Maradona, no habrá ninguno igual – 25 de noviembre 2020

El querido negro Roberto Fontanarrosa definió mucho de los que nos pasa a esta hora cuando dijo: “No me importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía”.
La noticia conmovió y paralizó al mundo. Le hizo correr frío por la espalda a todo el planeta. Murió Maradona. “El Diego de la gente”, como lo bautizaron. Ese señor que hace poco cumplió 60 años, construyó en 10 segundos y 89 centésimos la máxima obra de arte deportiva de la historia argentina. Ese señor de la lengua pesada, la herida en la cabeza y los ojos achinados por la gordura de su cara, dio cátedra de tango bailando sobre una pelota y frente a los ingleses, nada menos. Inventó todo frente a quienes dicen ser los inventores del fútbol. El estadio azteca se puso de pie cuando vio edificar el gol más golazo de todos los tiempos.
Ya había puesto la mano de Dios y la trampa del Diablo, para el uno a cero. Y después vino el pie alado. La zurda milagrosa que todo lo que toca lo convierte en fiesta. Eran los cuartos de final. Era Inglaterra-Argentina, muy cerca de Malvinas, aunque parezca mentira. Había más adrenalina, nervios y esperanza que en cien clásicos de Boca y River. Era la revancha de los pibes, aunque suene a delirio. Ese señor que saca su pecho potente y prepotente aún frente a la muerte, hoy fue derrotado para toda la vida. Murió Maradona, aúllan las redes y todos los diarios del universo. Ese señor fue un ingeniero de magias que diseñó una de las emociones más fuertes de los argentinos y que instauró el 22 de junio como el día nacional de la fantasía.
Ese señor que lamentablemente tenía el sí fácil para la droga y era adicto a los vividores que siempre revolotearon a su lado como caranchos, se convertirá en monumento al fútbol y en el nombre de la cancha del Nápoli. Ese señor, fue el Dios de los Estadios al que muchos le rezaron. Adentro del campo de juego, era todopoderoso, jugaba para la felicidad de todos. No había nada imposible para su cintura y su empeine. Era capaz de todos los milagros. Por ejemplo, de repartir la magia redonda y de cuero, como quien reparte un juguete el día de Navidad. Maradona ahora ingresó a un Olimpo de los humanos que nos dan identidad en el mundo. Hoy los pibes, dicen Messi cando le nombras a Argentina. Pero durante años y años, en cualquier rincón del mundo, te devolvían la pared diciendo Maradona. Con sus genialidades y coraje para ponerse el equipo al hombro y también con sus miserias y oportunismo, Maradona tiene mucho de nosotros. Nació en Fiorito y no podría haber nacido en otro lado. Tenía nuestras luces y nuestras oscuridades.
No conozco un argentino que haya empezado de tan abajo y que haya llegado tan arriba y que volvió a caer tan abajo. No conozco un argentino que le haya regalado tantas sonrisas a la gente del pueblo, sin pedirles nada a cambio. Dio montañas de felicidad a sus semejantes y se reservó para sí, todo el daño. Es cierto que en “ese” cuesta abajo en su rodada, se llevó puesta la otrora relación maravillosa que tenía con sus hijas o con “La Claudia”. O que sus posiciones políticas son para la crítica, cosa que hice varias veces y con mucha enjundia.
Pero ante su tumba mediática, frente al féretro imaginario donde quedarán sepultadas mil tardes de sol saltando en las tribunas, elijo el respeto y me inclino ante el dolor de tanta gente.
Prefiero recordar con dolor al artista de la gambeta celeste y blanca. Hace mucho que no había que pedirle nada más. Los que lo rodearon siempre debieron darle en lugar de pedirle. Darle contención, ayuda desinteresada, poner el hombro para que Diego pudiese llorar y exorcizar todos sus arrepentimientos.
Ese señor que vivió en los mejores hoteles y en los palacios más alucinantes sintió el ruido del hambre en la panza y juró por Villa Fiorito que iba a zafar con la ayuda de la pelota que no se mancha.
Pero no pudo. La muerte es el único hachazo que nadie puede evitar. Fue muy temprano, demasiado temprano porque vivió siempre a mil por hora.
Se hizo millonario, campeón del mundo y dueño por los siglos de los siglos de la camiseta número diez de Argentina. Se hizo patrimonio nacional futbolero, con la sangre celeste y blanca corriendo por sus venas. No arrugó nunca en ningún partido. Era capaz de putear a los que puteaban el himno y arengar a sus compañeros.
Maradona se cansó de escribirle cartas a los reyes magos que no le daban ni pelota. Y él quería una pelota. Su viejo, El Toro, ferroviario y tímido, le enseñó a pescar y a hacer los mejores asados. Su madre, doña Tota, lo miraba como quien mira solo la ternura del ser humano. Hoy Maradona comenzó a reencontrarse con esos afectos genuinos e incondicionales. Sus raíces fundacionales lo estarán esperando en las alturas. Don Diego con un mate caliente y doña Tota con un saquito tejido por ella. Los tres fabricarán lágrimas en un abrazo eterno.
Ese señor tiene un trono permanente en Nápoles. Es el símbolo que fue vengador de tantas desigualdades y de tanto mirar por encima del hombro de Milán a esa Italia tan profunda, tan lejos de Dios y tan cerca de África.
Por eso Fiorito y Nápoles son su tierra, de nacimiento y de renacimiento, su lugar en el mundo. En los altares de las iglesias, entre la ropa colgada en las ventanas, Diego está sentado a la derecha de San Genaro. Por eso en Nápoles y en Argentina, miles de chicos se llaman Diego. Alguna vez confesé que yo le puse Diego a mi hijo en su homenaje. Repito por si hace falta. Por admiración a ese duende del césped y no por aquella persona que desbarrancó en muchos pantanos. Había que ver la cara de los chicos del mundo cuando Maradona hacía jueguito con una pelota de tenis, de ping pong y hasta con una chapita de cerveza.
Ese señor que será eterno como dijo Messi, no tenía las monedas necesarias para tomar el colectivo que lo llevaba a probarse en Argentinos Juniors, donde nació la gloria y la leyenda. No tenía un peso partido al medio. No conocía ni el dulce de batata ni la manteca, como me dijo una vez delante de Jorge Cyterszpiller, el que lo invitaba a merendar todas las tardes en su casa de La Paternal.
Ese señor se calzaba las zapatillas flecha hasta que se desflecaban en la canchita de tierra donde aprendió todos sus trucos.
Cada vez que llovía, Diego se atormentaba con una imagen. Se veía a si mismo corriendo de acá para allá con las palanganas, un tachito de morondanga y las ollas para atajar el agua que caían por las goteras de su ranchito.
Cada vez que daba gracias al señor por el pan de su mesa, recordaba que el primer sueldo se lo gastó entero para invitar a comer a su mítica madre. Llevó a doña Tota al restaurante “La Rumba”. Es que tenía dos sueños permanentes: jugar en la selección y llevar a comer a un lugar cajetilla a su vieja del alma. Juntos miraban esa pizzería bacana desde la ventanilla del colectivo mientras pasaban los adoquines de Pompeya y más allá la inundación.
Ese señor que mira a la cámara y grita gol con un alarido de sus entrañas se llama Maradona y es argentino por los cuatro costados. Su fútbol nos identificará por siempre. Nos pondrá la marca en el orillo. Artístico y engañador. Sublime y tramposo. Te doy, pero te quito. Voy para allá, pero salgo por acá. Te deslumbro. Te enamoro pero te miento. Un corte y una quebrada.
Ese señor fue capaz de llenar cientos de bomboneras y monumentales. Le dieron para que tenga, le pegaron patadas a rolete. Pero nunca lo pudieron alcanzar. Hasta este día maldito en donde la pelota se puso un crespón negro y empezó a elaborar su duelo.
Hoy me pasan como una película mil anécdotas que tengo con Diego. En Hong Kong, en su habitación de pibe con pijamas, en Estados Unidos y en los entrenamientos tratando de sacarle un título rimbombante.
Diego Maradona fue el quinto hijo de los ocho de un obrero que nació en una Esquina de Corrientes sin Esmeralda. Llegó al mundo con una pelota debajo del brazo. Su padre le lustraba los botines cuando era cebollita y él sacaba apenas la lengua, llenaba de aire su pecho y salía por pasto a despatarrar gigantes defensores y a hacerles pasar papelones de padre y señor nuestro. Nunca quiso abandonar los arrabales del fútbol. Como comentarista, como hincha, como manager o director técnico. Es increíble que Maradona haya muerto. Su cuerpo privilegiado aguantaba todos los bombazos que el mismo le tiraba. Hace 38 años aspiró cocaína por primera vez para hacerse el cancherito y para aguantarse ser Maradona todo el tiempo y en todo lugar.
La noticia conmovió y paralizó al mundo. Le hizo correr frío por la espalda a todo el planeta. Murió Maradona. No habrá ninguno igual, no habrá ninguno.

La impunidad de la reina y el príncipe – 24 de noviembre 2020

Cristina y Máximo, hacen lo que quieren. Son el poder real en la Argentina. La realeza disfrazada de falso progresismo. En este “Cristinato” con forma de monarquía absolutista, la reina y su príncipe heredero, lograron la rendición incondicional de Alberto Fernández. La tercera presidencia de Cristina, del cuarto gobierno kirchnerista, se logró con la usurpación de la Casa Rosada y la expropiación del Sillón de Rivadavia. Pero Alberto acaba de entregarle a Cristina, simbólicamente, el bastón de mando. Fue en el preciso momento en el que resolvió arrodillarse ante las pretensiones de su majestad de designar a un jefe de los fiscales que le asegure la impunidad judicial. Esa es la única pieza que le falta del rompecabezas que es su plan sistemático para quedarse con todo y para siempre.
Elegir al jefe de los fiscales no es un capricho más de Cristina. Es la forma más rápida y segura de garantizar que, en poco tiempo, se van a evaporar en el aire los 8 juicios orales que tiene en marcha. Ella necesita un talibán K. Un fanático soldado de Cristina que no tenga problemas en incinerar su carrera en el altar de la impunidad y la venganza.
Por eso la batalla por designar al procurador no es una batalla más. Es la madre de todas las batallas. Hay otro tema clave pero que lo van a resolver los militantes de Justicia Legítima que tienen puesta la camiseta de Cristina. La Cámara de Casación está a punto de producir un hecho de extrema gravedad institucional. Van a declarar inconstitucional los 31 testimonios de los arrepentidos en la causa de los cuadernos de las coimas que es la más colosal corrupción de la historia democrática. Alberto Fernández ya les hizo un guiño. Dijo que la ley del arrepentido se utilizaba para perseguir opositores y para comprar y vender declaraciones. Un escándalo irritante que tal vez produzca algún tipo de banderazo callejero.
De todos modos, Alberto Fernández perdió en todos los combates con Cristina. Casi ni presentó resistencia. Siempre tiró la toalla en el primer round. Por eso su investidura ha sido tan erosionada y su poder fue reducido casi a cero. Y este es el principal problema institucional que tiene la Argentina y su seguridad jurídica. Hasta hace poco, no se sabía quien mandaba. Ahora está clarísimo: mandan Cristina y Máximo.
La única herramienta que le quedaba a Alberto para ponerle ciertos límites a Cristina era el nuevo procurador. La posibilidad de que ella o su hijo fueran a la cárcel era su única espada. Acaba de entregarla. La ley que está imponiendo Cristina tiene un artículo que le permite colocar a un Procurador Interino. Y eso es que lo va a ocurrir. A Eduardo Casal le queda poco tiempo en su cargo.
Su falta de coraje y capacidad de liderazgo, Alberto la traduce al eufemismo y dice: “quiero privilegiar la relación con Cristina y la unidad de la coalición”. Eso es falso. El no elige nada. No puede elegir nada. No tiene otro remedio que entregarse atado de pies y manos, que es lo que finalmente hizo.
Ya le comenté que por eso, el intelectual independiente Pepe Nun, definió a Cristina como “la presidenta de facto” y Jorge Lanata, anoche, ratificó que Alberto es su secretario y que no le ve pasta de presidente porque ella le esmeriló el poco poder que tenía. “Cristina, es Insfrán”, dijo en un momento. Y ya se sabe que Lanata a Insfran le dice “Stroessner”, el histórico dictador paraguayo que gobernó 35 años.
A esta altura es patético que Alberto quiera convencer a Daniel Rafecas para que acepte las condiciones de la nueva ley que está cocinando Cristina. Alberto no termina de entender la capacidad de daño que tiene ella. Aunque Rafecas acepte las reglas del juego de Cristina, tampoco van a aprobar su pliego. Ella no quiere a Rafecas. Y punto. Ni olvido ni perdón. Y Rafecas no va a pasar. A lo sumo, si tiene algo de dignidad y olfato político, pronto declinará su candidatura y hará mutis por el foro. Tal vez Rafecas sepa que Cristina no para hasta la humillación del enemigo. Y, si eso ocurre, va generar una profunda derrota política de Alberto, el presidente encargado, de Rafecas y de los opositores como Elisa Carrió o Guillermo Montenegro que cometieron el error de dejarse envolver por la feroz interna del peronismo.
Como siempre, Alejandro Borensztein, resumió el comportamiento de la reina con una ironía magistral:
“¿Te molestan los tres jueces? Los sacamos ¿No te gusta el Procurador? Lo cambiamos. ¿No te dan los votos para cambiarlo porque la ley exige dos tercios del Senado? Olvidate, hacemos otra ley ¿Te molesta Lilita? No se hable más, la mandamos en cana. ¿Querés que tus abogados cambien la Justicia? Excelente, pase por acá Doctor Beraldi ¿Maria Eugenia Bielsa no te cae bien? Sus pedidos son órdenes: afuera Bielsa, entra el leal Ferraresi. ¿El presidente delegado se la cree? Sale carta correctiva inmediatamente. ¿No nos conviene las PASO? Ningún problema, ya mismo las anulamos.”
Una extraordinaria radiografía de cómo funciona el poder en la Argentina. Uno no sabe si reír o llorar.
La más profunda editorial del heredero de Tato, también le sacó la ficha al heredero de Cristina: “Un muchacho que podrá tener buenas intenciones pero que en realidad nunca estudió, nunca laburó, no sabe lo que es pagar una cuenta, cobrar un cheque o cubrirlo, hasta que la mamá lo designó estadista y de ahí en más todo el peronismo le obedece y le rinde cuentas. Extraordinario. La Reina de Inglaterra tiene 94 años y no suelta la manija porque sospecha que el príncipe Carlos es medio inútil. ¿Será también nuestro caso? Veremos”.
Máximo, al que algunos jóvenes del Movimiento Evita, le dicen “Mínimo”, tiene el mismo problema de su madre para afrontar los juicios y castigos que les corresponden. Sobre todo en las causas por lavado de dinero como Hotesur y Los Sauces, donde puso el gancho en los balances, dejó los dedos pegados en los contratos y no puede explicar el nivel colosal de enriquecimiento familiar. Igual que a la reina madre, le falta conseguir la impunidad judicial.
Pero la impunidad política ya la tiene. El también hace lo que se le canta. En complicidad con el banquero Carlos Heller, perpetraron ese impuesto que llamaron “a los ricos”, que será un éxito a la hora de espantar inversiones y producir amparos ante la justicia. Fue apenas fulbito para la tribuna del relato más ultra K que están apichonados en sus malabarismos para explicar que el ajuste brutal no es un ajuste y que es apenas un cambio de prioridades. Las consecuencias más irresponsables son la siembra y el fogoneo de un odio de clases y un resentimiento muy peligroso para la convivencia pacífica. Pero Máximo también es el responsable de esa locura infantil de la llamada “ley del fuego” que ya tiene media sanción. Prohíbe vender por 30 o 60 años los terrenos incendiados. Se castiga tres veces a los ciudadanos decentes. Primero con la ausencia del estado que no evitó el incendio. Segundo con el daño del fuego propiamente dicho que destruye todo. Y tercero, castigan a la víctima porque la “ideologitis” de Máximo Primero dice que los propietarios “los incendian a propósito para dejarlos listos para emprendimientos inmobiliarios”. No niego que haya algún delincuente que haga eso. Pero es el estado, el que tiene que investigar y llevar a la justicia al responsable. Pero castigar al que se le incendió el campo por la sequía extrema, por un cigarrillo o por el sabotaje de algún kirchnerista fanático que además destruye silo bolsas, es un verdadero mamarracho. Máximo lo hizo. Y lo votaron todos con verticalismo y sumisión. También serán judicializados estos casos.
Y como si fuera poco este cheque en blanco para hacer cualquier cosa, Máximo acaba de ser premiado por la AFIP con un plan de 96 cuotas que ya quisieran las miles de Pymes que están quebradas. Un muchachote que tiene un patrimonio de millonario y que podría vender un departamento en Puerto Madero o alguna propiedad para pagar lo que le debe de impuestos al estado (es decir a todos), recibe el privilegio de un plan de facilidades que terminará de pagar en 8 años y en pesos. ¿Se da cuenta de cómo provocan al ciudadano que cumple con la ley y paga religiosamente? El estado le regala 4 millones a un millonario que después se hace el Che Guevara e inventa un impuesto para los millonarios que él tampoco quiere pagar con la excusa de que la justicia que todavía no lo condenó, le tiene embargado los bienes. Argentina es una República que estos muchachos convierten en un régimen autoritario como en Santa Cruz o Venezuela.
El nacional populismo cleptocrático es una enfermedad terminal para un país que quiere progresar con mérito e igualdad de oportunidades. Pero las ridiculeces con formato ideológico nos llevan al papelón y la vergüenza ajena. Lo dijo Perón: “De todo se vuelve, menos del ridículo”.

El fascismo les salió por la culata – 23 de noviembre 2020

Hace una semana, aseguré en esta columna que “adoctrinar, es fascismo educativo”. En su desesperación por atacar a Soledad Acuña, que había denunciado esta salvajada de los sindicalistas que son el brazo cristinista en la docencia, ese fascismo, se volvió un boomerang porque les salió el tiro por la culata. Fue a través de una tapa del diario oficialista Página 12 que quedará en la historia como un emblema de la manipulación y la real malicia. Ese medio propagandístico, es uno de los muchos, cuya propiedad es de Víctor Santa María, secretario general del gremio de los encargados de edificios. El director es Ernesto Tiffenberg y la cronista que hizo esa burda operación se llama Patricia Chaina quien se define en su perfil en las redes como “peronista, kirchnerista, nacional popular y docente de la UBA”. ¿En qué consistió ese fascismo de izquierda impreso en papel y también on line?
Colocaron dos grandes fotos de igual tamaño. Una era de Soledad Acuña, en tiempos de joven estudiante. Y la otra era de un criminal de guerra nazi llamado Erick Priebke.
En un claro intento de forzar argumentos para ensuciar a Soledad Acuña comentan que el despreciable capitán de las SS hitlerianas era de la comisión directiva del colegio alemán llamado Primo Capraro, en donde Acuña cursó el secundario. Utilizan falsedades como “la sombra de Priebke en la historia de…o La Mala educación”.
De arranque le aclaro que la funcionaria de Larreta se recibió en el año 1992. Y dos años después, recién en 1994, se conoció la verdadera identidad de este jerarca nazi. Hasta ese momento, fingía ser un respetado vecino de Bariloche que se hacía llamar Erico.
Ya que la escriba de ese panfleto se autopercibe peronista y kirchnerista, debería saber que el tema del nazismo es especialmente incómodo para ese espacio político cuyo fundador, Juan Domingo Perón permitió el ingreso de más de 3.500 nazis a la Argentina y llevó a nuestro país a la vergüenza de haber sido neutrales en la Segunda Guerra Mundial. La redacción de Chaina, y la edición de fotos y de títulos de Tiffenberg, son un ejemplo de fanatismo militante y de fake news que potencia el odio, ofende a todos los argentinos y que frivoliza, banaliza y vacía de contenido el holocausto. Por eso la DAIA expresó su protesta.
Pero hablar del nazismo desde el peronismo kirchnerista es abrir las puertas de los archivos que albergan verdades irrefutables que muchos callan porque no pueden explicar.
No solamente Perón autorizó el ingreso de nazis como Erick Priebke, el doctor Muerte, Joseph Menguele o Adolf Eichman. También fue admirador de Francisco Franco y Benito Mussolini quien lo recibió en el Palacio Venecia. Perón firmó 9 decretos secretos para favorecer a los autores del genocidio más grave de la historia.
Le recuerdo que Priebke fue extraditado de Argentina en 1995 y condenado en Italia por el asesinato masivo de 335 civiles, acusados de partisanos, en lo que se conoció como La Masacre de la Fosas Ardeatinas, en Roma. Esos fusilamientos fueron ordenados directamente por Hitler en 1944.
Ya en tiempos más cercanos, en setiembre de 2011, Horacio Verbitsky publicó en ese mismo diario, Página 12, una nota con una fotografía de Priebke en una comida con Carlos Soria, candidato kirchnerista a gobernador de Río Negro. Verbitsky, hoy jefe de inteligencia informal de Cristina, caracterizó a Soria como el símbolo de “lo peor de la década menem-duhadista, reciclado de ocasión” y reveló que Soria también estudió en la misma escuela de Soledad Acuña. Las vueltas crueles del destino hicieron que Martín y María Emilia, los hijos de Carlos Soria, tan fustigado por Verbitsky, hoy sean cuadros militantes de La Cámpora.
Pero también fue Página 12 el diario que publicó en julio del 97 una nota titulada “El diario del Führer está junto a Néstor Kirchner” y que fue prolijamente borrada de los archivos digitales como tantas otras. Este texto era sobre el periódico “La Voz de Santa Cruz que sobrevivía gracias a la publicidad del gobernador Kirchner” cuyo director autodenominado “El Führer”, también había trabajado con Alfredo Yabrán. Una joyita.
Ni hablar de fascistas de libro como Oscar Ivanisevich o el nefasto Alberto Ottalagano. Ni de las acusaciones del doctor Eugenio Raúl Zaffaroni contra Néstor Kirchner. Suena raro, pero es rigurosamente cierto. Se pueden consultar los archivos de la época. Fue en 1998 y en Santa Cruz. Hace 22 años, había sido invitado por el Frepaso para ayudar en la lucha contra la reelección eterna que Kirchner quería instalar y logró instalar en la gobernación. Zaffaroni apeló a “la Constitución de la República de Weimar “y a “Hitler”. Con el tiempo se supo que el día que Kirchner como presidente, le ofreció el cargo de la Corte Suprema, sacó del cajón del escritorio el recorte de aquella comparación y le pasó la factura. El periodista Daniel Miguez en su libro “Néstor íntimo” cuenta que Kirchner le mostró la nota cuyo título era “Un nazi en la Patagonia”.
Todo esto disparó el ataque a Soledad Acuña, una ministra que tiene en su haber la insistencia permanente en regresar a las clases con la mayor normalidad posible y protocolo y que durante su mandato, se inauguraron 54 escuelas, 8 polos educativos y se abrieron 9 mil vacantes.
A esa actuación, con un ministerio de última generación edificado en el corazón del barrio 21, los sindicalistas de Cristina le llaman “estar en contra de la educación pública”. Lo que en realidad ocurrió es que Roberto Baradel y su tropa, enloquecieron cuando Acuña dijo lo que muchos no se animan. Que los gremialistas más radicalizados tienen como único objetivo la militancia K y no saben, no quieren o no pueden educar como corresponde a los chicos. Esa es una gran verdad. Y hay cientos de denuncias de la malversación que se hace de la educación al convertirla en un territorio de propaganda de una facción. Ya dimos varios ejemplos. Los más escandalosos fueron el cuadernillo ideológico para instalar en los colegios la expresión de deseo de Verbitsky y Cristina, diciendo que “Santiago Maldonado era el primer desaparecido de Mauricio Macri”. Miente, miente que algo queda. Ni hablar del “Gorila Gorilón”, para los nenitos del jardín y lo que ocurre en cientos de clases en todos los niveles a lo largo y a lo ancho del país.
Entre los graves fracasos del gobierno de Alberto Fernández hay que anotar que Argentina es casi el único país del mundo en el que no han vuelto las clases y en donde más días se perdieron. Eso es gravísimo para los chicos, por donde se lo mire. Desde lo académico, lo social y lo afectivo. Sobre todo para los más pobres que no tienen los instrumentos para afrontar el desafío digital. Esta decisión logró aumentar la injusticia y la desigualdad de oportunidades que tanto pregonan con un alto grado de hipocresía.
Es que así como hay funcionarios que no funcionan, hay un presidente que no preside y varios ministros que están pintados porque las decisiones las toma otro. Este es el caso de la cartera educativa. El verdadero ministro de Educación, el que manda, el que toma las decisiones, es el preceptor Roberto Baradel y su jefe espiritual Hugo Yasky. Representan solo a un sector de los docentes. La inmensa mayoría de los maestros y profesores, aman su profesión, tienen vocación sarmientina y quieren enseñar. No apoyan los paros a repetición a los gobiernos no peronistas ni el asambleísmo y las manifestaciones cotidianas ni el cierre actual de las escuelas. Los maestros de alma repudian a “los Roberto Baradel”. Porque es el que decide que se hace en la educación. Nicolás no Trotta, arrastra los pies con una lentitud exasperante y no puede explicar porque las escuelas están cerradas. La Organización Mundial de la Salud y Unicef han dicho que la clausura de las aulas provoca en los alumnos daños muchas veces irreversibles como ansiedad, depresión y temor, producto del debilitamiento del sistema inmunológico.
La intencionalidad de producirle daño político, explica la falacia de querer vincular a Soledad Acuña con el nazismo. El ataque a Acuña despertó la reacción muy crítica Patricia Bullrich desde el principio. Después fue el propio Mauricio Macri que la respaldó públicamente y eso habilitó a muchos dirigentes más. Lo curioso es que quien más tardó en darle apoyo fue el propio jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. Alberto y Cristina han producido una catástrofe económica y sanitaria. Hay que agregarle también, la tragedia educativa. Pero como siempre, no se hacen cargo y en lugar de buscar soluciones, encuentran culpables, como Soledad Acuña. El fanatismo sin límites esta vez fue un tiro que les salió por la culata. La consigna es clara: “Con los chicos, no”.