Hay cómplices que miran para otro lado. Pero nuestra bendita República Argentina, está en terapia intensiva. Y Cristina y Alberto aprovechan esta situación angustiante. Nos han golpeado muy duro tres pandemias que suelen ser letales para las democracias: el autoritarismo, la impunidad y la venganza.
Uno de los síntomas más peligrosos es el fanatismo ideológico que apaga las neuronas. Un Juan Grabois, por ejemplo, que agarrado a las sotanas del Papa se ha convertido con ese solo argumento, en el jefe máximo de los delitos de usurpación en la Argentina. Nadie del gobierno lo desautoriza. Nadie toma distancia de Grabois ni se atreve a cuestionarlo. Todo lo contrario, burradas legales como las del galancito jefe de gabinete, Santiago Cafiero le dan argumentos. Este muchacho que hace agua cada vez que habla, fue capaz de decir que tomar por la fuerza una casa o un terreno ajeno no es delito hasta que la justicia ofrezca un fallo firme. Un delirio antidemocrático que dinamita la convivencia pacífica y no fue desmentido por nadie del gobierno. Ningún intendente, ningún gobernador dijo una sola palabra. El que calla, otorga. ¿Tienen miedo de decir que ese mensaje excede la política, es una incitación al robo y un inquietante multiplicador de la justicia por mano propia?
Algunos por lo bajo dicen que Grabois es un marginal, un eslabón suelto que no responde a los Kirchner. No creo que sea así, pero supongamos que es cierto. Pero Santiago Cafiero es el jefe de gabinete. Están sembrando vientos de violencia y van a recoger tempestades que nos llevan al más horroroso de los pasados. Cristina y Alberto están jugando con fuego con un nivel de irresponsabilidad pocas veces visto. Hay que remontarse a los 70 para encontrar tantos estúpidos e imberbes tirando nafta a los conflictos en lugar de encontrar las soluciones.
Nadie le dice nada a Alicia Castro, una militante chavista enclavada en el cristinismo. Su primitivismo insensato la llevó a decir que solo hay que colocarse las vacunas de los países a los que ella quiere imitar: China, Rusia y Cuba. Como si el muro de Berlín no hubiera caído. Como si volvieran los fascistas de izquierda a imponer sus decadentes libritos de Lenin. Alicia Castro y todos los castristas con sueños castrenses que hay al lado de Cristina no defienden la libertad ni los derechos humanos. En esos tres países se violan en forma sistemática. De hecho, Argentina acaba de ponerse una vez más del lado de la narco dictadura de Nicolás Maduro. A contramano de 21 países de la región, se abstuvo de reclamar elecciones libres. ¿Se entiende? No se estaba pidiendo el fin del régimen ni que liberen a los presos y torturados. Se pedía simplemente, elecciones libres. Menos mal que Venezuela todavía no tiene vacuna porque Alicia Castro la hubiera recomendado.
La venganza y el revanchismo se multiplican todos los días. Un juez con la camiseta de Cristina, como Alejo Ramos Padilla amplió el procesamiento del fiscal Carlos Stornelli y de Daniel Santoro, nuestro colega de Clarín. Eduardo Valdes, el diputado que más opera en las catacumbas, acaba de anticipar que el próximo paso será meter preso a Stornelli, el fiscal que investigó con rigurosidad y coraje la causa de los cuadernos de las coimas. ¿Valdes tiene información calificada? ¿Es una expresión de deseo o una orden al juez? ¿Se atreverán a encarcelar también a Santoro? Las redes arden y anuncian que el 8-N habrá una marcha gigantesca que recorrerá toda la Argentina en repudio a todos estos atropellos. Las entidades que defienden la libertad de expresión en el mundo denuncian la utilización de jueces amigos para castigar, perseguir y encarcelar a los periodistas independientes que no se callan, no se arrodillan y que investigan al poder. Fopea, Adepa, diputados y la Academia Nacional de Periodismo han expresado su repudio. Esta entidad presidida por Joaquín Morales Solá dice que “el grave procesamiento” de Santoro se “produjo por suposiciones, con datos falsos y una fuerte politización que amenaza a toda la prensa con el intento de generar miedo colectivo sobre la tarea de informar”
Las usurpaciones violentas de terrenos se han diseminado. Además, en los últimos días han elegido lugares emblemáticos para meterle miedo a la oposición. Porque Grabois y 100 cómplices se metieron en una propiedad de la familia Luis Etchevehere, el ex ministro de Mauricio Macri. Una funcionaria nacional fue parte del delito y Grabois, provocó diciendo que “de guapos no nos van a sacar. Vinieron con una patota armada” y acusó a Etchevehere de varios delitos porque un grupo grande de productores agropecuarios se movilizó en defensa de la propiedad privadas hasta la puerta de su campo.
Y con la prepotencia que les da la impunidad asegurada, varios grupos agresivos intentaron tomar la municipalidad de Olavarría y Junín. No es nada casual que ambas ciudades tengan intendentes de Juntos por el Cambio. Todo está fríamente calculado. No invaden edificios hermosos y confortables, llenos de lujo como los hoteles de Cristina, por ejemplo. No se meten en la intendencia de La Matanza para exigirle Tierra, Techo y Trabajo a Fernando Espinoza. Son aprietes selectivos. Es un robo que intentan disfrazar de justicia social y de paso, aprovechan para intimidad a lo que ellos llaman “gorilas y oligarcas”.
Todos los días asesinan un policía, todos los días hay un linchamiento brutal todos los días aumentan los robos y los asesinatos y la ministra Sabrina Fréderic aparece en Formosa elogiando a un señor Feudal como Gildo Insfrán. Este gobernador eterno parece que escrituró la provincia a su nombre. Es una de las que más pobreza extrema tiene y la de menor actividad productiva y es manejada con mano de hierro por Infrán hace 25 años como gobernador y 8 más como vice. La justicia acaba de ordenarle que deje entrar al territorio a una familia y apeló el fallo, demostrando su falta absoluta de sensibilidad. Un joven, Mauro Ledesma, se ahogó en el río Bermejo, porque quiso ir a ver a su hijita de 2 años. Frente a las denuncias periodísticas sobre las familias varadas en el límite provincial, Insfran, dijo que se trataba de “un golpe blando de la derecha”. Es tragicómico, un falangista más parecido a Francisco Franco que a Lula, habla de derecha. Es que tuvo el apoyo presencial de la ministra de inseguridad Sabrina Fréderic y los abrazos de Alberto Fernández que lo puso como ejemplo del buen gobernante. Si Alberto tiene como modelo a Formosa y a Hugo Moyano, estamos en el horno. Son chavistas de derecha. Fachos que se hacen los zurdos. Y encima híper corruptos. Insfrán le pagó dos millones de dólares de coima a la empresa trucha de Amado Boudou. La causa tiene todas las pruebas hace mucho pero la justicia sigue demorando todo.
Por eso le digo que este país está en terapia intensiva. La impunidad, la venganza y el autoritarismo crecen a la velocidad de la luz, mientras varios periodistas y medios, dirigentes opositores y ex funcionarios del gobierno anterior, se callan la boca y se lavan las manos de manera cobarde. Es un momento muy grave y la historia juzgará el comportamiento de cada uno frente a esta emergencia institucional. Hoy el silencio disfrazado de prudencia, es complicidad.
Si se roban la justicia, nadie podrá condenar a Cristina y sus secuaces, por los más grandes robos de dineros públicos que se han hecho en la historia democrática. Cristina está sembrando de jueces adictos y militantes los tribunales.
Felix Crous, también militante de Justicia Legítima, demolió la Oficina Anticorrupción y se burló de todos nosotros al decir como excusa, que no tiene personal suficiente para seguir con las querellas a los corruptos de su simpatía.
Más temprano que tarde se viene una Corte Suprema con mayoría automática de Cristina que será el cementerio donde van a enterrar todas sus causas y como si esto fuera poco, hay firmes versiones que la Corte Suprema, también está a punto de arrodillarse. Muchos ciudadanos auto convocados hicieron bocinazos y cacerolazos anoche. Son como banderazos especiales para momentos tan inquietantes. Alejandro Fargosi disparó con su tuit que “La Corte Suprema, en el caso de Bruglia, Bertuzzi y Castelli, se juega su propia dignidad. O sea, seguir siendo una corte o convertirse en cortesanos de Cristina”. Un grupo de intelectuales entre los que están Santiago Kovadloff, Daniel Sabsay, Marcos Aguinis, Diana Cohen Agrest, Federico Andahasi, Jorge Ossona y Jorge Sigal se expresaron en un texto común que titularon “Urgente: por la paz social”. Allí dicen que de la decisión de la Corte “dependerá el destino no solo de los jueces de las diferentes instancias, sino también su propio destino, el de la Patria, el de la República y el de la Nación Argentina”.
Como si esto fuera poco, el dólar se va a las nubes, la economía destruye todo lo que toca, el gobierno no pega una y Alberto Fernández propone volver al Unasur y acompañar a Evo Morales en su regreso triunfal a Bolivia.
Argentina está en caída libre. Argentina esté en terapia intensiva y Alberto, su presidente formal, insiste con bailar en la cubierta del Titanic. Así estamos. Y así nos va.
Entre esos tipos yo, hay una grieta – 21 de octubre 2020
Ojalá me equivoque pero todas las informaciones disponibles indican que la Corte Suprema de Justicia avalará la destitución de los tres jueces perseguidos por Cristina. Todas las fuentes están confirmando semejante tragedia institucional. Incluso, Joaquín Morales Solá lo planteó descarnadamente en su columna del diario La Nación que tituló: “Un estado al servicio de la impunidad”. Sería gravísimo que la Corte se sumara a este operativo brutal donde solo interesa la impunidad de Cristina, sus hijos y sus cómplices integrantes del Cartel de Los Pinguinos. Impunidad y venganza, como venimos denunciando hace mucho tiempo. Venganza es lo que define lo que ocurrió con Daniel Santoro, nuestro prestigioso colega de Clarín. El juez ultra cristinista, Ramos Padilla agravó el procesamiento de Santoro y ahora lo acusa de pertenecer a una asociación ilícita y lo hizo sin ampliar la indagatoria para una defensa. Son impunes y buscan la impunidad. Avanzan sin escrúpulos ni respeto por la ley ni la Constitución. La decisión de Felix Crous, otro militante de Justicia Legítima de transformar a la Oficina Anticorrupción en un organismo de apoyo a Cristina no tiene antecedentes y despierta vergüenza ajena y una indignación popular que se está expresando en la vigilia de muchos ciudadanos independientes y republicanos que están exigiendo juicio, castigo y condena para los ladrones de estado. Hoy a las 19 hay un bocinazo frente a los tribunales de la calle Talcahuano y un cacerolazo convocado en todo el país. La convocatoria dice “La Corte define la historia”. Insisto, ojalá me equivoque pero la Corte al parecer está por resolver a favor de la reina Cristina y en contra de la independencia de poderes.
Y digo reina porque por momentos este país parece una monarquía conducida por la dinastía Kirchner.
Cristina hace siempre lo que se le canta.
En off, dos capos sindicales me confesaron que “El faltazo de Cristina, los desaires de Máximo y el fracaso de la plataforma virtual de Javier Grossman fueron hechos con premeditación y alevosía”. ¿Y cuál fe el objetivo?, repregunté. “Para erosionar la investidura de Alberto Fernández, y para mostrar su desprecio hacia los dirigentes de la CGT, el PJ y los gobernadores”, me contestaron, rogando que mantuviera su anonimato. La altanería y el dogmatismo de Cristina, es tan grande que ella se siente por arriba de todos ellos y por arriba de todo el mundo. Su única expresión fue un tuit donde homenajeó a Néstor, su marido fallecido y ni mencionó a Alberto ni a su gobierno ni a Juan Domingo Perón, a 75 años del parto de ese movimiento político. El martes que viene van a entronizar un monumento gigante de Néstor en la puerta del CCK. Esa estatua de 600 kilos de peso y casi 2,30 metros de altura fue expulsada de Ecuador con el voto de sus legisladores porque no querían tener un símbolo de la hiper corrupción de estado.
Pero hablando de monumentos, ya contamos que ella trató de “viejo de mierda a Perón” delante de Antonio Cafiero y que votó al peronismo con la boleta del Frente de Izquierda Popular y que su jefe de gabinete de ese momento, Aníbal Fernández dijo que la marchita peronista se la metieran donde usted ya sabe y eso le generó una fuerte discusión con el hijo de Hugo del Carril. Recuerdo haberle hecho una entrevista en la radio.
Cristina no cede ni un centímetro. No se baja nunca de su antiperonismo y exhibe su “evitismo” como una forma de justificar su nacional populismo chavista.
Me gustaría citar a Serrat cuando dice: “Hombres de paja que usan la colonia y el honor para ocultar oscuras intenciones: tienen doble vida, son sicarios del mal. Entre esos tipos y yo hay algo personal”.
Máximo hizo la máxima. Llegó sobre la hora a la CGT. Le habían dejado libre una silla en la primera fila al lado de Sergio Massa. Se negó a ubicarse allí como un desplante y lo disimuló cediendo ese lugar a Mayra Mendoza. Los jerarcas sindicales estaban que volaban de bronca. Se dieron cuenta de ese ninguneo y falta de respeto. Sintieron ese mensaje como si ellos les quisieran enrostrar su superioridad moral.
Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad, viajan de incógnito en autos blindados a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad, a colgar en las escuelas su retrato. Se gastan más de lo que tienen en coleccionar espías, listas negras y arsenales.
Ninguno de los capangas del gremialismo millonario creyó la versión de La Cámpora y Grosman de que 40 servidores del exterior habían hackeado la plataforma en la que pensaban convocar a millones. Axel acusó sin fundamentos: “Los cyber gorilas no descansan”. Nadie lo creyó. De hecho no dieron ninguna información para probar eso, no presentaron ninguna denuncia a la justicia. No fue un boicot. Fue un fracaso. Jorge Lanata mostró unas cifras paupérrimas de participantes en las redes sociales.
La burocracia sindical se quejó porque le habían usurpado el control del acto. No le dejaron ni poner a los locutores que fueron dos camporitas y los testimonios que pasaban por las pantallas, eran todos militantes de la agrupación de Máximo, el príncipe heredero.
Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz, juegan con cosas que no tienen repuesto y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal. Atrapado por los micrófonos, a la salida, Alberto dijo que “Cristina siempre está”. “Aunque no la veamos, siempre está”, como el sol en la canción de Marilina. O como Dios que está en todas partes. Ella ya dijo que hay que tenerle miedo a Dios y un poquito a ella. ¿Se acuerda?
Y hablando de Dios, fue Alberto Fernández el que dijo que “parece que Dios es peronista porque permitió que ellos estuvieran gobernando” en esta tragedia. Se miran al espejo y se dicen que con otro partido en el poder, todo hubiera sido peor. Es imposible probarlo pero convengamos que es difícil superar más de un millón de contagiados, casi 28 mil muertos y la hecatombe económica producto de la cuarentena más larga del mundo. Incluso con varios papelones en el medio. Informaciones falsas y errores en las filminas que generaron respuestas de Suecia, Chile, el país Vasco y siguen las firmas. Como si esto fuera poca vergüenza ajena. Un organismo prestigioso de la universidad de Oxford, nos dejó afuera de sus estadísticas por la baja calidad de la información que producía el ministro Ginés y su ministerio. De todos modos, mejor que dejemos a Dios afuera de la grieta. Porque si es peronista, como Francisco, su delegado en la tierra, que le queda a los que no son peronistas, que son muchos en la Argentina. ¿El diablo será gorila o de Juntos por el cambio?
Ya lo dijo el galancito jefe de gabinete: “No son la gente, no son el pueblo, no son la argentina”. Tal vez sean los satánicos herederos del diablo. Se quieren apropiar de todo. Del sillón de Rivadavia, de los dineros del pueblo, de los símbolos patrios
En la cumbre del chupamedias, Héctor Daer dijo que Cristina no fue para no quitarle centralidad a la figura de Alberto. Le va a crecer la nariz a Daer pese a que las mentiras tienen patas cortas. Es tragicómico que den vuelta tanto los argumentos para justificar a la reina que nunca participa de nada que tenga que ver con el justicialismo, Perón o con empoderar a alguien que no sea ella. Militancia mezquina, desagradecida y auto referente. Bulimia por el poder y el dinero.
Lo más bizarro fue lo de Hugo Moyano, como siempre. Hizo desfilar una serie de camiones cada uno más caro que los autos de alta gama que tanto critica de los banderazos. Pregunta: ¿Los propietarios de los camiones participaron de la caravana? ¿O los choferes los tomaron prestados o los usurparon como a las tierras? Todo fue bastante rancio y de bajo nivel de convocatoria. Pero Moyano eligió colocarse en el lugar del pueblo y criticó las marchas opositoras, de las señoras gordas, de esas mujeres bien vestidas y alimentadas. Un claro ejemplo de machirulo aunque le aseguro que las chicas K, no le van a decir ni una palabra. Pero además, habilita un par de preguntas que me gustaría hacerle al capo camionero. ¿Cristina no está bien alimentada y vestida? ¿No tiene joyas carísimas y un rolex Presidente de magnate? Otra: Las mujeres que viven en el barrio oligarca en el que la familia Moyano vive, no están bien vestidas y alimentadas? ¿Su propia mujer, Liliana Zulet que sin licitación se queda con todos los negocios del sindicato, no está bien vestida y alimentada?
Y como quien en la cosa, nada tiene que perder. Pulsan la alarma y rompen las promesas y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer nos ponen la pistola en la cabeza. Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión de declarar públicamente su empeño en propiciar un diálogo de franca distensión. Entre estos tipos y yo hay algo personal. Entre estos tipos y yo hay una grieta moral que no quiero cerrar. Los que queremos la república democrática, honrada e igualitaria de un lado. Y los integrantes de la mafia autoritaria, del otro. Creo que es necesario un reencuentro de los argentinos para sacar este país adelante. Creo en la búsqueda de unidad y cohesión social. Pero no creo en el amontonamiento. Todos los argentinos honrados y pacíficos de un lado. Y todos los golpistas y ladrones del otro. Entre estos tipos y yo hay una grieta moral.
Gobierno de usurpadores – 20 de octubre 2020
“Este es un gobierno de científicos”, anunció Alberto Fernández. Uno podría apelar a la sabiduría popular y decir que “se alardea de lo que se carece”. Pero los resultados del fracaso absoluto de la economía y la salud son tan crueles, que esa frase hoy suena como una burla macabra. Casi 4 millones de desocupados, superamos la barrera del millón de infectados, más de 26 mil muertos, son cifras irrefutables donde se acaban las mentiras.
Más que de científicos, este parece ser un gobierno de usurpadores. Lo único que no usurparon fue el resultado electoral. Ganaron en las urnas y tienen legitimidad de origen. Y se debe respetar ese ADN de la democracia.
Pero casi de inmediato, a la hora de construir su legitimidad de ejercicio, el cuarto gobierno kirchnerista, fue chocando contra paredes cada vez más grandes. La primera usurpación, la madre de todas las usurpaciones, fue la de Cristina. Ella ocupó el sillón de Rivadavia, se lo expropió a Alberto y este es uno de los grandes dramas que hoy tenemos los argentinos. Con ironía Carlos Reymundo Roberts llama a esta etapa “la tercera presidencia de Cristina”. Esta tragedia institucional previsible fue traducida en términos dramáticos por Jorge Castro en el diario Clarín. Uno de los intelectuales más serios y rigurosos puso negro sobre blanco un concepto que nos hace correr frío por la espalda: “vacío de poder”. El párrafo completo de su columna dice textualmente: “La raíz de la crisis cambiaria, no es cambiaria. Es la consecuencia directa, sin mediación, de la virtual desaparición de la autoridad presidencial en un país híper presidencialista por necesidad, como es la Argentina”. Jorge Castro remata su análisis, asegurando que “De ahí que el resultado inmediato del debilitamiento y desaparición de la autoridad presidencial, sea un brutal vacío de poder”.
Esto siempre es de extrema gravedad institucional, y mucho más cuando alguna vertiente del peronismo está en el poder.
La usurpación de Cristina al Poder Ejecutivo que es unipersonal por definición constitucional, congela todo el sistema de decisiones y desarticula la pirámide de comando del estado. Nadie sabe quién manda. Cristina manda y Alberto demanda. Nadie conduce el volante y esa falta absoluta de confianza repercute en todos los ámbitos de la vida nacional.
Nunca creí en esa hipótesis, pero muchos argentinos, sobre todo empresarios, valoraron la presunta prudencia y el pragmatismo de Alberto para frenar el chavismo vengativo, tardío y anacrónico de Cristina. Eso no ocurrió. La tozudez y rigidez dogmática de Cristina le quitó pragmatismo, uno de los principales instrumentos del peronismo tradicional. Jorge Fernández Díaz lo resumió en una frase brillante: “El peronismo fue alguna vez plastilina, pero los kirchneristas, lo convirtieron en cemento duro”.
La segunda gran usurpación de Cristina, fue a la justicia. Es una movida antidemocrática que está en pleno desarrollo a paso redoblado y tambor batiente. Todavía encuentra resistencias. En la movilizada sociedad republicana, en la Corte Suprema y en varios jueces y fiscales que mantienen alta las banderas de su independencia y dignidad. Pero están llenando de jueces adictos los tribunales, todavía tienen en la mira a Eduardo Casal, el jefe de los fiscales y esperan ansiosos la estocada final. En pocos días, la comisión Beraldi, encabezada, como su apellido lo indica, por el abogado personal de Cristina, instalará la necesidad de aumentar los miembros de la Corte. El objetivo es lograr la mayoría automática que tuvo Carlos Menem a nivel nacional y Néstor Kirchner en Santa Cruz, donde el presidente del Superior Tribunal era nada menos que Carlos Zannini. Pretenden que en esa Corte cristinista mueran todas las causas que tiene Cristina por ser la jefa de una asociación ilícita para saquear al estado.
Pero el gobierno de usurpadores, también lo es en toda la dimensión delictiva de la palabra. Guernica, Villa Mascardi, El Foyel son apenas las tomas de tierras más conocidas de la cientos que se han diseminado a lo largo del país. El jefe de gabinete, Santiago Cafiero les dio luz verde cuando dijo una burrada legal terrible: que en las tomas de tierras no hay delitos hasta que el fallo de la justicia no esté firme.
El falso garantismo zafaroniano que protege a los delincuentes y re victimiza a los que padecen robos, violaciones y asesinatos, tiene un espejo en el tema de la propiedad de la tierra. El concepto es una mezcla patética de marxismo anquilosado de reforma agraria y pobrismo del Papa Francisco y Juan Grabois. Clarín dice que Grabois estuvo en estos días en Santa Marta de visita al Santo Padre. Ya le dije que Grabois es el único argentino que reposa bajo el mismo techo que Bergoglio. Grabois, en su momento, aseguró que la única posibilidad que tienen los pobres de acceder a la tierra, es con las tomas y vaticinó que “va a haber 1, 5, 20, Guernicas más”.
Es increíble cómo se han naturalizado y multiplicado estos delitos masivos. En la provincia de Buenos Aires, ciertos piqueteros kirchneristas apoyan la ocupación ilegal de tierras. Otros se quejan y acusan a la izquierda, por estar detrás de esto. Pero se trata de sus compañeros de ruta junto a los que, en las inmediaciones del Congreso, arrojaron más de 10 toneladas de piedras, con disparos de un mortero casero, con el fin de evitar que sesionara uno de los poderes del estado.
Berni dice una cosa y Sergio Massa, otra. Axel Kicillof dice que va a cumplir con la orden de la justicia pero no sabe, no puede o no quiere. El ejemplo de Guernica cunde. Hay millones de necesitados y poca eficiencia del gobierno para atenderlos con un plan serio de censos y loteos populares organizados. Para eso hay que hablar menos y trabajar más.
La justicia y la policía miran desde lejos las señales confusas del poder y se cruzan de brazos. Y los vecinos de los terrenos ocupados por la fuerza, sufren por temor a la inseguridad, al colapso de las cloacas o la falta de agua allí donde existen, mientras sus casas sencillas, que construyeron con esfuerzo y meritocracia, pierden valor.
La Patagonia, directamente es tierra de nadie. Hay muchísimas zonas liberadas donde gobierna un grupo violento y armado que hace lo que quiere y se atribuye falsamente la representación de un pueblo mapuche que en su inmensa mayoría es pacífico, trabajador e integrado. Estos enemigos de la Argentina a la que no reconocen como estado, también usurpan el título de vanguardia iluminada de los pueblos originarios. Nadie los eligió. Se eligieron a sí mismos y están dispuestos a recuperar las tierras que según les dicen las Machis, les pertenecen de tiempos ancestrales. Ayer agredieron a pedradas al automóvil de la gobernadora de Río Negro y en forma cobarde, entre varios golpearon a un camarógrafo de TN con un trípode y le produjeron heridas alrededor de su ojo.
Son muy agresivos y radicalizados. Queman camiones, herramientas de trabajo y cabañas. Ocupan tierras de Parques Nacionales, del Ejército, de la Iglesia o de los particulares. No les importa nada. No dejan entrar a la policía ni a los jueces. Tienen sus propias autoridades. El comandante de esta insurrección es Facundo Jones Huala que está preso en Chile, pero que el año que viene cumplirá su condena y quedará en libertad. Estos usurpadores tienen una ministra en el gobierno nacional. Elizabeth Gómez Alcorta militante de Juan Grabois (todo se relaciona, como se puede ver) es la abogada de Jones Huala.
Es decir que una ministra del gobierno nacional, asiste a alguien que no se siente argentino y que viola la ley y atenta contra la seguridad de ciudadanos argentinos. De hecho su locura va aumentando a medida que no sufren ningún tipo de sanción. Hasta se atrevieron a tomar un campo pero le agregaron el secuestro de sus verdaderos propietarios. Cometieron el gravísimo delito de privación ilegítima de la libertad. Los propietarios no podían salir de su casa y eso que ya ganaron tres veces un juicio ante la justicia. Pero estos energúmenos no creen en el estado argentino ni en su justicia.
Después del desalojo de El Foyel, hubo cuatro detenidos que fueron llevados a la comisaría de El Bolsón. Un grupo de cómplices atacó la sede policial y quemó cubiertas en la puerta. Todo muy peligroso. La gobernadora Arabela Carreras, los jueces, la policía y los habitantes, se mueven tímidamente, con dos tipos de pánico. Primero a las represalias furiosas de estos falsos líderes y segundo, a la condena social y castigo político de las autoridades nacionales que comandan las acciones de estos malandras. Hablo de Magdalena Odarda y Juan Pilquimán, titulares del INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas).
¿En el gobierno de los Fernández no tienen nada para decir sobre estos delitos seriales que se están multiplicando peligrosamente? ¿No tienen miedo de que esa justicia por mano propia que fomentan sus funcionarios provoque una reacción de las víctimas y todo termine en una tragedia? ¿A quién le van a echar la culpa si los usurpados deciden defenderse por su cuenta ante la ausencia o la presencia cómplice del estado con los usurpadores?
Ese vacío de poder que denuncia Jorge Castro y esta vocación usurpadora del cristinismo, nos llevan derechito hacia un precipicio institucional. Si algún activo común nos queda a todos los argentinos, es la democracia republicana. Es el contrato de Alfonsín de 1983 que dice nunca más golpes de estado y nunca más la utilización de la violencia como herramienta política. Ese es el último refugio colectivo que nos queda como Nación. Ojalá Cristina no insista en dinamitarlo. Ojalá Cristina no se lleve puesta la legalidad, Ojalá Cristina pare con su fiebre usurpadora.