Estela Carlotto ya no es una dirigente de los derechos humanos. Hay que decirlo con toda claridad. Hace mucho que la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo se convirtió en una militante política al servicio de Cristina. Y este, tal vez haya sido uno de los daños más irreparables que cometieron los Kirchner entre tanto daño que hicieron. Porque profanaron la idea de los derechos humanos y los convirtieron en un escudo de impunidad para ocultar la corrupción más grande de la historia democrática. Los derechos humanos, por definición son ecuménicos, plurales, diversos, multisectoriales y no deben tener camiseta partidaria. Mientras más colores y matices tengan, mas derechos humanos van a defender. Mientras más se sectarizan y se verticalizan al poder político, menos útiles son para la sociedad.
Algunos por convicción ideológica y otros por conveniencia económica, se automutilaron, dejaron de representar al todo y se achicaron. Redujeron su nivel de representatividad y pasaron a ser defensores de una facción partidaria.
Esta es la verdad. Hace tiempo que Estela Carlotto no defiende los derechos humanos de todos los argentinos. Su mirada militante hace que niegue la violación atroz de los derechos humanos en Formosa, por ejemplo. Un señor feudal que reprime y somete a su pueblo en todos los sentidos no mereció ni siquiera una palabra de crítica de la señora Carlotto. La cleptocracia que instaló Cristina y su Cártel de los Pinguinos no tiene antecedentes. Le robaron fortunas colosales al pueblo de la patria. Y Estela niega esa realidad y se suma a todo el relato mentiroso del gobierno. Carlotto llegó al extremo de defender malandras indefendibles como el ex vicepresidente Amado Boudou, ladrón y coimero condenado por 16 jueces y en todas las instancias. O millonarios terratenientes y testaferros de los K como Lázaro Báez.
Ya en su momento había puesto su cara para sostener la mentira de que los hijos de Ernestina Herrera de Noble eran hijos de desaparecidos y habían sido apropiados. Y después, cuando la justicia demostró que no era verdad, no tuvo ni la delicadeza de pedir disculpas. En el caso Santiago Maldonado, todavía sigue sosteniendo la farsa de que fue un desaparecido, un héroe que murió por culpa de la dictadura de Macri y Patricia Bullrich. Esa mentira gigantesca, inventada por Horacio Verbitsky, es tal vez uno de los más graves daños simbólicos que sufrieron en su credibilidad las entidades que antes defendían los derechos humanos y ahora defienden la cleptocracia y el patoterismo de estado.
La militancia política tiene muchos aspectos positivos vinculados a la participación y al compromiso para extirpar las injusticias de la sociedad.
Pero cuando se inflama la ideología, se oscurece la razón y abre paso al fanatismo. Eso es lo que hace Carlotto hoy cuando reclama el cielo para Cristina, Maduro o Gildo Insfran y el infierno para Macri. Eso la descalifica para representar el todo y la hace bajar rápidamente del pedestal en el que alguna vez estuvo por su incansable lucha por recuperar los nietos desaparecidos y apropiados.
Los Kirchner la cooptaron y la hicieron bajar al barro del chiquitaje de la lucha partidaria de todos los días. Esta malversación de los sagrados derechos humanos es una de las traiciones más despreciables de la familia Kichner. En su momento, cuando había que poner el pecho, se borraron y se dedicaron a acumular con la usura sus primeros millones. Eso es grave, cuando pretenden erigirse como un ejemplo de moral y de lucha. Pero más grave todavía, es haber reducido a una simple militancia partidaria, sesgada y arbitraria a un símbolo de la defensa de unos valores esenciales que no son de derecha ni de izquierda. Son valores universales y hay que defenderlos siempre más allá de nuestra ideología y nuestras simpatías partidarias. No importa quién sea el torturado o el censurado; la tortura y la censura son despreciables y hay que combatir contra ellas.
La señora Carlotto hace mucho que renunció a eso. Ella permite que el kirchnerismo la use y es una verdadera lástima. Es hipocresía pura condenar los asesinatos de la represión ilegal y la falta de libertad en la Argentina de Videla y aplaudir la represión ilegal y la falta de libertad en la Cuba de los Castro.
Dolorosamente, Hebe Bonfini y Madres de Plaza de Mayo, además, ensució sus pañuelos blancos con el dinero negro de los sueños compartidos de Sergio Schocklender y con el vaciamiento de la Universidad de las Madres que pagamos todos los argentinos.
La militancia cristinista de Carlotto fue tanta que no apoyó nunca la lucha valiente de los familiares del siniestro de la estación Once y tantas otras cuestiones donde se privilegia lo sectorial y no lo comunitario. Como parte de la responsabilidad de la masacre es de los funcionarios kirchneristas, se llamó a un silencio que produce vergüenza ajena. ¿O los 52 muertos del tren no tienen derechos humanos? Lo mismo pasó con el tema de Cromagnón. Con la obsesión de defender a Aníbal Ibarra llegó a decir barbaridades. Calificó de “padres golpistas” a los familiares de los muertos en la mayor tragedia no natural de la historia argentina. Carlotto salió al cruce de Mirtha Legrand y dijo que no va a ir nunca más a su programa cuando siempre fue tratada con respeto y consideración en las innumerables ocasiones en las que aprovechó el espacio para difundir sus reclamos.
Carlotto se transformó en una dirigente partidaria obligada a defender lo indefendible y a ocultar lo inocultable.
La señora Carlotto tiene todo el derecho del mundo a militar en La Cámpora si quiere. O de hacer campaña electoral por Daniel Scioli, como hizo. Pero ya no podrá hablar en nombre de los derechos humanos de toda la sociedad. Miles y miles de familiares y luchadores no se sienten representados. Y ese es el tamaño de la desilusión de tanta gente.
Una flor para Alfonsín – 31 de marzo 2021
Permítame que simbólicamente y en forma remota, deposite una flor en el monumento a Raúl Alfonsín. El radicalismo de La Plata convocó a colocar claveles rojos y blancos en el monumento que lo recuerda y que está emplazado en la Plaza Moreno, frente a la municipalidad. Me sumo con toda humildad.
Hace poco, en este mismo espacio, le rendimos un homenaje con motivo del día de su nacimiento. Pero es tanta la basura corrupta y autoritaria que hoy inunda las calles de nuestra bendita Argentina, que no está de más perfumar el día y reconocerlo nuevamente. Un día como hoy, hace 12 años, murió Alfonsín y se estrujó el alma de los argentinos. Se nos instaló un agujero negro en nuestra conciencia ciudadana. A las 20.30, el doctor Alberto Sadler lo anunció formalmente. Estaba en la cama del dormitorio del histórico departamento de la calle Santa Fé al 1.600. Lo acompañaba toda su familia cuando, finalmente, se quedó dormido para siempre. Dejó de sufrir. Eran tan grande los dolores que le tuvieron que dar morfina para poderlos soportar. Respiraba de un tubo de oxígeno. Le había hecho mucho daño ese maldito cáncer de pulmón con metástasis ósea que, encima, se complicó con una neumonía.
La entonces presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner estaba en Londres, en la reunión del G-20 y por eso, el decreto de 3 días de duelo nacional lo tuvo que firmar el vice, Julio Cobos, un radical que había entrado a la política entusiasmado por la primavera alfonsinista.
La misa de cuerpo presente la hizo monseñor José María Arancedo, que en ese momento era arzobispo de Santa Fé y primo hermano de don Raúl.
Todavía tengo las imágenes de ese multitudinario cortejo fúnebre con que lo despidió el pueblo argentino que tanto le debe. La cureña partió desde el Congreso, por Callao hasta el cementerio de la Recoleta. El Regimiento de Granaderos a Caballo lo escoltó hasta la última morada.
Julio Bárbaro, un peronista hasta los huesos lo definió como el mejor presidente que tuvimos desde la recuperación de las instituciones en 1983. Es que su figura se transformó en prócer con el tiempo. Por eso digo que, como Gardel, Alfonsín, cada día canta mejor. Creció y se agigantó porque supo honrar la política y porque hizo de la honradez y la ética de la responsabilidad sus principales banderas. Su gestión tuvo ataques de todo tipo pero Alfonsín respondió sin una gota de autoritarismo ni violencia y cero corrupción. Era un gallego calentón, como él decía de sí mismo, que se enojaba cuando elogiaban su honradez. No concebía otro tipo de comportamiento.
En el 2007 durante un largo reportaje, dijo que Cristina: “Tiene un déficit muy grande, que es su iracundia”. Y del populismo, agregó: “Es una plaga en cualquier parte, es algo sin doctrina, puja de poder, no respeta, crea su propia institucionalidad”.
Oscar Muiño escribió que Alfonsín: “detestaba la demagogia. No amenazaba ni apretaba. Su verbo era persuadir. Aunque había que aguantarlo. La persuasión resultaba agobiante, difícil de resistir”.
Y agregó que: “Su tolerancia no era tibieza. No rehuía el debate. En plena capilla Stella Maris se paró y tomó la palabra para refutar a un religioso promilitar (monseñor José Medina). Otra vez reclamó ante una Sociedad Rural que lo silbaba que “es fascista no dejar hablar al orador”. No invocaba la investidura presidencial, sino el simple derecho a expresarse”.
Me pregunto y les pregunto: ¿Volverá Alfonsín? ¿Cuándo? Porque él también habita en el corazón de su pueblo. ¿Tendremos los argentinos la posibilidad de comprobar en la práctica la verdad y la justicia de su prédica?
Por eso Don Raúl está en la eternidad. Seguramente está tomando unos mates con don Hipólito Irigoyen y don Arturo Illia en el cielo de la austeridad republicana y las manos limpias. O saludando a la gente por las calles de la memoria, con dignidad y la frente alta, como le gustaba hacer aquí en la tierra
Don Raúl, el padre de la democracia recuperada, caminando lento, como perdonando el viento, según la poesía emblemática del día del padre. Don Raúl, firme en sus convicciones y peleando con coraje contra ese maldito cáncer que lo rompió pero que no lo pudo doblar, como proclamaba Leandro Alem.
Con todos sus errores, con todas sus equivocaciones, a once años de su muerte, creo que Alfonsín es mejor que la media de los presidentes que tuvimos y –si me apura- creo que es mejor que la media de la sociedad que tenemos.
No quiero decir que el doctor Raúl Alfonsín haya sido un presidente perfecto. De ninguna manera. Fue tan imperfecto y tan lleno de contradicciones como todos nosotros. La democracia es imperfecta. Pero nadie puede desmentir que Alfonsín fue un demócrata cabal. Nunca ocupó ningún cargo durante ninguna dictadura. Y eso que muchos de sus correligionarios si lo hicieron. Estuvo detenido por ponerle el pecho a sus ideas. Fue un auténtico defensor de los derechos humanos de la primera hora y en el momento en que las balas picaban cerca. Fue su bandera permanente. Se jugó la vida por eso. No fue por una cuestión de oportunismo ni para cazar dinosaurios en el zoológico. Fue defensor de presos políticos durante la dictadura, reclamó por los desaparecidos y fue co-fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Vale la pena recordar que Alfonsín hizo todo eso. Como para respetar la sagrada verdad de los hechos. Por eso, con toda autoridad, después parió el Nunca Más y la Conadep y el histórico Juicio a las Juntas Militares que ningún otro país del mundo se atrevió a hacer con la dictadura en retirada pero todavía desafiante, poderosa y armada hasta los dientes. Tuvo sublevaciones militares carapintadas, paros salvajes de la CGT de Ubaldini y golpes de mercado que intentaron derrocarlo. Es verdad que también existieron los errores y los horrores propios. La economía de guerra y el desmadre inflacionario. La gran desilusión frente al “felices pascuas” y “la casa está en orden”. O el Punto Final y la Obediencia Debida. Y el derrumbe de la confianza en la capacidad para gobernar y ese descontrol que terminó con la entrega anticipada del poder. Si tratamos de ser lo más ecuánimes y rigurosos posibles aparecen las luces y las sombras de una gestión. Pero el paso del tiempo y la comparación con lo que vino después, lo deja a Raúl Ricardo Alfonsín del lado bueno de la historia. En la vereda del sol. Entrando a los libros como un héroe que se definió como el más humilde de todos los servidores del pueblo. Nadie puede negar que fue un patriota. Cada día los extrañamos más. En estos tiempos de cólera su sabiduría nos podría iluminar el camino. Aquellas frases dichas casi como testamento: “Si la política no es diálogo, es violencia” y “gobernar no es solo conflicto, básicamente es construcción”. Algo así como decir que la palabra enemigo hay que extirparla del diccionario político. Que solo hay que marginar a los golpistas y los corruptos. Cada día es más necesaria su apuesta a la coexistencia pacífica de los diferentes, a una república igualitaria y a la libertad. Raúl Alfonsín fue el partero del período democrático más prolongado de toda la historia. Siempre será como un símbolo de la luz de las ideas que salieron del túnel de la muerte y el terrorismo de estado.
El día que murió hice el programa más conmovedor que me haya tocado hacer. En vivo y en carne viva. Con Pepe Eliaschev, Nelson Castro, Nacho López, Luis Brandoni y Jesús Rodríguez llorando en cámara, conmovidos por tanto dolor.
Mientras más corrupción y autoritarismo se instalan en esta sociedad, más extrañamos a Raúl Alfonsín. Pero su legado, su coraje sigue en el corazón y en las neuronas de los argentinos. Nos queda grabado en la memoria colectiva, con su chaleco impecable, su austeridad franciscana y esa cara de bueno capaz de seducir hasta al más acérrimo de los enemigos. En su homenaje, hoy es el día del militante radical. Hoy cumpliría 94 años. Casi como una señal del destino, el padre de la democracia recuperada nació el día del Escudo Nacional. Y Alfonsín en vida (y ahora con su legado) fue un escudo contra la corrupción y todo tipo de autoritarismo.
El día que los pueblos sean libres, el día que Argentina sea un país sin pobreza ni desocupación y con igualdad de oportunidades y sin ladrones ni golpistas, ese día, Alfonsín volverá y será millones. Porque él también vive eterno en el corazón de su pueblo. Y cada día canta mejor la melodía de aquel rezo laico histórico que quedó grabado a fuego en la memoria colectiva. Mirando de frente a las multitudes, Alfonsín proponía un país que apostara a la unión nacional, a la justicia, a la defensa común, el bienestar general y a asegurar los beneficios de la libertad, para todos los hombres del mundo que deseen habitar en el suelo argentino.
Alfonsín hizo de este preámbulo de la Constitución su bandera. Y ese es su mayor legado.
Alberto, el presidente que no preside – 30 de marzo 2021
El gabinete está lleno de funcionarios que no funcionan. Gobierno de mediocres más que de científicos. Pero lo que realmente tiene extrema gravedad institucional es que Alberto es un presidente que no preside. Nos estamos acostumbrando pero se trata de una anomalía que no permite que el gobierno gobierne. Más allá de su contenido ideológico, que es profundamente jurásico. Cada vez más aceleradamente, Cristina lleva al país a un terrible nacional populismo, autoritario y chavista. Y eso no es gratis. Por eso no tenemos vacunas. Por eso no tenemos inversiones, ni crédito ni credibilidad en el mundo. Por eso los países democráticos y desarrollados miran con rechazo que Argentina sea aliada y cómplice de Venezuela, Cuba, Irán y Rusia, entre otros. Estamos mal y vamos peor. Con mucha preocupación hay que decir que a esta altura importa poco lo que haga o diga Alberto. ¿Se da cuenta a lo que hemos llegado? Nada de lo que haga o diga el presidente tiene valor hasta que sea ratificado con rechazado por Cristina. Las últimas imágenes del naufragio de Alberto lo mostraron como un lastre tanto para Cristina como para una inmensa mayoría de los argentinos.
Es que no se cansa de hacer papelones y de erosionar su propia investidura. Le tomó juramento a Martin Soria y quiso calmar su culpa por haber tirado por la ventana a su amiga y socia de toda la vida, la ex ministra Marcela Losardo. ¿Qué dijo? “Ella hizo exactamente lo que yo le pedí”.
Primer dato: Losardo no fue al acto. Tal vez estaba preparando la valija para irse al exilio dorado en la embajada de la Unesco en Paris. Segundo dato: ¿Alberto no se da cuenta que dijo un sincericidio? Una confesión de su propia debilidad. Si la ministra hizo lo que el Presidente le pidió, ¿Por qué ya no es más ministra? Elemental, Watson. No aclares que oscurece. Cristina ya vació de poder a Alberto y ahora lo vació de sentido común. Por momentos, Alberto parece una persona tambaleante, con la mirada perdida y contra las cuerdas. “Groggy”, como anticipó Eduardo Duhalde.
El presidente que no preside tuvo la misma torpeza autodestructiva en la entrevista que le concedió a Horacio Verbistsky. Es un personaje que resume lo peor del kirchnerismo. Segundo jefe de la inteligencia de Montoneros, doble agente durante la dictadura, entregador de sus compañeros, operador de Cristina en la justicia y jefe informal de los espías del oficialismo. Y como si esto fuera poco, traficante de vacunas para los privilegiados Vip. Verbitsky pidió disculpas suaves y formales, se escondió 15 días y enseguida consiguió otra radio para inocular sus venenos provocativos. ¿Qué hizo el presidente frente a semejante personaje “pianta votos” y de alta imagen negativa? Le dio una larga entrevista donde, juntos, se burlaron de Mauricio Macri? ¿Se lo ordenó Cristina o Alberto a esta altura hace cosas por las dudas, para agradarle a su jefa política? Alberto, ¿Ya es más cristinista que Cristina? Y como si esto fuera poco, durante el reportaje reveló algo que también podría ser un tiro en sus pies. Acusó al juez Julián Ercolini de haber procesado a Alejandra Gils Carbó por presión del gobierno anterior. ¿Aportó alguna prueba? ¿Hay un video o un audio o aunque sea un testigo? ¿Es su palabra contra la palabra del juez? ¿Por qué Alberto no denunció antes ese delito? Semejante denuncia no puede quedar así. Si es cierto, Ercolini tiene que renunciar e irse a su casa. Y si no es cierto, debe denunciar al presidente por injurias y por haberlo difamado ferozmente. Veremos. Cero ganancias y todo pérdida para Alberto que se mete solo en esos pantanos.
Sus ministros confiesan que están confundidos y a la deriva. No saben para dónde ir. Todo el tiempo Alberto dice algo, Cristina asegura lo contrario y al minuto, Alberto recoge el barrilete y se subordina a lo que dice y manda Cristina. En La Plata, en aquel acto, lo confesó con todas las letras: “Cristina, hice todo lo que me mandaste”.
Quedó como el chico de los mandados y ahora lo está confirmando ampliamente.
Ya se dijo casi todo al respecto. Editores que contaron que Alberto le tiró la renuncia a Cristina. Jorge Liotti, en La Nación, escribió que ella confesó en la intimidad que “se había equivocado al elegir a Alberto” y que dio señales de “soltar amarras”. Pepe Nun antes de morir, la caracterizó como “La presidenta de facto”. Daniel Sabsay habla de régimen vice presidencial. Nadie puede decir que no estaba avisado. Hubo decenas de advertencias. Quien quiera oír que oiga.
La gran pregunta que estremece al sistema es ¿Hasta dónde llegará Cristina? Ya lo convirtió en el títere que Alberto no quería ser? ¿Lo dejarán sentado en el sillón de Rivadavia? ¿O luego de usarlo para llegar al poder lo van a tirar a la basura? Si recurrimos a la historia reciente, veremos con inquietud que los Kirchner pusieron en lugares de poder a un par de testaferros y luego los sacaron de un plumazo. Hicieron eso con dos gobernadores de Santa Cruz como Sergio Acevedo y Carlos Sancho. Como si fueran muñecos, los colocaron en la gobernación y cuando ya no les servían, los decapitaron. No tienen piedad. ¿Serán capaces de voltear a Alberto? ¿Llegaran a semejante locura? ¿Lo convencerán de que pida licencia por sentirse agobiado? Sería un precipicio institucional sumamente peligroso. Pero tratándose de Cristina, de su poder, de su dinero, de su impunidad y venganza, yo no descartaría nada.