La ministra que se divierte con los crímenes – 30 de agosto 2021

Como suele ocurrir, el que más duro
fustigó a Sabina Fréderic, fue Sergio Berni. Le disparó fuego amigo a discreción. Dijo que “el daño de las palabras es grandísimo, me parece que está viendo otro canal. Capaz que se cree que nosotros estamos de joda y por eso, ella, en pleno Olivos gate salió a pedir la reelección de Alberto. La impunidad de sus palabras fueron más que un acto fallido, es la incomprensión del país que se quiere gobernar”. Como si esto fuera poco el ministro peronista de la provincia le dijo a la ministra peronista de la Nación que:”Para ella el Conurbano es el campo del onanismo intelectual. Capaz que la disciplina le parece aburrida y por eso quizás banque a la maestra que quiere adoctrinar a nuestros hijos”.
Berni no le aflojó un minuto: “Total
nosotros nos vamos con custodia a la casa. Así cualquiera la pasa de joda. Ella se pasó de joda toda la pandemia. Porque no viene a trabajar a la villa con nosotros. Debería divertirse menos y trabajar un poco más.”.
En cualquier país serio del mundo, este
cruce
de funcionarios de seguridad de un mismo partido, hubiese terminado con la tarjeta roja para uno de ellos. Pero acá no pasa nada. O mejor dicho, puede pasar de todo sin que haya consecuencias. Es que Berni tiene como jefa a Cristina y Fréderic fue lleva al gabinete de la mano de Santiago Cafiero.
Lo más grave es que la lucha contra la
inseguridad galopante
y su catarata de crímenes y robos, es una de las mayores exigencias de todos los argentinos. Y la ministra Sabrina Fréderic, que debería encabezar ese combate contra el delito, es una de las funcionarias que menos funcionan. Acaba de ofender a los familiares de las víctimas de miles y miles de asesinatos. Se burló del dolor de aquellos que perdieron un ser querido en medio de un asalto o de una violación. Muy suelta de cuerpo, con una frivolidad intolerable dijo que “Suiza es más tranquila, pero más aburrida”. Fue la gota que rebalsó el vaso. No fue un descuido aislado de una persona que estaba distraída. Fue la culminación de una gestión horrorosa que la ubica entre las peores ministras de seguridad de la historia democrática. Por momentos, parece que no sabe de lo que habla. Siempre reacciona tarde y mal. En un gobierno sensato, Sabina Fréderic no podría durar ni un minuto más al frente de su cartera. Parece mentira que le resulte aburrida la paz social y en consecuencia, divertida la actividad delictiva que tiene en jaque a toda la sociedad.
Por supuesto que cosechó todo tipo de repudios. Florencio Randazzo dijo que si “vive en un termo, por lo menos que haga silencio”.
La ex ministra del área, Patricia Bullrich, aseguró que “nos gobierna una casta que se nos ríe en la cara y que no tiene ni idea del nivel de inseguridad que se vive en muchas localidades en las que nuestras Fuerzas dejan la vida”.
Ricardo López Murphy exigió al gobierno que “dejan de tomarnos por idiotas con encerrar a los ciudadanos y liberar a los delincuentes”.
El sheriff Sergio Berni, la mano derecha de Cristina hace tiempo que apunta a Fréderic con su mira. No tuvo compasión con ella.
Berni le dijo que era una “irresponsable” que le mentía al presidente y que repartía “gendarmes como si fueran caramelos”. “Es la ministra con peor imagen y no lo digo yo, lo dicen las encuestas”
Ella hizo y dijo barbaridades. Por ejemplo que “la inseguridad tenía más visibilidad” por culpa de los medios, como si pretendiera que el periodismo ocultara la realidad. Su defensa a los falsos mapuches que incendian casas y tomas tierras en la Patagonia llegó al colmo de ordenar una denuncia penal contra los vecinos pacíficos que armaron una marcha de protesta ante la complicidad del gobierno nacional con los usurpadores.
Apenas asumió Fréderic la bauticé la ministra de Inseguridad. La antropóloga social recibida en los Países Bajos hizo anuncios peligrosos que claramente iban a multiplicar los delitos.
Se auto engañan diciendo que lo hacen en defensa de los derechos humanos y en realidad violan los derechos humanos de los ciudadanos honrados y pacíficos que todos los días se esfuerzan para trabajar y estudiar con honradez. Y como si esto fuera poco, no comprenden que los más afectados son los sectores más humildes de la sociedad a los que dicen defender. Todos los días las madres de la pobreza sufren al ver como a sus hijos les roban la mochila, las zapatillas, les cobran peaje o los suman al narco menudeo. Cada vez que la gendarmería iba a los barrios con más exclusión social eran aplaudidos. Les rogaban que no se fueran. Cada vez que destruían un bunker de los narcos, eran ovacionados.
En su momento, la ex ministra Bullrich definió bien los primeros anuncios de su sucesora: “es el mundo al revés, consagran el derecho de los criminales y estigmatizan a los policías. Es Zaffaroni recargado.”
¿Se acuerda de Cristina que ignoró el reclamo y dijo que era un problema de los ricos y una bandera de la derecha? ¿O de Aníbal Fernández, cuando no, que rompió el boludómetro y dijo que era una mera sensación térmica.
Hay que alertar. Para “vivir sin miedo y no convivir con el miedo”. El miedo es el peor veneno de una sociedad y de un individuo. Siempre el pánico nos saca lo peor de nosotros.
Hay que ser duro con los delitos duros y duro con las causas que llevaron a esa persona a delinquir? Pero mientras tanto hay que proteger la vida de la gente y combatir a los asesinos, ladrones y violadores. No se entiende que parte de este drama encuentra divertido la ministra que no funciona.

Aguante la radio, por 101 años más – 27 de agosto 2021

Hoy se cumplen 101 años desde que “los locos de la Azotea” lograron salir al aire por primera vez. Nuestra querida radio Mitre cumplió 96 años hace apenas 11 días. Me gustaría rendirle mi humilde homenaje a este milagro de la comunicación.
El tiempo pasa. La radio es esa cultura de la Spica con olorcito a cuero para escuchar los goles en la oreja y monitorear a los relatores de la mano de mi viejo. O la Tonomac Platino Siete Mares que fue la primer internet que tenía dial en lugar de mouse y que nos permitía navegar por un mundo que nos devolvía interferencias y frituras en todos los idiomas. O ese suave calorcito que largaba la válvula por los parlantes de la radio Capilla de la abuela. O el walk man clavado en las orejas en pleno supermercado o el radio despertador que nos acribilla con la temperatura y en su momento con los hectopascales. ¿Se acuerda? O la que viaja en el auto y es compañía en la ruta o en laburo, o la que está en el living como si fuera la tele o en la cocina como si fuera el microondas o en el baño, ¿Por qué no? Mientras nos enjabonamos las noticias.
Hoy la radio es cada vez más un ícono en la red de redes que con un click en el real audio o en el celular te permite saber desde Lieja en Bélgica que calle está cortada y que semáforos no funcionan en el centro de Buenos Aires. La primera vez que llevé a mi hijo a una radio miró medio aburrido para todos lados y con sabiduría infantil dijo: “Pá: esto no es una radio, esto es un edificio”. ¡Cuánta razón tenía Dieguito en aquella época¡¡¡
Hay algunos que confunden la radio con el lugar físico en donde funciona. Con estas paredes llenas de historia. Con estos micrófonos que no perdonan. Con esa luz roja que tanto temo y que tanto quiero, con aquella vidriera que nos muestra operador al Pepo Colodrero y a veces a Emanuel, Lucas, el gran Bonello, Bruno, Oscar Ruiz siempre con ganas y Juan Pablo. Ellos nos lanzan luces de advertencia y nos dicen, ojo que venimos. Atrás hay otros compañeros que producen todo lo que va al aire. Allí está Mariana, Martín, Andy y sus twiters y celebramos que Marina, la hija del Chaucha Bianco, uno de los más grandes productores de radio que conocí, hoy juegue en este equipo.
¿Eso es la radio?
Algunas sillas, una mesa, la ceremonia del mate. ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho inmobiliario.
Entonces, ¿Qué es la radio? La posibilidad de transmitir palabras y músicas a través de ondas hertzianas, micrófonos, ecualizadores, una consola de sonido, casseteras, compacteras, mini disc y compus que despachan publicidades grabadas, una antena gigantesca, híbridos y del otro lado un aparato más grande o más chico que recibe todo eso. Dígame la verdad, ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho electrónico.
Y entonces, ¿Qué es la radio? ¿Porque se habla tanto de ella? ¿Por qué algunos tontos la tratan como una hermanita menor si tiene 101 años de vigencia absoluta a pesar de tanto cambio tecnológico, tanto mail, tanto tuit, instagram o Facebook, celulares o cámaras HD? ¿Por qué sigue ocupando un lugar tan destacado, creíble e irremplazable? Ni el cine ni la tele ni la poderosa internet pudieron con la radio. Todo lo contrario, la radio se sirvió de todos ellos para llegar antes y mejor. Para ser más radio.
La radio es como la cigarra de María Elena Wash. Tantas veces la mataron, tantas desapareció, a su propio entierro fue y sin embargo esta aquí, resucitando.
Muchas veces la gente que visita la radio sale un poco desilusionada como mi hijo aquella primera vez. Seguramente espera ver decorados, tarimas, escenografías, telones, noticias viejas, risas nuevas, disfraces, dragones y hasta algún que otro mago. Pero no. No encuentra nada de eso. Solamente unas cuantas personas en el centro de una habitación hablándole con gestos y ademanes a un fierrito que no sabe, no contesta. Los que no hablan en ese momento hacen todo en cámara lenta y se mueven como si la gravedad no existiera. Parecen locos que caminan por la luna. Juegan a dígalo con mímica, escriben grande en los papeles los nombres muy famosos o muy desconocidos de los entrevistados y tratan de leer los portales en la notebook o sin que el papel haga ruido y se escape por el micrófono.
Evidentemente la radio no está allí. El edificio, la tecnología y las personas no alcanzan para hacer una radio. Muchos señores amantes de la razón pura creen que sí. Creen que con todo alcanza y sobra y se equivocan. Ni siquiera es televisión pero sin imagen. La radio se completa con la imaginación de ambos lados. Los que piensan así no tienen una radio. A lo sumo un gigantesco altoparlante, un altavoz que llega lejos. Eso tienen, … pero de ninguna manera tienen una radio.
Para definir una radio es condición fundamental haber leído el principito para comprender que lo esencial es invisible a los ojos. Es el único lugar donde no hacer falta ver para creer. Desmiente ese dicho de “ojos que no ven, corazón que no siente”. Acá es al revés. Si hay una verdadera radio, ojos que no ven, corazón que siente mucho. Por eso quien visita una radio no ve nada importante pero allí hay cosas importantes. Por eso la radio se escucha, pero sobre todo, se siente. La radio es esa carta pidiendo ayuda para una familia inundada que genera una catarata solidaria. Es esa convocatoria a la esperanza que hacemos con la buena noticia. ¿Usted ve la solidaridad y la esperanza? Por supuesto que no, pero la siente. La puede palpar y compartir. Igual que la alegría que desborda cuando nos equivocamos y nos tentamos o alguien nos cuenta que recibió esa ayuda y esa hermandad que pedimos al aire. Ese nudo en la garganta que se siente acá, ese cosquilleo en el pecho que mezcla las risas y el llanto, ¿Cómo se llama ese clima intangible? Radio, eso se llama radio.
La radio es esa señora que pide un bolero de aquella época porque es su aniversario de casamiento y quiere homenajear al hombre que la acompaña desde hace tantos años y le cocina un guisito de ternura, compra un vino especial y la mujer que al amor no se entrega no merece llamarse mujer. ¿Cómo se llama ese clima romántico? Radio, ese clima se llama radio.
Sin estas cosas usted tendrá muy buena información, o el coraje de una opinión jugada pero no tendrá radio. La radio es la que siempre llega primero, es la primera versión del periodismo que a su vez es la primera versión de la historia. Por eso la radio hace historia todos los días.
Sin esos climas, sin esos temblores, sin esas fantasías, usted tendrá algo honorable y muy útil tal vez, pero que no se llamará radio.
La radio es Cacho Fontana o Antonio Carrizo, Bravito, Mateyko o Badía. La radio es Mareco y el negro Víctor Brizuela y Fioravanti o el Gordo Muñoz. La radio es Pepe Eliaschev y Magdaena Ruiz Guiñazú, Néstor Ibarra, Jorge Guinzburg. La radio es Longobardi y Lanata. Nico Wiñasky y su viejo. Mi hijo Diego y María Isabel Sánchez con Rolo, y Tato con Guido y las recetas de sabiduría del doctor Lopez Rosetti o Cormillot. La radio es Mitre informa primero y las gargantas de oro de Trichi y Marcelito Elorza. Las risas, los PNT y las campanitas de Natalia López, Andrea Estévez Mirson, Marcela Labarca o Mariel Di Lenarda. Eso es la radio. Un equipo de radio, un verdadero dream team que me acompaña con Marcela Giorgi y Juan Bindi. La radio es mi amigo Jorge Fernández Díaz sembrando literatura y coraje por las noches. La radio sube desde el pié y baja la escalera con Corda, Porta y Valeri.
La radio es el aire libre que todos respiramos. La radio es estar en el ring side de la vida como dice Magdalena Ruiz Guiñazú. Es un lugar de riesgo y audacia para caminar por el alambre. La radio es el teatro de la mente o el teatro sin imagen como me dijo ese genio del Negro Hugo Guerrero Martinheitz.
Hoy se cumplen 101 años del nacimiento de la radio en el teatro Coliseo de Buenos Aires con la música de Parsifal.
A esta hora exactamente hay millones de aparatos encendidos buscando una radio, sintonizando un síntoma, un aroma, un color en las ondas. Cuando esos aparatos encuentran una radio difícilmente se vayan. La consideran un miembro más de su familia. La quieren y la insultan. Discuten con ella, la abrazan, piden temas musicales, piden que le pasen sus mensajes, protestan, elogian, piden soluciones que no tenemos, aportan ideas. La gente interactúa con la radio como con ningún otro medio. Van y vuelven. Pasan de receptores a emisores. De oyentes a auditores. Miran la radio conmovidos como quien mira la vida.
Fernando Bravo, uno de sus reinventores dijo que la radio es en vivo y en directo, va a domicilio, es gratis, no se suspende por mal tiempo y está atendida por sus propios dueños.
Cuando uno encuentra una radio se da cuenta de inmediato. Porque lo siente acá. En el pecho y sabe que es un lugar en el corazón y en el cerebro donde se cruzan la emoción, la imaginación, la información y la solidaridad.
Eso es la radio. O por lo menos creo que en esa radio creo. En ese milagro cotidiano llamado radio.

El que adoctrina, hace fascismo educativo – 26 de agosto 2021

La escena transcurre en un aula antigua
pero digna, de un colegio secundario del estado ubicado en pleno Conurbano. Uno de los alumnos de ese segundo año hace una pregunta en medio de la clase sobre los procesos migratorios.
– Profesora, tengo muy claro que los italianos y españoles que vinieron a la Argentina, en general, lo hicieron huyendo de la guerra y el hambre. Pero, ¿Cómo debemos interpretar la migración de más de 5 millones de venezolanos?
La docente estruja una tiza en su mano, se muestra desencajada y dice:
– Esos son inventos de los medios hegemónicos.
El silencio que se hace en clase cierra todo el debate y hace más evidente la calco de Néstor y Cristina que la profesora tiene pegada en su carpeta.
Estas aberraciones fanáticas se repiten todos los días en muchísimas escuelas primarias y secundarias. Y ni que hablar de las universidades. Es una batalla cultural que el cristinismo tiene casi ganada.
El caso que explotó hoy es más grave aún. Se viralizó en las redes un video filmado con su teléfono por un alumno. Allí puede verse la humillación y el maltrato con que otra militante disfrazada de profesora, agita sus consignas delante de los chicos.
En forma desaforada y salvaje, la adoctrinadora a la que le pagamos todos, le dice al alumno de 4to año que si cree que Macri, porque “tiene los ojitos celestes no va a robar. Te robó”. También le dice que “gracias al estado puede comer esta porquería”, en referencia a la vianda que reciben. “Preguntále a tu viejo si con su sueldo te puede pagar una escuela privada técnica como esta. ¿Sabes cuánto vale la cuota? De diez lucas pa´ arriba… Y esto es lo que dejó Macri. Porque atacó al pueblo y se llevó la tarasca”. Parece un discurso de grosero de barricada pero es en el sagrado ámbito de la educación. El alumno cuestiona con mucha racionalidad esa bajada de línea autoritaria y mentirosa y le pregunta por las causas judiciales que tiene Cristina. Y la docente que a esta altura ya fue sancionada y merece ser expulsada, grita, se enoja, pregunta “¿qué causas, las que inventaron unos jueces que se reunieron con Macri? Papi que estás diciendo. Excavaron toda la fucking Patagonia y no encontraron nada. Un fiscal hizo el papel de pelotudo montado en una retroexcavadora para llenar las horas de televisión”. Cristina no lo hubiera dicho mejor.
Tal vez usted cree que estoy exagerando pero esto es rigurosa y dolorosamente cierto.
Pero esa parodia ridícula siguió con la profesora preguntando cuantas represas se construyeron en el gobierno de Macri. Y después les baja línea sobre la bicicleta financiera de Macri y dice que ahora “hay que salir de la mierda que dejó Macri”. Y después demuestra que no sabe ni sumar o no quiere sumar cuando el alumno, con todo criterio, le pregunta si el peronismo en 37 años no hizo mierda el país.
Imperdible. Vomitivo. Autoritario y antidemocrático.
El diputado nacional Fernando Iglesias en Twitter, se preguntó si se pretende algo distinto en una escuela técnica número 2 que se llama “María Eva Duarte”, en la localidad de Ciudad Evita, en el corazón de La Matanza.
Esta señora se llama Laura Radetich, es profesora de historia y fue empleada de la Cámara de Diputados. Uno de sus tuit confirma sus convicciones al rechazar a “los políticos de mierda que la derecha ha sabido cosechar” y nombra a Fernando Iglesias, Waldo Wolff, Murphy y Bullrich. Y aclara que no menciona a Macri porque no es un político, es un delincuente”. También ofende a los cordobeses y los llama “pueblo de idiotas”, como en su momento hizo el escriba Juan Alonso. Y en el colmo de su odio reclama “la ley del Talión. Si algún pariente menor de 18 años muere por la variante Delta, que tengan derecho a matar al que la trajo el país”.
Como si esto fuera poco, su irracional cristinismo la lleva a decir que “Alberto Fernández es un boludo”.
Adoctrinar es someter a los alumnos. Es abusar del poder que tiene un docente que puede aplazar al chico. Adoctrinar es decirle a un joven que es lo que tiene que pensar y no enseñarle a pensar con autonomía. Adoctrinar es ponerle uniforme negro y musoliniano a la libertad y a la enseñanza pública. Tienen un cepo setentista y jurásico en sus neuronas. La educación debe igualar oportunidades y fomentar la reflexión crítica. Igualar el pensamiento, uniformar las miradas es fascismo educativo.