran a Cristina al bombo y que todo el tiempo muestran sus garras. Son los que empujan con todas sus fuerzas para destruir al gobierno de Mauricio Macri y sabotean en donde pueden todas sus iniciativas. El peronismo parlamentario y el que gobierna provincias e intendencias no los quiere tener cerca porque son piantavotos. Ninguno podría someterse a las elecciones porque se llenan la boca hablando del pueblo pero son tan extremistas y agresivos que jamás los vota nadie. Boudou, Esteche y D’Elía son soldados de Cristina pero están muy lejos de Perón y el 17 de octubre. Por más que pongan las patas en la fuente todo el mundo se da cuenta que una cosa es la historia que construyen los pueblos en movimiento y otra cosa es la truchada oportunista que proponen los impresentables. Dos fotos que son el día y la noche. El amanecer y el ocaso. Un parto y un velorio.