Es una verdad revelada. Algo que se cumple en forma matemática. El nivel de libertad de prensa es un termómetro del grado de autoritarismo de un país. Con libertad se puede hacer un periodismo bueno, malo o regular. Eso lo juzgará la gente. Pero sin libertad, lo único que se puede hacer es propaganda. Muchos creen que el principal insumo del periodismo son las noticias. Y no es cierto. Nuestro principal insumo es la libertad.
Lo primero que hacen las dictaduras como Venezuela y Cuba es amordazar, censurar y perseguir al periodismo. Lo primero que hacen las autocracias feudales como Santa Cruz y Formosa es intentar domesticar y hacer arrodillar a los periodistas independientes que no se alquilan ni se venden. Desde el regreso de la democracia en 1983 nadie agredió tanto a los medios de comunicación y a sus trabajadores como el cristinismo. Odian profundamente a la prensa porque quieren controlarlo todo y que nadie los controle a ellos.
Utilizaron todos los mecanismos conocidos de hostigamiento a la prensa libre e inventaron algunos porque son muy creativos para el mal. Hasta la llegada de Néstor y Cristina nadie había extorsionado a los anunciantes privados. Los obligaron a dejar de poner publicidad en los grandes medios para que apoyaran a los que tenían puesta la camiseta de Cristina. Pasó mucho esto. El caso más recordado fue el de los supermercados y sus grandes ofertas de fin de semana.
Utilizaron la pauta publicitaria con una ferocidad nunca vista. Castigaron con el látigo a los que no se disciplinaron y premiaron con su generosa billetera a los chupamedias del poder. Les dieron fortunas en pauta y miraron para otro lado ante las evasiones y elusiones impositivas para que sus cómplices compraran medios y los pusieran al servicio de Cristina eterna. Expulsaron de los medios del estado todo vestigio de pluralismo y los convirtieron en unidades básicas que adoctrinan todo el tiempo. Ejemplos sobran en los cuatro gobiernos kirchneristas. El último fue el castigo de La Cámpora a un profesional como Leonardo Flores porque mientras trabajaba en televisión en Miami hizo un documental crítico sobre el chavismo. Mientras tanto, bolsos con millones de pesos fueron encontrados en el canal mal llamado público. Lo que Rosario Lufrano todavía no encontró, fue a los culpables de semejante corrupción.
Juzgaron en una plaza pública al estilo mussoliniano a distintos periodistas, colgaron afiches con sus caras e incitaron a los chicos a que los escupieran, dispararon misiles de mentiras todos los días sobre cronistas que se negaron a sumarse a la comparsa K. Ejemplos sobran en los cuatro gobiernos k y en la cuna del proyecto en Santa Cruz. Pero el último ejemplo fue el armado de una causa judicial con complicidad de un juez militante contra un periodista de investigación honrado y prestigioso como Daniel Santoro. Estuvieron a punto de meterlo preso.
Apelaron a su grupo de tareas en las redes sociales para tirar la honra de cientos de periodistas a los perros. Ese fue y es un plan sistemático de demolición de la reputación de colegas que no se dejan sodomizar por la tiranía de la híper corrupción que fomenta dirigentes sindicales mafiosos como Hugo Moyano y sus salieris.
Recurrieron a la acción directa y a los escraches de patotas que fueron a la puerta de los canales y las radios a intimidar periodistas. A muchos les pegaron palizas inolvidables y fabricaron tanto odio como nunca antes desde 1983. Delirantes e ineficientes como Axel Kicillof han llegado a decir que los periodistas somos hinchas del Covid y queremos que la gente se muera. ¿Se puede apelar a semejante bajeza?
El líder judicial de este proyecto autoritario, Eugenio Zaffaroni, funcionario de dos dictaduras y dueño de departamentos donde se ejercía la prostitución, llegó al extremo de calificar a los periodistas que no eran de su gusto como “terrorismo mediático”. Otro sujeto de ese palo, llegó a proponer un tribunal para juzgar a los periodistas como si fuéramos genocidas: “La Conadep del periodismo”, vomitó para bautizar su idea. También utilizaron la AFIP y los espías estatales para amenazar y tirar carpetazos contra los que no se subordinaron. Están convencidos de que el estado les pertenece. No se sienten inquilinos de la Casa Rosada. Se siente propietarios.
Hace una semanas, en vivo y en directo, vimos como un para periodista organizó desde su programa una operación de escrache contra la presidenta de un partido opositor. A los dueños del canal, les dio tanta vergüenza ajena, que lo despidieron. Pero ya aparecieron otros tres talibanes dispuestos a contratarlo y a celebrar su metodología típica de servicio de inteligencia.
En lo político, llegaron hasta la puerta de las expropiaciones de medios al estilo Venezuela con una ley que fue frenada en el borde del abismo por la Corte Suprema de Justicia. Pero lo van a volver a intentar. En sus documentos internos, la guardia de hierro de Cristina, se autocritica por el orden de los factores que según ellos, esta vez alteró el producto. Ahora, decidieron ir primero por la colonización de la justicia, mediante la instalación de un jefe de los fiscales adicto hasta la esclavitud, por la reforma constitucional y la reducción del poder de la Corte. Una vez puesta la justicia bajo la suela de Cristina y Máximo, volverán a atropellar a los medios que ellos llaman hegemónicos y a los que acusan de ser parte de Lawfare, una mentira tan grande como la Patagonia o como la fortuna que se robaron los Kirchner, sus familia y casi todos sus funcionarios que se hicieron millonarios en el poder.
Este tercer gobierno de Cristina tiene como modelo a Cuba, Venezuela, Rusia, Irán, China y Nicaragua. En alguno de esos países, hay capitalismo de estado o de amigos y en otros, socialismo jurásico y fracasado. Pero en ninguno de esos países hay libertad para informar y para opinar. La censura y la persecución es parte del ADN de estos militantes del oscurantismo.
Por eso es tan importante defender la libertad de prensa. No es un privilegio ni un derecho de los periodistas. Es un derecho de los ciudadanos a ser informados con el máximo de verdad posible y con el mayor arco iris de matices ideológicos.
Los periodistas que amamos y tratamos de honrar este oficio, no defendemos camisetas partidarias ni dirigentes. No somos ni debemos ser el soporte de ningún político. Ni de Cristina ni de Macri ni de nadie. El motor que nos mueve es la búsqueda de la verdad. Nosotros defendemos valores: la democracia, la paz social, los derechos humanos, la independencia de los poderes, la honestidad, el mérito, la igualdad de oportunidades, la seguridad para trabajar y vivir con tranquilidad.
Los militantes por ideas son militantes y no periodistas. Los obsecuentes por dinero y conveniencia, son delincuentes.
A esos, los repudio por manchar este oficio maravilloso.
Los colegas dignos, valientes y con las manos limpias son los que quiero que jueguen en mi equipo. Los que quieren iluminar lo que todos los poderes quieren ocultar. A ellos los celebro. Porque el periodismo es un poderoso enemigo de todo tipo de dictaduras. Y eso no tiene precio.
Carlitos Tévez, el jugador del pueblo – 4 de junio 2021
Con la tristeza de un hincha de Boca hoy quiero despedir a Carlitos. Ya no se calzará la azul y oro. El glorioso templo de la Bombonera va a extrañar sus goles y gambetas. Hasta aquí llegó. Terminó un gran romance entre el ídolo y la multitud. Solo nos queda decirle gracias por tanto y comprender su decisión.
Me acuerdo cuando regresó. Fue conmovedor. Muchos sicólogos recomiendan que frente a algún tipo de confusión en los caminos de la vida, lo mejor es regresar a las raíces, a ese lugar donde hay contención, donde se forjó nuestra identidad. Y eso hizo Carlos Tévez. Dejó por 45 días el lujo asiático de China y volvió a vivir a Fuerte Apache con sus viejos amigos, donde están las necesidades básicas insatisfechas y el peligro. De nada le sirvieron los millones de dólares que ganó en buena ley. El combustible que necesitaba lo fue a cargar entre los más pobres de los pobres. Fue a darse un baño de realidad y humildad. Hasta que se le pasó el mareo y recuperó las ganas de gritar gol con la camiseta de su vida. Y recién ahí, decidió volver a Boca, a esa Bombonera que late y mientras tanto, hizo un par de goles en los picados con sus amigos de toda la vida.
Atrás quedó el cuento chino. Los autos con choferes, las mansiones y el contrato con el Shanghai Shenhua.
Hablo de Carlos Tévez. De Carlitos. Del apache. O del jugador del pueblo, como usted prefiera. Su vida es un verdadero ejemplo de superación. Creo que pocos ciudadanos surgieron de tan abajo, con tantas dificultades y llegaron tan arriba, con tantos valores.
No conozco ninguna persona que haya sido tan castigada por la vida y que luego haya sido tan premiada. Su infancia fue un calvario producto del destino y la injusticia social y su actualidad es una gloria gracias a su esfuerzo y su coraje. Carlos Tévez nació en la pobreza más extrema y en la marginalidad típica de las villas miserias. Pobrecito, apenas tenía 6 meses cuando su madre, Fabiana, lo abandonó. Tal vez Carlitos no tenga memoria de aquel drama. Pero cuatro meses después, la tragedia le dejó una marca para toda su vida. Una pava repleta de agua hirviendo para el mate se derramó sobre cuerpito. Es un accidente doméstico muy común que aterra hasta los médicos. Las ollas siempre deben estar en las hornallas de atrás de la cocina. Pero en este caso no había ni hornallas ni cocina. Había un humilde braserito para todo uso puesto sobre el piso de tierra. Y por eso pasó lo que pasó. Lo llevaron de urgencia a la salita de primeros auxilios de Fuerte Apache y de ahí al hospital. Pero en su desesperación sus seres queridos, los que no lo habían abandonado, lo envolvieron en una manta con fibra de nylon. Eso hizo todo más grave y terrible. El plástico se derritió con el calor y se adhirió a la piel del chiquito en llamas de llanto. Estuvo a punto de morir. Se pasó dos meses en terapia intensiva y la valentía que siempre tuvo le ayudó a salir a flote pero con una cicatriz gigantesca que va desde su oreja hasta el pecho pasando por el cuello. Sufrió las curaciones durante meses. Y el peligro de las infecciones en un ámbito desolador.
Por suerte, la humanidad siempre gana y fue criado y educado por sus tíos maternos. Por la hermana de su madre y por su esposo, don Segundo Tévez que le dio apellido y dignidad aunque en medio de las privaciones más atroces. Hace pocos más de tres meses, don Segundo falleció y eso impactó muy fuerte en el ánimo de Carlitos.
Pero esto no fue todo. Su padre biológico, Juan Alberto fue asesinado de 23 balazos en un enfrentamiento.
Carlitos tenía solo 5 años y un amor incondicional por la pelota. La dominaba como nadie entre las piedras, el barro y los perros flacos. Era magia lo que surgía de sus pies alados. Destellos de luz en cada gambeta en la canchita del club Santa Clara, al lado de la parroquia y frente a la radio comunitaria. Alguien corrió la bola y un delegado de All Boys lo fue a buscar. Don Segundo Tévez, con todo el dolor del alma y un nudo de lágrimas en la garganta le dijo: “No te puedo mandar al pibe para que se vaya a probar porque no tiene zapatillas”. Jugaba descalzo o con un par de championes rotos que le prestaba un vecino.
El fútbol le dio la nutrición y la potencia muscular que no tenía. Se ordenó su vida y encontró un objetivo para seguir. Carlos siempre dice que si no hubiera sido jugador de fútbol hubiera terminado preso o muerto por entreverarse en el delito. Es que en esos lugares tan extremos de marginalidad no hay muchas opciones. Hoy algunos de esos pibes eligen ser soldaditos de la droga. Y así se compran una moto, unas altas llantas y seducen a la mejor de las pibas. Es doloroso pero rigurosamente cierto. De hecho uno de los pocos hermanos biológicos con el que mantenía relación está condenado a 16 años de prisión por asaltar un camión como pirata del asfalto. Uno de sus amigos de infancia, apodados “Cabañas” fue jefe de una banda criminal temible llamada “Los Backstreet”.
Todo eso me maravilla. Me lleva a preguntar como hizo un ser humano tan castigado para superar todo eso y convertirse en lo que es hoy.
Se la hago corta. Salió campeón en 25 ocasiones y casi siempre fue el goleador del equipo. Y el compañero más querido. Y el más venerado y ovacionado por los hinchas de todos los colores. En Boca fue y es uno de los ídolos más grandes de todos los tiempos y es comprensible. Pero fue muy querido y valorado en el Corinthians de Brasil, país en el que los futbolistas argentinos tienen que rendir un doble examen. Hasta Lula lo invitó al palacio Planalto y le pidió una camiseta del equipo que ama desde que era tan pobre como Tévez pero en una favela en lugar de Fuerte Apache.
Allí Carlitos empezó a hacer sus primeros palotes con los idiomas. Se las rebuscaba en el portugués. Pero lo titánico para él fue triunfar en Inglaterra. En tres equipos. A uno lo salvó del descenso, el West Ham y a los otros dos los hizo salir campeón y fue amado por los hinchas de los otros dos que en Manchester son enemigos a muerte, como River y Boca. Carlitos jugó en los dos y dio la vuelta olímpica con los dos. Y amagó con el inglés para un lado y salió por el otro, pero se hizo entender. Si para un argentino es difícil triunfar en el fútbol brasilero, hay que imaginarse lo que debe ser en Inglaterra donde la guerra de Malvinas y viejos odios todavía pesan bastante. Pero Carlitos superó todo eso. Y fue ganando fortunas en euros. Le doy un dato que resume la dimensión de su talento. Noel Gallagher, el cantante de Oasis, una mega estrella, un día en las elecciones de Gran Bretaña puso en la urna un papel que decía: “Voto a Tevez”.
En Italia, en la Juventus repitió la historia de campeonatos y goles y afecto de los tanos que daban la vida por él.
No digo que Carlos Tévez fue perfecto o un robot de lo políticamente correcto. Hizo algunas macanas, como hacemos todos. Se peleó con un grandote que lo discriminó y lo trepó, literalmente por sus rodillas hasta su cara y lo cagó a trompadas. Discutió con Mancini y se fugó a la Argentina hasta que lo suspendieron y tuvo que pagar una multa de un millón 400 mil euros. ¿Qué me cuenta? Pero en todos lados fue un ejemplo de esfuerzo, de huevos para poner en cualquier cancha y de compañerismo. Por eso se ganó el afecto de todo el mundo. Incluso de sus rivales. Tuvo un desliz y se fue de trampa con una actriz muy bonita pero siempre mantuvo su hogar como un altar de la familia. No se casó con un gato que le comiera la billetera. Se casó con Vanesa Mansilla, la piba de barrio hermosa y bancadora que lo acompaña hace casi 25 años. Con ella tuvo tres hijos por los que dá la vida y jamás abandonará: Florencia, Katia y Lito Juniors. Varios de sus golazos los festejó con el pulgar en la boca como tomando de la mamadera o llevó a los pibes a las vueltas olímpicas. Hoy es amigazo de un cordobes que le produce felicidad con lo que hace porque él también lo hace. El cuarteto de la Mona Giménez.
Tiene luz y alma de bueno. Pudo haber sido un delincuente y se transformó en un tipo solidario que visita chicos en hospitales y gente que sufre. Denunció la pobreza feudal de la Formosa kirchnerista y se bancó la que vino después. Se reconstruyó a sí mismo. Como se darán cuenta yo lo admiro profundamente por cientos de cosas, porque todo se lo ganó transpirando la camiseta. Nunca se quiso hacer una cirugía reparadora para borrar esa cicatriz que lleva en su cuerpo. Tal vez esa marca sea su manera de mantener la identidad, y sus raíces, de no olvidar a aquellos que se quedaron y de mantener los pies sobre la tierra ante tantas tentaciones de todo tipo. Pero hay dos cuestiones que les quiero contar para despedirme. Creo haber visto la belleza en estado puro. Es cuando Tévez aparece en el borde del área, inclina su cuerpo a la izquierda, se hamaca y le mete un sablazo con la derecha al segundo palo y la comba se clava en el ángulo. Como fue aquel domingo ante River. Para mi esa es una de las formas de la belleza en estado puro.
Y la otra es lo que le escribió el día que cumplió años su padre adoptivo, el que lo ayudó a zafar de las catacumbas. A don Segundo Tévez, al que alguna vez secuestraron, Carlitos le dijo textualmente: “Me enseñaste hacer (sic) un hombre. Mis tristezas son las tuyas y mis logros tu satisfacción. Te amo, viejo, feliz cumple”. Se lo pudo ver con su hermosa familia en una publicidad de lácteos por televisión. Se lo pudo ver trepado a los travesaños, celebrando con su pueblo o trepado a los escenarios cantando con “Piola Vago”, el grupo de cumbia villera de su hermano. Hoy se lo puede ver gambeteando su destino y llegando a la gloria de ser el jugador del pueblo, el más querido. Carlitos corazón. Volviste al barrio, nunca te fuiste.
Ni una menos. Nunca más un femicidio – 3 de junio 2021
Este audio insólito y trágico pertenece al
juez santafesino Rodolfo Mingarini. Dejó en libertad a un violador porque cometió ese delito aberrante con el profiláctico colocado. Así como lo escuchó. Un fallo repudiable, digno de un forro. Se ve que para este magistrado, “no”, es sí. Y encima, casi como una broma macabra del destino este mamarracho se conoció el día en que se cumplen 6 años del nacimiento del movimiento “Ni una menos”.
Hoy también se produjo la detención de dos hermanos apellidados Zárate, porque habrían participado del femicidio de Sandra, una mujer de 43 años, cuyo cuerpo fue encontrado en un descampado de Merlo.
Todos los días hay noticias terroríficas de esta magnitud. Desde el año pasado se produjeron 238 femicidios. Y desde el 2015, fueron 1.717 las mujeres que fueron asesinadas y 1.523 niños se quedaron sin su madre.
Pero vamos a uno de los casos más graves. El honorable Senado de la Nación aprobó hasta diciembre una nueva extensión de la licencia de José Alperovich. La investigación por abuso sexual y violación de su sobrina, avanza en la ciudad de Buenos Aires producto de la decisión de la Corte Suprema de Justicia. El diputado nacional por Tucumán, Carlos Cisneros, dijo que su provincia no está siendo bien representada “por el egoísmo del ex gobernador”. Pidió la renuncia de Alperovich porque “es una falta de respeto y una vez más demuestra quien es.”
Recuerdo que hace un año y medio, manos anónimas, pegaron un cartel en la puerta de su despacho que decía “Ni una menos”.
Alperovich no solamente fue gobernador de Tucumán en tres ocasiones. Además es un empresario muy poderoso con una fuerte relación con la ex presidenta y actual vice, Cristina Fernández de Kirchner.
El sentido común y la corajuda lucha de las mujeres contra la violencia de género y los femicidios, impuso que Alperovich sea juzgado aquí tal como lo había resuelto la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional y la Procuración General de la Nación.
Me asombra el silencio o la tibieza en los reclamos de los colectivos femeninos que suelen tener velocidad, contundencia y capacidad movilizadora en caso de esta magnitud. Lamentablemente ese océano de argentinos de todos los colores que se habían convocado originalmente, se fue achicando producto de la voracidad del kirchnerismo y de los sectores de la izquierda más dura y con menos votos. Lo politizaron tanto, lo coparon tanto en su conducción, que las bases se fueron retirando y hoy las movilizaciones con bastante más modestas.
No hay antecedentes de una acusación de semejante magnitud contra uno de los políticos con mayor poder de la Argentina. Alperovich gobernó con mano de hierro Tucumán durante 12 años seguidos. No es un perejil. No es un legislador del montón. Estamos hablando de alguien que colonizó la justicia, doblegó a varios medios de comunicación y perpetró un nepotismo pocas veces visto. Sembró el estado con sus parientes. Mientras fue el jefe de Tucumán multiplicó su fortuna varias veces sin poder explicarlo con claridad. De la concesionaria de autos pasó a las empresas constructoras, inmobiliarias, financieras, campos con ganado (incluso robado como en los últimos tiempos) y soja y exportación de cítricos. Usó el avión sanitario provincial para temas personales.
Por eso lo podemos ubicar dentro de la categoría del “ladri feudalismo K”. Por algo, un sector amplio de los tucumanos lo bautizó como “El Zar”. El rechazo que provoca su figura lo llevó a salir cuarto en las últimas elecciones, detrás de Ricardo Bussi, el hijo del temible genocida.
En aquél momento, el abogado Gustavo Morales directamente exigió que se le quite la banca por “inhabilidad moral a Alperovich” Y también impulsó en su momento una denuncia contra Beatriz Mirkin, la otra senadora por Tucumán que nada casualmente, es prima de Alperovich. La acusa de “encubrimiento agravado” porque cuando la denunciante de la violación sexual se lo contó y le pidió ayuda, Mirkin le dijo “que se la aguantara hasta después de las elecciones”. Mirkin que suele hacer alarde de sus posturas feministas y en contra de la violencia de género, calló y ocultó lo que le comunicaron y lo que es más grave todavía, le comentó en un bar de un shopping que “no le extrañaba lo que le contaba porque Alperovich ya había tenido actitudes similares con una anterior secretaria de ella.
Hay que combatir a todos los golpeadores y violadores sin que importe la camiseta partidaria. Un par de muchachos de La Cámpora fueron acusados y la agrupación hizo todo para ocultar el tema, Lucas Carrasco fue condenado antes de morir a 9 años de prisión por violación, un profesor universitario ex integrante de 678 también fue señalado por varias alumnas y militantes K.
Ojalá el caso de Alperovich no corra la misma suerte y no traten de esconderlo bajo un manto de silencio.
Las consignas son claras.
Ni una menos. Ni una violada más.
Ni un violador más.
A ellas, vivas las queremos.
A ellos, presos los queremos.
Los datos son aterradores por donde se los mire. Le confieso que uno de los casos más repugnantes que recuerdo es el tristemente célebre “Caso Tiraboschi”. Es una gigantesca humillación de la condición humana y de género.
El doctor Eugenio Raúl Zaffaroni, ex integrante de la Corte Suprema de Justicia y asesor de Cristina Fernández de Kirchner, afirmó que el sexo oral no constituía violación porque no era una forma de acceder carnalmente a la víctima. Al imponer una débil pena por abuso deshonesto, sostuvo que no correspondía aplicar la pena máxima porque, entre otras razones, la víctima, una niña de ocho años, había sido abusada con la luz apagada y, en palabras de la sentencia, «el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia de la menor».
¿Se da cuenta de semejante barbaridad? Yo no escuché al ala kirchnerista de las mujeres que lideran “Ni una menos” que dijeran una palabra.
La prédica zaffaroniana de que casi todos los delincuentes son producto de » las injusticias del sistema capitalista», se hizo doctrina y dogma. Hoy muchos de los criminales de mujeres reincidentes y violadores caminan por las calles.
Hay que ser muy perverso. Una mujer es una mina que amamos, nuestra vieja querida del alma, la hija que tanto miedo nos provoca cuando tarda en llegar de la facultad, la madre que nos sembró de hijos nuestra existencia, nuestra abuela de la sabiduría.
Todo el que sea víctima de violencia de género o conozca a alguien puede y hacer la denuncia al teléfono 144 durante las 24 horas.
Son mujeres asesinadas por machos que, insisto, no merecen llamarse hombres. Son infames varones que avergüenzan al género y a la condición humana. En cada esquina de este país deberíamos colgar un cartel que diga: «Basta. Ni una menos. Nunca más un femicidio»