No me extraña. Nada nuevo bajo el sol. Pero hay que decir que Alberto Fernández respaldó una escandalosa resolución del juez Ramos Padilla que es un claro ataque a la libertad de prensa en general y al periodismo independiente en particular. El magistrado federal que tiene puesta la camiseta de Cristina hasta cuando duerme, quiere ensuciar la cancha con el caso del colega Daniel Santoro al acusarlo de extorsionar con sus notas y de hacer operaciones sicológicas. Es un burdo intento de intimidar a todos los que ejercemos este maravilloso oficio. Es una advertencia, una amenaza. Miren lo que le pasa a Daniel Santoro y es lo que les pasará a ustedes si siguen investigando al gobierno más corrupto de la historia democrática o expresando sus opiniones críticas hacia los Fernández. Ese es el mensaje.
Los que nos ganamos la vida dignamente con el periodismo, los que solo nos movemos por la búsqueda de la verdad, los que no nos dejamos domesticar por el poder político ni económico, tenemos que ponernos de pié y denunciar claramente este atropello feroz. Hasta ahora era solo un avance de un juez K. Pero ahora el candidato más votado en las primarias, Alberto, también se sumó a la campaña a favor de la censura. Alberto dijo: “Una cosa es hacer periodismo y otra es fingir que se hace periodismo y mandar mensajes extorsivos”. Un despropósito monumental. Una barrabasada, como le gusta decir a Alberto de los jueces que tienen a Cristina en el banquillo de los acusados.
Vamos por partes.
¿Quién dice si una información o una opinión es extorsiva o una operación de prensa? ¿Quién se atreve a juzgar semejante subjetividad? Ramos Padilla dice que lo debe decidir la Comisión Provincial de la Memoria. Ese, obviamente no es un organismo auxiliar de la justicia. Sería algo absolutamente anti constitucional y digamos que esa entidad no es precisamente un ejemplo de equilibrio y prescindencia. La mayoría de sus miembros tiene posición pública tomada a favor de Cristina. Su presidente es Adolfo Pérez Esquivel. Integran esa comisión, entre otros, Dora Barrancos, prestigiosa intelectual y candidata del kirchnerismo a senadora nacional por la Ciudad de Buenos Aires, el ex juez español Baltazar Garzón que fue asesor de Cristina y ganaba una fortuna por mes, Susana Méndez de gran actuación en el Cels (Centro de Estudios Legales y Sociales), otrora valioso organismo de defensa de los derechos humanos y hoy convertido en la Unidad Básica “Horacio Verbitsky” y Víctor Mendibil, histórico dirigente sindical de ATE y al CTA que en sus dos versiones apoyan a Cristina.
¿Se da cuenta lo que le digo? ¿Son imparciales estas personas? La verdad, si este es el camino elegido por Ramos Padilla para impartir justicia, mejor que no ande con vueltas. “No se quede a mitad de camino”, doctor. Que las notas de Daniel Santoro la juzgue directamente La Cámpora. Para que vamos a perder tiempo con esa suerte de Conadep del periodismo que ya fue propuesta por Dady Brieva.
Otro tema. Si Daniel Santoro hizo operaciones extorsivas con sus notas, el doctor Ramos Padilla podría seguir tirando de la cuerda y apuntar hacia arriba. Los editores máximos de Clarín, ¿Eran unos tontos que no se daban cuenta lo que hacía Santoro? ¿Eran cómplices de Santoro? ¿O peor aún, Santoro seguía las ordenes de sus superiores y por supuesto de Héctor Magnetto. Quiero llegar por el camino del absurdo para demostrar lo absurda, sesgada, autoritaria y peligrosa que es la decisión del juez Ramos Padilla con el apoyo explícito de Alberto Fernández.
Quisieron obligar a que Santoro revelara la identidad de sus fuentes, algo que está absolutamente prohibido y que tiene el respaldo de la protección del secreto profesional.
Insisto: esto no es un mensaje solo para Santoro. Es para todos los periodistas que no se arrodillan, ni se compran, ni se venden ni se alquilan ante las fortunas de la pauta publicitaria de los K ni ante las patoteadas y escraches de siempre.
El último, fue realmente grosero pero le sirve a la tropa para identificar a los enemigos. Un afiche que circuló por los canales habituales de las redes sociales kirchneristas acusaba a 15 periodistas de ser operadores. Foto carné de cada uno para que no haya dudas. Semejante canallada tuvo su máxima expresión cuando entre esos 15 blancos móviles pusieron a Julio Blanck, el querido compañero de Clarín y TN que falleció hace un año.
Entre los periodistas buchoneados hay de todos los medios y para todos los gustos. El newsletter de activistas que promueve la candidatura de Alberto y Cristina incluyó entre otros a periodistas de esta radio Mitre como Jorge Lanata, Marcelo Longobardi y quien les habla o de nuestra hermana la FM 100 como Santiago del Moro o de Clarín como Eduardo Van der Kooy. Pero insisto: estamos apuntados, para empezar, 15 de varios medios de comunicación. En eso, a la hora de escrachar y atacar son amplios los muchachos.
¿Alguien cree que Alberto o Cristina salieron al cruce de este panfleto infame? ¿Alguien piensa que Alberto o Cristina emitieron aunque sea un tuit o un simple comunicado repudiando esto o tomando distancia formal y públicamente? Acertaron. Nadie dijo una palabra. Y se sabe que el que calla, otorga.
Ese sitio que funcionó como una de las usinas de difusión de propaganda del gobierno de Cristina y ahora electoral, también ofrece la posibilidad de sumarse a los equipos de trabajo del cristinismo y promueve que se lean entrevistas a varios dirigentes del palo.
A Alberto no se le cayó la cara de vergüenza al decir que “en las notas de Santoro había meta mensajes para los extorsionados”. Me hizo acordar a aquellos irracionales que decían que los discos de Xuxa, si se los escuchaban al revés, tenían mensajes satánicos. Un delirio total.
Está claro que lo único que quieren es callar a los periodistas, advertirles para que se autocensuren y limpiar el prontuario de Cristina y su banda de cómplices para que queden como santos inocentes que nunca robaron nada y que son perseguidos políticos.
Uno de los socios de Alberto y Cristina en esta avanzada es Hugo Moyano. Hace 15 días, la justicia desestimó un reclamo del líder de los camioneros para investigar las fuentes informativas de cuatro periodistas entre los cuales también estaba quien les habla. Parece que estoy de moda. Pero son medallas que me cuelgo. Fue un fallo histórico a favor de la libertad de expresión. Los camaristas Martin Irurzun y Leopoldo Bruglia dijeron que de avanzar por ese camino, se iba hacia la criminalización del ejercicio de nuestra profesión.
San Moyano y su grupo de ángeles, querían que se investigara a los periodistas porque formamos parte de una maniobra de inteligencia para perjudicarlo y meterlo preso. Otra vez las maniobras extorsivas o de operaciones sicológicas. Lo mismo que dicen Ramos Padilla y Alberto. Y solo aportaron opiniones recontra interesadas y ninguna prueba de nada. Solo fue un apriete judicial bastante más suave de los aprietes concretos y violentos que tantos han sufrido por parte de la mafia sindical.
La justicia dijo que las fuentes y llamadas telefónicas están amparadas por el artículo 43 de la Constitución Nacional
Fernando Ruiz, el profesor universitario y experto en medios, se preguntó si el juez Ramos Padilla estaba pariendo “un nuevo código penal mediático”. Y fue contra los negacionistas de la corrupción de estado que apelan a cualquier recurso para garantizar la impunidad de Cristina y su cártel pingüino.
El juez que ama a Cristina y a Justicia Legítima, quiere auditar las notas de los periodistas. Su candidato a presidente, Alberto, igual que Cristina, no puede ocultar que siempre odiaron al periodismo porque le gusta controlar todo pero que nadie lo controlen a ellos.
Néstor Kirchner fue una máquina de atacar y perseguir al periodismo y su jefe de gabinete fue el brazo ejecutor, frío e implacable. Lo hacía con mayor sigilo y en voz baja, pero era tan cruel como Néstor. A lo sumo hacían el jueguito el policía malo y el bueno. Néstor te destrozaba y después aparecía Alberto con algunos algodones y curitas. Un operativo de pinzas que siguió con Cristina. Y que continuó ahora con Daniel Santoro, Mercedes Ninci, Jonatan Viale, Héctor Emanuele, Diego Leuco y los 15 periodistas que fuimos apuntados en un sitio que promueve su candidatura. No me sorprende. Nada nuevo bajo el sol. Es lo mismo que hizo con la censura a Julio Nudler y a Pepe Eliaschev o con el reto público a Claudio Savoia o cuando celebraba la humillación a la que Néstor sometía a varios compañeros movileros.
Nada nuevo bajo el sol. Pero siempre la memoria, la verdad y la justicia nos ayudan a ser mejores y a no ser tan ingenuos para creer en las mentiras de siempre.
A Macri le hicieron la cruz – 17 de septiembre 2019
Yo digo que la iglesia le hizo la cruz a Macri. Pero de entrada aclaro que cuando hablo de “la iglesia” es para simplificar periodísticamente el concepto. No hablo de los millones de fieles honestos ni de los obispos y sacerdotes que se pasan la vida predicando el camino de la honradez y del combate contra la pobreza. Frente a ellos me saco el sombrero. La patria está llena de sacerdotes y laicos que como buenos cristianos orientan sus rezos y también sus acciones concretas para ayudar a resolver los más graves problemas nacionales como son la indigencia y el hambre que fueron multiplicados por la corrupción de estado.
Pero hay una cantidad importante de miembros de las jerarquías eclesiásticas que se han opuesto con más o menos fuerza y rabia a cada una de las cosas que hizo el presidente Mauricio Macri y que han bendecido o enviado rosarios a personajes nefastos, ladrones y patoteros. Desde el Papa Francisco para abajo son muchísimos los que han crucificado a Macri con su indiferencia o directamente con su crítica feroz. Muchos llaman al Papa Francisco, el papa Peronista. Es por su formación en la agrupación derechosa, setentista y peronista de Guardia de Hierro. Ahí conoció a Roberto “Pajarito” Grabois, el padre de Juan, el chavista provocador.
Hay una foto que se transformó en una postal cuando el santo Padre recibió sin ganas, sin sonrisas y con cara de pocos amigos al presidente elegido democráticamente por 13 millones de argentinos.
Todo lo contrario de la calidez y afecto con que escribe a Hebe de Bonafini o trata a Milagro Sala y en su momento al Caballo Suárez un pistolero ladrón que por suerte, por ahora, está preso. El Caballo tenía su oficina tapizada de fotos, bendiciones y rosarios del Padre Jorge y hasta su radio se llamaba de esa manera.
Ni hablar del histórico encuentro de los muchos que tuvo con Cristina y el Cuervo Andrés Larroque que lo hizo aparecer con una camiseta de La Cámpora.
En dos palabras: nunca la iglesia argentina, o su conducción, tuvo mejor relación con el peronismo. Y nunca tuvo tan mala onda con la coalición no peronista que encabeza Macri. Esto es así en todos los niveles. Los curas villeros están repletos de militantes peronistas a imagen y semejanza del padre Carlos Mugica. Otros, más a la izquierda todavía, no tuvieron vergüenza en repudiar la presencia de la vice presidenta de la Nación, Gabriela Michetti en la ceremonia de beatificación de monseñor Enrique Angelelli. Le recuerdo que el obispo fue asesinado en La Rioja, donde actuó el general de Cristina, César Milani, durante el terrorismo de estado. Y que Michetti era una niña que además siempre militó en agrupaciones católicas y tuvo gran relación pastoral y de afecto tanto con Jorge Bergoglio como con el padre Rafael Braun. Sin embargo, un grupo del Movimiento de Curas en Opción por los Pobres levantó una bandera que decía: “ Michetti: el gobierno nacional insulta la memoria de nuestros mártires” y el cura ultra K, Francisco “Paco” Oliveira se acercó a Michetti y la invitó a que se retirara del lugar porque dijo que Angelelli “había sido asesinado por oponerse a políticas similares a las de su gobierno. Usted no debería estar acá” . Insólito gesto cargado de odio e ignorancia. Igualar al criminal de lesa humanidad Jorge Videla con un presidente democrático que nunca mató una mosca es un despropósito típico de un fanático. Fue tan irracional todo que el obispo de Avellaneda – Lanus, Rubén Frassia, lo sancionó y luego denunció que Oliveira lo combatía desde tribunas como las de Madres de Plaza de Mayo o el Instituto Patria.
El Papa Francisco fue moviendo sus piezas del ajedrez y armó un directorio de la iglesia argentina a su imagen y semejanza. Designó a muchos de sus compañeros de ideas justicialistas como monseñor Oscar Ojea, por ejemplo. Ya contamos que Francisco tiene como mano derecha en todo el sentido de la palabra derecha, a Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo que organizó un congreso sobre las mafias con Hugo y Pablo Moyano. Aclaro que según el cartel del encuentro era en contra las mafias. Fue en un local de camioneros. Más o menos como hablar de la virginidad en un prostíbulo.
Sánchez Sorondo también es un protector de Juan Grabois al que la ministra Carolina Stanley le dá 100 mil planes sociales por mes más otros 80 mil para sus aliados de la Corriente Clasista y Combativa y Barrios de Pie, conocidos obviamente como “Los Cayetanos”. Suelen decir que su único jefe vive en el Vaticano. Ese dinero sirvió de ayuda para algunos comedores y cooperativas pero básicamente permitió fortalecer el aparato movilizador que corta calles y rutas y tiene como principal enemigo a Mauricio Macri. No hay muchos antecedentes de gobiernos que hayan alimentado con fortunas a sus opositores más cerriles. Es que hay integrantes de Cambiemos como Stanley, Esteban Bullrich o la propia María Eugenia Vidal que son católicos activos de toda la vida y que aman al Papa Francisco y muchas veces esa fe comprensible, los lleva a disimular o minimizar los encontronazos que el Sumo Pontífice tuvo y tiene con el macrismo. De hecho la mismísima María Eugenia Vidal tuvo que soportar que en su propia cara, el obispo Jorge Lugones le diera un sermón y un reto por la falta de sensibilidad social. Dijo que veía que construían cárceles y no hospitales. A su lado estaba monseñor Oscar Ojea y Carolina Stanley. Lugones, también de familia peronista, tío de Mariano Bruera el hermano del ex intendente platense que está preso por corrupción, había apoyado el paro de la CGT.
Hay infinidad de situaciones de este tipo a lo largo de estos años. Pero en Salta este fin de semana ocurrió una de las más polémicas. El arzobispo Mario Cargnello, en plena misa por la Fiesta del Milagro que congregó a una multitud impresionante sacudió al presidente Macri con un reproche sobre la pobreza. Casi como si estuviera en campaña electoral, la máxima autoridad del clero provincial, lo desafió y le dijo: “Mauricio, llévate el rostro de los pobres”, mientras levantaba la voz como en un acto proselitista. Otro sacerdote, días antes, había reclamado que se declarara persona no grata al jefe del estado.
Insisto en que me parece que la preocupación por los pobres es siempre bienvenida. Pero la forma en que el obispo le hizo una zancadilla al presidente fue muy chocante. Macri se quedó callado, sorprendido y apichonado.
Fue una actitud entre demagógica y oportunista. No era el lugar ni la oportunidad ni el tono. Sobre todo porque monseñor Cargnello no está en condiciones de tirar la primera piedra por varios motivos. Primero porque hace varias décadas que las provincias más pobres están gobernadas por verdaderas dinastías del peronismo y que muchas de ellas tienen un funcionamiento típico de los señores feudales. No se recuerda que monseñor le haya dicho algo sobre la pobreza estructural ni el rostro de los pobres a los gobernadores justicialistas varias veces reelectos en muchos casos. Salvo que el obispo de Salta crea que la única responsabilidad por el drama de la pobreza en la Argentina se del presidente Macri que todavía no gobernó ni cuatro años frente a un peronismo que gobernó el 50 % del tiempo en los últimos 65 años. ¿Cristina no tuvo nada que ver? ¿Menem no tuvo nada que ver?
¿Dijo algo cuando Cristina dijo que había un 5% de pobres?¿ O cuando Aníbal desbarrancó al plantear que en Alemania había más pobres? ¿O cuando Axel dejó de medir la pobreza para no estigmatizarlos? Si Macri se tiene que llevar los rostros de la pobreza por orden no muy divina del obipo, hay otros que también deben recibir su cuota parte de responsabilidad.
También hay que tener un lugar moral para apelar a semejante cobardía discursiva. Monseñor Cargnello tiene muchas explicaciones que dar ante la justicia (en un rato Federico Andahasi nos va a contar una historia terrible de curas violadores y narcos) y los antecedentes de su actuación durante el caso del asesinato de María Soledad Morales en Catamarca que no han sido de los mejores. Todos recuerdan el coraje de la hermana Martha Pelloni para denunciar el crimen de los hijos del poder y de la complicidad de la dinastía de los Saadi. Fue una tarea titánica acompañada por una multitud en silencio y rechazo del horror de estado. Mario Antonio Cargnello entonces dirigía el diario de la curia en Catamarca y puso su línea editorial al servicio de los victimarios y del poder económico y político de Catamarca.
En aquella época Cargnello no parecía estar del lado de los pobres como la familia de Ada Morales. Tampoco a la hora de encubrir curas pedófilos como Rubén Agustín Rosa Torino que abusaban de gente humilde, con tanta pobreza como fe en Dios.
Haciendo un ejercicio de especulación y fantasía, cuando ví a Macri sin respuesta, pensé que reacción hubiera tenido un presidente como Raúl Alfonsín, un gallego calentón, con huevos y con formación política que en su momento ocupó el mismo púlpito de monseñor Medina para contestarle una agresión de su homilía. Medina fue un confesor de los dictadores y Alfonsín un abogado de los familiares de los presos y de las víctimas de las desapariciones.
En este caso, el presidente Macri puso la otra mejilla, pero su compañero de fórmula, Miguel Angel Pichetto puso las cosas en su lugar. Dijo que ese obispo descortés, había dicho una tontería y una exageración. Y antes había criticado a la iglesia por no salir a repudiar la toma de los shoppings o el bloqueo a los countries. Aseguró que se trata de una sobreactuación para quedar bien con el Papa Francisco.
Nadie fue tan irrespetuoso para decirle a monseñor Cargnello: “Mario, llévate el rostro de la pedofilia o de la corrupción o de la protección a los Saadi”.
Nadie fue tan irrespetuoso para contestar con otra falta de respeto.
Hubiera sido como poner el grito en el cielo.
Scola, un espejo gigante – 16 de septiembre 2019
Se lo digo por experiencia. Se lo digo porque lo viví. Cuando un chico de 7 años recibe por primera vez la pelota de básquet, sueña con tres cosas: agarrarla con una sola mano, volcarla y jugar en la NBA. Es lo que le pasó a Luis Alberto Scola en el gimnasio del club Ciudad de Buenos Aires. El chico, asombrado, se sentía más chico todavía en ese templo techado con aros por todos lados. Abrió lo más grande que pudo la palma de su mano y trató de llevar la pelota como quien la lleva con una manija. Esa naranja, rugosa y seductora, se resbaló porque sus dedos todavía eran muy cortitos. No bajó los brazos ni se dio por vencido. Ni aquél día en el que pisó por primera vez una cancha como jugador ni nunca en toda su brillante vida de alta competencia que lo llevó a ser el capitán, el goleador de Argentina sub campeón del mundial en China y a integrar el quinteto ideal del torneo más importante. Aquel pibito de 7 años, ayer quedó consagrado como él mejor ala pivote del mundo. Aquella naranja rugosa hoy parece un limoncito en sus manos como patios y el día que la volcó por primera vez fue en La Pampa, cuando tenía edad para categoría de Mini. Enterró la pelota y rompió el tablero. Los chicos de Independiente de General Pico no lo podían creer. Tuvieron que ir a jugar el partido en otra cancha.
Y el tercer sueño lo concretó el día que ingresó a la máxima liga de las estrellas y fichó para los Houston Rockets, en los Estados Unidos, la cuna de este juego de belleza incomparable.
Los sabios que llevan la planilla o los viejos y geniales periodistas de entonces como Osvaldo Ricardo Orcasitas (ORO) de El Gráfico o Estanislao Villanueva (Villita) de la revista Goles, empezaron a tener las primeras noticias: “Parece que Luisito, el hijo de Mario Scola la rompe”, se decía a la hora del Gancia con papitas fritas y aceitunas en los buffet de los clubes de barrio. Luis, hijo de Tigre, como corresponde para la felicitad de su padre, superó ampliamente a Mario. Yo lo conocí y lo entrevisté en mis comienzos en Buenos Aires como periodista deportivo de La Hoja del Lunes. Allá por los 80, Mario Scola jugaba en la selección argentina con monumentos como Chocolate Raffaelli, el Tola Cadillac, el Gury Perazzo, Miguel Cortijo o nuestro Fernando Prato, y digo nuestro, porque el Runcho del Hindú, era el orgullo de los cordobeses.
Eran la aplanadora de un loco extraordinario llamado León Najnudel que nos llenaba la cabeza todos los días hablando de la Liga Nacional, a imagen y semejanza de la NBA. Batalló como un León y finalmente se dio el gusto de ver coronada su obra maestra antes de morir. Pero le juro que el día en que se abrazaron Luifa y Manu yo temblé de emoción hasta las lágrimas y me dije si hay un Dios, está viendo el partido con Najnudel en la platea del cielo.
Tuvieron a Kobe Bryant como testigo privilegiado. Pero ese abrazo de Scola y Ginóbili fue todo un símbolo. Son los dos jugadores más importantes de toda la historia del básquet. Manu cruzó el planeta para ir a ver a sus compañeros de tantas aventuras y desafíos. Es el símbolo de la generación dorada y fue a pasarle la posta a Scola que fue el emblema de esta nueva generación que podríamos llamar “generación de Platino”, como sugirió Guillermo Vecchio, otro de los varios técnicos geniales que dio nuestro baloncesto. Manu fue el acero que se fundió con fuerza a Luifa y ambos, se transformaron en los eslabones más fuerte de la cadena de valor y de valores del básquet nacional.
Scola hizo cosas extraterrestres para ser el faro que iluminó a los pibes. Su viejo dijo que hizo el entrenamiento de Rocky Balboa contra Iván Drago porque no quería ser un referente moral desde el banco de suplentes a los 39 años. Quería ser un general al frente de la batalla. Marcar el camino pero en el terreno y no desde el costado. Para esto cambió su alimentación y de la mano de su preparador físico, Mariano Sánchez, el hijo del Huevo, otro talento, se encerró 14 semanas a entrenar hasta quedar exhausto en un campo de Castelli. Con un frío tremendo ya estaba corriendo a las 7 de la mañana. Dale que te dale. Apretando los dientes. Con su objetivo entre ceja y ceja. Y después Scola se llevó al profe dos meses a China y allí le siguieron dando duro. Abdominales, fintas, giro invertido, ganchito corto, saltar cada vez más alto, volcarla hasta el codo, tirar para tres y meter de a tres. Parecía una escena de locos: Dos personas, un aro y la soledad como hinchada. Horas y horas, días y días. Realmente parecía la película de Rocky. Y como una señal del destino, el otro apellido de Luis Scola, es Balboa.
Luis que es un estudioso del deporte tiene definiciones extraordinarias: dice que: “el trabajo mata al talento cuando el talento no trabaja”. Nació con la fuerza de la superación constante, cree que el éxito es tocar todos los días un techo más alto, superarte hasta encontrar tu límite humano y vaciarte el día del partido. Dejar hasta la última gota de sangre, sudor y lágrimas. Una vez dijo que si un diamante no se pule con el entrenamiento cotidiano queda solo como una piedra preciosa en bruto pero no brilla todo lo que puede. Hay que perseguir tu sueño y tu techo. Ganarle todos los días a vos mismo. Tratar de hacer algo que nunca nadie hizo. Y con esa filosofía de vida logró ser el jugador que más títulos importantes ganó en la historia de la selección celeste y blanca. Sobre su pecho cuelgan dos medallas olímpicas y dos medallas mundialistas.
Hizo lo que nunca nadie había hecho.
A los 39 años, con 2,04 de altura hizo casi 18 puntos de promedio, 8 rebotes por partido pudo recuperar y es el máximo goleador de la historia de los mundiales y el jugador que más partidos jugó en un mundial junto a un brasileño: 41 encuentros de los cuales ganó 32. Un atleta y un ser humano enorme, gigante. El gran capitán, fomentó el juego colectivo y solidario, la capacidad de darle al equipo todo para todo el equipo le dé a uno y juntos al país que representan. Siempre con respeto y trabajo. Jamás tomar el atajo ni ponerle una zancadilla al rival y mucho menos hacer trampa con esa falsa picardía criolla que tanto mal nos hizo. Es un canto a la amistad, a la humildad y todos estos muchachos, están muy lejos del ego insoportable de la frivolidad y las veleidades vedetistas de tantos soberbios que nunca ganaron nada y creen que ganaron todo. Embocaron los mejores valores de la Argentina y eso no se lo vamos a terminar de agradecer nunca.
Aquel gimnasio del Ciudad de Buenos Aires, donde le tomó el gusto a la naranja amiga, hoy lleva su nombre. Homenaje merecido y en vida.
MVP le gritaban sus compañeros que lo adoran. Las siglas en inglés del Jugador Más Valioso. Y Luifa se reía de sí mismo y decía: “MVP, el más viejo player”.
Anoche nos acordamos con mi hijo Diego, que también fue un jugador de básquet del montón, como su padre y su abuelo de un juego de palabras que nos debe guiar siempre a todos. Dice así: “Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para disfrutar: el camino ha sido largo y difícil.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para ayudar a otros: mucho se te ha concedido.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para compartir tu triunfo: quienes te aman, también subieron a tu lado.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para mirar de donde partiste: te juzgarás con menos severidad.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para descansar un poco: hay una nueva cumbre por conquistar.
Ahora todos le ruegan a Luis Scola que juegue un año más para estar presente en los Juegos Olímpicos de Tokio del año que viene. Scola le dijo a Leo Gutiérrez que sí, que no se quiere perder semejante desafío. Lo contó Leo en estos micrófonos. Pero ahora lo va a pensar bien, rodeado de su familia que es el escudo que lo sostiene. Pamela, la mujer de toda la vida, la que conoció en el colegio secundario de Ciudad Jardín y sus cuatro hijos, Tomás, Matías, Lucas y Tiago. Los cuatro varones y el padre ya tienen el quinteto inicial para empezar un nuevo partido en la vida que viene. Tiago ya juega en Ciudad Jardín, de Lomas del Palomar, el club de toda la vida de los Scola. Tiago ya tuvo sus tres sueños cuando le dieron la naranja mágica. La quiere agarrar con una sola mano, la quiere volcar y jugar en la NBA. Nadie tiene escrito su futuro. Cada uno lo tiene que construir. Tiago tiene un abuelo llamado Mario y un padre llamado Luifa que dejaron todo en una cancha de básquet. Ese es su espejo. Un espejo gigante llamado Scola que te permite reflejarte desde muy lejos. Un espejo que nos permite a todos mirar con admiración y respeto lo que un hombre inteligente y corajudo puede hacer. Los argentinos en general, los que amamos el básquet y los que no, podríamos mirarnos también en esa realidad que nos marca una distancia tremenda con nuestra actualidad tan dura y triste. Luis Scola es un ejemplo. De acá a la China.