Macri presidente – 22 de noviembre 2016

Hace exactamente un año yo leí esta columna que hoy quiero repetir sin cambiar ni una coma. Es una forma de probarme y de someterme al juicio de los oyentes. Ya pasó el tiempo y se puede ver con más distancia si hubo aciertos o errores. Dice asi:
“Ustedes hicieron posible lo imposible”. Esa frase le salió del fondo del alma a Mauricio Macri, el presidente electo de la Argentina. Es que ni él lo podía creer. Por primera vez en la historia llegó a la jefatura del estado el líder de un partido chico que tiene apenas diez años de vida y que no se forjó en la matriz del radicalismo ni del peronismo. Tal vez si Macri hubiera dejado hablar a su inconsciente, sus palabras hubiesen sido: “Llegué Papá, soy presidente, pude superarte”. No quiero hacer sicologismo barato pero Mauricio le dedicó su vida a demostrarle a Franco que podía llegar muy alto sin su ayuda y por sus propios méritos. Franco Macri fue un padre asfixiante, ultra exigente y más competitivo que lo aconsejable con su hijo. Varias veces lo desafió públicamente. Varias veces fue a contramano de los deseos de su hijo. Varias veces apostó en su contra y boicoteó sus proyectos. Por eso durante tanto tiempo estuvieron peleados. Un día Mauricio decidió romper amarras y construir su propio destino. Sabía que en esa pelea iba a encontrar la felicidad y la alegría. Y ayer se aferró a esa utopía que persiguió durante tanto tiempo. El hijo del tano inmigrante que edificó un imperio económico llegó a la presidencia de la Nación sin que su padre le abriera ninguna puerta. Lo hizo por derecho propio. En nombre del padre. Pero con su propio esfuerzo.
Los kirchneristas lo chicaneaban acusándolo de vago: “Nunca trabajó, siempre vivió de Franco”, pintaron en las paredes. Y esas cachetadas en lugar de intimidarlo le dieron más fuerza para la batalla final contra Daniel Scioli.
Esa relación de amor-odio con su viejo lo marcó para siempre. Y su carácter y garra también se templó en la adversidad de un secuestro extorsivo que lo tuvo muy cerca de la muerte. Estuvo 14 días bajo tierra. Lo encerraron en un ataúd y lo encarcelaron en un sótano de Garay al 2.800. Nadie sigue siendo la misma persona después de semejante experiencia. Su mirada perdida a veces expresa el sufrimiento de ese corazón en aquel momento dramático al que lo sometieron una banda de criminales que eran comisarios de la Policía Federal.
El salto que pegó Mauricio es gigantesco. Desde aquel vicepresidente del holding SOCMA al que arribó por portación de apellido y por ser el hijo del dueño hasta la presidencia de la Nación. Como buen ingeniero se apoyó siempre en la gestión. En el hacer más que en el decir. En Boca Juniors hizo una verdadera revolución de campeonatos y 16 vueltas olímpicas, pero también marcó un camino de responsabilidad y eficiencia. Fue presidente del equipo más popular de la Argentina, superó problemas, abrió ventanas y logró la reelección.
Esos fueron los cimientos del Macri de hoy. No podría haber ganado ayer si no hubiese tenido el nivel de conocimiento y popularidad que le dio Boca. Con eso demostró y se demostró que estaba para más. Que el destino de niño cheto, de creído de Barrio Parque, no era para él.
En la ciudad de Buenos Aires hizo lo mismo. Puso ladrillo sobre ladrillo y eligió el camino más sólido y no el más rápido que le había ofrecido Eduardo Duhalde: ser candidato por el peronismo. Edificó un partido y lo fue haciendo crecer. Con ensayo y error. Con metidas de pata y correcciones. Aprendió a ser gobernante en el gobierno de la Ciudad. Su primera administración estuvo apenas por arriba de la mediocridad general, pero, en su segunda jefatura, mejoró la calidad de vida de gran parte de los porteños. Esa buena tarea en el transporte, en la derrota que le propinó a las inundaciones, en la educación y en el respeto por las disidencias y el pluralismo lo fue perfilando. Es el primer jefe de gobierno de la Ciudad reelecto y que termina su mandato dejando un sucesor de su mismo partido: Horacio Rodríguez Larreta. Encima la provincia de Buenos Aires también estará bajo la conducción de una mujer resolutiva y carismática surgida de su agrupación: María Eugenia Vidal.
Está procesado por la justicia y acusó el golpe por lo de Fernando Niembro. El gobierno nacional le hizo la vida imposible. Le tiraron anchoas en el desierto y lo intentaron estigmatizar. Está acostumbrado a buscar consensos porque siempre gobernó sin mayorías parlamentarias y eso es bueno para los tiempos que se vienen. En su vida personal se lo ve enamorado de la seductora belleza integral de Juliana Awada y de su condición de padre de Antonia y otros tres hijos. Al frecuentar la meditación budista fue calmando sus ansiedades y aflojando sus durezas formales. Hasta se dio el lujo de emocionar y emocionarse en la quebrada de Humahuaca donde le pidió a la madre tierra ayuda para esta tierra.
En las PASO, Macri apenas sacó el 24 % de los votos. Ayer le sumó más de 27 puntos porcentuales. Más que duplicó su potencia. Logró cuatro millones de votos más que en la primera vuelta y encarnó los deseos de cambios de una gran parte de la sociedad. Eran cada vez más los argentinos que decían que este país podía ser gobernado correctamente por un no peronista. Las multitudes de los cacerolazos, las redes sociales, los actos en defensa de los fiscales atacados o el campo humillado fueron juntando masa crítica. Y Masa, Sergio, en el 2013 dinamitó los sueños eternos y monárquicos de Cristina cuando la empujó a la peor actuación electoral en 12 años.
Macri no es un conservador de la vieja derecha como cree la militancia K. Ejerció el divorcio en dos oportunidades y su cultura es más diversa que muchos K aunque menos intelectual. Macri tampoco es un neoliberal entreguista, amante fiel del mercado como quisieron instalar los medios adictos a Cristina.
Macri como político parido por la anarquía del 2001, es muy difícil de encasillar en las categorías tradicionales. Yo me atrevería a decir que no es un gerente de los grupos concentrados a los que conoce de adentro, que tiene sensibilidad social por los más pobres y que su modelo económico de sentido común y eficiencia está lejos del chavismo jurásico y cerca del desarrollismo de Arturo Frondizi.
Macri logró la presidencia de la Nación. No es parte de la herencia que le dejó su padre. Se ganó solito el honor de ser el jefe del estado argentino. Casi 13 millones de argentinos confiaron en su épica de superación. Nadie nunca había sacado tantos votos. Ahora empieza la etapa más importante de su vida. Ahora deberá demostrar si tiene condiciones de estadista para desactivar las bombas de tiempo que deja este gobierno. Yo no podría asegurarlo pero ojalá esa esperanza de tanta gente en las urnas se convierta en realidad. Ojalá. Es por el bien de todos.

Un año de Macri – 21 de noviembre 2016

Mañana se cumple un año del triunfo de Mauricio Macri. En la segunda vuelta sacó el 51,34% de los votos contra Daniel Scioli que cosechó el 48,66%. Es un buen momento para el balance. Para establecer que es lo bueno, lo malo y lo feo de la gestión de Cambiemos.
Lo bueno.
Es un gobierno que no extorsiona ni persigue a nadie. Habla con todos, escucha y, a veces, corrige sus errores. Ya derrotó al fantasma de Fernando de la Rúa. El cristinismo extremo todavía sueña con asfixiarlo y obligarlo a huir en el helicóptero. Pero eso está descartado porque Macri lidera y conduce. Logró fracturar al Frente para la Victoria en varios pedazos y con la muñeca política de Emilio Monzó y Gabriela Michetti consiguieron 70 leyes, 5 de ellas fundamentales, pese a no tener mayorías parlamentarias.
Macri salió de la locura del cepo sin que el país entrara en un manicomio y al cancelar la deuda con los fondos buitres recuperó la tarjeta de crédito para el país. Y en poco tiempo volvimos al mundo civilizado, democrático y republicano. Mejoramos las relaciones con Estados Unidos, Alemania, Francia, España, Uruguay, Japón y nos alejamos definitivamente del autoritarismo de Venezuela e Irán.
Se recuperó el criterio de verdad. Este gobierno no miente. Las cifras reales del INDEC muestran una pobreza y una indigencia terrible pero reconocerla y no ocultarla es el primer paso para solucionarla. Entre los activos del gobierno están los fracasos y las falsedades corruptas del gobierno de Cristina. Fue un plan sistemático para saquear al estado y una mala praxis brutal en todos los ministerios. Eso, por ahora, en la comparación favorece a Macri. Son el día y la noche con Cristina. El respeto como norma vs la agresión permanente.
Lo malo.
Lo peor es que la gestión tiene una lentitud inesperada. Todo tarda demasiado. La atomización de las decisiones económicas demora las medidas y decisiones y el tiempo pasa. La tormenta de obras públicas recién es una llovizna. Hay miedo a firmar y, en muchos ministerios, el presupuesto está insólitamente sub ejecutado. Tienen plata pero no quieren o no saben en qué gastarla pese a que la urgencia de las demandas sociales. Falta planificación y audacia.
El gobierno no cree en la generación de hechos políticos para modificar las cosas. Se resigna a manejar todo desde el tablero de comando. Es un grave error: no alcanza con apretar botones. Los cambios hay que parirlos. Producir nuevos escenarios. Convencer con argumentos y aumentar la base de sustentación del gobierno sumando a figuras independientes y de otros partidos. La coalición es muy débil. Elisa Carrió funciona como la francotiradora de la conciencia crítica y el radicalismo, con Ernesto Sanz fuera de la cancha, perdió protagonismo. Hay poca militancia radical en la universidad o en los gremios de clase media.
El gobierno debería comprender que no hay que resignarse a las cosas como son y pelear por como debieran ser. ¿Se entiende? Hablo de no humanizar lo inevitable. Hay que evitar lo inhumano.
Es verdad que la gente está cansada de las discusiones y los ataques de Cristina y sus cómplices. Pero si no se les sale al cruce del debate, las ideas populistas por más dañinas que hayan sido, van permeando y se consolidan en algunos sectores de la población. Es un gobierno que comunica poco y mal porque no cree demasiado en la política. Sus aciertos duran 15 minutos en los medios y sus fracasos se mantienen mucho más.
Encima algunos gerentes muy exitosos en la actividad privada entraron en pánico a la hora de lidiar con gremialistas y burocracias. Faltan mensajes a los ciudadanos y planes concretos que vayan anunciando la ruta que quiere recorrer el macrismo. Hay que enunciar el objetivo pero explicar las etapas.
Es absolutamente insuficiente decir únicamente que son el cambio.
La inflación sigue vivita y coleando. Y con recesión. De hecho en lo económico las cosas están peores que con Cristina.
El aumento de tarifas fue una metida de pata tremenda. Se pagó los costos de un ajuste feroz sin hacer ese ajuste feroz. Y es imprescindible que los indicadores mejoren lo antes posible porque si el oficialismo pierde las elecciones parlamentarias del año que viene está liquidado y resucita a Cristina y su candidatura.
El gobierno interviene muy poquito en la realidad. Subir o bajar tasas, es un detalle y no un plan económico. No se puede permitir que los precios aumenten en forma arbitraria sin siquiera decir una palabra de rechazo públicamente. O aplicar la ley a los abusadores. Falta mostrar firmeza y autoridad con los empresarios que especulan. Se equivoca feo el gobierno si cree que con solo arreglar las variables macroeconómicas, la vida cotidiana va a mejorar por añadidura. Este es el fracaso del segundo semestre. Prometía brotes verdes de buenas noticias. Y salieron nubarrones negros de inquietud e incertezas. El gobierno parece que todavía tiene puesto el freno de mano. ¿Cuáles son las políticas públicas que propone para cada sector? Por momentos parece que funciona por espasmos y corre detrás de los acontecimientos. No fija la agenda. Le marcan la cancha pese a que salvo los fanáticos del Frente para la Valija, todos los sectores han mostrado una actitud responsable y prudente. La CGT, la oposición del Frente Renovador y el peronismo no kirchnerista y los medios en general, evidenciaron paciencia pero eso tiene un límite que puede ser el primer trimestre del año que viene.
Lo feo.
Macri dijo que su utopía es la pobreza cero. Pero durante los meses que gobernó aumentaron los números de desocupados y de pobres. En el país de los alimentos hay 2 millones de compatriotas argentinos que tienen problemas para comer.
Las industrias tienen un 40% de su capacidad ociosa pese a que atravesamos la mayor presión impositiva de los últimos 15 años. El consumo se cayó a pedazos. El respetadísimo Javier González Fraga dice que muchas inversiones no llegan porque temen el regreso del populismo en el 2019. Cambiar esa sensación también es una responsabilidad del gobierno. Y otra vez, esto me lleva a la mayor crítica que le hago al presidente Macri. Este es un gobierno que quiere ser más desarrollista y heterodoxo que neoliberal. Pero a la hora de la verdad se quedan más en la tribuna intentando cambiar las reglas del juego por control remoto y entran poco a la cancha a definir los partidos poniendo el pecho y pierna fuerte.
Macri salió campeón con Boca y en la ciudad de Buenos Aires. Pero este es el partido más importante de su vida. Debe terminar su mandato como corresponde, sin terremotos sociales, con más trabajo y menos pobreza y con la Argentina de pié. Si lo logra, se habrá convertido en el primer presidente no peronista en 80 años en lograr algo tan simple y tan complejo como eso. Es la única forma de madurar institucionalmente. Es la única forma de crecer de golpe pero sin golpes.

Dos años sin Pepe – 18 de noviembre 2016

Me lo recuerdan los oyentes en la calle o a través de los mails y las redes sociales. Fue tanta la potencia periodística de Pepe Eliaschev que a medida que pasa el tiempo, su figura se agiganta. Y a modo de homenaje y a pedido de tanta gente que lo admiraba, bien vale el recuerdo de aquella columna dolorosa.
Es que extrañamos tanto a Pepe. Hoy hace dos años que se nos murió el querido Pepe.
Esto que pasa es que el maldito cáncer de páncreas finalmente asesinó a Pepe Eliaschev. Esto que pasa es que me tiemblan las manos sobre las teclas y la voz cuando lo recuerdo. Esto que pasa es que esta querida radio Mitre, este periodismo independiente que amamos y este país han perdido a uno de sus mejores hombres. Conocí pocos periodistas con la formación intelectual y el rigor profesional de Pepe. Era exigente con los demás y con el mismo hasta la obsesión. No andaba con vueltas. Decía las cosas de frente y sin eufemismos. Eso le trajo algunos problemas de convivencia en los trabajos, pero se las bancaba como un señorito. Le gustaba que mi amigo el Zorro le regalara algún habano para fumar tranquilos después de la cena. Amaba profundamente a Victoria, su mujer y a sus hijos. Me agasajó un día en su casa con un asado maravilloso que compartimos con Luis Brandoni y Sergio Renán. Era muy hincha de Racing. Se inclinaba en el altar democrático, republicano y de manos limpias de Raúl Alfonsín. Amaba la palabra «crocante» y yo lo cargaba con eso. El se reía en esos momentos y cuando le confesaba que mi vieja, Esther, lo admiraba más a él que a mi. Siempre me decía:” no te agrandes que yo te conocí en calzoncillos” y se refería al tiempo que compartimos el camarín en América TV. Tenía una variedad de lenguaje notable. Utilizaba las palabras, con alas, colores y toda la multiplicidad de contenidos. Varias veces me quedé con la boca abierta viendo como improvisaba sus profundos, picantes y coherentes editoriales radiales. Cuando descubrí que no los escribía previamente pasó a ser mi ídolo. En la tele yo improviso, pero en la radio, redacto todos los días estos textos que leo. Pepe iba tejiendo conceptos y valores en el aire al correr de su voz. Eso se llama talento. No conocí a nadie que hiciera de la columna radial un arte como lo hizo él. Siempre se sintió orgullosamente judío y jamás le gustó que lo llamaran José Ricardo. Soy Pepe, le decía a todos. Supo escribir en el semanario de Montoneros y luego hacer una profunda y sincera autocrítica de la lucha armada. Fue redactor en la revista «Todo» de Bernardo Neustadt junto a Miguel Bonasso. Hacían sus primeras armas en el oficio y tal vez esto lo diga como un fallido, en todo el sentido de la palabra. La tenebrosa Triple A lo amenazó y tuvo que exiliarse en los Estados Unidos. Allí hizo un postgrado de periodismo y de amor por la libertad trabajando en una agencia de noticias internacional. Hizo coberturas memorables como la de la Nicaragua del sandinismo, por ejemplo. El ejército también lo prohibió como corresponsal en Nueva York de Neustadt y Videoshow.
Volvió a la Argentina y el primero que le dio su lugar de estrella fue Juan Alberto Badía en la tele. Fue censurado por los retrógrados reaccionarios que no aceptaron que en canal 7 hiciera una encuesta acerca del tamaño del miembro viril y su relación con el goce sexual. Era pornografía, decían los fachos de entonces. Era de la patota cultural alfonsinista, lo estigmatizaron. Hoy esas encuestas picarescas serían bebes de pecho para las groserías y el mal gusto que circula por los medios. Durante el kirchnerismo extremo que lo odiaba y lo acusaba de derechista o agente del Mossad fue atacado en forma permanente pero hubo dos momentos culminantes. Primero cuando no le renovaron su contrato en Radio Nacional y Mona Moncalvillo le dijo en nombre de Néstor Kirchner: «C´est fini, negrito». Se había terminado la voz crítica e insobornable de Pepe Eliaschev por orden de los Kirchner que jamás toleraron la pluralidad de voces. Después hizo un libro al que llamó «Lista Negra» y lo presentó en el colegio Nacional Buenos Aires donde orgullosamente había cursado su secundario.
Otra vez recibió la medicina amarga de una parte de su propia colectividad judía. Tuvo una primicia internacional y la publicó en la tapa del diario Perfil. Era el pacto secreto que Héctor Timerman había firmado con los iraníes en Siria. El canciller argentino, emblema de la traición, desmintió esa verdad y lo atacó igual que importantes miembros de la DAIA y la AMIA. Pepe tenía buenas fuentes y una fina intuición. El ratificó todo lo publicado y al tiempo, todo se confirmó. Todo lo que él había escrito era absolutamente cierto. Los desmentidores tuvieron que tragarse sus palabras pero fueron incapaces de pedir disculpas. En el aniversario número 20 del atentado terrorista a la AMIA, por suerte, tanto Luis Czyzewski, como quien les habla pudimos hacer un humilde desagravio de su figura y reivindicar su honestidad intelectual y su capacidad periodística.
Un día quise aumentar la calidad profesional de mi programa y convoque dos columnistas. A José Antonio Díaz en economía y a Pepe en internacionales. Fui a su oficina en la avenida Santa Fé y le confesé que me costaba ofrecerle que fuera mi columnista. «Por trayectoria y por capacidad, yo debería ser columnista tuyo, Pepe». Eso le dije. El me contestó emocionado: «Dejate de joder, es un orgullo que me convoques y de esa manera puedo volver a la tele». Lo habían marginado los autoritarios y el seguía peleando su oficio en radios humildes y valientes que le daban aire para que el kirchnerismo no lo asfixiara. Fue histórica su pelea en «Le doy mi palabra», en canal 26 con Diana Conti. Ella elogió a Stalin y el le saltó a la yugular como era su costumbre. «Es un carnicero que mató a 20 millones de personas», reaccionó. Terminó el reportaje a los gritos: Conti acusando de radical a Pepe al grito de » Ahora votá a Cobos» y el con la velocidad de la chicana le respondió: » Vos ya lo votaste», porque eran tiempos de Cristina, Cobos y vos.
Lo ví especialmente cansado el día que volvimos de la Feria del Libro a estos estudios de la calle Mansilla que el tanto amaba. Me dijo que era agotamiento por tener que hacer su trabajo sin intimidad ante la vista de todos. Pero al otro día vino todo amarillo. Pronto supimos que un criminal llamado cáncer de páncreas se había apoderado de su cuerpo. La peleó con coraje y quimioterapias. Era una fiesta para los oyentes y para él cuando podía venir a hacer el programa y presentar esa música celestial que tanto disfrutaba. Esa misma música que ponemos en su homenaje para decirle hermano de oficio, Pepe querido, periodista de raza y hasta la muerte. Hace dos años que te extrañamos.