El falso garantismo, asesinó a María Rosa – 24 de marzo 2021

El autor material del asesinato de María
Rosa Daglio es Miguel Ochoa. De esto
no hay dudas. Todos vimos como el
moto chorro la arrastró por el piso para
robarle la cartera. María Rosa, de 56
años, murió por los golpes recibidos. Era
psicóloga social, solidaria, llena de
proyectos de vida, madre de 4 hijos y
abuela de 2 nietos. Ahora está muerta.
Se te estrujaba el alma al ver a Pilar, su
hija, rogando que le dieran cadena
perpetua, condena que -seguramente-
no le darán. Hannah, otra de sus hijas dijo que el juez que la liberó “tiene las manos manchadas en sangre porque si no hubiera firmado eso, yo estaría con mi mamá”.
Esto solo ya es gravísimo.
Pero es mucho más grave todavía, si
sumamos a los autores intelectuales que
por acción u omisión fueron cómplices
del asesinato de María Rosa. Hablo de
los jueces Víctor Violini y Marcelo Riquert
y del ex miembro de la Corte Suprema,
Eugenio Raúl Zaffaroni. La pandemia de
inseguridad, el aumento de crímenes,
robos e impunidad, nos obliga a ir a
fondo.
Veamos la cadena de irresponsabilidades. Que los organismos
correspondientes decidan si estos
magistrados merecen un juicio político y
su posterior destitución.
Víctor Violini es responsable porque fue
el que dictó una resolución en la Cámara
de Casación Penal que fomentó la
liberación masiva de delincuentes de las
cárceles. Fue integrante del delirio del
cristinismo que siempre está a favor de
los violadores de la ley y generó el clima
y las normas necesarias para abrir las
puertas de las cárceles en forma frívola y
perversa. El actual vice ministro de
Justicia, el ex espía, Juan Martín Mena,
también hizo su aporte a esta salvajada
cuando resolvió propiciar de un plumazo
la liberación de 350 presos después del
motín de la cárcel de Devoto.
Esos días tenebrosos fueron una orgía
repugnante de suelta de asesinos,
ladrones y violadores que solamente se
frenó con la masiva protesta social de los
cacerolazos ciudadanos y la
presentación que hizo Usina de Justicia
en la Corte bonaerense.
Le aclaro que Violini sigue en su cargo,
pese al pedido de Juicio Político que
también le formuló Usina de Justicia.
Hace casi un año que el trámite duerme
el Sueño de los Justos en la Secretaría
de Enjuiciamiento (bueno, en este caso
sería el Sueño de los Injustos). Violini
está orgulloso de lo que hizo pese a que
ninguno de esos presos volvió a la
cárcel, a que muchos de ellos volvieron a
delinquir y que casi no hubo casos de
Covid en las cárceles. Porque esa era la
excusa. El virus podía contagiar a los
presos.
Marcelo Riquert es responsable. Porque
fue el que puso la firma para liberar al
asesino Miguel Ochoa y darle la prisión
domiciliaria pese a que su condena
establecía que debía estar en el penal de
Batán hasta el 16 de agosto de 2014.
¿Se entiende? Este forajido recién debía
salir en agosto de 2014. El juez Riquert
lo mandó a su casa pese a su larga
trayectoria en el hampa. Ochoa cometió una docena de delitos. El primero fue en
1990. ¿Se da cuenta? Hace 31 años que
Ochoa viene robando. Seguramente
fueron muchos más atracos, pero esos
son los que se le pudieron probar. Tiene
una causa por atentado a la autoridad y
fue condenado a 8 años y 4 meses de
prisión después de haber asaltado a
Giovana. El caso fue muy similar al de
María Rosa. Este energúmeno se
especializaba en atacar a mujeres solas.
Utilizó el mismo mecanismo. Y cuando
Giovana cayó, su brazo quedó metido
entre la cadena y el piñón de la moto.
Tuvo múltiples fracturas (como María
Rosa) pero logró salvar su vida. “Me
quiso asesinar”, declaró ayer Giovana. El
juez Marcelo Riquert es responsable
porque integra la Cámara de
Apelaciones y Garantías de Mar del
Plata junto al doctor Esteban Viñas y es
la preferida de todos los delincuentes
porque es vox pópuli su facilidad para
favorecerlos. Riquert le
dio el privilegio de la domiciliaria a Ochoa
porque (según dijo) tenía una
enfermedad pulmonar y una infección
urinaria. El Servicio Penitenciario había
desaconsejado su liberación. Pero a
Riquert le pareció que los cursos de yoga
y ajedrez que Ochoa hizo en la cárcel,
habilitaban que se fuera como pancho
por su casa. Lo que hicieron los jueces
Violini y Riquert es de una gravedad
institucional tremenda. Fomentan la
inseguridad. Defienden y buscan
beneficiar siempre a los victimarios. No
piensan en las víctimas. ¿Qué le van a
decir ahora a sus hijos? Que soltaron a
Ochoa, el asesino de María Rosa? ¿Su
conciencia les permitirá dormir
tranquilos? Ochoa ayer se negó a
declarar y lloraba frente al fiscal al que le
dijo “no quiero morir en la cárcel”. Pero
mató a María Rosa.
Y finalmente, Eugenio Zaffaroni es
responsable. No es el único, por
supuesto, pero es el líder espiritual de la
justicia cristinista y el fundador o mayor
difusor de una doctrina que siempre
castiga a las víctimas. Con una fiebre de
ideologismo, siempre ve potenciales
revolucionarios explotados por la
sociedad capitalista, en todos los
delincuentes. Se auto percibe progresista
por eso. Y es lo más reaccionario que se
pueda encontrar. La inmensa mayoría de
las víctimas es gente humilde,
trabajadora que no tienen las
herramientas para defenderse de los
malandras que les hacen la vida
imposible. Zaffaroni tiene un prestigio
académico que no merece. Hizo mucho
daño con sus teorías abolicionistas y
atravesó varias generaciones de
abogados que se formaron en esa
doctrina claramente injusta.
Violini y Riquert abrevan en esos
disvalores que instaló Zaffaroni. Diana
Cohen Agrest, dijo ayer que “es fácil ser generoso con la sangre
ajena”. Y que “muchos jueces matan con
la lapicera”. Diana es filósofa y tiene
autoridad intelectual para decirlo porque
es presidenta de Usina de Justicia. Y
tiene autoridad moral porque su hijo
Ezequiel, de 26 años y estudiante de
cine fue asesinado hace diez años en
una entradera en Caballito.
Zaffaroni diseminó por el país muchos
jueces, no todos por suerte, que están a
favor de la pena de muerte, pero de las
víctimas. Como María Rosa Daglio, que
es una víctima. Ochoa la asesinó pero
Zaffaroni, Violini y Riquert fueron
cómplices intelectuales. De una vez por
todas, hay que juzgar a los jueces que
matan por segunda vez a las víctimas y
que buscan siempre vericuetos legales
para premiar a ladrones, violadores y
asesinos.
Cohen Agrest nos dijo que la pandemia
de inseguridad es tan grande y crece tan
rápido, que somos un pueblo que se está
desangrando.
Los hijos y los nietos de María Rosa, lo
sufrieron en carne propia. Tienen un
agujero negro de luto en el corazón.
Reclaman juicio y castigo al culpable.
Juicio y castigo a Ochoa, el asesino que
debía estar preso tres años más y que el
falso garantismo liberó. ¿Es tan difícil
comprender esto? Que los delincuentes
deben ser castigados y cumplir sus
condenas. Argentina es uno de los pocos países del mundo en los que se apaña a los delincuentes. Zaffaroni lo
hizo.

La dictadura y el kirchnerismo – 23 de marzo 2021

Dentro de un par de horas se cumplirán 45 años del golpe militar que instaló la dictadura más sanguinaria y feroz de nuestra historia. Terrorismo de estado y crímenes de lesa humanidad, liderados por Jorge Rafael Videla y su banda.
El presidente Alberto Fernández, una vez más, malversó la verdad. En un acto en la ex ESMA, dijo que los opositores republicanos eran “negacionistas que siembran odio y nosotros sembramos memoria y amor. Resulta que los republicanos son ellos pero a los que nos echan a patadas en los golpes de estado es a nosotros. Y los que vienen detrás de los golpistas, son los republicanos”. Bad information, presidente. Fake news por donde la mire.
Es bueno ejercer la memoria y relatar los hechos con rigurosidad. Para desarmar tanto relato mentiroso del kirchnerismo.
Lamentablemente, el 24 de marzo de 1976, la sociedad civil no salió masivamente a la calle a defender las instituciones democráticas.
Una gran parte de los argentinos miró para otro lado ante la ruptura del orden constitucional. Eso es grave y hay que recordarlo. Nada justifica que no se resista a un golpe y no se blinde la democracia. Pero, también es cierto que sobraba pánico y hartazgo social frente al desastre económico que había hecho Isabelita y a la macabra competencia de asesinatos que se había instalado entre Montoneros y la Triple A. Todos los días aparecían cadáveres que arrojaban los terroristas de Firmenich y los para policiales fascistas de López Rega. Ambos levantaban la bandera del peronismo. Y la inmensa mayoría de la sociedad miraba, aterrorizada, semejante orgía de sangre.
Durante la dictadura, apelando a la memoria, recuerdo algunos colaboracionistas que hoy son parte del cristinismo. Horacio Verbtisky, empleado de la Fuerza Aérea y doble agente de inteligencia. Eugenio Zaffaroni, juez durante tres gobiernos militares que no aceptó un solo habeas corpus por los desaparecidos y que redactó un manual militar donde se condenaba a los homosexuales. Y funcionarios como Carlos Tomada o Alicia Kirchner. Todos ellos hoy estuvieron y están al lado de Cristina.
Del lado republicano, recuerdo que algunos intendentes radicales siguieron en sus puestos. Pero ninguno, está hoy en los primeros planos partidarios.
La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, con Raúl Alfonsín y Graciela Fernández Meijide, entre otros, el CELS cuando era pluralista y lo conducía Emilio Mignone y las Madres y Abuelas, antes de ponerse la camiseta de Cristina, fueron algunos de los organismos que denunciaron con mayor energía y coraje a los asesinos con uniforme. El Partido Justicialista casi no movió un dedo. La única excepción fue un buen documento elaborado por Deolindo Bittel y Alberto Iribarne cuando vino una delegación de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos.
Todos los luchadores que pedían libertad, aparición con vida y castigo a los culpables en Santa Cruz, recuerdan que Néstor y Cristina Kirchner no abrieron la boca. Y que amasaron su primera gran fortuna en el ejercicio de la usura, y quedándose con las casas de gente humilde que no pudo pagar las cuotas y a favor de una ley de esa dictadura. Es más, peronistas honrados como Rafael Flores y abogados radicales presentaron habeas corpus y mostraron dignidad. Bien entrada la democracia, con Néstor intendente primero y luego gobernador, las Madres de Plaza de Mayo no eran bien recibidas y los Kirchner se negaban, incluso a prestarles algún local para que hicieran sus actos.
Esta es la verdad histórica.
Hay fotos de Néstor Kirchner, sonriendo con el general Oscar Guerrero, que había sido sucesor del führer Ramón Camps en la jefatura de la Policía Federal.
Y otra fotografía de Héctor Timerman con Jorge Videla en el diario “La Tarde”.
Después de Malvinas, la dictadura comenzó a retirarse y para salvar a los genocidas, dictó una nefasta ley de autoamnistía.
El candidato al presidente del Partido Justicialista, Italo Luder, en campaña confirmó que la iba a mantener. Todos pedían derogarla porque era garantizar la impunidad de los criminales. Eso era negacionismo, señor Alberto Fernández. Y no se escuchó una sola queja del matrimonio Kirchner.
Alfonsín juzgó a las Junta Militares con una valentía y una lucidez republicana sin igual. Estableció la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, la Conadep que hizo un trabajo histórico y heroico. Daniel Salvador, ex vice gobernador de María Eugenia Vidal fue secretario de la Conadep. Participaron de esa comisión y pusieron el cuerpo mientras las balas todavía picaban cerca, otros radicales como Eduardo Rabossi, Santiago López, Hugo Piucill y Horacio Huarte.
El peronismo en forma institucional y los peronistas en forma individual, se negaron a formar parte de ese gran paso para establecer la verdad y la justicia. Esos fueron los negacionistas, señor Fernández.
Carlos Menem, el ex presidente fallecido recientemente, decretó los indultos, incluso para delincuentes de lesa humanidad y guerrilleros que todavía no habían sido condenados. Algo absolutamente inconstitucional pero que la historia se encargó de ignorar. No hay una sola declaración de Néstor ni de Cristina que haya manifestado su oposición a ese indulto. Por el contrario, lo apoyaron y compartieron boleta en las elecciones siguientes.
Néstor llegó a la presidencia en el 2003, y resolvió utilizar a los organismos de derechos humanos como escudo para proteger los actos de corrupción. El día que hizo bajar el retrato de Videla, tuvo la caradurez de pedir perdón en nombre del estado que –según dijo- “no había hecho nada en materia de derechos humanos”. En realidad, Néstor Kirchner y el peronismo no habían hecho nada. Raúl Alfonsín y su gobierno, habían hecho mucho. Fue tan salvaje la mentira que Néstor tuvo que pedirle disculpas a Raúl Alfonsín.
La realidad es la única verdad, decía Perón. Y le acabo de contar la crónica real de los hechos. Por eso me permito preguntarle al presidente Fernández: ¿Quiénes son los negacionistas? ¿Quiénes son los que custodiaron la memoria y buscaron verdad y justicia en los momentos más peligrosos? Me permito decirle que no mienta tanto. Que la gente se da cuenta, presidente Fernández. Y de paso recuerde la letra de su admirado Litto Nebbia: “Si la historia la escriben los que ganan/eso quiere decir que hay otra historia/ la verdadera historia/ quien quiera oir que oiga.

Alberto, colgado del pincel – 22 de marzo 2021

Conviene encender una luz de alerta roja en el tablero del gobierno. Además de la hecatombe económica y sanitaria, hay por lo menos, dos cuestiones de extrema gravedad institucional que están ocurriendo en forma simultánea. El plan sistemático de Cristina para poner a la justicia al servicio de su impunidad y venganza. Y la velocidad y ferocidad con que Cristina ha vaciado de poder a Alberto.
Ha dejado a un presidente colgado del pincel. Alberto Fernández está flameando en el viento producto de su falta de peso, aunque le hayan regalado el chupete de la presidencia formal del Partido Justicialista. Cruje el régimen democrático con semejante atropello a la Constitución y a la división de poderes.
Ayer, Jorge Liotti logró ponernos en guardia a todos los que defendemos el funcionamiento de las instituciones republicanas. Es uno de los periodistas con mejor información y con mayor capacidad de análisis. Escribió en La Nación que Cristina confesó en la intimidad que “se había equivocado al elegir a Alberto” y que solo “resta acompañar para aguantar los dos años y medio que quedan de mandato”. Liotti confirmó que Cristina dio “señales de soltar amarras” y que un camporista le dijo que “A Alberto, le picaron el boleto”
Cristina se desentendió de su suerte. Lo entregó, para ser más directo todavía. Incluso con un ejemplo bien concreto demuestra que es Cristina la que le impone condiciones: si lo quiere echar a Sergio Berni, también tienen que despedir a Sabina Fréderic. “Los dos o ninguno”, le ordenó Cristina, según Liotti.
Jorge Fontevecchia, el dueño de la editorial Perfil, fue por un camino similar. Tituló su columna sabatina como “La renuncia de Alberto” y aseguró que una fuerte versión cuenta que Alberto le habría “tirado la renuncia a Cristina”. Y que ella no se la aceptó con los mismos argumentos con lo que había rechazado la de Julio de Vido en su momento. “De acá te vas con los pies para adelante”, trascendió en aquel momento, que fueron las palabras de la jefa de la asociación ilícita para saquear al estado, para con su gerente de sobreprecios, coimas y lavado.
Se dan cuenta que no exagero si digo que es una situación de extrema gravedad institucional.
En la práctica todos los días vemos como Alberto no tiene la fortaleza ni el coraje para imponer decisiones, incluso las de menor relevancia.
Un soldado de Cristina como Berni trató de “inútil e inoperante” a Fréderic, una ministra de Alberto y maltrató y amenazó con agarrar a trompadas a su segundo. ¿Qué hizo el presidente al respecto? Nada. No defendió públicamente a su colaboradora. Repito: no tuvo capacidad ni valentía para respaldarla ante la gente ni para lograr que Berni dejara su cargo. El presidente de la Nación hizo trascender que parte del gabinete y que un chat de mujeres en el gobierno, apoyaron a Fréderic. Pero el no dijo una sola palabra. Y ningún ministro ni ninguna mujer ofrecieron declaraciones ni comunicados. Todo en off. Todo en voz baja y sin poner la cara ni el cuerpo. Todo cargado de temor a Cristina. Nadie se atreve a amonestar, de cara a la sociedad, a Berni porque saben que es un protegido de la reina. ¿Cuánto tardará Fréderic en decir que está agobiada como Marcela Losardo y huir hacia alguna embajada?
¿Alberto Fernández le entregó todo el gobierno a Cristina y de títere o marioneta pasó a ser un cadete de su jefa?
El ministro Martín Guzmán está en Estados Unidos tratando de bajar la tensión y producir algún tipo de acuerdo con el FMI y con potenciales inversores. A esa misma hora Amado Boudou, desde su lujosa prisión domiciliaria, le escupe el asado y dice que hay que “estatizar los servicios públicos” y que Guzmán “busca un acuerdo con el Fondo que nos va a hundir. Fue un préstamo criminal para sostener a Macri”. Le recuerdo que Boudou fue ministro de economía y vicepresidente de Cristina y que hoy está condenado por corrupto y con sentencia firme. Pregunto: ¿Alguien cree que Boudou habla por su cuenta o dice lo que Cristina quiere decir?
Otra vez, Alberto no defendió a Guzmán y no emitió ni un sonido gutural contra Boudou. Es otro protegido de la reina.
¿Guzmán será otro funcionario agobiado que no funciona?
A esta altura, Victoria Donda debería estar en el llano, declarando en Tribunales, lejos de cualquier puesto público. Lo que hizo con su empleada doméstica la descalifica para estar en un cargo que debe luchar contra la discriminación. Las declaraciones de Arminda fueron demoledoras. Denunció que la tuvo en negro, no le pagó nunca los aumentos, ni los aguinaldos ni las vacaciones, la mandaba a trabajar a otras casas y, como si esto fuera poco, le ofreció un plan social y un puesto en el Inadi para compensar que ella no podía jubilarse. Más explotación, imposible.
Los talibanes de La Cámpora dicen que Alberto no echa a Donda porque tiene miedo que Cristina le ponga alguien que le responsa solamente a ella.
Todo en el gobierno es una anomalía institucional. Cristina lo hizo. Fue astuta tácticamente para ganar las elecciones, pero el resultado es el de un gobierno que no gobierna y un presidente que no preside. Daniel Sabsay definió esto como “un régimen vice presidencial”. En su último reportaje antes de morir, Pepe Nun, dijo que “Cristina es la presidenta de facto”. Para ser prudente me gusta definirla como “la jefa del jefe del estado”, pese a que el poder ejecutivo es unipersonal. Pero la realidad cotidiana indica algo mucho más peligroso e inquietante. El avance implacable de Cristina pone en serio riesgo la normalidad institucional.
El malandra de estado Amado Boudou, al final de su proclama revolucionaria chavista, cometió un sincericidio al decir que “una democracia en la cual la vice presidenta en funciones es la principal perseguida, no tiene destino”.
Una democracia, que no tiene destino. ¿Es una expresión de deseo o una proclama golpista?
¿Cómo es posible que el peronismo siempre meta a toda la sociedad en sus feroces peleas internas? ¿Cómo es posible que la lucha por controlar la botonera de las decisiones lleve primero a la paralización de las decisiones y anticipe fuertes turbulencias en la línea de sucesión? ¿Cristina quiere reemplazar a Alberto? Quiere que se declare agobiado y pida licencia? ¿Los micro golpes de estado que vienen dando, tienen ese objetivo final? El gran temor era que se repitiera la trampa del 73 de “Campora al gobierno, Perón al poder”. Hoy el desafío antidemocrático tiene otra consigna: “Cristina al gobierno, La Cámpora al poder”.