Para que no nos pase – 11 de octubre 2016

Ayer le hablé de los números, de esas cifras que marcan la temperatura de la descomposición social. La mezcla de justicia por mano propia y de inseguridad galopante es nefasta para la vida cotidiana y para el futuro de nuestros hijos.
Pero hoy le quiero hablar de las personas de carne y hueso. De nuestros hermanos argentinos que tienen un agujero negro en el alma y nos interpelan con su coraje que nos convoca a no quedarnos callados para que no nos pase lo que les pasó a ellos. Ese es el sentido último de la convocatoria que va a ocurrir en un rato en el Congreso de la Nación.
Son argentinos a los que el delito les arrancó una parte de su corazón y encima tienen la actitud solidaria de exigir y reclamar para que no nos pase a los demás lo que ellos sufrieron en carne propia.
Ellos conocen profundamente el dolor y el desgarro. Porque nadie se los contó. Lo llevan como pueden, como una mochila de luto permanente sobre sus espaldas y con una tristeza que les atraviesa la mirada. Se han hecho fuertes en la debilidad. Se han juntado codo a codo porque saben que son mucho más que dos para superar la soledad de la pérdida.
Son víctimas o familiares de víctimas de los delincuentes, de la inseguridad vial, de la ineficiencia y la corrupción del estado.
Dentro de un rato estarán presentes los que están ausentes producto de motivos evitables. Hoy volverán los que no vuelven.
Estará la estrella luminosa de Ángeles Rawson, Mumi, como le decía su familia que la adoraba. Estará en una pancarta con su foto que portará como estandarte su madre, Jimena Adúriz quien recién ahora se está poniendo de pié ante tanto desgarro. Hoy el asesino, el femicida de su hija, el portero Jorge Mangeri está preso pero nadie sabe hasta cuándo. Hay mucho juez sin corazón y sin estómago que siempre encuentra un motivo para liberar a un criminal. Chicanas legales, buena conducta, coimas, ideología falsamente progresista, siempre hay un motivo para soltar al que mató sin ningún motivo.
Hoy estará Isidro, el bebito que estaba en la panza de Carolina Píparo el día que los motochorros la atraparon en una salidera bancaria. Le quisieron robar unos pesos y le robaron la vida de su hijo que no tiene precio. Isidro siempre está presente en el alma de Carolina, en el recuerdo de muchos argentinos que sufrieron con ella ese calvario y en los reclamos que hoy se van a multiplicar por miles. Esta mañana Carolina se quejó de que muchos jueces siempre protegen a los delincuentes y se molestó con la ex presidenta Cristina porque, según dijo: “Ahora habla de inseguridad pero durante su gobierno, nunca la reconoció”.
Hoy estará Lucas Menghini, con su guitarra, madera noble su corazón y su hijita que no pudo disfrutarlo como padre. María Lujan Rey lo traerá de la mano. Para que nunca más la corrupción asesine gente y convierta a un tren como el del siniestro de Once en una tumba sobre rieles. Para que el triángulo de gremialistas, empresarios y funcionarios corruptos no se la lleve de arriba y pague con la cárcel el daño irreparable que causaron.
Hoy estará nuestro querido colega José Luis Cabezas. El chabón bravo, ese fotoperiodista monumental que tuvo los huevos y la habilidad de fotografiar al mafioso de Alfredo Yabrán. Habrá cámaras de reporteros gráficos apuntando al cielo y globos negros para que nadie olvide a nuestro colega que se jugó la vida por nosotros y por una sociedad lejos del crimen organizado. Hay Gladys, la hermana de José Luis, dirá que la impunidad es una tragedia que vuelve y que hay que proteger la vida y la libertad de expresión. Que saber todo lo que pasa en una sociedad no es un derecho de los periodistas, es un derecho de los ciudadanos y una obligación nuestra. Todos gritaremos “Cabezas presente” y a todos se nos escapará una lágrima en homenaje y un gesto de bronca porque uno de sus asesinos dio cátedra en la facultad de periodismo de La Plata, igual que Fernando Esteche.
Hoy estará toda la familia Bagnatto acompañando a Matías, el único sobreviviente. La masacre de Flores se llamó a que Fructuoso Álvarez González le prendió fuego a la casa de los Bagnatto y mató a los padres, dos hermanos y un amigo. El criminal salió en libertad y amenazó a Matías con incendiarlo a él también y completar su odio asesino. Por suerte, Matías puso el grito en el cielo y hoy Fructuoso volvió a la cárcel.
Nilda Gómez es la madre de una de las 194 víctimas de Cromagnón. Tal vez la mayor tragedia producida por causas no naturales. Nadie olvidará tanta muerte joven como la de Mariano que no pudo completar su carrera de abogado. Su madre estudió y se recibió en homenaje a su hijo.
Hoy estará en el Congreso el recuerdo de Kevin Sedano que fue atropellado por un automovilista en la Avenida Libertador a la altura de Vicente López. Su madre, Vivian Perrone es un ejemplo de lucha sin desmayos que jamás bajó los brazos para mantener en alto la memoria de su hijo.
No faltará la imagen de Ana María Domínguez en el recuerdo de Roberto, su esposo que lucha contra los femicidios como el que sufrió ella. Ni los carteles con la carita joven de Axel Ayala que fue asesinado para robarle el auto. Tenía un hijo de 7 años y lo liquidaron de un tiro en el corazón. María Esther, su madre nunca deja de pasar la oportunidad para pedir justicia y repudiar la impunidad para que su hijo pueda descansar en paz.
O esa carita inocente de Arian que con sus 5 añitos fue asesinado mientras estaba jugando en la vereda de su casa de Lomas del Mirador. Cecilia, su madre coraje, cuenta que uno de los tiros de los delincuentes le pegó a Arian que pese a cinco operaciones que le hicieron, finalmente murió. Hay que ver su foto con el guardapolvo del jardín y su sonrisa. No se pueden evitar las lágrimas que estremecen.
O Nicolás que con 23 años perdió su vida por un teléfono celular que dos motochorros le quisieron arrebatar en Lomas del Mirador cuando volvía de la facultad. Claudia, su madre, no olvidará nunca su doble condición de víctima. Ella fue víctima del delincuente que mató a su hijo y del estado que no supo protegerla ni acompañarla en el peor momento de su vida.
Inseguridad, Injusticia e Impunidad son tres palabras brutales que juntas multiplican las muertes y el horror. La sociedad que se moviliza y reclama siempre tiene más posibilidades de construir un futuro menos cruel que los que se callan y aceptan mansamente derrumbarse en su dolor individual. Y el resto de los argentinos tienen la obligación moral de acompañar en el duelo, en el sentimiento pero también en la acción colectiva que trate de extirpar la impunidad de nuestra querida tierra.
Alertar es necesario. Prevenir es curar. Participar es una manera de construir en forma colectiva los valores republicanos y pacíficos que necesitamos para desarrollar el país que queremos para nuestros hijos.
Argentina sangra y hay que parar urgente la hemorragia. Ellos que sufrieron y sufren tanto nos quieren ayudar. A ellos, a los que les pasó les debemos mucho. Entre otras cosas que nos quieran proteger y evitar que nos pase lo mismo. Solidaridad en estado puro frente al desamparo que ellos sufrieron. No pagan con la misma moneda ni buscan venganza. Siembran hermandad y quieren cosechar justicia.