El golpe de Cristina – 10 de diciembre 2020

Desafiante y provocadora, ella les gritó en la cara a tres jueces que ya la había absuelto la historia. “A mí me absolvió la historia”, ¿Se acuerda de esa agresión que intentó emular las palabras de Fidel Castro? Parece que ni Cristina cree en sus palabras. Porque si ella siente que la absolvió la historia, no debería estar tan ocupada y preocupada por atacar ferozmente a la justicia, uno de los pilares de la República. No hay demasiados antecedentes de una vice presidenta disparando misiles demoledores contra la Corte Suprema de Justicia. Les dijo de todo. Los acusó de ser los jefes de una asociación ilícita entre justicia y medios de comunicación para perseguir y encarcelar a dirigentes revolucionarios como ella. Incluso responsabilizó a los cortesanos de extorsionar al actual gobierno y trabajar para que fracase.
Cristina, dijo, con toda claridad, que la Corte es la cabeza de ese plan siniestro que solo existe en su cabeza y en la del Papa Francisco. Todas las causas de corrupción de estado que están en pleno proceso de juicio oral comenzaron durante su gobierno y siguen ahora. Por lo tanto no se trató de una venganza de Mauricio Macri. Todas las causas están repletas de pruebas documentales, indicios y testimonios que confirman que Cristina fue la jefa de una asociación ilícita para saquear al estado y enriquecerse en forma colosal. Eso la desespera. No quiere quedar en la historia como una ladrona, jefa de ladrones y mafiosos que hicieron millonarios a su familia, a casi todos sus ministros e incluso, sus secretaros personales y cadetes. Todos tienen fortunas que no pueden explicar. Todos le robaron al pueblo argentino. Y en lugar de arrepentirse y de expresar su vergüenza por eso, implementaron un plan sistemático para dinamitar la justicia y por lo tanto, hundir el régimen democrático tal como lo conocemos. Por eso hablo de golpe palaciego. Porque la carta intención de Cristina demuestra que no se conforma con un procurador adicto que todavía no puede conseguir. No se conforma con cooptar y copar organismos anti corrupción para ocultar sus estafas y perseguir a los demás. No se conforma con colocar jueces claves para las elecciones como Daniel Bejas o Alejo Ramos Padilla. Nada de eso la conforma. Ella ya lo dijo: vamos por todo. Ella quiere convertir a la justicia en un organismo domesticado para que cumpla sus caprichos. Esta mañana lo definió el filósofo Rolo Villar, en esta radio. Para Cristina no hay tres poderes. Hay uno solo. El poder hacer lo que se le canta.
Así como fue la jefa de la mayor corrupción de estado en democracia, ahora es la jefa del grupo de tareas que busca con fanatismo la impunidad y la venganza.
Daniel Sabsay, tal vez el constitucionalista más prestigioso dijo que Cristina, está generando micro golpes de estado. Aclaró que “eso no significa la subversión total del sistema jurídico, sino que es un trabajo como las banderillas sobre un toro: lo van pinchando, hasta que al final, lo matan”. El pliego de condiciones que Cristina le puso a la Corte es para Sabsay “un escrache a los 5 magistrados más altos de la República”.
Hay un rosario de acontecimientos típicos del chavismo que ella utiliza como espejo. Hace dos meses, y también esta mañana, el impresentable Leopoldo Moreau hizo punta. Disparó munición gruesa al decir que la Corte estaba agotada y muy degradada institucionalmente: “Juegan al truco en lugar de apoyarse en decisiones legales”. Tuvo duras acusaciones contra cada uno de los miembros de la Corte. En su carta documento emplazando al máximo tribunal, Cristina repitió casi los mismos argumentos. Por ejemplo, que el gran pecado de Ricardo Lorenzetti era haberse sacado fotos con Claudio Bonadío y el juez Sergio Moro que encarceló a Lula por corrupción. Con ese solo argumento ella inventa una conspiración galáctica para encarcelar lo que ella llama líderes populares y en realidad son populistas autoritarios y corruptos. Cristina miente. Condena a Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti por haber sido designados por decreto. En realidad, ambos asumieron después de haber logrado el acuerdo correspondiente del Senado. Bad information, doctora.
Cristina quiere tapar el sol con las manos. Quiere que su prontuario vuelva a estar virgen como si ella fuera una santa y eso es imposible. Quiere que los periodistas, fiscales, dirigentes y jueces que la investigaron y la denunciaron vayan presos. Y eso, también es imposible. Insisto; es imposible dentro de las reglas de la división de poderes y de la Constitución Nacional. Pero ella quiere un esquema similar al de Nicolás Maduro en Venezuela. Pretende la suma del poder público para instalar una suerte de democradura con elecciones tramposas, sin alternancia posible y de carácter eterno. Por eso Alberto y Carlos Raimundi hacen lo que hacen. Por eso Alberto se deja humillar por un dictadorzuelo de cuarta como Diosdado Cabello y nadie sale a defender al jefe de estado. Por eso Raimundi y nuestro país votan como votan, lejos de los países más democráticos del planeta y cerca de Rusia, Irán, Cuba y Nicaragua. El grupo Puebla, es la imagen del fracaso de presidentes jubilados y una plataforma jurásica hacia el fracaso y el pasado. Ahí colocó sus expectativas y alianzas el gobierno de los Fernández.
Nada de lo que pasa es casual en esta avanzada para colonizar y poner de rodillas a la justicia. Todo es parte de un plan fríamente calculado. Por ejemplo, las declaraciones golpistas del camarista Juan Ramos Padilla. Llamó a una movilización contra la Corte para barrer la inmundicia y la corrupción de ese organismo al que caracterizó como enemigos del pueblo. Solo faltó que les dijera “turros” como Hebe Bonafini que además, convocó a tomar el edificio de la Corte.
Hasta Santiago Cafiero dijo que la Corte había pisoteado los derechos de Amado Boudou. Un delincuente, malandra de estado, un punga como Boudou no les interesa demasiado a los kirchneristas. Pero saben que si Boudou vuelva a la cárcel la semana que viene, sería un aviso demasiado enloquecedor para Cristina. Es como decirle. Si Boudou fue a la cárcel, usted, doctora puede ser la próxima”. Por eso Cristina pateó el tablero. Porque se va quedando sin tiempo. El reloj de sus juicios se mueve lento pero para ella, va a la velocidad de la luz. No tolera ni siquiera imaginar la posibilidad de que la priven de la libertad como ocurrió con otros jefes de estado en América Latina. Por eso se mueve con planificación y furia. Cada uno que habla, lo hace con el guiño o la venia de la comandante Cristina. Los dos grandes diarios argentinos, utilizaron términos contundentes para definir la salvajada institucional. La Nación tituló “Cristina Kirchner acusó a la Corte de extorsionar al gobierno”. Y Clarín: “Furioso ataque de Cristina contra la Corte”. La presión es sobre la Corte, sobre los jueces y también sobre Alberto Fernández, a quien Cristina ni siquiera mencionó a un año de haber jurado como presidente. Graciana Peñafort, la asesora de Cristina en el senado y abogada de Boudou, fue bien explícita:” En un año no cambiamos la matriz de la justicia. El Lawfare no se desactiva ganando elecciones”. Traducido eso significa: Dale Alberto, no seas tímido, destruí la justicia lo antes posible y construyamos otra, según nuestras necesidades. Eso es lo que piensa Cristina. Oscar Parrilli dijo que el máximo tribunal “tiene una escandalosa asociación con el macrismo”.
En la solicitada que publicó Página 12, firmaron Víctor Santa María y Eugenio Zaffaroni, la materia gris de los atropellos judiciales de Cristina. “Con Lawfare no hay democracia”, titularon. Y es un anticipo del nuevo orden chavista y cleptocrático que quieren instaurar.
Pero el colmo de la hipocresía es la marcha y acampe por la liberación de todos los presos políticos como Julio de Vido, Milagro Sala, Boudou, el corrupto confeso Ricardo Jaime y otros jefes mafiosos como el Pata Medina o el Caballo Suárez. Todos millonarios con el dinero ajeno. “Son patriotas perseguidos”, dicen con la cara de piedra. “Si tocan a uno, nos tocan a todos. Las cárceles no son para los compañeros”, agregan.
El diputado Alvaro de Lamadrid dijo que ella pretende “una autocracia familiar, consanguínea y hereditaria. Ella se quiere convertir en la justicia, modificar el régimen electoral y la Constitución Nacional”.
Algunos tibios de mirada corta me acusaron de exagerado por sostener que Cristina es la que más daño le hizo y más daño le puede seguir haciendo a la democracia. Creo que con lo que está pasando ya no hay ninguna duda. El que lo niegue ahora ya ingresa en el campo de la complicidad.
Pasó lo mismo al describir el objetivo de chavización. Hay diversas formas de chavismo. Uno es el chavismo santacruceño. Allá está claro el proyecto. Funcionarios enriquecidos y ladrones. Pueblo pobre y casi sin puestos de trabajo privados. Clientelismo de la peor calaña. Sumisión absoluta de los legisladores y los jueces elegidos entre los amigos y soldados cristinistas. Y como si esto fuera poco, observatorio de medios para seguir aplastando a los pocos y valientes periodistas independientes. ¿Cómo se llama eso? Cristinato. O Chavismo santacruceño. O Feudalismo ladri progresista. Eso es lo que hicieron en el pasado en la provincia y eso es lo que quieren seguir haciendo con el futuro de la Nación. Alberto también fue destinatario de la carta de la reina. Para que se mueva según las urgencias y necesidades de Cristina. ¿Qué hizo Alberto? Lo de siempre. Se subió a las exigencias de su jefa. Y dijo lo siguiente: “Comparto mucho de lo que planteó Cristina. Es un llamado de atención para todos. La justicia tiene una lógica corporativa y es impermeable a los cambios. Ahora la justicia está funcionando mal. Y esto no es una injerencia en otro poder. Ellos también están sometidos a la crítica pública”.
Cristina y Alberto son lo mismo. Lo dijo Alberto. La gran diferencia es que Cristina manda y Alberto obedece. Que Cristina atenta contra la división de poderes y la República y Alberto se convierte en cómplice. Ya pasó un año de gobierno. El balance y el futuro no podrían ser más tristes.

Antes que Brandoni se Olvide – 9 de diciembre 2020

La presentación del libro de Luis Brandoni fue absolutamente emocionante. Se trata de sus memorias tituladas “Antes de que me olvide”. Las editó “Sudamericana” y Beto tuvo la colaboración en el texto de Marcelo Ramos. La ceremonia fue en el Multiteatro, en el corazón de la calle Corrientes y en medio de la escenografía de “El acompañamiento”, la obra maestra de Carlos Gorostiza que Brandoni está protagonizando con David Di Nápoli. Le recuerdo que “El acompañamiento subió a escena como un grito de gran resistencia a la dictadura militar en “Teatro Abierto” Y que Gorostiza fue el primer secretario de cultura de Alfonsín cuando recuperamos la democracia.
Carlos Gardel desde una foto en la pared supervisó la noche, cargada de risas y lágrimas. La platea respetaba los protocolos de esta maldita pandemia. Una butaca si, 5 butacas, no. Una fila si, dos filas, no. Barbijos y alcohol en gel hasta en el baño.
En la mesa, sobre el escenario, como ya es habitual, la voz y el contenido de Santiago Kovadloff, sedujo a todos. Habló de la vocación de un actor que dejó huella en su tiempo. La historia de Beto es la historia de la Argentina de los últimos 60 años. Brandoni marcó una época del cine, el teatro y la televisión y eso también lo marcó a él.
El libro tiene dos prólogos, de dos gigantes: Sergio Renán, quien lo dirigió en “La tregua”, la primera película argentina nominada como mejor extranjera para un premio Oscar y Juan José Campanella, que con “El secreto de sus ojos”, ganó el Oscar. Como la primera parte del libro se escribió hace varios años, Renán pudo entregar ese texto antes de morir en el 2015. Allí destaca que Brandoni tiene los instrumentos actorales para hacer teatro “culto” pero también, para que los sectores populares terminen adorándolo. Para Renán, el público entiende a Brandoni como “un cómplice, como parte de su familia”.
Campanella dijo que “este hombre logró hacerlo llorar de risa en un programa de televisión y de emoción en una película. Es el truco del mago. Te arranca carcajadas y te pone un nudo en la garganta en un lapso de segundos”. El empresario Carlos Rottemberg contó anécdotas claves para conocer la profundidad ética de Brandoni. Era diputado y no tenía un peso. No había aceptado un trabajo en televisión por el que le pagaban fortunas porque no quería descuidar su trabajo legislativo. Muchos amigos le tuvieron que prestar dinero. Y aquel momento dramático cuando el empresario muy joven por ese entonces, sufrió con Beto las amenazas del terror de estado. Había programado en un pequeño teatro de Pinamar a Mercedes Sosa, Marikena Monti y a Brandoni. Un día tenebroso, todos los departamentos del edificio del barrio de Caballito donde vivía Rottenberg, recibieron por debajo de la puerta un panfleto repugnante donde les avisaban a los vecinos que ahí vivía un protector de subversivos. Los condenaron a muerte y por supuesto, Beto se quedó sin actuar en Pinamar.
El extraordinario cineasta Héctor Olivera, que a los 90 años también está a punto de publicar sus memorias, contó en la cena posterior, situaciones increíbles, allá en el sur cuando filmaron “La Patagonia Rebelde” con Brandoni, Pepe Soriano, Héctor Alterio y Federico Luppi, entre otros emblemas de la actuación.
Brandoni, con 80 años recién cumplidos, se mueve como un joven apasionado en defender los principales valores de la democracia y la libertad. Le pone el cuerpo y la cara a las convocatorias. No se vende ni se calla. Tiene convicciones profundas, y unos huevos del tamaño del Congreso de la Nación. Porque esa actitud, le ha multiplicado el amor de las multitudes pero, simultáneamente, el odio de los fanáticos. Con tristeza, confesó que esta fractura social expuesta le hizo perder amigos de toda la vida.
Brandoni contagia esperanza y está abrazo a millones de argentinos que lo consideran un verdadero héroe social. Porque enarbola sus convicciones y no tiene un gramo de especulación. Su protagonismo no tiene ningún interés personal. Podría quedarse en su casa a disfrutar las mieles del éxito que tuvo y tiene en todos los planos. Pero elige ser más ciudadano que nunca y comprometerse por sus ideales aunque eso no le traiga ningún beneficio personal.
Beto Brandoni, a esta altura, es un prócer de la cultura y la libertad. Es un canto a la honradez republicana y a la democracia.
Luis Brandoni sobre las tablas se transforma en un manual del que cualquier actor puede aprender. Celebra porque dice que su actividad, es una de las pocas artesanales que quedan. El teatro se hace igual que hace 3.000 años y todavía no se inventó un botón o una inyección que les ayude a aprender la letra y los movimientos en la escena. Brandoni, ya fue distinguido como ciudadano ilustre de la ciudad y la provincia hace tiempo. Pero creo que se ganó largamente la condición de ciudadano ilustre de la República y la democracia. Y no lo digo solamente por esos videos que con su emoción, ayudó a movilizar a tantos argentinos preocupados el avance de la cleptocracia y el chavismo K. Lo digo por su trayectoria impecable como Actor de la Nación, como dirigente sindical valiente y perseguido por la dictadura y como ex diputado del radicalismo que hizo honor a la honradez de presidentes como don Arturo Illia o Raúl Alfonsín.
Adalberto Luis Brandoni nació en el Dock Sud, en el empedrado y con los sonidos de bandoneón arrabalero de los conventillos. Por eso es tan tanguero y miembro de la Academia del Lunfardo.
El destino le puso dos marcas que luego tomaron vida. Su casa estaba en la calle Leandro Alem y con el tiempo, él también fue orgulloso integrante de la Unión Cívica Radical. Pero en los cines de barrio, el “Selec” y el “Eden”, se enamoró de esa pantalla gigante y dedicó su vida entera a dignificar el oficio de actor.
Arrancó con los mejores y los que hicieron de la ética una bandera: en la Comedia Nacional Argentina dirigida por Luisa Vehil. Los argentinos decentes y democráticos le debemos mucho al Beto Brandoni. Instaló para los tiempos en la memoria colectiva personajes y películas que son parte de nuestra identidad como pueblo. “Esperando la carroza”, es una película de culto que hoy se ve más que nunca a través de las redes. Todos repiten esas palabras de Antonio Musicardi, su personaje, el hijo de Mama Cora, cuando dice, falsamente compungido: “Me partieron el alma. Que miseria. ¿Sabes lo que tenían para comer? Tres empanadas… tres empanadas”. Eso dice mientras va saboreando como si nada, una de esas empanadas. Una escena memorable del grotesco criollo costumbrista de Alejandro Doria. No hizo otra cosa que meterse en el corazón de la gente y dar cátedra con sus personajes y de ser un ejemplo de vida. No alcanza una hora para recordar sus grandes éxitos. Cada uno elige: La Tregua, por ejemplo. Por ese trabajo, la Triple A, lo condenó a muerte y lo obligó a exiliarse por un tiempo en México. Era una organización terrorista de ultraderecha que nació al amparo del estado peronista y de su jefe el ex ministro José López Rega.
La Triple A criminal (Alianza Anticomunista Argentina) tuvo su contracara con la Triple A luminosa, la Asociación Argentina de Actores de la que Brandoni fue secretario general de 1974 hasta 1983. Había que tener la valentía del tamaño de la catedral cuando los fachos de López Rega y los criminales de lesa humanidad de Videla perseguían, secuestraban y asesinaban a mansalva. Brandoni fue reelecto en su gremio, incluso estando en el exilio. Y eso muestra su lealtad con sus compañeros de trabajo, su pluralismo y su valentía a prueba de balas en todo el sentido de la palabra balas.
El terrorista de estado Aníbal Gordon secuestró a Brandoni y su esposa de entonces, Martha Bianchi. Los “chuparon” como se decía en aquellos tiempos macabros. Fue llevado a “Automotores Orletti”, un campo de concentración donde fue torturado y donde salvó su vida de pura casualidad.
Aunque suene increíble, durante los tiempos de cólera con K, Alejandra Darín y otres muchaches adoradores de Cristina fueron crueles en sus críticas cuando Brandoni renunció como afiliado a lo que definió como “Asociación Kirchnerista de Actores”. A un prócer que deberían reverenciar lo trataron como un traidor.
Otros compatriotas llevan en sus neuronas para siempre, obras maestras como “La Patagonia Rebelde”, “Made in Argentina”, el “Cuento de las Comadrejas” y el super éxito de “La odisea de los Giles”, dirigido por Sebastián Borensztein.
¿Quién no disfrutó con Mi Cuñado o Buscavidas? Brandoni es por lejos el actor que hizo más obras de autores nacionales y es el único que no trabaja los primeros de mayo aunque pierda una gran recaudación. Su horizonte en la vida es la ética de las convicciones.
Consideró a Raúl Alfonsín como su padre político. Fue su asesor en el tema cultural y un día inolvidable, en ese carácter tuvo una charla deliciosa con Jorge Luis Borges. Jorge Miguel Couselo, Carlos Gorostiza, Sergio Renán, Manuel Antin y Santiago Kovadloff fueron los que apostaron a renovar democráticamente la cultura desde 1983.
Hincha de River, su máxima felicidad son Florencia y Micaela, sus hijas del alma. Y sus nietas, Olivia, Catalina, Macarena y Tomás, por orden de aparición. Y cultiva su amor por Saula Benavente, su novia desde hace años.
Brandoni es un argentino inmenso y ejemplar. Brandoni no se vende ni se alquila. Se puede romper, pero no se dobla, según el testamento de Leandro Alem, justo el nombre de la calle en donde nació, en el Dock, con el corazón mirando al Sur…

Lennon, a 40 años del crimen – 8 de diciembre 2020

Un diario publica hoy esa foto histórica de John. Tiene puesta esa remera sin magnas que dice “New York City”, con los jeans y el cinturón cuya hebilla tiene el número 1, un pequeño crucifijo plateado en su cuello y sus lentes, dos círculos que le dieron identidad.
Hoy todos recuerdan su genio y sus ideas. Aquel traslado en patrullero hacia el hospital Roosevelt y el alarido desesperado de Yoko. Todavía tenían muy fresco los recuerdos del 9 de octubre, su cumpleaños número 40. Ese regalo asombroso de los 5 aviones surcando el cielo de Manhattan y escribiendo 9 veces, “Felicidades, John” con la firma de su hijito Sean que cumplía 5 años. Lennon había declarado que “la experiencia de ser padre tiempo completo, me devolvió el espíritu. La vida recién empieza a los 40”. Su mensaje no fue solo de paz y amor. También impulsó el feminismo, la tolerancia la diversidad. Dale una oportunidad a la paz. Todo lo que necesitas es amor.
Hoy se cumplen exactamente 40 años y todavía me corre frío por la espalda cuando recuerdo aquel día, uno de los más tristes para varias generaciones: fue el día que asesinaron a John Lennon. La humanidad perdió a uno de sus mejores hombres y parte de la industria cultural y de los Beatles quedaron huérfanos.
El primer disco de Los Beatles, hace más de medio siglo, se llamó “Please, please, me” fue el primer tema con alusión al sexo oral. Fue traducido en Argentina como “Por favor, yo”. El flaco Spinetta enloqueció después de escucharlo. Se conmovió con tanta poesía, música de calidad y un cambio que anunciaba una revolución. Ese grupo celestial de Liverpool lo formó alguien muy terrenal pero que está en el cielo: John Lennon. Hizo una pareja inolvidable con Paul McCartney con quienes parieron casi dos centenares de las canciones más coreadas por los jóvenes de todo el mundo. En aquel debut discográfico con influencia de Chuck Berry, la mitad de los temas habían sido compuestos por ellos.
En 1963 también se producía en Estados Unidos, otro de los asesinatos que más conmovieron al mundo, el de John Fitzgerald Kennedy. A veces pienso que el martirio de ambos fue una señal prepotente que nos advertía que siempre habrá gobernantes dinosaurios que no estarán dispuestos a darle una oportunidad a la paz. Por eso muchos creyentes y adoradores de los Beatles ven a Lennon como una suerte de Jesucristo que fue crucificado con 4 balazos en plena calle 72 en Nueva York y que tanto su nacimiento como su muerte fueron anunciadoras de nuevas culturas y de nuevos comportamientos aquí en la tierra como en el cielo.
Es verdad que su figura flaca y pelilarga nos llevaba a Jesucristo. Su cara angulosa, su mensaje y su prédica en el desierto, esa actitud de poner la otra mejilla y aquel impresionante escándalo que generó cuando, atrevido y provocador, dijo que los Beatles eran más famosos que Jesucristo. Nos estaba anticipando la sociedad mediática y millones de feligreses se dieron cuenta. Y le levantaron capillas en cada guitarreada y repartieron sus estampitas redondas de vinilo que levantaban la pasión de las multitudes en los estadios.
En 1969, Lennon dijo: “Todos somos Jesucristo y todos somos Hitler. Estamos tratando de hacer la palabra de Jesucristo contemporáneo, queremos que Jesús gane.” ¿Qué hubiera pasado con el mensaje de Jesús y de Lennon si hubiesen tenido las redes sociales actuales, el facebook o twitter?
Todavía se nos hiela la sangre de solo recordar aquel asesinato que derramó lágrimas globales. Aquel día, en estas pampas que Lennon nunca pisó, estábamos viviendo en medio del terror de estado y su muerte nos dejó más huérfanos todavía. Porque Lennon fue uno de los padres fundadores de nuestra identidad como generación. Porque fue uno de los ríos caudalosos a donde la juventud de todo el planeta fue a beber para empezar a ser mejores personas y para cambiar el mundo como fue cambiando con la música de los Beatles como banda sonora de esa película. Con sus comportamientos que dinamitaban la pacatería, con su loca psicodelia, con el flequillo casi naif mirado desde ahora, con el ácido lisérgico que taladraba cerebros de colores. Con Lennon como estandarte nos atrevimos a ser nosotros. A rechazar la obediencia debida en todas sus formas, a patear todos los tableros. A tratar al sexo como algo común y silvestre, como un placer de todos los días. A ver a John y a Yoko completamente desnudos en aquella foto que escondíamos de nuestros padres. Es impresionante lo que hizo en tan poco tiempo. Vivió solamente 40 años. El día que nació los alemanes arrojaron bombas sobre Liverpool esa cuna proletaria, orillera, futbolera y portuaria que parió a los 4 fantásticos. Siempre quise pensar que esas bombas nazis fueron el más grande grito de guerra que dio la humanidad y sirvieron de bautismo doloroso a Lennon que, en venganza, imaginó con Imagina el más grande himno a la paz que cantó y que todavía canta todo el planeta. En poco tiempo se convirtieron en patrimonio de la humanidad, en Caballeros de la Orden del Imperio Británico, condecoración monárquica que luego devolvieron para seguir siendo reyes populares. El mundo se rindió a sus pies.
No olvido que la madre de Lennon murió atropellada ante su mirada y no era casualmente mesera en un café de Penny Lane, la calle que después fue una sinfonía que coreó hasta el último de los terraqueos. El pequeño John Winston tuvo que ser criado por su famosa tía Mimi que un día, por suerte para todos, le compró su primera guitarra por 17 libras esterlinas.
John entró al mundo de la música con la cabeza abierta que recibió la impronta de Little Richard, Chuck Berry y Ray Charles. En la escuela de Bellas Artes John fue muy feliz y debutó en la gloria barrial con su primer grupo llamado Quarrymen donde conoció a un guitarrista que se las rebuscaba… un tal Paul McCartney. ¿Lo ubica? No faltó el escéptico que dijo: “¿Lennon y McCartney? No, no creo que funcione, no va a andar… Los compañeros del colegio escribieron158 canciones y se convirtieron en la dupla creativa más famosa y exitosa de la historia.
Después, hasta el nombre inventó Lennon. Jugó con las palabras y mezcló el Beat que quiere decir ritmo con el Beetle que quiere decir escarabajo. Y pasaron a ser bichos raros de la Caverna, esa cueva subterránea donde crecieron entre cajones de fruta barata y humedad.
El nacimiento definitivo de la leyenda lo provocó el psicópata maldito llamado Mark David Chapman que vació su revolver 38 sobre el cuerpo de Lennon que murió como quería, en los brazos de Yoko que abrazaba su cuerpo ensangrentado tirando en la calle con el asesino sentado en el cordón de la vereda esperando que llegara la policía.
Ese día la paz, los derechos humanos, la música celestial, la ética terrenal y la estética derramaron una lágrima gigante. Hoy John está entre nosotros a modo de homenaje. Para que juntos cantemos ese rezo laico: Imagina que no hay países, nada por lo que matar o morir, y sin religión también. Imagina a toda la gente viviendo la vida en paz. Tú puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Dice John que no hay necesidad de codicia ni de hambre y que apuesta a la fraternidad. Hoy lo recordamos y cantamos su himno.