Lucas, luz y aire fresco – 20 de enero 2016

Ya sé que todavía hay mucha basura que barrer. Ya sé que todavía hay muchas ollas nauseabundas de corrupción que destapar y limpiar. Ya sé que Lázaro Báez y Sergio Szpolsky están vaciando sus empresas tan kirchneristas y dejando cientos de trabajadores en la calle. Ya sé que 678, entre otros delitos que cometió, recibió 15 millones de pesos del Anses. Ya sé que Electroingeniería, la empresa de los amigos de Carlos Zannini y Julio de Vido fueron acusados de coimas en una operación con Petrobrás. Finalmente, ya sé que Cristina tiene que ir a la justicia y explicar lo inexplicable de su fortuna, de sus hoteles, del lavado de dinero y muchas cosas más.
Pero de vez en cuando uno se harta de tanta mugre. De vez en cuando tanta oscuridad y asfixia nos hacen buscar un poco de luz y de aire limpio. Un gesto solidario. Una imagen ejemplar. Algún liderazgo social que nos haga reconciliar con la condición humana. Se lo digo rápido y fácil. Hay momentos en que el estómago ya no soporta más tanto nivel de repugnancia y necesita contar alguna historia que nos ratifique la esperanza de que una sociedad mejor es posible y nos fortalezca para no bajar los brazos ante tantos ladrones que le roban el dinero al pueblo.

Esa historia la potenció el diario Clarín y Gisele Sousa Días. Es la conmovedora realidad del pibe Lucas Cesio que está a punto de cumplir apenas 13 años y ya es un héroe social, un espejo en el que muchos chicos y muchos grandes deberíamos mirarnos. Es que muchas veces nos quejamos por tantas pavadas…

Lucas es el pibe que vivía con su familia en un auto abandonado y sin embargo, con un esfuerzo monumental, pudo terminar el colegio primario y soñar con un futuro de igualdad de oportunidades para pelearle a la vida. ¿Se acuerda? Fue tapa del diario en su momento y eso desencadenó una serie de notas en muchos medios y desató una catarata solidaria que todavía sigue dando noticias maravillosas.

Lucas pasó gran parte de su vida con un único techo: un coche fundido que había sido abandonado en la calle. Su cama fue una butaca vieja y gastada. Su abrigo, el cariño de su vieja y de sus hermanos que por las noches lo acunaban con los ruidos del empedrado y la madrugada. A esa hora, Marisa, apoyaba su cabeza contra el volante destartalado y lloraba en silencio para evitar que se despertaran sus changuitos. La vida la golpeó mucho. Le pasaron todo tipo de calamidades familiares y personales que la arrojaron contra un rincón, totalmente desamparada. Es desgarrador escuchar cuando ella cuenta que Luquitas le preguntaba:

-Mamita, ¿Por qué nos pasan estas cosas? A ella se le estrujaba el corazón pero le respondía con una entereza y una sabiduría fuera de serie: “Nos pasan estas cosas porque podemos superarlas. Tenemos una familia, nos ayudamos entre todos, somos privilegiados por tener tanto.”

Como a tantos chicos, Lucas es un apasionado por el fútbol y los fierros. Se manifestó un fanático de Argentinos Juniors, el bicho de la Paternal y confesó que le gustaría ganarse la vida como mecánico de autos. Esas utopías tal vez lo empujaron a sacar al gladiador que tenía adentro.

Apretó los dientes, cerró los puños y se puso al frente de su propio crecimiento y esfuerzo. En verano salían del auto rajando apenas amanecía para no cocinarse con ese horno en el que se transformaba el auto. A veces una gaseosa era desayuno para todos los hermanos. Un baño en la estación de servicio y un bar generoso para que en sus mesas hiciera la tarea y estudiara hasta poder llegar al máximo logro de su vida. Hay un diploma que lo acredita como egresado del primario de la escuela Nro 5 Enrique de Vedia de Villa Urquiza. Millones de argentinos jamás olvidarán esa foto de Lucas con el guardapolvo blanco y su diploma en la mano, mostrando con orgullo el producto de su capacidad y entrega. Parecía un jugador de Argentinos Juniors levantando la copa de campeón. Ese día de alegría y emoción casi se quiebra recordando a tantas panaderías, pizzerías y almacenes que solían ayudarlo con algo de comida para que la vida siguiera más o menos normal.

Mi hijo Diego le hizo una nota conmovedora a la mañana en esta querida radio y hubo una gran respuesta de empresas y oyentes. A la noche en Los Leuco le regaló la camiseta de Argentinos firmada por todos los jugadores y mañana va a estar en los estudios de la calle Mansilla para llevarse la computadora que aún no tiene.

Pero la empatía que despertó Lucas movió montañas. Todos querían darle una mano. El club lo convirtió en socio honorario, la ciudad lo alojó en un hotel con su familia, recibió becas y regalos de todo tipo. Esta mañana lo ví a Lucas en la pileta del club, jugando en el agua con sus amigos y la vida me dio un beso en la boca, diría Serrat. Estaba yo analizando las porquerías cotidianas que muchos funcionarios traidores y delincuentes generaron cuando ví la sonrisa de Lucas en el agua celeste de la vida hecha pileta. Eso solo me levantó el ánimo en un minuto. Eso solo me hizo tener esperanzas en que esta bendita Argentina salga adelante. Eso solo me hizo pensar que Lucas es uno y que debe ser el camino que todos los chicos argentinos deben encontrar con la presencia necesaria y transformadora del estado nacional. El día que todos los Lucas que sufren privaciones, desnutrición o que viven en la calle puedan tener un hogar y una buena alimentación, el día en que la utopía de la igualdad de oportunidades se concrete, nuestra Nación habrá crecido como nunca y todos sentiremos un orgullo legítimo de ser ciudadanos de este territorio.

Como verán hoy no hay palos para nadie. Como verán hoy hay caricias para el alma de todos. Tengo la necesidad de hacer un alto en el camino y apostar a la ternura que es invencible. Esta también es una tarea de los periodistas. Desenterrar las verdades ocultas, denunciar todas las trampas del poder, pero también abrir las puertas y ventanas para que entre el sol y el aire limpio.

Este año los reyes magos llegaron de golpe para Lucas. Tenían la forma de sus mayores ídolos, los jugadores de la primera a los que suele ir a ver entrenar. Lautaro Rinaldi le regaló la malla. El arquero Ojeda, le prometió sus guantes.

Marisa también tuvo su gran satisfacción: hoy tiene un trabajo digno.

Otras personas hechas de la misma madera noble su corazón le ofrecieron a Lucas hacer dos cosas que jamás hizo: viajar en avión y conocer el mar. Un viejo poeta decía que el mar es como el cielo, pero abajo. Es tocar el cielo con las manos y nadar con todo el cuerpo entre las nubes. El mar, querido Lucas, es tan gigante como nos alcance la mirada y tan pequeño como el lugarcito que elijamos para bucear. El mar es vida y belleza. Tiene la amplitud que a Lucas le faltaba en ese auto abandonado en el que vivía. El día que Lucas conozca el mar y pueda volar será definitivamente feliz. Como si la vida necesitara premiarlo por tanto esfuerzo y sacrificio. Como si la sociedad hubiera construido un arbolito de navidad eterno para un pibe que se lo ganó con sangre, sudor y lágrimas. Lucas lo sabe. Sus ojos alegres lo transmiten. Hoy Lucas es un faro que nos ilumina a nosotros ante tanto malandra que deberá rendir cuentas ante la justicia. Hoy Lucas nos permite respirar con alegría frente a los malos argentinos que nos asfixiaron durante tanto tiempo. Lucas es un nombre de origen griego que significa “el luminoso” o “el que resplandece”.

No estoy seguro, pero ojalá que Lucas, sea el nombre del futuro para todos los chicos argentinos.