Samid, el rey del odio racial – 16 de junio 2021

A esta hora, todavía no hubo ninguna
reacción del Inadi. A esta hora, el presidente de la Nación, que además es el titular del Partido Justicialista, no abrió la boca y eso que lo hace con mucha facilidad. Hasta este momento, ni Victoria Donda ni Alberto Fernández han salido a repudiar, amonestar o aunque sea a tomar distancia de la salvajada discriminatoria de Alberto Samid. El Instituto contra la discriminación tiene como tarea principal salir a cruzar este tipo de delitos. Alberto debería decir algo sobre un afiliado e histórico militante del justicialismo como Samid. Fue diputado y además, vicepresidente del Mercado Central en el gobierno de Cristina.
La reiteración y la magnitud de sus insultos cargados de odio racial deben tener su castigo. Samid es un delincuente que está preso. Apenas estuvo dos meses en el penal de Ezeiza porque la justicia lo premió con una detención domiciliaria. Y eso que tuvo que ser recapturado en Belice por Interpol y la Policía Federal. Está condenado a 4 años de prisión por asociación ilícita y evasión impositiva.
Semejante malandra, cuatrero y xenófobo se dio el lujo, por enésima vez, de escupir su antisemitismo sobre los judíos. ¿Hasta cuándo el estado argentino y la justicia le van a permitir ese atropello?
¿Qué pasó?
La embajadora de Israel en Argentina, anunció algo lógico. Dijo que iban a tener que buscar otro proveedor de carne si Argentina seguía interrumpiendo la exportación con el cepo.
Samid respondió con el siguiente tuit: “Lo mejor que nos puede pasar es que los judíos no nos compren carne. Que esta “amenaza”, la realicen. El mundo no les quiere vender nada. Son un desastre como clientes. Se los garantizo yo, el rey de la carne”.
En su fobia irracional, tal vez, Samid ni siquiera sepa que en el estado democrático de Israel, no solamente viven judíos. Y que un partido árabe acaba de sumarse a la coalición de gobierno. Pero eso es un detalle. Lo importante es su desprecio permanente a todo lo que le parezca judío. Porque no es la primera vez que vomita estas palabras. Hace dos meses, lo hizo contra tres empresarios. A uno le dijo que “este moishe no tiene límites, no se cansa de robarnos. Estos paisanos son todos iguales.” Como si esto fuera poco, además convocó a bloquear el edificio donde está la sede de su industria. Y a otros dos los acusó porque “hicieron la guita acá y se van a vivir a Uruguay”. Evito los nombres para no re victimizarlos.
En octubre del 2020 hizo algo muy parecido que no vale la pena repetir. Alberto José Samid, peronista hasta el caracú, desde el 26 de mayo ya tiene colocadas las dos dosis de la vacuna Sputnik. Pertenecer tiene sus privilegios. Sus vínculos con el peronismo son muy variados y estrechos y por eso, se siente absolutamente impune.
Insisto: estoy atento y espero escuchar la voz del Presidente del país y del justicialismo con algún tipo de condena o de inhabilitación partidaria hacia Samid. No se pueden dejar pasar ni naturalizar a estos venenos explosivos.
¿Es correcto que Samid tenga el privilegio de la detención domiciliaria pese a que tuvieron que decretarle la captura internacional porque se había escapado del país? No es que intentó fugarse: se fugó.
“No me voy a entregar, estoy en una provincia peronista”, dijo en ese momento. Y era cierto. Porque desde Formosa, gobernada por su amigo Gildo Insfrán, cruzó a Paraguay y de allí a Panamá y directo a Bélice. Patricia Bullrich era ministra de Seguridad y lo hizo traer de las pestañas.
Samid se declaró un perseguido político. El invento del Lawfare da para todo. La querellante fue la AFIP y Samid fue condenado porque había armado una organización delictiva para evadir más de 28 millones de pesos. A los gritos chillones decía que era un preso político. Si Samid es un preso político, yo son Hemingway.
Cuando lo sacaron de una comisaría en Belice, salió desafiante, haciendo la ve de la victoria peronista. Pero se ve que
no comprendió del todo la frase histórica de Perón: “De todos lados se vuelve, menos del ridículo”. Samid, con su voz de pito y su prominente abdomen hizo absolutamente de todo para quedar en la historia bizarra y despreciable de la política argentina. Tiene algunos momentos memorables que están en todos los archivos de la televisión argentina. Los más recordados son su pelea en vivo y en directo a las trompadas con Mauro Viale. Y esa provocación antisemita de repetirle una y mil veces que dijera su verdadero apellido. Viale lo había acusado de avalar el atentado terrorista de la AMIA y el matarife se puso a su lado, cara a cara, y le dijo “Te voy a matar” y le pegó un derechazo cortito en la cara. Después vino el revuelto de puñetazos, patadas, productores que intentaban separar e insultos. Se cayó al suelo Mauro pero no fue por toda la cuenta. Logró levantarse y seguir tirando sus patadas voladoras.
Le había dicho “judío de mierda” y la pelea después siguió en la calle.
Samid envió toneladas de carne a Irak durante la guerra del Golfo pese a que Argentina había adherido al embargo decretado por Estados Unidos al régimen de Saddam Hussein.
Samid será ridículo pero no come vidrio. Siempre se pegó como estampilla al poder peronista. A Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Daniel Scioli, con quien solía compartir largas partidas de ajedrez en las tardes aburridas de La Ñata. Y ya le dije que con Cristina, fue vicepresidente del Mercado Central.
Anduvo con una carnicería con rueditas por todos lados tratando de chuparle las medias a Cristina con el lema de que “El Rey de la carne” como se autotitula, podía vender mucho más barato que otros.
El matarife matancero tiene varias cuentas pendientes ante la justicia. En el sector lo acusan hasta de abigeato (es decir de robar ganado) y hasta Felipe Solá cuando era gobernador de Buenos Aires, hizo esa denuncia.
Ayer, Samid siguió haciendo declaraciones en medios de comunicación K y ratificó sus dichos.
Está claro que en algún momento Alberto Fernández, Victoria Donda y la justicia, van a tener que condenarlo sin privilegios. Porque no es el rey de la carne. Es el rey del odio racial.

Las encuestas asustaron a Cristina – 15 de junio 2021

En los últimos días, el gobierno de los
Fernández hizo muchas cosas inexplicables. La gran mayoría, se pueden entender porque Cristina estuvo estudiando encuestas y entró en pánico.
Esa es la razón. Por eso levantó el perfil y le sacó el micrófono por ahora a Alberto. Los números que las consultoras le mostraron sobre los posibles resultados electorales son muy preocupantes para la jefa del jefe del estado. Sobre todo en la provincia de Buenos Aires donde Cristina se juega la vida, la libertad y la suerte de su proyecto de impunidad, venganza y continuidad en el poder. El cristinismo bonaerense, con Axel y Máximo como comandantes, cometió un rosario de errores interminables y no pudo solucionar casi ninguno de los problemas. Y esto se refleja en las encuestas. Hay un rechazo creciente hacia el oficialismo nacional y provincial y se fortaleció la opción de un voto castigo, realmente masivo. Eso potenció los temores de Cristina que hasta hace un par de meses, pensaba que iban a ganar caminando. Vacunas y planes sociales era el combo con el que pretendían consolidar el alto nivel de voto cautivo que tienen, especialmente en el Conurbano. Pero las cosas se complicaron bastante. Por eso, por orden de Cristina, pegaron un giro de 180 grados en el tema de las clases presenciales. Fue tan inesperado todo, tan traído de los pelos que Alberto Fernández y Nicolás Trotta se enteraron con el anuncio que hizo Kicillof por televisión. Una vez más el presidente y el ministro quedaron pagando. Horas antes habían despotricado contra Rodríguez Larreta por avanzar con la apertura de las aulas. Lo acusaron de jugar con el fuego en donde la gente se quema. Y de pronto, Axel se adelantó por primera vez a los anuncios de Larreta y confirmó que en muchas de las intendencias kirchneristas, volvían las clases frente al pizarrón. Manipuló a su antojo los números y anunció lo que anunció.
Todos se sorprendieron, menos Cristina. Es que no hubo clases en momentos de mucho menos contagios y muertes y ahora, volantazo mediante, se planteó todo lo contrario. Ni los gremios de Baradel y compañía no lo podían creer. Se la pasaron militando contra las clases presenciales porque (según decían) eran un huracán de contagios y de un minuto para el otro, tuvieron que cambiar el libreto. Algunos sindicalistas amenazaron con rebelarse. Pero se calmaron de inmediato con cinco palabras: “Es una orden de Cristina”
Cristina siente que al abandonar las escuelas, abandonaron la calle y la militancia. Se quedaron en sus casas y dejaron de hacer el trabajo proselitista de siempre. Con el resto de los maestros, con los padres, bajando línea en las actividades. Y eso se nota en las encuestas. El discurso más crítico hacia el gobierno prendió mucho. Por eso la decisión de Axel no fue por motivos educativos ni sanitarios. Fue solo por razones electorales. Se asustaron porque se vieron venir la noche. El manejo absolutamente ineficiente de la pandemia, con tráfico de vacunas incluida, la hecatombe económica con el horror que multiplicó la pobreza y la desocupación, fue poniendo en contra a los votantes independientes y desilusionando, incluso a los militantes menos fanáticos.
Por eso abandonaron el sistema de vacunación militante que era lento y burocrático y aceleraron la marcha al sumar a los profesionales y a los vacunatorios históricos. Por eso Cristina dio la señal al decretar un aumento del 40% a todo el Congreso de la Nación. Fijó un nuevo piso para las paritarias frente al cálculo del insólito 29% de Martín Guzmán. Más plata y más vacunas es la consigna para intentar ganar las elecciones en el Conurbano.
Hay varias consultoras amigas de Cristina que le acercaron datos alarmantes.
Encuestas no kirchneristas como las de Managment and Fit de Mariel Fornoni, arrojaron una noticia bomba: por primera vez, Juntos por el Cambio tiene mayor intención de voto que el peronismo en la provincia de Buenos Aires. Solo el 35% de los habitantes ven positivamente a la gestión del gobernador. Y Cristina tiene el 57% de imagen negativa. Por primera vez Macri está mejor que Cristina en Buenos Aires.
El índice de confianza de la Universidad Di Tella revela que Alberto Fernández está más bajo que Mauricio Macri en diciembre de 2019.
Estos datos explican varias cosas:
1) Que hayan acelerado la persecución a los jueces que Cristina no quiere: Bertuzzi, Bruglia y Castelli.
2) Que le hayan transferido una montaña de fondos a Kicillof, en forma arbitraria, discrecional y desproporcionada. Recibió 205 mil millones de pesos. Eso es el 43% del total pese a que Buenos Aires explica el 37% del padrón nacional. Un dato: Larreta recibe solo 20 mil millones, es decir diez veces menos que Axel.
3) Que hayan redoblado el ataque a Horacio Rodríguez Larreta. Confirmaron que el Servicio Penitenciario Federal no va a recibir presos de la ciudad y Santiago Cafiero lo criticó tanto que hasta el prudente Diego Santilli tuvo que salir a defenderlo. Ayer, Carlos Bianco dijo que “Larreta no cumple la ley” y Trotta aseguró que “las malas decisiones de Larreta aceleraron la irradiación del covid hacia el resto del país”. Y Kicillof la remató diciendo que “los que dejaron pudrir las vacunas y cerraron hospitales, nos quieren enseñar a vacunar”.
4) Como si esto fuera poco, Hebe de Bonafini que no dice nada sin consultar a Cristina trató de “dictador” a Larreta porque “el camino de su vida está sembrado de muertos” y “está lleno de odio y de soberbia”. Y en lo más fascista de su delirio. lo acusa de “mufa y jettatore”.
5) A Kicillof le dieron el 90% de las obras viales nacionales. De 3 mil millones, 2.700 fueron a las arcas de Axel.
6) Cristina reapareció en La Plata y atacó a la oposición “porque envenenan a la gente diciendo que tal o cual vacuna no sirve. No podemos discutir si la tierra es redonda o es plana. Libertad para mí y el resto que se joda, no es libertad”
El horizonte de las urnas es muy complicado para los Fernández. Desde marzo del 2018, los salarios (públicos, privados y en negro) perdieron de promedio un 20% del poder adquisitivo. El desempleo real es del 20%. Hay mucha bronca que se puede traducir en mucho voto castigo. Eso es lo que leyó Cristina y por eso, entró en pánico.

El virus del pésimo gobierno y la pobreza – 11 de junio 2021

Carlos Tissera, el obispo de Quilmes,
nos pegó un cachetazo brutal a todos los argentinos en general, pero al gobierno en particular. El presidente de Cáritas fue portavoz de una noticia absolutamente desgarradora: “De cuatro chicos, solo uno come todos los días”. ¿Cómo es posible que en este país hayamos provocado semejante tragedia? Porque la pandemia produce su daño, por supuesto. Pero el virus de la pobreza, la marginalidad y la indigencia hace mucho que tiempo que contagió a gran parte de los argentinos.
La Iglesia, a través de Monseñor Tissera, no anduvo con vueltas: “La Argentina se encuentra ante una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes en la que familias enteras sufren y, literalmente, están muriendo sin asistencia”.
Es una radiografía dramática de lo que destruyeron todos los gobiernos. Pero los que más tiempo gobernaron, más responsabilidad tienen. Desde el retorno de la democracia en 1983, el peronismo en todas sus variantes ideológicas, gobernó durante 26 de 38 años y en La Matanza, siempre hubo un intendente de ese partido. Desde que asumió Néstor Kirchner, en 2003 tuvimos casi 14 años de gobiernos kirchneristas. Primero Néstor, dos veces Cristina y ahora Alberto como gerente de Cristina. En el medio hubo cuatro años de Macri. Insisto: todos tienen su cuota parte de responsabilidad en este horror. Pero esa culpa, también es proporcional al tiempo que estuvieron en la conducción del estado. Entonces, lo que fracasó no es el capitalismo, como dijo Alberto livianamente para agradar a Vladimir Putin. El que fracasó fue el kirchnerismo como enfermedad infantil del peronismo.
El informe de Cáritas asegura que “el 75% de los chicos son pobres, en el Conurbano bonaerense”. Los datos fueron aportados por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica y su director Agustín Salvia. Por supuesto que además de la pobreza material y concreta, aumentaron en forma aterradora los problemas sicológicos y afectivos. Eso ha generado un impacto emocional doblemente demoledor de los chicos y sus familias.
Tissera lo resumió con la frase: “La gente no da más”. Es una alerta roja encendida en el tablero del gobierno de los Fernández en general y del de Axel Kicillof en particular. Aparecen sensaciones de alto impacto como la inquietud, la angustia, la agitación, el nerviosismo, la desesperanza, la tristeza y la depresión.
Hay tres urgencias sociales impostergables: vacunas, educación y trabajo. La principal tarea de toda persona solidaria es ayudar a reparar el daño social antes de que sea demasiado tarde para lágrimas. Hay que evitar la catástrofe humanitaria y la hambruna. Hay que apagar cualquier chispa que pueda encender un estallido social. Todos los indicadores son un desastre. El fracaso de Alberto y Cristina se registra en todos los planos. El aumento de la pobreza, la desocupación, la indigencia, la marginalidad, la droga, el cierre de negocios y empresas y la inflación imparable a la que no le encuentran la vuelta.
Como si esto fuera poco, para más del 70% de los chicos, el año pasado no existieron las clases virtuales. Del informe de la UCA se desprende que 7 de cada diez menores de 17 años no participaron en ninguna clase remota. Esa es una forma de acelerar brutalmente la desigualdad educativa, la repitencia y la deserción escolar.
El panorama es desolador. Y si los modelos son Hugo Moyano, Gildo Insfrán, Nicolás Maduro y La Cámpora, estamos en el horno. Como dijo Salvia, “los planes sociales cumplen con algo de alivio, pero no son inclusivos”. El único programa que saca a nuestros compatriotas de la pobreza es el trabajo genuino, privado y en blanco. Y para poder lograr eso se necesitan un plan económico serio, que fomente las inversiones y la seguridad jurídica y que le saque las manos de encima al mundo productivo del campo, la ciencia, la industria y el comercio.
Ojalá el dogmatismo ideológico de este gobierno deje de lado los fuegos de artificio y deje de utilizar las mismas herramientas que durante tanto tiempo han fracasado. Hacer lo mismo y esperar resultados distintos es la definición de locura que dio Albert Einstein. Dejen de asfixiar con impuestos monumentales, con los abusos extorsivos de las patotas sindicales, abran la cabeza y las fronteras al mundo y terminen con la maquinaria burocrática que impide todo crecimiento.
¿Qué hicimos los argentinos para merecer esto? ¿Cómo es posible que con la fábrica de alimentos extraordinaria que es y que puede ser este país, tengamos una herida tan profunda?
Es un drama que debe analizarse con la mayor seriedad y sin la repudiable intencionalidad de lavarse las manos y culpar a otro como hacen los Fernández.
Esa hecatombe social no cayó del cielo como una tormenta. Fue una construcción de la dirigencia política argentina y una destrucción de los mínimos lazos solidarios.
¿O la arquitecta egipcia también se creyó esa mentira colosal que dijo Aníbal sobre que en Alemania había más pobres que en la Argentina? ¿Se acuerda de aquella humillación? De esa mojada de oreja a los más pobres de los pobres. Cristina fue la que ordenó que no se informaran las cifras de la pobreza para no estigmatizar a los que sufren y la esposa del que dinamitó las estadísticas del INDEC para ocultar la inflación. Ella dijo que nuestro país tenía un índice de pobreza por debajo del 5% y una indigencia de apenas el 1,27%. ¿No me cree? Puede ir a los archivos. Fue hace dos años. Busque en Google. A veces son tantas las falsedades y las desmesuras que nos olvidamos.
A esta altura no hay excusas. Es hora de dejar de hacer diagnósticos y de extirpar para siempre el hambre y la pobreza de nuestro bendito país. Utilizo el verbo extirpar con toda intención quirúrgica. Como se extirpa un cáncer social que nos carcome nuestra dignidad. Es un escándalo moral y debería avergonzar nuestra condición humana. Hay muchos países del mundo que no tienen recursos para combatir el hambre. Pero Argentina tiene de sobra. Que haya tantos chicos con hambre, es un crimen de lesa dignidad.