Cristina Justicia de Kirchner – 11 de febrero 2021

¿Escucho bien ese testimonio? ¿Escuchó? Muchos quisieron mirar para otro lado, pero el abuelo de Úrsula, la chiquita que fue asesinada en Rojas dijo una verdad demoledora. En medio de su dolor, y en pocas palabras, resumió el drama más grande que tenemos los argentinos. Se preguntó: “¿De qué justicia me hablan si en este país, los que deberían estar presos, nos están gobernando?”. Implacable. Resumió el pensamiento de millones de argentinos que se dan cuenta que si los ladrones de estado no tienen juicio, castigo y condena, estaremos en el horno.
Y el diputado Álvaro de Lamadrid, que conoce al ladri feudalismo desde la cuna en Santa Cruz, encontró la metáfora justa: “Hay que impedir que Cristina se convierta en la justicia. O hay Cristina o hay justicia”. Por eso se me ocurrió titular esta columna editorial como “Cristina Justicia de Kirchner”. Porque está logrando el objetivo de ponerle su nombre y apellido a uno de los pilares del estado republicano. Todos los días se comen una pieza del ajedrez de los tribunales. Es un plan sistemático de copamiento de la justicia que se está cumpliendo con una disciplina castrense. Minuto a minuto avanzan a paso redoblado y tambor batiente para lograr la impunidad y la inocencia absoluta de Cristina y su banda del Cártel de los Pinguinos y a la venganza contra los dirigentes políticos y periodistas que la denunciaron o la investigaron.
Lo que en realidad dijo el abuelo de Úrsula es que el gobierno es un aguantadero. Porque hay delincuentes entre sus filas o porque hay cómplices o encubridores, que hacen todo lo posible para que no sean sancionados como corresponde. Empezando por el presidente encargado que, de ser uno de los fiscales más feroces contra Cristina, pasó a ser su abogado defensor. Es una de las “panquequeadas” más alucinantes de la historia política. Casi nadie le dio tan fuerte con un caño a Cristina y casi nadie le chupa más las medias como Alberto.
Podríamos hacer una larga lista de las movidas del cristinismo para ponerle su camiseta partidaria a la justicia. Las más recientes son, a saber:
1) Los diputados más talibanes activaron la vigencia de 6 artículos del Código Procesal Penal que como resultado relativiza las sentencias firmes de la Corte Suprema, demora la ejecución de las condenas y favorece a Cristina, Boudou, Báez y De Vido entre otros ángeles de la honradez.
2) Brutal hostigamiento a la Corte Suprema por parte de las principales voces del oficialismo. El presidente Alberto Fernández dijo que “La Corte está mal, es un tribunal muy poco calificado socialmente”. Y Leopoldo Moreau, vocero habitual de la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero lo perdió varias veces, pidió la ampliación del máximo tribunal y el juicio político a algunos de sus miembros. Fue tan grave que el Colegio de Abogados de la Ciudad, emitió un comunicado exigiendo “el debido respeto” a la Corte que es la cabeza del Poder Judicial.
3) En el plano de la justicia electoral, instrumentaron cuestiones muy inquietantes y peligrosas para la salud y transparencia de los comicios. Designaron al juez Daniel Bejas en la Cámara Nacional Electoral. Fue apoderado del Partido Justicialista de Tucumán, abogado del actual gobernador Juan Manzur y del anterior, José Alperovich y no fue quien salió primero en el concurso respectivo. Había ganado la doctora Alejandra Lázzaro, experta en el tema que sin embargo, fue relegada pese a que este gobierno se llena la boca hablando de los derechos de la mujer y las políticas de género. Y como si esto fuera poco, Alejo Ramos Padilla será el que resuelva sobre las cuestiones electorales en el principal distrito de la Argentina que concentra casi el 40% del padrón. Fue designado al frente del juzgado federal Numero 1 de La Plata. Ramos Padilla, en toda su actuación ha demostrado que es más cristinista que Cristina y que está al servicio de la militancia y no de la justicia.
4) Por decreto, Alberto Fernández ordenó el regreso a la Cámara Federal del juez Eduardo Farah. Es un tribunal clave porque revisa los fallos que se dictan en las más escandalosas causas de corrupción. Fue el que firmó la libertad para Cristóbal López y siempre fue un operador kirchnerista ligado a los servicios de inteligencia. Y como si esto fuera poco, Alberto ya envió el pliego de Roberto Boico para sumarse a esa cámara. ¿A quien defendió Boico? A Cristina y Parrilli que va a votar en la comisión de acuerdos. Boico fue abogado de ellos en la causa que más grave y que más los inquieta: el pacto tenebroso con Irán.
5) Un tránsfuga llamado Diego Molea está a punto de ser nombrado presidente del Consejo de la Magistratura. Rector de la Universidad de Lomas de Zamora pasó rápidamente del duhaldismo al massismo, a cerca del macrismo y a La Cámpora con la misma velocidad y lealtad. Es un lugar estratégico y con muchísimo poder. El Consejo es, entre otras cosas, el encargado de designar y destituir jueces. El que tiene esa llave, puede premiar o castigar a los magistrados y disciplinar a los más débiles.
Hay algunos huesos que les resultan duros de roer para el oficialismo. Están operando para voltear a algunos fiscales como el doctor Carlos Stornelli y el procurador general, Eduardo Casal. Todavía no lo han logrado. No les resulta fácil. Pero su voracidad por el poder los convierte en gotas que horadan las piedras.
Por eso es necesaria una sociedad civil alerta y vigilante. Jorge Lanata lo definió muy bien. Dijo que Cristina se siente por encima de la Corte. De hecho, quedará en la memoria colectiva, aquel momento cuando le gritó a los jueces que a ella ya la había absuelto la historia y que los magistrados son los que van a tener que contestar preguntas.
Hace poco tiempo, la doctora Elisa Carrió lo dijo con toda contundencia: “La Cristina constituyente que yo conocí, murió hace mucho. Solo queda la acusada que modifica instituciones para quedar absuelta” Y cargó contra Carlos Beraldi:“ “Recibe millones de honorarios de dinero sucio robado al Estado y define un Procurador a término y con mayoría absoluta a gusto de su defendida”.
El diputado Juan Manuel López, dijo que Cristina quiere meter presa a Carrió “en venganza por el valor de haberla denunciado cuando nadie se animaba. Es el odio de no poder reconocerse ladrona”.
El cargo de jefe de todos los fiscales siempre fue muy importante, pero ahora, con el nuevo sistema acusatorio, pasó a ser casi más importante que un miembro de la Corte Suprema. El Procurador que elija Cristina va a tener la llave para abrir o cerrar todas las causas. Por eso Cristina quiere elegir a su propio procurador. Quiere un fanático y un cruzado que no tenga escrúpulos y le deje su prontuario limpio y que dinamite todos los juicios que Cristina tiene. Esta es la gravedad. El próximo jefe de todos los fiscales que elegirá Cristina quedará grabado en la historia como el jefe de la impunidad para la reina, el príncipe heredero y toda la caterva de ladrones que saquearon al estado nacional.
La comisión Beraldi recomendó que se integre un nuevo tribunal intermedio, apenas por debajo de la Corte. Allí irán a parar todos los recursos que presentó Cristina y todos los delincuentes de estado. Y en ese tribunal intermedio se consolidará para siempre, el monumento a la Cristina revolucionaria, humilde, honrada y defensora de los pobres. Por ahora esa especie de Corte bis no tiene nombre. Propongo que se llame Corte K o Corte Beraldi. ¿Qué les parece?
Pero la ofensiva final contra los tribunales tiene varios caminos más. Ya se sabe, volvieron mejores, significa que primero van por la justicia y después por los medios de comunicación y finalmente se quedan con todo para siempre. Ese es el proyecto que los mueve. Chavismo santacruceño explícito.
La Oficina Anticorrupción que ya fue vaciada en sus contenidos por el militante Felix Crous, será reubicada en el organigrama de gobierno y colocada casi en estado de extinción. Como puede verse, el kirchnerismo en su historia siempre destruyó todos los organismos de control de ética y transparencia. Y esta vez está haciendo lo mismo. Néstor antes y Cristina ahora, siempre quisieron controlar todo y que nadie los controle a ellos. De allí viene su odio a los jueces y a los periodistas que no se alquilan ni se venden.
Ellos dijeron que venía a distribuir la riqueza y cumplieron: la distribuyeron entre ellos.
Que suenen las alarmas institucionales. La República acaba de ser violada una vez más. Eso es violencia política e intolerancia. Un nuevo régimen se está consolidando en la Argentina a la vista de todos. Algunos lo llaman cristinato. Otros, le dicen monarquía absolutista. Hay quienes lo definen como tiranía ladri progresista. Nadie sabe el nombre exacto. De lo único que estamos seguros es que no es una democracia plena. Esperemos que no sea una democradura. De nosotros depende.
Lo definió magistralmente el filósofo y colega Miguel Wiñazki al plantear que si “se roban la justicia, no van a poder ser condenados por los robos anteriores”.
Es el corazón del latrocinio y la cleptocracia que instalaron los Kirchner en Santa Cruz primero y en toda la Nación, después.
Cristina se quiere convertir en la justicia. Me la imagino en un pedestal, hecha de granito, espiando por debajo de la venda, con la balanza desequilibrada y la espada afilada. Así nos va.

El sol de la educación viene asomando – 9 de febrero 2021

Esta vez, estoy seguro que la buena noticia es doble. Primero porque finalmente se abrirán las aulas y dentro de una semana volverán las clases presenciales. Y, la segunda buena noticia es que se le ganó la batalla cultural al gobierno nacional y a un grupito de sindicalistas kirchneristas que pusieron todo tipo de obstáculos para que esto ocurriera. La firmeza y decisión política de Horacio Rodríguez Larreta y su ministra Soledad Acuña, el acompañamiento de la sociedad civil y la comunidad educativa, de los padres, sobre todo y el apoyo de los medios y algunos partidos políticos logró vencer la resistencia de un grupo que podríamos llamar “los anti educación”.
Por eso el 17 de febrero vuelven las clases presenciales en la Ciudad. Porque los que apostamos a la educación de calidad y al mérito para el progreso no nos quedamos de brazos cruzados y quejosos. Hubo una movilización de los distintos sectores involucrados que hoy tendrá su momento culminante en más de 100 puntos emblemáticos del país donde se exigirá una obviedad igualitaria: que haya clases. Que se abran las aulas. Que funcione el sistema educativo. Con todos los cuidados y protocolos necesarios, por supuesto. Con todas las precauciones que se necesitan para cuidar la salud de los estudiantes y los docentes.
No fue necesario tirar toneladas de piedras. No hizo falta cortar calles ni avenidas. Con poner en marcha los mecanismos republicanos del reclamo fue suficiente. Los más chavistas del gobierno de los Fernández y los más talibanes de algunos gremios cristinistas ayer fueron derrotados por un enemigo muy poderoso: el sentido común.
La imagen de la rendición fue la conferencia de prensa conjunta del ministro de la Nación, Nicolás Trotta y su par de la ciudad. No hubo ni un solo desacuerdo. Parecía que Trotta hubiera estado siempre a favor del regreso a las clases presenciales. No fue así. Se opuso con excusas insólitas. Llegó a decir que la educación no era una actividad esencial. Y es todo lo contrario. Si un país en serio tiene que elegir solo una actividad esencial, esa debe ser la educación.
Esa parte del pasado quedó atrás. Salimos del pantano que armaron los anti educación. Hoy, dentro de un rato, en el Palacio Pizzurno, un templo sarmientino, Juntos por el Cambio realizará su acto principal. Será algo sencillo pero muy simbólico que, insisto, se va a repetir a lo largo y a lo ancho de la Argentina. Van a escenificar clases al aire libre, con todos los recaudos y con la participación de padres, docentes y estudiantes. Macristas, radicales y de la coalición cívica organizaron esta demostración de civilización contra la barbarie de los que levantaron todo un año una bandera que decía: “No están dadas las condiciones para volver a las clases presenciales”. Pusieron su ideología y la defensa de sus privilegios gremiales por delante de la vocación por enseñar de la mayoría de los docentes argentinos y de la necesidad de aprender de los chicos y jóvenes de la patria.
Fueron tan dogmáticos y cerrados que, de pronto, quedaron atrapados sin salida. Y hasta el gobierno nacional tuvo que retroceder y sumarse al regreso de las clases porque la opinión pública, mayoritariamente se los estaba facturando. Alberto Fernández estaba quedando como alguien no demasiado ocupado ni preocupado por abrir las aulas y Horacio Rodríguez Larreta como la vanguardia de la reactivación educativa. Eso se notaba en las encuestas. Por eso el gobierno tuvo que aflojar. Porque la catástrofe educativa y el daño irreversible que se le estaba provocando a las generaciones más jóvenes empezaba a ser demasiado evidente y cruel. Era incomprensible que estuvieran abiertos los casinos y cerradas las escuelas. Un despropósito absoluto y anti popular.
El concepto que debe presidir siempre cualquier tipo de medida de los gobiernos es que “las aulas son las primeras que se abren y las últimas que se cierran”. Con responsabilidad social y sin dogmatismos. Si hay segunda ola fuerte o rebrotes, habrá que ir atendiendo esas nuevas realidades. Pero abrir las aulas es un emblema de lo que una democracia participativa puede. Para abrir las mentes, para abrir las ventanas a los vientos de libertad y progreso, para abrir a otras realidades diversas de las que pregonan los militantes del capricho chavista y cristinista.
No hay que olvidarse de lo que pasó en estos días.
Los Baradel de la vida fueron a contra mano de la historia y ni siquiera, fueron coherentes con su declamado progresismo de defensa de la escuela pública. Jorge Adaro, del gremio de Ademys, es un dirigente de un sector ideológico con muy bajo apoyo electoral y dijo en una radio K, que no descartaban medidas de fuerza porque la propuesta de Rodríguez Larreta “es criminal”. Angélica Graciano habló de “marketing educativo” y antes se había sacado una foto con un afiche que al lado de la caricatura del jefe de gobierno de la ciudad decía: “Larreta odia a les niñes”. Textual. Se sienten los dueños, los patrones de la educación. Y después dicen que son democráticos porque todo lo deciden en asambleas donde participa un ínfimo porcentaje de los verdaderos maestros que quieren trabajar porque aman la educación y es su verdadera vocación.
Adriana Puiggrós, la ex vice ministra de Educación, anclada en un pasado de fracaso dogmático, dijo que para que se abrieran las aulas, debería vacunarse a todos los docentes. En ningún lugar del mundo se planteó semejante locura. Con el ritmo de vacunación que existe en la Argentina, esperar que todos los docentes se vacunen, sería demorar un año más el inicio de las clases. Y eso sería imperdonable. Sería castigar duramente a los más chicos y a los más pobres, es decir a los más vulnerables de la sociedad.
Alejandra Bonato, la secretaria gremial de Ute-Ctera Capital, obnubilada por su fanatismo cristinista llegó a comparar el riesgo de contagios del coronavirus en las aulas con el que existe en una fiesta clandestina. La gremialista ultra oficialista, en su afán por evitar el regreso de las clases presenciales dijo semejante exabrupto pero, no conforme con eso, volvió a la carga y aseguró que “dicen que la vacuna tampoco sirve para mucho”. No aclaren que oscurece.
Sobraban las pruebas contundentes de que es imprescindible reabrir las escuelas y volver a las clases presenciales. Pero, como si esto fuera poco, en su momento lo exigió la prestigiosa Sociedad Argentina de Pediatría. Presentó un riguroso informe de 43 páginas donde reveló la gran preocupación que los médicos tienen porque observan en su trabajo cotidiano las secuelas del confinamiento en los chicos y adolescentes. Todas las familias lo vivieron en carne propia. Dificultades para concentrarse, problemas para conciliar el sueño, angustia, miedos, pesadillas, ansiedad, mal humor, regresiones y hasta problemas más severos como la depresión.
Es urgente declarar a la docencia como servicio público esencial. Es increíble que no se haya hecho hasta ahora. Los médicos, los enfermeros, los policías y el resto de las fuerzas de seguridad, los bomberos, los empleados de supermercados o de bancos y los periodistas trabajamos con todos los cuidados necesarios y respetando todos los protocolos. Es una mancha para este gobierno de los Fernández que Argentina sea uno de los países del mundo que durante más tiempo cerraron sus aulas y apagaron el proceso educativo.
Basta de consignismo vacío o de las subjetividades de las conveniencias sectoriales. Hay que pensar en grande. Como Sarmiento. Todos sabemos que la escuela es un lugar seguro para los chicos mientras los padres trabajan y que no solamente es muy valiosa para la adquisición de conocimientos. También porque moldea y fortalece las relaciones sociales, los aspectos emocionales y la salud mental que en muchos casos está muy deteriorada.
Por supuesto que la reapertura no puede ser irresponsable y sin una planificación rigurosa. La Ciudad asegura que van a poner todos los recursos al servicio de esta epopeya educativa. Van a testear a los docentes cada 15 días. Se fijan mecanismos para que en el transporte público, la prioridad de uso sea para la comunidad educativa. Está probado que las escuelas en todo el planeta no fueron un centro masivo de contagio del virus y que los más chicos, se infectan menos y los que se infectan, presentan en su mayoría síntomas leves y contagian en un porcentaje muy bajo.
Los chicos tienen que volver plenamente a sus maravillosas rutinas de levantarse temprano, desayunar, intercambiar con su familia y sus compañeros, estudiar, jugar, aprender, reír, fijarse objetivos y tareas y cumplirlas, equivocarse y corregir. Es la mejor preparación posible para la vida. Puro entrenamiento para el esfuerzo y la apuesta a la meritocracia.
Por supuesto que se deben respetar los distanciamientos sociales, el escalonamiento de turnos, el uso de tapabocas, la utilización del alcohol en gel, la limpieza de manos, la desinfección y la ventilación de los ambientes y la formación de grupos reducidos de chicos en las clases y los recreos. Diez en aprendizaje y cero en riesgo. Esa debe ser la consigna.
Hay que respetar los derechos humanos. Y los derechos del niño y el joven a la educación. Es urgente porque el daño en muchos casos es irreparable. Y potencia la inequidad social.
La falta de educación es un cáncer que condena a los chicos a la calle y los deja inermes frente a todo tipo de flagelos como la droga y la delincuencia.
Y la educación en todos sus niveles y formatos es la mejor manera de combatir la pobreza y la desigualdad. No hay nada más progresista que abrir escuelas en los lugares donde hay más necesidades básicas insatisfechas.
La falta de educación es la madre de todos los problemas, pero que además, se puede convertir en la madre de todas las soluciones. Albert Einstein dijo: “Si la educación les parece cara, prueben con la ignorancia”. Pronto se abrirán las aulas. El sol de la educación viene asomando. Amanece, que no es poco.

El cumpleaños de Macri – 8 de febrero 2021

El ex presidente Mauricio Macri, hoy cumple 62 años. Brindará y soplará las velitas en Qatar, donde está, en su rol de titular de la Fundación FIFA, supervisando estadios y organización para el mundial 2022. Está muy lejos de esta Argentina sufriente, esperando la salida de su libro llamado “Primer Tiempo” y con la confirmación de que no será candidato en las próximas elecciones parlamentarias de octubre de este año. No será candidato a diputado ni a senador, pero tendrá un rol activo en la campaña para unos comicios que, a mi criterio serán muy trascendentes para imaginar la Argentina que se viene. Si el cristinismo chavista saca en todo el país más votos que la oposición y suma legisladores nacionales ese resultado será tomado como un cheque en blanco para avanzar con el proyecto de impunidad, venganza y autoritarismo.
Por el contrario, si Cristina y sus listas consiguen menos votos que la oposición y pierden potencia y bancas en el Congreso, será un mensaje ciudadano de voto castigo por el pésimo gobierno, de límites al avance del ladri feudalismo y de esperanzas para una argentina con alternancia democrática y futuro republicano.
Veremos. Nada está dicho por ahora. Todo está por decirse.
Juntos por el cambio tiene que poner toda la carne en el asador. Poner sus mejores dirigentes al servicio del próximo medio turno electoral. Y Macri se comprometió a ayudar en cada rincón del país donde crean que puede ser útil. Para empezar, su imagen y su creación que es el PRO, tienen alto impacto positivo en esta ciudad que fue su cuna y en la Córdoba de las campanas de la libertad que, con el 72%, le dió el porcentaje de votos más alto de la historia. Le recuerdo que Macri se consagró presidente con el 65% en la Ciudad de Buenos Aires, el 58% en Mendoza y el 56% en Santa Fé.
Fue en el 2015. Fue su momento de gloria. Y esos números, le permitieron vencer a Daniel Scioli en la segunda vuelta por casi 3% de diferencia.
Hoy Macri está lejos de esos números, pero decidido a poner en valor su gestión, más allá de los muchos errores cometidos en lo económico y también en la ausencia de política.
El viernes 22 desayunó en el country Cumelén de Villa La Angostura con Horacio Rodríguez Larreta. Allí Macri confirmó que no necesita fueros, que se siente tranquilo porque no está ni procesado por la justicia y que va a ocupar el rol de partero de las nuevas candidaturas y de las renovaciones partidarias. Para eso armó su fundación. Para nuclear a equipos técnicos de distintas áreas que funcionarán casi como un gabinete en las sombras. Macri y todos los dirigentes de Juntos por el Cambio deberían cumplir con la exigencia de los ciudadanos de ser críticos implacables con la mala práxis y el incumplimiento de las leyes por parte del gobierno de los Fernández y, simultáneamente, ofrecer alternativas. En dos palabras. A esta altura, los políticos que se opongan a determinadas medidas, deberán decir que harían ellos si estuvieran en el poder. Se necesita firmeza con un eje puesto en la recuperación plena de la independencia de los poderes pero que, además, aporte soluciones concretas para afrontar la epopeya de la vacuna y el combate contra el virus, la hecatombe económica de pobreza y desocupación y el descontrol de la inseguridad apañada por el oficialismo.
Con la crítica sola no alcanza. Es condición necesaria pero insuficiente. La prueba es la vanguardia del regreso a las clases presenciales en la que se convirtieron los funcionarios de la Ciudad. Macri apoyó con sus duras declaraciones públicas cuando dijo que el cierre de las aulas “produce un daño irreparable e imperdonable sobre los alumnos”. A Cristina y Alberto no les perdonó ni un centímetro del retroceso y la decadencia que produjeron: “Reconozcamos algo de una buena vez – dijo Macri – No estamos así por la pandemia. Estamos así por la impericia de un gobierno que tomó una secuencia de decisiones erradas en casi todos los temas que nos hicieron perder un año completo de escuela”.
A través de una carta abierta y las redes sociales, Macri planteó que “prometieron asado y heladera llena y mucha gente, lamentablemente va a perder hasta la parrilla y la heladera”. ¿Iban a volver mejores?, chicaneó y, finalmente, llamó a luchar contra la resignación y la mediocridad.
Primer Tiempo no es la primera parte de otra candidatura. Eso aseguró Macri a todos sus amigos. Se trata de lo que todavía falta jugar en este partido por una Argentina inserta en el mundo, con modernidad, innovación productiva, mayor equidad social, libertad absoluta y respeto por las instituciones, sin mafiosos ni golpistas. En el libro, según dicen, en marzo se presentará un balance de gestión y una propuesta para un próximo gobierno no peronista. Habrá autocrítica de los errores y los horrores cometidos, pero también la reivindicación de un partido chico y joven en términos históricos, que ganó la ciudad de Buenos Aires en tres ocasiones, que ganó la presidencia de la Nación, que cumplió su mandato en tiempo y forma después de 90 años y que sacó más de 10 millones y medio de votos en su retirada. En ese mismo sentido fueron la publicación de Lilita Carrió llamada “Vida, mi paso por la política” y “Guerra sin cuartel”, de Patricia Bullrich.
Todo indica que en este cumpleaños, Macri se regaló la confirmación de que no se va a jubilar de la política, como quieren algunos, ni se va a plantear volver al sillón de Rivadavia, como quieren otros.
La tarea es titánica y estratégica. Hay un gobierno absolutamente irresponsable, con cero credibilidad, y que se mueve en zigzag según ordene Cristina. Frente a esa triste realidad, el único camino para no caer en el abismo es que la oposición se organice en forma responsable. ¿Eso, qué significa?
Que haya un compromiso de unidad inquebrantable y que, se pongan como objetivo controlar en forma implacable las barbaridades que hacen los Fernández, denunciar con templanza los avances autoritarios y trabajar seriamente en una alternativa para en las elecciones de medio tiempo demuestre que está vivita, coleando y en pleno crecimiento.
Macri ya cumplió su cometido histórico y se puede dar por satisfecho. Colocó los cimientos para un movimiento republicano y popular que puede constituirse en una de las posibilidades de alternancia que consoliden la democracia y consolide la idea de que no solamente el peronismo puede gobernar.
Hay que tener en cuenta que en las elecciones del año pasado, perdió el club del helicóptero. Ganó la República. La democracia recuperó uno de sus pilares fundamentales: la alternancia. Los argentinos tenemos una vergüenza menos porque aprobamos una de nuestras principales asignaturas pendientes. El presidente Mauricio Macri entregó los atributos de mando en tiempo y forma, al presidente entrante Alberto Fernández.
El sector más chavista del cristinismo apostó desde un principio a convertir a Macri en Fernando de la Rúa. Hicieron todas las maldades posibles para que un huracán social se lo llevara puesto y Macri tuviera que huir de la Casa Rosada en helicóptero como lo hizo el ex presidente radical. No ocultaban sus intenciones golpistas. Hasta regalaban helicópteros de juguete en las marchas. El concepto lo sintetizó el diputado Fernando Iglesias. Llamó a estos mafiosos destituyentes, “El Club del helicóptero”. Esta vez, por suerte para todos los argentinos, no lograron su perverso objetivo. Esta vez ganó la República y la alternancia que es el ADN de toda democracia que se precie. Si no hay por lo menos dos partidos o coaliciones en condiciones de conducir los destinos de la patria, esa democracia minusválida, se transforma en unicato o en cristinato, como ya lo padecimos.
Este es el principal saldo favorable que dejó la administración de Cambiemos como herencia. El día de la concentración más grande en mucho tiempo realizada en el Obelisco se convirtió en una suerte de 17 de octubre republicano. Fue el momento del parto de algo nuevo. Banderazos plurales de amplio compromiso ciudadano. La sociedad civil en marcha.
Ese tsunami de ciudadanos argentinos, ocuparon las calles que solía ser propiedad exclusiva del peronismo. Llenaron la Plaza de Mayo, sin micros ni punteros, y llevaron al presidente Macri en andas. Esa parte del pueblo que tiene 10 millones y medio de votantes, se puso el presidente al hombro y dejó en el basurero de la historia la imagen de un jefe de estado escapando de la anarquía y la muerte por las calles. Esa imagen, de Macri sostenido por la gente, le extendió el certificado de defunción a ese concepto jurásico, nacional populista y profundamente autoritario, de que solo el peronismo puede.
Esta gran novedad política del Movimiento Republicano Popular, no tiene la conducción de Macri. Incluye a Macri que por supuesto, es una suerte de principal referente en su carácter de ex presidente. Pero no todos los republicanos populares que participan y salen a la calle contra los corruptos y los patoteros golpistas son del PRO. Por el contrario, se trata de una movida todavía en ciernes que incluye a radicales, seguidores de Elisa Carrió, peronistas republicanos de Pichetto y hasta de Luis Juez y a un inmenso sector de gente independiente que no se siente representada por ninguna de estas camisetas partidarias.
Y podría sumar, sin burocracias, a los independientes que militan con astucia, sobre todo en las redes, en “Campo más Ciudad”, “Banquemos” o en “Equipo Republicano”, entre otros.
La conclusión es que: “sin el antikirchnerismo, no se puede, pero con el antikirchnerismo no alcanza”.
Hay futuro si lo manejan con astucia y sin soberbias ni especulaciones personales. Esto recién empieza y la base es muy sólida. No significa que todo ya está hecho. Por el contrario, el movimiento republicano popular recién ha nacido. Todavía le falta aprender a caminar. Pero va por el buen camino.