La patria demandó a Boudou – 7 de diciembre 2020

En el caso de Dios, no estamos seguros. Pero la patria, si demandó a Boudou, como él había pedido en su juramento.
El caso Boudou demuestra, en toda su dimensión, la degradación moral que produce el fanatismo. Es una ceguera ideológica que no les permite distinguir a un delincuente de una persona honesta. Amado Boudou es el símbolo de lo peor del cristinismo y de lo peor de la Argentina. No hay ninguna duda de que se trata de un malandra, de un ladrón de estado. No es una opinión de un periodista independiente o de un dirigente opositor. Es la conclusión por unanimidad a la que llegó la Corte Suprema de Justicia. Y estamos hablando de una Corte en la que hace mucho que no votan los 5 juntos la misma decisión. Casi no se ponen de acuerdo en nada. Pero en algo están absolutamente de acuerdo: en que Boudou es un corrupto. Que cobró coimas y que se apropió con maniobras ilícitas de la fábrica de hacer billetes.
Pero como si la unanimidad de la Corte no alcanzara, hubo en total 15 jueces que tuvieron en sus manos la causa y que resolvieron lo mismo. Cuatro instancias dijeron que Boudou era un delincuente. Es un record histórico. Es ínfima la cantidad de casos que llegan a la Corte y mucho menos si se trata de un ex vicepresidente de la Nación. Todos ratificaron la condena a 5 años y 10 meses de prisión con inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos. Y sin embargo, Boudou está en su elegante complejo de lofts en Barracas, disfrutando de la vida en familia con una tobillera electrónica y una pensión vitalicia de 420 mil pesos mensuales. ¿Alguien que no puede ejercer cargos públicos de por vida, debe cobrar una pensión por su tarea en el estado pese a que utilizó ese lugar para robar? ¿Eso es justicia? Ya entró y salió tres veces de la cárcel. Pero esta vez parece que se queda en su casa. Por lo menos por ahora, hasta que en enero se vaya el juez Daniel Obligado. Estamos hablando de un brutal cachetazo a la inmensa mayoría de los argentinos que son decentes, que trabajan con esfuerzo, que pagan fortunas de impuestos y que no pueden creer que Boudou no vuelva al penal de Ezeiza de donde nunca debió haber salido.
Pero la degradación moral no es solamente de Boudou. Muchos dirigentes de su espacio político salieron a poner las manos en el fuego por él. La complicidad de todo un gobierno es un ataque anti democrático a la justicia. Es una brutal presión sobre uno de los poderes del estado republicano. Por el lugar que ocupa, el más grave fue el de Santiago Cafiero. Es el jefe de gabinete y el alter ego del presidente Fernández con el que comparten la misma fragilidad gelatinosa, intelectual y política. Cafiero III dijo que le han pisoteado los derechos a Boudou y que el proceso por el que fue recontra condenado “está plagado de irregularidades y arbitrariedades”. No lo dijo pero seguramente comparte la iniciativa que Boudou propuso por radio: “declarar la nulidad de todos los juicios del lawfare”. Se trata de una intolerable violación de la independencia de otro poder. Está clarísimo aunque no les importe. Pregunta: ¿Quién decide que causas hay que anular? ¿Quién dice cuales causas son de Lawfare en el caso que existiera ese invento de Cristina y el Papa? ¿Proponen que los propios acusados y condenados sean lo que dinamiten los expedientes y hagan borrón y cuenta nueva? ¿Solo porque ellos lo dicen? Se convertirían en delincuentes y jueces de sí mismos. Eso solo ocurre en las dictaduras como la chavista o en las viejas monarquías. Por ese camino se llevan puesto el sistema democrático.
Otra consulta. Cafiero y Boudou, ¿conocen que opinaba el presidente Fernández de todo esto antes del pacto espurio que firmó con Cristina? Conviene recordarlo como otro símbolo de la implosión de la ética que padeció Alberto. En su columna del diario “La Nación” del 30 de mayo de 2014, titulada “Game Over”, hay un respaldo absoluto a la justicia y una crítica severa a Boudou que recién había sido llamado a indagatoria. El actual presidente escribió que “Todas las excusas dadas por él hasta aquí se han ido desvaneciendo con la misma velocidad con la que el agua se escapa entre los dedos. Boudou ya no tiene coartadas. Los argentinos saben cuánto ha mentido en su alocada carrera por escapar de los hechos que se le atribuyen”.
En otro párrafo que tiene una impresionante actualidad, Alberto dice: “Fue sorprendente escuchar las voces del oficialismo que avalaron sus dichos y lo exculparon del hecho que se le atribuye. Tan fuerte fue la defensa organizada desde el poder, que hasta una ley de la Nación, impulsada por la mismísima presidenta, acabó por expropiar la empresa Ciccone para hacer más compleja la investigación de la maniobra… Tratando de preservarlo, Cristina no dudó en involucrar al parlamento argentino en el más grave encubrimiento que se recuerda: la expropiación de Ciccone”.
Este texto es demoledor. Parece escrito esta mañana y sin embargo fue redactado hace apenas 6 años por el actual presidente. Eran los tiempos en que el poderoso Boudou, con el aval de Cristina, también se llevó puesto al procurador, Esteban Righi, amigo de Alberto. Preguntas para Santiago Cafiero: ¿Por qué, por única vez en la historia, nadie reclamó la indemnización por la estatización de Ciccone? ¿El Bebe Righi, también pisoteó los derechos de Boudou? ¿Righi, quien fue ministro de Cámpora y de gran prestigio profesional, también fue parte del Lawfare en asociación con oligarcas y medios de comunicación?
No pueden ser tan negadores. No pueden humillar tanto a las personas diciendo que lo evidente no existe. Pero como si esto fuera poco, Alberto Fernández, en su momento, lo dijo sin pelos en la lengua en televisión: “Cristina deja dos máculas indudables: haber hecho dictar dos leyes para protegerse personalmente de los delitos cometidos con el encubrimiento a Boudou, estatizando Ciccone y con haber hecho aprobar el tratado con Irán”.
Más clarito imposible. Pero ¿Cuál es la verdad? Que Amado no es tan amado. Nadie lo quiere demasiado y muchos le avisaron que por su origen en la cuna de Alvaro Alsogaray, era el único que iba a ir preso, igual que María Julia en su momento. No los une el amor, pero todos salen a respaldar a Boudou por el espanto que le produce la posibilidad de que Cristina tenga el mismo destino de cárcel. Si el vice va preso y es condenado en todas las instancias quiere decir que Cristina tiene menos impunidad y menos protección. Eso es lo que le preocupa. Por eso Cristina no habla, pero manda a hablar a su tropa. La presión es sobre la Corte, sobre los jueces y también sobre Alberto Fernández. Graciana Peñafort, la asesora de Cristina en el senado y abogada de Boudou, fue bien explícita:” En un año no cambiamos la matriz de la justicia. El Lawfare no se desactiva ganando elecciones”. Traducido eso significa: Dale Alberto, no seas tímido, destruí la justicia lo antes posible y construyamos otra, según nuestras necesidades. Eso es lo que piensa Cristina. Que Boudou está en el umbral de la cárcel por culpa de la falta de acción y voluntad de Alberto. Boudou también lo dijo: “Ningún mamarracho jurídico sobre Cristina, se solucionó. Vamos muy atrás en el tema justicia”. Le faltó agregar: “Dale Alberto, ponéte las pilas o te vamos a llevar puesto a vos también”.
Máximo también calla y otorga. “Siempre con Amado”, tuiteó el Cuervo Larroque y las redes le retrucaron que no lo abandonara y fuera al calabozo con él. Chicanas de tuiteros. Kicillof aportó tres definiciones y ninguna verdad: “Causas armadas, testigos falsos, sentencias truchas”. El camarista Juan Ramos Padilla llegó al delirio de proponer un juicio político a la Corte Suprema y Oscar Parrilli dijo que el máximo tribunal “tiene una escandalosa asociación con el macrismo”.
En la solicitada que publicó Página 12 firmaron el dueño del diario y del grupo de medios, Víctor Santa María y Eugenio Zaffaroni, la materia gris de los atropellos judiciales de Cristina. “Con Lawfare no hay democracia”, titularon. Y es un anticipo del nuevo orden chavista y cleptocrático que quieren instaurar. Firman otros dirigentes con la imagen negativa por las nubes como Pablo Moyano, Leopoldo Moraeu, Fernando Esteche, Diana Conti y Carlos Heller, entre otros, además de la Agrupación La Cámpora y actores militantes como Arturo Bonín y Luisa Kuliok.
Pero el colmo de la hipocresía es la marcha y acampe por la liberación de todos los presos políticos como Julio de Vido, Milagro Sala, Boudou, el corrupto confeso Ricardo Jaime y otros jefes mafiosos como el Pata Medina o el Caballo Suárez. Todos millonarios con el dinero ajeno. “Son patriotas perseguidos”, dicen con la cara de piedra. “Si tocan a uno, nos tocan a todos. Las cárceles no son para los compañeros”, agregan. Y ensucian una frase sagrada, apelando al Nunca Más. Vacían de contenido algo muy profundo para la recuperación de la democracia. Hay afiches que lo certifican.
Boudou fue condenado en 4 instancias, por 15 jueces y hasta por la Corte Suprema y con todas las garantías. ¿Volverá a la cárcel? Veremos. Insisto con la idea de que no les preocupa Boudou al que tirarían a los leones con toda tranquilidad. Les preocupa que las balas piquen tan cerca de Cristina.
Laura Alonso, la ex titular de la Oficina Anticorrupción lo definió en pocos caracteres: “defender al punga, porque le hace jaque a la dama”. En los diccionarios del lunfardo el punga: es el ladrón que saca objetos de los bolsillos de las víctimas. En el lenguaje del hampa en Córdoba, dicen que te “bolsiquea”. Es un ladrón de poca monta, comparado con los jefes como Néstor y Cristina. Pero es un ladrón. Eso es Boudou, el atorrante vivillo del ladriprogesismo. Y por eso arde la ciudad…

Honor a Fernández Meijide – 4 de diciembre 2020

Graciela fue presidenta de mesa en 1951 cuando las mujeres votaron por primera vez. Hija de padres radicales, ella votó por el socialista democrático Alfredo Palacios que juntó apenas 55 mil sufragios.
Ayer, nuevamente, se hizo justicia con Graciela Fernández Meijide. La Universidad Siglo XXI la declaró Doctor Honoris Causa por “ser un referente nacional de la lucha por los Derechos Humanos, la justicia y la democracia”. En un par de meses cumplirá 90 años y tiene una energía asombrosa para combatir todo tipo de autoritarismo y para fortalecer todo tipo de avance republicano. Es la presidenta del Club Político Argentino que en su documento fundacional, lo dice todo:” nos convoca una viva estima por las ideas y por el debate público, por el pluralismo y la diversidad”.
En junio de 2017, la designaron ciudadana ilustre. Siempre militó a favor de la vida y la libertad. Era muy chiquita y andaba por las calles de Avellaneda recogiendo papeles metálicos de chocolates y atados de cigarrillos. Los hacía una pelota y los enviaban a los aliados para ayudarlos a derrotar a todos los fascismos. Su cerebro funciona a mil por hora como si fuera una adolescente. Es inteligente, lectora voraz, coqueta e incansable. Madame Graciela, la profesora de francés, vive en el barrio de Belgrano y tiene dos gatos que la acompañan.
Todos le dicen simplemente Graciela. Su historia personal es un poco la historia de esta Argentina con sus dolores y alaridos más profundos y sus alegrías más fugaces. Muchas veces las arrugas de su cara representaron un país cansado de vivir espasmódicamente, sin planificación y con un grado de infantilismo que asusta. En tiempos de cirugías estéticas por millones, de urnas llenas de botox y de siliconas mentirosas, sus ojeras son medallas que la vida le colgó por haber pasado por tantos túneles y por haber sufrido tanto. Ella viene del horror y no de la política. Fue su segundo nacimiento.
El primero fue un 27 de febrero de 1931 en Avellaneda. Pero el segundo fue hace 43 años, en una madrugada desgarradora que no olvidará jamás. Cinco civiles armados que llegaron en tres autos secuestraron a su hijo Pablo que estaba en el quinto año del secundario y nunca había militado en política ni tenía actividad gremial. Pablito Fernández Meijide tenía 17 años y no apareció nunca más. Le repito… Pablito Fernández Meijide no apareció nunca más. En su casa quedó una mochila que todavía tenía tierra de Bariloche, una bolsa de dormir, una pecera refulgente de peces de colores, una máquina de fotos que adoraba, un perro pastor ovejero que aullaba presintiendo todo y un tremendo agujero negro que se instaló en el corazón de la familia para siempre. A partir de ese momento lo buscaron las 24 horas del día por cielo y tierra. Por las noches, Graciela le hablaba a la oscuridad y creía que Pablito la escuchaba. Entonces se abrazaba a la almohada y le decía:” Pablo, Pablito, esto va a pasar, vos sos joven y esto va a pasar. Pablito, viví, aguanta, mantenete con vida, aguanta”.
Le hablaba a una foto en la mesita de luz, a esa misma foto que después convirtió en pancarta y llevó a todas las movilizaciones para pedir aparición con vida y castigo a los culpables. Porque resultaba indispensable.
En ese momento parió a la dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Hace muchos años que conozco a Graciela Fernández Meijide. Allá lejos y hace tiempo, cerca de 40 años, yo integré desde el último escalón de importancia ese organismo multipartidario y multisectorial desde donde ella se hizo conocida en todo el país.
Hoy prefiere ser muy prudente al hablar de ese desgarro del alma. Dice que los duelos no se terminan nunca. Que apenas se tramitan de la mejor manera que uno puede. Ella supo y pudo encontrar el equilibrio necesario para mantener viva la llama de la memoria de Pablo sin quemarse en el fuego del odio, el resentimiento y la venganza. Fue una activa integrante de la Conadep donde se dedicó a recibir las denuncias de los campos de concentración, los delitos de lesa humanidad y el terrorismo de estado. Fue figura fundacional del Frepaso junto a Chacho Alvarez
Finalmente Graciela nació por tercera vez en 1995 cuando un millón de personas la votaron para que sea senadora. Por sus agallas y por su sentido de la solidaridad. Apenas dos años y medio después, en 1997, fueron más de tres millones y medio de compatriotas que la tocaron con la varita mágica y republicana de las urnas. Y así pudo derrotar al fantasma de Menem y al aparato de Duhalde.
Graciela nació tres veces. Fue diputada, senadora, Constituyente de la reforma del 94, ministra y presidenta de la Constituyente de la Ciudad de Buenos Aires. Hoy sabemos que es Doctora Honoris Causa y que siempre fue una ilustre ciudadana. Eso es mucho para cualquiera. Su madre la dio a luz en el corazón de una Avellaneda obrera y pujante, después amaneció en la noche de la dictadura y, finalmente en la democracia de las urnas donde habla la voz del pueblo.
Graciela en sus orígenes se asoció políticamente con Carlos Auyero, un demócrata-cristiano íntegro de transparencia a toda prueba y gran capacidad intelectual.
Graciela siempre apuesta al consenso, a debatir con honestidad intelectual y la cabeza abierta y es difícil que se le escape alguna agresión verbal. Publicó varios libros pero los más significativos fueron las críticas y autocríticas de la violencia política de los 70. Uno se llamó “Eran humanos, no héroes” y el otro fue un extraordinario diálogo reconciliador con el ex dirigente montonero Héctor Leis.
Hebe de Bonafini en su momento la trató de “rata” a Graciela y eso me dolió en el alma. ¿Cuál es el límite? El motivo fue que Graciela había propuesto una idea audaz y polémica como la de bajarle la pena a los represores a cambio de información fehaciente sobre los desaparecidos y sobre los nietos que las abuelas buscan sin descanso y sobre el número exacto de desaparecidos durante el terrorismo de estado. Ese fue su pecado. Abrir un debate sano, necesario y desde el lugar de la víctima para buscar la verdad y la justicia como siempre han dicho los organismos de derechos humanos. Los derechos humanos tan manoseados pueden recuperarse como el terreno fértil en donde sembrar nuevos tiempos.
Esa misma palabra electoral inapelable de los votos le gritó “No va más” a Graciela y le bajó el pulgar en dos momentos terribles. Primero perdió la interna con De la Rúa y después la gobernación con Carlos Ruckauf.
Ella que se había cansado de subir la cuesta ganando una elección tras otra, perdió dos comicios seguidos y su carisma empezó a deteriorarse. Mantuvo las manos limpias y el corazón caliente pero dejó de ser el gran fenómeno político argentino, la mujer que más alto había llegado hasta ese momento con el voto popular, desde el renacimiento de la democracia.
Por esos días era como la heredera de Alicia Moreau de Justo. Pero con mucho apoyo popular.
Sus más cercanos le dicen Nenuca. Ella aguantó a pie firme todos los ataques. La acusaron de las peores cosas. Le dijeron abortista, Alfonsín con polleras, pituca de Barrio Norte que solo conoce a los pobres por televisión.
Algunos la insultaron como autoritaria, ineficiente y hasta la acusaron de ama de casa. Suena insólito, incomprensible, pero es la verdad histórica.
Y ella se bancó todo. Porque todavía sigue en el frente de batalla, peleando por sus convicciones, cuestionada por algunos y lejos de aquel estrellato pero todavía se mantiene firme y valiente en el debate nacional con mucho que perder y sin nada que ganar. Esta viuda de un arquitecto llamado Enrique que la acompañó en todas ya se ganó el respeto y la admiración de una inmensa porción de los argentinos.
Es que Graciela no se rinde. Pero ya está absolutamente amortizada desde el día que perdió lo más importante que puede perder un ser humano: a su hijo. Pudo aferrarse con más fuerza a otros afectos como los de sus hijos, Alejandra, Martín y Celia. Y ahora sus nietos, Camila y Diego.
Lo demás es historia que anda caminando para que cada argentino la juzgue como quiera. Su siembra pacífica y de consensos institucionales, es de un gran valor pese a que por momentos parecen ganar los que siembran cizaña y autoritarismo. Ayer recibió un premio absolutamente merecido. Un reconocimiento para quien apostó siempre al progreso, la igualdad de oportunidades y las neuronas de una cabeza abierta. Por eso también integra el Foro Argentino para el Restablecimiento de la Democracia en Venezuela que acaba de rechazar el fraude electoral que la dictadura de Nicolás Maduro pretende llevar a cabo este domingo.
Graciela no se vende. Combate con firmeza todo tipo de autoritarismos y oscuridades. Su hijo Pablo la ilumina siempre y es su motor. Su combustible, nunca fue el odio. Y siempre jugó en la vereda del sol porque comprendió que los problemas de la democracia se arreglan con más democracia. En el escenario de la política sana se la nombra como Graciela. Y ya se sabe que es ella: Graciela Fernández Meijide. Graciela mucha mujer.

Los médicos, héroes esenciales – 3 de diciembre 2020

En el día del médico, esta columna está dedicada a nuestros compañeros de radio, los doctores Daniel López Rosetti y Alberto Cormillot. Pero también, a todos los referentes de la excelencia científica en ese arte de curar como los doctores Pedro Ferraina, Luis Caro, Oscar Mendiz, Jorge Lantos, Fernán Quirós, Fernando Scazzuso y Jorge Carrascosa, entre otros.
No es la primera vez que en esta pandemia le hablo de los médicos y seguramente no va a ser la última. Hace unos días le comenté que hay que encarar la jerarquización económica y profesional de estos compatriotas a los que tanto les debemos. No quiero caer en patrioterismo barato ni en un clima malvinero. Pero la épica y la mística les va ayudar a darle más energía a los que luchan por nosotros. Después podremos cantar el himno nacional juntos y gritar cuando llegue la parte que dice “Al gran pueblo argentino salud”. Ayer nomás, hablamos con el doctor Luis Landry, el jefe de la terapia intensiva del hospital pediátrico Garraham. Y nos reveló las dos caras de la moneda. Aunque siguen sin ser reconocidos como se debe, en plena pandemia, hicieron 63 trasplantes y 3600 cirugías de alta complejidad.
Son héroes esenciales a los que tenemos que homenajear siempre.
Por ejemplo al doctor Alberto Crescenti.
Tiene 67 años de los cuales, 40 son de médico y lleva 21 al frente del SAME que seguramente debe ser el organismo estatal más eficiente de la Argentina. Todo el mundo conoce y vio en acción a las ambulancias del SAME, las siglas del “Sistema de Atención Médica de Emergencia”. Están en operaciones las 24 horas, como siempre, pero ahora son una especie de avanzada, de infantería. Son los primeros que llegan. Estuvieron entregando todo en las peores calamidades que tuvimos que sufrir. Sacando heridos de los escombros en los atentados a la embajada de Israel y la AMIA; jóvenes quemados en Cromagnon, asfixiados y fracturados en el siniestro de Estación Once y bomberos heridos de gravedad en Iron Mountain. No tienen horarios. Crescenti no es un general de escritorio. Siempre está en el terreno y va al frente de su equipo. Por eso tienen tanta mística. Por eso soportan tanto dolor de ver tanta gente muerta. Y ahora están a full. Muchos, ni siquiera vuelven a sus hogares para no contagiar a su familia. Crescenti es el capitán de un equipo de médicos, enfermeros, radio operadores, choferes. Hace mucho que vienen sumando los últimos avances en emergencias. Y eso se nota ahora con la pandemia. Tienen 25 ambulancias y ya compraron 6 más con pintura nano tecnológica y luz ultravioleta que les permite desinfectar el habitáculo en 15 minutos y estar separados del chofer. Cuentan con el escuadrón aéreo, dos helicópteros que aterrizan en cualquier lado para salvar vidas. Crescenti en situaciones como estas, no puede ni dormir. A toda hora le suena el celular y el alerta rojo. Pero cuando alguien llama al 107, todo se pone en marcha como un mecanismo de relojería. Nada puede fallar. Crescenti, mirando lo que pasó y sigue pasando en países desarrollados, tiene una pesadilla que no quiere que se haga realidad: que un día tenga que tomar la cruel decisión de elegir a quien lleva al respirador y a quien lleva a la morgue. Están siempre de guardia en la vigilancia epidemiológica. Trasladar, asistir, revisar, comprobar la gravedad, son todas tareas ineludibles. La emergencia es cuando alguien llama con extremas dificultades respiratorias. Ese es un síntoma clave del Coronavirus. “Me ahogo, no puedo respirar”, dice la gente desesperada. Y allí parte la brigada de Crescenti. Para tomar la fiebre y hacer un hisopado. Para evitar que el coronavirus se confunda con una neumonía o una bronquitis severa. Reciben 6 mil llamados por día. ¿Escuchó? Seis mil llamados por día. Viven a tres metros del suelo. Pero es una vocación profunda y valiente, Como la del bombero o el policía. Crescenti perdió a su padre cuando tenía apenas 10 años y desde entonces se mira en el espejo de Favaloro, como si fuera un padre adoptivo, un ejemplo.
Creo que Favaloro e Hipócrates estarían muy orgullosos de Crescenti, de los médicos argentinos que vinieron de Europa para ayudar, del que llega a su casa y no puede abrazar a su hijo, de la enfermera de la Plata y la directora del hospital de Chaco y de todos los exponen su vida para salvar la nuestra. Se considera a Hipócrates como el médico más grande de toda la historia. Su juramento fue cambiando de palabras con el tiempo. Pero alguno de sus viejos párrafos sigue teniendo una vigencia ética conmovedora. Uno dice así:
Respetaré a mi maestro de medicina tanto como a los autores de mis días, compartiré con él mis bienes y, si es preciso, atenderé a sus necesidades; consideraré a sus hijos como hermanos y, si desean aprender la medicina, se las enseñaré gratis y sin compromiso”.
O este: “Dirigiré el régimen de los enfermos en provecho de ellos, según mis fuerzas y mi juicio, y me abstendré de todo mal y de toda injusticia. Pasaré mi vida y ejercitaré mi arte en la inocencia y la pureza”. Si cumplo este juramento sin infringirlo, seré honrado siempre por los hombres; si lo violo y soy perjuro, que mi suerte sea la contraria”.
Es ese el juramento que respeta el respetable doctor Alberto Crescenti…
Le confieso que cada día que pasa siento más admiración por lo médicos y por todos los trabajadores de la salud. Hay un video que me conmovió hasta las lágrimas. No sé si lo vieron. Un médico regresa a su casa. Se lo ve agotado, después de una jornada interminable y estresante. Llega con su guardapolvo celeste y su hijito de 4 o 5 años va a buscarlo corriendo con los brazos abiertos para abrazarlo. “No, no”, le grita el médico para evitar que su hijo lo abrace. El nene se queda paralizado del susto. No entiende nada. Se congela su alegría por la llegada del padre al que seguramente ve muy poco. El padre se pone en cuclillas y se larga a llorar. Es desgarrador. Después de dar una batalla desigual y descomunal, ese doctor no puede tener ni siquiera el bálsamo de un abrazo y un beso de su hijito.
En estos días con tantos homenajes merecidos a Diego Maradona, pensé en el talento científico de René Gerónimo Favaloro. No quiero hacer comparaciones porque son odiosas, pero le confieso que varias veces me pregunté si Favaloro tenía el suficiente reconocimiento de esta bendita Argentina. ¿Hay un monumento a Favaloro? El de Jacinto Arauz es el único. Esa tierra del interior profundo de La Pampa, fue regada con sus conocimientos durante 12 años. De hecho, en una de las cartas que dejó Favaloro, pidió que sus cenizas se esparcieran allí y prohibió expresamente todo tipo de ceremonias civiles o religiosas. En Morón hay un pequeño busto.
¿Alguna avenida o plaza lleva su nombre? En La Plata está el memorial y el paseo. En Parque Patricios, hay una calle Favaloro. En Vicente López, un boulevard cortito. En Mar del Plata hay una pequeña plaza cerca del cementerio. Y eso es casi todo. Es cierto que también un hospital en Rafael Castillo, La Matanza, se llama René Favaloro. Seguramente Favaloro no estaría preocupado por tener más placas y monumentos. Claramente nunca trabajó para el bronce. Siempre trabajó para el prójimo.
Pero me pregunto si valoramos como se debe a un hombre de semejante estatura intelectual y humana. A la hora de construir un equipo de trabajo, una familia o un país, yo me quedo como figura inspiradora con Favaloro. Es uno de los mejores referentes en donde debería mirarse una Nación que quiere innovación, progreso e igualdad.
Favaloro también nació en un barrio humilde como “El Mondongo” Llegó a la cumbre y a la gloria y hoy está en el paraíso de los próceres y los héroes sociales de la Argentina.
Está en nosotros elegir cuál país queremos construir para nuestros hijos.
Favaloro estudió con devoción la vida de San Martín y cruzó los Andes de la ciencia. Hoy más que nunca los argentinos nos debemos hacer estas preguntas y reflexionar.
Hoy que estamos asistiendo tristes y preocupados al país de la desmesura y el fanatismo que viola todas las leyes y las normas de convivencia.
El doctor René Gerónimo Favaloro fue uno de los argentinos más grandes de todos los tiempos. Hoy está en el cielo de lo mejor de la argentinidad. La técnica del bypass, su obra cumbre, está considerada como uno de las 400 más extraordinarias creaciones que cambiaron la historia. Casi no hay ejemplos similares en América Latina.
Favaloro es un padre nuestro que está en los cielos. El doctor de los doctores. Hoy lo extrañamos como nunca. Necesitamos de su molde. Para que nazcan argentinos de esa madera y con ese corazón. Militantes de la cultura del esfuerzo, y la excelencia. Plantados sobre nuestra tierra. Con la ética, el mérito y la honradez como bandera.
Nosotros tenemos la obligación moral de recordarlo todos los días, no solo en el día del médico. Tal vez nos ayude a salir de este túnel de angustia que nos producen todas las pandemias: la del coronavirus, la de la catástrofe economía y la de la impunidad para los corruptos que el tanto despreciaba.
Tal vez Favaloro nos ayude. Como nos ayuda Alberto Crescenti y todos los médicos. Feliz día para ellos.