Indulto encubierto al nada amado, Boudou – 2 de febrero 2021

“Es un indulto encubierto”, escribió el diputado Luis Petri. “La única actividad esencial de este gobierno es la búsqueda de impunidad”, remató el diputado Waldo Wolff. “La señal de la justicia es desoladora, es lo mismo que decir que los poderosos pueden hacer lo que se les dé la gana”, fue la conclusión del doctor Alejandro Fargosi, ex integrante del Consejo de la Magistratura. Coincido con todos estos análisis. Yo solamente le agregaría que se trató de un regalo del juez Daniel Obligado a Amado Boudou por orden de Cristina y que provoca nauseas, y vergüenza ajena. El magistrado militante, en su último día como juez suplente en ese tribunal, le bajó 10 meses la condena al ex vicepresidente porque hizo unos cursitos de morondanga mientras estuvo preso en el penal de Ezeiza, lugar del que nunca debió haber salido. A esa deserción de la justicia, Obligado, le llamó obligado “estímulo educativo”. Mil disculpas por hablar en criollo: “Estímulo educativo, las pelotas”.
Fue una burla a todos los argentinos honrados. Una mojada de oreja. Entre otros cursos, Boudou hizo uno de organizador de eventos. Y todos sabemos que fue un experto en ese tema, fue el jefe de una asociación ilícita dedicada a delinquir. Ya sabía todo de organizar esos eventos fuera de la ley.
Desde que Boudou fue condenado, los K estuvieron buscando alguna chicana, alguna trampa para gambetear a la justicia y encontraron esta escandalo inmoral por donde se lo mire. En algún momento estudiaron aplicar algún tipo de ley de protección de los derechos de los niños para justificar que Boudou debía atender a sus pequeños hijos. Una tragicomedia típica del cristinismo que niega la realidad e inventa relatos justificadores para todo.
Eugenio Zaffaroni, como íntimo amigo de Boudou llegó a pedir el indulto. “No hay motivos para que esté preso”, mintió descaradamente. Y aseguró que el indulto “es un acto político y de gobierno que existe en todas las constituciones del mundo”. Zaffaroni le hizo y le sigue haciendo, mucho daño a la justicia independiente, justa y verdadera. Es el autor intelectual y material del falso garantismo que apela a los recursos más insólitos y extremos para liberar detenidos de todo tipo.
Otro fanático negacionista, casi un ex escritor como Mempo Giardinelli, escribió un panfleto en un diario adicto asegurando que “es una absurda bestialidad jurídico-política que en un gobierno peronista haya presos políticos como la truchamente condenada Milagro Sala y como Amado Boudou a quién siguen acosando la mafia de tinta, papel y pantalla y su Corte chirolita”.
Boudou se cansó de cometer delitos, tiene millones que no puede justificar, no dejó estafa por hacer y para estos muchachos en un revolucionario y perseguido político. Medio millar de dirigentes mendocinos reaccionaron indignados con una solicitada diciendo que “no están acostumbrados a que se idolatre a delincuentes” y definieron a Boudou como un delincuente imputado, procesado, juzgado y condenado en todas las instancias judiciales”. Quince jueces y la mismísima Corte Suprema de Justicia pusieron su firma confirmando el castigo de 5 años y 10 meses de prisión por el intento de apropiarse de la fábrica de hacer billetes. Y todavía faltan causas en donde también, como en esta, hay muchas pruebas documentales, testimoniales y, hasta arrepentidos. Hablo por ejemplo de la coima de dos millones de dólares que pagó el gobierno de Gildo Insfran. El que la cobró, Alejandro Vandenbroele, confeso con pelos y señales como fue ese operativo repugnante que perjudicó a los más pobres de Formosa.
Una solicitada que quedará en la historia de la indignidad ética pidió por su libertad. Utilizaron la palabra “guerra” en cuatro ocasiones, en un “intento de crear un clima de odio e intolerancia en la población”. Acusan a otros de hacer lo que hicieron ellos desde un principio. Hablo de los soldados de Cristina y Máximo. Encima amenazaron al decir que la prisión para Boudou “pone en riesgo la convivencia”. Firmaron ex presidentes chavistas latinoamericanos, y los infaltables Hebe Bonafini, Jose Luis Gioja, Oscar Parrilli pero no Cristina y varios camporistas pero no Máximo. Víctor Hugo Morales firmó su complicidad con semejante malandra, al igual que esos ejemplos de transparencia como Pablo Moyano, Roberto Navarro y Leopoldo Moreau. No podían faltar carmelitas descalzas como Julio de Vido, el que nunca se guardó un vuelto, o Ricardo Jaime, el corrupto confeso o Carlos Heller y Gerardo Romano.
Todos pusieron las manos en el fuego por Amado Boudou. Todos quedaron atados a su suerte histórica.
Mientras tanto el aspirante a Che Guevara de cabotaje, formado con los Alsogaray pobre, vive en una mansión de cuatro pisos, parque, piscina con venecitas y baldosas atérmicas perimetrales, ascensor, cochera para tres autos, suite de 60 metros cuadrados, cascada en el living, jacuzzi, siete baños y quincho. Un palacio digno de un magnate. El matrimonio Boudou recibe del estado, es decir de todos nosotros, casi 600 mil pesos por mes en concepto de jubilación de privilegio él y de asesora en diputados, ella. Amado dio como domicilio un médano, le pirateó la mitad de un auto a su ex esposa y debe 455 mil pesos en multas y patentes de su Audi. Y ni hablar de su espectacular moto Harley Davidson.
Estamos frente a un verdadero ladrón de estado. Confirmado por unanimidad por la Corte Suprema.
Y estamos hablando de una Corte en la que hacía mucho que no votaban los 5 juntos la misma decisión. Casi no se ponen de acuerdo en nada. Pero en algo están absolutamente de acuerdo: en que Boudou es un corrupto.
Pero como si la unanimidad de la Corte no alcanzara, hubo en total 15 jueces que tuvieron en sus manos la causa y que resolvieron lo mismo. Cuatro instancias dijeron que Boudou era un delincuente. Es un record histórico. Es ínfima la cantidad de casos que llegan a la Corte y mucho menos si se trata de un ex vicepresidente de la Nación. Todos ratificaron la condena a 5 años y 10 meses de prisión con inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos. Y sin embargo, Boudou está en su elegante complejo de lofts en Barracas, con muy buena salud, disfrutando de la vida en familia con una tobillera electrónica.
¿Alguien que no puede ejercer cargos públicos de por vida, debe cobrar una pensión por su tarea en el estado pese a que utilizó ese lugar para robar? ¿Eso es justicia?. Ahora va a poder pedir salidas transitorias y nada indica que deje su lujoso domicilio para volver al calabozo.
Estamos hablando de un brutal cachetazo a la inmensa mayoría de los argentinos que son decentes, que trabajan con esfuerzo y que pagan fortunas de impuestos.
La complicidad de todo un gobierno es un ataque anti democrático a la justicia. Es una brutal presión sobre uno de los poderes del estado republicano. Por el lugar que ocupa, el más grave fue el de Santiago Cafiero. Es el jefe de gabinete y el alter ego del presidente Fernández con el que comparten la misma fragilidad gelatinosa, intelectual y política. Cafiero III dijo que le habían pisoteado los derechos a Boudou y que el proceso por el que fue recontra condenado “estaba plagado de irregularidades y arbitrariedades”. No lo dijo pero seguramente comparte la iniciativa que Boudou propuso por radio: “declarar la nulidad de todos los juicios del lawfare”. Se trata de una intolerable violación de la independencia de otro poder. Pregunta: ¿Quién decide que causas hay que anular? ¿Quién dice cuales causas son de Lawfare en el caso que existiera ese invento de Cristina y el Papa? ¿Proponen que los propios acusados y condenados sean lo que dinamiten los expedientes y hagan borrón y cuenta nueva? ¿Solo porque ellos lo dicen? Se convertirían en delincuentes y jueces de sí mismos. Eso solo ocurre en las dictaduras como la chavista o en las viejas monarquías. Por ese camino se llevan puesto el sistema democrático.
Otra consulta. Cafiero y Boudou, ¿conocen que opinaba el presidente Fernández de todo esto antes del pacto tácito y espurio que firmó con Cristina? Conviene recordarlo como otro símbolo de la implosión de la ética que padeció Alberto. En su columna del diario “La Nación” del 30 de mayo de 2014, titulada “Game Over”, hay un respaldo absoluto a la justicia y una crítica severa a Boudou que recién había sido llamado a indagatoria. El actual presidente escribió que “Todas las excusas dadas por él hasta aquí se han ido desvaneciendo con la misma velocidad con la que el agua se escapa entre los dedos. Boudou ya no tiene coartadas. Los argentinos saben cuánto ha mentido en su alocada carrera por escapar de los hechos que se le atribuyen”.
En otro párrafo que tiene una impresionante actualidad, Alberto dice: “Fue sorprendente escuchar las voces del oficialismo que avalaron sus dichos y lo exculparon del hecho que se le atribuye. Tan fuerte fue la defensa organizada desde el poder, que hasta una ley de la Nación, impulsada por la mismísima presidenta, acabó por expropiar la empresa Ciccone para hacer más compleja la investigación de la maniobra… Tratando de preservarlo, Cristina no dudó en involucrar al parlamento argentino en el más grave encubrimiento que se recuerda: la expropiación de Ciccone”.
Este texto es demoledor. Parece escrito esta mañana y sin embargo fue redactado hace apenas 6 años por el actual presidente.
Hoy no los une el amor, pero todos salen a respaldar a Boudou por el espanto que le produce la posibilidad de que Cristina tenga el mismo destino de cárcel.
Se trata de un anticipo del nuevo orden chavista y cleptocrático que quieren instaurar.
Yo no quiero venganza ni persecución para nadie. Pero quiero que los ladrones de estado paguen con la cárcel por lo que hicieron. No hay país posible con impunidad para todos y todas.

La ética inmensa de María Elena – 1 de febrero 2021

Hace apenas 20 días, pusimos de luto a nuestras neuronas porque se cumplió una década de ausencia de María Elena Walsh. Fue una mujer imprescindible. Una de las artistas más grandes que dio esta tierra, prócer de la cultura. Todavía extrañamos su inmensidad ética y cultural. Su aporte permanente a la lucha por la paz y la libertad. Hoy hubiera cumplido años. Fue un glorioso primero de febrero cuando María Elena entró a la vida en Villa Sarmiento, un pueblo asentado en las tierras de la familia Ramos Mejía.
Me propongo hacerle un humilde homenaje cada vez que pueda y no olvidarla jamás. María Elena es un ejemplo luminoso que todos podemos seguir si queremos ir por el buen camino de la creatividad y la cultura pero cargada de transparencia y honestidad intelectual.
Todos los días, pienso que la necesitamos más que nunca. Era y debe seguir siendo un faro de los valores con los que tenemos que construir la Argentina que soñamos para nuestros hijos. Eso se pudo ver en la muestra retrospectiva dedicada a ella. Estuvo montada bajo la supervisión y colaboración de quien fuera su pareja durante más de 30 años, la extraordinaria fotógrafa, Sara Facio. Ella tiene 88 años y es la directora de la Fundación María Elena Walsh que se dedica a ayudar a los jóvenes talentos de la cultura. Sara tiene los derechos literarios de María Elena. Y dice que como no le interesan los autos ni las alhajas, dedica todo ese dinero en hacer las cosas que María Elena hubiera hecho en vida.
Eso se llama dignidad. Coherencia. Y honradez a prueba de bala.
Nos vamos a dar un gusto maravilloso y hablar de la magia de María Elena Walsh que a los 17 años publicó su primer libro de poemas llamado: “Otoño imperdonable”. Juan Ramón Jiménez, el genial español autor de “Platero y yo”, estaba en la Argentina y su comentario de ese texto fue consagratorio: “estoy maravillado de su expresión, de su naturalidad en lo sencillo y en lo difícil”.
Señora oyente, le ofrezco una gran posibilidad de respirar aire puro. Y salir aunque sea por un rato de ese túnel miserable de los que le roban al pueblo y que encima el reducen las penas como al no tan amado Boudou.
Hablar de María Elena, es hablar de su espíritu, sus ojos azules, su combate contra todo tipo de solemnidades y almidones, su lucha a favor de todas las libertades como buena defensora de los derechos de la mujer de la primera hora. En 1973, en su “Carta para una compatriota” definió al Movimiento de Liberación Femenino como “una ideología revolucionaria, no exprimida de libracos apolillados, sino del cotidiano martirio de la mitad de la humanidad”. Vanguardia de pensamiento en 1973, cuando los izquierdos, no hablaban de estos derechos.
Hoy podemos saborear todos los platos exquisitos que supo cocinar María Elena. Nada de los humano le era ajeno. Por eso apeló a todos sus instrumentos: la poesía, la canción, las columnas de opinión, los cuentos, el teatro, la sátira, la literatura infantil, sus denuncias a los autoritarismos, el music hall.
Dicen que cuando María Elena murió, se elevó al cielo como una bandera de libertad. Por eso, si me permiten, me gustaría decirles que yo no creo demasiado en su muerte. Ni en la de María Elena ni en la muerte de la libertad. La historia demuestra que son llamas que arden para que la vida sea vida. Y que no se apagan jamás.
Yo le creo más a ella cuando dice que tantas veces la mataron, que tantas veces se murió y sin embargo está aquí resucitando. En eso creo. En que ella volverá y será millones de benditas mujeres de esta tierra que nos seguirán ayudando a ser felices y a pensar. No tengo dudas de que María Elena sigue estando al lado nuestro cada vez que la necesitamos para que navegue por nuestra conciencia y nos ayude a ver lo mejor y lo peor de nosotros. Ese fue, es y será siempre el gigantesco aporte inagotable de María Elena. A su talento para bordar letras y melodías o para darle a las palabras alas y colores como decía José Martí, le agregó esa capacidad para decir las cosas de frente, sin pelos en la lengua, con la polémica y el coraje en el bolsillo.
Por eso revolucionó el lenguaje. Porque fue la primera en no tratar a los chicos como si fueran tontos. Fue la primera en sacarle ese protocolo severo a las canciones, en hablar jugando, en cantar divertido, en crecer con sonrisas. Por eso Manuelita con su nueva estética y su vieja ética quedó grabada a fuego en el corazón de las multitudes. Un día María Elena se marchó, igual que Manuelita. Tuvo dos viajes que la refundaron. Fue a Estados Unidos invitada por Juan Ramón Jiménez. Y a Europa de la mano de Leda Valladares para huir de un peronismo que le sonaba autoritario y para armar un dúo inolvidable de vidalas, de bagualas y de vinchas. En París se enriqueció “lícitamente”. Su sensibilidad y su espíritu se multiplicaron interactuando con George Brassens, Jaques Brel, Charles Aznavour, Ives Montand, Pablo Neruda y la mismísima Violeta Parra. Fue su propia serenata para la tierra de uno, una de las canciones más hermosas que se han escrito sobre estas tierras y sobre estas pasiones inmigrantes y criollas que en ella se mezclan. ¿Se acuerda? ¿Me permite?
“Porque me duele si me quedo/Pero me muero si me voy/Por todo y a pesar de todo, mi amor/ Yo quiero vivir en vos.
¿Me deja seguir?
“Por tu decencia de Vidala/ Y por tu escándalo de sol/Por tu verano de jazmines, mi amor/ Yo quiero vivir en vos…
¿Qué maravilla, no? Por el idioma de infancia, por tus antiguas rebeldías.
Casi nadie modeló la ternura y la ironía para hacerla belleza como ella. Siente lo que pasa, presiente lo que pasará. Mucho antes de que los dictadores argentinos inventaran la desaparición forzada de personas escribió: “Tantas veces me borraron, tantas desaparecí, a mi propio entierro fui/Sola y llorando/Cantando al sol como la cigarra/ después de un año bajo la tierra/ igual que sobreviviente que viene de la guerra.
Descubrió el ADN de nuestro país cuando habló del Reino del revés. Nadie baila con los pies. Un ladrón es vigilante y otro es juez. Justo hoy que el cristinato reinante acaba de poner nuevamente en la Cámara Federal al juez Eduardo Farah. Un ladrón es vigilante y el otro es juez escribió María Elena del talento. Esa editorial cantada por todos la escribió hace casi 60 años y parece que fuera hoy.
Si hasta los trabajadores del INDEC, aprovecharon su melodía en su momento para quejarse cuando Guillermo Moreno los intervino porque dos más dos empezaron a ser tres.
Un día sacudió a la temible y blindada dictadura militar desde un diario con un texto que pasó a la historia. ”Desventuras en el país jardín de infantes”, se llamaba. Y fue un golpe cultural demoledor al golpe militar. Y vino la democracia y vino Alfonsín que le ofreció un lugar en la política y otro en la tele junto a María Herminia Avellaneda. Y vino el peor de los dramas de 6 letras pero innombrable. Y ella le puso el cuerpo y las agallas para agarrar al cáncer a cachetadas y a los gritos. Lo maltrató, lo expulsó de su cuerpo, lo mantuvo a raya, fuera de sus límites. Vade retro satanás. Y se puso de pié nuevamente, como La Cigarra. Y todos los argentinos dimos gracias a la desgracia y a la mano con puñal porque la mató tan mal y siguió cantando.
María Elena nos hizo mejores a todos. Nos hizo más felices y pensantes. Nos hizo más chicos y más grandes. Nos hizo más alegres y llorones. María Elena de la palabra, María Elena de la conciencia, María Elena de la decencia. Una vida militando en la imaginación no es poco. Una vida militando en la libertad lo dice todo. María Elena, nos hizo más y mejores argentinos, si eso es posible. Por eso está en el cielo de la argentinidad: con Borges, Gardel, Atahualpa Yupanqui y Piazzola.
Hay que recoger su nombre y llevarlo a la victoria.
Para que los textos mágicos de María Elena se repartan como pan caliente por las calles. Y tal vez así, algún día dejaremos de ser un país jardín de infantes lleno de corruptos y golpistas. Para que nuestros hijos no sueñen con marcharse de la Argentina, como le ocurrió a la pobre Manuelita que vivía en Pehuajó.

El nacimiento del Polaco – 29 de enero 2021

Sus restos están enterrados en el cementerio de la Chacarita. Una neumonía criminal, finalmente lo llevó a la tumba. Pero el Polaco Goyeneche vive en el corazón de su pueblo. Un día como hoy de hace 95 años, nació uno de los íconos de la porteñidad. Debo confesar que Buenos Aires ya no es la misma. Que el corazón de Saavedra late más lento, como arrastrando su sangre olvidada.
Hace 27 años que se nos esfumó en plena madrugada gris pero lo seguimos extrañando. Cada tanto se nos aparece con todo su talento y nos explota una nostalgia de 2×4.
Si algún pibe que no lo conoció ni escuchó hablar de su leyenda le digo que puede darse una vuelta por el bar “La Sirena” de la ex Avenida del Tejar y Nuñez. No se sorprenda si ve un cigarrillo apoyado en el cenicero de lata de Cinzano… entristeciendo la ventana con el humo. No se sorprenda si hay un café listo, un aroma de amistad y no hay nadie sentado en la silla. Es el fantasma del Polaco que vuelve a sus pagos. Es el fantasma del Polaco que de vez en cuando aparece en el espejo de algún colectivo que supo manejar para ganarse la vida pese a que ya cantaba en la orquesta del maestro Horacio Salgán.
Goyenche fue taxista y mecánico de barrio. Muchos no saben que el Polaco fue colectivero de la línea 19. Que tal vez por eso fue el cantor nacional con más empedrado y asfalto. Goyeneche, que en milongas descanse, siempre recordaba con afecto su mundo de 20 asientos, el que le arruinaba los riñones, pero que fue su curso de ingreso a la universidad de la calle. Por eso el mejor de los homenajes es que una calle de su barrio de Saavedra, lleva su nombre igual que la tribuna popular de ese estadio donde tantas veces se quedó sin voz por alentar a Platense. El destino quiso que pasado mañana, en Rosario, Platense tenga la gran posibilidad de volver a la Primera A después de 22 años. Sería el mejor de los regalos para el cantor de tangos y de goles.
Ese fantasma del Polaco se aparece generalmente los sábados porque es el día de la noche, del tango compadrito y engominado.
Nunca falta gente soñadora que lo saluda con un movimiento de cabeza en el club social y deportivo “Federal Argentino” donde a los 15 años ganó un concurso de voces nuevas y como premio fue contratado para cantar en la orquesta de Raúl Kaplun.
Algún domingo suele merodear los viejos micrófonos del club social y deportivo “El Tábano” o los gritos de gol marrones y desesperados de calamar y de Platense.
Hay quien dice que se lo puede escuchar muy a los lejos en Villa Urquiza, en una vieja parada del tranvía 35 donde su viejo lo esperaba cuando volvía del cabaret, con el sol castigando las miradas. Ese mundo de tanguerías, de piso de parquet, piringundines almodovarianos con bronces por todos lados y de mujeres coperas y alternadoras habían sido sus divisiones inferiores. Desde muy chico se movía entre las mesas y los escenarios como un sabio veterano.
La estampa del Polaco está en todos lados. Como un Dios pagano. En
Radio Belgrano y los viejos micrófonos de los afiches de Evita, Caño 14, la catedral del corte y la quebrada, los clubes de barrio, la tele y en los discos long play. Pero sobre todo en esos boliches prohibidos, esos supermercados del vicio y el placer que nunca dejaron vivir ni morir en paz a su madre lavandera que nunca lo llamó Polaco.
El primero que le dijo Polaco fue otro mito de la fundación de Buenos Aires. Otro que siempre está volviendo, el de las manos como patios: Aníbal Troilo, Pichuco. Lo escuchó una noche, no lo esperaba. Lo llamó y le dijo: “pibe, usted así tan rubio parece un polaco” y le quedó para siempre ese apodo y de nada sirvió tanto vasco antepasado llamado Goyeneche ni que haya nacido en Entre Ríos.
Goyeneche no se privó de cantar con Astor Piazzolla y la rompió, dejó la pelota chiquita y se fue ovacionado. Pero con Pichuco, el Polaco construyó una amistad inmensa y una pareja de leyenda. Goyeneche y su personalidad para decir los tangos siempre me puso la piel de gallina. Siento una emoción canyengue, de chata cadenera del barrio de La Boca, pocas cosas tan urbanas como su voz y sus murmullos.
Por eso Buenos Aires no es la misma sin su cara angulosa, sin su bigotito anchoa, es como tener un prócer menos. Nos falta su voz de barítono de mediana tesitura, su buen oído, su susurro de fango, sus amagues futboleros, sus fileteados verbales, su bandoneón en la garganta.
¿Sabe qué consejo le daba siempre Pichuco? Le decía: ”Pibe… hay que contarle al público, no cantarle. De cantar se encarga la orquesta.”
Y si me permiten señores oyentes, le robo un párrafo a Fernán Silva Valdes para tratar de definir mejor lo que era el tango interpretado por el Polaco: “El tango es una música rara/ que se acompaña con el cuerpo y con los labios y con los dientes/ como si se mascara”.
Y le robo otro a Homero Expósito, ¿Me permite?. “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento”.
Así era el Polaco, por eso fue el más rockero de los tangueros, el más zarpado, el menos dogmático, el que tenía los poros más abiertos para enriquecerse con otros vientos.
Era llorón, sensiblero, calentón, a veces se encerraba en su humilde casita de la calle Melián a hundirse en las nostalgias. Su primer contacto con el tango fue a través de las letras que publicaba aquella revista emblemática llamada “El Alma que canta”. Y fue casi como un toque premonitorio porque el Polaco Goyeneche hoy podríamos definirlo como “El alma que canta”.
Extrañamos tanto su fraseo único, ese paladear el tango desde cada palabra con puntos y coma, gota a gota, tango a tango.
Extrañamos su carraspeo, sus silencios abismales, su escenario, su estaño, su última curda y su garganta con arena como le dijo Cacho Castaña, tal vez su heredero, que se fue de gira a acompañarlo en el cielo de Buenos Aires. Juntos, ahora podrán actuar de “cantor de un tango insolente, hiciste que a la gente le duela tu dolor”. Ahí estarán Troilo que le dejará un verso debajo de su almohada para que entone ese tanto que lo emociona, diciendo punto y coma, que nadie le cantó”. Y habrá “duendes y fantasmas” que respiran con el asma de un viejo bandoneón”.
En el frente del Parque Sarmiento hay una estatua suya de tamaño real aunque nunca podremos tomar dimensión de su verdadero tamaño. Allí está el Polaco, que también es un bronce que canta, mirando al sur, como corresponde.
Nos duele el dolor del Polaco y de su ausencia. Si nos paramos a mirar la vida debajo de una luz de almacén, seguro que nos invade un perfume de yuyos y de alfalfa que nos hace extrañar más su misterio sureño y desafiante.
Y a veces, la angustia nos invade porque solo nos queda su nombre flotando en el adiós. Arena y garganta con arena, que la vida se llevó…