Kicillof, ¿es el nuevo jefe de Alberto? – 7 de mayo 2021

Axel Kicillof dice que “los halcones se
comieron a las palomas en una oposición muy destructiva que desconoce los resultados electorales”. Su única herramienta es buscar culpables ya que no encuentra soluciones para los graves problemas de la provincia. Su gobierno anunció que mañana van a reproducir los estrictos controles en todos los ingresos a la provincia como hicieron el fin de semana pasado generando un caos de tránsito descomunal. Insisten en complicarle la vida a la gente y a muchos trabajadores esenciales que tienen que ir a la provincia a ejercer como médicos, o enfermeros. Pero el muchacho es un cabeza dura que solo escucha a Cristina.
En Bahía Blanca, ayer, Kicillof tuvo que
bancarse una ruidosa protesta de Padres Organizados que le reclamaban que abriera las aulas de una vez. El fin de semana pasado, ocurrió algo parecido en la sede del gobierno bonaerense. Enojado dijo en un acto: “Me han dicho que no nos interesa la educación: caraduras”. Y, otra vez arremetió con su mentira más utilizada que dice que Juntos por el Cambio atacó a los docentes y cerró escuelas. La actual oposición, no atacó a los docentes. Fue víctima del ataque de un grupo minoritario de los gremialistas docentes más radicalizados y cristinistas. Paros seriales, todo el tiempo.
Hoy Kicillof ya se sumó, públicamente, a este apriete que hay sobre el ministro Guzmán. Dijo que “hay una reactivación acelerada de la economía y que para frenar la inflación hay que coordinar desde el estado para evitar la rentabilidad extraordinaria de los empresarios”. Se sabe que empuja la destitución del actual ministro de Economía y su reemplazo por Paula Español. Todos los días avanza un poco más sobre las atribuciones del Presidente Alberto Fernández.
Axel Kicillof desgobierna la provincia de
Buenos Aires, pero intenta gobernar el país. De hecho, como delegado de Cristina, en los últimos días fue el que le marcó la cancha al presidente formal. Respaldó a Federico Basualdo al asegurar que era “un excelente funcionario” que por contraste fue una forma decir que el ministro Martín Guzmán es un funcionario que no funciona. En la práctica se comportó en público como el sostén del sub secretario que Alberto no pudo echar. Pero también dictaminó como va a ser la política tarifaria del gobierno nacional. “Este aumento del 9% será el único”, fue la orden de La Cámpora. Cristina ya viene dinamitando todo el tiempo cualquier tipo de acuerdo con el Fondo Monetario. Y el pobre Guzmán, herido de muerte política, trata de mostrarse racional y prudente ante los empresarios y los organismos internacionales. Quiere bajar el déficit porque actualmente los subsidios son una desmesura y eso impacta sobre la inflación que no pueden controlar. El primer trimestre fue del 13 % y es la inflación más alta de los últimos 5 años para el mismo período.
Pero Cristina y su guardia de hierro, La Cámpora, no quieren firmar ningún acuerdo con el Fondo. Todo lo contrario, los acusan de ser cómplices de Macri por haber otorgado un préstamo inusual y de gran magnitud. Este es uno de los despropósitos más graves de este gobierno., Alberto y Guzmán van para allá y Cristina y Kicillof van para el otro lado. Generan un nivel de confusión y de señales letales para todo tipo de inversores.
La desesperación por cerrar todo y llevar las restricciones al máximo fue una orden de Axel a Alberto. Es que la provincia es una vergüenza en todo lo que hizo y lo que no hizo en esta pandemia. La lentitud para vacunar es exasperante. Testea poco y nada. Militantes traficaron vacunas y se las aplicaron antes que los médicos y los adultos mayores y se vanagloriaron de eso en las redes con los dedos en “ve”. No utilizaron los hospitales ni los sanatorios. Aplicaron las dosis en locales partidarios y sindicales de Baradel y companía y repartieron folletos de propaganda política. No hicieron nada bien. Mostraron su incapacidad, su mala praxis y su criterio oportunista y ventajero para utilizar esta movida en modo electoral.
Kicillof lo hizo. A través de su ministro, Andres “el Cuervo” Larroque, pidió que siga el IFE, algo que también había descartado Guzmán. Le están quemando los papeles y sus planes. Axel es el comisario que vigila que Guzmán no se salga del libreto de la autocracia populista y chavista. Cristina lo ratificó en un tuit cuando burlonamente y para atacar a Macri escribió que “Y eso que el FMI no financió la campaña de Trump”.
Kicillof es la nueva estrella del firmamento cristinista. Hoy su hijo putativo está por encima de su hijo biológico, Máximo, el príncipe heredero. Luciano Román, en La Nación, contó que casi todas las oficinas públicas bonaerenses están cerradas hace más de un año, y que la virtualidad es apenas una fantasía. Administrativamente es un gobierno paralizado “en estado vegetativo”, con excepción de todo el aparato recaudador. Eso funciona a mil por hora.
Roberto Costa, el presidente del bloque de senadores bonaerenses de Juntos por el Cambio, dijo que Kicillof había logrado el “milagro de ser peor gobernador que Daniel Scioli”. Los intendentes justicialistas no entienden lo que dice y le siguen desconfiando por ser sapo de otro pozo. En lo ideológico lo ven como un recién llegado al peronismo defensor de Juan Manuel de Rosas y en lo territorial, dicen que no conoce la provincia.
Sin embargo, Axel, de la mano de Cristina es uno de los personajes más poderosos del país. Hace mal lo que tiene que hacer y también lo que no tiene que hacer. Hace poco le dije que a Axel le falta gestión y le sobra agresión.
Todo el tiempo ataca a la Ciudad de Buenos Aires, a la que considera la madre de todos los contagios y todas las calamidades neoliberales. Pero en todas las encuestas está muy por debajo de Horacio Rodríguez Larreta.
Como si esto fuera poco acusó de “egoístas e irresponsables” a muchos que tienen los negocios fundidos o se quedaron sin trabajo y por eso rechazan las restricciones estrictas. Era lo único que faltaba para comprender que Axel Kicillof está atrapado por arenas movedizas. Por eso se mueve poco. Pero cada vez que se mueve, se hunde más. La tierra arcillosa de la gestión lo va tragando lentamente. Le va a costar salir de ese lugar antes de ser engullido en su totalidad.
Hay que recordar que su tarea como Ministro de Economía lo consagró como uno de los peores y de los más fanfarrones de la historia. Nos hizo perder fortunas a los argentinos. Y siempre, en el nombre de la emancipación anti imperialista le llenó la cara de billetes a los acreedores de todo tipo.
Jamás en su vida fue peronista pero tuvo que aprender la marchita de apuro porque fue designado como vicepresidente del Partido Justicialista. Hizo un giro ideológico inverso al de Amado Boudou. El delincuente condenado y ex ministro de Economía, pasó del liberalismo de Alsogaray al marxismo cristinista de mentirita. Y Axel pasó de enseñar marxismo en la facultad a las 20 verdades de Perón. Fue meteórica su carrera. Se afilió en febrero al justicialismo y un par de semanas después fue elegido en la conducción, junto con Alberto Fernández. Todo ocurrió en un santiamén. Por eso los derechosos duros y ortodoxos como Guillermo Moreno y Julio de Vido, le tienen tanta bronca. La carta orgánica le exige como mínimo dos años de afiliación pero, ya saben todos por donde se pasan los Kirchner las reglas y las normas.
Pasó de ser el ideólogo de la agrupación de la izquierda universitaria “Tontos pero no Tanto” a gobernador de la provincia que más votos le aportó históricamente al peronismo.
A esta altura, la grieta que los Kirchner cavaron en la Argentina, ya tiene dimensiones de abismo.
La Matanza en particular y la provincia de Buenos Aires están con un nivel de deterioro brutal. Porque es verdad que no hay cloacas ni agua suficientes y que las calles son un desastre y la luz y el gas falta en muchos lugares.
Cristina debería saber, en realidad lo sabe, pero finge que no sabe, que en 36 años de democracia recuperada, la provincia que representa casi el 40 % del padrón, fue gobernada solo en dos períodos de 4 años por no peronistas: Alejandro Armendáriz, empujado por el huracán alfonsinista y María Eugenia Vidal, por el huracán macrista. Esa provincia tan golpeada y con tantas carencias fue gobernada durante 28 años, repito 28 años, por el peronismo en todas sus variantes. Y ni que hablar de La Matanza. Federico Russo, Héctor Cozzi, Alberto Balestrini, Fernando Espinoza, Verónica Magario y ahora nuevamente Fernando Espinoza. En los últimos 36 años solamente gobernaron dirigentes peronistas. Ellos son los responsables de las humillaciones a las que han sometido a los ciudadanos y de las necesidades básicas insatisfechas que tiene ese distrito. Axel gobierna mal, agrede demasiado y trata de salir de las arenas movedizas que el mismo generó. Y pese a todo, se transformó en el nuevo jefe de Alberto. Por orden de la Jefa, por supuesto.

Alerta, se viene el “Cristinato” – 6 de mayo 2021

Tal vez todavía no tomamos suficiente conciencia, pero estamos entrando en un alerta roja del tablero democrático. Suenan las alarmas porque todos los días estamos utilizando conceptos peligrosos para el sistema menos malo que se conoce y el que todos los argentinos decidimos fortalecer desde 1983. Cristina habla de golpe contra las instituciones. Elisa Carrió dice que hay un golpe contra la justicia. Joaquín Morales Solá plantea que hay un golpe palaciego de Cristina contra Alberto. Pepe Nun en su momento y ayer Daniel Sabsay definieron a Cristina como “la presidenta de facto”.
Muchas veces, utilizamos “gobierno de facto” como sinónimo de dictadura. En realidad,” facto” es un término latino que significa “hechos consumados”, o “por la fuerza de las circunstancias. Y es cierto. Cristina es la presidenta por la fuerza de las circunstancias y por un hecho consumado.
Yo apunto a lo mismo, pero lo digo de otra forma. La llamo la jefa del jefe del estado. Estoy convencido que es la principal anomalía que estamos viviendo. Y todos los problemas más complejos que estamos atravesando los argentinos derivan de ese pacto espurio entre Cristina y Alberto: vos me das la impunidad y yo te doy el sillón de Rivadavia. Eso es de imposible cumplimiento. No hay manera de hacer zafar a Cristina de su cleptocracia sin romper el régimen democrático.
Un salvaje autoritario, como el diputado Rodolfo Tailhade llegó a la irracionalidad de pedir enjuiciar cuatro jueces (uno fallecido) y un fiscal por su responsabilidad en la muerte de Héctor Timerman que, como todos sabemos, falleció de cáncer. El chavista extremo de Eduardo Barcesat pidió que la Nación intervenga el gobierno de la Ciudad. Tal vez quiere que coloquen como interventor a Mariano Recalde o Daniel Filmus. Un delirio que puede producir una rebelión ciudadana.
Insisto, hemos entrado en una pendiente resbaladiza que nos conduce a un abismo institucional. Es hora de decirlo con todas las letras. De hablar sin eufemismos. Carlos Pagni lo denomina “proyecto cesarista”, Marcelo Longobardi habla del comienzo de una “autocracia”. Muchos venimos denunciando un rumbo hacia el chavismo o el feudalismo de Santa Cruz o Formosa. Y obviamente, esto es muy grave.
Conceptualmente, Alberto ya fue. Cristina lo tiene en un puño y lo redujo casi a la servidumbre. Creo que la vice hasta disfruta con cierto sadismo cuando lo vé hundirse política y humanamente.
Hay dos frases pronunciadas por Alberto en sendos actos que son sincericidios claros, mucho más que actos fallidos o amnesias parciales. Primero fue en el acto de La Plata que fue refundacional del gobierno. Cristina dijo que había funcionarios que no funcionaban y que si tenían miedo, se buscaran otro laburo. ¿Qué dijo Alberto frente a esa clara usurpación del Poder Ejecutivo? ¿Cómo reaccionó Alberto? Le dijo delante de todos y sin que se le cayera la cara de vergüenza: “ Cristina, yo hice lo que me mandaste?
El primer mandatario cedió su lugar e hizo lo que le mandó Cristina. La otra confesión de partes fue ayer, en Ensenada. Allí Alberto mintió como lo hace habitualmente respecto de los hechos y las acciones. Pero ayer superó una barrera sicológica porque mintió sobre sus propias palabras. Se auto mutiló la memoria. Se pegó un tiro en la conciencia histórica y pretendió engañarnos a todos. Dijo que cuando estaban distanciados con Cristina había algo que la acercaba. Eran las críticas que le hacían los opositores por lo bueno de su gobierno. Fue patético ver a un hombre quebrado de semejante manera. Sometido hasta la renuncia a su propia dignidad. Todos los periodistas sabemos que Cristina lo mandó a espiar y a perseguir y él lo puso en un tuit.
Y todos sabemos que Alberto era una fuente informativa permanente de los periodistas independientes que descubrían los robos, las estafas y los aprietes de la actual vice presidenta. Insisto con lo que le dije ayer. Nadie fue tan duro con Cristina como Alberto. Nadie le hizo tanto daño. Dijo que todo su gobierno era deplorable, que ella era patética y sicópata y se la pasó recorriendo los canales, las radios y los diarios más críticos del kirchnerismo.
Renegar de eso, es el último escalón de su descenso al infierno de la insignificancia. Claramente quiso halagar a Cristina, chuparle las medias, endulzar sus oídos. Pero fue la imagen de la rendición incondicional. Eso significa que estamos entrando, más temprano que tarde en la instalación del Cristinato.
Es una manera de rebautizar el “Unicato”, concepto que desde 1886, con la presidencia de Miguel Juárez Celman, resume el abuso y la concentración de poder basado en prebendas y castigos. Estos niveles de opresión parieron la “Revolución del Parque”, conducida por la naciente Unión Cívica de Leandro Alem, Hipólito Yrigoyen, Marcelo T de Alvear, Bartolomé Mitre y Aristóbulo del Valle, entre otros.
El Cristinato, no tiene piedad ni contemplaciones con nadie. Avanza en forma autoritaria, a paso redoblado y tambor batiente. A eso también se le puede llamar nacional populismo o autocracia, como prefiere el presidente Joe Biden.
Algunos teóricos, incluso hablan de monarquía absolutista, al estilo de Luis XIV de Francia, que fue el que pronunció la frase “El estado soy yo”.
Ella misma alguna vez se definió como la reina Cristina y muchos ven a Máximo como el príncipe heredero de esa dinastía.
Hay una incautación del cargo por parte de Cristina que es la única que conduce en el gobierno. Daniel Sabsay, tal vez el constitucionalista más importante del país, definió el gobierno como un “régimen vice presidencial” y aseguró, repito, que esa es la principal violación de la Constitución, en el artículo 87 que define como “unipersonal” al Poder Ejecutivo.
Tal vez ese inocultable sometimiento a cielo abierto y delante de todo el mundo, conmueva tanto el ánimo de Alberto que no pueda encontrar una plataforma de gobierno para ponerse de pié. Cristina pone de rodillas a todo el mundo. Es su estilo, su forma de vivir y de gobernar. Les mete pánico a los tímidos para el coraje o a los flojos de personalidad. Cuatro gritos y listo. Así construyó esta actualidad que podríamos llamar “Cristinato”. Ojalá Dios y la patria se lo demanden.
Creo firmemente, como dijo San Martín, que el grito de una sola persona se escucha más que el silencio de miles y que a todo puede renunciar el hombre sin dejar de ser hombre, a todo puede renunciar, menos a la libertad.

Brutal ataque del Gobierno contra la justicia – 5 de mayo 2021

Casi no hay antecedentes de un ataque
tan brutal y sistemático contra la justicia, por parte del gobierno nacional. Solo se recuerda algo parecido cuando Cristina intentó colonizar los tribunales con aquella reforma nefasta que fue abortada, inmediatamente, por la Corte.
Ayer con su catarata de tuits, Cristina dio la orden para que todos sus talibanes salieran con los tapones de punta. Acusó al máximo tribunal de dar “un golpe contra las instituciones democráticas elegidas por el voto popular”. Hay pocas cosas de mayor gravedad institucional que eso: una Corte golpista. A partir de ese momento, los cristinistas dispararon con munición gruesa y hoy en Ensenada, fue el propio presidente Alberto Fernández el que llevó el conflicto de poderes al borde del abismo.
Alberto los insultó de arriba abajo. Los ofendió de todas las maneras posibles. Calificó de “serviles de los poderosos” a los jueces en general y la Corte en particular.
Atropellando las palabras y los furcios, exaltado, Alberto, a los gritos y con el dedito apuntando a la cámara les dijo: “Basta. Paremos. Hicieron mucho daño. Elijan y voten al candidato a presidente que quieran pero no usen las sentencias para favorecerlo. Eso degrada el estado de derecho.”
En realidad lo que degrada el estado de derecho, y dinamita la división de poderes, es la reacción amenazante contra los integrantes de uno de los poderes de la Republica. Al revés de lo que dijo Cristina, es un intento de golpe contra el Poder Judicial que produce un debilitamiento gigantesco de la democracia. Es un paso más rumbo al autoritarismo chavista, o la autocracia feudal que hoy existe en Santa Cruz. De hecho los pasacalles del acto decían: “Democracia o Partido Judicial”.
Pero Alberto fue todavía más provocador. Repitió su adjetivo de “decrépito” que según la real academia tiene como sinónimos a: caduco, decadente y senil.
Alberto quiso disfrazar de unidad el acto y le dijo al periodismo que grabaran esa foto en donde estaba con Sergio Massa y Cristina aunque ninguno de ellos pronunció un discurso. Y allí, envalentonado, desafió: “no hay tapa de diario ni sentencia judicial” que evite que hagamos lo que tenemos que hacer.
En realidad es una interpretación mía del sentido que traía la frase. Porque se atragantó con los conceptos y le salió un mamarracho verbal.
Otra mentira fue cuando dijo que los medios de comunicación le cuestionaban a Cristina las cosas buenas que hacía mientras ellos estaban distanciados y que eso, lo acercaba a ella. Se nota que Alberto en su desesperación, cuesta abajo en su rodada, se olvida que existen archivos que son su peor enemigo. Nadie agredió ni criticó tanto a Cristina como él. Le dijo sicópata y calificó de deplorable casi toda su gestión.
Es tan grande la degradación de la figura presidencial y su sometimiento a Cristina que todo el show montado con el gobernador Axel Kicillof, parecía cartón pintado. Lucecitas montadas para escena. Alberto, acosado por su vice, insistió en malversar la interpretación de fallo de la Corte. Dijo que lo iba a acatar pero que no tiene que hacer nada porque la resolución fue sobre un DNU que ya no está en vigencia y que había caducado. No se le cayó la cara de vergüenza de casualidad. Ignoró que la Corte fijó claramente una posición para hoy, para el futuro y para todas las provincias que tienen autonomía para tomar sus decisiones. ¿Quieren obligar a que Larreta haga una nueva presentación sobre el nuevo decreto? Están perdidos, contra las cuerdas porque no tienen más vacunas y no saben a dónde ir a comprarlas.
La agresión más inhumana fue la de intentar responsabilizar a los jueces por los muertos de la pandemia. “Están jugando con la vida de los argentinos”. Faltaba un espejo en donde mirarse, porque son los Fernández lo que están jugando con la vida y la salud de los argentinos y es un juego macabro, mezcla de ineficiencia atroz e inflamación ideológica.
En su momento, Alberto le había dicho a Larreta sobre su DNU inconsulto y arbitrario: “Si no les gusta, vayan a la justicia”.
Y es lo que hicieron. Fueron a la justicia y le dieron la razón. Pero el fanatismo no entiende ningún tipo de razones. En un momento dijo que “nosotros no mandamos a perseguir a nadie y resulta que nosotros somos los tiranos y ellos los republicanos”. Otro olvido patético, otra amnesia parcial de sus propias palabras. ¿No se acuerda Alberto cuando aseguró que el mismo había sido perseguido por Cristina después que dejó el gobierno?
Le repito lo que le dije ayer: nadie le hizo tanto daño a Cristina como Alberto, cuando estaba en el llano y alimentaba a los periodistas con información negativa. Y ahora, como una mueca del destino, le digo que nadie le hizo tanto daño a Alberto como Cristina que le fue arrancando retazos de su investidura y de su poder. Lo fue vaciando lentamente. Le volteó ministros, le condicionó todas las estrategias políticas y ahora ni siquiera le dejó echar a un funcionario menor.
Para enterrarse más, el presidente que no preside, hizo un juego de palabras bastante elemental: “Si los jueces van a fallar como están fallando, solo fallan”. No le causó gracia a nadie. Ni siquiera a la presidenta de facto que estaba a su lado. Presidenta de facto la calificó Pepe Nun antes de morir y hoy lo planteó el doctor Daniel Sabsay. Es que de hecho, Cristina está gobernando la Argentina y tanto Elisa Carrió como Joaquín Morales Soló se refirieron al golpe palaciego que ella puso en marcha. La líder de la Coalición Cívica aseguró que Cristina está dando un golpe dentro de su coalición y el presidente de la Academia de Periodismo escribió que: “Tiene razón Cristina, los golpes ya no son como antaño. Ahora los vice presidentes suelen hacer golpes de palacio a los presidentes. ¿O acaso no es un golpe de palacio lo que ella le hace a Alberto con el tema de Basualdo?”. Y está todo dicho.