Sembrar educación – 14 de julio 2016

Nos asombramos porque en medicina de La Plata aprobaron solamente dos de cada 100 alumnos. No podemos creer que ninguna universidad argentina esté entre las 50 mejores de América Latina. La mitad de los chicos que empiezan el secundario no lo terminan. Y de los que van a la universidad solo se reciben 20 de cada 100. Vamos a las encuestas y nos desayunamos que solamente para el 4% de los argentinos la educación es el principal tema de preocupación. Ricardo Roa escribió bien esta mañana: Nuestra educación es pésima pero no nos importa.
Todos los días los diarios son portadores de malas y buenas noticias. Pero creo que ninguna tan terrible y dolorosa como estas que le estoy comentando.
Está bien que los ciudadanos de este país estén preocupados por la inseguridad, la inflación, el desempleo, la corrupción y la salud. Pero está muy mal que no nos demos cuenta que la falta de educación es la madre de todos los problemas, pero que además, se puede convertir en la madre de todas las soluciones.
Albert Einstein dijo: “Si la educación les parece cara, prueben con la ignorancia”. Los datos del fracaso educativo de esta década aplazada dan vergüenza ajena y meten miedo sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo o en realidad sobre la forma en que estamos destruyendo a la sociedad que nos dejaron nuestros padres.
No es ninguna novedad que nuestros mejores años fueron los mejores años de la educación argentina. Fuimos ejemplo en el mundo. Ayer me comentaba Fabio Quetglas que tenemos 5 premios Nobel, tres de ellos en ciencias y que Brasil, por ejemplo, no tiene ninguno. Cuando los maestros y los profesores empezaron a perder prestigio social, o el respeto de los gobernantes, la Argentina se vino a pique. Hay que volver a poner de pie a los maestros para que se conviertan en pilares del país que viene. De un país donde un joven tenga más posibilidades de estar en clases o en el trabajo que robando o en la cárcel.
Ya en su época, Sarmiento decía que si no se educa a la gente por una razón de estricta justicia, por lo menos, se la debería educar por miedo. Es casi un teorema: lo que se malgasta en educación se multiplica en inseguridad. Un ex ministro dijo que mantener a un chico preso un año en un instituto es más caro que pagar los 13 años de escolaridad. Soy un convencido de que la educación es el instrumento más maravilloso que se conoce para combatir la indigencia, la marginalidad, la pobreza, la desocupación, la droga y el delito. No hay debate ni desafío más importante. Don José de San Martín decía que la educación era el ejército más poderoso para pelear por nuestra soberanía. Por eso estoy convencido que debe ser un tema de estado y no de partido. Para convertirlo en una epopeya nacional de todos los argentinos sin distinción de ningún tipo. Solo los mal nacidos pueden oponerse a que cada hermano que habita esta patria tenga la posibilidad de igualar sus oportunidades con los demás y educarse. Nuestro sueño colectivo debe ser el de iluminar tanta oscuridad. De convertirnos en predicadores de la civilización contra la barbarie. No podemos permitir que con un presupuesto realmente importante de más del 6% del PBI tengamos los malos resultados que tenemos. Se gastan fortunas en educación y los resultados son cada vez peores.
Yo tengo un sueño. Mucho más modesto que el de Martin Luther King, pero sueño al fin. Escuche, por favor:
Mi utopía es que convoquemos a una comisión asesora de los 10 expertos educativos más importantes de la Argentina sin distinción partidaria y que juntos trabajen para tener la mejor educación posible. Que juntos encontremos la manera de que los alumnos y los padres participen de una verdadera epopeya del conocimiento y que los salarios se discutan con tiempo y racionalidad. Es probable, maestros y maestras, que ustedes mismos tengan interés en recuperar el prestigio social que tuvo el maestro en nuestra sociedad. Recuperar el respeto. Y para eso, sin persecuciones ni caza de brujas, deberíamos fomentar que cada uno cumpla con su rol específico, que nadie se aproveche de las licencias por enfermedad y que el aula vuelva a ser un templo del saber y de la transmisión de ese saber. De esa manera los jóvenes sentirán orgullo de ser maestros. ¿Qué le parece?
No me olvido de aquellos agravios cargados de prejuicios del neoliberalismo de Carlos Menem que Cristina le enrostró a los docentes. Fue en un discurso de apertura del año legislativo. Cristina les gritó que trabajaban solamente 4 horas por día y que tenían 3 meses de vacaciones. Eso lo dijo una presidenta que mandó a su hija Florencia a una escuela privada primero y después a estudiar cine a los Estados Unidos. Y que no pudo lograr que su hijo terminara un estudio terciario de periodista deportivo. Pese a eso la mayoría de los sindicalistas docentes son ultra kirchnernistas.
Mi sueño es que todos los argentinos comprendamos que no hay nada que genere mayor justicia social que la igualdad de oportunidades a la hora de educar. Estamos obligados a reflexionar sobre este agujero negro en el futuro de nuestro país. El 52% de los adolescentes no comprende lo que lee. Qué me cuenta?
Es increíble la fuga de chicos del sistema público al sistema privado y no solamente en los sectores ricos de la sociedad. Entre los más humildes también emigran a escuelas privadas, baratas como las parroquiales o vecinales, pero privadas al fin. ¿Que buscan que el estado no les puede dar? Mas días de clases, mejor enseñanza, mas disciplina sin perder la libertad creativa, premios que incentiven a los que quieren progresar y castigos para los que se tiran a chanta, no igualar para abajo, fortalecer a los docentes que se quieran capacitar más y mejor, a un secundario que vincule al muchacho con el mercado laboral y productivo y una inclusión mucho más temprana de nuestros hijos.
Hay que atender especialmente a los más chicos en las zonas más vulnerables. Hay cinco millones de chicos pobres. Se nos tendría que caer la cara de vergüenza. Empezando por Cristina que dejó esa herencia. En los primeros años es donde se consolidan los mecanismos cognitivos y motrices. Nacen a la vida con una estimulación que los lleva a buscar el progreso a través de la cultura del esfuerzo y no de la dádiva. Nadie quiere emparchar el viejo sistema educativo. Cambió el mundo y la revolución tecnológica modificó la forma de asimilar conocimientos de los chicos. Por lo tanto se necesita una revolución educativa con los docentes como abanderados y los padres como escolta. Y el aporte de la sociedad civil. Un rediseño absoluto del sistema. Hay mucho por hacer. Construir el mismo amor por la libertad que por la ley. Que sean dos caras de la misma moneda. La educación debe ser prioridad nacional. Todos los derechos a los más necesitados y todas las obligaciones también. Para sembrar ciudadanía y recoger una mejor democracia. Por la deserción cero. Más todavía, por la ignorancia cero. Es por nuestros hijos que es una forma diferente de nombrar a la patria que viene. Ese color blanco de los guardapolvos es el color de la esperanza…