Andahazi y la radio – 4 de mayo 2017

Nació para la radio. Hablo de Federico Andahazi que está allá en la Feria del Libro. Andahazi nació para la radio o mejor dicho, nació para jugar con las palabras en todos los formatos y en todos los soportes. Es un hombre que hace magia con las letras. Las saca de la galera y las convierte en palomas. En la literatura es un exquisito provocador intelectual que se cansa de vender libros cada vez que publica. Tiene calidad y es popular, una fórmula que es bastante difícil de encontrar. Pero, le doy mi palabra que las palabras que amasa Federico saltan de la letra escrita al lenguaje oral y no pierden una pizca de su talento, de su profundidad y de su humor mordaz hasta la chicana. En las redes sociales es un gladiador defendiendo sus verdades con su metralla de 140 caracteres y yo diría que cada vez que lo critican o intentan atacarlo lo potencian en su energía y coraje.
Se tiene una fe y una confianza infernal. Algunos dicen que esa es la definición de talento.
Siento orgullo porque Federico trabaja conmigo. Siento la envidia sana del resto de los conductores de la radio que lo quisieran tener en sus programas. En la jerga interna de los medios, se dice que Andahazi “rinde”. Es que no dice boludeces, y lo que dice lo dice con belleza, humor y en muchos casos, como recomienda el genio de Arturo Pérez Reverte, “con ánimo de ofender”. En los tiempos de cólera que vivimos a veces, el género del panfleto nos sirve como autodefensa. Lo sé porque lo vivo en carne propia y también suelo levantar la ironía cruel y utilizar un lenguaje directo, despojado de eufemismos. Me irritan los colegas que apelan a esas gambetas a las verdades y se esconden bajo el falso rótulo de periodistas equilibrados o equidistantes. Ya lo dijo el Papa Francisco: “Si la prudencia se convierte en inacción, es cobardía”.
Siento orgullo porque Federico integra este verdadero dream team que me acompaña todas las tardes en radio Mitre, la catedral del periodismo. Y le confieso algo. También eleva mi autoestima que yo lo haya elegido. Es relativamente fácil traer una figura de otra radio. Se le paga un mejor sueldo y listo. Pero yo le ofrecí el trabajo a Fede sabiendo que nunca había laburado en radio. Eso me pone feliz. Siento que tuve la sensibilidad profesional para descubrir sus condiciones. Que la pegué con el casting o que hice una buena política de cuadros como diríamos los militantes de los 70. Me avivé al escucharlo como entrevistado en la tele y en la radio. Es preciso y tiene un vocabulario selvático. No tiene miedo a llamar a las cosas por su nombre. Es capaz de explicar todo con la facilidad que requiere una radio masiva de audiencia multitudinaria. Su voz y su cadencia son agradables.
Solamente tuve una duda que la despejé en este tiempo que llevamos juntos. Pensé que semejante figura intelectual iba a ser un muchacho difícil, lleno de egos y caprichitos en una feria de vanidades. Egos revueltos, como diría Juan Cruz. Fue un prejuicio. Lo reconozco. Pero estaba dispuesto a lidiar con eso. Siempre digo que el líder de un grupo o el conductor de un programa debe saber sacarle a cada uno lo mejor que tiene. Y ordenarlo repartiendo la pelota en el momento justo. Federico tiene otra virtud clave para haberse convertido en la gran revelación de la radio del año 2016. No está desesperado por hablar. No va a todas las pelotas como suelen hacer equivocadamente algunos columnistas ansiosos.
Un columnista que tiene la camiseta con el número 10 en la espalda no tiene que hablar de todo, todo el tiempo. Pero cada vez que toque la pelota tiene que desequilibrar. Un amague, una pisada que sorprenda, tirarle un caño a la mediocridad si le da el cuero. Y le da el cuero. Y meter goles todos los partidos.
Siento orgullo porque este libro al que hoy estamos bautizando entre este estudio legendario y la mítica feria, nació entre estos micrófonos y auriculares. Es un libro que se escribió en el aire, en el aire libre de radio Mitre.
Dice su cortina de presentación, otro acierto, que el equilibrista, es lo que hace, está de tu lado y hace equilibrio, igual a vos.
Parece escrito para Federico. Que es lo que hace: escritor, psicólogo, polemista político, esgrimista de enjundia y un motociclista que valora el pasado y la historia de sus máquinas, que disfruta de la libertad que el viento le dibuja en la cara y que se mete por todos los rincones de la realidad.
Está de tu lado. Tiene el ADN del periodista porque es abogado del hombre común y fiscal implacable del poder. De todos los poderes. De todos los que se la creen. Y hace equilibrio como todos. Vivimos en la cuerda floja. Muchos rezan para que nos estrellemos en el suelo y otros para que nuestras cabriolas hagan feliz a la mayor cantidad de gente posible.
Todos queremos lo mismo. Salir del abismo, dice Hilda Lizarazu y dice bien.
La radio, según el glorioso Negro Guerrero Martinheitz es el teatro de la mente. Y sobre este escenario, Federico hace varios papeles. Es un detective de la historia que nos ayuda a pensar y comprender, es un profesional que te lleva la terapia a domicilio y no necesita diván para resucitar a Freud y finalmente es un justiciero que como un Llanero Solitario del tercer mundo se coloca la máscara y sale a cabalgar vestido de Sátiro Político. Y hasta los más poderosos tiemblan frente a las dagas filosas que arroja por el éter y suelen dar en el blanco.
Federico Andahazi como dice la contratapa es un escritor de ficciones y ensayos. Pero hoy es mucho más que eso. Parió en la radio, en Le doy mi palabra, otro Federico Andahazi que llevaba adentro pero que todavía no conocía del todo. Es un anatomista que descubrió un nuevo lugar de su propio placer. Es el que zigzaguea entre santos y pecadores. El que heredó de Samuel Merlín su abuelo materno la actitud del tanguero de “Errante en la sombra”, acodado en el billar bien porteño de “La Academia” en Callao y Corrientes.
Cada vez que se metió y nos metió de prepo en su propia intimidad me conmovió y conmovió a los oyentes hasta las lágrimas. Una vez con la garganta quebrada no pudo seguir narrando esa historia descomunal y mágica de El Conquistador y la batalla galáctica que tuvo que dar su hijo recién nacido. O ese encuentro casual que tuvo con su padre. Federico había crecido sin conocerlo y sin querer conocerlo. Pero en la solapa de un pequeño libro de poesía descubrió la foto de un tal Béla Andahazi-Kasnya y la tierra tembló bajo sus pies. Nunca le pudo decir Papá.
Ese día que Andahazi se quebró y lloró se recibió de hombre de radio. Hay miles de voces que pueden dar informaciones u opiniones. Mejores o peores. Pero el diploma radial se logra cuando una persona se permite llorar y hacer llorar sin demagogias baratas ni golpes bajos. Cuando pone su corazón y sus entrañas en el micrófono.
Por su pinta parece un mosquetero. O un quijote que se quedó sin Rocinante y tripula motos bellas y gigantes como catedrales góticas. Hoy deleita a los televidentes con sus novelas itinerantes e instantáneas viajando en su sidecar.
Andahazi odia el sectarismo, el autoritarismo y la mediocridad. Andahazi acaba de parir un nuevo libro. Acaba de dar a luz y de iluminarnos el camino. Andahazi nos da su palabra todos los días. El equilibrista está de nuestro lado. ¿Qué más podemos pedir?