No a las mafias, si al trabajo – 1 de mayo 2017

El trabajo dignifica y significa. El trabajo y el amor son los dos motores que mueven el mundo. Nuestra vida y la de nuestra familia gira alrededor del trabajo. Es lo que nos permite crecer y multiplicarnos. Multiplicar los panes y los peces. Desarrollar nuestras capacidades. Sacar lo mejor que tenemos adentro. Es el orgullo que llevamos en el pecho. El sacrificio personal, la superación constante, la cultura del esfuerzo que heredamos de nuestros viejos y nuestros abuelos. Es un mandato de la vida desde el fondo de los tiempos. Es un mandato ético y bíblico que nos recuerda eso tan sabio de que ganarás el pan con el sudor de tu frente. Hay pocas cosas más horrorosas que no tener trabajo. Con excepción de la muerte, es lo más doloroso.
Es como morir en vida. Un desocupado es alguien que no tiene ocupación. Que fue condenado a ser pero a no ser. Los desocupados son los desaparecidos de estos tiempos. Se los intenta borrar de todos lados. Los Kirchner los quisieron hacer desaparecer hasta de las estadísticas oficiales.
Fueron demasiadas llagas abiertas los desocupados que dejó Cristina y encima, Macri los aumentó porque se destruyeron 100 mil puestos de trabajo en su primer año de gobierno. Esa fue una noticia feroz. Una bomba de fragmentación en las ilusiones de mucha gente que, incluso había votado por Macri. Pero muchos pequeños comercios y empresas medianas tuvieron que cerrar sus puertas por el derrumbe del consumo. Los taxistas facturaron mucho menos. Los almacenes de barrio también. Muchos profesionales jóvenes bajaron sus ingresos. Y muchas changas que se hacían en el Conurbano, desaparecieron producto del freno de la construcción. Por suerte, hace ya varios meses que la tendencia se revirtió y en lugar de destruir, se están construyendo puestos de trabajo. La obra pública adquirió una velocidad notable y eso se nota en el aumento de la venta de asfalto y de los albañiles que volvieron la actividad. Ese motor potente ya se encendió. Solo en 8 meses se licitaron obras públicas por 11.140 millones de dólares. Es un gran avance. Pero todavía falta mucho. Este país no se puede permitir que haya hermanos sin trabajo. Que haya casi cuatro de cada diez trabajadores en negro y que a los que están un poco mejor, el gobierno les meta la mano en el bolsillo mientras disfrazan de impuesto a las ganancias un despojo al salario. Siempre digo que la historia juzgará a los gobernantes por la cantidad de trabajo genuino y en blanco que puedan generar. La historia condenará o absolverá a los presidentes por este motivo. Porque es la medida de la justicia social plena. Esa es la manera de hacer una sociedad más igualitaria y más equitativa. Es una afrenta a nuestra conciencia que haya tantos trabajadores en negro. No existen, no están registrados, se los borra de los libros, los expulsan a la marginalidad. Trabajo en blanco para todos. Esa debería ser la consigna del mejor de los gobiernos. Lo grita Jairo con Atahualpa cuando dice: “Trabajo/quiero trabajo/Porque esto no puede ser/ No quiero que nadie pase/ las penas que yo pasé/ Porque todos estamos a tiro de telegrama.
Todos podemos quedar desocupados y sufrir el desprecio de no tener precio. De estar depreciados y despreciados. De sentirnos abandonados y por eso abandonar. Mientras más desocupados hay en una patria más fragmentada está. Más quebrada en sus cimientos. Un estudioso como Jeremy Rifkin dice que por cada punto que aumenta la desocupación, crece un 4% la criminalidad. Es como desquiciarse, perder el rumbo, quedarse sin futuro. Sentir vergüenza ante la familia. El desgarro de no poder ser proveedor de tus hijos. Uno está habilitado a creer que por cada punto que aumenta la ocupación, hay un 4% más de seguridad y paz en la sociedad. Nos hacemos mejores personas, más humanas, menos rapaces. Insisto con una idea:
falta mucho por hacer. Hay millones de beneficiarios de planes sociales. Y esa es una moneda de dos caras. Atiende la emergencia y eso es solidaridad básica pero, en algunos casos, los condena a no volver a integrar la fuerza de trabajo.
Por eso es muy positivo el anuncio del presidente Mauricio Macri respecto de lo que llaman “sistema de empalme”. Primero lo impulsará el ministerio de trabajo con los 280 mil planes que tiene. Supongamos que el plan es de 4.000 pesos. Ese dinero será un vale para que un empresario privado complete el resto del dinero para llegar a un sueldo digno y lo sume como trabajador efectivo y en blanco. Es un salto gigantesco desde lo social. La persona pasa de estar subsidiado por el estado a formar parte del mundo del trabajo. Es reinsertarlo en el lugar donde puede progresar por sus propios méritos y no depender de una ayuda externa.
Se debe poner la maquinaria del estado a construir fuentes de trabajo. Se puede fundar una nueva sociedad o fundir un país. Con Cristina, las mentiras del INDEC no nos permitieron hacer un diagnóstico riguroso. Pero alcanzaba con salir a caminar el conurbano y las espaldas de las grandes ciudades para certificar el desastre que dejaron.
Hay muchas asignaturas pendientes pero que esta es la más importante. Trabajo digno y en blanco para todos y todas. Ese es el camino para combatir la pobreza y la indigencia de verdad y no la malversación de las estadísticas o la condena a la eternidad del clientelismo de los planes. El que esconde desocupados o pobres hace salvajismo de estado. Comete un ocultamiento de lesa humanidad. No solo porque no atiende a los desocupados. Además, porque ni siquiera los tiene en cuenta. Porque los borra del mapa, los ningunea. Hay que operar sobre la realidad y la verdad.
Decir por ejemplo que la inflación todavía es alta. Pero la es la mitad que teníamos el año pasado. Y eso le hace recuperar poder adquisitivo el salario. Por eso y por muchas cosas más hay que eliminar el veneno inflacionario que siempre perjudica a los más pobres.
Y combatir a las mafias sindicales que se aprovechan de sus afiliados para llenarse los bolsillos. Estamos hartos de ver trabajadores pobres y gremialistas millonarios y atornillados a sus cargos como si fueran una monarquía. No digo que todos sean patoteros y ladrones. Pero los Caballo Suarez, los Pedraza, los Zanola que está presos son una muestra clara de esa mafia sindical.
El trabajo es la base pero no es todo. Ese argentino que tiene trabajo necesita además una vivienda y la posibilidad de darle salud y educación a sus hijos. Esa es la famosa igualdad de oportunidades que debemos conquistar. Como canta el talento de Alejandro Lerner que lo dice todo: “Que no nos falte el trabajo ni las ganas de soñar que el sueño traiga trabajo y el trabajo dignidad”.