Kicillof sigue haciendo daño – 15 de enero 2016

Axel Kicillof es el mariscal de todas las derrotas económicas de Cristina. Por algo fue elegido diputado por la Capital pero llevó a su partido a que lo sometieran a una paliza monumental.
Ayer, escondido detrás de las polleras, el Facebook y el twitter de Cristina, Kicillof siguió levantando el dedito como si no tuviera nada que ver con el desastre que dejó.
Soberbio, caradura y negador señala la paja en el ojo ajeno, el de Alfonso Prat Gay y no ve la viga en el propio. Hay cientos de datos para argumentar lo que le digo. Pero hay un par que son demoledores. A los buitres les debíamos poco más de 3 millones de dólares. Por hacerse el guapo y lavarse las manos, ahora Kicillof obliga a todos los argentinos a afrontar una deuda de casi diez mil millones de dólares. ¿Qué me cuenta? Alrededor de 6 mil millones de dólares vamos a tener que poner todos de nuestro bolsillo para pagar la jodita de Axel y su verborragia típica del infantilismo revolucionario. Y ahora dice que Macri y Prat Gay se arrodillan ante los Buitres. Otro dato:
El déficit primario del 2015 que dejó este muchacho es el más alto de los últimos 30 años, aunque quiera maquillar los números.
Hay que tener la cara de piedra para dejar el escenario lleno de bombas de tiempo y encima dictar cátedra y fustigar a los que están tratando de salir del pantano en donde Cristina y su chiquito nos dejaron. Menos mal que dijo que tenía todo estudiado.
Ningún país del mundo pagó tantos intereses como Kicillof al club de Paris.
Más que negociación eso fue una rendición, un bajarse los pantalones intolerable.
Y encima, dejó un rojo de más del 7% del PBI, es decir de arriba de 420 mil millones de pesos.
Tanto Cristina como Axel negaron hasta la existencia del cepo. Después, durante la campaña decían que era imposible salir rápido de esa locura porque la economía iba a estallar. Se equivocaron en todo. El cepo existía, era maligno para todos y fue levantado sin que se produjera ni una turbulencia.
Dice Kicillof que el gobierno de Macri solo toma medidas antipopulares como los tarifazos que se vienen en luz, gas y agua pero oculta que por el festival del despilfarro de subsidios a la clase media y media alta urbana generaron un agujero negro gigante en la cuenta energética que todos tuvimos que pagar a razón de más de 10 mil millones de dólares por año.
Se queja de los despidos masivos y dice que un joven que milita en política no es un ñoqui. Por supuesto que el gobierno de Macri viene cometiendo algunas improlijidades y errores en este tema y que deben ser más cuidadosos y no dejar sin trabajo a los que realmente trabajan. Y es verdad que ser militante no es un delito, todo lo contrario. Bienvenida la militancia política que fortalece y renueva la democracia. Lo que es imperdonable es que los militantes sean rentandos con los dineros del pueblo. Que hayan sido metidos en el estado a último momento para boicotear y poner palos en la rueda al gobierno actual y para dedicarse a defender a Cristina con marchas y carteles pero subsidiados desde el estado. Eso en un ñoqui. Esa es la degradación de la palabra militante. Eso es meterle la mano en el bolsillo a la gente común para bancar el proselitismo. Trabajadores y militantes son bienvenidos, son la base de la democracia. Ñoquis y vagos deben irse a su casa de inmediato.
El colmo es cuando Kichi acusa de represor a este gobierno por lo que pasó con los operarios de Cresta Roja. Esa empresa fue inflada artificialmente por el kirchnerismo. La llenaron de dinero que luego vaciaron. Los responsables del drama de los laburantes de Cresta Roja son un gobierno irresponsable que les regaló fortunas y un empresario igualmente irresponsable que no puede explicar que hizo con la plata.
El peor ministro de economía de la docena de años K se refugia en Cristina para negar la realidad. Es raro que no se le caiga la cara de vergüenza cuando dice que dejaron un país floreciente con el 5, 4% de desocupación. Más mentiroso no se puede ser.
El INDEC decía que había una inflación moderada y razonable. Por lo tanto no teníamos que preocuparnos por ocupar el podio de los tres países del mundo con más inflación junto a Venezuela y Sudán.
Pero Kicillof dice que todo eso son inventos de la prensa y las corporaciones que lo han llenado de barro para facilitar que vuelva el pasado del ajuste, la maxidevaluación y el estado ausente.
Kicillof es el que devaluó la palabra y el peso.
Es imposible encontrar algún éxito en la gestión de Axel Kicillof. Todos los indicadores, absolutamente todos, empeoraron cuando el camporita admirado por Cristina fue designado ministro.
En esos tiempos, se ganó el mote de “el más grande devaluador de la historia”. Es insólito, Su gobierno hizo que un dólar que estaba a 6 pesos pasara a 14 si teníamos en cuenta el dólar bolsa porque el paralelo ya había superado la barrera de los 15.
Rogelio Frigerio lo definió como un cirujano con mal de parkinson.
Los Kici boys, como les decían en su propio gobierno fueron tan altaneros como Cristina y tan ineficientes como la mayoría de los ministros. Pero esa megadevaluación negada que castigó ferozmente a los más pobres no fue su peor defecto. Lo más grave fue la devaluación de la palabra. El deterioro de la credibilidad de todos los indicadores sociales. Nadie creyó en esa humillación de no querer medir la pobreza para no estigmatizar a los pobres. Pocas veces se dijo algo tan antipopular desde una voz presuntamente progresista.
El gobierno de Cristina y su mano derecha en la economía se retiraron al llano con menos carne, menos maíz, menos trigo y con todas las economías regionales quebradas.
Por eso Cristina y Scioli perdieron por paliza en casi todos los distritos con raíces agropecuarias. Es lo que cosecharon Cristina y Axel después de sembrar mala praxis, ignorancia y autoritarismo.
Axel tiene una explicación para todo lo inexplicable. La culpa es de Clarín y de los buitres. Así de fácil y mentiroso. Hace cuatro años que no crece ni la economía ni el empleo privado. Las reservas eran casi inexistentes.
Todas sus medidas fueron por capricho o por venganza. Destruyeron la cadena de valor y consolidaron la recesión.
El relato mentiroso y encubridor de los fracasos de su gestión se cayó a pedazos y el ministro más marxista de Groucho que de Karl, la ayudó bastante a Cristina en esa tarea tan nefasta y reaccionaria. Porque de eso se trata, ministro Kicillof. Un gobierno que se autotitula popular y progresista debería haber combatido la pobreza y no ocultar a los pobres hasta convertirlos en los nuevos desaparecidos. Porque las cifras más prudentes dicen que cuando asumió Cristina había 8 millones de pobres y que dejaron, por lo menos, 12 millones. Dice Margarita Stolbizer que Cristina generó 95 pobres por hora en estos últimos tres años. Tal vez Kicillof no entendió bien. Lo que hay que multiplicar son los panes y los peces, y de ninguna manera los pobres. Un gobierno sensato debería apuntar a la pobreza cero. Ese debe ser el objetivo de todo gobierno que se precie de ser popular: pobreza cero.
Estigmatizar a los pobres es ignorarlos, hacerlos desaparecer de las encuestas y del interés del gobierno. Su mala praxis, señor Ministro ocultador de pobres, y devaluador de la palabra, tiró abajo todos los indicadores económicos.
Por algo su agrupación en la universidad se llamaba Tontos, pero no tanto. Podríamos definir a los argentinos de la misma manera. Somos tontos pero no tanto. ¿No le parece, señor Ministro?