Mis hermanos locutores – 2 de julio 2021

Mañana es el día del locutor. Pero como no tenemos programa, hoy quiero repetir mi homenaje de todos los años. Necesito agradecerles por tanto a nuestros hermanos de radio. Me gusta insistir, corregido y aumentado, con este humilde reconocimiento. Primero, los aplausos para ella, la mejor: Marcelita. Ella decía que era la Mascherano de Leuco. Desde que ganó el Martín Fierro fue, es y será, para mí, la mejor locutora argentina. La que con su alegría borra todo lo malo. Ella, está bancando este proyecto llamado “Le doy mi palabra” desde el primer día. Y gran parte del éxito es gracias a su talento. Por eso me toca a mí decirle, gracias Marcelita. Por la buena onda, la buena voz y la buena mina que sos. Hoy me siento el Mascherano de Giorgi. Ella es la joya, nuestro arsenal, la voz cantante, la nave insignia como me gusta decirle. Siento que jugamos de taquito. Yo digo: “fíjese Marcela la hora que se hizo y nosotros hablando tantas pavadas” y cien guiños radiales más y ella devuelve la pared redonda como si fuera Bochini. O su admirado Kun Agüero. Hoy es la tía de Nacho.
La negra, la tana, Rita Mansur, la doctora Cristina, la diputada Diana No escuchen a Lanata, la que es capaz de llevar a radio Mitre en su garganta, igual que el glorioso y certero Héctor Norberto Tricinello al que ya le hicimos un homenaje o ese genio de los tonos y los matices que hace lo que quiere con sus cuerdas vocales y se llama Marcelo Elorza. Confieso que me alegra la vida cada vez que lo escucho decir: “Fuuuutbolll” o “Casanellllo”.
Y me gustaría que este abrazo radial le llegara a todos los locutores porque, insisto, son nuestros hermanos del aire. Son los que alguna vez sintieron algo que les decía que su voz no iba a ser más su voz. O mejor dicho, que sus voces, iban a ser voces por donde otras multitudes de voces se iban a expresar. La voz iba a seguir siendo una voz propia, tal vez la más profunda, pero también la voz de otros. Hoy quiero ratificar esta declaración de amor a los locutores y las locutoras.
La voz de un locutor debe ser clara, precisa y segura. Con eso alcanza, según el manual, para ser lo que se dice, un buen locutor, un buen profesional. La garganta atenta y educada, la modulación correcta. Para leer noticias, mensajes, temperaturas, encuestas, correos electrónicos, tuits, pedidos de sangre, para presentar discos, chivos, reportajes, invitados, columnistas. Todo eso hace un locutor. Pero con eso no alcanza para ser locutor. Para ser duendes de la radio, la radio les pide más.
Por eso le dan a las palabras alas y colores.
Por eso le dan a las palabras aromas y sabores.
Por eso le dan a las palabras volumen y texturas.
Son voces amigas que se alegran y entristecen junto a todos nosotros. Nos hacen compañía, nos dan una mano. Nos soportan a los que integramos ese extraño e incomprensible mundo de los no locutores.
Por eso le dan a las palabras angustias y carcajadas.
Por eso le dan a las palabras dolores y esperanzas.
Por eso le dan a las palabras magia y sorpresas.
Le quiero contar que yo conozco a los locutores. Los espío desde hace años, me siento cerca de ellos. Los he visto nerviosos por algo que no sale. Sanateando porque se colgó la máquina y las noticias que no llegan. Los he visto tentados de risa por un furcio o por un blooper. Los he escuchados decir pavadas. Los he escuchado decir genialidades. Hablo de la asamblea de ratones que convocan con sus cuerdas vocales de terciopelo Nora Perlé o Marcela Labarca, del estilo filoso y chispeante de María Isabel Sanchez, la Negra Verón, Paola Agostino, Mariel Di Lenarda que como Mitre, siempre informa primero y Natalia López, un lujo que juega en todos los puestos y que prácticamente parió a su hija Esperanza acá en la radio. Y aprovecho para decir una vez más la felicidad que me produjo reencontrarme en el aire de Mitre con Andrea Estevez Mirson. Ella reemplazó a Marcela muchas veces y sembró el estudio de sonrisas y campanas.
Hay que ponerse de pie y sacarse el sombrero para nombrar a los que hicieron escuela, como Juan Carlos Pascual que estuvo 60 años en esta radio Mitre y casi casi, se murió frente al micrófono. O la personalidad y autoridad de Betty Elizalde, que también falleció y se transformó en una leyenda. Celebro la transparencia solidaria de Alicia Cuniverti que aparece en nuestro libro “Cuidáte changuito”. Son todas herederas de Rina Morán, las salieris de Beba Vignola.
Hay tantas voces que han quedado grabadas en la memoria colectiva de la oreja nacional. Y tantos maestros como nuestro bendito Cacho Fontana, el de la perfección del acero, o la sabiduría enciclopédica de don Antonio Carrizo que hoy da cátedra en el cielo de las voces o ese socavón que me estremecía del negro Edgardo Suarez cuando decía: “Hola pariente”. Como envidio esos caños esos verdaderos ductos transformados en parlantes como los de “tero” Ricardo Martínez Puente o del querido Negro Luis Garibotti y las ampollas para el cabello o las pulsaciones milimétricas del Negro Albornoz o el legendario diccionario enciclopédico llamado Pancho Ibañez.
Hoy trato de imitarlos cuando les digo que estoy seguro, seguro que todos los días hay una buena noticia.
Ellos son los militantes de la tanda, los que hablan desde las tripas con el tono sobrio cuando una noticia es una tragedia, son los maestros de ceremonia que conducen los programas y dicen lo que sienten y sienten lo que hacen. Nos aceleran el pulso cuando viene un último momento. Nos abren las ventanas con el tono luminoso cuando anuncian el ganador de un viaje, dos entradas para ver a Palito, un campeonato, cualquier nacimiento.
Le hablan a nadie a través del micrófono y la hablan a todos. Multiplican las voces amigas. Andrea Montaldo que es locutora y amiga entre otras miles de cosas, del queridísmo Juan Alberto Badía que tanto extrañamos desde que nos clavaba sus flechas a toda la juventud con Graciela Mancuso marcando el camino.
Conviví y aprendí durante 15 años con el más grande. Un tal Fernando Bravo que siempre está llegando de San Pedro y que hace 40 años que juega en primera creando los climas más emotivos que conozco. Fernando es orgullosamente locutor. Defiende el carné del ISER con uñas y dientes. Años de viajar en tren y de estudiar para lograr ese bendito título habilitante que logró con Julio Lagos de compañero de banco.
Son nuestros hermanos de la radio. Hoy quiero darles un abrazo a todos ellos. Sin ellos no hay radio.
Y uno muy especialmente a dos titanes de la comunicación. Por un lado a ese negro inmenso llamado Hugo Guerrero Martinheitz que está en el cielo y al que le voy a agradecer toda la vida que me haya arrancado del periodismo gráfico. Cuando saqué mi primer libro, me hizo tres entrevistas consecutivas de una hora en su programa de televisión. Al final, miró a cámara y dijo: señores empresarios que están esperando para contratar a Leuco para la radio y la tele. Este señor habla con copete. Que ya mismo deje los diarios y las revistas”. Jamás lo olvidaré. Semejante prócer logró torcer el rumbo de mi vida profesional.
Pero ahora me enteré que el Negro querido también fue decisivo para el destino de otro gigantesco locutor que admiro y que lleva en sus tonos el ADN de radio Mitre. Hablo de Juan Carlos Del Missier. Le confieso que me regocijo escuchando a Juan Carlos en “Vivamos la vida”. Hace una impresionante exhibición de recursos para comunicar. Te hace la vida más placentera, reparte el juego con la pelota al pié y juega con las pausas y el volumen de su voz hasta convertirla en un show radial imperdible. Con los mismos malabares y la misma magia que instala en ese horario misterioso de las madrugadas, “De la noche a la mañana”. Los alumnos del ISER o de las facultades de periodismo deberían escuchar a Juan Carlos Del Missier para saber cómo se fabrica un gran programa en el aire puro de una radio. Tiene un estilo muy popular y para nada chabacano. Me enteré que un día le hizo una entrevista a Martinheitz en su querida provincia de Santa Fé y después, el Negro le dijo que se subiera a su Ford Falcon y lo llevó derechito a la victoria de vivir haciendo radio, lo que más amaba y lo que más ama. Juan Carlos tenía 20 años en ese momento. Se podría decir que Martinheitz lo descubrió. Otro motivo para admirar al Negro y a Juan Carlos en el día del locutor. Guerrero decía que la radio es el teatro de la mente. Es como decir la radio que respira o el micrófono que late. Que mañana tenga un feliz día, compañeros. Gracias por todo. Y hasta la próxima tanda. Y hasta la próxima magia.

Libertad de prensa mata corrupción – 1 de julio 2021

Por fin sonó un tiro para el lado de la
justicia. La libertad de prensa ganó una nueva batalla. Con su fallo, la Cámara Federal porteña, confirmó que el secreto periodístico sobre las fuentes de información es el ADN de nuestro trabajo. La búsqueda de la verdad es el motor que mueve a los medios de comunicación. Y para que eso pueda realizarse, los cronistas no estamos obligados a revelar quienes son nuestras fuentes. Eso está en la Constitución Nacional y es ley en Argentina y en todos los países democráticos del mundo. Es uno de los pilares del estado de derecho. No se trata de un privilegio de nuestro oficio. No es un derecho que tenemos los periodistas. Es un derecho de todos los ciudadanos a tener la información más rigurosa y certera posible para que puedan tomar sus decisiones.
Esta causa además, era un verdadero despropósito donde los delincuentes acusaron al periodista honrado y valiente que reveló el sistema de corrupción más grande de la historia democrática argentina conocida como “los cuadernos de las coimas K”. Dos procesados en ese expediente, Néstor Otero y Gerardo Ferreyra, fueron contra el colega Diego Cabot. Un verdadero despropósito de gente que no tiene ética ni vergüenza. Están involucrados en varias causas. Son dos empresarios enriquecidos durante el kirchnerismo que quisieron poner contra las cuerdas y cuestionar al periodista que investigó y reveló lo que ocurrió. ¿Cómo lo hostigaron? Pedían que dijera como consiguió los cuadernos escritos por Centeno. Querían que se revisara el teléfono celular de Cabot. O que se tomaran las huellas digitales de los cuadernos. O las cámaras de video de su barrio. Una locura que ni el juez Julián Ercolini en primera instancia ni la Cámara aceptaron. ¿Se entiende? Los que violaron la ley le pedían a la justicia que violara la ley obligando a que un periodista quebrara el secreto de las fuentes.
Esto fue definitivamente archivado como corresponde. Pero sirvió para dos cosas. Primero para ratificar la vigencia de la libertad de prensa sin censuras ni extorsiones y segundo, para recordar la causa que ahora, parece estar frenada.
No hay antecedentes en la historia democrática donde una asociación ilícita liderada primero por Néstor y luego por Cristina haya saqueado al estado con tanta impunidad para enriquecerse en forma ilegal y colosal.
La letra peritada del chofer Oscar Centeno escribió prolijamente y minuto a minuto, la crónica del robo del siglo en la Argentina. Son cuadernos sin Gloria. Son los cuadernos que deberían hacerles confesar y pedir perdón a los kirchneristas que pagaron y cobraron coimas monumentales con dinero que le robaron al pueblo pobre de la patria.
La causa de los cuadernos de la corrupción de Cristina actualmente está absolutamente probada por las confesiones ante los expedientes de 31 imputados colaboradores con testimonios y pruebas documentales que fueron ratificados por la Cámara Federal que confirmó su validez jurídica.
El fiscal Carlos Stornelli, hizo un trabajo riguroso de 678 páginas, está repleto de medidas probatorias. Son 525 entre “oficios a organismos, informes de inteligencia, declaraciones testimoniales, pericias sobre computadoras o memorias telefónicas, allanamientos y lista de vuelos oficiales”, entre otras.
Gente de la máxima confianza y cercanía de Cristina, Néstor y Máximo, como su contador Víctor Manzanares y 30 arrepentidos más dieron testimonios de todos los mecanismos del robo y de las coimas y del gigantesco enriquecimiento ilícito de la familia Kirchner, del cártel de los Pingüinos y de muchos empresarios cómplices. Todas estas denuncias fundamentadas fueron certificadas por la prueba recolectada. Cada palabra de esos cuadernos que hoy están en manos de la justicia fue corroborada por la realidad. No hubo inventos ni fantasías. Todas son dolorosas verdades.
¿Qué más hace falta para que nadie dude de que Cristina no es inocente ni decente? Ella dio las órenes al cártel fue liderado por tres organizadores: Julio de Vido, el gerente general, Roberto Baratta y Josesito López. A cargo del engranaje financiero, estuvo Ernesto Clarens y Carlos Wagner, fue el coordinador de todos los empresarios que participaron de la estafa. Le recuerdo que muchos de estos empresarios dicen que fueron obligados, extorsionados pero en muchos casos, ellos estaban felices de participar en esa cartelización nefasta. ¿Sabe por qué? Porque no estaban obligados a competir, ponían el precio que más le gustaba y le cargaban sobreprecios de hasta el 50% o más en algunos casos y de allí, salían las coimas, el retorno, o como usted las quiera llamar. ¿Se entiende? Los empresarios no pagaban las coimas de sus ganancias. De ninguna manera. La sacaban de los sobreprecios. Por lo tanto todos los argentinos pagamos esos malditas retornos.
Ya no hay nada que investigar. Está todo clarísimo. La justicia considera que está absolutamente probado que Cristina ahora y Néstor antes fueron los jefes de la asociación ilícita destinada a cobrar coimas durante años y por millones de dólares.
Esto es solo la punta del iceberg. La estafa de los pingüinos buitres tiene dimensiones monumentales. Y en muchos casos, está probado que ese dinero sucio e ilegal iba a tres lugares básicamente: a la quinta de Olivos, al departamento de Juncal y Uruguay y a la casa de María Ostoic, la madre de Néstor. Se sintieron tan impunes que dejaron los dedos pegados por todos lados.
Está claro que cuando Néstor se murió, Cristina, asumió la conducción política de su espacio pero también la gerencia administrativa de coimas, lavado y mega corrupción de estado.
Todos los caminos de la corrupción conducen a Cristina. Las pruebas que hay en todos los expedientes son demoledoras. Es la justicia, la encargada de hacer justicia. Los periodistas hacemos nuestro trabajo y defendemos el secreto de las fuentes para aportar a la búsqueda de la verdad. Por eso la libertad de prensa es el principal insumo de la democracia. Y por eso jamás hay que bajar la guardia.

El asesinato que es una pesadilla para Cristina – 30 de junio 2021

Pasado mañana, este viernes, se cumple
un año del asesinato de Fabián Gutiérrez, el secretario privado de Cristina. Se trata de una verdadera pesadilla para la jefa del jefe del estado. Porque todavía queda mucho por aclarar de ese crimen atroz. Gutiérrez se hizo millonario en su cargo y luego fue un testigo arrepentido que confirmó, por ejemplo, que dos corruptos confesos como José López y Ricardo Jaime le llevaban bolsos a Néstor Kirchner a Olivos.
Siempre digo que una de las formas de medir la magnitud colosal de la corrupción que instaló el kirchnerismo es mostrar como dos secretarios que hoy están muertos, Gutiérrez y Daniel Muñoz, fallecieron millonarios.

Fabián Gutiérrez tenía solamente un viejo automóvil cuando empezó a trabajar con Cristina y con un sueldo del estado, logró construir un emporio de dos concesionarias de más de 55 autos Mercedes Benz, BMW, Porsche, Ferrari y tener 36 inmuebles y un hotel.
¿Eran dólares que se les caían de los bolsillos y las valijas a Néstor y Cristina? ¿Eran fortunas que Néstor y Cristina le daban a sus secretarios para que actuaran como testaferros y ellos se las robaron con la excusa de que el que roba a un ladrón tienen 100 años de perdón? No sabemos. Pero está muy claro que no fue magia, fue mafia.
Esto es lo que convierte al secuestro, desaparición, tortura y asesinato de Fabián Víctor Gutiérrez en un caso de extrema gravedad institucional. Y de alto impacto político. Y en una pesadilla para Cristina que hasta hoy, no dijo una palabra. Ni siquiera el pésame le dio a la familia de Gutiérrez que entró en un pánico tan grande que pidió que “no involucren a Cristina en los comentarios” sobre un homicidio con repercusiones en todo el mundo.
Todo Calafate estaba encandilado y asombrado por la mansión inteligente que Gutiérrez se había construido. Pileta cubierta, spa, lujos en casi 800 metros cuadrados y con una seguridad obsesiva, típica de los que quieren esconder algún tesoro.
Esto derivó en que Gutiérrez fuera expulsado del gobierno por ostentar riqueza y convertirse un imán para los investigadores judiciales y periodísticos.
Pero el muchacho no detuvo su carrera delictiva. Hizo lo mismo que sus patrones. Acumuló más y más en una codicia infinita.
No fue un asesinato de un amante despechado o de un taxi boy que reclamaba su paga en dólares? Fue lo que denominamos en su momento “La búsqueda del tesoro K”.
Todavía hay muchos misterios e incógnitas inquietantes en el homicidio. Fueron tres jóvenes, uno de los cuales sedujo a Fabián Gutiérrez. Lo torturaron durante tanto tiempo que los investigadores sospechan que buscaban un tesoro escondido o las claves de algunas cajas de seguridad.
El riguroso colega Héctor Gambini, hoy cuenta que todavía no se sabe quién conducía la camioneta que estaba esperando a los tres criminales para huir. Es clave establecer a quien llamaron desde el teléfono móvil de Gutiérrez mientras lo estaban cortando, literalmente, en pedacitos. Pero por ahora no es posible. Todos los celulares de la escena del crimen fueron enviados para su peritaje y el más importante, el de Gutiérrez, llegó con el sobre roto y no se pudo abrir para ver su contenido. Dice Gambini que es un teléfono de última generación que no se daña con una simple mojadura. Que hay que meterlo poco menos que en un balde de agua. Al parecer alguien hizo eso porque no se puede establecer a que persona llamaron mientras cometían semejante delito.
Por todos estos temas, el crimen de Fabián Gutiérrez es una pesadilla para Cristina. Hace un año, cuando la información conmovió al gobierno y la opinión pública, Santiago Cafiero dijo que Cristina no tiene un pomo que ver.
Yo no digo que Cristina lo mató ni que lo mandó a matar. Yo digo que el secuestro, desaparición, tortura y asesinato de Fabián Gutiérrez es una pesadilla para Cristina. Un fantasma que la va a perseguir por mucho tiempo.
Yo digo que el crimen tiene un alto impacto político porque Gutiérrez era pobre y se hizo millonario como secretario de Cristina y porque, como arrepentido, denunció ante la justicia el mecanismo de recaudación y el circuito que recorría el dinero sucio de la corrupción de estado.
Yo no digo que Cristina lo mató ni que lo mandó a matar. Yo digo que todo el país y las redes sociales, se estremecieron al conocer que otro denunciante de los delitos de Cristina, había sido asesinado.
Por eso en internet, gente anónima y sin aportar ningún dato, lo comparó con el caso Nisman.
También hubo comentarios muy contundentes al respecto de personas que se identifican. Augusto Salvatto, por ejemplo. Politólogo y máster en Ciencias Sociales de la Sorbona de Francia, escribió con ironía: “No todos los que dijeron que Cristina era corrupta aparecieron muertos. Otros terminaron siendo sus compañeros de fórmula. Digamos todo.”
En ese momento, Alberto calificó de “miserables y mafiosos” a los tres presidentes de los partidos políticos opositores solamente porque expresaron cuestiones de sentido común. Que el crimen de Fabián Gutiérrez es de extrema gravedad institucional. Que la investigación del delito debe pasar a la órbita de la justicia federal para garantizar imparcialidad y transparencia. Y que Natalia Mercado se tiene que apartar como fiscal del caso por ser la sobrina de Cristina, la persona que fue denunciada por el asesinado. Fueron todos pedidos absolutamente racionales y democráticos. ¿Dónde está la actitud de miserables y canallas? Son todos reclamos institucionales, republicanos y no hay un solo insulto ni descalificación.
Pero Cristina se llenó de ira contra Fabián, no solamente porque confirmó el mecanismo de recaudación y el circuito que recorrían las coimas y sobornos. Ella no le perdonó nunca que ante el juez Claudio Bonadio la describiera como una persona que nadie aguantaba y con la que nadie quería trabajar por el trato de esclavo que les daba a sus colaboradores. Es más, Fabián confesó como se referían a Cristina todos los empleados. Fue una manera cruel y muy machista de radiografiarla: “Le decíamos la loca o la yegua y otro término que no quiero mencionar por cuestiones de género”.
Roxana Reyes, diputada por el radicalismo de Santa Cruz dijo que “el estado es responsable de la muerte de Gutiérrez. Alberto y Cristina, son responsables porque no lo cuidaron”.
Eso le dio pié a muchos memes tragicómicos. “Investigar a los Kirchner tiene una tasa de mortalidad más alta que el coronavirus” o “hay que aplanar la curva de testigos”.
Muchos quieren ocultar lo que pasó. Pero la realidad vuelve una y otra vez. Hasta que se haga justicia.