El milagro de las elecciones – 29 de junio 2021

Nicolás Maquiavelo escribió que “la
multitud es más sabia y constante que el príncipe”. Yo no creo demasiado en eso. Sería como decir que el pueblo nunca se equivoca y yo creo que, a lo largo de la historia, el pueblo se equivocó muchas veces. Y en varios momentos, como durante el nazismo, nos abrió las puertas del infierno. Maquiavelo recupera eso que en latín se dice “Vox populi, vox dei”, la voz del pueblo es la voz de Dios”. Insisto en que no creo en esa verdad revelada. Si creo que la voz del pueblo, cuando se expresa en elecciones libres, es una fotografía casi perfecta del estado de ánimo de los ciudadanos. Cuando las urnas dan su veredicto expresan un clima de época, bueno o malo, equivocado o acertado, pero es la pintura más precisa posible del corazón y el cerebro de un país.
Estoy convencido que la democracia es el sistema menos malo que se conoce y por lo tanto, el voto popular es el instrumento menos malo para sostenerlo.
Los votos terminan con mitos y falsedades. Liquidan encuestas y revelan realidades. Ilumina lo que realmente pasa y no lo que algunos quieren que pase.
Y ese milagro de las elecciones le puso punto final a una farsa del relato cristinista sobre Milagro Sala. La jefa del jefe del estado y su estado mayor ideológico, nos quisieron hacer creer falacias del tamaño de la provincia de Jujuy. Primero que a Milagro Sala la perseguían por mujer, negra y coya. Que era una flagrante discriminación. Y la justicia, en todas las instancias demostró que Milagro no es una presa política. Que es una mujer corrupta, violenta, autoritaria y golpeadora, sobre todo de las mujeres. Usó y maltrató a los pobres. No los defendió. Les prestaba las casas populares que habían construido y nunca les daba la propiedad para que siempre dependieran de sus órdenes y clientelismo atroz. Si los padres no se afiliaban a la Tupac Amaru, no anotaban a sus hijos en las escuelas que ellos dominaban. Milagro organizó un grupo de choque, con disciplina, ropa y paso redoblado tan castrista como castrense y se dedicó a extorsionar a los más humildes de los humildes. Los sometió. No los ayudó a liberarse, a valerse por sí mismos. Los hizo dependientes de sus caprichos disfrazados de ideología bolivariana. Y hay muchos testimonios en los expedientes judiciales de los cachetazos y hasta latigazos con los que ella castigaba a las mujeres. Y pensar que el colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo extremo, levantaba pancartas con su cara como si fuera una militante feminista. Y era todo lo contrario.
Quisieron inventar una Che Guevara o un Evo Morales con polleras, pero fue solamente eso, un invento. La pusieron en un altar revolucionario pese a que se cansó de cometer delitos de corrupción, con violencia y autoritarismo. La llamaban “la gobernadora”, porque manejaba los fondos millonarios que le enviaban Cristina y Máximo.
Horacio Verbitsky, Eugenio Zaffaroni, Amado Boudou, Víctor Hugo Morales, Luis D’Elía, entre otros cómplices, exaltaron su papel y ocultaron todas estas verdades. Decían que ella era la líder del pueblo pobre jujeño y que por eso la tenían presa. “Ella convoca multitudes organizadas”, decían.
Y la voz del pueblo en las urnas, terminó de desnudar esas falsedades. Hubo 25 agrupaciones que apoyaron su lista. Hasta el gremio de los empleados estatales se sumó. Y la voz del pueblo dictaminó que Milagro Sala no es una persona representativa ni querida por el pueblo. Apenas sacó el 5 % de los votos y eso que su apuesta electoral tuvo el apoyo hasta del presidente Alberto Fernández.
Fue tan pobre su resultado que quedó en el sexto lugar y no pudo conseguir ni un diputado provincial y ni un solo concejal. Perdió hasta en el barrio Alto Comedero que fue edificado por su agrupación. Sacó mucho menos votos que lo que ella decía que tenía como afiliados a la Tupac. Es porque la gente se afiliaba por miedo o por conveniencia. Para aspirar a una casita prestada o para que sus hijos consiguieran un banco en una escuela. Milagro apeló a la peor de las metodologías políticas: corrupción, autoritarismo, verticalismo y soberbia. Por eso la gente le dio la espalda. No la votaron porque no la quieren. Le tenían miedo, no cariño ni respeto. El ciudadano común, sobre todo los más humildes, quiere paz social y tranquilidad para mejorar su situación económica y tener mayor justicia social e igualdad de oportunidades.
La gran ganadora de los comicios fue la democracia y el mecanismo electoral que puso las cosas en su lugar y terminó con tanta mentira. Pero la gran perdedora fue ella y el cristinismo más fanático que no se puede explicar lo que pasó. Se creyeron sus propias mentiras y resulta que ahora no pueden entender como la gran líder de los pobres, sacó un módico 5% de los votos.
Como si esto fuera poco, todas las fuentes consultadas en la
justicia, dicen que solo un milagro la puede salvar de ir a una prisión federal. El gobernador de Jujuy, Gerardo Morales pidió que Sala cumpla un total de 7 años en la cárcel de General Güemes, en Salta. Es por la condena que ella sufrió por haber amenazado y agredido a huevazos y sillazos y con elementos contundentes al actual jefe provincial en el año 2009.
Luciano Manzana Riva, abogado del gobernador fue contundente: “Milagro no es una presa política, ni tampoco una política presa, es una delincuente condenada. No lo dice Gerardo Morales, ni la justicia de Jujuy. Lo dice la justicia federal, la Cámara de Casación Penal y la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Debe ser inminente el dictado de sentencia y el traslado para que cumpla la condena”.
Milagro Amalia Ángela Sala y Cristina Elisabet Fernández de Kirchner y la cleptocracia deben tener su juicio y castigo. Si nadie paga por los robos desde el estado, la señal es que todo vale y la honradez se transforma en una mala palabra.
Milagro Sala no es una carmelita descalza perseguida por la oligarquía, los medios y el imperialismo como nos quisieron hacer creer. Y tampoco está presa arbitrariamente. Tiene 4 condenas. ¿Escuchó bien? Milagro tiene 4 condenas. Una confirmada por la Corte Suprema. ¿De qué persecución hablan?
La justicia la metió presa. Pero la gente con su voto, derribó una estatua con pies de barro.

El presidente de la hipocresía y el cinismo – 28 de junio 2021

Alberto Fernández es un
presidente formal que, a esta altura, no maneja casi ninguno de los resortes del poder. Está parado sobre arenas movedizas y por eso, cada vez que se mueve, se entierra más. En su intención de tener aunque sea, una iniciativa, inventó un homenaje a los casi 100 mil fallecidos por la pandemia y terminó consagrándose como el Presidente de la hipocresía y el cinismo. Quiero ser preciso en la utilización del lenguaje. Hipocresía tiene como sinónimos a falsedad y simulación. Cinismo es descaro, desfachatez. Y el antónimo de ambos conceptos es sinceridad.
Y eso fue todo lo que exhibió con obscenidad una puesta en escena de Tristón, el ministro de propaganda y venganza. Y encima, ni siquiera fue original porque se trató casi de un plagio de un acto que realizó Alemania, encabezado por Angela Merkel.
Cuando la actriz Laura Novoa arrancó diciendo “buenos días para todos, todas y todes”, quedó todo dicho. Por suerte su coraje revolucionario no avanzó tanto para denominar a las víctimas como “fallecidos, fallecidas y fallecides”.
La sobreactuación fue tan chocante que se convirtió en una falta de respeto a los casi cien mil fallecidos a los que toda la sociedad debe rendir un homenaje sincero, no como el de ayer, y a los que el gobierno debe pedirles perdón por su responsabilidad en la multiplicación de las personas que dejaron de existir. Pero no hubo ni siquiera un amague de autocrítica o un ofrecimiento de disculpas. Alberto, que fue enfocado en primer plano mientras derramaba algunas lágrimas, en su discurso dijo que quedó demostrado “lo peligroso que es el egoísmo “en las catástrofes. Una gran parte de los argentinos, seguramente habrá pensado en el egoísmo de los traficantes de vacunas como Carlos Zannini y Horacio Verbitsky porque para muestra basta un botón. O dos. En ese mismo instante, el portal Infobae, publicaba con información rigurosa que casi todo el gabinete de Alberto ya tiene colocado las dos dosis de la vacuna, incluso dos señoritas de menos de 35 años que acompañan en la gestión al ministro Martín Guzmán. Pero eso no es egoísmo para Alberto. Eso es justicia porque, como Zannini le dijo a Verbitsky, ellos son personalidades especiales que la sociedad tiene que cuidar. Más superioridad moral y elitismo burocrático y estalinista no se puede pedir.
Fue tan grande el bochorno televisado con formato cinematográfico que no quisieron participar ni la vice presidenta Cristina ni su hijo Máximo ni el presidente de la Cámara de diputados, Sergio Massa que se burlan de la incapacidad del presidente y son los que realmente mandan en la Argentina. También hay que decir que Cristina huye de las tragedias porque no quiere contaminarse con las responsabilidades. Así pasó en Cromagnón, en el siniestro ferroviario de la estación Once y en este desgarro de la muerte por miles del covid. Todas vidas truncadas en parte por la corrupción o la mala praxis criminal de gobiernos kirchneristas.
Quedará en la historia de lo más nefasto de la política aquella afirmación de Alberto de que prefería tener un 10% mÁs de pobres y no 100 mil muertos.
Lamentable y dolorosamente, Alberto superó ambas cifras. Aumentó casi el 30% la pobreza desde que asumió y es inevitable que superemos los cien mil fallecidos.
Como bien dijo el doctor Alejandro Fargosi, “fue un homenaje a las víctimas de su propia negligencia. Montaron un show deleznable con los muertos”. Laura Di Marco no pudo imaginar “manipulación más macabra”. El diputado Luis Petri vió “un homenaje a su propia torpeza, indolencia e improvisación”. María Luján Rey repudió la “perversidad extrema, donde nunca incluyen la palabra perdón”. Santiago Kovadloff aseguró que “no tuvieron el coraje de la verdad”, y Fernando Iglesias fue demoledor: “Los que tenían dos dosis, son muertos de la pandemia. El resto, son muertos de tu gobierno”.
El jefe del principal bloque opositor, Mario Negri, interpretó que “quisieron evitar el efecto del golpe de los 100 mil muertos que van a sonar como un estruendo” y en instantes le hackearon su cuenta de Twitter.
Las redes vomitaron su indignación con el hashtag “#con los muertos, no”. Hubo algunos que propusieron declarar al 27 de junio, “Día nacional del cinismo”.
Tal vez Alberto Fernández pensó que con la cadena nacional que hizo, colocando una rosa blanca y encendiendo una vela, podía lavar sus culpas. Creo, por el contrario, que solo puso en evidencia que las negociaciones opacas y sospechosas con la compra de vacunas, las brutalidades que declaró y las pésimas decisiones que tomó, las va a tener que explicar algún día ante los tribunales. Tal vez le tocará estar sentado en el banquillo de los acusados junto a Ginés González García, uno de los principales autores intelectuales y materiales de estos crímenes de lesa inutilidad.
La escenografía incluyó barbijos negros, un smoking de luto de la primera dama, violines, poemas de Juan Gelman, guitarra de Juan Falú, drones, chalecos de Aerolíneas Argentinas entre los trabajadores esenciales, representantes de todos los cultos y hasta de la comunidad afro argentina y ni un solo familiar de las víctimas.
Faltaron los familiares, la vergüenza, el
sentido común y la sensibilidad social. Sobraron la hipocresía y el cinismo de un presidente que se hunde en las arenas movedizas de Cristina.

Sábato nuestro que estás en los cielos – 25 de junio 2021

Ayer, Don Ernesto Sábato hubiera
cumplido 110 años. No quiero dejar
pasar la oportunidad de celebrar su vida y obra. Es una forma de mantener vigente su aporte extraordinario a la cultura y a la ética republicana.
Este programa, que habla de la palabra incluso desde su título, hoy elige recordar la figura de un grande entre los grandes, llamado Ernesto Sábato.
Creo que es por el bien de todos los que amamos este bendito país.
Extrañamos tanto a Sábato. Lo necesitamos tanto para salir definitivamente de estos años de cólera, autoritarismo y ladrones. Lo necesitamos para recuperar el valor de la palabra y la dignidad de los honestos.
Don Ernesto vivió y escribió gran parte de su obra en su casa-templo de Santos Lugares. Dijo su hijo Mario que Don Ernesto no murió, que se trata de una exageración burocrática y llamó en su momento a que se sumaran todos los que quisieran preservar ese legado.
La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse. La sabiduría resignada de este concepto le pertenece a Ernesto Sábato que nació en Rojas y casi llegó a cumplir 100 años. América Latina le debe a Sábato el haber comprendido que para salir de las dictaduras había que enfrentar el pasado. ¿Sabe quién dijo esto? Ricardo Lagos. El ex presidente de Chile es uno de los intelectuales más importantes de habla hispana. Una persona íntegra, valiente y solidaria. Y Ricardo Lagos dice que el “informe del Nunca más devino en clásico, en un documento eternamente actual”. Tal vez pueda ser resumido en una especie de rezo laico en el que se convirtió su prólogo sobre la desaparición de personas. Ese Nunca Más, parido por Raúl Alfonsín y multiplicado por Julio César Strassera.
Hoy los tres han fallecido, pero se han ganado el don del respeto eterno, hablo de don Raúl, don Ernesto y don Julio.
Los tres son padres nuestros que están en el cielo de la democracia, pero ese Nunca más, todavía estremece cuando se usa como grito de paz y en su relato: “únicamente así podremos estar seguros de que nunca más en nuestra patria se repetirán los hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado”.
Sábato, pronunció un discurso cuando se entregó el informe al presidente Alfonsín. En el comienzo hizo una radiografía de esa Comisión que le tocó presidir: “No fue instituía para juzgar, pues para eso están los jueces institucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de 50 mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje”.
Quiero denunciar y recordar que algunos lo humillaron y profanaron ese texto.
Néstor Kirchner cometió la herejía y la falta de respeto hacia la historia y modificó el prólogo del Nunca Más. Quiso quitarle peso a la acusación de Ernesto Sábato sobre el rol nefasto y funcional a la dictadura que tuvieron los Montoneros y el Erp que mantuvieron sus atentados y sus bombas durante los gobiernos democráticos de Cámpora y Perón.
Otros prefieren pasarle facturas por su tristemente célebre reunión inicial con Videla cuando todavía ni la ficción podía ayudar a comprender la dimensión titánica del drama. Por todo esto, por sus grandezas y aún en sus errores, debemos decirle gracias, don Ernesto como Hemingway pero nuestro. Gracias por haber seguido firme pese a los golpes tremendos que le dio la vida. Por haber resistido viejito, de tanta angustia por las muertes más queridas a las que ahora está visitando. Hablo de su Matilde amor deja tus labios entreabiertos y su gran hijo Jorge del talento y la profundidad que a veces regresaba desde el más allá y le ponía esos anteojos oscuros que se convirtieron en un icono y lo hicieron cada vez más chiquito y cada vez más gigante. Jorge murió en un accidente automovilístico y eso le instaló un agujero en el alma.
A su Matilde supo llamarla, “Matilde de todos los tiempos, mujer bíblica”. En diciembre de 1990, se casó con ella “por iglesia” en su casa y la ceremonia la concelebraron dos obispos defensores de la libertad y los derechos humanos: monseñor Justo Laguna y Jorge Cassaretto.
En 1979 fue condecorado como “Caballero de la Legión de Honor” de una Francia que vigilaba que nadie violara los derechos humanos. Fue en Paris a donde huyó despavorido cuando vio de cerca las atrocidades del stalinismo y nunca más regresó a los dogmas del marxismo y el PC argentino que lo consideró un traidor.
Cinco años después la literatura lo reconoció con el premio “Cervantes”, en España. Pero su gran reconocimiento siempre fue en sus cumpleaños, cuando abría de par en par las puertas y las ventanas de la casa de Langeri 3135 y se transformaba en el más querido de los vecinos del barrio. Esa era su felicidad. Compartir con los argentinos de a pie su sabiduría sensible. Escuchar las voces del pueblo invadiendo su refugio. Esa siembra da frutos hasta la actualidad.
Don Ernesto, este no es un discurso funerario para pronunciar sobre héroes y tumbas. No es mi intención bañarlo en bronce y transformarlo en un prócer lejano y perfecto. No quiero hablar de su muerte. Usted sabe que nadie se muere hasta que se muere la gente que lo quiere. Y hay cada vez más gente que lo quiere. Son los que dispusieron que usted viva 100 años más. Vivirá eterno en el corazón de los lectores. Aunque decir que usted fue y seguirá siendo un escritor es como mínimo una simplificación que no lo define en absoluto. Fue físico e investigador, pintor, ensayista. No quiero dejar afuera tal vez su dimensión más importante. La de luchador a favor de la vida. La de militante en contra de todo autoritarismo. La de su austeridad republicana hasta para morirse. La de su honradez. La de romántico defensor de la pasión, según Sábato. Por eso sus libros son apenas una aproximación al tamaño de su estatura. Siempre comprendió como ser uno y el universo y diferenciar brutalmente entre los hombres y los engranajes después de atravesar el túnel de su primera novela.
Gracias don Ernesto. Por haber elegido las palabras frente a los números, la fantasía frente a la ciencia y la libertad frente a la noche. La última vez que lo ví me di cuenta que usted ya sabía que dios le había reservado, igual que siempre, sus santos lugares. Santos Lugares para vivir y soñar con el escritor y sus fantasmas. Santos Lugares para ir a descansar con sus huesos. Dicen que muchos seres humanos con un solo párrafo bien escrito, justifican su existencia. Si así fuera, en su caso, yo elijo este: “solo quienes sean capaces de sostener la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”.
Definió a los antisemitas con una precisión quirúrgica. Mario Eduardo Cohen, recordó que Sábato dijo que “: “El antisemita dirá sucesivamente –y aun simultáneamente– que el judío es banquero y bolchevique, avaro y dispendioso, limitado en su gueto y metido en todas partes. Es claro que en esas condiciones, el judío no tiene escapatoria: cualquier cosa que diga, haga o piense, será objeto de los fascistas que industrializan el odio.
Sábato, hijo de calabreses, tuvo diez hermanos. Su conciencia ciudadana flota en cada librería y biblioteca que no debe tener luto por su pérdida. En un océano de ideas, de belleza creativa y polémica es donde puede descansar aquel pequeño gran hombre que nos enseñó tanto como Nación.
Murió de madrugada y fue velado por sus vecinos en el club social y deportivo de todos sus días. Jaime Roos me ayuda a decir que “dicen que se fue/dicen que esta acá/dicen que se ha muerto/ dicen que volverá/. Me gusta decirle don Ernesto: usted es nuestra memoria colectiva…