Los 80 años del rey Palito – 8 de marzo 2021

En la mañana temprano/ Se va el changuito con su papá/ Van rumbeando pa’ el surco/ a pelar cañas del Tucumán.
Su Tata va cortando y el /Changuito juntando va/Pa’ cargar los carros/ que pa´el ingenio la llevarán.
Ese changuito cañero nació un día como hoy, hace exactamente 80 años en la casa número 24 del ingenio Mercedes, en medio del campo, cerca de Lules. En realidad, fue parido diez días antes, pero el padre solo pudo ir a inscribirlo en su día de franco. Fue un 8 de marzo y quedó registrado como Ramón Bautista Ortega. Hoy todos lo conocen como Palito. De ese lugar en el mundo tan alejado y tan pobre, surgió el artista más popular de la historia argentina. El de mayor trayectoria y permanencia en el tiempo. El que más discos vendió, el que más gente congregó en sus actuaciones, el que más éxitos metió en la memoria colectiva de los argentinos. En su época, competía con dos grandes que ya se fueron de gira: Leonardo Favio y Sandro, dos talentos que la vida se llevó. Actuaban en estadios de fútbol. Sus recitales eran un carnaval. Hacían películas sencillas que llenaban los cines de todos los rincones de la patria. Las revistas hablaban de sus romances y sus desengaños. El casamiento con Evangelina fue el primero que se televisó. Los jóvenes de entonces imitaban su ropa, sus cortes de pelo y el pasito que hacían para bailar.
A esta altura hay que decir que, además de sus éxitos artísticos, Palito Ortega se convirtió en el rey de la solidaridad. Hace un tiempo que está dedicado a cantar para ser feliz y hacer feliz a los demás, pero también a devolver todo lo que la vida le dio y él se ganó con un esfuerzo titánico y una sensibilidad popular infrecuente. Palito es una especie de ángel de la guarda que ayudó a salir del infierno de las drogas a Charly García y que en su momento, puso toda su popularidad al servicio de Cacho Castaña. Incluso cantaron juntos en el Luna Park y eso fue una fiesta popular prolongada que disfruté muchísimo.
Palito lo sacó de los teatros chicos y juntos llenaron al Luna Park. Ahí fueron pasión de multitudes. Cacho, en agradecimiento, le compuso un tema a Palito que llamó “El último rey” y lo cantó esa noche mágica. Ahí le dice, changuito cañero, amigo de ley, llegó a Buenos Aires, vendiendo café. Le hicieron un trono de caña de azúcar, con una corona de chala y de miel.
Una gran parte de la juventud de aquella época, eran del “Club del Clan” o la Nueva Ola, una movida cultural que los intelectuales de la presunta izquierda de aquella época, despreciaban por su frivolidad. Decían muchos de mis compañeros de entonces que eran poco menos que la representación del imperialismo. León Gieco le compuso un panfleto que decía “Cantorcito a contramano” y un día en un estudio de radio me confesó que debía revisar esos conceptos por la generosidad y el corazón inmenso que Palito había demostrado al apostar todo a la recuperación de Charly García. Palito puso todo. Su casa, su energía, sus contactos, su dinero, su contención y hasta su familia. Charly estaba perdido, al borde del precipicio y luego volvió a llenar teatros y recuperó la sonrisa de ganarse el pan con el talento de su frente y de su oído absoluto. La magia maravillosa de la vida solidaria hizo que Rosario, la talentosa hija de Palito Ortega integre el grupo musical que acompaña al gran Charly en el Inconsciente colectivo.
Quiero mucho a Palito y a Evangelina. Han formado una pareja sólida que derivó en una familia espectacular, con montañas de amor, diversidad y talentosa por donde se la mire, plural y con nietos que alegran la vida de ese rey que tiene un solo defecto: es de River.
Hace un tiempo, Palito y Evangelina se casaron nuevamente ante el Papa Francisco. Disfrutan de estar juntos hasta que la muerte los separe. Dan sana envidia. Ella dejó todo por Palito y para edificar esa descendencia de 6 hijos y nietos hermosos que tienen. Ella, a los 19 años ganó el premio a la mejor actriz en el Festival de San Sebastián y sin embargo colgó los hábitos de actriz para cumplir con los latidos de su corazón.
Me resulta impactante la biografía de Palito. Pocos argentinos salieron de tan abajo y llegaron tan arriba. Me emociona escuchar la despedida de su padre en la estación ferroviaria del pueblito de Lules: “Cuidese changuito”, le dijo sin tutear al chico de 14 años que se iba en busca de sus sueños. No tenía un peso partido por la mitad. Te vas a morir de hambre, le decían los muchachos. Durmió en bancos de plazas. Fue lustrabotas. Hizo de todo para poder comer y vivir con cierta dignidad en pensiones de mala muerte. Fue reducido a la esclavitud por un comerciante que lo obligaba a dormir en el sótano y que le abría esa puerta candado a la mañana para que barriera el piso y limpiara. Era Ramón, el de la sonrisa triste de la Gioconda. Se imaginaba cantando con su guitarrita para miles y miles de personas pero parecía una utopía que como tal, era casi imposible de cumplir. Primero fue Nery Nelson e hizo rock and roll tradicional y más o menos funcionó. Pero después se hizo Palito Ortega y ese cafetero amable que transitaba los pasillos de los canales de televisión de a poco se transformó en una leyenda. Hoy Palito es una leyenda. Como Gardel. En su casa, Ramón guarda muchos tesoros junto a la admiración de sus hijos. Tiene colgado su retrato gigante que Carlos Alonso pintó y le regaló. Alonso es uno de los más grandes artistas plásticos que dio la patria. Sus cuadros cuestan fortunas y hasta Pablo Picasso elogió su mano talentosa. Pero su corazón quedó herido para siempre cuando la dictadura militar secuestró y desapareció a su hija Paloma. Su mirada húmeda se hizo triste en forma vitalicia y ese dolor interminable se pegó a sus óleos y acuarelas.
A María Elena, tal vez la mejor poetiza que tuvimos los argentinos, no se le cayeron los anillos por componer con Palito “La canción del Jacarandá”. Claro, ella, hacía mucho que había dinamitado todos esos dogmas que enyesan las neuronas.
Irineo Leguisamo, el jockey más consagrado de todos los tiempos se consideraba un padre de Palito. “Leguisamo solo”, cantaba Carlos Gardel hasta que se hicieron amigos. Primero los unió el amor por los burros y el camino a los hipódromos. Después se hicieron uno para el otro. Amigos del alma hasta que Gardel y su avión se estrellaron contra la tierra. Irineo recibió de Gardel un álbum de fotografías de la extraordinaria película “Rubias de New York”. Es un muestrario histórico del vestuario, las luces y las pruebas de cámara y ropa que hicieron en Estados Unidos. Ese objeto sagrado del tango y el cine de Gardel hoy está en manos de Palito Ortega. El lo acaricia como lo que es: un tesoro y un legado. Irineo decía que Palito fue el sucesor de Gardel a la hora de vivir en el corazón de los argentinos.
Aquel Ramón que salió de Lules y que me inspiró para decirle a mi hijo Diego, “cuídate changuito”, se hizo Palito, el último rey, el número uno, el que logró que el pueblo silbara, cantara y bailara cientos de sus canciones. Fue un éxito arrasador en toda América. Es un compositor de una sensibilidad única. Hay pocos artistas que logran sintonizar tanto y tan seguido con la piel del ciudadano común. Solo su canción “La felicidad” vendió dos millones y medio de copias y fue traducida a un montón de idiomas.
De los cañaverales Palito llegó a la cumbre. Trajo a Frank Sinatra y la economía inflacionaria argentina le dinamitó sus finanzas y sus ahorros. Tuvo que empezar de nuevo y pagó, peso por peso, todas sus deudas.
Hoy está más allá de todo. Fue gobernador de Tucumán y venció al dictador Antonio Domingo Bussi. Le llenó las urnas de votos. Solo por ese triunfo, Mercedes Sosa su amiga, aceptó volver a su tierra y celebrar la democracia que por fin había retirado a ese general fascista.
Una vez Mercedes Sosa llevó a Palito a la Federación de Box para un festival por la libertad de los presos políticos. Había que tener huevos para ir a esos lugares que solían terminar con gente en cana y palazos en la cabeza. Pero muchos jóvenes con banderas rojas, silbaron a quien ese momento era el cantor más popular de la América Latina. Vendía miles y miles de discos para el Wincofon. Lo dejaron cantar solamente porque la Negra Sosa salió a bancar la parada. Claro, la Negra, que en música descanse, siempre rompió todos los dogmas y abrió el folcklore tradicional al desprejuicio del rock.
Cuando Cacho Castaña estaba sin reaccionar, en coma y con una traqueotomía en terapia intensiva, con una neumopatía aguda, Palito iba todos los días a visitarlo. Le cantaba al oído y le aseguraba que se iba a recuperar pronto para hace un show juntos. Muchos creían que era una despedida o una mera expresión de deseo. Pero el milagro se hizo y volvió a la vida y disfrutó un tiempo más hasta que finalmente le llegó la muerte.
Palito hoy es un rey solidario y hoy podrá festejar su cumpleaños rodeado de esa familia extraordinaria que edificó con Evangelina. Me gustaría regalarle esas metáforas tan precisas y emotivas que escribió Cacho…

Siempre hay que buscar la belleza – 5 de marzo 2021

El gigante Pepe Eliaschev diría que estamos escuchando “música celestial”. Esta joya sinfónica es la Chacona, Partita número 2 en Re Menor de Johanns Sebastian Bach. Escuche por favor esta historia que le quiero contar.
Esta obra maravillosa sonaba con potencia y bastante buena acústica en el subte, cerca del tacho de basura y debajo de la escalera mecánica. Era la hora pico, a las 8 de la mañana, cuando la gente enloquecida, casi sin mirar, va de acá para allá. Van apurados a trabajar y lo único que miran es la pantalla de su teléfono celular.
Los sonidos salían del violín de un señor que estaba vestido con unos jeans gastados, una camiseta deportiva y una gorra. Había abierto el estuche del violín y puso unos billetes para que la gente le dejara alguna propina en pago por su aporte artístico.
En 43 minutos solamente se detuvo una persona de las 1.070 que pasaron velozmente. 27 se agacharon para dejar alguna moneda o billete y siguieron de largo. Mientras tanto la potencia de Bach iluminaba de felicidad el aire viciado del subte.
El que estaba tocando era Joshua Bell, tal vez el mejor violinista del mundo. Miró la funda de su instrumento y encontró 32 dólares. Tres días antes había llenado el teatro sinfónico de Boston y la entrada más barata costaba 100 dólares. Su violín era un Stradivarius de1713 que perteneció al eximio Broweslav Huberman y cuesta 4 millones de dólares.
Joshua Bell terminó de contar las propinas y dijo con humor: “No está mal, podría vivir de esto y no tendría que darle su parte a mi representante”.
Esto pasó en la estación Plaza L’Enfant de Washington DC y fue un experimento social para estudiar la reacción de las personas según los contextos en que se pongan diversos estímulos. La pregunta que surgió más rápido es si somos capaces de apreciar la belleza y si entendemos que hay que buscarla en todos lados. Detectar arte, aún en las cosas más sencillas de la vida debe ser parte de nuestra actividad cotidiana. Muchas veces, la mayoría, las cuestiones que nos producen más felicidad son gratis y las tenemos al alcance de la mano. Y es probable que no nos demos cuenta.
Joshua fue niño prodigio. A los 7 años dió un concierto de Bach en la universidad de Indiana, donde nació. A los 14 fue solista de la orquesta filarmónica de Filadelfia. El ejercicio al que se prestó gustoso en al subte invita a reflexionar sobre nuestros gustos, percepciones y las prioridades que tenemos en la vida. A primera vista, parece demostrar que siempre vamos a mil por hora y no nos permitimos disfrutar de los pequeños grandes placeres de la vida. Vivimos siempre apurados y muchas veces, llegamos tarde a donde nunca pasa nada.
Es un espectáculo ver tocar a Joshua. Más allá de los sonidos. Su postura física es acrobática. Acompaña con su cuerpo las melodías. Pero en ese momento fue un artista callejero, o un mendigo, al que a lo sumo se podía ayudar con unas monedas. Joshua está en el salón de la fama de Hollywood, tocó en la Casa Blanca para Barack Obama, integra el comité artístico del Kennedy Center y es miembro del consejo de directores de la Filarmónica de Nueva York. Una súper estrella mundial. La inmensa mayoría de los pasajeros del subte jamás tendrán la oportunidad de verlo tocar en vivo. Pero su atuendo y el lugar en el que estaba, nos daban información contradictoria. Tenía puesta una gorra de béisbol y era algo tan común en ese lugar, que nadie pudo descubrir la obra de arte y la genialidad de ese violinista.
Hay un chiste que tira abajo mi teoría. Yo propongo valorar las pequeñas cosas de la vida. Lo más básico y sencillo de la condición humana. El chiste dice que hay que conformarse con las pequeñas cosas, una pequeña fortuna, un pequeño yate, una pequeña mansión. Pero creo de verdad y los invito a que pensemos cuales son los momentos más felices de nuestras vidas. Por supuesto que no soy un hipócrita y entiendo que meterse en un mar transparente, al lado de arenas blancas y palmeras, es algo que le gusta a todo el mundo. No estoy negando que los viajes, otros países y el conocimiento que producen, no nos produzcan un gran monto de felicidad. Eso es así y conocer otras latitudes, caminar por calles misteriosas, descubrir hasta donde llega nuestra curiosidad, sorprendernos con costumbres y comidas tan lejanas a nuestras culturas, siempre es atractivo.
Viajar es uno de los grandes placeres de la vida. No lo niego.
Pero voy por otro lado. Creo que la felicidad es una sumatoria de momentos emotivos que nos marcan por mucho tiempo. Revalorizar todas las actividades que podemos hacer con nuestra familia y nuestros amigos, es encontrar belleza en el subte. Si las condiciones económicas lo permiten, es una gloria poder ir al teatro a ver a Joshua Bell o a un estadio a disfrutar de los Rolling Stones, por ejemplo. Yo lo que planteo es que hacer cuando el dinero no sobra y hay que cuidar el mando. Los momentos en los que más me río o más me emociono tienen que ver con el amor de pareja, con recorrer la piel y los labios de quien amamos, con mirar fotos y videos viejos, con brindar por la vida. Ni que hablar de la posibilidad de compartir ese tiempo con nuestros viejos, o hermanos. Tal vez siempre se cuenten las mismas anécdotas o vengan las carcajadas por los temas de siempre, pero ahí hay felicidad concentrada y en estado puro. No sirve convertir en rutina las visitas a nuestras familias o la vida cotidiana en el amor. Son milagros que no tienen precio. Hay que cuidarlos como el mejor de los diamantes. Y regarlos como la flor más bella. Están al alcance de la mano, en el subte, con el concierto de violín. Una buena sobremesa con los amigos más queridos es de una profundidad extraordinaria y nos da montañas de energía no renovable. Ni que hablar de seguir de cerca la evolución de nuestros hijos. No digo convertirnos en plomos y estar pegotes todo el día. Eso asfixia. Pero estar cerca para ayudar y alentar el crecimiento de los hijos y comprobar la forma en que se van desarrollando es otra de las satisfacciones más importantes de la vida. Y son gratis. No quiero caer en la cursilería. Pero los libros, las películas, las series, el estudio de un idioma, de una nueva disciplina o la posibilidad de enriquecer nuestro bagaje cultural es un buen camino para saborear los mejores manjares que tiene nuestra existencia. Es la mejor armadura para enfrentar la toxicidad de la vida y la información cotidiana. Hay tantos ladrones, autoritarios, perversos, mentirosos que navegan por las noticias y la actualidad que tenemos que buscar un refugio para mantener lo más sana posible el alma y las neuronas. Tal vez les estoy diciendo esto a ustedes queridos oyentes y tal vez me lo estoy diciendo a mí mismo. Es un pensamiento en voz alta. Una forma de mirarnos al espejo de vez en cuando y de hacer una pausa en el vértigo. Para reconocernos, para indagar quienes somos de verdad y en que podemos mejorar. Para valorar lo que tenemos. Para quejarnos y protestar, por supuesto, no somos amebas ni obsecuentes. Pero también para tener una pausa reparadora y la posibilidad de reconstruir nuestra dignidad. La rebeldía y el coraje también suelen ser ingredientes que le dan el mejor sabor a nuestros días terrenales. Nadie se arrepiente de haber sido valiente. Nadie se arrepiente de haberse animado a concretar una idea o un proyecto. Aunque no salga bien, habremos aprendido y madurado muchísimo para la próxima batalla. Y para poder dormir tranquilos siempre nos queda el recurso de la decencia y la honradez de las manos limpias. Y esa idea de no arrodillarse ante nadie pero tampoco intentar hacer arrodillar a nadie. La vida es dignidad. La historia del violinista regalando belleza y de la gente sin poder valorarla, me disparó estas reflexiones. Ojalá sean útiles. Para pensar y para pensarnos. Para mirar y para mirarnos. Como dice Vargas Llosa, para que la muerte nos encuentre más vivos que nunca. Y si es posible, escuchando a Bach…

La catástrofe sanitaria de Los Fernández – 3 de marzo 2021

Es hora de balances. Hoy se cumple un año del primer caso de Covid detectado en la Argentina. Es hora de analizar los motivos de la catástrofe sanitaria que produjo el virus y la mala praxis absoluta del gobierno de los Fernández. El dato más horroroso son los 52.192 muertos precisamente porque no es un dato frío ni un número en una estadística. Estamos hablando de un estadio lleno de compatriotas que fallecieron producto de la pandemia y de una pésima gestión. Se trata de más de 52 mil familias que hoy tienen un agujero negro en el alma y que perdieron algún ser querido. Estamos hablando de padres, hijos, novias, primos, abuelos y amigos. Es imposible olvidar cuando, desde el gobierno, se dijo que si hubiera estado Mauricio Macri de presidente, los fallecidos hubiesen llegado a 10 mil. Eso se llama escupir sangre para arriba. Eso se llama triunfalismo vacío. Los muertos son más de 52 mil. Somos el país número 13 en el mundo en cantidad de muertos por millón de habitantes. Y eso que se hizo la cuarentena más estricta y larga del mundo. Fracaso absoluto. Este crimen de lesa inutilidad tiene varios responsables, empezando por el presidente de la Nación, Alberto Fernández que se cansó de hacer mamarrachos con forma de filminas y de decir barbaridades dignas de una persona que no entendió nunca lo que estaba pasando. Alberto, además de instalar este clima triunfalista, futbolero, soberbio y provocador quiso compararse con Chile y Suecia, entre otros y el resultado fue un boomerang que nos llenó de vergüenza ajena. A Residente, el cantante rapero de Calle 13, el presidente Fernández le dijo que estábamos dominando al virus.
Eso fue el 30 de marzo del año pasado. Una fanfarronería irresponsable. Palabras demasiado livianas para un tema tan pesado. En otro momento, el Presidente, repitió como un loro una leyenda de los curanderos populistas y dijo que “había que tomar bebidas calientes porque el calor mataba al virus”. Ni hablar del rosario de promesas incumplidas. ¿O no aseguró que entre enero y febrero iban a vacunar a 10 millones de argentinos? Hoy producen tristeza y lástima aquellas palabras con las que prometió decencia y la equidad en la aplicación de las vacunas. Se puede buscar en Google. Alberto dijo: “Se terminó la Argentina de los vivos que se zarpan y pasan sobre los bobos”. Hoy esas palabras son patéticas a la luz de los traficantes de vacunas que operaron desde el corazón del gobierno. La humillación a la que sometieron a los que más necesitan las vacunas fue brutal. De hecho, el gobierno, Cristina, y Alberto se cayeron a pique en todas las encuestas. Y Ginés González García, directamente, se cayó del mapa y quedó afuera de todo, mancillado por la realidad, por sus chantadas a repetición y por la malversación de fondos, vacunas y otros delitos sobre lo que va a tener que dar explicaciones ante la justicia.
Es hora de balances. Hoy se cumple un año del primer caso de Covid detectado en la Argentina.
Dijeron que había que elegir entre la economía y la salud y fracasaron en los dos planos. En el 2020, Argentina cayó más del 10%, tuvo una inflación del 36 %, un aumento de la pobreza, el desempleo y cerraron más de 90 mil comercios. Otra vez, son 90 mil familias argentinas que se quedaron sin sus ingresos, sin la actividad que les permitía ganarse la vida con dignidad. Y eso que emitieron alrededor de dos billones de pesos. Si con “b” larga, dos billones de pesos.
Ojalá se dejen de perder tiempo tratando de apropiarse de la justicia para garantizar la impunidad de Cristina y calmar su sed de venganza y se dediquen a prepararse para una posible segunda ola de contagios. Ojalá no llegue nunca. Pero la experiencia internacional nos muestra que hay que estar alertas y no bajar la guardia.
Mientras tanto, todos los días, el personal médico, indignado y maltratado, denuncia o filtra al periodismo más y más casos de tramposos que se vacunaron pese a que no les correspondía. Tráfico de influencia, acomodo, son muchos los grandes figurones que se burlaron de todos. Carlos Zannini, es el caso más grave. Porque es el jefe de todos los abogados del estado y sin embargo malversó un documento público y se hizo vacunar y en la planilla se registró como “personal de salud”. Y de paso vacuno a su esposa. ¿Ningún fiscal va a actuar? El funcionario que tiene que custodiar la legalidad, fue el primero en violar esa legalidad. Se apropió de una vacuna que no era de él. Tal vez por su culpa, falleció alguna persona que necesitaba inmunizarse en forma urgente. No sé cómo Zannini tiene cara para mostrarse contento. Eso es impunidad al palo.
Y ni que hablar de los acompañantes de Cristina en Avellaneda que también se vacunaron o los legisladores amigotes como Eduardo Valdés o Jorge Taiana y la familia Duhalde, y la familia Moyano y los suegros y el padre de Sergio Massa y…siguen las firmas. En su gran mayoría, capos del peronismo o del kirchnerismo. Gente del poder. La patria fueron ellos.
El gobierno de los Fernández, se comportó en forma tan oscurantista como el de Vladimir Putin. No existe una lista transparente en internet donde aparezcan todos los vacunados. Es muy fácil hacerlo. No lo hacen porque no quieren. Y encima, se enojan si se los critica. También pretenden que se los aplauda. Alberto llegó a decir que se había montado “un escenario mediático de escarnio público”
Y la verdad es que la catástrofe sanitaria que estamos padeciendo, tiene un componente inevitable que es el virus, pero otro absolutamente evitable que es la pandemia de autoritarismo informativo, de malvinización de la aplicación de la vacuna y de ausencia total de rigurosidad científica.
En ningún momento la mala praxis y la chapucería del ministro Ginés González García ni la irresponsabilidad del presidente Fernández, lograron llevar tranquilidad a una mayoría de la población. Fueron los principales protagonistas de la campaña antivacuna, más allá de que como suelen hacer, acusaron a los opositores.
Son despropósitos macabros. Estamos hablando de vidas humanas, no de una mercadería que tiene repuesto. Exhibieron en forma obscena un nivel de insensibilidad social comparable solamente con las tiranías más reaccionarias.
Lo de Pfizer, fue un papelón aparte. Sin que se le cayera la cara de vergüenza, Ginés dijo que no entendía las exigencias de Pfizer, “pareciera que no le tienen fe a la vacuna”. No ministro. Bad Information. No le tienen fe al gobierno argentino. De hecho en casi todo el mundo están aplicando esa vacuna. Pero según el impresentable ex ministro, los del laboratorio “pidieron condiciones inaceptables”. ¿Solo a Argentina se las pidieron? El ministro también sacó de la galera otra serie de imprecisiones. Aseguró que “compramos 51 millones de vacunas y buscamos 20 millones más. Es mentira que no tengamos para todos”. ¿A cuál país o laboratorio se las compramos? ¿A qué precio? ¿Cuándo van a llegar? Muchas preguntas, ninguna respuesta. Ahora hay que trasladarle esas inquietudes a la nueva titular de Salud, la doctora Carla Vizzotti, que al parecer no vió nada de lo que estaba ocurriendo. Y eso que vacunaron a casi todo su equipo y en muchos casos los ladrones de vacunas operaban en el despacho del ministro, como el caso del para periodista Horacio Verbitsky que deschavó todo, después pidió disculpas y, finalmente, se escondió.
Está claro que Ginés nos vacunó a todas y todos los argentinos. Es humor negro. Porque estamos hablando de la muerte de más de 52 mil argentinos y vamos derechito rumbo a los 55 mil fallecidos producto del coronavirus. ¿Pueden mentir tanto? ¿La desesperación por sacar algún rédito político los lleva a mandar fruta y a decir cualquier cosa? Son imprudentes y peligrosos. Insisto: estamos hablando de salud.
¿Saben lo que significa la prudencia en un tema de salud pública?
La dignidad es como el embarazo. No se puede estar medio embarazada. Se está o no. No hay término medio. Con la dignidad, pasa lo mismo. No se puede ser medio digno. Conveniencia y especulación, siempre mata ideas.
Gé Ge Gé, como se conoce a Ginés por sus iniciales, batió todos los records de metidas de pata y bloopers. Habló hasta por los codos y dijo barbaridades. Ginés no pegó una en diez definiciones que tuvo ante los medios. Desde aquel histórico día 23 de enero, cuando dijo que no había ninguna posibilidad de que el coronavirus llegara a la Argentina. El médico de este gobierno de científicos hizo diagnósticos absolutamente equivocados. Insisto: no pegó una. “Me preocupa más el dengue que el coronavirus”, planteó sin que se le moviera un músculo, ni pidiera disculpas por semejante pifia. El 3 de marzo, hace un año, dijo, “uy, me sorprendió el virus, yo no creía que iba a llegar tan rápido”.
Hay que recordar que vaticinó que en julio iba a bajar la curva y que la gripe, era mucho peor que el covid 19. Están todos los audios y los videos.
Estos mamarrachos puestos en la boca del ex ministro Ginés son la síntesis de la catástrofe sanitaria que produjo este gobierno.
Se robaron todo durante más de 12 años, pero esta vez cruzaron todos los límites morales porque se robaron lo único que puede garantizar a los más vulnerables que no se mueran, o que por lo menos le puedan pelear al virus de la muerte
El terremoto social y político que produjo la vacunación ilegal y clandestina, era lo único que faltaba para confirmar que es el peor gobierno desde el retorno de la democracia. Pura trampa y combate a la meritocracia. Los Fernández y su “ineptocracia”, están trabajando para quedarse toda la vida en el poder. El nuevo lema es, “A los amigos todo y a los enemigos, ni vacunas”.
Muchachos, no se desesperen por conseguir un votito más o por inventar otro nuevo relato épico. Dejen de vender humo. Con la salud, no. Con la vida de los argentinos, no. Gobierno de científicos, las pelucas. Mediocres y chantas.