Los banderazos no se rinden – 9 de noviembre 2020

Hay un gobierno que no gobierna y funcionarios no funcionan. Pero los banderazos no se rinden. Otra vez, multitudes de argentinos, a lo largo y a lo ancho del país pegaron un grito de protesta contra el gobierno de los Fernández. Al igual que 8 años atrás, la presidenta Cristina, fue el centro de la mayoría de las críticas. Por esos caprichos del destino, en el 2012 era la presidenta y ayer, también. Esta vez formalmente a cargo del poder ejecutivo porque Alberto estaba en Bolivia, en la asunción del nuevo presidente. Tal vez por eso y porque mucha gente la identifica como la que realmente manda o reina, el coro mayoritaria, casi como una expresión de deseo era “Ar-gen-ti-na sin Cris-ti-na”. Esta vez se multiplicaron los disfraces de la presidenta accidental disfrazada con traje de presidiaria. Estuvo la gigantesca muñeca inflable presidiendo el banderazo, al lado del Obelisco, con la cartera Luis Vuitton desbordante de dólares, con sus joyas, con el número fatídico del día en el que el fiscal Alberto Nisman apareció con un balazo en la cabeza y con un Albertítere en la otra mano. Pero la novedad es que se sumaron otras versiones más chicas, pero entre cañas de bambú que simulaban las rejas de una cárcel.
Los carteles fueron como siempre artesanales. Cada uno se hizo escribió su cartón o lienzo y no hubo consignas pre cocidas que se repartieran en los micros, porque tampoco hubo micros. Cada uno fue como quiso. En autos, motos, bicis, caminando y siempre con la bandera argentina como denominador común, como un poncho celeste y blanco que los envolvió a todos. La justicia y la Corte Suprema fueron el otro blanco predilecto de las exigencias. Jueces corruptos, no le entreguen la República a los corruptos. El más actual era contra el candidato de Alberto y Carrió a jefe de los fiscales. “No se olviden de Nisman. No a Rafecas”, con una frase del fiscal asesinado: “Si no se fugan, van todos en cana”. Una cartulina amarilla sirvió para otro alarido en el mismo sentido: “La República no es para tibios. No a Rafekas”, este escrito con “K”. Hubo pedidos para que los jueces Bruglia, Bertuzzi y Castelli no renunciaran y siguieran tratando de impartir justicia entre tanta injusticia.
La columna de Joaquín Morales Solá era comentada por todos. Uno de sus párrafos dice textualmente: “Una Nación sin jueces independientes es lo mismo que un país sin jueces”.
Gente común había estampado sus sentimientos en una tela: “CFK nos tenés hartos. Están incendiando el país, con tal de no ir presa. No te tenemos ni un poquito de miedito”.
Siempre le digo que estas convocatorias multitudinarias, son absolutamente independientes. Se trata de personas comunes que no siguen a líderes, que no tiene camisetas partidarias y que se auto convocan por las redes para ejercer su derecho constitucional a peticionar. Piden que se acabe la impunidad de los ladrones de estado, que se respete la propiedad privada, que se condene a los patoteros violentos y a los usurpadores y que los delincuentes de todo tipo no sean los únicos privilegiados. Uno de los carteles más curiosos y festejados decía “Graboy (asi con “y” griega y sin “s”, si querés tierras, lávate las orejas”.
Otro cartel muy creativo lo exhibía un joven: “Vengo porque no quiero irme”.
Nada del otro mundo. Piden una sociedad democrática, racional, sin autoritarismos ni corruptos de estado. Todo lo contrario al modelo del gobierno que pone como ejemplos a Gildo Insfran, Hugo Moyano y Juan Grabois, tres de los personajes con mayor desprestigio social en todas las encuestas.
Las marchas en alrededor de 200 puntos de toda la Argentina, florecieron a pesar de parte de los medios de comunicación tradicionales que siguen sin comprender la importancia y la originalidad del fenómeno y en contra del gobierno y de un sector de la propia dirigencia de los partidos opositores. A muchos no le gustan las manifestaciones que no pueden controlar, que se mueven con total autonomía y que muchas veces corren el peligro de que algún fanático o loquito se exprese frente a las cámaras. Allí los canales como C5N, Cristina 5 Néstor aprovecharán para hacer el eje de su cobertura en esos pocos casos como una suerte de árbol que les permite ignorar el bosque masivo de los banderazos. Diego Gvirtz, pauta traficante y delirante por el dinero del estado, llegó a publicar que la marcha se hacía curiosamente en un aniversario vinculado al genocida Emilio Eduardo Massera. Afiebrados fanatismos que los hacen ver visiones. Por supuesto que no hubo ni una sola, ni una insignificante alusión a semejante genocida. Todo lo contrario. Las expresiones escritas y cantadas eran por más democracia y en contra de todo tipo de dictaduras. El gigantesco globo inflable que flotaba en el aire decía “República o Feudo” y tenía una bandera de Venezuela que claramente demuestra que la inmensa mayoría de esa gente repudia los asesinatos y torturas de la dictadura chavista de Maduro. Es este gobierno que no gobierna y estos funcionarios que no funcionan, los que miran para otro lado y callan ante esos crímenes de lesa humanidad, según el último informe del tribunal de La Haya.
Los ciudadanos en las calles, están muy enojados con los opositores que no se oponen, aunque algunos de ellos tengan buenos números en las encuestas. Esas cifras suelen ser esquivas. Lo que se construye codo a codo en la calle es mucho más duradero. Los acusan de tibios, de pechos fríos y de no acompañar al pueblo o a una parte importante del pueblo que se puso al hombro el objetivo de ponerle límites al atropello del nacional populismo cristinista. Participaron otros dirigentes opositores, a título personal y sin intentar apropiarse de la contundente manifestación popular. En Córdoba estuvo Patricia Bullrich acompañada por la senadora Laura Rodríguez Machado. Sus hinchas, se ilusionaron con dos cantitos: “Se siente/ se siente/ Pato presidente” y “Veo/ veo/ que vés/ que volveremos a ser gobierno/ en el 20-23”. El optimismo militante era una manera de arengar a tanta gente. Es que el acto en Córdoba fue especialmente masivo y contó también con el jefe del interbloque de Juntos por el Cambio, el radical Mario Negri en su auto y con su hijo. Ellos también saludaron a todos los que le pusieron el cuerpo a la oposición callejera. Negri lo puso en palabras ante los medios: “Defendemos el federalismo republicano frente a este gobierno que solamente aumentó las incertidumbres en todos los temas”. Hablaba de lo sanitario, lo económico, lo judicial y la inseguridad. Los Fernández multiplicaron y profundizaron todos los problemas y no solucionaron ninguno.
En la Capital, hubo más legisladores y dirigentes que en otras ocasiones. Además de los que van siempre, como Waldo Wolff, Hernán Lombardi, Luis Brandoni, Alvaro de Lamadrid o Fernando Iglesias, se pudo ver a Carolína Píparo, Juan Curutchet, Alejandro Fargosi y Cynthia Hotton, entre otros, o a figuras de prestigio, pero sin pertenencia partidaria como el doctor Daniel Sabsay o Maximiliano Guerra. El constitucionalista Sabsay, con su bandera y en la calle, tuvo tiempo para tuitear “El banderazo más impresionante de todos”. Y el bailarín y maestro de bailarines, en las redes apuntó “no a la impunidad” y “ojalá que escuchen el reclamo de la gente”.
En Mar del Plata, durante horas, hubo caravanas interminables y un cartel original: “No eran pingüinos, eran buitres”. En Paraná, con Luis Etchevehere presente, la concentración se multiplicó indignada todavía por los delitos que cometieron en la usurpación los agricultores truchos que no sabían plantar ni perejil y que proclaman la Reforma Agraria de Grabois. En Bariloche la bronca era la misma contra los auto denominados representantes del pueblo Mapuche que toman tierras, iglesias, escuelas y chacras con violencia, irracionalidad e impunidad provista desde el cuarto gobierno kirchnerista.
Los altoparlantes y las gargantas cantaron todo el tiempo canciones de la patria. El himno a cada rato. La marcha de San Lorenzo y Mi bandera, entre otras.
Con sus pabellones agitados al viento, con esa bandera idolatrada, los manifestantes que marcan el camino a los partidos opositores, corearon con emoción.
Aquí esta como el cielo refulgente/ ostentando sublime majestad/ Después de haber cruzado el continente/ Exclamando a su paso: ¡Libertad, libertad, libertad!
Son los banderazos que no se rinden. Los banderazos que reclaman a su paso, Libertad.

Banderazo, a 8 años del 8N – 6 de noviembre 2020

Este domingo se cumplen 8 años del histórico 8N del año 2012. Este domingo, una vez más, los indignados argentinos van a ocupar las calles y las plazas de la Argentina para producir un alarido masivo de protesta contra este cuarto gobierno kirchnerista o contra la tercera presidencia de Cristina como lo bautizó el colega Roberts.
Será un histórico banderazo que tiene historia. Porque abreva en los mismos valores y conceptos que hace 8 años, levantaron aquella erupción ciudadana. Ese volcán republicano y popular, hoy tiene casi las mismas consignas. Las marchas de este domingo tienen su ADN en aquella reacción y en otras manifestaciones donde la gente se levanta y enfrenta a los atropellos institucionales.
Los desconfiados lo pueden buscar en Google. Pero hace 8 años, escribí lo siguiente:
La cacerola es un grito. Es el emblema de la rebelión individual de los barrios. La cacerola es una forma de expresión autónoma que solo la maneja cada ciudadano cuando, donde y como quiere. Nadie es llevado. Nadie es obligado. El que sale a la calle a juntarse con sus vecinos y a protestar está ejerciendo sus derechos en plenitud. Sin miedos, en forma pacífica y en libertad. El ruido que produce un elemento tan cotidiano y familiar como una cacerola es una forma de levantar la voz para que el gobierno escuche. No son los partidos los que convocan. Ni los sindicatos ni los centros de estudiantes. Es la bronca acumulada y auto convocada. Son los indignados argentinos que saben que una persona que grita se escucha más que un millón que callan. Las redes sociales, como su nombre lo indica, son la forma más moderna y eficiente de comunicación comunitaria. Es la sociedad civil que actúa en red. Solo las unifica un reclamo. O varios, porque cada uno tiene su reclamo. A algunos les taladra el bolsillo la inflación y están hartos de las mentiras descaradas del oficialismo. Otros, los más desgarrados, perdieron algún familiar que fue asesinado por una inseguridad que el gobierno niega. Muchos saben, que más de dos períodos es monarquía y no quieren manosear ni violar la Constitución Nacional. Algunos se quejan del autoritarismo. De la prepotencia y del abuso de poder que significa la utilización del estado como si fuera propio y como forma de castigo al que piensa distinto. Muchos no soportan que se ataque la justicia como nunca antes en democracia, mientras los escándalos que involucran al vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, por ejemplo, se van enterrando en las arenas movedizas de los tribunales. Esas son cacerolas que quieren destapar la olla nauseabunda de la corrupción. Y eso es pelear por la honradez y la decencia, presupuesto básico del sistema republicano.
Conozco vecinos que jamás se interesaron por la política pero que se sintieron humillados durante el cacerolazo anterior porque el monopolio mediático estatal, que pagamos todos, ocultó y censuró una expresión tan genuina de la democracia participativa. No habían salido a la calle el 13 de setiembre. Pero ahora decidieron salir para que nadie más los trate como estúpidos. Hoy no se puede tapar el cielo con las manos. Internet, entre otras cosas, es un democratizador de la información. Hasta el muro de Berlín se cayó a pedazos cuando los del otro lado se enteraron de lo que pasaba. Hoy se puede ver en la computadora todo lo que pasa. No hay gobierno que pueda ocultar lo que realmente pasa. Y ese es el talón de Aquiles del cristinismo. Pueden insultar a los que participan. Los pueden acusar de golpistas de extrema derecha, de gorilas, de tilingos y de todo lo que se les ocurra. Pero no harán otra cosa que potenciar y multiplicar las columnas que marchan hacia el Obelisco. La presidenta y su gobierno tienen una gran dificultad para entender lo que no controlan. No entienden bien lo que pasa cuando no lo organizan ellos. Acusan a miles y miles de argentinos de cosas que no piensan. ¿Habrá entre la multitud algún facho que añore el terrorismo de estado? ¿Habrá algún tarado que ensucie la concentración con una bandera repudiable o con carteles cargados de odio contra Cristina? Es probable. Tal vez tres o cuatro energúmenos aprovechen la espontaneidad de la marcha y la ausencia de liderazgos para intentar malversar el contenido del grito de las cacerolas. Y si eso ocurre, allí estarán los para-periodistas K para mostrarlo en sus pantallas como si fuera lo esencial. Entre un océano de gente, siempre se puede colar algún salvaje. Pero el árbol no tiene que tapar el bosque. El 8N quedará en la historia como el día en que miles y miles de argentinos se hicieron escuchar.
Muchos de ellos todavía no saben a quién votar. Todavía no saben bien lo que quieren. Pero están haciendo su experiencia y ya saben bien lo que no quieren. No quieren una cacerolacracia porque saben que el único que gobierna es el que gana las elecciones. Pero tampoco quieren una democradura en donde el que gana se siente dueño de todo y va por todo. Hay que escuchar el grito de las cacerolas y no silenciarlo ni mirar para otro lado.
Perdón por la falta de humildad y la auto referencia. Pero acabo de leer nuevamente mi columna de hace 8 años, sobre el 8N.
Este domingo pasará algo parecido pero mucho más fuerte. Habrá una marea humana que fue aprendiendo y que ya tiene una importante experiencia. Fueron perfeccionando sus aspectos organizativos, y se armaron varios grupos como Banquemos, Republicanos, Campo más Ciudad, Club de los Gorilas, Acción Conjunta, La rebelión de los Manos, entre otros.
Hoy nunca falta la presencia permanente de los colores de la bandera en todos los rincones de la patria, la exigencia con sus carteles y pancartas. No piden nada del otro mundo. Piden racionalidad democrática, respeto por el otro, división de poderes, más República y menos Cristinato. Piden que los opositores no bajen las banderas y les pongan límites a los jefes de los fiscales que quieren entronizar Cristina y Alberto. No a Rafecas y a ningún otro fanático militante al servicio de la impunidad y la venganza. Es un grito para despertar a la Corte Suprema que parece dormirse en fallos que siembran desilusión y que no levantan una verdadera trinchera contra los antidemocráticos. Se exige una Corte que esté a la altura de la historia y no que se transformen en los cortesanos de Cristina. Piden a gritos que no renuncien los jueces condenados a plazo fijo como Bertuzzi, Bruglia y Castelli. Como siempre el gobierno los va a descalificar. Serán ricos, gorilas, oligarcas, terraplanistas, anti vacunas y otros calificativos mentirosos. La única verdad será la realidad de una expresión de profundo rechazo a varias políticas del gobierno. Por ejemplo:
La hecatombe económica que sembró el país de desocupados, pobres, indigentes y empresas quebradas o que huyen del país.
El fracaso sanitario con una cuarentena eterna que no evitó más de un millón 200 mil contagiados, más de 32 mil muertos y que nos dejó entre los diez países del mundo con mayor cantidad de fallecidos por millón de habitantes.
La criminal inseguridad que está multiplicando asesinatos de laburantes, de policías e incluso de delincuentes en linchamientos y ajusticiamientos por mano propia que nos coloca en un infierno de atomización social. Son micro estallidos sociales. Son advertencias, alarmas callejeras.
El gobierno no ve esto o no lo quiere ver. El gobierno no quiere escuchar y se tapa los oídos. Por eso los banderazos van a mostrar en toda su dimensión los graves problemas de nuestra bendita Argentina y van a gritar más fuerte y más cerca de la Casa Rosada para que Alberto escuche a otras personas, además de Cristina.
Esta vez la convocatoria en esta ciudad es para ir desde el Obelisco a la Plaza de Mayo. Pero hay otras novedades. La presencia de una parte del escudo argentino en la proclama. Las manos de la fraternidad entre nuestros hermanos sostienen la pica que es símbolo de autoridad, mando, dignidad y soberanía. Sostiene el gorro frigio que es un emblema de la libertad, la igualdad y el sacrificio.
Dicen los que saben que la Argentina duele. Pero no nos queda otra que insistir, persistir y nunca desistir. Entre todos los afiches y videos llamando a las marchas para este domingo, hubo uno que conmovió hasta las lágrimas a mucha gente. Se viralizó con emoción y coraje. Es una señora ciudadana muy simple que se llama Marta Dilon. Es una trabajadora, es decoradora de ambientes y se gana la vida con dignidad y esfuerzo. Su voz fue la voz de millones. Nos interpela y nos anuncia que … Argentina se levanta… Que no hay recompensa sin esfuerzo, que robar está mal, que la ley es para todos, que el respeto es importante, que no puede haber paz si no existe justicia, que no todo se vende, que no todo se compra. Y termina de conmovernos cuando dice que “nadie se va a rendir. Que no nos vamos a entregar”. Conmueve y contagia. Porque dice una verdad tan grande como la patria. Nadie se rinde. Nadie, se entrega.

Cristina, eterna dañina – 5 de noviembre 2020

Hace 7 meses, los militontos K me hicieron el mismo favor que ahora. Me convirtieron en Trending Topic. Me insultaron en las redes porque en mis intervenciones nombro demasiado a Cristina Elisabet Fernández de Kirchner. El gobierno de los Fernández, fracasa exitosamente en todos los planos y no sabe cómo evitar las peleas que hay en la cima del poder de esta tercera presidencia de Cristina, como dice Roberts. Sin embargo sus fanáticos, en lugar de estar preocupados y ocupados en encontrar las soluciones a semejante desastre, se distraen con presuntas burlas a los periodistas independientes. Una actriz y un cantor, casi retirados y varios para periodistas mercenarios, le dieron manija a un video que editaron con el programa del sábado de Juanita Viale. Intentaron ridiculizar a Jorge Fernández Díaz, Laura Di Marco, mi hijo Diego y yo por referirnos tantas veces a la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero lo perdió varias veces.
La manada obsecuente y verticalista empujó para el mismo lado y logró, una vez más, convertirme en Trending Topic. Eso significa que mi nombre y apellido, en un momento, apareció primero en la tabla de posiciones de los temas que más se estaban hablando en Twitter. Fue un tiro por la culata que le salió a los cristinistas más agresivos. Le aclaro que ya estoy acostumbrado a que los grupos de tareas K en las redes, me insulten de arriba abajo y mientan descaradamente sobre mi vida y mi trabajo. Tengo el cuero duro y lo tomo como parte de mi oficio. Me molesta que sean cobardes y anónimos, pero nada más. Yo doy la cara, estampo mi firma, y en cada opinión, pongo en juego los niveles de audiencia, mi relación con los dueños de los medios donde trabajo y, fundamentalmente, mi credibilidad. ¿Se entiende? Me recontra banco todas las críticas pero las únicas que valen son las que tienen nombre y apellido. Las que tienen el coraje de no ocultarse detrás de una capucha cibernética. Pero insisto, ya estoy acostumbrado a las injurias permanentes.
La brigada tuitera de Cristina salió a castigar duramente pero, muchos de los miles de oyentes o televidentes que me quieren y apoyan la manera en que ejerzo mi oficio, salieron a contestarles y a defenderme. Eso hizo que me convirtiera en Trendig Topic.
Fue tanta la gente que me defendió que me siento obligado a hacer algunas reflexiones al respecto.
Una parte de los que dicen estos muchachos es rigurosamente cierta. Soy uno de los más duros críticos de Cristina. Me enorgullezco de eso y de que le moleste a los defensores del nacional populismo corrupto. Me siento orgulloso de lo que me acusan. Es verdad que aunque haya pandemia, yo no aflojo mis críticas a Cristina. Es verdad que mantengo esa coherencia y esa línea sin que me importe quien gobierne. No quiero hacer autobombo, pero analizar con crudeza y sin eufemismos la gravedad de las acciones de Cristina cuando está en el llano, es fácil. Lo complicado es hacerlo mientras ella está en el poder. Lo hice durante sus dos presidencias y lo hago ahora que es vice presidenta. Por supuesto que eso tiene costos de todo tipo para mí. Pero siento que esa es la manera más auténtica de jerarquizar este oficio que tanto amo. Los periodistas debemos ser abogados del hombre común y fiscales del poder. De todos los poderes. Del político y el económico.
Por supuesto que no me fijo quien está en el gobierno para hacer mis comentarios, aun los más duros. Sería un oportunista o un especulador o un pecho frío si bajara el tono porque Cristina está en el poder. Ya hay demasiados periodistas y medios que por convicción o por dinero le chupan las medias a Cristina o miran para otro lado y se hacen los boludos. Yo puedo estar equivocado, pero mantengo mi pensamiento y mis valores. No me doy vuelta. No soy una veleta ni un panqueque. Si no les gusta lo que digo no me escuchen o no me vean. Pero es ridículo que me critiquen por ser coherente.
¿Y sabe porque editorializo en forma permanente y con una valoración tan negativa a Cristina? Lo dije varias veces y lo voy a seguir diciendo en el futuro. Lo escribí en un libro que fue muy vendido.
De arranque, desde la tapa, digo “Juicio y castigo”, con la foto de Cristina. “El autoritarismo K, la fracturas social expuesta que resucitó el odio, mega corrupción de estado y profanación de los derechos humanos”. Es apenas un resumen de lo que pienso y despliego en el libro y todos los días en mis columnas. El análisis político que hago es que Cristina, es la persona que más daño le causó a la Argentina y la que más daño le sigue causando. Y como si esto fuera poco, no es una dirigente marginal. Todo lo contrario, tiene un caudal electoral con un piso del 25% de los votos y una tropa muy organizada entre los jóvenes de La Cámpora, los actores militantes y los servicios de inteligencia que fueron sembrados de espías dedicados a armar operaciones en contra de los periodistas independientes y de los dirigentes opositores.
Por eso me dedico tanto a Cristina. Porque estoy convencido que la Argentina va a poder salir adelante y tener más justicia y más libertad cuando la ex presidenta sea reducida a una expresión partidaria minoritaria y testimonial. Pero hoy Cristina es muy poderosa y casi siempre decide el rumbo del gobierno de Alberto Fernández. Lo presiona. Lo corre por izquierda y Alberto cede cada vez más. Trato de ser un periodista que defienda valores éticos. Y Cristina está a las antípodas de mi pensamiento. Fue la jefa de la asociación ilícita que saqueó al estado y multiplicó la semilla de la grieta que había sembrado su marido Néstor Kirchner. Disfraza su discurso para fingir ser una revolucionaria antimperialista que está con el pueblo y ella y su familia y sus testaferros son magnates que tienen propiedades en Puerto Madero, La Recoleta y Calafate. Nunca quiso ir a vivir a La Matanza pese a que el intendente le dijo varias veces que ese distrito era “su casa”. El nivel de hipocresía y agresión de Cristina la convierte en una chavista K. Y está claro que me parece preocupante y nefasto para el futuro de la Argentina que haya gente como ella, que nos quiere convertir en Venezuela. De hecho Cristina, que empezó a defender los derechos humanos muy pero muy tarde y en forma oportunista, no dice una palabra de los presos políticos y torturados por la narco dictadura de Maduro. Ella, sus hijos y su estado mayor, creen que Cuba es un paraíso, pero no dicen una palabra de los presos de conciencia ni de los perseguidos por ser disidentes o por ser homosexuales que llenan las cárceles o se van al exilio para siempre.
Cristina hoy conduce el operativo “Venganza e Impunidad para todos y todas”. Para eso, colocó a sus soldados en lugares claves donde pueden manejar suculentas cajas y/o presionar o extorsionar a jueces y fiscales.
La consecuencia es que están saliendo todos los funcionarios y mafiosos presos y van a seguir saliendo. Incluso los que tiene condenas ratificadas por las instancias superiores, como las del malandra de estado, Amado Boudou.
Es que son implacables. No tienen estómago y se mueven con una crueldad propia de los mesiánicos que se ven a sí mismos como salvadores de la patria.
Cristina odia al periodismo. Es un odio ciego, sin límites, absolutamente irracional. Cristina es la principal enemiga de los medios de comunicación independientes. Si pudiera, los borraría de la faz de la tierra. Desde el origen de la dinastía Kirchner, en Río Gallegos, tanto Néstor como Cristina montaron un plan sistemático para comprar a los periodistas corruptos y para castigar a los cronistas independientes que no se vendieron ni se callaron. Hay cientos de ejemplos. La imagen del látigo o la billetera fue muy utilizada porque ilustra muy bien la calaña de estos totalitarios que están en el poder por cuarta vez.
En democracia, nadie hostigó ni atacó tanto a los trabajadores de prensa.
Morales Solá tuvo el coraje de definir a Cristina como “un elemento tóxico para la democracia que quiere exterminar al periodismo” y recordó que fue el mismísimo Alberto Fernández, el actual presidente “testigo”, el que denunció a Cristina por espionaje, porque le habían “pinchado los teléfonos”. Le descubrieron una reunión reservada que había pactado con Julio Cobos, el vicepresidente de entonces.
Les voy a dar una primicia a los amanuenses de Cristina: yo no soy el que más la critica. El más feroz y recurrente fue un tal Alberto Fernández, no se si lo ubican. Trabaja aunque a veces no ejerce, de presidente. El le dijo de todo a Cristina. Agresiones y faltas de respeto que yo jamás me atrevería a decir. Por ejemplo, le dijo delirante y sicópata.
Mis críticas son producto del análisis político y no creo que en la Argentina se haya instaurado el delito de opinión. Por lo menos por ahora. Mientras tanto seguiré diciendo lo que siento y lo que pienso sin ningún tipo de auto censura. No me dejo intimidar. No me arrodillo ante nadie y no me interesó jamás hacer arrodillar a nadie.
Creo firmemente, como dijo San Martín, que el grito de una sola persona se escucha más que el silencio de miles y que a todo puede renunciar el hombre sin dejar de ser hombre, a todo puede renunciar, menos a la libertad.