Nuestra querida Mirtha Legrand hoy tendrá un cumpleaños muy especial. No solamente porque ya llegó a los 94 y tiene una lucidez asombrosa. Además porque por primera vez en su vida, no va a compartir la celebración con sus dos hermanos del alma. En la cabecera de la mesa familiar no estarán ni su gemela, Goldy ni Josesito. Mirtha define a ella como “mi otra mitad” y a él, siempre le tuvo un cariño y una admiración inmensos. Ambos fallecieron el año pasado. Hoy brillarán por su ausencia. Y Mirtha los llorará porque los extraña y aceptará las felicitaciones de rigor. “Goldy decía que cumplís años o te morís” y yo prefiero cumplir años, remata con sabiduría la gran diva de la televisión argentina. Debutó a los 14 debutó en una película legendaria como “Los martes, orquídeas”. Este martes será una mezcla de risas y de lágrimas para Mirtha. El periodista Pablo Mascareño, le preguntó en La Nación sobre la vacuna que ella todavía no se dio y expresó, como siempre, su pensamiento sin filtros, con absoluta libertad. Habló de la vergüenza que le produjo la inmoralidad de los traficantes de vacunas del gobierno de los Fernández.
Todos le preguntan lo mismo y ella, todavía no sabe que contestar. Volverá a la tele en la que vivió durante 52 años con el programa que más tiempo estuvo en el aire. Tal vez Juanita, la nieta que la reemplazó con tanta capacidad, haga las cenas de los sábados y ella los almuerzos de los domingos. Pero no hay nada resuelto. La palabra final la tendrán los médicos. Le repito: Mirtha prefiere seguir cumpliendo años. Y disfrutar a su hija Marcela y a los nietos y bisnietos. Yo digo que Mirtha cumple y Legrand dignifica porque todos le dicen Chiquita y ella es grande en todos los sentidos de la palabra. Grande de verdad.
A Mirtha no se le pasa una. Parece una mujer interminable. Eterna. Hoy cumple 94 años, es bisabuela y tiene el cerebro y la mirada de una piba. Es un caso único en el mundo. Lleva 52 años con su programa de almuerzos que un día firmó, temblorosa y carismática, con Alejandro Romay y Samuel Yankelevich, el fundador de la dinastía.
Se fue Rosa María Juana Martínez Suárez de su querido pueblo santafesino de Villa Cañas y hoy es la diva máxima de la tele, la Chiqui de las pantallas, la pachamama del mundo del espectáculo.
Siempre se viste con modistos argentinos, es madrina de cuanta obra solidaria lo necesite y se pasó la vida promocionando a sus pares, los actores argentinos y a Mar del Plata como plaza teatral. No para de leer, de sonreír y de vivir intensamente cada minuto. Tiene una memoria de elefante. Se acuerda de los nombres de todos sus colaboradores y nunca se quiere ir al corte porque mientras esa luz roja esté encendida en las cámaras ella está ejerciendo su felicidad del trabajo.
Debutó en el cine con Nini Marshall y compartió escenarios y estudios de filmación con Luis Sandrini, Mariano Mores, Ángel Magaña, Juan Carlos Thorry, Tato Bores, Palito Ortega, Susana y Tinelli, entre muchas otras figuras.
Sin embargo, en este país imprevisible, una de las mejores periodistas, no es periodista. Mirtha es una de las más incisivas entrevistadoras de la televisión argentina.
Es una superdotada. Una extraterrestre. Esto demuestra que ni siquiera hay que estudiar periodismo para destacarse en este oficio maravilloso. Si estudian, mucho mejor, por supuesto. Siempre tener una mejor formación intelectual ayuda a destacarse en todos los órdenes de la vida. Pero Mirtha que es conductora y actriz de nacimiento comprendió lo más importante de un buen periodista: la mirada crítica. No casarse con nadie. Ella aprendió a separar sus ideas y opiniones del servicio que presta en la televisión entrevistando a figuras importantes y entre ellas, a todos los presidentes de la democracia recuperada en 1983.
En su momento, cuando Mirtha entrevistó a los Kirchner le dijo sin pelos en la lengua: “¿Sabe lo que dice la gente? Que se viene el zurdaje”.
Ella también fue sincera cuando dijo que había apoyado a Macri y que es antikirchnerista porque ama la libertad y odia el autoritarismo. Incluso, en su momento, dijo que estaba en contra de la despenalización del aborto aunque respeta todas las opiniones. Ella dijo que es católica y que son vidas humanas que desaparecen, que se van.
Los Kirchner nunca la tragaron. Tanto Néstor como Cristina, lideraron los gobiernos más corruptos y que más se dedicaron a perseguir voces disidentes con un formidable aparato del estado que pagamos todos.
A Mirtha le dijeron y le hicieron de todo. Se metieron con su vida personal y hasta con su hijo fallecido en 1999 y con Daniel Tinayre, el gran amor de su vida que había muerto 5 años antes. Vieja, gorila, oligarca fueron insultos en vivo y en directo a través de la mal llamada Televisión Pública y muchos de ellos pronunciados por actores como Federico Luppi que en otros momentos iba a esos encuentros a difundir sus obras de teatro o películas. Los K llegaron a incitar a que escupieran su imagen pegada en una pared. No fue la única por supuesto. Pero Mirtha, Lanata, Magdalena, fueron, por solo nombrar a los más populares, el blanco de un ataque y de un plan sistemático para quebrar sus convicciones, intimidarlos y generar autocensura. En muy pocos casos lograron callar a los periodistas independientes. En general un grupo de los más valientes ejerció, como Mirtha el periodismo desde su ADN más profundo que es ser fiscal del poder y abogado del hombre común. El que se comporta como un chupamedia de cualquier gobierno o de cualquier poder, deja de ser periodista y se convierte en un propagandista. Y ese es otro oficio.
A los 94 años está un pedestal, como un ejemplo a seguir, sobre todo si a Mirtha la comparamos con los obsecuentes que se pusieron la camiseta partidaria y solo defendieron a Cristina y jamás buscaron la verdad que es nuestra principal misión.
Nosotros los periodistas no defendemos candidatos ni funcionarios. Los miramos siempre con sospecha y distancia. Nosotros defendemos valores. Los míos son la democracia, la división de poderes, la libertad, la justicia social, los derechos humanos, la educación pública, la honestidad y la ética, la excelencia y el progreso social.
Mirta a los 94, sin ser periodista de profesión, hizo una gran entrevista al presidente Macri. Fue áspera pero respetuosa. Le preguntó de todo y sin pelos en la lengua. Y eso le hizo bien a los ciudadanos que pudieron ver a un Macri más auténtico, sin tiempo para editar nada ni para mentir en relatos épicos como los que hacía Cristina con sus actos. Macri mostró temple y respeto por la opinión del otro cuando se bancó que Mirtha le dijera: “Yo creo que ustedes no ven la realidad” y que le hablara del crecimiento de la pobreza, los apagones, de la desilusión de muchos argentinos que, según ella, empezó con los tarifazos, de los errores que cometen y del mal asesoramiento de Durán Barba.
Hasta Página 12 que fue y sigue siendo el boletín oficial del cristinismo, puso en su página web “Macri contra las cuerdas”. La gran diferencia es que el mundo no se cayó. Nadie escrachó a Mirtha ni 6,7, ni 8 veces, no le quitaron la publicidad oficial a sus programas y los grupos de tareas de las redes sociales no la descalificaron ni la injuriaron por hacer bien su trabajo de entrevistadora a un presidente. Y eso antes, era moneda corriente entre los pingüinos.
Es apasionante confirmar que la renovación necesaria en el periodismo no tiene que ver con la edad. Porque muchos de los pibes para la liberación que intrusaron el periodismo serían incapaces de plantear ni una sola crítica a Cristina o hacerle media pregunta que no sea complaciente. El periodismo premia a los que no se dejan domesticar. Cristina, con el asesoramiento de Horacio Verbitsky (a) el “vacunau traidor” parieron un grupo de alcahuetes que quemaron en el altar de la obsecuencia sus posibilidades profesionales y ofendieron este oficio, el más maravilloso del mundo, como decía García Márquez.
Mirtha ganó todos los premios habidos y por haber. Los “Martín Fierro” de Oro y Platino, entre cientos. Hizo 36 películas, 11 obras de teatro, tres series y un par de programas de radio. Es idolatrada en Cuba y Rusia. Aquí divide aún más la grieta política. Instaló una frase cargada de sabiduría que dice así: “Como te ven te tratan. Si te ven mal te maltratan y si te ven bien te contratan.”
Pero además demostró que es una gran periodista. Sin ser periodista. Mirtha, feliz 94 años. ¡Prendéte a la Chiqui. Prendéte a la verdad.
El terremoto del vacuna gate – 22 de febrero 2021
El terremoto social y político que produjo la vacunación ilegal y clandestina, era lo único que faltaba para confirmar que este, es el peor gobierno desde el retorno de la democracia. Es cierto que todavía tienen 3 años por delante. Y que pueden mejorar. Pero también pueden empeorar porque el gabinete está lleno de mediocres y no de científicos. Y porque el pacto espurio que firmó Alberto con Cristina es de imposible cumplimiento y eso genera batallas internas feroces a cada rato. Cristina le ofreció el sillón de Rivadavia a cambio de su impunidad y la de su familia. Pero eso no se puede hacer sin romper el régimen democrático. Por eso Alberto va y viene todo el tiempo. Por eso se contradice a la velocidad de la luz.
Alberto ni siquiera pudo suturar con eficacia la herida que produjo la confesión de Horacio Verbitsky. Porque no alcanza con la tarjeta roja para Ginés. La crisis que se desató, incluso entre la militancia K, es de tal dimensión que no se calma con solo entregar la cabeza del ministro. Quedaron desnudos ante la opinión pública como ladrones de las vacunas que eran para los más viejos y los más vulnerables. Y demostraron un nivel de insensibilidad social comparable solamente con las tiranías más reaccionarias. Por eso se abren muchas preguntas que pronto tendrán respuestas.
¿Alberto Fernández no sabía nada? Si sabía fue cómplice. Y si no sabía, fue un inútil que vive en un frasco. Se vacunó Juan Pablo Biondi, su vocero. Julio Vitobello, su secretario general. ¿Y Cristina, recién se enteró de todo esto? Hasta Carlos Zannini se vacunó y malversó descaradamente en un documento público, porque dijo que era personal de salud. ¿Seguirá en su puesto el monje negro de Cristina? ¿Sergio Massa no sabía nada? ¿No tuvo nada que ver para que se vacunaran sus suegros, los padres de Malena?
Hay dos ministerios que son claves en estos tiempos de cólera. Economía y Salud. Son las dos carteras en donde los Fernández tenían que poner la lupa de su mirada. Por eso cuesta creer que no supieran que el joven ministro Martín Guzmán se vacunó ni de las estafas a la esperanza que se hacían delante de sus narices. Eduardo Valdés un muchacho muy cercano a la oreja de ambos. ¿No les contó a Alberto y Cristina que se iba a vacunar en forma delictiva? ¿Horacio Verbitsky es el jefe de la inteligencia informal de Cristina. ¿No le avisó a Cristina? Carla Vizzotti sabía todo y es una cómplice con su silencio o la tomaron de tonta porque vacunaban al lado de su oficina.
Esta hemorragia política del gobierno no se calma con aspirinas. El gesto debe ser relevar a todos los funcionarios de Salud implicados, echar del Congreso a todos los legisladores que se aplicaron la vacuna K y en forma urgente, dar a conocer la lista completa de todos los que se inocularon. Hoy mismo tienen que dar a conocer la nómina completa. Cada vacuna tienen que estar registrada en una planilla. El pueblo, quiere saber de qué se trata. El pueblo está que arde y no se calma con la crónica de un final anunciado para Ginés, un chanta que no pegó una desde que comenzó la pandemia. Es un milagro que no lo hayan expulsado antes de su cargo. Fue una máquina de torpezas y de meter la pata.
Sin embargo Alberto, dice que le duele, que fue un gran ministro y, encima, condena al periodismo siguiendo el manual K de comportamiento. Dijo que se montó “un escenario mediático de escarnio público”. En lugar de agradecer al periodismo que iluminó esta oscuras operaciones antipopulares y anti democráticas, se queja por las críticas que recibe su gobierno. ¿Qué sugiere Alberto que hagan los medios de comunicación? ¿Quiere que se callen? ¿Qué se pongan el barbijo como mordaza? Nadie puede silenciar todo esto sin convertirse en cómplice de una bajeza denigrante para la condición humana. Se robaron todo durante más de 12 años, pero esta vez cruzaron todos los límites morales porque se robaron lo único que puede garantizar a los más vulnerables que no se mueran, o que por lo menos le puedan pelear al virus de la muerte.
Todas las encuestas confirman el desplome de la imagen de Alberto, Cristina y su gobierno de ladrones de vacunas. Hasta Mario Wainfeld, en Página 12, lo escribió con claridad. El periodista preferido de Néstor Kirchner aseguró que “es la peor crisis política desde que asumió el gobierno” y que se trata de un problema “autogenerado, imperdonable, dañino para la reputación del oficialismo y su legitimidad”. Incluso a Lisando Bonelli, lo caracteriza como “un muchacho poco confiable. Es el sobrino, socio comercial, ignorante en temas sanitarios y mano derecha de Ginés. El caradura hizo vacunar a casi todos sus amigos de San Nicolás.
Wainfeld reveló que Verbitsky, (o Serviski, como le dice Pajarita, una estrella tuitera), sacó pecho y dijo “La mojé la pólvora a Clarín”, porque se había adelantado a una publicación del diario. A confesión de partes, relevo de pruebas.
Tal vez quien con mayor profundidad analizó el mamarracho del gobierno fue el columnista Luciano Román, en La Nación. Habló de que este robo de vacunas fue “la fase superior de la corrupción”. Y el hit en las redes sociales, por paliza, fue la definición que hizo Alejandro Borensztein: “Queda el gusto amargo de la decepción por el Perro Verbitsky. No se merecía este final. Ver a un alto jefe Montonero como él, que se cansó de mandar a asesinar gente, salteándose la cola de las vacunas porque le tiene miedo a un virus, es un papelón. Semejante criminal mendigando un antiviral. Se nos cayó un ídolo”. Fue en su columna titulada “Verbitsky, sos el número uno/ cuando pueda te vacuno”. Habla de “Las jeringas para la liberación” y fantasea con una película de terror mezcla de los bolsos de López con el disparate picaresco de Sofovich.
Los Fernández no paran de profanar valores con los que se llenan la boca. Vinieron a distribuir la riqueza y la distribuyeron entre ellos. Vinieron a vacunar a todas y todos y se vacunaron entre ellos. Dicen la Patria es el otro pero es una mentira grande como la Patagonia: la patria son ellos. Eso es lo que creen y aquí está la explicación de todos los males y daños que le causaron a la Argentina.
Cristina está convencida de que ella tiene superioridad moral. Por eso tanta altanería y soberbia. Por eso ella dice “A mí ya me absolvió la historia”. Por eso Verbitsky dice “Yo decidí vacunarme”. Por eso Ginés le echa la culpa a su secretaria. Como solo ellos son la patria, no se sienten inquilinos por cuatro años de la Casa Rosada. Se sienten propietarios. Dueños del poder, dueños de la Argentina y dueños del destino de millones de tontos que somos casi todos los argentinos. Por eso se manejan con tanta impunidad. Por eso se llevan todo por delante. Porque se auto perciben propietarios del país. Esta es la explicación de muchas de las estafas que han cometido y siguen cometiendo. Y el otro motivo se puede encontrar en la lógica de construcción histórica del cristinismo chavista. Toda su vida, desde Río Gallegos, armaron una orga con la dicotomía de “Látigo o billetera”. Así era Néstor y así es Cristina. Su lema es “Comprar al que pueden y castigar al que no se vende”. Siempre la persecución a opositores, o jueces o periodistas que no se rinden. Y pauta publicitaria, coimas y dinero sucio para el que se suma. El objetivo es someter la voluntad crítica del comprado. Por eso ningún K critica nada de su gobierno. Es mucho más que la omertá de la mafia. Es complicidad porque también son parte de la corrupción, las prebendas y los privilegios. La billetera o la chequera esta vez fue la vacuna. Vale una fortuna. La vacuna no tiene precio como no tiene precio la vida de nadie. Y esa fue la moneda de cambio. Andaban ofreciendo vacunas para sobornar y comprar adhesiones y silencio. A Beatriz Sarlo, a Enrique Pinti y a muchos más le ofrecieron colocarle la vacuna en forma ilegal. ¿Qué esperaban recibir a cambio?
Por eso digo que es el peor gobierno. Peor, incluso que el de Fernando de la Rúa que fue un desastre. Porque De la Rúa tuvo impericia en la gestión, pero no sembró la cultura de la avivada, la trampa y el combate a la meritocracia. Los Fernández y su “ineptocracia”, están trabajando para quedarse toda la vida en el poder. Es la única manera de que Cristina no vaya presa. Es la única posibilidad de que Máximo, Lázaro, Boudou o Milagro Sala sean declarados inocentes y eviten la prisión. Cristina eterna fue mucho más que un blooper de Diana Conti. Ella se siente eterna y por encima de todos. Por eso la vacunó un vice ministro y por eso ella dijo con toda claridad que hay que tenerle miedo a Dios, y “un poquitito a mí”.
El miedo es el principal enemigo de la libertad. Y la libertad es el aire que respira la vida.
El nuevo lema es, “A los amigos todo y a los enemigos, ni vacunas”. Y pensar que se la pasaron acusando a cualquiera de “anti vacuna”. Hay 51 mil muertos y 51 mil familias que están mirando todo esto con horror y un agujero negro en el alma. Lo sintetizó bien Juan José Campanella en las redes: “Aplaudiste el avión, tus padres lloraron con la azafata, tus abuelos se emocionaron con Víctor Hugo. Te afanaron las vacunas. Se cagaron en vos, en tus padres y en tus abuelos.”
La impunidad de El Pata de Cristina – 19 de febrero 2021
Todavía no lo puedo creer. El juez federal de La Plata, Alejandro Esmoris dejó en libertad a Juan Pablo Medina (a) “El Pata” que hoy circula por las calles como si fuera una persona de bien. Todavía tengo el estómago revuelto de asco al ver el video en el que el Pata celebra su excarcelación con los dedos en “ve” con ambas manos y cantando que “soy argentino, soy peronista y quiero vivir mejor”.
Todavía no puedo creer que el juez Esmoris en sus fundamentos haya dicho que el Pata no tiene antecedentes penales y que no iba a entorpecer el juicio que se le sigue sustanciando. ¿En qué planeta vive el juez? ¿En qué frasco se hospeda el magistrado? ¿Sabe quién es el Pata Medina? ¿Sabe qué clase de patotero violento y extorsionador es? ¿No lee los diarios?
El juez Esmoris, ya fue repudiado en su momento hasta por la CTA porque aplicó el 2×1 a varios represores de la dictadura militar, incluso al acusado de asesinar a Carlos Labolita, uno de los mejores amigos de Néstor Kirchner.
Es el titular del juzgado federal de La Plata y acaba de emitir una señal nefasta hacia la sociedad. Todo vale. El Pata Medina no tiene antecedentes. Madre mía.
Le recuerdo algunas cosas al doctor Esmoris. Su fallo supera todo lo que uno podía imaginar en términos de impunidad para los que cometieron delitos y son peligrosos para la comunidad.
Hoy hay un mafioso sindical más caminando por la calle. La democracia, la paz social y la ética han perdido una batalla porque Juan Pablo Medina (a) “El Pata” está libre. Estamos hablando de uno de los jerarcas sindicales más salvajemente violentos y corruptos. La valiente fiscal Silvia Cavallo, en su momento, lo acusó de extorsión, lavado de dinero y asociación ilícita.
Estamos frente a una verdadera organización criminal cuyo jefe es el Pata Medina. Cuenta con un ejército de barras bravas disfrazados de trabajadores que andan armados, muchas veces borrachos e incluso drogados. Son pesados de verdad. Nadie se le atrevía al Pata. Todos le tenían miedo y a lo sumo, otros intendentes y gobernadores del peronismo negociaban, pactaban o entraban en complicidad con él. Medina se sentía tan todo poderoso que se atrincheró en su gremio dispuesto a resistir la orden de detención de la justicia. Llamó a sus muchachos, los agitó para que estén bien descontrolados y los abasteció de facas, bombas molotov, piedras y unos cables de acero que se utilizaron para atar postes de la luz y árboles y armar un cerco alrededor del edificio del gremio de la UOCRA de La Plata. Cuando llegaron 43 camiones con 400 integrantes de la Policía Federal, Gendarmería y Prefectura, lo pensó mejor, escapó por atrás de la sede del gremio y por unas horas no se supo su paradero. A la noche se entregó cuando las fuerzas del orden habían rodeado su casa de Punta Lara.
Medina estuvo históricamente enfrentado con Gerardo Martínez, el líder nacional de los albañiles y con los camioneros. Pero nadie olvidará jamás aquellas imágenes de terror con el chofer de Moyano, Madonna Quiróz disparando su arma en medio de una batalla campal cuando se trasladaron los restos de Perón a la histórica quinta de San Vicente. No hubo muertos de milagro.
Medina siempre militó dentro del peronismo y tuvo roces con todos. Pero en la campaña apoyó la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner. Hay videos de actos que comparte con Daniel Scioli y fotos con Carlos Kunkel. Medina bancaba su aparato con delitos de todo tipo. Desde la tradicional coima que les cobraba a los empresarios de la construcción para no hacerles la vida imposible hasta la extorsión a la que los sometía obligándolos a contratar empresas de catering y transporte que eran de testaferros del Pata. Ese dinero negro recaudado era lavado en otras actividades. Aquí la lupa de la justicia está puesta sobre la empresa Abril Catering que además de proveer comida a los albañiles cambiaba cheques en efectivo y en una actividad totalmente ilegal. La organización de comidas y mordidas tiene 40 autos de alta gama, camiones utilitarios, un avión y un barco. Todos dicen que los que figuran como dueños son testaferros de Medina. Por eso Medina se llena la boca hablando de Perón, Evita y Cristina y de la defensa de los trabajadores pero él tiene un nivel de vida imposible de explicar. Muchos quieren saber que mercaderías traficaba en el avión de Abril.
Cuando lo detuvieron, Medina tuvo mala pata. Fue a la cárcel de Ezeiza. Pero ayer recuperó su buena suerte. Estuvo en el pabellón Néstor Kirchner, como decían con ironía los tuits. Estuvo bajo el mismo techo que otros mafiosos kirchneristas pero de guante blanco. Hablo de Lázaro Báez, Ricardo Jaime, José López, el general Milani, el Mono Minicelli, el contador Víctor Manzanares y siguen las firmas. En ese calabozo, hoy solo quedan José López y el cuñado de De Vido.
El Pata Medina se sentía tan impune e intocable que amenazó con incendiar la provincia si la gendarmería cumplía con la orden de detención del juez Luis Armella. Por eso el fiscal Guillermo Marijuan lo denunció por el delito de intimidación pública. Y el juez ahora dice que su comportamiento es ejemplar y que no parece que vaya a querer entorpecer el juicio. Parece un chiste de humor negro.
Hizo confusas declaraciones respecto a que no quería que se produjeran más casos como el de Santiago Maldonado y se proclamó un perseguido político del presidente Mauricio Macri.
El ex jefe del estado solamente dijo que “no hay lugar para comportamientos mafiosos de los que creen que tienen derechos especiales”.
Parece mentira que estos malandras millonarios que representan a trabajadores pobres quieran victimizarse como presos políticos. Representan lo peor de la corporación sindical que por supuesto tiene otros dirigentes que son honrados y democráticos. Pero Medina es el emblema de la patota sindical y de la corrupción. Es la pata de la sota de los negociados y la intimidación permanente a los que quieren trabajar en paz. Para construir un departamento chico, una ruta o un hotel había que pedirle permiso a Medina y dejar la coima correspondiente. Por eso el metro cuadrado en La Plata y la zona es un 40% más caro. La obra programada en la destilería iba a tener un sobreprecio de 300 millones de dólares que íbamos a tener que pagar todos para enriquecer al Pata Medina. ¿Qué me cuenta? En aquél momento, el ministro de trabajo de la provincia, Marcelo Villegas dijo bien: “Nadie está preso por defender el derecho de los trabajadores: no combatimos los sindicatos, combatimos las mafias sindicales”.
El Pata ya estuvo preso durante cuatro años por delitos similares. Y el juez dice que no tienen antecedentes penales.
Una vez amenazó con hacer estallar la destilería de YPF en Ensenada. Gana obras para sus trabajadores a los tiros. Su hija, Analía, destrozó hace poco un restaurante en la ciudad. El Pata no quiso someterse a un control de alcoholemia y se quedó adentro del auto. Ante la insistencia, le partió el tabique nasal de una trompada a una mujer policía. Pero seguía libre sin que nadie lo molestara. Tenía paralizadas varias obras privadas y obras públicas necesarias para los sectores más humildes de la zona.
Cuando estuvo preso no aprendió. Tal vez por eso, durante un tiempo, eligió como abogado a un personaje nefasto llamado Víctor Hortel. ¿Se acuerda? Fue el jefe del Servicio Penitenciario Nacional y líder de Vatayón Militante, esa agrupación de presos que eran sacados de sus celdas para que participaran de actos kirchneristas vendidos como eventos culturales.
Esta cultura del apriete, de la intimidación pública y del vamos por todo es parte de la herencia maldita que dejaron los K. Son conceptos antidemocráticos y reñidos con la ley. Cuando fue detenido, fue sensato hasta el comunicado del gremio nacional que de inmediato se quiso despegar de este personaje temible: “Dentro de la ley, todo, fuera de la ley nada”.
El Pata Medina estuvo preso junto a su esposa, la ex policía bonaerense María Fabiola García (a) “La Dueña”, un hijo, una hijastra y otros 5 integrantes de una empresa de catering que conformaban la asociación ilícita. Era su estado mayor de la corrupción.
El Pata está libre aunque no puede salir del país ni pisar su sindicato. No necesita ninguna de las dos cosas. Se mueve por toda la Argentina como Pancho por su casa. Y al gremio lo seguía manejando incluso detrás de las rejas. El Pata hace lo que quiere y no respeta las leyes. Eso se sabe hace mucho. Pero la culpa no es del chacho sino del que le da de comer. Hay un juez que se llama Alejandro Esmoris que lo acaba de dejar en libertad y eso es una humillación para todos los argentinos honestos. El juicio al Pata Medina sigue su curso con destino incierto. Pero pregunto, la repugnante decisión del magistrado que lo liberó no merece un pedido de juicio político? ¿Será justicia alguna vez en este país?