Juez y parte de corrupción y la impunidad – 2 de septiembre 2021

Ante la muerte de cualquier persona, lo
primero que me sale es respeto por el dolor de sus familiares y amigos. Pero siempre le digo que no creo que la muerte convierta en ángeles a los demonios ni transforme en honrados a los corruptos. La muerte del ex juez Norberto Oyarbide es la desaparición de alguien que fue juez y parte de la corrupción y la impunidad de los últimos años en la Argentina.
Justo hace tres años, Oyarbide había cometido un sincericidio. Confesó públicamente que cedió a una extorsión para dictar el sobreseimiento de los Kirchner en la causa por enriquecimiento ilícito del matrimonio presidencial.
Dijo textualmente: “Me apretaban del cogote para sacar la causa de los Kirchner”. Es decir que cerró la investigación sin investigar nada. Un delito grave que ocultó los delitos graves de Cristina y Néstor.
El vicio de la causa y el fallo es tan grave, que convierte aquella decisión en ilegal y trucha.
En ese momento, Oyarbide confirmó lo que todos sabíamos. Que se arrodilló ante los Kirchner e hizo lo que ellos le ordenaron. Fue un cobarde y un funcionario corrupto como todo el mundo sabe. Tal vez por eso los kirchneristas lo salvaron sistemáticamente de los 47 juicios políticos que tuvo en el Consejo de la Magistratura. Un ex integrante de ese organismo, el doctor Alejandro Fargosi recordó que incluso, los hombres de Cristina le propusieron votar en forma simultánea la destitución de Oyarbide y el juez Claudio Bonadío. Cambiar una cabeza por otra. Y Fargosi se negó diciendo que no eran figuritas, que eran jueces.
Con que cara habrá mirado Oyarbide a Claudio Bonadío para decirle que nunca recibió coimas ni dinero sucio del gobierno de los Kirchner. Le recuerdo que cuando Bonadío fue perseguido durante el kirchnerismo, cuando recibió una amenaza de muerte y ataques e injurias hacia su familia más cercana, la causa cayó en el juzgado de Oyarbide. ¿Qué hizo este delincuente que debía combatir la delincuencia? Hizo una investigación formal, muy por arriba, como para no averiguar nada y que todo “siga/siga” igual sin que le pudieran reclamar nada reglamentariamente. Un presunto vivillo.
Recuerdo que apenas salió de Tribunales, Oyarbide le dijo a los colegas que ya nos vamos a enterar de quienes eran los que le apretaban el cogote. Mercedes Ninci le pidió que diera nombres y le sugirió: “¿Javier Fernández? Y Oyarbide contestó: “No sé, puede ser”. La versión es que también identificó al ex jefe de los espías, Jaime Stiusso.
Lo real es que no pudo explicar porque aparece en tantas páginas de los gloriosos cuadernos de Centeno y porque se lo investigó como miembro de esta asociación ilícita destinada a saquear al estado cuya jefatura la ejercieron los dos ex presidentes que el sobreseyó producto de una amenaza. A confesión de partes, relevo de pruebas.
Oyarbide estuvo metido en el peor de los pantanos. Eran arenas movedizas de la justicia y por eso, mientras más se movía, más se enterraba. Además, pensó que lejos de los tribunales, ya nadie se iba a acordar de él pese a su corte de pelo teñido de rubio al estilo Flavio Mendoza.
Le recuerdo que el fiscal José María
Campagnoli denunció a Oyarbide. Y todo el mundo sabe que es un fiscal es muy serio y riguroso a la hora de las presentaciones. No utiliza adjetivos ni fuegos artificiales. Cuando se mete en un tema lo hace con pruebas e indicios firmes.
Tal vez por eso, el fiscal federal Jorge Di Lello imputó de inmediato al impresentable de Oyarbide. Estuvo acusado de enriquecimiento ilícito por la investigación preliminar de Campagnoli. Son dos personas que representan lo peor y lo mejor de la justicia. Oyarbide es un corrupto siempre al servicio del poder que con otros de su calaña logró que los argentinos masivamente desconfíen del Poder Judicial.
No olvido que además de Oyarbide fueron imputados su pareja, el ex árbitro de básquet Claudio Blanco y el empresario Ariel Roperti. Desde que Oyarbide se puso de novio con Blanco, su patrimonio se incrementó de una manera geométrica y sideral sin ningún tipo de explicación. La sospecha es que las coimas y negociados iban a parar a las cuentas bancarias de Blanco para que Oyarbide pudiera disfrazarse de honesto. En criollo, esto se llama ser un testaferro en varias empresas. Roperti es la tercera pata de este triángulo de negocios parido en un coqueto restaurante de Puerto Madero a donde Oyarbide había montado una suerte de despacho paralelo donde almorzaba todos los días. Uno de los salones tenía una placa con su nombre y era su lugar privado. Tenía candelabros de cristal, una frapera de plata y muebles de estilo carísimo. Nunca el nivel de vida de Oyarbide se compadeció con su declaración jurada. Vivía como un príncipe entre saunas y placeres pero sus ingresos no alcanzaban para darse estos gustos. Ni las vacaciones en los hoteles más vip de Punta Cana, ni el famoso anillo de brillantes que dijo que lo había alquilado pero al parecer los libros contables de la joyería dicen que lo compró en 170 mil dólares. Veremos. Aparecieron 7 empresas más, varias que, ohh casualidad, tienen el mismo domicilio. Pero se llevó esos secretos a la tumba.
Hay muchas cosas que Oyarbide tenía que explicar. Los 13 viajes a Estados Unidos de su pareja, por ejemplo. Y el exorbitante crecimiento patrimonial de Roperti quien también solía viajar al exterior con la pareja feliz. Roperti se divorció y pasó de vivir en el country Abril y el Hotel Faena y solía moverse en BMW o un Porsche 911, además de un Mini Cooper. Tiene una casa en Cariló y varias cuentas en el exterior que reclama su ex esposa en el juicio por la división de bienes.

Oyarbide fue el resumen de todo lo que no debe hacerse. Fue más un encubridor de la matriz corrupta del estado que una persona dedicada a impartir justicia.
En ese repugnante intercambio de favores, en el 2001, mientras las Torres Gemelas se derrumbaban producto del atentado terrorista, el Senado de la Nación con el voto de los menemistas salvó a Oyarbide del final de su carrera. Fue por el famoso caso de Spartacus, un lupanar que el juez debía denunciar por ilegal. Pero hizo todo lo contrario. Utilizó los servicios de un prostituto como un cliente VIP y encima lo filmaron. Oyarbide supo beneficiar a Carlos Menem en varias causas y el ex presidente supo mantenerlo en el cargo. Los Kirchner, imitaron a Menem y como en tantas otras cosas, hicieron lo mismo. Oyarbide los sobreseyó a la velocidad de la luz. Hace tres años confesó que fue bajo extorsión. Pero a partir de ese momento, Oyarbide pasó a ser El Niño mimado del gobierno que lo protegió una y mil veces. De hecho, Oyarbide batió todos los récords de acusaciones por mal desempeño y pedidos de juicio político. Tuvo 47 causas. Repito: ¡47! Sin embargo se mantuvo por años, exhibiendo sus trajes caros, sus moñitos elegantes, sus perfumes top y bebiendo champagne en distintos saunas. Fue la imagen de la frivolidad.
Otro de los sucesos increíbles de Oyarbide fue haber frenado 22 allanamientos en varias cuevas financieras porque se lo ordenó o se lo pidió el lugarteniente de Carlos Zannini. Se trata de Carlos Liuzzi quien también fue investigado. ¿Se da cuenta de lo que estamos hablando? Un juez que estaba en el teatro, por teléfono, le ordenó a la Policía que suspendiera un allanamiento en una financiera sospechada de ser una cueva de lavado de dinero. ¿Eso puede llamarse justicia? ¿Se le podía decir juez a Oyarbide?
Le chupó las medias a todos los presidentes y por eso, no fue confiable para nadie. Zafó de la cárcel, pero lo atrapó la muerte.

El odio de los Kirchner abrió la grieta – 1 de septiembre 2021

No quiero dejar pasar algo gravísimo que
dijo Máximo Kirchner en Escobar. El príncipe heredero de la Reina Cristina culpó a los medios de comunicación de “ser el caldo de cultivo” para “que la gente actúe así”. Se estaba refiriendo al balazo que el diputado nacional, Miguel Arias recibió durante un acto proselitista en el interior de Corrientes. Con una irresponsabilidad sumamente peligrosa hizo responsable al periodismo crítico de que alguien haya disparado un arma desde las sombras. Máximo aseguró que el odio es el combustible que fomenta estos delitos y aberraciones absolutamente condenables.
Es cierto que el odio abrió una grieta inmensa en la Argentina. Pero no fue una construcción del periodismo. El odio como instrumento político lo instaló el matrimonio Kirchner en la Argentina. Me dedico al periodismo y al análisis político desde la recuperación de las instituciones democráticas en 1983. Y puedo asegurar que Alfonsín y Luder, Carlos Menem y Angeloz, De la Rúa y Duhalde, competían ferozmente por el poder y por sus ideas, pero no odiaban al otro. Lo consideraban un adversario y no un enemigo. El abismo que se había abierto entre el peronismo y el anti peronismo, había empezado a cerrarse. El puntapié inicial lo dio el doctor Ricardo Balbín cuando ante el féretro del general Perón, dijo: “Este viejo adversario viene a despedir a un amigo”. Y el gran abrazo en defensa del sistema democrático se lo dio Antonio Cafiero, como presidente del Partido Justicialista al presidente Raúl Alfonsín ante el ataque golpista de los militares carapintadas cuando los dictadores todavía tenían poder de fuego. Juntos, codo a codo en el balcón histórico de la Casa Rosada, los líderes de ambos partidos mayoritarios defendieron la legalidad republicana.
Esa herida histórica había cicatrizado. No se había convertido en un romance ni en un nuevo movimiento que los involucrara a todos, pero había convivencia pacífica, disensos y consensos, diálogos constructivos.
Todo eso fue dinamitado por Néstor Kirchner cuando llegó a la presidencia y luego fue multiplicado por Cristina. Encontraron en un marxismo tardío y regresista y en las teorías de Ernesto Laclau, la excusas para darle un barniz ideológico a sus características personales. Apostaron a la creación de un enemigo, lo satanizaron, desempolvaron las viejas palabras de gorilas y oligarquía y construyeron siempre sobre el conflicto, el látigo y la mayor corrupción de la historia democrática argentina.
Desde Alfonsín hasta la llegada de los Kirchner al poder, no había odio. Había debates acalorados, paros salvajes de la CGT, decisiones negativas o muy cuestionables, pero el odio había quedado enterrado en el tiempo. Ese contrato democrático de 1983 se convirtió en el mayor activo de la sociedad.
Pero Néstor y Cristina vinieron por todo, y para siempre y no dudaron en fracturar nuevamente a los argentinos. De todos los pecados capitales que cometió el matrimonio Kirchner, tal vez este sea el peor de todos. El que más retraso y dolor generó en nuestro bendito país y el drama que más tiempo va a llevar poder superar. Abrieron nuevamente una herida atroz que nos costará por lo menos una generación poder suturar.
Esta es mi verdad relativa histórica. El abismo fue parido, alimentado y mantenido aún hoy por los Kirchner. Insisto y me remito a los testimonios de los protagonistas de aquellos tiempos. No había odio. Hasta que llegaron ellos. La grieta no fue producto de los medios ni de los partidos políticos no kirchneristas. Ni siquiera es responsabilidad de parte del peronismo que, aunque, salvo excepciones, acompañó la salvajada con cobardía y conveniencia.
Joaquín Morales Solá, escribió al respecto que “la grieta no es la construcción discursiva y anímica de dos grupos políticos diferentes, es una creación del cristinismo y comenzó con el “vamos por todo”. Yo creo que comenzó con Néstor y que Cristina la potenció al máximo nivel. Ella la fomenta ahora, al límite de que un sector de sus fanáticos está dispuesto a llevarse por delante el régimen democrático con tal de lograr la impunidad y la venganza que tanto desea Cristina. Y esto es lo más profundo que se va a dirimir en las próximas elecciones. Es la confrontación en las urnas entre un modelo chavista que genera más pobreza y menos libertades y otro republicano popular que quiere volver a la producción, el mérito y a insertarse entre los países que progresan y no entre los que regresan como Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Los Kirchner también tuvieron aciertos y horrores, como todos los gobiernos. No comen vidrio y en el 2023 van a cumplir 16 años en el poder. Pero destruyeron todos los valores de la honestidad, el respeto por la división de poderes, la educación de excelencia que no adoctrina y la innovación productiva. Destruyeron todos y todos los índices lo demuestran. Solamente tuvieron éxito en construir la grieta. Y es en ese agujero negro donde se caen las esperanzas de nuestro pueblo. No tengo demasiadas esperanzas, pero ojalá algún día Máximo, como mínimo entienda esto. No pido mucho. Que deje de mirar por el espejo retrovisor del fracaso y mire el futuro.

Los traficantes de vacunas en la mira de la justicia – 31 de agosto 2021

Hace 50 días, los definí como los
traficantes de vacunas. Porque eso es lo que son. Delincuentes que le robaron las dosis a los más necesitados. Y encima, con el agravante de que lo hicieron desde el poder. Pensaron que iban a zafar como lo hacen siempre con una impunidad eterna. Pero se encontraron con una Cámara Federal que ordenó reabrir la causa por el escandaloso vacunatorio vip.
En su momento, Alberto Fernández que por acción u omisión también es responsable, quiso cerrar el tema y le cortó la cabeza a su gran amigo Ginés González García. Es que fue el jefe de operaciones de la vacunación de privilegio. Ginés se enojó, habló de traición y falta de códigos y ahora padece un feroz castigo social que lo persigue a sol y a sombra. Lo escracharon en España, en bermudas y ojotas, tomando un vinito en un barcito de Madrid y lo expulsaron con insultos gravísimos de dos restaurantes, uno de Puerto Madero y otro de San Telmo. Ginés termina su larga carrera como sanitarista peronista en un pozo negro de desprecio que nunca imaginó.
El peronismo más autoritario y chavista se cree dueño y no inquilino del estado. Se sienten propietarios de la Casa Rosada, de la patria, del sexo placentero y hasta de la verdad. También se auto perciben dueños de las vacunas y por eso no sintieron ni culpa ni vergüenza a la hora de apropiarse en forma ilícita de esas inyecciones que eran para los que más riesgos tenían. Y se la pusieron los que más poder tenían.
La Cámara Federal le ordenó a la jueza María Eugenia Capuchetti que profundice la investigación que cerró a la velocidad de la luz. O mejor dicho, a la velocidad de la oscuridad.
Es una noticia pésima para el gobierno de los Fernández. Para Alberto peor todavía, porque la decisión de los camaristas deja sin argumentos la defensa que hizo el presidente del cumpleaños clandestino que organizó en Olivos. El jefe del estado, en su escrito pidió ser sobreseído y utilizó como argumento el fallo de Capuchetti que ahora fue demolido.
Pero para Cristina también son muy malas noticias. Porque exponen acciones muy negativas y cero solidarias de sus funcionarios, a pocos días de las elecciones. Y sienta de nuevo en el banquillo de los acusados a gente de su más amplia confianza como Carlos Zannini, Jorge Taiana, Eduardo Valdés, Jorge Devoto y Horacio Verbitsky, entre otros.
El tsunami de escándalos que produjo y padece el gobierno no debería ocultar la hecatombe económica, el fracaso sanitario y la inseguridad galopante. Y ahora, se sume esta situación que, junto con el cumpleaños ilegal de Fabiola, produjo una gran indignación entre la gente menos politizada.
Este expediente inquietante deja al desnudo uno más de los privilegios de una casta que se cree superior a todos los mortales. Y que se burla y ofende el dolor de más de 111 mil familias que perdieron a sus seres queridos.
Hay que seguir profundizando la investigación. Eso ordenaron los camaristas. Es que los delitos que cometieron los traficantes
de vacunas pueden ser varios: abuso de poder y malversación de fondos y documentos públicos, entre otros.
Gran parte de los argentinos ya juzgaron esta actitud aberrante, insolidaria e inhumana. Se trata de una de las humillaciones más repugnantes que los funcionarios, que se creen reyes, cometieron contra los plebeyos, ciudadanos comunes. Fue una provocación que en muchos casos se exhibió en forma desafiante con fotos de chicos y chicas de La Cámpora con los dedos en “ve” y el hombro vacunado.
La resolución de los camaristas dio un paso importante contra la impunidad de los que le robaron a padres, abuelos, médicos y enfermeros la posibilidad de salvar su vida. Se salvaron solos y condenaron a otros a la muerte.
Es imperdonable que fanáticos que se llenan la boca hablando del pueblo y de la igualdad, a la hora de la verdad, se hayan apropiado de los salvavidas y arrojaron del barco a los demás. Los empujaron a un mar repleto de tiburones. Y encima, se creen revolucionarios y esa traición es de una mezquindad y salvajismo pocas veces visto.
Ginés fue el autor intelectual y material de la estafa moral. Pero está clara la complicidad de la actual ministra Carla Vizzotti. Parte de la vacunación vip se hizo en un despacho que estaba al lado del suyo, mintió cuando minimizó todos los casos y encima inmunizó a sus padres cuando tampoco les correspondía.
Hablo de Carlos Zannini y su esposa, de Horacio Verbitsky, de Hugo Moyano, su esposa y su hijo de 20 años, de la familia Duhalde, de Eduardo Valdés y Jorge Taiana, entre otros monarcas y malandras de estado.
Cuando un barco se hunde, el grito es “las mujeres y los niños primero”. Estos salvajes gritaron en silencio: “Primero nosotros, los kirchneristas”. Esta concepción estalinista de la superioridad moral sobre el pueblo ignorante que debe ser conducido, la confeso el propio Zannini. Retó a Verbitsky porque sentía culpa y había pedido tibias disculpas. “Vos sos una personalidad que la sociedad debe proteger”, le dijo el jefe de todos los abogados del estado al jefe informal del espionaje cristinista.
Falta mucho por investigar y condenar.
Buscan la impunidad de rebaño.
Este gobierno de mediocres y no de científicos, está desarrollando un plan de impunidad para Cristina y no logra establecer un buen plan de vacunación.
Es imposible olvidar cuando, desde el gobierno, se dijo que si hubiera estado Mauricio Macri de presidente, los fallecidos hubiesen llegado a 10 mil. Eso se llama escupir sangre para arriba. Eso se llama triunfalismo vacío.
Todo esto es grave. Pero lo más terrible fueron los traficantes de vacunas. Ni olvido ni perdón.