Hoy abrimos la ventana en Le doy mi palabra. Hoy necesito respirar aire puro. Hace varios días que vengo denunciando la basura de la megacorrupción de estado y de los que se robaron todo, pero sobre todo, la ilusión de los más pobres de los pobres.
Pero hoy me resisto. Me siento intoxicado, con tanta barbarie y tan poca civilización. Hoy quiero mirar hacia adelante para ver una Argentina distinta que crece en silencio. Hoy quiero compartir con ustedes la historia de un joven que nos hace recuperar la esperanza. Hoy me gustaría recordar que no todo está perdido. Que hay futuro y hay equipo. Que la inmensa mayoría de los jóvenes no son corruptos ni aman las drogas. Que muchos están haciendo escuela.
Le quiero hablar de Tomás Montemerlo. Tiene apenas 28 años pero ya es un héroe social al que los argentinos le debemos mucho. Un ejemplo, un espejo para que todos podamos mirarnos. Hoy es el líder de una ONG maravillosa con nombre maravilloso que se llama “Voy con vos”. Es el ganador del premio “Abanderados de la Argentina Solidaria” y bien ganado que lo tiene. Escuche esta historia y le prometo que después de respirar tanta porquería que contamina el alma va a volver a creer y a tener confianza en nuestra gente.
Tomás nunca pasó privaciones. Viene de una familia de profesionales del derecho y estudió en el colegio Champagnat. Tenía 16 o 17 años, era un pibe de esos que están más en edad de ir a jugar al fútbol y a bailar, o a jugar a la play, pero con otros chicos fue a misionar al Chaco. Cuando llegaron en el micro a Tres Isletas, en el corazón más humilde de la provincia, el corazón de Tomás empezó a latir de otra manera. Sintió el llamado de la solidaridad. Ese maravilloso sentimiento que nos lleva a hacer el bien sin mirar a quien, de dar una mano al que lo necesita. A dar hasta que duela, como decía la madre Teresa.
El paisaje del Lote 20 es similar al resto de la geografía de la pobreza. Calles de tierra, casas de adobe, bicicletas que gambetean perros, mucho mate y poca comida y todo por hacerse. Tomás siempre supo que no hay mejor manera de ayudar a construir un futuro que la educación. Es el gran motor de la igualdad de oportunidades y de la libertad. El que estudia puede elegir y dejar de ser esclavo o cautivo de cualquiera. Allí los chicos, con mucho esfuerzo llegaban a terminar el séptimo grado y listo. Seguían trabajando con sus padres en las cosechas, en changas de todo tipo porque lo único que sobra son las privaciones y las carencias. Comer todos los días es un desafío. Muchos chicos no conocen lo que es un inodoro y ni que hablar de internet. Muchos no podían seguir estudiando en el colegio secundario a pesar de que ese era su sueño, su humilde utopía. A partir de ese momento, ese pasó a ser el sueño de Tomás y de sus compañeros de Voy con vos. Mover cielo y tierra, buscar padrinos, multiplicar becas, todo lo que hiciera falta para que muchos pibes pudieran acceder al secundario. Les costó sangre, sudor y lágrimas. Con mucho esfuerzo ayudaron a fortalecer la escuela secundaria rural Nro 829 “Don Sixto Sena”. Las distancias económicas y de kilómetros son tan grandes que si no hay una escuela más o menos cerca, el ciclo educativo terminaba en el primario.
El primer año, Tomás se quedó una semana. Después empezó a ir tres o cuatro veces al año al Chaco durante los fines de semana. Estaba estudiando en la facultad. Cuando se recibió de licenciado en administración y empezó a trabajar en una empresa mediana de vitivinicultura ya pudo organizar mejor los tiempos y con otro grupo de jóvenes extraordinarios como él pusieron manos a la obra, se arremangaron, se pusieron las pilas, como dicen ellos y decidieron para toda su vida amar a sus prójimos como a ellos mismos.
Voy con vos, con Tomás a la cabeza hizo milagros bien concretos. Con las mejores armas combatieron las peores plagas. Construyeron bibliotecas, talleres de carpintería y otros oficios para sembrar la dignidad del trabajo, huertas donde cosechan sus propias verduras, criadero de pollos, consultorios para combatir el hambre y la desnutrición, teatro de títeres, guitarreada y una energía especial para apoyar y contener a las argentinas más necesarias que son las maestras rurales. ¿Se acuerda de la canción? Millones de argentinitos frente al misterio del pizarrón.
En ese mundo chaqueño de las necesidades básicas insatisfechas se metió hasta el cuello Tomás y sus compañeros. El mensaje es claro: voy con vos. Estoy a tu lado. Te acompaño para que juntos atravesemos el desierto de las dificultades. Hoy hacen una fiesta cada vez que un chico termina el secundario. Es como si salvaran una vida. O le dieran otro sentido. O le abrieran las puertas de la libertad para que ese chico vuele con sus propias alas hacia donde quiera.
Tomás Montemerlo podría vivir en el medio del consumo y la diversión de cualquier chico de un hogar de buena posición económica. Pero se fue metiendo tanto en el alma de los chicos chaqueños y ellos se fueron metiendo tanto en sus zapatos que tomó la decisión de irse a vivir a Tres Isletas. ¿Se da cuenta lo que le digo? La vida lo hizo nacer en una cuna donde nunca le faltó nada. Pero su vocación de servicio, su compromiso con sus hermanos más pobres, lo llevó a mudarse para compartir con ellos hasta el suelo que pisan y el cielo que miran. Tomás demuestra que no todos los jóvenes son como los hijos de Lázaro Báez que solo tienen tiempo para contar dólares y euros y andar a 200 kilómetros por hora en un AUDI robado a las urgencias de los compatriotas más débiles. Tomás demuestra que se puede encontrar la felicidad en la construcción colectiva de una sociedad mejor y en la educación y no en un pastilla de éxtasis.
Tomás puso su vida al servicio de la reparación de los agujeros negros sociales. Cicatriza ilusiones rotas, cierra heridas. Le pone el cuerpo a la lucha por la inclusión que es la lucha por una Argentina mejor.
Santo Tomás de Aquino es el patrono de todos los centros de estudios católicos. “Voy con vos”, no tiene pertenencia político partidaria ni religiosa, pero Tomás Montemerlo es un constructor de ciudadanía e integración.
Tomás es el orgullo de su padre, Miguel. Los Montemerlo cuando se juntan celebran la vida y la solidaridad en estado puro. Esa es la felicidad. O algo muy parecido. Tomas es un abanderado de la Argentina que viene. Es el estandarte de lo mejor de nosotros.