Tardó demasiado pero parece que, finalmente, Horacio Rodríguez Larreta comprendió que Cristina lo quiere poner de rodillas. Lo acabamos de escuchar de nuevo. El jefe de gobierno se preguntó: “¿Quieren sacarle la seguridad a la gente para que la calle sea tierra de nadie y que barra bravas violentos puedan tomar la Casa Rosada como el otro día?”.
La conclusión fue clarísima: “Pareciera que quieren desfinanciar a la ciudad y llevarla al límite del sometimiento”. Es exactamente eso. Se veía venir hace rato. Es agresión constante es parte constitutiva de la lógica autoritaria de Cristina.
El ex presidente Mauricio Macri bancó a Larreta con el mismo criterio. Escribió que:»Dominada por el oficialismo, la Cámara de Diputados atropelló nuevamente las instituciones, los derechos de los argentinos y el federalismo. La ley que aprobaron saquea el presupuesto de la Ciudad y pone en riesgo la seguridad, la salud y el bienestar de millones de personas».
Nadie puede dudar que Cristina es la jefa del “Operativo Demolición” contra Horacio Rodríguez Larreta. Lo hace en defensa propia. Cristina, se da cuenta que el jefe de gobierno de la ciudad, puede llegar a ser presidente en el 2023 si logra el apoyo de todo el abanico opositor. Por eso necesita destruir todo vestigio de futuro político para Larreta. Porque es la gran amenaza que tienen sus planes de monarquía hereditaria. Si el próximo presidente no es el que ella elija, la impunidad y la venganza se evaporarán en el aire y la cárcel será una gran posibilidad para la reina.
El diseño que Cristina encontró para no ir presa es que Alberto le haga parte del trabajo sucio en la justicia y que este sea, apenas, un gobierno de transición.
Para cumplir sus objetivos, ella necesita que su hijo, el príncipe heredero, Máximo Primero o su hijo putativo, Axel Primero se conviertan en el sucesor de Alberto Menos Uno.
Ya están abriendo el paraguas. El propio diputado Máximo Kirchner lo planteó en su discurso. Dijo que cada vez que un jefe de gobierno de la ciudad llegó a Presidente, como De la Rúa o Macri, el país terminó endeudado y patas para arriba.
Cristina no ocultó nunca sus intenciones. El primer gran paso que dio fue aquel discurso en La Matanza, cuando le declaró la guerra política a la Ciudad de Buenos Aires que tiene la mayor cantidad de ciudadanos anti Cristina por metro cuadrado. ¿Se acuerda? Palabras resentidas, tratando de responsabilizar a los habitantes de la Capital por el desastre que produjo el peronismo en general y el kirchnerismo en particular en La Matanza. Utilizó la figura de los helechos iluminados, como símbolo de riqueza y gasto frívolo frente al drama de los bonaerenses del hambre y con el barro hasta las rodillas.
Este ataque a Juntos por el Cambio, a Horacio Rodríguez Larreta y a los seis millones de argentinos que trabajan, viven, comen o se curan en esta ciudad, muestra en toda su dimensión los principales disvalores que el kirchnerismo ha diseminado en este país.
Es parte de la hipocresía del doble discurso que habla en nombre de los pobres. Se trata de un grupo de millonarios que se enriquecieron en forma colosal, robando al dinero al pueblo argentino y que no viven en La Matanza. Cristina vive y tiene inversiones en los dos lugares más caros y elegantes: Recoleta y Puerto Madero. Y a eso hay que sumarle los hoteles de lujo en el Sur y las propiedades en Estados Unidos de Daniel Muñoz, entre otras.
El drama de la falta de cloacas, agua, viviendas y trabajo es responsabilidad absoluta de los que gobernaron. No se puede culpabilizar como hacen siempre a los otros.
Por lo menos Cristina fue sincera. Siempre le puso a Larreta la misma cara de asco que le puso a Macri. Cristina nunca ocultó su desprecio por todos los opositores en general y por los que encabezan las encuestas en particular. Los soldaditos de Cristina como Wado de Pedro y Horacio Pietragalla le mandaron un misil a Larreta y a Santilli a los que acusaron de represores y de culpables del mamarracho que fue el velorio de Diego Maradona. Pietragalla los denunció por los delitos de intimidación pública, abuso de autoridad y abandono de persona”. Y ahora lo denunciaron a él por decir muy suelto de cuerpo que la Policía de la Ciudad “es coimera al mango”.
Pero la orden general es apuntar contra Larreta. Sacarse de encima cualquier responsabilidad. Si crecen los casos de corona virus, la culpa es de la ciudad y los que van a correr por Palermo. Si no hay clases presenciales es porque Soledad Acuña, la ministra de educación, denunció una gran verdad: la militancia totalitaria de los jerarcas sindicales en el adoctrinamiento. Arriba lavan dinero y abajo lavan cerebros.
Insisto en que la comandante de estas batallas contra Rodríguez Larreta es Cristina. Pero jamás lo ocultó. Alberto y Sergio Massa, sus lugartenientes se dieron vuelta y traicionaron sus propias palabras y actitudes. Alberto Fernández llegó a llamar “mi amigo” a Larreta cuando las encuestas aprobaban el trato respetuoso e institucional en medio de la pandemia. Larreta estuvo astuto en ese momento. “Amigos son los que van a la cancha a ver a Racing conmigo”, dijo al sacarse de encima ese abrazo del oso.
Y Sergio Massa, peor todavía. Son amigos personales desde hace 22 años, cuando ambos trabajaban en el ministerio de Desarrollo Social. Durante el kirchnerismo, Massa sufrió una violenta intrusión a su domicilio particular por un agente de inteligencia y sin embargo ahora es una de las piezas claves de la coalición oficial. Hizo bromas y se mostró exultante después de haber logrado un triunfo muy ajustado, pero triunfo al fin. Se reía frente al insulto de una diputada que estaba peleada con la tecnología y no podía expresar su voto. Por orden de Cristina, el discurso de cierre de Máximo y con 129 votos logró quitarle 65 mil millones de pesos a su ex amigo Horacio Rodríguez Larreta.
Alberto había respaldado a Cristina, cuando habló de la opulencia de esta ciudad. Es decir que en ese triángulo de las Bermudas conformado por los fundadores de la alianza oficialista, desapareció el sentido común, el diálogo y la prudencia y surgió una grieta mucho más profunda. No debería sorprender a nadie. Era una fija que Cristina iba a marcar el rumbo con el látigo en la mano.
Todo lo que sea poner piedras en el camino de Larreta es fomentado por Cristina. Ya sabemos que no tiene piedad ni escrúpulos. Se juega su libertad ambulatoria y la de su familia y sus secuaces. Y su cuerpo lo sabe.
Se trata de un zarpazo y una puñalada a traición típica del nacional populismo chavista y cleptocrático.
Máximo Kirchner, como presidente de su bloque, en el cierre, enojado, levantó su voz y dijo que Juntos por el Cambio, “esquilmó a todos los argentinos para sostener un proyecto político que fracasó”.
El diputado Alvaro de Lamadrid no aguantó más y gritó: “Descarado, justo vos hablás de sustracción, cuando tu fortuna le fue robada a los argentinos.”
Fernando Iglesias también fue contundente en su denuncia. Dijo que esta ley “es inconstitucional y que la sesión era ilegal, nula de toda nulidad”. Y aportó algunos datos duros que son incontrastables. La ciudad se lleva 10 veces menos de lo que aporta a la Nación. Y con este saqueo, ahora se llevará 16 veces menos de lo que aportan con su trabajo y sus impuestos los que viven y trabajan en este distrito.
Iglesias dijo que esta ciudad no es opulenta; es próspera y generosa, producto de que no se vota peronismo y de su administración eficiente. Puso el dedo en la llega de las injusticias paridas por el peronismo que no genera fuentes de trabajo ni hospitales ni escuelas en el interior profundo. La mayoría de los hermanos argentinos que vive en las villas de la ciudad vienen buscando todo eso de Jujuy, Misiones, Salta, Tucumán y Santiago del Estero, provincias en las que gobernó el justicialismo en todas sus variantes el 80 % del tiempo desde la recuperación democrática de 1983.
Pero la información más gráfica fue que 3 millones de bonaerenses vienen todos los días a trabajar a la ciudad. Y es porque no encuentran ocupación en el Conurbano. Puso como ejemplo a La Matanza, José C. Paz, Almirante Brown, Berazategui, Florencio Varela, Ezeiza, Malvinas Argentinas, entre los diez distritos con mayor pobreza y menor trabajo privado. Todos esos municipios fueron gobernados solamente por el justicialismo.
Otro tema que potencia el avance sobre la ciudad es que es el único distrito que gobierna el PRO. Es la cuna política del macrismo y la cantera donde produce sus recursos humanos para llevar sus ideas al resto del país.
Pero la estocada final sería eliminar la autonomía de la ciudad. No hay que descartarlo, aunque parezca una locura. Dos de los más fanáticos cristinistas lo han puesto sobre la mesa de las redes sociales.
Francisco Durañona, el ex intendente de San Antonio de Areco que en su momento propuso llenar de militantes la Corte Suprema, se lamentó y calificó como “un terrible error” haberle dado la autonomía a la ciudad. Fernanda Vallejos que siempre juega al límite pero en acuerdo con Cristina, le contestó que “es un error que se puede corregir”. ¿Se atreverán a quitarle autonomía a la Ciudad? Depende de la resistencia que opongan los ciudadanos y el gobierno de Larreta.
Siempre hay que recordar que frente a Cristina no se puede agachar la cabeza. El que lo hace, corre el riesgo de ser reducido a la servidumbre. El “Operativo Demolición está en marcha”.
La única forma de frenar la brutal avanzada de Cristina es ponerle el pecho. Si le quieren poner la otra mejilla será el comienzo del fin de la alternancia democrática y el principio de la monarquía K.
Homicida: día del Sida. Pobre José del Barrio. Pobre José… – 1 de diciembre 2020
Que historia tremenda su historia. José del Barrio tiene encima y carga sobre su espalda los dos virus más terribles del fin de siglo. El virus del VIH y el virus de la desocupación. Así de terrible.
Son como dos grandes terremotos en la vida de José del Barrio que hasta no hace mucho era una vida sencilla, de luchas y alegrías como la de cualquier obrero gráfico.
José hacía 12 años que trabajaba en el taller de esa editorial. Diarios, revistas, afiches, el olor a tinta, el ruido de las máquinas, la guillotina que corta el papel, la pausa del mediodía para comprar 100 de mortadela, 100 de queso, dos panes y una Coca familiar.
La vida de José del Barrio tenía su eje de dignidad y orgullo en el trabajo. José conocía como pocos el arte de la impresión. Hacía chistes: “Yo siempre causo buena impresión”. Durante los almuerzos, cuando sus compañeros sentados en la vereda del sol lo elogiaban, el hacía una pausa y con tono canchero decía: “Y… son años”. Esa especie de sensibilidad para saber la medida exacta de la tinta, ese tacto increíble que calculaba el gramaje del papel con solo acariciarlo un instante:” Y es oficio”, repetía José orgulloso de su orgullo.
Un día maldito José se hizo un examen de rutina y apareció el virus. Se quedó frío. Paralizado. Inmediatamente se acordó de ese fin de semana que pasó en el Tigre con Alberto, meta y ponga, cargados de pasión y besos. Inmediatamente se acordó también de cuando ambos se reían como chicos traviesos cuando en realidad estaban merodeado el suicido: ninguna usaba forro. Ninguno se cuidaba. Se sentían felices e invencibles. Estaban tan enamorados que decían que nada les podía pasar. La soberbia y la omnipotencia de la edad los había traicionado con un puñal en la espalda.
Aquel día cuando recibió el resultado, José del Barrio lloró como un chico. Se odiaba, se maldecía, se preguntaba cómo había podido ser tan boludo.
Lo más grave fue lo de un médico hijo de mala madre, uno de los pocos que existen. Delante de su jefe en la imprenta le dijo que estaba infectado por el virus del SIDA. Y ahí mismo empezó su lucha por la vida y contra la muerte civil.
Silenciosamente la discriminación se agazapó para el tiro del final. En forma sigilosa, los dueños de la editorial le fueron otorgando licencias una y otra vez a José de Barrio. Lo fueron marginando de su trabajo, del eje alrededor del cual giraba su vida y su orgullo. Un día lo echaron como a un perro. No le permitieron sentir nunca más el aroma de la tinta ni el gramaje del papel, ni el viento de la guillotina cuando baja veloz implacable. En pocos días se olvidó de ese ruido estremecedor de las máquinas cuando escupen diarios por miles.
José soñaba con la reincorporación. Presentaba los certificados del alta médica que le habían dado los infectólogos que lo trataban, pero… nada. Por hache o por be, José del Barrio nunca pudo volver a trabajar.
La empresa pagó con gusto la indemnización legal pero condenó a José al destierro. A la muerte civil. A ser un desocupado, un desaparecido de estos tiempos. Si el trabajo dignifica, la desocupación deprime e invisibiliza.
Se buscó un abogado del barrio y se enteró que en agosto de 1995, el juzgado nacional de primera instancia en lo civil Nro 43 a cargo del juez Roberto Beatti dictó sentencia favorable en un caso muy parecido al de él. Aquella fue la primera sentencia que en la Argentina reconoció una indemnización por daño moral y discriminación. El fallo del juez Roberto Beatti fue un fallo que dignificó al ser humano. En sus fundamentos considera que la discriminación es un daño a la integridad humana. Dice, sabio, que el daño provocado por el aislamiento y la marginación repercute directamente en el estado inmunológico de la persona discriminada. El magistrado no tuvo vergüenza en meterse con los sentimientos, con los dolores del alma. Dijo en su escrito que “semejante castigo, a José le provocó padecimientos, una lesión a sus afecciones íntimas, dolor, y angustias sobre la posibilidad de encontrar otro empleo.
Ya pasó mucho tiempo de aquel fallo ejemplar. Y la ignorancia, el prejuicio y la desinformación siguen siendo enemigos letales, a veces, más destructivos que el sida homicida.
El arma contra esa discriminación la tenemos los docentes, los curas, los periodistas, los artistas, todos los que tenemos un lugar para comunicarnos, un púlpito desde donde hablar y dar información. Esa arma es la que estoy disparando ahora. Tiro data, precisiones que destruyen prejuicios y fantasmas. Para eso también sirve el periodismo. Para dinamitar la ignorancia. Para informar y formar. Porque el que ignora, además de ignorante, discrimina lo que no conoce. Teme al vacío y a lo desconocido. La información rigurosa es el arma más poderosa que tenemos en la lucha contra el SIDA. Y se lo digo hoy que es el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA.
La pandemia de coronavirus ha ocasionado una interrupción en muchos de los controles médicos que deben realizarse con frecuencia, y esto incluye a quienes viven con VIH. En ese sentido, el esfuerzo por mantener a las personas con su tratamiento antirretroviral y con cargas virales no detectables, y volver a los controles habituales, es una tarea que todos los sistemas de salud tienen que garantizar.
Según datos del Ministerio de la Salud de la Nación -diciembre 2019-, hay 139 mil personas que viven con VIH y, aproximadamente el 17% de este grupo desconoce su diagnóstico.
Está comprobado que la ametralladora informativa sirve para asesinar al virus asesino. Es así: más información menos casos.
Por eso creo que hay que decir con todas las letras y con el lenguaje de la calle que a esta altura de la muerte no se puede ser tan forro de no usar forro. Le estoy hablando del preservativo, del profiláctico o como usted prefiera llamarlo. Y que los que tienen el drama de ser drogadictos no deben aumentar su riesgo de muerte compartiendo jeringas o agujas.
Le doy algunos datos duros.
Si bien no existe cura para el VIH, existe un tratamiento llamado Tratamiento Antirretroviral Altamente Activo que consiste en una combinación de diferentes medicamentos que cumplen distintas funciones. Se conoce también como “cóctel” debido a la gran cantidad de pastillas diferentes que se requerían al inicio de la epidemia. Con el tiempo y gracias a la investigación, estos tratamientos se fueron simplificando y actualmente contamos con esquemas con muchos menos comprimidos, muy efectivos y seguros. Inclusive, una pastilla por día puede combinar varios fármacos con mejor eficacia que los primeros cócteles.
El tratamiento evita la replicación del VIH. No cura la infección, pero evita que el virus se multiplique y que destruya las defensas del cuerpo. El tratamiento es crónico, es decir que una vez que se empieza es necesario tomarlo todos los días, toda la vida. Si el tratamiento se mantiene de forma correcta en el tiempo, las personas con VIH tienen una calidad y expectativa de vida similar a quienes no tienen el virus.
Deben saber que el test es rápido y gratis. En 20 minutos te dan el resultado. Y que la educación sexual en los colegios y en las familias es fundamental. El virus se ensaña con las defensas del organismo. Y 1.500 personas por año mueren de enfermedades relacionadas con el SIDA. Todo eso hay que saber. Y que tomar mate no contagia. Ni besarse ni compartir la pileta de natación o el banco de la escuela. Ni la picadura de un mosquito. Hay que terminar con el estigma. Con tres pastillas por día el enfermo puede mantener una vida absolutamente normal y formar pareja como cualquier hijo de vecino.
La ciencia ya pudo controlar el virus y detener la expansión de la epidemia. Pero todavía los genios están trabajando para concretar el sueño de la vacuna preventiva como la que liquidó la polio o la viruela. Falta poco pero todavía falta. Cuando llegue ese día José del Barrio será reivindicado después de tanto sufrimiento. Hace muchos años hubo una campaña que me pareció de las mejores y que ahora me sirve para rematar esta columna. Era un aviso a toda página del diario que decía: “hoy es el día del niño. El día del padre. El día del maestro. El día del locutor. El día del tío. El día de la abuela, el día del dentista, el día del almacenero. El día del inmigrante. Y así seguía. Hasta que al final decía: 1ro de diciembre. Día Mundial de la Lucha contra el Sida.
Hoy es tu día.
Derrota judicial para Cristina y Alberto – 30 de noviembre 2020
Acaba de sonar un tiro para el lado de la justicia. Especialmente Cristina, pero también Alberto, las dos máximas autoridades argentinas, han recibido un revés de la Cámara de Casación que mantiene vivita y coleando la causa de corrupción de estado más grave de la historia democrática. Varios ex funcionarios de Cristina y ella misma venían insistiendo con varios planteos para que se declarara inconstitucional la ley del arrepentido, o del imputado colaborador. ¿Qué decían? Que los testimonios que se les tomaron a 31 testigos arrepentidos no eran válidos porque no había constancia audiovisual. ¿Qué pretendían? Que se anularan esas valiosas declaraciones y que el juicio contra Cristina se cayera como un piano. Era la búsqueda de la impunidad para un sistema de recolección de coimas y de sobre precios que enriqueció en forma colosal al matrimonio Kirchner y a sus principales ministros y colaboradores. Es la causa popularmente conocida como la de “Los cuadernos de las coimas” que reveló el prestigioso colega Diego Cabot y que llevaron adelante el juez Claudio Bonadío y los fiscales Carlos Stornelli y Carlos Rívolo.
¿Qué pasó finalmente? La sala I de la Cámara de Casación por dos votos contra uno, resolvió que esas declaraciones tan útiles, son absolutamente válidas. Están asentadas en actas por escrito, en forma tradicional y llevan la firma, de los arrepentidos y de sus abogados, certificando la legalidad de los procedimientos. Más seguro, imposible. Las apelaciones fueron manotazos de ahogado de los cristinistas millonarios. Era una forma de presionar al tribunal para que favoreciera a Cristina, El único voto para la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero lo perdió varias veces, fue de la doctora Ana María Figueroa, conocida militante que tiene la camiseta de Cristina puesta. Los dos votos restantes, a cargo de los doctores Daniel Petrone y Diego Barroetaveña, no aceptaron los argumentos de los acusados y apoyaron las decisiones del fiscal de Casación, Raúl Plee y de la fiscal Fabiana León.
El fallo es un trago muy amargo para Cristina. Pero también para el presidente Alberto Fernández que cometió la torpeza y la falta de ética de opinar sobre una causa en curso. Alberto violó la división de poderes cuando quiso direccionar la decisión de los jueces. Dijo en una entrevista que los testimonios de los arrepentidos fueron instrumentos para perseguir y extorsionar a opositores y para comprar y vender esas declaraciones. Una vergüenza. Una injerencia que no corresponde que ahora es un verdadero papelón (uno más y van…) del jefe de estado y de su jefa política. No pudieron torcer la voluntad de dos magistrados independientes y eso que lo intentaron públicamente.
Es una gran noticia para los que creemos en la independencia de los poderes. Porque si el fallo hubiera dinamitado los testimonios, la señal hubiera sido demoledora para aquellos que todavía quieren y sueñan con que los delincuentes paguen por lo que hicieron. Es simple: en toda sociedad democrática y republicana debe haber juicio, castigo y condena a los que violan la ley. No debe haber coronita ni privilegios para nadie. Ni siquiera para la reina y su príncipe heredero. La monarquía no es un sistema que hayamos adoptado los argentinos. Por lo menos por ahora.
¿Esto hace que Cristina y sus secuaces vayan a la cárcel en un corto plazo? De ninguna manera. Falta mucho todavía en el juicio. Pero permite que el juicio siga y que los arrepentidos no se sientan traicionados y no teman por su vida. Además, este fue uno y solo uno de los mecanismos que Cristina puso en marcha para lograr sus objetivos de impunidad y venganza. Hay varios avances cristinistas que siguen en pié y con mejor pronóstico. Por eso la ciudadanía, los opositores y el periodismo independiente no deben bajar la guardia y mantenerse alertas.
Hay que quebrar la omertá de los mafiosos. La ley del silencio del código de honor siciliano que prohíbe informar sobre actividades delictivas. Todos saben que esa actitud de ortiva o de buchón entre los malandras nacionales se castiga con la muerte. El que canta, no cuenta más el cuento.
Los que primero intentaron voltear las declaraciones de los arrepentidos y después liquidar la causa fueron Gerardo Ferreyra, Juan Lascurain y Julio de Vido. Todos estuvieron involucrados en el plan sistemático de corrupción de estado más grande de la historia democrática. La metodología era muy sencilla y fue escrita en sus cuadernos, dia por día, hora por hora, por Oscar Centeno, el chofer de Roberto Baratta, el recaudador en jefe. El gerente de sobreprecios y coimas era Julio de Vido y su mano derecha José López. Durante casi una década, con Néstor y Cristina como jefes de esa asociación ilícita, robaron montañas de dinero sucio. Los empresarios proveedores de las obras públicas le ponían altos sobre precios a sus contratos y ese dinero luego, en forma de coima, se lo entregaban a Baratta que pasaba a buscarlo con bolsos, mochilas y valijas que desbordaban de billetes. Ese dinero robado el pueblo iba a parar al departamento donde ahora sigue viviendo Cristina en plena Recoleta. Lo recibían los secretarios privados que murieron millonarios con fortunas inexplicables: Daniel Muñoz y Fabián Gutiérrez. Uno de los funcionarios de mayor confianza de los Kirchner, el que fue el jefe de la embajada paralela en Venezuela, Claudio Uberti confesó que una noche vio bolsos con aproximadamente 70 millones de dólares en el dormitorio del matrimonio. José López denunció que los 9 millones de dólares que llevó de madrugada a falso monasterio se lo había entregado un secretario de Cristina. Y se quebró en llanto al expresar su temor de que lo maten. “Cristina es muy vengativa”, dijo entre sollozos.
Eran de tanta magnitud los montos robados que eran trasladados a Río Gallegos en el avión presidencial, dato corroborado por el piloto. La policía jamás revisaba esos bolsos que iban a parar a la casa de María Ostoic, la madre de Néstor. Casi todos los empresarios vinculados a la obra pública pagaron coimas. Muy pocos se negaron a ser cómplices de semejante estafa. Con la excusa de que si no cometían esos delitos, tenían que cerrar las empresas y dejar muchos desocupados, fueron alegres partícipes de esas trampas de estado. Se sabe que para las coimas, igual que para bailar el tango, hacen falta dos. Y le recuerdo que las coimas no la ponían de su bolsillo. No la sacaban de su ganancia. Eran productos de los sobre precios. Por eso muchos de los empresarios estaban tan interesados en que se cayera la causa como la familia Kirchner y sus secuaces.
Cristina, que está procesada en esta causa que está enviada a juicio oral, dijo que todo esto era “cinematográfico”. Puede ser. Una película de terror. Un policial negro y repugnante que no admite que no admite ningún tipo de diálogo ni negociación. Lo único que puede poner nuevamente de pie la confianza social en la democracia es que no haya borrón y cuenta nueva como sugieren algunos. Ni indulto ni amnistía. Insisto con el tema. Solo la verdad, el juicio, el castigo y la condena podrán convertirse en los cimientos de un nuevo país con más libertades y honradez, con más igualdad y menos pobreza.
Todos los caminos de la corrupción conducen a Cristina. Ningún gobierno democrático cometió tantos delitos por tanto dinero y por tanto tiempo. Las pruebas que hay en todos los expedientes son contundentes. Y sobre todo en la causa que debería ser conocida como la de “Los cuadernos de Cristina”.
El fiscal Carlos Stornelli, hizo un trabajo riguroso de 678 páginas que está repleto de medidas probatorias. Son 525 entre “oficios a organismos, informes de inteligencia, declaraciones testimoniales, pericias sobre computadoras o memorias telefónicas, allanamientos y lista de vuelos oficiales”, entre otras.
En esta causa, el juez Bonadío supo pedir prisión preventiva para Cristina en su momento, pero sus fueros como senadora por la minoría lo impidieron.
A Cristina se la acusa concretamente, de haber cobrado coimas en 40 oportunidades por un monto superior a los 19 millones de dólares.
Dice la presentación del fiscal Stornelli que en muchos casos utilizaban ese dinero para cometer nuevos delitos: como blanquear el dinero y comprar casas lujosas, aviones, yates y demás insumos del campo popular.
Esto es solo la punta del iceberg. La estafa de los pingüinos buitres al pueblo pobre de la patria tiene dimensiones atómicas.
Laura Alonso, ex titular de la Oficina Anticorrupción, dijo que los K, están en Olimpo junto a los mayores cleptócratas del mundo. Al lado del matrimonio dictatorial de Filipinas, Ferdinando e Imelda Marcos.
Suena insólito que gente que se dice tan antimperialista haya comprado muchas propiedades en Estados Unidos. Especialmente dos en el emblemático Plaza Hotel de New York, en la Quinta Avenida. Un solo departamento costó 13 millones de dólares y es de un lujo digno de un jeque patagónico. En ese lugar estuvieron los Rolling Stones, Los Beatles y celebridades como Truman Capote.
La fábrica de dinero ilegal que lideró Cristina le está generando mucha angustia y preocupación. Apostó fuerte a voltear la causa de los cuadernos pero hoy, dos jueces que le dijeron que no. Cristina y Alberto acaban de sufrir una fuerte derrota judicial. ¿Será Justicia?