¿En qué país vive Alberto? – 1 de marzo 2021

El discurso de Alberto Fernández describió un país que no existe. Se podría resumir así: “Todos los éxitos son míos y todos los fracasos son de Macri”.Un país de mentiras que tal vez solo habita en la cabeza de Cristina porque ni Alberto se cree lo que dijo. Alguna vez le comenté que Alberto era menos de lo mismo que Cristina. Hoy terminó de adoptar la totalidad de sus obsesiones, pero le falta energía y capacidad de comunicación. La larga perorata, monocorde, llena de furcios, parecía retratar el “País del Nomeacuerdo” de María Elena Walsh. ¿Se acuerda? “Doy tres pasitos y me pierdo. Un pasito para atrás y no doy ninguno más, porque ya me olvidé/ donde puse el otro pié”. Alberto no se acuerda o peor aún no quiere acordarse de que fue el crítico más feroz de Cristina básicamente por hacer lo que ahora el repite como eje de su gobierno. El cinismo y la hipocresía es lo único que los une. Y el pacto de impunidad para Cristina a cambio del sillón de Rivadavia.
Por un lado intenta jugar al poeta y decir que quiere plantar una semilla de unidad nacional y por el otro, ataca en forma salvaje y despiadada a los jueces, los medios y la oposición.
¿Esa es la unidad nacional que quiere Cristina? ¿Ese es el país en que Alberto sueña vivir? Todos unidos triunfaremos pero sin los jueces, los periodistas y los opositores. Su delirio antidemocrático potencia la grieta. Propone la monarquía de la reina Cristina, lejos de un estado republicano. Un territorio nacional convertido en una Unidad Básica denominada “Cristina eterna e impune”. Alberto hoy en el Congreso, humilló a gran parte de los argentinos.
A los jueces, les mojó la oreja una y otra vez y los desafió con fiereza. La primera falsedad que dijo fue que sus críticas a la Corte Suprema y a la justicia en general, no eran por rencor ni para favorecer a nadie. Bad information. Estaba sentada a su lado la persona a la que quiere favorecer: Cristina. Un diputado le gritó: “Lázaro Báez” y con eso dijo todo. Mega corrupción de estado, cleptocracia al palo, los K fueron los gobiernos que por más tiempo le robaron más dinero al pueblo. Dijo que los jueces y fiscales viven al margen del sistema republicano con sus privilegios como no pagar impuesto a las ganancias. De los miembros de la Corte dijo que es imposible conseguir su declaración jurada de bienes. Sin nombrarla, embistió contra Elena Highton de Nolasco, la gran amiga de su socia, la ministra Marcela Losardo, cuando habló de los que se quedan en el máximo tribunal, más allá del tope de edad. También le tiró misiles a Carlos Stornelli y Gustavo Hornos. Sobre el fiscal dijo que los grandes medios ocultan que está procesado por espionaje ilegal y extorsión y no se le aplica la doctrina de la detención preventiva. El presidente acusó sin pruebas y en claro apriete a un fiscal aseguró que hoy existe un sistema perverso y extorsivo.
Al juez Hornos, le recriminó que haya visitado al ex presidente Macri en la Casa Rosada, antes de fallos importante contra Cristina. Fue duro contra las decisiones de la Corte en los casos de los jueces Bertuzzi y Bruglia y habló de causas con “arrepentidos bien pagos”. Alberto, fiel a la escuela de Néstor y Cristina violó reiteradamente la Constitución y la división de poderes. Y anunció que va a enviar varias leyes al Congreso. Esos proyectos fueron aportes de la Comisión Beraldi, llamada asi porque fue integrada por el abogado de Cristina. Todo muy plural y equitativo. Entre otras ideas, dijo que va a reformular al Consejo de la Magistratura, reducir la injerencia de la Corte e instaurar los juicios por jurados populares, para los delitos graves, para que no decidan “jueces aislados que hacen de la ley lo que les plazca”. Textual.
A los opositores, encabezados por Mauricio Macri, Alberto les reservó una querella criminal que ya ordenó por el préstamo del FMI y por lo que caracterizó como “la mayor administración fraudulenta y malversación de caudales públicos de la historia”. Como puede verse, el plan de impunidad para Cristina es solo una cara de la moneda. La otra cara, es la venganza contra opositores, jueces, fiscales y periodistas. Van a intentar meter preso a Mauricio Macri y a los que negociaron con el Fondo. Si logran elegir el juez correcto, alguno con la camiseta de justicia legítima, tal vez lo consigan. Lo van a relatar como el castigo a los que fugaron los capitales que el país recibió del FMI.
A los medios, Alberto les reserva últimamente el rol de articulador y difusor de todo esto. “Las críticas arteras, templan mi espíritu”, dijo sacando pecho aunque aseguró estar harto de “las condenas mediáticas espontáneas”. En el país del Nomeacuerdo, Alberto recorría canales y diarios para hablar pestes de Cristina. Le dijo las cosas más terribles que ni los opositores más duros se atrevieron a decirle. Le dijo patética, deplorable y sicópata. Se puede googlear.
A este Alberto, casi, casi que lo bautizó Cristina. Alberto es el presidente que no preside. El más alto funcionario que no funciona. Hoy hizo el balance de un desgobierno que produjo una verdadera catástrofe sanitaria, económica, moral e institucional. No hay un solo indicador que haya mejorado. Los opositores en las redes sociales instalaron el hashtag “#el peor gobierno de la historia”.
Pepe Nun, poco antes de morir, dijo en La Nación, que “Cristina es la presidenta de facto”. Pero lo más grave es lo que ha dicho Eduardo Duhalde. Nadie puede acusarlo de gorila ni de oligarca. Es peronista y vacunado vip con toda su familia. Duhalde no anduvo con eufemismos. El ex presidente, ex gobernador y ex íntimo asesor de Alberto fue demoledor: “El presidente no está en su sano juicio”. Eso dijo. Sostiene hace tiempo que Alberto, acosado por Cristina y por su propia ineficiencia, está “groggy”, sin reacción, contra las cuerdas, tambaleante y se parece cada vez más a Fernando de la Rúa.
El filósofo Miguel Wiñazki, lo dijo casi poéticamente: “Alberto Fernández ejerce un poder que no tiene. Dice lo que no hace. Hace lo que no dice. Descubre lo que no ocurre y ocurre lo que no dice”.
Los resultados puros y duros hablan de un fracaso patético, prácticamente en todos los rubros. Dijo que había que elegir entre la salud y la economía y chocó las dos.
Alberto fue incapaz de pronunciar alguna crítica, aunque sea suave, de la narco dictadura de Maduro en Venezuela, pero se llenó la boca con los Derechos Humanos. Se sacó de encima la responsabilidad por la poca firmeza de muchos jueces ante la violencia de género y los femicidios. En realidad, el jefe de la justicia cristinista, el doctor Eugenio Zaffaroni, es el responsable de la escuela del falso garantismo y de algunos fallos aberrantes que beneficiaron a violadores. El más recordado, el “caso Tiraboschi” fue porque el delito se había cometido con la luz apagada y con penetración bucal a una nenita de 8 años. Si hay un emblema de la actitud favorable a los violadores en la Argentina es el doctor Zaffaroni que ahora propone puebladas contra la Corte y define a la libertad de prensa como “terrorismo mediático”. Es el líder espiritual de las excarcelaciones express y de la falta de empatía con todo tipo de víctimas de delitos.
Como si tanta falsedad fuera poco, el presidente en cadena nacional inventó descaradamente muchos números de la economía.
Casi, casi que lo bautizó Cristina. Alberto es el presidente que no preside. El más alto funcionario que no funciona. Es el balance de un desgobierno que produjo una verdadera catástrofe sanitaria, económica, moral e institucional. No hay un solo indicador que haya mejorado. Los opositores en las redes sociales instalaron el hashtag “#el peor gobierno de la historia”.
Pepe Nun, poco antes de morir, dijo que “Cristina es la presidenta de factoMiguel Wiñazki, filósofo y compañero de radio Mitre lo dijo casi poéticamente: “Alberto Fernández ejerce un poder que no tiene. Dice lo que no hace. Hace lo que no dice. Descubre lo que no ocurre y ocurre lo que no dice”.
Los resultados puros y duros hablan de un fracaso patético, prácticamente en todos los rubros. Dijo que había que elegir entre la salud y la economía y chocó las dos.
Hablaba de unidad nacional y de cerrar la grieta, mientras le tiraba dinamita a los que no piensan ni actúan como él. Este fin de semana, la lucidez del colega Carlos Pagni explicó porque esto debilita en lugar de fortalecer, a Alberto Fernández. Sostiene Pagni, con razón, que para autoritario y negacionista, está el original que es Cristina. Si Alberto se convierte en una mala copia de Cristina, pierde la razón por la que fue convocado, para que sea distinto y trate de engañar a los sectores medios. Para atacar a la justicia, el periodismo la oposición, mejor el modelo original: Cristina.
Alberto prometió mucho pero no cumplió casi nada de lo que había prometido antes. Entonaba cantos de unidad mientras disparaba amenazas. Un Alberto Auténtico. “Un pasito para allí, no recuerdo si lo dí/ Un pasito para allá, ay que miedo que me dá”.
Alberto vive en el país del Nomeacuerdo que solo existe en la mente de Cristina. Asi nos vá. Y así nos irá.

Fernández Meijide, 90 años de dignidad – 26 de febrero 2021

Es tan tóxica la realidad que muchas veces uno se siente asfixiado. La catástrofe económica anuncia todos los días, la multiplicación imparable de la pobreza, la desocupación y la inflación. El brutal fracaso sanitario se resume en casi 52 mil muertos y más de dos millones de contagiados y, a pesar de tanta propaganda mentirosa, recién se colocaron las dos dosis de la vacuna, apenas el 0,59 % de la población. Los traficantes de vacunas para privilegiar a los amigotes del poder y los bloqueos de los Moyano como si fueran dueños de la Argentina, completaron un panorama desolador en los últimos días.
Por eso es tan necesario encontrar siempre una vía de escape. Una puertita de esperanza o ilusión para seguir creyendo en el futuro de la Argentina sin morir en el intento.
El pulmón colectivo donde la sociedad puede respirar, en general, se expresa en las protestas callejeras como los banderazos de mañana o en las expresiones críticas en los medios. Pero la ilusión individual, se puede fortalecer con los ejemplos inspiradores de grandes hombres y mujeres como en este caso.
Quiero hacerle un humilde homenaje y poner como ejemplo a imitar a Graciela Fernández Meijide. Mañana cumple 90 años de dignidad. Hace un par de días la vimos haciendo la cola y esperando su turno como corresponde para ser vacunada. Privilegios, cero. Acomodo, cero. Graciela solo se coloca primera en la fila para ir al frente y levantar las banderas de la libertad, la igualdad y los derechos humanos.
Mañana, tal vez alguna pancarta se acuerda de su cumpleaños y en la calle codo a codo, celebran su ética de la responsabilidad ciudadana.
Mañana Graciela cumple 90 años. Ella fue presidenta de mesa en 1951 cuando las mujeres votaron por primera vez. Hija de padres radicales, ella votó por el socialista democrático Alfredo Palacios que juntó apenas 55 mil sufragios.
Mañana cumple 90 años y tiene una energía asombrosa para combatir todo tipo de autoritarismo y para fortalecer todo tipo de avance republicano. Es la presidenta del Club Político Argentino que en su documento fundacional, lo dice todo:” nos convoca una viva estima por las ideas y por el debate público, por el pluralismo y la diversidad”.
En junio de 2017, la designaron ciudadana ilustre. Siempre militó a favor de la vida y la libertad. Era muy chiquita y andaba por las calles de Avellaneda recogiendo papeles metálicos de chocolates y atados de cigarrillos. Los hacía una pelota y los enviaban a los aliados para ayudarlos a derrotar a todos los fascismos. Su cerebro funciona a mil por hora como si fuera una adolescente. Es inteligente, lectora voraz, coqueta e incansable. Madame Graciela, la profesora de francés, vive en el barrio de Belgrano y tiene dos gatos que la acompañan.
Todos le dicen simplemente Graciela. Su historia personal es un poco la historia de esta Argentina con sus dolores y alaridos más profundos y sus alegrías más fugaces. Muchas veces las arrugas de su cara representaron un país cansado de vivir espasmódicamente, sin planificación y con un grado de infantilismo que asusta. En tiempos de cirugías estéticas por millones, de urnas llenas de botox y de siliconas mentirosas, sus ojeras son medallas que la vida le colgó por haber pasado por tantos túneles y por haber sufrido tanto. Ella viene del horror y no de la política. Fue su segundo nacimiento.
El primero fue un 27 de febrero de 1931 en Avellaneda. Pero el segundo fue hace 43 años, en una madrugada desgarradora que no olvidará jamás. Cinco civiles armados que llegaron en tres autos secuestraron a su hijo Pablo que estaba en el quinto año del secundario y nunca había militado en política ni tenía actividad gremial. Pablito Fernández Meijide tenía 17 años y no apareció nunca más. Le repito… Pablito Fernández Meijide no apareció nunca más. En su casa quedó una mochila que todavía tenía tierra de Bariloche, una bolsa de dormir, una pecera refulgente de peces de colores, una máquina de fotos que adoraba, un perro pastor ovejero que aullaba presintiendo todo y un tremendo agujero negro que se instaló en el corazón de la familia para siempre. A partir de ese momento lo buscaron las 24 horas del día por cielo y tierra. Por las noches, Graciela le hablaba a la oscuridad y creía que Pablito la escuchaba. Entonces se abrazaba a la almohada y le decía:” Pablo, Pablito, esto va a pasar, vos sos joven y esto va a pasar. Pablito, viví, aguanta, mantenete con vida, aguanta”.
Le hablaba a una foto en la mesita de luz, a esa misma foto que después convirtió en pancarta y llevó a todas las movilizaciones para pedir aparición con vida y castigo a los culpables. Porque resultaba indispensable.
En ese momento parió a la dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Hace muchos años que conozco a Graciela Fernández Meijide. Allá lejos y hace tiempo, cerca de 40 años, yo integré desde el último escalón de importancia ese organismo multipartidario y multisectorial desde donde ella se hizo conocida en todo el país.
Hoy prefiere ser muy prudente al hablar de ese desgarro del alma. Dice que los duelos no se terminan nunca. Que apenas se tramitan de la mejor manera que uno puede. Ella supo y pudo encontrar el equilibrio necesario para mantener viva la llama de la memoria de Pablo sin quemarse en el fuego del odio, el resentimiento y la venganza. Fue una activa integrante de la Conadep donde se dedicó a recibir las denuncias de los campos de concentración, los delitos de lesa humanidad y el terrorismo de estado. Fue figura fundacional del Frepaso junto a Chacho Alvarez
Finalmente Graciela nació por tercera vez en 1995 cuando un millón de personas la votaron para que sea senadora. Por sus agallas y por su sentido de la solidaridad. Apenas dos años y medio después, en 1997, fueron más de tres millones y medio de compatriotas que la tocaron con la varita mágica y republicana de las urnas. Y así pudo derrotar al fantasma de Menem y al aparato de Duhalde.
Graciela nació tres veces. Fue diputada, senadora, Constituyente de la reforma del 94, ministra y presidenta de la Constituyente de la Ciudad de Buenos Aires. Hoy sabemos que es Doctora Honoris Causa y que siempre fue una ilustre ciudadana. Eso es mucho para cualquiera. Su madre la dio a luz en el corazón de una Avellaneda obrera y pujante, después amaneció en la noche de la dictadura y, finalmente en la democracia de las urnas donde habla la voz del pueblo.
Graciela en sus orígenes se asoció políticamente con Carlos Auyero, un demócrata-cristiano íntegro de transparencia a toda prueba y gran capacidad intelectual.
Graciela siempre apuesta al consenso, a debatir con honestidad intelectual y la cabeza abierta y es difícil que se le escape alguna agresión verbal. Publicó varios libros pero los más significativos fueron las críticas y autocríticas de la violencia política de los 70. Uno se llamó “Eran humanos, no héroes” y el otro fue un extraordinario diálogo reconciliador con el ex dirigente montonero Héctor Leis.
Hebe de Bonafini en su momento la trató de “rata” a Graciela y eso me dolió en el alma. ¿Cuál es el límite? Los derechos humanos tan manoseados pueden recuperarse como el terreno fértil en donde sembrar nuevos tiempos.
Esa misma palabra electoral inapelable de los votos le gritó “No va más” a Graciela y le bajó el pulgar en dos momentos terribles. Primero perdió la interna con De la Rúa y después la gobernación con Carlos Ruckauf.
Ella que se había cansado de subir la cuesta ganando una elección tras otra, perdió dos comicios seguidos y su carisma empezó a deteriorarse. Mantuvo las manos limpias y el corazón caliente pero dejó de ser el gran fenómeno político argentino, la mujer que más alto había llegado hasta ese momento con el voto popular, desde el renacimiento de la democracia.
Por esos días era como la heredera de Alicia Moreau de Justo. Pero con mucho apoyo popular.
Sus más cercanos le dicen Nenuca. Ella aguantó a pie firme todos los ataques. La acusaron de las peores cosas. Le dijeron abortista, Alfonsín con polleras, pituca de Barrio Norte que solo conoce a los pobres por televisión.
Algunos la insultaron como autoritaria, ineficiente y hasta la acusaron de ama de casa. Suena insólito, incomprensible, pero es la verdad histórica.
Todavía se mantiene firme y valiente en el debate nacional con mucho que perder y sin nada que ganar. Esta viuda de un arquitecto llamado Enrique que la acompañó en todas ya se ganó el respeto y la admiración de una inmensa porción de los argentinos.
Es que Graciela no se rinde. Pero ya está absolutamente amortizada desde el día que perdió lo más importante que puede perder un ser humano: a su hijo. Pudo aferrarse con más fuerza a otros afectos como los de sus hijos, Alejandra, Martín y Celia. Y ahora sus nietos, Camila y Diego.
Lo demás es historia que anda caminando para que cada argentino la juzgue como quiera. Su siembra pacífica y de consensos institucionales, es de un gran valor pese a que por momentos parecen ganar los que siembran cizaña y autoritarismo.
Ojalá mañana, su cumpleaños número 90 sea un reconocimiento. Graciela no se vende. Combate con firmeza todo tipo de autoritarismos y oscuridades. Su hijo Pablo la ilumina siempre y es su motor. Su combustible, nunca fue el odio. Y siempre jugó en la vereda del sol porque comprendió que los problemas de la democracia se arreglan con más democracia. En el escenario de la política sana se la nombra como Graciela. Y ya se sabe que es ella: Graciela Fernández Meijide. Graciela mucha mujer.

San Martín fue un prócer; Kirchner no – 25 de febrero 2021

No quiero faltarle el respeto a Néstor Kirchner porque está muerto y no me puede contestar. No quiero ser ofensivo con su familia que hoy lo recuerda a 71 años de su nacimiento. Falleció hace una década y cuatro meses. Frente al dolor por la pérdida de un ser humano hay que ser muy prudente. Creo que no hay muerte buena. Y yo no celebro la muerte de nadie.
Pero tampoco quiero dejar de cumplir con mi tarea que es buscar la verdad, siempre desde la mirada crítica hacia todos los poderes. No creo que la desaparición física transforme en ángeles o próceres a las personas que en vida no lo fueron. Y en estos años fueron muchos los homenajes y las declaraciones que en su afán de transformar a Néstor en un mito, malversaron la realidad. Los muchachos de La Cámpora cantan que Néstor no se murió, que Néstor vive en el pueblo”. La ilusión y la metáfora son parte de la militancia. Es lícito para darse ánimo frente a la adversidad. Pero la realidad es que Néstor se murió. “Entregó su vida por la patria, murió combatiendo”, dijeron varios de sus defensores más acérrimos. Aquí hay varias falsificaciones de los hechos que conviene aclarar. Néstor se murió en la cama y producto de una sumatoria de cuestiones médicas que el mismo no quiso atender. Sus rabietas envenenadas y sus constantes ataques no le dieron paz a su corazón ni a su cerebro. Su estado se fue deteriorando y los médicos le advirtieron que debía modificar sus conductas obsesivas y vengativas. No hay nada de épico ni glorioso en eso de no cuidarse y forzar el cuerpo hasta el límite de lo razonable. Tal vez me equivoque, pero no lo veo a Néstor en los homenajes de abajo hacia arriba, en el corazón del pueblo. Todo lo contrario, lo veo celebrado desde arriba, desde el aparato del estado como fue durante todos estos años. No hay grandes movilizaciones en las barriadas humildes, emocionadas por la ausencia de Kirchner ni recordando que nació un día como hoy. Es la verdad. La cosa fue de arriba hacia abajo. Impuesta desde el gobierno y no surgió como algo espontáneo del ciudadano de a pié.
Por eso, todo se bautizó Néstor Kirchner. Represas, calles, avenidas, plazas y hasta cuestiones más insólitas. Pusieron una estatua de Néstor en Santa Cruz, y la mañana del 27 de octubre del año pasado, entronizaron en el CCK una copia que trajeron desde Ecuador. Le recuerdo que esta última fue retirada del edificio del Unasur por votación de los legisladores ecuatorianos que no quisieron tener un símbolo de la corrupción en su tierra.
Sin embargo, el presidente Alberto Fernández al final del acto, emocionado hasta las lágrimas dijo que lo único que le pedía a la vida es que Néstor Kirchner lo acompañara para siempre. Y hoy en Yapeyú, Alberto, otra vez manipuló la historia. Ustedes lo escucharon al principio. Aquellos próceres no tuvieron que luchar con gente mal intencionada como los periodistas y los opositores.
No creo para nada en esa idea que algunos quieren instalar que dice que Cristina es mala pero Néstor era bueno.
Alberto Fernández lo dijo muchas veces antes de ser presidente. Ahora dice que Néstor fue un genio. Y Cristina, también. Cambia, todo cambia. Por el contrario, creo que ambos formaron un sólido equipo para acumular dinero y poder con una codicia pocas veces vista. Han sumado millones y millones de dólares y cargos en todos los niveles del estado con una obsesión enfermiza. El momento en el que Néstor se abraza enamorado a una caja fuerte y entra en éxtasis, lo dice todo. ¿Se acuerda?
Hay decenas de investigaciones rigurosas de la justicia que prueban la asociación ilícita con la que se enriquecieron, saqueando al estado. Cristina y sus cómplices van a tener que explicar esto en por lo menos 6 juicios orales. Salvo que concreten su plan de poner la justicia al servicio de su impunidad. Están trabajando aceleradamente en eso.
Todo el mecanismo de la estafa, fue idea y dirección de Néstor. Pero hace una década, cuando murió, fue Cristina la que heredó la fortuna y continuó con el plan sistemático de la cleptocracia, de los sobreprecios, las coimas y el lavado de dinero.
El robo del siglo comenzó desde el mismo desembarco de los Kirchner en la política santacruceña. Néstor, Cristina, sus hijos, testaferros y funcionarios más cercanos compraron terrenos muy valiosos en El Calafate a precio vil. Algunos pagaron 6 pesos el metro cuadrado. Un robo a mano armada del patrimonio público. Ya en ese momento comenzaron las usurpaciones VIP, como las llama el diputado Alvaro de Lamadrid. Para muestra basta un botón. Es tanta la voracidad ilimitada por el dinero que uno de esos terrenos, Néstor lo compró a 132 mil pesos y en corto tiempo, lo vendió en dos millones de dólares a la empresa Cencosud. Un pase de manos vergonzoso. Pero eso no fue todo. Esos 132 mil pesos Néstor los pagó con un crédito del Banco provincial en 12 cómodas cuotas. Y era el gobernador.
Los Kirchner utilizaron varios mecanismos hasta convertirse en la familia que más robó desde el poder municipal, provincial y nacional. El armado que mostró el cuaderno de las coimas es de una precisión de relojería. Pero a gran escala, el latrocinio, tuvo un pico con los tristemente célebres fondos de Santa Cruz. Entre pitos y flautas se hicieron más de mil millones de dólares que se esfumaron en el aire. Nadie vió nunca una boleta de depósito, un papel que demostrara en que bancos estuvo esa fortuna y que intereses recibió. Jamás hubo una rendición de cuentas. Todo fue oscuro y trucho.
Le aclaro que esos fondos, Néstor los recibió de Domingo Cavallo, ministro de economía de Carlos Menem. Y para que sepan los más jóvenes. Néstor compartió la boleta electoral en siete oportunidades con Menem y lo elogió como uno de los mejores presidentes. Néstor apareció en el escenario nacional apadrinado por Domingo Cavallo y José Luis Manzano. Para los guardianes de hierro de La Cámpora, Menem, Cavallo y Manzano hoy son mala palabra y encarnan el neoliberalismo entreguista. Pero le estoy contando la verdad histórica. Está a tiro de Google. Quien quiera oír que oiga y quien quiera leer, que lea.
Es cierto que Néstor tenía mayor habilidad que Cristina como caudillo de los punteros políticos. Es verdad que era astuto para mover las piezas de los intendentes y gobernadores y disciplinarlos con látigo o billetera. Era alguien mucho más pragmático en el manejo de los porotos electorales. Pero eso no lo convierte en estadista ni mucho menos. Cristina ha sido mucho más dañina que Néstor en lo económico y en la multiplicación del autoritarismo. Su marido fue prolijo en las cuentas fiscales, en los superavit gemelos y al principio, con Roberto Lavagna, fue cuidadoso de los niveles inflacionarios. Cristina demuestra que la economía, siempre se le fue de las manos. Con el chiquitín Axel Kicillof en su momento y con Martín Guzmán, ahora. La hecatombe social actual, es un descontrol bañado con un relato presuntamente progresista, pero instaló los peores indicadores de pobreza, exclusión, desocupación y destrucción de empresas y, como si esto fuera poco, tráfico de vacunas.
Cristina es peor que Néstor en la construcción política y en la economía. Pero eso no convierte a Néstor en un héroe por más relato que inventen. Los niveles de autoritarismo con intenciones hegemónicas fueron paridos por Néstor y continuados por Cristina. Fue el que atacó a los medios de comunicación y la libertad de prensa con la intimidación a cronistas o movileros o llamadas insultando a periodistas o a dueños de medios para pedir la cabeza de columnistas que lo criticaran.
Eso también ocurrió desde la génesis del kirchnerismo. Se dedicaron a demoler al periodismo independiente y cooptaron con plata y aprietes a la mayoría.
No creo que Néstor haya sido un santo y Cristina un demonio. Creo que ese matrimonio presidencial tuvo algunos logros en revalorizar la militancia política, en las asignaciones por hijo o en la ley de matrimonio igualitario, pero, que son igualmente responsables, de haber instalador el odio y la división entre los argentinos. En el plano de los derechos humanos hay que decir la verdad con todas sus aristas. Ese Néstor que bajó el retrato del genocida Videla es el mismo que ignoró el tema de los derechos humanos durante la dictadura y muy avanzada la democracia, mientras fue intendente y gobernador. Néstor se aprovechó de una nefasta ley de la dictadura y se dedicó a embargar las casas de los deudores como un abogado voraz y usurero.
Comprendo que para muchos jóvenes cristinistas y para Cristina este sea un día más importante que el 17 de octubre.
Un día como hoy nació José de San Martín, a mi criterio un prócer de verdad, el Padre de la Patria, el argentino más grande de todos los tiempos. Cristina cometió alguna vez la herejía de sugerir algún tipo de comparación porque Néstor también nació un 25 de febrero. Hubo hasta un video titulado “Dos gigantes de la historia”. Hace una década, un editorial del diario La Nación ponía las cosas en su lugar: “pretender hacer esa comparación es un descaro que desprecia la historia y la verdad. Es una actitud irrespetuosa y representativa de lo que pueden el servilismo y el desvergonzado afán de poner la historia al servicio de la ideología”.
Néstor fue el fundador del kirchnerismo que, parafraseando a Lenin, es la enfermedad infantil del peronismo.
Santa Cruz siempre anticipó lo que se venía en la Argentina de Néstor y Cristina. Tres gobiernos de Néstor en la provincia y con el de Alberto, cuatro gobiernos a nivel nacional. La pobreza, la desocupación, el autoritarismo y la corrupción aumentaron significativamente, salvo pequeños períodos excepcionales. Esa es la gran enseñanza que nos dejan los K. Néstor no fue un prócer ni un santo. Fue una construcción del relato.
Repito en el cierre lo que le dije al comienzo. No quiero ser irrespetuoso con una persona que está muerta, pero las cosas hay que decirlas. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.