La justicia, al servicio de Cristina – 24 de junio 2021

Primero, los hechos duros y puros.
Un tribunal acaba de inventar un nuevo
Código Procesal Penal por exigencia de Cristina. Así como lo escucha, la reina ordenó que le armaran una audiencia pública para atacar a jueces y periodistas que la investigaron y el fiscal y los miembros del tribunal, aceptaron. Insisto: no existe esa posibilidad, no está contemplada, pero gran parte de la justicia ya se puso al servicio de las necesidades de Cristina. Se trata de un avance de extrema gravedad institucional. En lugar de concurrir al juicio oral, como cualquier hijo de vecino, y defenderse en ese ámbito, Cristina va a tener un escenario propio para atacar a ese juicio oral y a los magistrados que llevaron esta causa que no es cualquier causa. Es la que más la ocupa y preocupa porque está acusada de haber encubierto a los terroristas que volaron el edificio de la AMIA, en un asesinato masivo de 85 personas. Un papelón histórico e internacional. Un traje a medida de la jefa del jefe del estado.
Pero ese es uno y solo uno de los eslabones de esta cadena de impunidad y privilegios para el “Cartel de los Pingüinos”.
Todos sentimos como una provocación que a Juan Pablo Schiavi le hayan reducido 192 días de prisión por haber hecho unos cursos ridículos como el de aprender a tocar el ukele. Está condenado por uno de los siniestros más terribles de la historia como el de la estación Once donde murieron 52 personas.
Esa misma trampa, de los cursitos de morondanga, la utilizaron para bajarle la pena y darle la prisión domiciliaria a otro delincuente como Amado Boudou. Tiene condena firme y ratificada hasta por la Corte Suprema. Pero este malandra de estado pasa sus días en una lujosa mansión y, encima, le dan el privilegio de dictar cátedra en una charla en la Universidad de Buenos Aires.
Los Báez, Lázaro y Martin, también están cumpliendo su detención en suntuosas residencias en barrios cerrados. Estos estafadores, amigos, cómplices, testaferros y empleados de los Kirchner robaron fortunas al pueblo argentino y fueron puestos en libertad sin pagar un centavo. ¿Se entiende esta locura? Están condenados por lavar 55 millones de dólares y salieron gratis, sin pagar fianza.
Lo de Alberto Samid va en el mismo sentido. Prisión domiciliaria que no cumple y encima, días libres para salir a trabajar con la excusa de mantener a sus hijos y sin embargo, posee una fortuna.
Y Julio de Vido también está en su chacra de magnate. Hasta José López, si paga una fianza abandona el penal de Ezeiza. Casi no hay presos de la cleptocracia y el latrocinio kirchnerista. Todo esto es parte del asalto a la justicia. Todavía no han logrado ponerla de rodillas en forma completa. Aún quedan jueces y fiscales independientes y honrados. Pero si el cristinismo gana las próximas elecciones y aumenta su cantidad de diputados, van a lograr poner al jefe de los fiscales que Cristina elija como esclavo.
Ese cargo, siempre fue muy importante, pero ahora, con el nuevo sistema acusatorio, pasó a ser casi más importante que un miembro de la Corte Suprema. El Procurador que elija Cristina va a tener la llave para abrir o cerrar todas las causas.
El plan de Cristina es impunidad y venganza, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Van a poner a prueba la resistencia del sistema republicano. ¿Cuál es la fortaleza de la división de poderes para soportar estos micros golpes de estado o golpes palaciegos que pueden herir de muerte al sistema democrático? Veremos.
Es imposible olvidar aquel diálogo telefónico en el que Cristina le dice a Parrilli que hay que salir a apretar jueces y él le contesta que llamará a Martin. Martín, es Juan Martín Mena, el que hoy realmente manda en el ministerio de Justicia.
Cristina sostiene que es una perseguida política por los magistrados, el poder económico concentrado y los medios de comunicación. Una mentira absoluta que repiten los militantes contra viento y marea. Cristina tiene 8 procesamientos y juicios orales porque fue claramente la jefa de la asociación ilícita que saqueó al estado como nunca había ocurrido en la historia democrática. Por eso es tan difícil salvarla de la cárcel. Porque hay cientos de pruebas, indicios y testimonios de arrepentidos que contaron con lujo de detalles el plan sistemático de enriquecimiento colosal que llevaron adelante los K.
Cristina necesita cortarle la cabeza a la Corte, al fiscal Carlos Stornelli, a su jefe Eduardo Casal, al doctor Gustavo Hornos y siguen las firmas, entre los que ella considera enemigos.
El diputado Álvaro de Lamadrid, que conoce al ladri feudalismo desde la cuna en Santa Cruz, encontró la metáfora justa: “Hay que impedir que Cristina se convierta en la justicia. O hay Cristina o hay justicia”. Todos los días se comen una pieza del ajedrez de los tribunales. Es un plan sistemático de copamiento de la justicia que se está cumpliendo con una disciplina castrense. Avanzan a paso redoblado y tambor batiente.
Que suenen las alarmas institucionales. Un nuevo régimen se está consolidando en la Argentina a la vista de todos. Algunos lo llaman cristinato. Otros, le dicen monarquía absolutista. Hay quienes lo definen como tiranía ladri progresista, autocracia o nacional
populismo. Ojalá la democracia no se transforme en una democradura.
Cristina se quiere convertir en la justicia. Se imagina en un pedestal, hecha de granito, espiando por debajo de la venda, con la balanza desequilibrada y la espada afilada. Así nos va.

Una implosión emocional por tantas muertes – 23 de junio 2021

Los economistas, sociólogos y
politólogos, apenas pueden analizar las consecuencias concretas y más evidentes que están en la superficie de la tragedia que estamos atravesando.
Los sicólogos y sicoanalistas registran la
dimensión individual del drama y, a lo sumo, el impacto que se genera en el núcleo familiar.
Pero en el subsuelo de la humanidad,
están ocurriendo movimientos tectónicos que solo pueden ser detectados por los especialistas en tendencias que suelen tener una formación multidisciplinaria. Uno de los más brillantes se llama Guillermo Oliveto. Y esta columna va a intentar rescatar o descifrar algunos de los conceptos más esclarecedores de su última columna en el diario La Nación, titulada: “Las implosiones silenciosas de la sociedad”. Me cuelgo de sus ideas y reflexiones porque creo que nadie miró con una lupa tan grande y precisa el terremoto que estamos atravesando. Arrastramos los pies, casi en silencio y resignados, por un túnel macabro y oscuro en el que, por ahora, no vemos la luz al final. Es doloroso y triste decirlo, pero es la verdad. Si negamos las tinieblas será más difícil encontrar la salida.
Por ahora, el instrumento más eficaz que
Oliveto propone es la “esperanza sin optimismo”. Mucha gente cree que son sinónimos. Pero apoyado en un autor, Oliveto asegura que el optimismo vacío es banal y hasta improductivo. Pero la esperanza, es proyectarnos con la imaginación hacia un futuro posible. Y eso nos obliga a la acción. A construir ese camino. A no bajar los brazos ni decir “y bueno, que sea lo que Dios quiera”, como dice demasiada gente. La esperanza es un arma contra la parálisis que suele producir el pánico. Es deseo más entusiasmo. Es recuperar la alegría, en medio de la batalla.
El talento de Guillermo Oliveto dice que
hay una sola manera de mirar lo que nos pasa y es por la ventana de la condición humana. Otro libro que cita, sugiere que consciente o inconscientemente, la sociedad se autoimpuso un límite. Como los chicos, buscamos un freno, una restricción frente a un estilo de vida acelerado, ansioso, desbocado que se nos había ido de las manos. Interesante para pensarlo. O para querer creer que eso es cierto. De hecho, los virus y las vacunas, son creaciones humanas. Como el veneno y el antídoto.
Estas conjeturas son subproductos del relevamiento cualitativo y el análisis antropológico del laboratorio de tendencias sociales que dirige Oliveto.
Allí se dice que mucha gente siente que está contra las cuerdas y que no puede hacer nada para solucionarlo. Puertas adentro de los hogares afloran situaciones de angustia, depresión y enojo permanente. Esa implosión emocional silenciosa es una consecuencia lógica de tanta muerte cotidiana que nos abruma. Vamos rumbo a los 100 mil fallecidos y semejante duelo no del todo elaborado no puede ser inocuo. Es la medida de la catástrofe sanitaria. Por eso el gobierno debería tener mucho cuidado con lo que hace y dice. La cabeza y el corazón de muchos argentinos es un polvorín y cualquier chispa lo puede hacer estallar. Hay que ser muy respetuoso frente al horror de la muerte real y de la muerte potencial. Son balas que pican demasiado cerca todos los días cuando desde los medios anunciamos la cantidad de decesos. Las pesadillas masivas tienen orígenes comunes. La gente tiene miedo por lo que le pueda ocurrir y por lo que le espera a sus hijos y nietos. Los muertos nos interpelan y la falta de explicaciones de la ciencia nos hace temblar. El mundo está atravesando por primera vez, por una situación de semejante magnitud en la que la experiencia acumulada sirve muy poco.
Podemos hacer un control de daños. La caída del producto bruto, precisa Oliveto, es la segunda más grave de la historia. El año pasado fue de casi el 10% y la peor fue en el 2002 que fue casi del 11 %. La cuarentena eterna y prematura produjo una hecatombe económica. El crecimiento veloz de la pobreza, la indigencia, la desocupación y el cierre (o la muerte) de empresas y comercios fue demoledor.
Pero sin dudas que esta no es una crisis económica como tantas que hemos atravesado. Y tampoco hay que reducir esto a un siniestro sanitario. Hay que buscar más abajo. Más en profundidad para encontrar las causas y afrontar las consecuencias.
Oliveto habla de “tristeza comunitaria”. Dice que más que cansados o agobiados estamos hastiados.
El enojo y la agresividad aparecen en un minuto. Cualquier pavada suele ser motivo de conflicto. Todos estamos más irascibles y menos tolerantes.
Hay como una suerte de efecto Titanic. Aunque intentemos disimularlo, por momentos sentimos que nos estamos hundiendo, que es irremediable y que los salvavidas y las balsas no alcanzan para todos. Por eso irritan tanto la gestión mediocre, los vacunatorios vip y los traficantes de vacunas como Carlos Zannini y Horacio Verbitsky o las inexplicables decisiones de un chanta como el ex ministro Ginés González García.
Todos perdemos todo el tiempo pero hay algunos que ganan con su inmoralidad y oportunismo. Cada uno sabe por dónde le están entrando las balas. Unos porque tuvieron que cancelar la medicina prepaga. Otros vendieron el auto. Muchos sectores de clase media están viendo regresar a los hijos a vivir en la casa de los padres, se cambian los hábitos alimenticios hacia la baja y se postergan todo tipo de consumo placentero.
Son las implosiones silenciosas de la sociedad. Por ahora, explotan hacia adentro. Se desmoronan en carne propia. La esperanza que nos empuja a la acción, nos va a permitir construir nuestro propio camino de salida. Y debe ser en forma cohesionada con nuestros compatriotas. Construcciones e innovaciones en equipo, apuesta generacional a los cambios y protestas pacíficas y colectivas como las que están en marcha para el 9 de julio. “No podemos más” dicen los carteles en Córdoba. Nos movilizamos en defensa de la producción y el trabajo, plantea otra convocatoria.
El terremoto económico, sanitario, político y emocional, todavía no terminó. La batalla es larga y no hay que bajar los brazos. La esperanza es lo último que se pierde. Y esperanza es deseo más entusiasmo para construir un futuro para nosotros y para nuestros hijos. En eso estamos. Retroceder nunca, rendirse jamás.

Argentina defiende los “izquierdos humanos” – 22 de junio 2021

Cristina está volviendo a sus orígenes en
Río Gallegos. Durante la dictadura ni ella ni su marido, fueron capaces de defender a un preso político o de presentar un habeas corpus por algún desaparecido. Todo lo contrario, el estudio jurídico de ambos, se dedicó a ganar fortunas y a ejecutar las casas de muchos santacruceños que no pudieron pagar sus deudas hipotecarias. Usura, especulación y silencio frente al terrorismo de estado y la violación a los derechos humanos. Ahora está haciendo algo parecido. Privilegian sus negocios políticos y la búsqueda de su impunidad por encima de la defensa de las víctimas de los que violan los valores republicanos acá y en mundo.
En apenas una semana, el gobierno,
tomó tres decisiones distintas y contradictorias sobre la dictadura de Nicaragua. El martes pasado, en la OEA (Organización de Estados Americanos) Carlos Raimundi, se negó a firmar un documento condenatorio de las violaciones a los derechos humanos y la detención de líderes opositores. El gobierno de los Fernández, recibió un tsunami de críticas por esa complicidad con un tirano feroz como Daniel Ortega.
Ayer, Argentina convocó a Daniel Capitanich, embajador en Managua como una forma de expresar su crítica al aumento de la ferocidad represiva del régimen. Tuvo que dar marcha atrás porque la mayoría de la opinión pública argentina y varios países centrales, manifestaron su rechazo a semejante afrenta a la trayectoria argentina en estos temas.
Parece que el arrepentimiento les duró muy poco porque esta mañana volvieron a emitir una señal de apoyo al totalitarismo nicaragüense. Argentina se negó a firmar otro documento de apoyo a la democracia, la libertad de los presos, la vigencia de los derechos humanos y la realización de elecciones libres y transparentes. Pero esta vez, fue desde un escalón superior al regional. Fue en Ginebra, en las Naciones Unidas. El papelón fue mucho más grave y notorio. Entre los 60 países que firmaron están Francia y España, dos gobiernos que Alberto no considera enemigos, Estados Unidos y hasta Brasil que, una vez más, se dio el lujo de correr por izquierda a Fernández pese a que a la derecha de Bolsonaro queda poco espacio.
Este gobierno es tan errático, mediocre y jurásico en su ideología que nos produce la vergüenza ajena de dejarnos siempre del lado de los países menos democráticos del mundo y que más violan los derechos humanos. Cristina, la jefa del jefe del estado entiende que sus aliados estratégicos son grupos terroristas como Hamas o países como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Rusia, Irán y China. Dime con quién andas y te diré quien eres.
El denominador común que los une, además de ser anti norteamericanos, es la fuerte censura contra los medios de comunicación, la consolidación de autocracias eternas, casi monarquías hereditarias, la represión a todo signo vital de disidencia política, la cárcel y hasta el asesinato de figuras críticas, entre otras aberraciones.
Ya sabemos los crímenes de lesa humanidad que ha cometido el chavismo. Sin embargo, junto con Cuba, son los países en los que Cristina mira su proyecto como espejo.
Se pueden criticar muchas cosas. Pero lo más grave es que en ese camino hacia el abismo, el cristinismo dinamitó un activo político compartidos por todos los argentinos: la defensa de los derechos humanos. Somos conocidos en el mundo por muchas cosas nefastas, “defaulteadores” seriales, por ejemplo y por pocas cosas positivas. Una de ellas era que Argentina, Raúl Alfonsín mediante se transformó en un faro de defensa de la no violencia política y de la libertad y la democracia en nuestro país y en todo el planeta. Se instaló en la conciencia colectiva que los derechos humanos no son de derecha ni de izquierda. Que la persecución y el asesinato por portación de ideas es absolutamente condenable sin que importe quien es el victimario y quien la víctima. No debemos fijarnos en la camiseta partidaria ni en el color político de los gobiernos. Si atentan contra la libertad, si avanzan con autoritarismos despóticos, si utilizan la muerte como herramienta de gestión y si atacan la democracia y la república, deben ser condenados. No importa si piensan parecido a las intenciones del gobierno de turno. Argentina tiene que custodiar y defender todos los derechos humanos de todos los ciudadanos. Cristina y su banda también profanaron este concepto sagrado. Defienden los “izquierdos humanos”. Utilizaron tanto de escudo a los organismos de derechos humanos para esconder su mega corrupción, que los han condenado a ser cómplices y a mirar para otro lado. Nada dicen Hebe Bonafini o Estela Carlotto del salvajismo fascista de los países que nombramos. Por lo bajo dicen que no quieren ser funcionales a la derecha. Se tragan sapos monumentales y convalidan el feudalismo de Gildo Insfran en Formosa o las expresiones de odio racial de Alberto Samid. Gildo se formó en el peronismo derechoso, patotero y corrupto, pero siempre apoyó a Cristina. Alberto hace poco lo calificó como un extraordinario ser humano y un gobernador modelo. ¿Se acuerda?
El silencio de los que se auto perciben “progres” frente a flagrantes violaciones a los derechos humanos, los vacía de contenido y les quita todo tipo de credibilidad y autoridad moral. Sus defensores y defensoras de género y sus críticos de la violencia contra la mujer no dicen una palabra ante la persecución de los homosexuales en Cuba, o los fusilamientos en Irán o frente a acusados de violaciones como el ex gobernador de Tucumán, José Alperovich.
Los Kirchner y su banda han robado fortunas y han destruido gran parte de los valores democráticos. Quieren colonizar la justicia, estatizar de prepo todo lo que funcione y quedarse con todo para siempre. Eso es gravísimo, sin duda. Pero tal vez lo que la historia no les va a perdonar jamás es haber destruido el principal legado del padre de la democracia, Raúl Alfonsín. La defensa de los derechos humanos era nuestro orgullo nacional. Nuestra pequeña victoria compartida. Frente a tanta grieta moral, ese punto era lo único que nos cohesionaba como Nación. Esa herencia de Alfonsín, también la dinamitaron. Ojalá algún día, Dios y la patria se los demanden.