Médicos, los personajes positivos del año – 31 de diciembre 2020

Hace poco, en su día, hablé de ellos. De los médicos. Ellos han sido en el balance los personajes positivos de un año muy negativo.
Esta columna está dedicada a nuestros compañeros de radio, los doctores Daniel López Rosetti y Alberto Cormillot. Pero también, a todos los referentes de la excelencia científica en ese arte de curar como los doctores Pedro Ferraina, Luis Caro, Oscar Mendiz, Jorge Lantos, Fernán Quirós, Fernando Scazzuso, Alberto Crescenti y Jorge Carrascosa, entre otros.
No es la primera vez que en esta pandemia le hablo de los médicos y seguramente no va a ser la última. Hace unos días le comenté que hay que encarar la jerarquización económica y profesional de estos compatriotas a los que tanto les debemos. No quiero caer en patrioterismo barato ni en un clima malvinero. Pero la épica y la mística les va ayudar a darle más energía a los que luchan por nosotros. Después podremos cantar el himno nacional juntos y gritar cuando llegue la parte que dice “Al gran pueblo argentino salud”. Hace unas semanas, hablamos con el doctor Luis Landry, el jefe de la terapia intensiva del hospital pediátrico Garraham. Y nos reveló las dos caras de la moneda. Aunque siguen sin ser reconocidos como se debe, en plena pandemia, hicieron 63 trasplantes y 3600 cirugías de alta complejidad.
Son héroes esenciales a los que tenemos que homenajear siempre.
Por ejemplo al doctor Alberto Crescenti.
Tiene 67 años de los cuales, 40 son de médico y lleva 21 al frente del SAME que seguramente debe ser el organismo estatal más eficiente de la Argentina. Todo el mundo conoce y vio en acción a las ambulancias del SAME, las siglas del “Sistema de Atención Médica de Emergencia”. Están en operaciones las 24 horas, como siempre, pero ahora son una especie de avanzada, de infantería. Son los primeros que llegan. Estuvieron entregando todo en las peores calamidades que tuvimos que sufrir. Sacando heridos de los escombros en los atentados a la embajada de Israel y la AMIA; jóvenes quemados en Cromagnon, asfixiados y fracturados en el siniestro de Estación Once y bomberos heridos de gravedad en Iron Mountain. No tienen horarios. Crescenti no es un general de escritorio. Siempre está en el terreno y va al frente de su equipo. Por eso tienen tanta mística. Por eso soportan tanto dolor de ver tanta gente muerta. Y ahora están a full. Muchos, ni siquiera vuelven a sus hogares para no contagiar a su familia. Crescenti es el capitán de un equipo de médicos, enfermeros, radio operadores, choferes. Hace mucho que vienen sumando los últimos avances en emergencias. Y eso se nota ahora con la pandemia. Tienen 25 ambulancias y ya compraron 6 más con pintura nano tecnológica y luz ultravioleta que les permite desinfectar el habitáculo en 15 minutos y estar separados del chofer. Cuentan con el escuadrón aéreo, dos helicópteros que aterrizan en cualquier lado para salvar vidas. Crescenti en situaciones como estas, no puede ni dormir. A toda hora le suena el celular y el alerta rojo. Pero cuando alguien llama al 107, todo se pone en marcha como un mecanismo de relojería. Nada puede fallar. Crescenti, mirando lo que pasó y sigue pasando en países desarrollados, tiene una pesadilla que no quiere que se haga realidad: que un día tenga que tomar la cruel decisión de elegir a quien lleva al respirador y a quien lleva a la morgue. Están siempre de guardia en la vigilancia epidemiológica. Trasladar, asistir, revisar, comprobar la gravedad, son todas tareas ineludibles. La emergencia es cuando alguien llama con extremas dificultades respiratorias. Ese es un síntoma clave del Coronavirus. “Me ahogo, no puedo respirar”, dice la gente desesperada. Y allí parte la brigada de Crescenti. Para tomar la fiebre y hacer un hisopado. Para evitar que el coronavirus se confunda con una neumonía o una bronquitis severa. Reciben 6 mil llamados por día. ¿Escuchó? Seis mil llamados por día. Viven a tres metros del suelo. Pero es una vocación profunda y valiente, Como la del bombero o el policía. Crescenti perdió a su padre cuando tenía apenas 10 años y desde entonces se mira en el espejo de Favaloro, como si fuera un padre adoptivo, un ejemplo.
Creo que Favaloro e Hipócrates estarían muy orgullosos de Crescenti, de los médicos argentinos que vinieron de Europa para ayudar, del que llega a su casa y no puede abrazar a su hijo, de la enfermera de la Plata y la directora del hospital de Chaco y de todos los exponen su vida para salvar la nuestra. Se considera a Hipócrates como el médico más grande de toda la historia. Su juramento fue cambiando de palabras con el tiempo. Pero alguno de sus viejos párrafos sigue teniendo una vigencia ética conmovedora. Uno dice así:
Respetaré a mi maestro de medicina tanto como a los autores de mis días, compartiré con él mis bienes y, si es preciso, atenderé a sus necesidades; consideraré a sus hijos como hermanos y, si desean aprender la medicina, se las enseñaré gratis y sin compromiso”.
O este: “Dirigiré el régimen de los enfermos en provecho de ellos, según mis fuerzas y mi juicio, y me abstendré de todo mal y de toda injusticia. Pasaré mi vida y ejercitaré mi arte en la inocencia y la pureza”. Si cumplo este juramento sin infringirlo, seré honrado siempre por los hombres; si lo violo y soy perjuro, que mi suerte sea la contraria”.
Es ese el juramento que respeta el respetable doctor Alberto Crescenti…
Le confieso que cada día que pasa siento más admiración por lo médicos y por todos los trabajadores de la salud. Hay un video que me conmovió hasta las lágrimas. No sé si lo vieron. Un médico regresa a su casa. Se lo ve agotado, después de una jornada interminable y estresante. Llega con su guardapolvo celeste y su hijito de 4 o 5 años va a buscarlo corriendo con los brazos abiertos para abrazarlo. “No, no”, le grita el médico para evitar que su hijo lo abrace. El nene se queda paralizado del susto. No entiende nada. Se congela su alegría por la llegada del padre al que seguramente ve muy poco. El padre se pone en cuclillas y se larga a llorar. Es desgarrador. Después de dar una batalla desigual y descomunal, ese doctor no puede tener ni siquiera el bálsamo de un abrazo y un beso de su hijito.
En esos días con tantos homenajes merecidos a Diego Maradona, pensé en el talento científico de René Gerónimo Favaloro. No quiero hacer comparaciones porque son odiosas, pero le confieso que varias veces me pregunté si Favaloro tenía el suficiente reconocimiento de esta bendita Argentina. ¿Hay un monumento a Favaloro? El de Jacinto Arauz es el único. Esa tierra del interior profundo de La Pampa, fue regada con sus conocimientos durante 12 años. De hecho, en una de las cartas que dejó Favaloro, pidió que sus cenizas se esparcieran allí y prohibió expresamente todo tipo de ceremonias civiles o religiosas. En Morón hay un pequeño busto.
¿Alguna avenida o plaza lleva su nombre? En La Plata está el memorial y el paseo. En Parque Patricios, hay una calle Favaloro. En Vicente López, un boulevard cortito. En Mar del Plata hay una pequeña plaza cerca del cementerio. Y eso es casi todo. Es cierto que también un hospital en Rafael Castillo, La Matanza, se llama René Favaloro. Seguramente Favaloro no estaría preocupado por tener más placas y monumentos. Claramente nunca trabajó para el bronce. Siempre trabajó para el prójimo.
Pero me pregunto si valoramos como se debe a un hombre de semejante estatura intelectual y humana. A la hora de construir un equipo de trabajo, una familia o un país, yo me quedo como figura inspiradora con Favaloro. Es uno de los mejores referentes en donde debería mirarse una Nación que quiere innovación, progreso e igualdad.
Favaloro también nació en un barrio humilde como “El Mondongo” Llegó a la cumbre y a la gloria y hoy está en el paraíso de los próceres y los héroes sociales de la Argentina.
Está en nosotros elegir cuál país queremos construir para nuestros hijos.
Favaloro estudió con devoción la vida de San Martín y cruzó los Andes de la ciencia. Hoy más que nunca los argentinos nos debemos hacer estas preguntas y reflexionar.
Hoy que estamos asistiendo tristes y preocupados al país de la desmesura y el fanatismo que viola todas las leyes y las normas de convivencia.
El doctor René Gerónimo Favaloro fue uno de los argentinos más grandes de todos los tiempos. Hoy está en el cielo de lo mejor de la argentinidad. La técnica del bypass, su obra cumbre, está considerada como uno de las 400 más extraordinarias creaciones que cambiaron la historia. Casi no hay ejemplos similares en América Latina.
Favaloro es un padre nuestro que está en los cielos. El doctor de los doctores. Hoy lo extrañamos como nunca. Necesitamos de su molde. Para que nazcan argentinos de esa madera y con ese corazón. Militantes de la cultura del esfuerzo, y la excelencia. Plantados sobre nuestra tierra. Con la ética, el mérito y la honradez como bandera.
Nosotros tenemos la obligación moral de recordarlo todos los días, no solo en el día del médico o a fin de año. Tal vez nos ayude a salir de este túnel de angustia que nos producen todas las pandemias: la del coronavirus, la de la catástrofe economía y la de la impunidad para los corruptos que el tanto despreciaba.
Tal vez Favaloro nos ayude. Como nos ayuda Alberto Crescenti y todos los médicos. Felicidades para todos los médicos y para todos los argentinos. Brindo por un país con más justicia y libertad y con más igualdad de oportunidades. Un país de todos que solo deje afuera a los mafiosos, los corruptos y los golpistas. Brindo por eso.

Cristina, el personaje negativo del año – 30 de diciembre 2020

Mañana, en el último día, le vamos a rendir un humilde homenaje a los grandes personajes positivos del año. Serán los médicos, por supuesto. Esenciales en todo el sentido de la palabra. Pero el balance de estas épocas también incluye a los personajes más negativos. No hay dudas que ese lugar se lo ganó por mérito propio Cristina, la jefa del jefe del estado. Y muy cerca en el rating de daños causados está su hijo Máximo. Es la dinastía Kirchner que le hizo mucho daño a la democracia republicana de este país y que es la que más daño puede seguir haciendo.
Solo en las últimas horas, podemos registrar a Cristina gobernando el país con órdenes para que el presidente expulse del gabinete a los ministros ineficientes y cobardes. Ella quiere colocar soldados de su tropa en lugar de los tibios albertistas. Por eso en la Casa Rosada le dicen “Maléfica”. Pero lo dicen en voz baja y en off the record. Nadie se atrevería de comentarlo públicamente porque le tienen pánico a la reina. Ella opera con angurria para que Alberto sea apenas un puente de transición para que su hijo Máximo sea el próximo presidente de la Nación. ¿Cometeremos esa torpeza los argentinos de elegir a semejante personajes que en su vida manejó un kiosco y que su único mérito radica en su apellido? Veremos.
Está comprobado que los Kirchner van por todo y para siempre. La voracidad por el poder y por el dinero es infinita. Enfermiza. Máximo ya le quiere birlar la presidencia del Partido Justicialista de Buenos Aires a los intendentes que apenas aguantaron un round y ya empiezan a aflojar. Alberto salió a respaldar a Máximo. ¿Tenía otro remedio? Máximo estuvo muy agresivo ayer a la madrugada y desnudó su profunda concepción chavista del poder. En un momento mostró unas balas de goma para acusar al macrismo de represor y por lo tanto se puso del lado de los energúmenos que tiraron 14 toneladas de piedra contra el Congreso de la Nación. Aquella oposición a la fórmula jubilatoria fue violenta y golpista. La oposición a esta fórmula que aprobaron escondidos y que es mucho más perjudicial para los jubilados, fue racional y pacífica. Solo tiraron con adjetivos y a lo sumo, con alguna ironía. Sin embargo Máximo se auto percibe revolucionario y resistente contra el poder. Y dice que la oposición política es el verdadero poder y no ellos que ganaron las elecciones y tienen casi la suma del poder público. Es insólito. Fanatismo nacional populista. Es que asocian a Juntos por el Cambio a lo que ellos llaman el establishment y las corporaciones que junto a los medios y los jueces son el verdadero poder en la Argentina. Como dice un amigo, estos muchachos no vinieron a combatir a la oligarquía, vinieron a reemplazarla. Ellos son la verdadera oligarquía sindical y partidaria. Todos son y viven como millonarios y no han producido nada. Vivieron siempre del estado y del choreo.
Y hablando de millonarios, la jefa de la banda, Cristina sigue embolsando y reclamando más y más dinero del pueblo. No le alcanza con todo lo que se robaron y con la fortuna que los Kirchner, su familia, sus ministros y hasta sus secretarios privados le robaron al pueblo. Simulan que vinieron a redistribuir la riqueza y la distribuyeron entre ellos. Y se convirtieron en una fábrica atroz de pobres que dependen de las limosnas del estado. Pobrismo al palo. Clientelismo feroz. Cero justicia social.
Cristina acaba de lograr que un juez amigo y suplente le ordene al Anses que le paguen dos pensiones de privilegios mal llamada honoríficas. ¿Qué honor puede tener una presidente que es la más procesada y corrupta de la historia democrática? Lo cierto es que a partir de ahora, la reina cobrará más de un millón de pesos por mes. El estado, que somos todos, le va a pagar su sueldo de vice, sumado a más 800 mil pesos de su “asignación mensual vitalicia” y la de Néstor Kirchner. Ella le hizo juicio al estado y logró que además le paguen el retroactivo, con intereses y con un plus del 40% de su haber por “desarraigo austral”. Eso es para los que viven en la Patagonia. Como se sabe, Cristina fue senadora por la provincia de Buenos Aires y vive en el barrio más elegante y caro de la Ciudad. Su departamento en Recoleta está a 30 cuadras del Congreso y ella cobrará por desarraigo austral. No tienen vergüenza, no tienen estómago. No les importa nada más que su impunidad, la venganza, el poder absoluto y las montañas de dólares.
Por eso digo que Cristina es el personaje más negativo de este año tan negativo.
Hace 8 meses, los militontos K me convirtieron en Trending Topic. Me insultaron en las redes porque en mis intervenciones nombro demasiado a Cristina Elisabet Fernández de Kirchner. El gobierno de los Fernández, fracasa exitosamente en todos los planos y no sabe cómo evitar las peleas que hay en la cima del poder de esta tercera presidencia de Cristina. Sin embargo sus fanáticos, en lugar de estar preocupados y ocupados en encontrar las soluciones a semejante desastre, se distraen con presuntas burlas a los periodistas independientes.
La manada obsecuente y verticalista empujó para el mismo lado y logró, una vez más, convertirme en Trending Topic. Eso significa que mi nombre y apellido, en un momento, apareció primero en la tabla de posiciones de los temas que más se estaban hablando en Twitter. Fue un tiro por la culata que le salió a los cristinistas más agresivos. Le aclaro que ya estoy acostumbrado a que los grupos de tareas K en las redes, me insulten de arriba abajo y mientan descaradamente sobre mi vida y mi trabajo. Tengo el cuero duro y lo tomo como parte de mi oficio. Me molesta que sean cobardes y anónimos, pero nada más. Yo doy la cara, estampo mi firma, y en cada opinión, pongo en juego los niveles de audiencia, mi relación con los dueños de los medios donde trabajo y, fundamentalmente, mi credibilidad. ¿Se entiende? Me recontra banco todas las críticas pero las únicas que valen son las que tienen nombre y apellido. Las que tienen el coraje de no ocultarse detrás de una capucha cibernética. Pero insisto, ya estoy acostumbrado a las injurias permanentes.
La brigada tuitera de Cristina salió a castigar duramente pero, muchos de los miles de oyentes o televidentes que me quieren y apoyan la manera en que ejerzo mi oficio, salieron a contestarles y a defenderme. Eso hizo que me convirtiera en Trendig Topic.
Fue tanta la gente que me defendió que me siento obligado a hacer algunas reflexiones al respecto.
Soy uno de los más duros críticos de Cristina. Me enorgullezco de eso y de que les moleste a los defensores del nacional populismo corrupto. Me siento orgulloso de lo que me acusan. Es verdad que aunque haya pandemia, yo no aflojo mis críticas a Cristina. Es verdad que mantengo esa coherencia y esa línea sin que me importe quien gobierne. No quiero hacer autobombo, pero analizar con crudeza y sin eufemismos la gravedad de las acciones de Cristina cuando está en el llano, es fácil. Lo complicado es hacerlo mientras ella está en el poder. Lo hice durante sus dos presidencias y lo hago ahora que es vice presidenta. Por supuesto que eso tiene costos de todo tipo para mí. Pero siento que esa es la manera más auténtica de jerarquizar este oficio que tanto amo. Los periodistas debemos ser abogados del hombre común y fiscales del poder. De todos los poderes. Del político y el económico.
Por supuesto que no me fijo quien está en el gobierno para hacer mis comentarios, aun los más duros. Sería un oportunista o un especulador o un pecho frío si bajara el tono porque Cristina está en el poder. Ya hay demasiados periodistas y medios que por convicción o por dinero le chupan las medias a Cristina o miran para otro lado y se hacen los boludos. Yo puedo estar equivocado, pero mantengo mi pensamiento y mis valores. No me doy vuelta. No soy una veleta ni un panqueque. Si no les gusta lo que digo no me escuchen o no me vean. Pero es ridículo que me critiquen por ser coherente.
¿Y sabe porque editorializo en forma permanente y con una valoración tan negativa a Cristina? Lo dije varias veces y lo voy a seguir diciendo en el futuro.
El análisis político que hago es que Cristina, es la persona que más daño le causó a la Argentina y la que más daño le sigue causando. Y como si esto fuera poco, no es una dirigente marginal. Todo lo contrario, tiene un caudal electoral con un piso del 25% de los votos y una tropa muy organizada entre los jóvenes de La Cámpora, los actores militantes y los servicios de inteligencia que fueron sembrados de espías dedicados a armar operaciones en contra de los periodistas independientes y de los dirigentes opositores.
Por eso me dedico tanto a Cristina. Porque estoy convencido que la Argentina va a poder salir adelante y tener más justicia y más libertad cuando la ex presidenta sea reducida a una expresión partidaria minoritaria y testimonial. Pero hoy Cristina es muy poderosa. Alberto es formalmente el primer mandatario pero ella es su jefa, ella es la que manda.
Fue la jefa de la asociación ilícita que saqueó al estado y multiplicó la semilla de la grieta que había sembrado su marido Néstor Kirchner. Les voy a dar una primicia a los amanuenses de Cristina: yo no soy el que más la critica. El más feroz y recurrente fue un tal Alberto Fernández, no sé si lo ubican. Trabaja aunque a veces no ejerce, de presidente. Él le dijo de todo a Cristina. Agresiones y faltas de respeto que yo jamás me atrevería a decir. Por ejemplo, le dijo delirante, deplorable y sicópata. Mis críticas son producto del análisis político y no creo que en la Argentina se haya instaurado el delito de opinión. Por lo menos por ahora. Mientras tanto seguiré diciendo lo que siento y lo que pienso sin ningún tipo de auto censura. No me dejo intimidar. No me arrodillo ante nadie y no me interesó jamás hacer arrodillar a nadie.
Creo firmemente, como dijo San Martín, que el grito de una sola persona se escucha más que el silencio de miles y que a todo puede renunciar el hombre sin dejar de ser hombre, a todo puede renunciar, menos a la libertad.

Nervios por los papeles de la vacuna – 29 de diciembre 2020

Fue un “sincericidio” de Ginés, como acabamos de escuchar. Esta mañana confesó que el Presidente Alberto Fernández “está nervioso porque no llegan los papeles de la vacuna” y agregó que el jefe de estado, por ahora, no se va a vacunar. A confesión de partes, relevo de pruebas.
El gobierno de los Fernández es tan oscurantista como el de Vladimir Putin. No solamente se enojan si se los critica. También pretenden que se los aplauda. Y la verdad es que la catástrofe sanitaria que estamos padeciendo, tiene un componente inevitable que es el virus, pero otro absolutamente evitable que es la pandemia de autoritarismo informativo, de malvinización de la aplicación de la vacuna y de ausencia total de rigurosidad científica.
Es cierto que hoy comenzó la vacunación, pero ni la mala praxis y la chapucería del ministro Ginés González García ni la irresponsabilidad del presidente Fernández, lograron llevar tranquilidad a una mayoría de la población.
El ministro de Salud hizo una autorización de emergencia y han logrado colocar al ANMAT en una situación muy similar a la que sometieron al INDEC en aquel momento con la patota de Guillermo Moreno. La ANMAT (Administración Nacional de Medicamento, Alimentos y Tecnología Médica) siempre tuvo un gran prestigio profesional más allá de cualquier gobierno. Nunca se politizó. Esperemos que no termine intervenido con ametralladoras en la mano como hizo el gobierno kirchnerista con el INDEC en su momento.
Lo cierto es que la vacuna Sputnik no fue autorizada explícitamente ni por el ANMAT ni por sus organismos similares en Estados Unidos y en la Unión Europea. Eso no lo puede desmentir nadie. No hay una sola publicación científica, no hay papeles que certifiquen lo que los funcionarios dicen. Son muy pocos los países que están aplicando la Sputnik. Y encima se trata de países sin democracia plena y con alto nivel de dependencia de Moscú como Bielorusia o Venezuela.
Es tan poco transparente todo que Putin dijo que no se la iba aplicar porque no era recomendable para los mayores de 60 años y con eso sorprendió a los argentinos que no sabían o no quisieron saber.
Ahora Putin, aseguró que si se la va a aplicar. Pero el histórico genio y campeón mundial de ajedrez, Gari Kasparov, ídolo en aquella región dijo que “no hay ninguna posibilidad de que Putin se aplique la vacuna Sputnik. No importa lo que diga la ampolla, no será la vacuna rusa la que se aplique. Definió a ese gobierno como “una dictadura que, con un enorme programa de dopaje deportivo y un laboratorio de asesinatos con armas químicas, jamás podría producir y aprobar una vacuna confiable. Las dictaduras roban, engañan y matan mejor de lo que innovan”. Como si esto fuera poco, con una liviandad aterradora, Rusia acaba de reconocer el triple de muertos por coronavirus de las que había informado hasta ahora.
Son papelones macabros. Estamos hablando de vidas humanas, no de una mercadería que tiene repuesto. Hasta ayer, Rusia le informó al mundo que habían muerto por el virus 55.265 personas. Ahora, reconocieron que en realidad, los fallecidos son 186 mil. Más ocultamiento, imposible.
Acá pasa algo parecido.
Ayer, gracias a la investigación del periodista Ricardo Benedetti, conocimos un documento interno de la ANMAT que se refiere a los efectos adversos que se registraron de la vacuna rusa. Fueron 12 casos que produjeron cólico renal, trombosis venosa profunda y un absceso en miembro. El evento adverso más frecuente fue un síndrome similar a la gripe.
Sin que se le cayera la cara de vergüenza, GGG dijo que no entendía las exigencias de Pfizer, “pareciera que no le tienen fe a la vacuna”. No ministro. Bad Information. No le tienen fe al gobierno argentino. De hecho en casi todo el mundo están aplicando esa vacuna. Pero según el impresentable ministro, los del laboratorio “pidieron condiciones inaceptables”. ¿Solo a Argentina se las pidieron? El ministro también sacó de la galera otra serie de imprecisiones. Aseguró que “compramos 51 millones de vacunas y buscamos 20 millones más. Es mentira que no tengamos para todos”. ¿A cuál país o laboratorio se las compramos? ¿A que precio? ¿Cuándo van a llegar? Muchas preguntas, ninguna respuesta.
Sandra Pitta, farmacéutica biotecnóloga e investigadora del Conicet denunció que “el presidente no tiene noción de lo que hace”. Y agregó que ella no se vacunaría jamás porque no hay información confiable. No le preocupa la bandera ni la ideología del país que la produjo. Pero si la inquieta (como a todos) la ausencia de datos y transparencia.
La ciencia no es una cuestión de fe. De creer o no. No es un voluntarismo de la militancia. La ciencia se basa en datos duros, en evidencias. Y eso, por ahora no existe.
Adolfo Rubinstein, el ex ministro de Salud de Macri, fue igualmente contundente: “El informe de ANMAT no es científico, es un memo que carece de datos”.
Siempre hay espacio en el cristinismo para las versiones delirantes. El doctor Jorge Rachid, integrante del comité de expertos que asesora a Axel Kicillof provocó vergüenza ajena cuando dijo que Pfizer había pedido “los glaciares y permisos para pescar”. Por supuesto que hubo memes en twitter. Uno decía que los glaciares los necesitaban para enfriar las vacunas. Pero le doy dos datos para juzgar la credibilidad de Rachid que insólitamente (hasta ahora) es asesor de Kicillof. Fue funcionario de Menem y después escribió un libro contra el “tsunami neoliberal” y a principios de febrero del año pasado se autoproclamó presidente de la Nación Argentina designado. Aseguró que contaba con el apoyo de 112 países, se enorgulleció de su impronta chavista y convocó a elecciones anticipadas, mientras le pedía al pueblo que siguiera movilizado en las calles. Se ve que el pueblo no lo escuchó demasiado. Perdió siempre las elecciones en Neuquén. Pero esto nos da una idea clara del nivel de fanatismo y ceguera en el que caen algunos cristinistas. El problema es que hablan de la salud pública. Y que un gobernador como Kicillof los convoca como expertos.
Un para periodista K, se sumó a la paranoia que busca culpables en lugar de soluciones y recordó que los fondos buitres de Paul Singer nos quisieron embargar la “Fragata Libertad”.
La inteligencia humana tiene límites. Pero la estupidez, es ilimitada.
Está claro que Ginés nos vacunó a todas y todos los argentinos. Es humor negro. Porque estamos hablando de la muerte de más de 43 mil argentinos y vamos derechito rumbo a los 45 mil fallecidos producto del coronavirus. Estamos entre los países con más muertos por millón de habitantes y con más contagiados. No podía ser peor. Y con un año sin clases producto de la decisión de los sindicalistas docentes más autoritarios.
Y eso que el gobierno dijo que si estuviera Macri, “ya hubiéramos superado los diez mil muertos”. ¿Se acuerda?
El comandante de esta Armada Brancaleone es Ginés, bajo la supervisión de otro funcionario repleto de improvisaciones, contradicciones y otros mamarrachos. Es el presidente de la Nación, Alberto Fernández. Porque en esta, Cristina no se metió. Ni abrió la boca. Ni para darle el pésame a los familiares de la víctimas o expresar su dolor por tanta muerte de compatriotas.
Cristina se lavó las manos con alcohol en gel y mantuvo distancia social de todos estos dramas.
¿Pueden mentir tanto? ¿La desesperación por sacar algún rédito político los lleva a mandar fruta y a decir cualquier cosa? Son imprudentes y peligrosos. Insisto: estamos hablando de salud.
¿Saben lo que significa la prudencia en un tema de salud pública?
De los creadores de las filminas truchas a la basura o de la pelea con medio mundo, ahora viene “Tenemos problemas con los aviones” y “Pfizer puso condiciones inaceptables”.
No va a faltar el diputado cristinista que proponga una ley para repudiar a un laboratorio imperialista que es parte de un plan para destituir al gobierno popular.
En agosto, en TN, Ginés dijo que “vamos a tener la vacuna antes de tiempo, como en el primer mundo, a un precio infinitamente menor”.
La dignidad es como el embarazo. No se puede estar medio embarazada. Se está o no. No hay término medio. Con la dignidad, pasa lo mismo. No se puede ser medio digno. Conveniencia y especulación, siempre mata ideas.
Gé Ge Gé, como se conoce a Ginés por sus iniciales, batió todos los records de metidas de pata y bloopers durante esta cuarentena extra large. Habló hasta por los codos y dijo barbaridades.
Para empezar, Ginés no pegó una en diez definiciones que tuvo ante los medios. Desde aquel histórico día 23 de enero, cuando dijo que no había ninguna posibilidad de que el coronavirus llegara a la Argentina. El médico de este gobierno de científicos hizo diagnósticos absolutamente equivocados. Insisto: no pegó una. “Me preocupa más el dengue que el coronavirus”, planteó sin que se le moviera un músculo, ni pidiera disculpas por semejante pifia. El 3 de marzo dijo, “uy, me sorprendió el virus, yo no creía que iba a llegar tan rápido”. Hay que recordar que vaticinó que en julio iba a bajar la curva y que la gripe era mucho peor que el covid 19. Están todos los audios y los videos.
Estos mamarrachos puestos en la boca del ministro Ginés son la síntesis de la catástrofe sanitaria que produjo este gobierno. No se desesperen por conseguir un votito más o por inventar otro nuevo relato épico. Dejen de vender humo. Con la salud, no. Con la vida de los argentinos, no. Gobierno de científicos, las pelucas. Mediocres y chantas.