La República Argentina debería encender sus luces de alarma ante el atropello arrollador de la República Cristina. Es que el operativo más formidable de búsqueda de impunidad y venganza del que se tenga memoria en democracia, avanza a paso redoblado y a tambor batiente.
Ya comenzó el asalto a la Corte Suprema de Justicia que es el principal objetivo. Alberto Fernández, una vez más hizo lo contrario de lo que dijo. En campaña electoral y hasta hace diez minutos sostuvo que no habría que modificar los integrantes del máximo tribunal argentino. Dicen que el peor enemigo de Alberto Fernández es el archivo. El 9 de junio de 2016, dijo en televisión y en forma contundente que la Corte debe tener 5 miembros y que Cristina piensa lo mismo. Y encima criticó a Eugenio Zaffaroni por plantear algo que es muy parecido a lo que se va a impulsar ahora. Cambia, todo cambia.
Cristina, una vez más, lo obligó a quemar sus convicciones y para disimular semejante agachada, el presidente, testaferro político de la vice, armó una comisión de notables para que lo asesoren sobre el tema. Se lavó las manos. Va a decir que tuvo que cambiar de opinión por el trabajo de juristas expertos y no por orden de Cristina. Pero la trampa ya está hecha. Es un engaña pichanga tan infantil que asusta por la falta de creatividad. La conclusión a la que va a llegar esa comisión es voto cantado. Van a recomendar al presidente lo que su jefa política quiere y necesita con urgencia: una Corte Suprema de Cristina. Es la única manera de llevar a la práctica un auto indulto, o una auto amnistía. Una Corte Suprema con mayorías automáticas, como la de Carlos Menem, que resuelva según las órdenes de Cristina. Por eso la llamo Corte Suprema de Cristina. Porque dejará de ser Corte Suprema de Justicia. Habrá cortesanos de la reina y no magistrados independientes. Y esto es de una gravedad institucional poco frecuente. Por eso hablo de que la República debe encender sus luces de alarma. El camino lo marca el abogado de Evo Morales y principal asesor jurídico de Cristina: el doctor Raúl Eugenio Zaffaroni que, dicho sea de paso, es el principal responsable de que haya una parte de la justicia y de la facultad de derecho que se especialicen en beneficiar delincuentes y perjudicar a las víctimas de delitos.
¿Qué propuso Zaffaroni? Una Corte Suprema de 15 miembros dividida en forma inconstitucional en 5 salas.
Y eso es lo que la comisión de juristas le va a recomendar a Alberto y eso es lo que Alberto va a hacer para felicidad de Cristina.
¿Por qué estoy tan seguro que la decisión ya está tomada y el resultado está puesto? Es muy sencillo. Solo hay que repasar la pertenencia político partidaria de cada uno de los once integrantes y comprobaremos que la mayoría de las votaciones, van a terminar ocho a tres.
No es precisamente equilibrada ni pluralista la comisión que convocó Alberto y que le dibujó Cristina. Ocho son los que simpatizan o militan con el peronismo en general y con el cristinismo en particular. Y solo son los tres juristas a los que no se les conoce camisetas partidarias. Así es Cristina. Podrían haber elegido 6 del palo y 5 críticos. De todas formas ganaban 6 a 5. Pero por las dudas y para evitar sorpresas, la comisión tiene amplia mayoría oficialista. Veamos:
El grupo de los 8 que van a recomendar a Alberto que amplíe la Corte lo integran Carlos Beraldi y León Arslanian. Uno es el abogado defensor de Cristina y el otro de Ricardo Echegaray. A confesión de partes, relevos de pruebas. Fueron socios durante mucho tiempo y nunca ocultaron sus convicciones peronistas.
De todos modos, siempre me pregunté los motivos por los que el doctor Arslanián elegía, a esta altura de su vida, pelear en el barro en lugar de conservar el bronce que se ganó por haber integrado el tribunal que juzgó y condenó a las juntas militares. ¿Por dinero? No creo que los honorarios logren mover la aguja de su patrimonio: es millonario. ¿Por prestigio social? Tampoco. Ya lo tenía y lo fue perdiendo por asistir a varios personajes como Gils Carbó, Alderete y Echegaray, entre otros. ¿Por militancia y disciplina partidaria? Tal vez.
Pero volvamos al tema de la comisión. Ya tenemos dos del lado de Cristina. Hay seis más.
Enrique Bacigalupo, de gran prestigio en España, donde vive, se formó en el peronismo y fue funcionario de Héctor Cámpora. Fue uno de los mentores jurídicos de Alberto, junto a Esteban Righi, Ministro de aquel gobierno y echado por Cristina y Boudou como Procurador General de la Nación.
El cuarto jugador cristinista es Gustavo Ferreyra, que hizo gran parte de su carrera al lado de Zaffaroni que, como le dije, es el autor intelectual de este asalto inconstitucional a la Corte.
El quinto, Omar Palermo, es uno de los fundadores de Justicia Legítima. No haré más preguntas, señor juez.
Las restantes, son tres mujeres. Marisa Herrera, coordinadora de los equipos de justicia del Partido Justicialista. Claudia Sbdar fue designada en la Corte de Tucumán por el gobernador José Alperovich que además nombró a su hijo como secretario privado. Y por último, María del Carmen Battaini, nombrada en Tierra del fuego por el gobernador peronista Carlos Manfredotti y además impulsa la ampliación de la Corte Suprema provincial, con lo que ya sabemos que piensa al respecto.
Aclaración necesaria: Todas y todos, son profesionales de primerísimo nivel y de excelencia que nadie discute. Mi crítica es política.
Lo mismo digo respecto de los tres miembros restantes de la comisión asesora del presidente. Tranquilamente podrían integrar la selección nacional de los mejores juristas.
Hablo de Inés Weinberg de Roca. Ella fue propuesta por Mauricio Macri como procuradora general pero el peronismo no le dio los votos. Hilda Kogan, jueza de la Corte bonaerense a la que casi no se le conoce la voz y mucho menos sus preferencias ideológicas y Andrés Gil Domínguez que estuvo en la vereda de enfrente en un par de casos muy importantes que involucraron a Cristina como la Ley de Medios.
Aquí también mi reflexión es política. Estos tres brillantes profesionales, seguramente, son conscientes de que al final, van a tener que escribir un despacho por la minoría. Los votos de los ocho restantes van a ir en un mismo sentido de unidad y respaldo a las necesidades de Cristina. ¿Ayuda eso al debate tan necesario en la justicia? ¿O sus presencias en esa comisión son funcionales o legitiman esta trampa que es la crónica de un final anunciado?
Tengo un gran respeto por los tres, pero me pregunto lo que muchos abogados intachables se preguntan.
Hoy mismo, otra estrella de las leyes, el profesor de Derecho Constitucional, Roberto Gargarella escribió en Clarín que “El Poder Judicial, al que la sociedad considera, con razón, desprestigiado, poderoso, corrupto, millonario y poco democrático, fue utilizado una y otra vez como excusa para insistir sobre lo mismo: impunidad para los amigos, venganza para los enemigos”.
Por eso al comienzo de esta columna le hablé del operativo más formidable de impunidad y venganza puesto en marcha en democracia. Es la traducción práctica de la peor frase del peor Perón: “A los amigos todo, a los enemigos, ni justicia”.
Precisamente, la movida esta tan coordinada por el Instituto Patria que no ha dejado lugar clave sin cubrir. ¿Saben quiénes son los presidentes de las comisiones de Justicia parlamentarias? Oscar Parrilli en el senado y Rodolfo Tailhade en diputados. Ex jefe y ex integrantes de los servicios de inteligencia de Cristina. Y Tailhade, un talibán cristinista en lucha contra los periodistas, en el día del amigo recibió incluso fuego amigo por haber citado aquella frase nefasta de Perón en un tuit. Fue premonitorio.
La oposición debe armar un esquema de resistencia a estos avances antidemocráticos. Debe poner límites a tanta desmesura e irracionalidad fogoneada por el vamos por todo de Cristina. Hay banderas que no se pueden bajar nunca. La independencia de los poderes, la libertad de expresión y la plena vigencia de la Constitución. La doctora Elisa Carrió rompió su silencio para advertir que no hay ningún tipo de acuerdo posible para tratar la ampliación de la Corte Suprema. Es que sería escandaloso que a cambio de un puestito, algún tránsfuga de Juntos por el Cambio, aceptara semejante afrenta. Mario Negri fue en el mismo sentido. Dijo que la presencia de Beraldi hace que esa comisión nazca muerta porque es el abogado de Cristina y necesita sacarle las causas que tiene”.
Encima, todo esto ocurre cuando la inmensa mayoría de los argentinos está ocupada y preocupada por los muertos de la pandemia y la inseguridad y por los heridos de la hecatombe económica. Cristina quiere apurar todo. Quiere aprovecha este momento para consolidar su impunidad, algo que sabe no tiene un respaldo mayoritario. Cristina entiende que es ahora o nunca. Pero gran parte de los argentinos comprende que con impunidad y venganza este país no tiene salida. Y que los autoritarios y los ladrones deben tener merecido por violar la ley. Para que la Corte no sea de Cristina. Y para que la Argentina no termine de hundirse en la desesperanza y el dolor.
Los intentos hegemónicos del cristinismo siguen su ruta. Y a todos los que se oponen los tratan de odiadores seriales.
Pero el país sensato y democrático, no debe permitir que Cristina sea la dueña de la República. La democracia resuelve sus problemas con más democracia. Nunca con más prepotencia ni chavismo.
La falopa de Ishii – 27 de julio 2020
Según el diccionario de la Real Academia Española, “falopa” significa “estupefacientes, sustancia que produce efectos estimulantes”. La segunda acepción es “dosis de una droga”. El eterno intendente de José C. Paz, Mario Ishii, cometió un sincericidio que va a tener que explicar ante la justicia pese a que hoy no se presentó. Se nota que no sabe cómo explicar lo inexplicable. Su abogado, lo defendió ante los medios diciendo que no fuma ni bebe. Mirá vos. También les dá besitos a los niños en campaña. Ishii dijo que no está dispuesto a renunciar, pero sus palabras, también nos permiten analizar la relación del cristinismo y los caudillos del conurbano con el narcotráfico, con la parte más delictiva y mafiosa de la política.
Vamos a los hechos, a la información dura y pura. En una discusión con choferes de ambulancias que le estaban haciendo un reclamo sindical, Ishii, enojado por la falta de colaboración, les enrostró que el tenía que cubrirlos cuando vendían falopa en las ambulancias. Cuando el video filmado por un celular trascendió, Ishii y varios de sus defensores mediáticos dijeron que le habían sacado de contexto sus palabras, que habían editado las imágenes. Bad Information. Mentiras. El video completo lo muestra utilizando, no en una, sino en dos ocasiones, la palabra “falopa”. Textualmente el cacique paceño dice: “Cuando se mandan una cagada, que me venden falopa yo los tengo que cubrir, no los rajé todavía cuando me estaban vendiendo falopa en las ambulancias. Ojo al parche, porque los tengo anotados para rajar”. No hay que ser semiólogo para entender lo que quiso decir. Hay una clara confesión de que fue, por lo menos, encubridor de un delito grave como es la distribución de droga. Con el agravante de que se hizo o se hace en ambulancias que son propiedad del municipio y que pagan los ciudadanos. Y digo por lo menos, encubridor porque en las dos veces utiliza el pronombre personal “me”. “Me venden falopa” o “me estaban vendiendo”. Es raro. Otra vez el diccionario dice que esa palabra “designa a la persona que habla”. No dice “venden falopa o estaban vendiendo falopa”. Dice me venden falopa. No quiero hacer sicología barata, pero está claro que al señor feudal que reina hace 21 años en el distrito no le preocupa demasiado que haya tráfico de droga en las ambulancias. A confesión de partes, relevo de pruebas. ¿Qué recibe a cambio? ¿Lealtad? ¿O le dan una parte de las ganancias? ¿O es el dueño de ese negocio criminal?
Ishii hoy mandó a su apoderado para notificarse ante la Unidad Fiscal Nro 9 de Delitos Complejos de San Martin, que el doctor Miguel Ángel Viera Miño abrió un expediente por el delito de encubrimiento agravado, según la figura del Código Penal.
Entre sus modestos defensores ante el periodismo, se destacan los argumentos de Sergio Berni. Dijo casi lo mismo que Carlos Bianco, el jefe de gabinete del gobernador Kicillof, o Mario Secco: “Que lo sacaron de contexto”. Lo grave es que Berni, cuando tiene un rato libre después de la tele, la radio y los diarios, tiene como responsabilidad principal, combatir a los delincuentes en general y a los narcos en particular. La provincia de Buenos Aires, está especialmente atravesada por los robos y los crímenes producto del tráfico de estupefacientes. Las bandas de narcos han diseminado el terror y en varios distritos, tienen un gran poder porque han prostituido a la policía, la justicia y los dirigentes políticos. Berni debería haber dicho: “Es grave lo que dijo Ishii. No descarto ninguna hipótesis y creo que hay que investigar a fondo, hasta las últimas consecuencias”. Aunque sea para la tribuna. Aunque sea como parte del stand up que hace ante los medios donde actúa de Rambo del subdesarrollo. Pero ni siquiera tuvo esa hipocresía. Dijo que Ishii tiene mucha experiencia y gestión en el municipio como si eso explicara algo y que “le parece que fue una mala expresión y que no tienen nada que ver con la realidad”. ¿Cómo sabe Berni eso? ¿Hizo una investigación express en media hora? La señal que dio el principal responsable de la seguridad de Buenos Aires fue casi de complicidad. Fue muy comprensivo. Demasiado. Tal vez esto tenga que ver con otras oscuridades que tiene la relación de Mario Ishii con Cristina y con su soldado, Sergio Berni. Vamos al archivo. Vamos al barro pestilente de los servicios de inteligencia y las operaciones sospechosas.
Hace 5 años, Antonio Stiuso, el capo de los espías, primero idolatrado y luego expulsado por Cristina, en el expediente, citó a Mario Ishii. Dijo que dos años antes, “Cristina le pidió que se lo saque de encima a Stiuso”. Datos para recordar. A Stiuso, en uno de los operativos más extraños de los últimos tiempos, el grupo Halcón, de la policía bonaerense le asesinó a uno de sus más íntimos colaboradores. Entraron a su quinta en La Reja y le metieron 4 balazos al Lauchón Viale que alcanzó a herir a un policía con su pistola Glock 40. ¿Guerra narco? ¿Asesinato por encargo? ¿Aviso a Stiuso para que se dejara de apoyar al fiscal asesinado Alberto Nisman? Todo sumamente sospechoso y jamás aclarado. Recuerdo también el papel nefasto que jugó Sergio Berni la noche en que apareció muerto de un balazo en la cabeza el fiscal que horas después iba a denunciar a Cristina por encubrimiento a los terroristas que volaron la AMIA en el Congreso de la Nación? Pisoteó la sangre derramada. Literalmente. Berni y otros de los que llegaron rápidamente al departamento de Nisman, convirtieron en un chiquero el lugar del hecho. Y eso, por supuesto, siempre dificulta las investigaciones.
Le cuento esto porque fue notable como Berni salió a defender a Ishii. Y porque cuando detuvieron a un narco uruguayo llamado Gustavo Collado Correa, tenía entre sus pertenencias una credencial de asesor de Mario Ishii. El intendente más parecido a Gildo Insfrán, se despegó y dijo que había que condenarlo con todo el peso de la ley.
Y digo que es parecido a Gildo, el estadista que Alberto Fernández puso como ejemplo, porque hace 21 años que maneja José C. Paz con el mismo criterio clientelar. Ese distrito es el segundo, después de La Matanza con más planes sociales. Además, tiene 5.500 empleados en el municipio donde apenas hay una sola industria. Su maquinaria electoral es poco menos que invencible. No hay cloacas, agua ni pavimento, pero sacó casi el 60 % de los votos en las últimas elecciones. En el Consejo Deliberante hace lo que quiere. De los 24 ediles, solo 7 son de la oposición.
Tiene un aspecto bonachón que refuerza ataviado siempre con ponchos federales. En su despacho tiene colgada una espada de samurái, los antiguos guerreros del Japón Feudal. Era una elite militar que gobernó el país por cientos de años. Ishii sigue su ejemplo de eternización en los cargos. Es nieto de un inmigrante japonés que se dedicó a la floricultura. Fue muy pobre en su niñez pero al igual que la mayoría de sus compañeros, se hizo rico con gran velocidad. Tiene frigoríficos y una empresa de exportación e importación con sede en uruguayana. Otra cuestión difícil de explicar. Fue leal a todos: a Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina. Con Alberto, tiene poca y nada relación. El Partido Justicialista no salió formalmente a defenderlo pero tampoco le pidió la renuncia como hicieron los dirigentes del radicalismo. Diputados nacionales también exigieron un pronunciamiento del kirchnerismo al respecto. Mario Negri comparó con una pregunta la tarea de Cristian Ritondo en el gobierno anterior, con la actual: “¿Derribar bunkers de droga o proteger a los dealers? Parece una decisión moral muy simple. Alvaro de Lamadrid denunció que la peor “herencia del kirchnerismo fue la instalación definitiva de los narcos en Argentina”.
Ishii hoy está bajo la lupa. Es un personaje difícil de clasificar. Hace poco denunció que si no hay una contención económica del estado, vamos a asistir a un estallido social. En su momento, armó varias listas en otros distritos y eso generó bronca con varios de sus pares. A su lista la llamó “678” y en su momento cuando Francisco de Narváez derrotó a la boleta encabezada por Néstor, Scioli y Sergio Massa, anunció que iba a salir a cazar traidores entre sus pares.
Que digan que fue tergiversado o sacado de contexto es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Que digan que quiso decir medicamentos o psicofármacos es otra farsa pero aunque así fuera, hay que decir que también es delito, vender medicamentos en forma clandestina o ilegal. Pero lo más agresivo vino de parte de un diputado provincial massista como Jorge D’Onofrio, presunto especialista en temas de seguridad. Dijo que “repudiaba la bajeza de quienes sacan una frase de contexto y la dan vuelta, perpetrando una calumnia asquerosa”. ¿A quién se refería D’Onofrio? ¿A los periodistas que difundieron un video escandaloso? Resulta que Ishii dijo que encubrió a los que vendían falopa en ambulancias y la culpa es del mensajero.
Mario Ishii dijo lo que dijo. Y por eso dbe estar en el banquillo de los acusados .En esta Argentina de las mafias de la corrupción política, parece que lo único que puede generar algún escándalo es la honestidad. Ishii, Berni y Kicillof deben recordar que se les puede mentir a pocos, mucho tiempo. O a muchos, poco tiempo. Pero no se puede mentir a todos, todo el tiempo.
Evita y la palabra de Loris Zanatta – 24 de julio 2020
Es increíble el fenómeno de Eva Duarte de Perón. Se la nombra de mil maneras. Con amor y con odio, los dos sentimientos desgarradores que ella despertaba en vida: la abanderada de los humildes, la capitana, la perona, la madre espiritual de la Nación, la Santa, la Puta, y sin embargo, alcanza con decir Evita y todo el mundo sabe de quién se habla.
Pasado mañana se cumplen 68 años de la muerte de Evita. Vivió solamente 33 años. Pocos nombres producen una grieta más grande entre los argentinos. Tal vez Perón o Cristina. Es difícil de medir.
Dicen que hasta Perón temblaba ante su presencia. Temblaba de miedo y de admiración. Eva hizo del resentimiento y el odio su instrumento para buscar justicia para los más pobres y para las mujeres. El país se dividía entre los que daban la vida por Perón y por Evita porque los asociaban al aguinaldo y a la dignidad de las 8 horas de trabajo y los que soñaban con la muerte de Perón porque lo vinculaban con la demagogia y el nazismo. Argentina se fracturaba entre Hugo del Carril y Libertad Lamarque. El mito y la leyenda mandaron casi al olvido frases implacables cargadas de intolerancia. Y no hablo solamente de “no dejaré piedra sobre piedra que no sea peronista”. Hablo de fanatismo y culto a la personalidad, casi únicos en la historia argentina. “Aquí nadie es el dueño de la verdad, salvo Perón”, decía. “Antes de apoyar a un candidato le exigiremos en blanco un cheque de lealtad a Perón que llenaremos con su exterminio cuando no sea lo suficientemente hombre como para cumplirlo”. “Perón es Dios”, dijo en un discurso y pidió adoctrinar a los niños recién nacidos para que sepan nombrar y querer a Perón, antes de decir papá”.
Evita murió hace 68 años, pero el peronismo sigue vivo y en el gobierno. En Clarín leí un análisis brillante que quiero compartir con ustedes y por eso hoy, le doy mi palabra al profesor de la Universidad de Bolonia, Loris Zanatta. Escribió lo siguiente:
Alberto o Cristina, Cristina o Alberto, hace meses que no se habla de otro tema. ¿Será normal? La dialéctica política argentina no pasa, como en cualquier democracia, por el gobierno y la oposición, la mayoría y la minoría. No: está absorbida por el tira y afloje entre dos “almas” diferentes del mismo movimiento, siempre suspendido entre el amor y la guerra, el reto y el juego de las partes. A los demás no nos queda que tratar de descifrar la trama opaca del milagro peronista que se repite una vez más: la parte se ha convertido en todo. ¿Será saludable? Mirada desde la perspectiva de la historia, no es ninguna novedad. Al contrario, es el guión habitual del peronismo en el poder. Es el partido que se hace Estado, la ideología que se hace nación, el movimiento que se hace “pueblo”. Y es el gobierno que invocando al Estado, a la nación y al “pueblo” avanza paso a paso hacia la conquista de los espacios públicos, hacia la colonización de las instituciones neutrales: ora nombrando un juez, ora amenazando a un periodista, ora apretando una empresa, gota a gota, cavando la roca institucional, modelándola a su gusto. Así ha sido siempre desde la épica “democracia” nacional y popular fundada por Juan Domingo Perón. “En Argentina pasa de todo”, me dicen los amigos desconsolados. De todo, pero siempre lo mismo.
Así es como el peronismo interpreta todos los roles de la película, à la carte: es gobierno y oposición, buen policía y mal policía, abanderado de los derechos humanos y amigo de Maduro, capitalista y anticapitalista, liberal y antiliberal, popular e intelectual.
Y dado que la historia es siempre la misma, o parecida, cambian los protagonistas pero no los roles. Alberto Fernández es la expresión típica, incluso más de lo que pensaba, del peronismo de Perón. La idea, tan querida por el general, es que el peronismo es la ideología de la patria, que todos los argentinos son básicamente peronistas. No queda entonces sino cooptarlos y convencerlos, digerirlos y metabolizarlos, halagarlos y reclutarlos. Unidos en el peronismo, formarán una gran familia dirigida por el Estado en nombre de la nación para la salvación del “pueblo”: la comunidad organizada 2.0 es la digna heredera de su antepasada.
Como buena familia latina, es paternalista y clientelar, basada en los afectos por sobre los derechos, en la complicidad por sobre la ley. Sindicalistas y sacerdotes, empresarios y administradores, profesores y punteros de barrio, todos a bordo, cada uno en su lugar, cada uno a su precio. De ahí el cinismo etéreo del Presidente, la relatividad de los valores, el desierto de las convicciones, la moralidad de la conveniencia, el desvergonzado arte de hacer y deshacer, decir y desdecirse, estar de acuerdo pero también en desacuerdo, especialmente consigo mismo, con su pasado y, quien sabe, con su futuro.
Sentada en la otra orilla, Cristina Kirchner es el epítome del peronismo de Eva, el arquetipo del cruzado en perpetua guerra contra el infiel: conmigo o contra mí, amigos o enemigos, pueblo y antipueblo, nación y antinación. Lo de siempre. ¡Ni hablar de cooptar! Destruir, aniquilar, purgar: patria o muerte. Fundamentalista y vengativa, Cristina hoy como Eva una vez, no escatimará armas para obtener la cabellera del enemigo. Su comunidad organizada no es un revoltijo de clientes interesados o sujetos oportunistas, sino una comunidad de creyentes enfurecidos, decididos a purificar al “pueblo” del pecado liberal y capitalista, la herejía eterna.
Pero si estos son los roles consabidos y tales los protagonistas, no es sorprendente que la representación sea también un déjà-vu. Como siempre, de hecho, el peronismo de Perón y el de Eva se disputan el depósito de la fe, la titularidad de la ortodoxia, la fuente sagrada del mito fundador. ¿Quién encarna el verdadero peronismo? ¿Quién es el heredero legítimo del Redentor y el guardián de las Escrituras? Así es como funcionan las religiones políticas, como razonan los partidos-Iglesias, como se manifiestan las expectativas de sus fieles. Esperamos al menos que no terminen matándose, que esta etapa del peronismo no produzca su Juan Duarte o su José Ignacio Rucci.
Sé que muchos torcerán la nariz: pero ¿qué fe y qué fe? La ideología peronista es un caparazón vacío, un ritual gastado útil solo para perpetuar el poder. ¿Qué fe habrá detrás de las bolsas rebosantes dólares y de los zares de las tragamonedas? ¿Qué “pueblo” invocarán los presidentes que acaparan hoteles, los dirigentes encerrados en la Recoleta, los revolucionarios hospitalizados en el Otamendi? Correcto.
Pero, ¡ay de subestimar la mística del poder basado en la fe! Es invocando la fe que la intolerancia tiene en jaque la moderación, que el fanatismo nubla la sensatez. La mediación, el acuerdo, el reformismo, el pluralismo, todo lo que representa la sal de la democracia, son desde el punto de vista de la fe traiciones para ser castigadas, herejías para ser erradicadas, desviaciones para ser excomulgadas. Si no lo creen, léanse el florido intercambio de cortesías entre Julio De Vido y Juan Grabois. No por su sórdida vulgaridad: cada uno muestra lo que tiene. Sino para la grotesca carrera a quién es el más fiel de los fieles, el más enemigo de los enemigos, para el tribalismo primitivo que expresa.
Este es el trasfondo en el que el peronismo vuelve a evocar el fantasma del “odio”, omnipresente en los conflictos fratricidas de los años 70, en los labios de Perón y Eva veinte años antes. Nosotros somos el amor, es el sentido, los demás el odio: el habitual esquema maniqueo. Las lágrimas del niño Jesús, dijeron alguna vez los grupos armados peronistas, serán las balas que matarán a “los explotadores”; o sea que el máximo del amor producirá el odio más radical, que para convertir el odio en amor, correrá toda la sangre que se necesite. ¿Allá vamos otra vez? Mejor no remover el avispero: la historia no es cuestión de amor y odio, ni la política de posesión y exterminio.