Si Milagro Sala recibiera el indulto de Alberto Fernández como ella misma exigió, sería mucho más que un milagro penitenciario. Sería un escandaloso ataque a la justicia y una señal nefasta para la inmensa mayoría honesta y democrática de la sociedad. Nadie quiere venganza. Todos quieren juicio, castigo y condena. Amado Boudou ya se puso en la fila de los que piden indulto, amnistía o cualquier artefacto delictivo que les permita zafar de la cárcel a los ex funcionarios del ladri feudalismo K. Estamos asistiendo asombrados a un atropello a los ponchazos de los cristinistas. Saben lo que quieren: impunidad y venganza. Pero no se ponen de acuerdo con los instrumentos. Porque no se puede salvar a los culpables de estafas y robos descarados sin violar las reglas básicas de convivencia de una verdadera república. Abogados con una gran formación profesional están tan desesperados y presionados por Cristina que piden a gritos la impunidad sin ponerse de acuerdo en cuál sería el mejor mecanismo para utilizar. Indulto, dicen unos y que pague Alberto el costo político. Amnistía, dicen otros y que se reparta el costo entre todos los diputados. Y algunos como Eugenio Zaffaroni piden cualquier mamarracho. Propuso designar una comisión parlamentaria de la verdad que diga cual causa es persecución política y cual causa es justicia independiente. ¿Se da cuenta que el que dice semejante burrada fue miembro de la Corte Suprema y hoy está en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, nada menos. Un papelonero de cuarta, nacional y popular que nos está haciendo quedar muy mal en el exterior. Pide por los delincuentes. Con tal de defender a sus amigos los victimarios es capaz de inventar atajos legales, pero por las víctimas, no mueve un dedo. Sería bueno preguntarle al doctor Zaffaroni. ¿Quiénes serán los genios impolutos que integrarían la comisión de la verdad? Gildo Insfrán, Juan Grabois, Hebe de Bonafini? Eso sería un tribunal popular con carta blanca para condenar a las personas que piensen distinto y para regalarle, impunidad a todos sus cómplices kirchneristas? Ademas, sería algo profundamente inconstitucional. El doctor Zaffaroni debería saberlo. En realidad, lo sabe, pero se comporta más como un encubridor de delitos que como un hombre de derecho.
Hablan de Milagro Sala como si fuera una militante social pacifista y honrada y en realidad es una delincuente que aprovechó su poder en la Tupac Amaru para robar fondos de todos y para reducir casi a la servidumbre y castigar a muchos piqueteros, sobre todo a las mujeres.
Por eso le digo que un indulto para Milagro con mayúscula, sería un milagro con minúscula. Un disparo al corazón de la independencia de los poderes. Un despropósito antidemocrático. En este sistema nadie tiene coronita. Los que cometieron delitos, la tienen que pagar. La verdad es que Cristina ordenó que liberen a Milagro Sala lo antes posible y que nada ni nadie los detenga. Repito. Que nadie ni nadie los detenga: ni la ley, ni la Constitución y ni el sentido común. Por eso, su estado mayor para la “Impunidad de todos y de todas” avanzó con diversas operaciones lideradas por Eugenio Zaffaroni, Horacio Verbistsky y Graciana Peñafort, abogada de Boudou y asesora de Cristina en el Senado.
Cristina ordenó que liberen a Milagro Sala porque entiende que si la delincuente más condenada y más complicada en la justicia queda libre, todos y todas podrán salir con mayor rapidez de la cárcel y todas las causas por corrupción se irán cayendo aceleradamente. Ese es el plan: si logran lo más, será más fácil lograr lo menos.
Alberto, ¿se atreverá a quedar en la historia como el que perpetró un zafarrancho anti republicano que casi no tiene antecedentes?
¿Vale la pena pagar tanto costo político por liberar a una dirigente democráticamente condenada, con todas las garantías y que además, tiene un bajísimo nivel de representatividad?
Milagro no produce movilizaciones importantes que pidan por su libertad. Los que llenaron de basura los tribunales hace poco, eran muy pocos. La Corte Suprema había dejado firme su primera condena a 2 años, pero todavía faltan las causas más graves.
A Milagro le decían “la gobernadora” por el poder y el dinero que le dio Cristina cuando fue presidenta. Pero ahora, en el llano y en la prisión domiciliaria se fue apagando su estrella. Critica a Alberto pero no la escuchan demasiado.
En su momento, en las elecciones internas sacó menos votos que la cantidad de afiliados de la Tupac Amaru. Eso demuestra que muchos jujeños y jujeñas humildes se sumaron a su agrupación porque fueron extorsionados con violencia o porque era la única posibilidad de acceder a una vacante en una escuela o de aspirar a tener una casa prestada por Milagro Sala. A la hora de votar, el secreto le permitió a mucha gente, elegir otra cosa. La inmensa mayoría de Jujuy no quiere libre a Milagro. Le tienen pánico porque fue golpeadora y autoritaria con todos pero sobre todo con las mujeres y los más pobres. Todos recibían un trato humillante y, en muchos casos, eran reducidos a la esclavitud. Hay decenas de testimonios de patoteadas, malos tratos, cachetazos y hasta latigazos de Milagro para imponer sus proyectos.
El gobernador Gerardo Morales ya advirtió que ningún indulto o amnistía tendría efecto en la justicia provincial.
Jorge Fernández Díaz supo plantear que cualquier trampa para liberar a Milagro Sala sería un “punto final” para las causas sobre corrupción, una “verdadera, monumental y escandalosa operación de autoamnistía peronista”.
La cleptocracia de Cristina y Milagro debe tener su juicio y castigo. Si nadie paga por los robos desde el estado, la señal es que todo vale y la honradez se transforma en una mala palabra.
El operativo “libertad a Milagro, impunidad para todos y todas” es solo un eslabón de la cadena para presionar a los jueces que, entre Oscar Parrilli y Florencia Kirchner, definieron como “orangutanes sarnosos”. Desde las PASO, se levantaron todos los pedidos de prisión preventiva para Cristina y más de 15 integrantes del Cartel de los Pinguinos se beneficiaron con libertades, nulidades o sobreseimientos.
Pero Milagro es un símbolo.
Por eso Horacio Verbitsky presionó tanto al Presidente Fernández en este tema. Respaldó una probable intervención a la provincia y en una entrevista intentó acorralar al jefe de estado y obligarlo a una definición a gusto de su paladar autoritario.
Milagro Sala no es una carmelita descalza perseguida por la oligarquía, los medios y el imperialismo como nos quieren hacer creer. Y tampoco está presa arbitrariamente. Tiene 4 condenas. ¿Escuchó bien? Milagro tiene 4 condenas. El milagro es que siga en prisión domiciliaria. Eso es un verdadero privilegio. Debería ir a una cárcel común. Pero la amenaza del bufón de la reina, Dady Brieva fue que se iba a armar “kilombo”, si la presa se moría en la cárcel. Es textual.
De las 4 condenas, una es de un tribunal federal de Comodoro Py, en la que se expidió hasta la Corte Suprema de Justicia. O sea que, aunque intervengan la justicia jujeña y hagan un indulto generalizado, esta causa que es federal seguiría en pie. Salvo que coloquen dos nuevas juezas para lograr una mayoría en la Corte Suprema y cambien todo. Dicen que una de las propuestas para sumarse al máximo tribunal es Elizabeth Gómez Alcorta, militante del partido de Juan Grabois y abogada de Milagro Sala. Todo muy imparcial y equilibrado como se ve.
Tres de las causas en las que Milagro Sala está condenada se iniciaron durante el gobierno justicialista, antes que Gerardo Morales llegara al poder. Fue condenada a 4 años en la causa de Lucas Arias, a 2 años por las amenazas de bomba a policías y eso fue ratificado por la Corte.
La causa llamada “Pibes Villeros” le significó una condena a 13 años de prisión. Fue un tiempito antes de que asuma Morales. Y sacaron 29 millones del banco, directamente de la ventanilla, como era su costumbre y se los robaron. Es dinero que no aparece por ningún lado hasta el día de hoy. Los bolsos fueron directamente a la casa de Milagro y como por arte de mafia, desparecieron.
¿De qué persecución de Cambiemos hablan? La mayoría de los jueces que intervinieron fueron designados por las administraciones peronistas de Eduardo Fellner y Walter Barrionuevo. Recibieron fondos millonarios por parte de Cristina. Eran para construir 6.500 viviendas y dejaron 2 mil sin edificar. Ese es una estafa al estado por 5.500 millones de pesos a valores de hoy.
Le recuerdo que Alberto, le dijo a Rafael Correa, un prófugo de la justicia de Ecuador, que lo entrevistó para la televisión rusa que “Milagro Sala no merece estar presa” y que “su detención es ilegal”. Eso lo dijo públicamente. También dijo que no está dispuesto a apelar a un instrumento monárquico como es el indulto. Veremos. Su palabra vale menos vaso de agua de la canilla.
Llegó la hora de la verdad.
Milagro no combatió la pobreza. Ella combatió, maltrató y agredió a muchos pobres. Los estafó. Miente Milagro Sala cuando se victimiza y dice que la persiguen por negra y coya. Hay que sacarle la careta a los que mienten. Las mentiras no hacen milagros. La impunidad son delitos que vuelven. Solo la verdad nos hará libres.
Menem, entre Dios y el Diablo – 15 de febrero 2021
Carlos Menem fue el presidente más corrupto de la historia democrática hasta que llegaron los Kirchner y lo dejaron como un bebe de pecho. Menem robó para la corona de Anillaco. Pero Cristina y Néstor, perpetraron una cleptocracia e instalaron un plan sistemático de coimas, retornos y lavado más grande que la Patagonia. Así nos fue y así nos va.
Entre ambas dinastías de caudillos feudales de La Rioja y Santa Cruz, gobernaron este país, por casi 23 años y en 2023, cumplirán 27 años al frente de una Argentina que con ellos, se hizo más pobre, mas autoritaria y más decadente.
Fueron las caras más visibles del pragmatismo del Partido Justicialista que con tal de aferrarse al poder y a los negociados, defendió tanto al populismo de derecha como al de izquierda. Para la tribuna, decían ser enemigos ideológicos pero, en la realidad, se ayudaron y se votaron mutuamente. Los Kirchner compartieron en 7 ocasiones las boletas electorales con Carlos Menem. Hoy se está viralizando el famoso discurso de Néstor en el que dice que solo Juan Domingo Perón fue mejor y escuchó más a los patagónicos que Menem. Fueron tan chupamedias sus conceptos que hasta el propio presidente Menem agachaba la cabeza con cierto pudor y vergüenza ajena. Al lado, estaba Cristina, exultante y con sus cabellos al viento. Cualquiera lo puede ver en You Tube. Néstor, de campera de gamuza beige dice “el pueblo se siente muy honrado por vuestra visita y orgulloso de acompañar el proceso de transformación y cambio”. En esa época no criticaba al “neoliberalismo entreguista” de Menem.
Néstor fue el gobernador predilecto de Domingo Cavallo, apoyó con euforia y codicia la privatización de YPF cuyo miembro informante en diputados fue Oscar Parrilli. Néstor se benefició con una fortuna que recibió la provincia por regalías petroleras mal liquidadas pero que, el gobernador se guardó en su bolsillo. Fueron los tristemente célebres fondos de Santa Cruz.
Una de las escuchas telefónicas que más le molestan a Cristina es el diálogo con Oscar Parrilli donde defiende a Carlos Menem por encima de Antonio Cafiero. Dice que el justicialismo de Cafiero era “viejo y choto” y que la verdadera renovación progresista era de la Menem. Confiesa que ella estaba con Menem pero que tuvo que votar a Cafiero por disciplina partidaria a su esposo. Increíble. Quien quiera oír que oiga.
En los últimos tiempos, Carlos Menem, fue siempre funcional con su voto en el Senado a las necesidades del matrimonio Kirchner. La sesión de la 125 es apenas un ejemplo. Pese a estar enfermo fue a votar positivamente en contra el campo y a favor de Cristina.
Por supuesto que no celebro la muerte de Menem. No celebro la muerte de nadie. Pero no me parece justo que el fallecimiento de una persona haga que nos olvidemos de quien fue en vida. La muerte no limpia prontuarios. Envío mis condolencias y respetos a la familia de alguien que casi no perdió ninguna elección en su vida. Fue dos veces gobernador, dos veces presidente y senador nacional. Su carisma, su astucia táctica y su olfato para subirse a los vientos de la revolución conservadora que soplaban en el mundo, le permitieron triunfar con el voto popular.
Soy muy crítico tanto de Menem como de los Kirchner, pero reconozco que los que llegaron del sur fueron mucho más dañinos, perversos e hipócritas. Mientras Carlos Menem sufrió la cárcel durante la dictadura militar, los Kirchner se dedicaban a hacer fortunas en Río Gallegos y se quedaban con las casas de los que no podían pagar las cuotas. Jamás levantaron un dedo por un detenido o por un desaparecido, ni siquiera bien entrada la democracia.
Menem estuvo preso en el buque los “33 Orientales” y después en el “Penal Militar de Magdalena”. Los dictadores se ensañaron tanto con el riojano que no le permitieron darle el último adiós a su madre, Mohibe Akil. Cuando salió fue confinado en Las Lomitas, el lugar más caluroso de la Argentina. Ahí, tuvo una relación con Marta Massa, de la que nació uno de sus hijos, Carlos Nair.
Hebe de Bonafini no quiso disimular su odio ni su parcialidad fanática en las definiciones. Dijo que no lamentaba la muerte de Menem, ni deseaba que descansara en paz “porque había indultado a los asesinos” de sus hijos. Es cierto que es repudiable que Menem haya decretado los indultos para el terrorista de estado Jorge Rafael Videla y otros comandantes militares como Luciano Menéndez o Leopoldo Galtieri. Pero Hebe no dice que también indultó a Mario Eduardo Firmenich, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Perdía y otros jefes guerrilleros.
Menem dinamitó el ferrocarril en la Argentina con su frase “ramal que para, ramal que cierra”. Los liquidó, en lugar de modernizarlos, como hizo con los teléfonos. Alberto Fernández y Felipe Sola fueron funcionarios de su gobierno.
La ciudad de Rio Tercero se negó a cumplir con los tres días de duelo porque lo consideran el principal responsable de la voladura de la Fábrica Militar que produjo 7 muertos, heridos y destrozos terribles. La corrupción mata. Todo fue para ocultar el escandaloso contrabando de armas por el que fue condenado, al igual que por los sobre sueldos a los funcionarios. La Corte Suprema de Justicia jamás trató las apelaciones y la causa durmió por más de 25 años. Su banca en el Senado le dio los fueros necesarios como para mantenerse lejos de la prisión pese a que, por poco tiempo, en el 2001, fue el primer presidente preso de la democracia.
Ni que hablar de la grave complicidad y encubrimiento de todas las investigaciones sobre los atentados terroristas a la embajada de Israel y la sede de la AMIA que ocurrieron bajo su gobierno.
Hace 32 años, junto a José Antonio Díaz, escribimos una biografía no autorizada que titulamos “Menem, el heredero de Perón. Entre Dios y el Diablo”. Denunciamos barbaridades de su gobierno pero, coqueto y farandulero, lo que más le molestó al Presidente de ese momento, fue que revelamos su verdadera edad. Después de nuestro libro, ya no pudo seguir mintiendo que había nacido en 1935. Se sacaba 5 años. Tuvimos que ir a buscar los documentos de su bautismo a la catedral de La Rioja para probar que Menem había nacido en 1930. Esa falsedad la repetía en todos los reportajes e incluso en la biografía oficial que le escribió Gustavo Béliz.
En ese texto contamos con mucho detalle su relaciones con los Montoneros en 1973, la entrevista que Jorge Antonio le consiguió con Perón en Madrid y el enamoramiento de Zulema, en las calles de Yabrud, el pueblo en donde vivían sus familias, en Siria. La relación con Zulema fue tormentosa y volcánica. Menem la desalojó de Olivos en una de las situaciones más novelescas de su vida de novela. La mala relación, estalló con la muerte de su hijo mayor, Carlitos mientras piloteaba un helicóptero y hacia maniobras absolutamente imprudentes. Había aprendido de su padre a transgredir todas las reglas. Nadie olvida que tripuló la famosa Ferrari Testa Rosa a más de 200 kilómetros por hora.
El incomprensible casamiento con Cecilia Bolocco terminó en conflicto y con un hijo llamado Máximo. Al final, según su hija Zulemita, Carlos Menem se fue de este mundo mientras tomaba de su mano a Zulema.
Uno de sus grandes logros fue subirse al avión de Alitalia que trajo a Perón de regreso a la Argentina. Compañeros de ruta y de butaca fueron Vicente Saadi y Ricardo Obregón Cano, quienes luego fueron gobernadores de Catamarca y de Córdoba. Más adelante estaban ubicados Leonardo Favio, José Francisco Sanfilippo y Marilina Ross, entre otros. Los caprichos de la historia hicieron que Antonio Cafiero, también fuera pasajero de ese avión histórico. Cafiero y Menem protagonizaron aquella elección interna que fue un punto de inflexión en el justicialismo. Todo el aparato le respondía a Cafiero. Pero el peronista común y silvestre se dejó seducir por las patillas tipo Facundo Quiroga del caudillo riojano y por promesas como el salariazo y frases de contenido religioso como “Siganmé, no los voy a defraudar” o “Argentina, levántate y anda”.
Carlos Menem, como presidente, obligó a censurar un programa de televisión llamado “Sin Límites” que hacíamos con Marcelo Longobardi, Luis Majul y Román Lejtman. Ese drama, en América TV, fue producto del enojo que le produjo la investigación sobre lo que se conoció como “La Pista de Anillaco”. Después, en una acto dijo que los periodistas del programa éramos “ladrones y pagados por la oposición”. Yo le inicié un juicio por eso. Pero desistí de la querella varios años después, cuando Alberto Kohan con amabilidad, me lo propuso para convencer a Menem de que participara de un programa que yo conducía y al que llevé a todos los presidentes desde 1983.
No fue una persona rencorosa. Tal vez fue el primero que se dio cuenta que los deportistas y los artistas de la tele, le transferían un baño de popularidad que de otro modo, le hubiera costado mucho conseguir. Los encuentros con los Rolling Stones, Madonna, Charly García, Antonio Banderas, Diego Maradona, Moria Casan, entre otras vedettes que siempre intentó seducir, le dieron un nivel de conocimiento público único en épocas donde no existía la internet y mucho menos el Twitter o el Facebook.
Sus corbatas importadas y coloridas, sus anillos y relojes, el amor por lo bizarro y lo dorado y la forma de disfrutar el poder que tenía, transformó a su apellido, en una estética y un sello cultural de la frivolización de la política. Menem lo hizo. Mucho tiempo antes, que Donald Trump.
Álvaro de Lamadrid, el diputado radical de Juntos por el Cambio dijo que Menem “tiene que ser el último político impune, el último que se escape de la justicia”. Ojalá que así sea. Que logremos no repetir la historia. Sin odios ni venganzas. Pero con verdad, justicia y castigo a todos y todas las culpables.
Cortázar descansa en la paz de las letras – 12 de febrero 2021
Hoy se cumplen 37 años de la muerte de Julio Cortázar. Es la mejor ocasión para hacerle un humilde homenaje, recordarlo y repetir una y mil veces:
Queremos tanto a Julio.
Alberto Amato dice que nunca faltan flores en su tumba de Montparnasse, en Paris, donde se fue a vivir por años, cerca de los misterios bohemios de Montmartre y lejos del peronismo.
Le debemos tanto los argentinos a Julio Cortázar que en paz y en letras descanse. Murió en Francia donde eligió vivir. Una leucemia analfabeta le fue erosionando su cuerpo pero su corazón ya venía muerto desde la muerte de su gran amor, de Carol Dunlop, su tercera esposa con la que hoy comparte el cielo y la tierra en el cementerio. Ni la muerte pudo separarlos.
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto. En la literatura, es decir en el placer y el goce por la belleza pura y en la política, es decir en el compromiso solidario con los más débiles y los buscadores eternos de utopías y de la igualdad entre los hombres.
Los libros fueron su tabla de salvación. La posibilidad de seguir flotando aún en las tormentas más terribles. En su casa de la infancia de Banfield, se encerró a leer día y noche cuando su padre los abandonó para siempre, sin decir una palabra. A escribir día y noche, también se encerró en su casa de la madurez en Paris cuando América Latina empezó a desgarrarse en su alma. Nunca dejó de ser un cronopio que sólo perseguía su regocijo personal. Vos sabes, le dijo a Fernández Retamar, en una carta de 1967, que el almidón y yo, no hacemos buenas camisas. Era tierno y tenía un sentido del humor maravilloso. Disfrutaba de la metafísica de Macedonio Fernández porque se reía a carcajadas. El realismo socialista siempre le resultó aburrido, pesado, decía que en esos casos la ideología mataba a la literatura y que llegó a sentir horror por esos escritores de la obediencia debida.
Julio Florencio Cortazar tenía cara de chico aún en sus 69 moribundos años. Y era un chico a la hora de escribir como un genio francotirador que buscaba lo lúdico. Siempre el juego. En su niñez imaginaba animales mitológicos para sorprender y sorprenderse y apostó siempre a lo fantástico, a esa dimensión alucinante de la realidad más cotidiana. La supo encontrar y la supo contar.
Con Borges compartió muchas más cosas de lo que los militantes políticos literarios de los finales del 60 podían imaginar. Porque era una de las tantas antinomias, como se decía entonces. Borges o Cortázar. El reaccionario de derecha o el amigo de la Cuba de Fidel y el Chile de Salvador Allende. Borges o Cortázar, como una segunda vuelta de la batalla entre Boedo y Florida, era discusión apasionada en las universidades y los bares. Sin embargo, ambos amaron profundamente los laberintos, el tango, el jazz y las muchachas de ojos verdes como La Maga. Ambos fueron tozudos antiperonistas y quisieron morir fuera de la Argentina. Y allá están sus restos, más cerca entre sí que de nosotros. Y en lo que para muchos fue una señal mágica, Borges fue el editor del primer cuento de Cortázar en la revista “Los anales de Buenos Aires”.
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto. Y los periodistas de mi generación lo amamos porque metió de prepo el lenguaje de la calle en la alta literatura. Porque todos alguna vez intentamos imitarlo sin el menor de los éxitos, porque todos alguna vez lo leímos con el mayor de los placeres.
Primero fue un revolucionario de las letras y después de las ideas. Fue un antes y un después de la barba. Primero sacudió la estructura de la novela con Rayuela. Hoy una edición original en buen estado se puede comprar por poca plata en las librerías de los usados mejor usados. En 1963, puso al lector en un pié de igualdad con el autor. Le permitió que cada uno eligiera su propia novela en esa maravillosa caja china que fue Rayuela, con una novela dentro de otra, con ese rompecabezas para jugar, siempre jugar con el ingenio y las neuronas y sobre todo con el lenguaje al que lo dio vuelta como una media una y mil veces. En el marco del Congreso de la Lengua que se hizo en mi querida Córdoba, se presentó una nueva edición conmemorativa de Rayuela preparada por la Real Academia Española, la Academia Argentina de Letras y la editorial Alfaguara. Ahí se incluye la reproducción del “Cuaderno de Bitácora”, con las notas de Julio para la escritura de la novela. Tiene textos complementarios de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Adolfo Bioy Casares y Mario Vargas Llosa, entre otros. Varios de ellos lo acompañaron en ese estallido de creatividad que se llamó el “Boom Latinoamericano”.
Mario Vargas Llosa sorprendió cuando dijo que Rayuela no era el mejor texto de Julio. Que lo consideraba uno de los grandes cuentistas de la historia y recomendó “El perseguidor” y “El torito”. Alguien recordó que Rayuela fue una “enciclopedia de rebeldía” y que Julio llamaba “cementerio” a los diccionarios.
Cuando viajó a Cuba se conmovió al ver un pueblo haciendo la revolución y su vida cambió. Y los personajes y los puntos de vista en sus libros, también. Con el Che Guevara, en su “Libro de Manuel” hizo una crítica dura a los dogmáticos de la guerrilla y ya que estamos en ese libro imperdible digamos que el protagonista se llamaba Marcos y que por eso el subcomandante zapatista de Chiapas se bautizó con ese nombre. En homenaje a Cortázar que, de estar vivo, dijo que apoyaría la causa que fue casi pacifista de los zapatistas y que hoy está casi extinguida, con el mismo entusiasmo con que apoyó a los sandinistas en esa Nicaragua tan violentamente dulce, antes de que Daniel Ortega la amargara y malversara con una dictadura feroz y corrupta de un señor que incluso abusó sexualmente hasta de su hija.
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto.
En diciembre de 1983, el talento de Dani Yako congeló una hermosa foto. Sus ojos vivaces detrás de unos lentes gigantescos y el cigarro en su boca lo integran al paisaje de una calle bien porteña. Julio había vuelto después de una década.
Su inclaudicable y corajuda lucha por denunciar a la dictadura argentina y reclamar por los desaparecidos porque sentía al país lejano como su “Casa Tomada”, como esa pesadilla que escribió de un saque, con todos los fuegos el fuego. Cortázar sí que dio vuelta al día en 80 mundos y en su último round tuvo “62 modelos para armar”. Nunca olvidó el susto que se pegó a los 9 años cuando robó un libro de Edgar Allan Poe para leerlo ni el placer que sintió cuando tradujo toda su obra. Julio Cortázar fue un grande, uno de los padres eternos de nuestra literatura. Sus cuentos tienen la impronta de dos de sus ídolos, de Charlie Parker y de Justo Suarez. La cadencia y el torrente que improvisa del saxofonista del jazz y la habilidad para esquivar y la dureza para pegar del boxeo del Torito de Mataderos. Una vea, Julio publicó una nota sobre el arte del pugilato en las páginas de El Gráfico.
Queremos tanto a Julio. Le debemos tanto. Por dos motivos fundamentales. Porque todos sus textos son una incitación a la libertad y una apología de la belleza.