El centenario de Piazzolla – 11 de marzo 2021

Hoy es un aniversario muy especial para la cultura argentina. Un 11 de marzo, pero de 1921 nacía en Mar del Plata, un gigante: Astor Piazzolla. Hoy estamos celebrando en todo el país el centenario de un genio llamado Astor Pantaleón Piazzolla. Fue un revolucionario del tango. Aún hoy es la figura más relevante de la música argentina en todo el mundo. Solía llamar “La Jaula” a ese instrumento que encerraba el misterio de su talento y al que abría y cerraba con maestría para que inhalara y exhalara el aire de sus creaciones.
Dan ganas de poner la melodía de su amigo Aníbal Troilo y con letra de Homero Manzi, dedicarle un rezo laico:
El duende de tu son, che bandoneón,
se apiada del dolor de los demás,
y al estrujar tu fueye dormilón
se arrima al corazón que sufre más.
A Piazzolla todo le costó mucho. Le querían sacar tarjeta roja pero no se fue nunca del tango. Fue muy resistido por la guardia vieja de la ortodoxia. Lo consideraban una suerte de hereje de la religión del 2×4, vade retro Satanás. Y no era para menos, en el Octeto de Buenos Aires, por ejemplo, puso por primera vez una guitarra eléctrica. ¿Se imaginan? Los adoradores de las telas de araña lo querían matar. Por eso le costó tanto llegar y que lo aceptaran. Pero se convirtió es un clásico de la música urbana. Era una especie de D’Artagnan aferrado a la oruga de los sonidos maravillosos. Sin espada pero con pinta de mosquetero. Casi, siempre vestido de negro, atento para clavar el estilete de la creatividad. Tal vez con Astor se produjo el segundo nacimiento del tango. El que le metió los nuevos ruidos callejeros y lo transformó en música culta reciclando lo popular. Pocos saben que se formó en armonía y música clásica con la directora de orquesta francesa Nadia Boulanger. Y que estudió contrapunto y fuga con Alberto Ginastera.
En alegre concubinato con Horacio Ferrer parieron muchas de las mejores radiografías de Buenos Aires. La engendraron esos hombres que como acróbatas dementes saltaron por el abismo de tu escote hasta sentir que enloquecieron tu corazón de libertad. Era la balada de dos locos. De dos talentos que patearon todos los tableros con la voz de acero y terciopelo de Amelita Baltar, que fue sin duda María de Buenos Aires más allá de la operita fundacional. Astor era discutidor, no se le callaba a nadie, se iba a las piñas en dos minutos. Se le subía la tanada y la autodefensa que necesitó de pibe por las calles hostiles de Little Italy en Nueva York. Solo se quedaba en silencio cuando el Polaco Goyeneche, por ejemplo, se subía a ese pulmón de melodías que Astor acunaba sobre sus rodillas. Grabó 58 discos, hizo música para ver en el cine. Murió cuando apenas tenía 71 años y dejó una obra monumental. Larga, ancha y bien porteña, como la calle Corrientes. La criminal fue una trombosis que le hizo la vida imposible. Tal vez en esa pelea contra la muerte recordó aquella pequeña Italia a donde su viejo, Vicente, Don Nonino había ido a buscar revancha laboral. Hoy decís, adiós Nonino, adiós, y es como cantar el himno ciudadano. Era un pibe y pudo compartir con Carlos Gardel los paseos por Manhattan, los ravioles amasados por Asunta Manetti, su madre y una escena emocionante con un piazzollita de 12 años y una gorra de atorrante tocando el bandoneón en “El Día que me quieras”. Hay fotos que lo prueban. Pero ese fotograma no quedó en la película que hoy se pudo recuperar. Ese primer bandoneón que funcionó como ADN se lo regaló su viejo que lo compró en una tienda de empeños de la calle 8 de la Gran Manzana por solamente 18 dólares. Desafíos de la historia de un mundo tanguero que siempre sedujo y rechazó a Piazzolla. Músicos de una gran estatura florecieron a su lado: Fernando Suárez Paz, Antonio Agri, Oscar López Ruiz, Horacio Malvicino, Gerardo Gandini, Leopoldo Federico y Daniel Binelli, entre otros.
Era tozudo como pocos. Durante un tiempo renegó de las letras y los cantores. Nos quiso retacear una parte de su ingenio. Por suerte aflojó y pudimos disfrutarlo con el Polaco, con Jairo, José Angel Trelles, Edmundo Rivero y el Negro Lavié, entre otros.
Dicen que hizo tango barroco mezclado con jazz. Hizo travesuras luminosas junto al saxo barítono de Gerry Mulligan. Dicen que sus pentagramas hacían magia con las armonías. Dicen que como todo vanguardista no se dejó encasillar en ningún lado. Era perfeccionista, un obsesivo de libro, irreverente y provocador. Capaz de hacer bromas pesadas como aflojarle los tornillos del bandoneón a un colega de la vieja guardia que lo cuestionaba.
Astor sorprendía en cada golpe de bandoneón, en cada arrullo, amagaba para el tango y salía con aires de Bela Bartok, Ravel, o Stravisnky. Dio vuelta el tango como una media. Lo puso patas para arriba y el tango ya nunca más fue el mismo aunque jamás perdió sus raíces. Dos hijos, Daniel y Diana lo suceden y su nieto “Pipi”, sigue llevando su bandera musical. Hoy la levantará muy alto en el Teatro Colon con su grupo llamado “Escalandrum” y artistas invitados como el Chango Spasiuk, el Negro Lavié, Elena Roger y Jairo.
Astor derrotó para siempre a los conservadores anquilosados del tango del taquito y la pereza. Siempre decía que sus tangos ya no tenían compadritos ni farolitos. Pero hizo la música de “Sobre Héroes y Tumbas” con Ernesto Sábato y “El hombre de la esquina rosada”, con Jorge Luis Borges que era tan cabrón como él. Hizo punta como su admirado Osvaldo Pugliese. Encontró un nuevo lenguaje para un tiempo sin tranvías ni buzones. Por eso hoy sigue vivo en los bares, en el subte, en la callecitas de Buenos Aires que tienen ese que se yo…viste, rodando por Callao. Se siente, se siente, Piazzolla está presente en este Invierno Porteño.
Y esas ganas tremendas de llorar
que a veces nos inundan sin razón,
y el trago de licor que obliga a recordar
si el alma está en «orsai», che bandoneón.
Señor bandoneón. Que Dios lo tenga en la gloria. Quería decirle que el aeropuerto de su amada Mar del Plata lleva su nombre y lo espera siempre para que pueda ir a cazar tiburones y adrenalina. Que ese nombre “Astor”, tan original y provocativo nació de su padre que quiso homenajear a Astore Bolognini, un corredor de motos y primer violonchelista de la Orquesta de Chicago
Que Amelita Baltar, la voz de Piazzolla echa mujer, nos sigue deleitando rea y académica, atrevida y contundente.
Señor bandoneón quería decirle que usted atravesó la música y entró en el mundo del sonido. Hay un sonido Piazzolla, hay un clima Piazzolla que envuelve a Buenos Aires.
Hay un bandoneón que todo lo puede. Incluso seguir sacando conejos talentosos de su galera a tantos años de su muerte.
Don Astor. Gracias por su tozudez, su creatividad y su talento. Gracias por llevarse el mundo viejo por delante. Chan chan. Piazzolla como Troilo nunca se fueron. Siempre están volviendo.

La marioneta de Alberto y Losardo – 10 de marzo 2021

A esta hora, el presidente Alberto Fernández sigue sin nombrar al nuevo ministro de Justicia. Estas indecisiones lo muestran en toda su fragilidad y son errores no forzados. Como aquel fatídico día en que metió la pata de sus definiciones.
Nadie lo obligó. Solito, Alberto Fernández pronunció ese concepto que hoy lo condena y lo define. En una entrevista con María Julia Oliván, en radio Nacional, el 11 de mayo de 2019, Alberto cometió el “sincericidio” y dijo: “No quiero que el poder esté en Uruguay y Juncal y en la casa de gobierno, haya un títere”. Exactamente una semana después, Cristina lo bendijo como candidato a presidente. Ella se reservó la vice, el primer lugar en la línea sucesoria, una manera de marcarlo de cerca y de respirarle la nuca como un “stopper” ideológico.
Hoy está ocurriendo lo que anticipó Alberto. Fue un visionario que cedió a la tentación. En la casa de gobierno hay un títere, y el poder está en el departamento en donde vive Cristina y donde, dicho sea de paso, Daniel Muñoz recibía valijas, bolsos y mochilas que desbordaban de dólares sucios y corruptos del plan sistemático de recaudación de coimas más colosal de la historia democrática.
Entregar la cabeza de Marcela Losardo, se convirtió en un papelón grave que demuestra el nivel de degradación de la investidura presidencial al que lo sometió Cristina. Losardo irá a un exilio dorado en Paris, como embajadora ante la Unesco, pero esto genera fuertes turbulencias institucionales. Porque Cristina le fue comiendo las piezas del ajedrez del estado hasta prácticamente vaciarlo de poder. Y eso es peligroso e inquietante. Aparece como una fuerte señal destituyente, una especie de golpe palaciego que pone en jaque el sistema republicano y la división de poderes. Carlos Pagni, tituló su columna con mucha precisión: “El presidente sitiado”. La Real Academia ofrece los siguientes sinónimos: asediado, cercado, arrinconado, acorralado y finalmente rodeado. En Córdoba solemos decir tragicómicamente que Cristina le rodeó el rancho a Alberto. Lo convirtió en una marioneta. Fue una manera decir que el principal funcionario que no funciona es Alberto. Es un presidente que no preside. Sonó extraño que el primer mandatario se viera obligado a decir una obviedad: “Acá llegué con Cristina y me voy a ir con Cristina”. ¿Fue una confesión de sus preocupaciones? ¿Quién apuesta a que se vaya?, señor Presidente. Si hay algún golpista sería bueno que lo denuncie.
Este ruido de paso redoblado, es la confirmación de que Cristina va por todo. Los ministros se preguntan quién es el que sigue. En los pasillos del poder dicen que en la lista negra estaban casi todos los de origen albertista: Felipe Solá, Claudio Moroni, Matías Kulfas, Daniel Arroyo y Nicolás Trotta, para empezar. Yo insisto en que Martín Guzmán no está pasando por su mejor momento de la relación con Cristina y eso, puede ser letal para su carrera política. En el gabinete los no K, están poniendo las barbas a remojar porque han visto cortar la de sus vecinos. Cristina es implacable. Y está irascible e impaciente. Por el fracaso del plan sanitario y por la hecatombe económica. Pero sobre todo, porque su avance feroz sobre la justicia no logra conseguir los resultados esperados. La impunidad y la venganza se demoran y los tiempos y los caminos se acortan en forma dramática.
Alberto hizo una obscena exhibición de debilidad y falta de coraje, al comentar, como si fuera un periodista, que Marcela Losardo se quiere ir porque está agobiada y que hace más de diez días que se lo dijo y que todavía no decidió quien ocupará su lugar. Todos los caminos conducen a talibanes de Cristina capaces de conducir sin culpa ni estómago el asalto final a la justicia. No importa el método sino el objetivo. Losardo no quiso cruzar esa línea del autoritarismo chavista. Pero quien la reemplace, estará decidido a utilizar todos los instrumentos a su alcance: carpetazos extorsivos para jueces y fiscales, leyes y resoluciones como traje a medida, insultos, gritos y operaciones de inteligencia de la peor calaña. Cristina necesita cortarles la cabeza a un par de miembros de la Corte, al fiscal Carlos Stornelli, a su jefe Eduardo Casal, al doctor Gustavo Hornos y siguen las firmas, entre los que ella considera enemigos. También lo confesó Fernández cuando dijo: “El tiempo que viene necesita otra actitud”. Por eso el flamante presidente del Consejo de la Magistratura, Diego Molea, reciente converso al camporismo, asegura que “Cristina fue perseguida” y que “la justicia fue muy cruel con sus hijos”. Eso también explica que en los concursos para reemplazar jueces una de las preguntas sea sobre el “Lawfare” o “criminalizar la protesta social” o el insólito “totalitarismo financiero”. Esas preguntas ayudan a elegir a los jueces amigos como uno de los que la redactó, el doctor Roberto Falcone, línea fundadora de Justicia Legítima. Es más un filtro ideológico que una constancia de capacidad profesional.
¿Se imaginan que puede pasar con un aspirante a ocupar el despacho de Claudio Bonadío, por ejemplo, si contesta que el Lawfare no existe y es un invento de Cristina para victimizarse? De inmediato lo dejarían afuera de todo. Están obligando a los aspirantes a explayarse en su fanatismo por Cristina o a disimular su independencia y ecuanimidad en el caso de que la tuvieran. Hubo una reacción producto de la queja opositora y Graciela Camaño, la presidenta de la Comisión de Selección ordenó que se quitara esa temática militante. Esa decisión debe ser refrendada el jueves que viene en la reunión correspondiente. Veremos.
Cristina necesita un comandante de sus urgencias y necesidades, para ocupar el lugar de Losardo. Alguien tan decidido como un Kamikaze. Capaz de inmolar su prestigio en el altar de Cristina, como lo hizo Alberto.
Los que más suenan son Juan Martín Mena, el actual vice ministro. Fue el gendarme ideológico que vigiló y le hizo la vida imposible a Losardo. Fue el segundo jefe de los espías de Cristina durante su presidencia. Y es el encargado de los trabajos sucios. No lo digo yo. Lo dijo Cristina. Muchos recordarán aquella escucha en la que ella le ordena a Oscar Parrilli que salgan a apretar jueces y dice que hay que llamar a Martín para que lo ejecute.
Martín es Juan Martín Mena quien respaldó los discursos de Alberto y Cristina, en su hostilidad manifiesta, hacia los magistrados que no se arrodillan ante las órdenes de la nunca exitosa abogada. Mena dijo que los presos kirchneristas por corrupción, en realidad, son presos “de los factores de poder real”, en obvia referencia al establishment económico, judicial y mediático. Mena miente descaradamente para la corona. Dijo que en los procesos “hubo testigos comprados y jueces pagos”. Mena huye del perfil alto y esa tal vez sea un impedimento para ocupar el puesto de Ministro. Se opone al indulto porque dice que Cristina es inocente de toda inocencia y dice que Macri utilizó al poder judicial como “su brazo armado porque la persecución a Cristina fue criminal”. Mena está procesado en la causa del pacto siniestro firmado por Cristina con Irán. Es el preferido de Cristina. No podía ser de otra manera, la vicepresidente, jefa del jefe del estado tiene 8 procesamientos y hay montañas de pruebas documentales y testimonios de arrepentidos que con lujo de detalles cuentan cómo fue el más grande mecanismo de corrupción que se haya montado desde el estado en democracia y que tuvo la jefatura de Cristina.
Martin Soria se hizo cristinista en los últimos tiempos. Su padre, el ex gobernador Carlos Soria siempre tuvo con el matrimonio Kirchner una relación sumamente tirante, cercana al odio. Sobre todo cuando el “Gringo” Soria fue jefe de los servicios de inteligencia en el gobierno de Eduardo Duhalde. Néstor y Cristina decían que Soria los espiaba.
Martín fue intendente de General Roca, lugar en el que lo sucedió su hermana y se ganó la simpatía de los brigadistas de La Campora cuando emprendió contra el juez Gustavo Hornos o cuando disparó desde el Twitter, respaldos a la teoría del Lawfare.
El que puso el grito en el cielo y fue durísimo con Alberto, una vez más, fue Julio de Vido, el gerente de coimas y sobre precios del kirchnerismo. Recordó que María Emilia, la hermana de Martin, cuando era diputada, votó el desafuero de Julio de Vido y eso permitió que fuera a parar a un calabozo de Ezeiza. De Vido, solo por los rumores que hablan de Martin Soria y por los elogios de Alberto, dijo que el presidente demuestra una “miserabilidad inconmensurable”. Epa, epa. De Vido cada vez se banca menos que lo hayan colocado en lugar del pato de la boda. El siente que robó para la corona de la reina Cristina y que fue un fiel y leal servidor. Reclama respeto y protección. Se siente sitiado, acorralado, tal vez como el propio Alberto que todavía estará arrepentido de haber utilizado la palabra “títere”. Solito la dijo. Y solito se bautizó. Hoy en las redes los opositores le dicen “Albertítere” y a estas horas se mueve solo si los piolines que maneja Cristina se lo ordenan.

Rebelión heroica en Formosa – 9 de marzo 2021

Gildo Insfrán es responsable de muchas atrocidades. Concretamente, las más graves son los balazos, palazos y gases al pueblo pero, conceptualmente hay un video que me hace hervir la sangre.
Es una nenita de 7 años que termina haciendo la ve de la victoria en un acto político en la pequeña localidad de Tacaaglé. Lo acabamos de escuchar. La chiquita llama “Mi gran capitán a Gildo Insfran y dice que hay que votarlo porque el genera trabajo e igualdad. Es justamente lo que no hay en Formosa: ni trabajo ni igualdad.
Pocas veces se vió algo tan cavernícola y derechoso. Adoctrinamiento y culto a la personalidad.
Pero hay esperanza. Una heroica formoseña anónima, con la bandera argentina como poncho y con un cartel de cuatro palabras dijo todo lo que había que decir: “Gildo, sos el virus”.
Esa imagen, con una barrera de policías armados hasta los dientes adelante, se convirtió en el emblema de la rebelión popular más imponente que desafió a un señor feudal del cristinismo llamado Gildo Insfrán. Los ciudadanos, hartos ya de estar hartos y de tanta tiranía ocuparon masiva y pacíficamente las calles. Pedían y piden tres cosas fundacionales de toda democracia republicana: libertad, trabajo y estudio. Nada del otro mundo.
Había familias enteras, con abuelos y nietos, comerciantes quebrados por la brutalidad de la cuarentena y los confinamientos del estado policial. Banderas argentinas y pancartas caseras, hechas con cartón y marcadores. Sin embargo fueron reprimidos con una ferocidad pocas veces vista. Gases lacrimógenos vencidos, cientos de balazos de goma impactaron en los cuerpos, bastonazos, patadas.
Para-policías infiltrados para producir violencia y espiar a los líderes del reclamo y un vallado rodeando la casa de desgobierno, fueron parte del menú que demostró el pánico que el dinosaurio Insfrán le tiene al pueblo. Su régimen autoritario y jurásico se sostiene con los empleados públicos que son reducidos a la esclavitud y controlados con el miedo a ser despedidos. A Insfrán nunca le interesó el trabajo privado. Porque no lo pueden controlar. Mantiene en la pobreza a miles con el dinero de la coparticipación que le envían los Fernández. Solo 6 pesos de cada 100 que ingresan a las arcas provinciales provienen de Formosa. 94 pesos de cada 100 vienen de la Nación.
El coraje del pueblo formoseño no se rinde y desafía el despotismo con su derecho a ejercer la protesta.
La ministra Sabina Fréderic mostró su hilacha reaccionaria cuando dijo que “Hay un ensañamiento con el gobernador Insfrán”. Esa la síntesis de un falso progresismo capaz de defender ladrones de estado como Cristina, Máximo, Amado Boudou o Lázaro Báez y fascistas de izquierda como Nicolás Maduro, o mafiosos y patoteros de derecha como Gildo Insfrán, sin que se les caiga la cara de vergüenza. El doble discurso y el fanatismo los lleva a ser muy duros con la represión macrista y a celebrar la represión cristinista. La foto de Máximo Kirchner, en el recinto de diputados mostrando los cartuchos de las balas de goma, son todo un símbolo.
El silencio cómplice de Cristina, Alberto y todo el nacional populismo cleptocrático, es patético. El apoyo a Gildo y Maduro de los organismos de derechos humanos, debería definirlos en lo que son, un apéndice partidario de Cristina. Incluso en el discurso y los textos periodísticos, habría que cambiar la valoración. ¿Se le puede seguir llamando organismo de derechos humanos a las Madres de Plaza de Mayo que, por ejemplo, adoran dictadores como Hugo Chávez y sus herederos y miran para otro lado ante la represión feroz de un histórico facho disfrazado de camporista?
Hoy todos somos Formosa. Hoy todos debemos defender la libertad y la democracia. Hoy todos debemos repudiar la tiranía y la represión. El Formosazo es aire puro que reclama a los gritos “se va a acabar/ la dictadura de Gildo Insfrán”. Pusieron su grito en el cielo desde las Naciones Unidas hasta la Iglesia Argentina, desde Amnistía Internacional hasta Human Rights Watch. Incluso el moderado Horacio Rodríguez Larreta, se negó a compartir un acto en la Casa Rosada con Insfran y condenó con energía la represión salvaje.
A los botes, socorro, estamos en el horno. Cualquier expresión coloquial sirve para explicar la indignación que se multiplicó cuando Alberto Fernández llenó de elogios a Gildo Insfrán. Lo trató como si fuera un estadista y es un autócrata corrupto que hace 33 años está en el poder, 25 como gobernador y 8 como vice. Formosa es una de las provincias más pobres que supera en 6 puntos al promedio nacional. Es uno de los distritos con mayor exclusión, con fuerte presencia narco y con un altísimo grado de clientelismo y autoritarismo. El presidente Fernández abrazó, besó sin barbijo y habló maravillas de Insfrán como gobernante y como ser humano.
“El no sabe todo lo que lo valoro, respeto y quiero”, dijo Alberto. Un romance incomprensible. Un tiro en los pies que se pegó Alberto. Y ayer, lo saludó especialmente con palmadas afectuosas en su espalda. Entre bomberos no se pisan la manguera.
Gildo se formó en el peronismo facho y violento que, en los 70, hacía caza de brujas contra la Juventud Peronista que Cristina y Máximo pretenden representar. Con Insfran fue sepultada la alternancia. Se siente dueño de la provincia. Alberto apostó a lo peor de la historia del pejotismo.
Gildo tiene casi la suma del poder público. Somete a los medios de comunicación con pauta publicitaria y con látigo y persecución a los que se atreven a hablar. Gana las elecciones por paliza porque la sumatoria de empleados públicos, 7 de cada 10 personas trabajan en el estado, planes sociales que reciben la mitad de las familias y paraguayos que hace cruzar al solo efecto de votar y cobrar un plan lo hace prácticamente invencible desde el llano. El mismo modelo que los Kirchner instauraron en Santa Cruz. Chavismo antes de Chávez.
Gildo no se privó de nada. Reformó la Constitución para que la reelección fuera indefinida. Es una especie de Alfredo Stroessner o un monarca que se hereda a sí mismo.
Formosa es donde más creció la droga decomisada y por lo tanto es donde más creció la presencia de la droga durante la docena de años del kirchnerismo.
Gildo Dino Insfrán, hijo de Ascensión que era conocida como doña Pochó y que falleció a los 95 años, tuvo un gran desgarro es su vida cuando su hijo de 17 años se suicidó con un tiro en la cabeza.
Gildo, fue fanáticamente menemista, duhaldista y también se verticalizó ante Néstor y Cristina. Hoy es el emblema del peronismo más retrógrado que no se quiere renovar ni democratizar. Maneja su provincia con mano de hierro y con terror. Varios asesinatos de integrantes de la comunidad Qom lo confirman. El cacique Félix Díaz, que quiso enfrentarlo, fue perseguido sistemáticamente y tuvo que venir a Buenos Aires para hacer oír su voz.
Cada tanto se descubre una pista clandestina donde bajan aviones con cargas ilegales. Contrabando y crimen organizado, mafias narcos y muchísima mortalidad infantil y casi nada de actividad privada. Esa es la fórmula Gildo.
Insfran es un delincuente que le pagó 8 millones de pesos a Alejandro Vandenbruele para que lo asesorara en la refinanciación de la deuda de la provincia con la Nación. Eso solo ya es delito porque no puede intervenir una consultora privada entre dos organismos públicos. El ministro de Economía que debía favorecer a Insfrán con la refinanciación era Amado Boudou. ¿Lo conoce, no? Otro atorrante y malandra de estado. La factura que Vandenbruele le dió a Formosa era la número 3 y las dos anteriores habían sido anuladas en el formulario. The Old Fund, en ese momento, no tenía empleados ni experiencia en el tema. Pero mágicamente la refinanciación se hizo. Formosa pagó casi 8 millones pertenecientes a su pueblo. Alejandro, el empleado de Boudou, fue al banco cobró el cheque, lo transformó en dos millones de dólares y se los llevó en una valija. Y de inmediato devolvió como parte del retorno de la coima, dos millones de pesos a Martin Cortes quien en ese momento era presidente del Banco Provincial. La causa está repleta de pruebas. Pero como si esto fuera poco, Vandenbroele, como arrepentido dijo textualmente ante la justicia: “lo primero que hice para Amado Boudou fue cobrar la coima del gobierno de Formosa. En la repartija me tocaron 200 mil dólares”. No haré más preguntas, señor juez.
Insfrán es el Patrón del mal de Formosa. La democracia amañada no pudo parir todavía la República y esta causa tan grave que involucra a un gobernador y al ex vicepresidente sigue tramitando con una lentitud claramente cómplice. Es que fue prácticamente un asalto a mano armada y cara descubierta. Todos queremos verlos presos. O por lo menos que Dios y la patria se los demanden.