Alberto repite errores no forzados – 14 de octubre 2020

Todos los días, Alberto Fernández se lleva una pared por delante. Comete errores no forzados a repetición y nadie lo ayuda. Sus amigos del gabinete son muy mediocres en su formación política y en su capacidad de gestión. Y los talibanes de Cristina, lo dejan solo y miran asombrados semejante torpeza.
Poco antes del banderazo más multitudinario contra su gobierno, no hizo más que echar nafta al fuego. Le puso combustible a la marcha de los autoconvocados. No solamente mete la pata. Tampoco demuestra olfato ni sentido de la oportunidad. ¿Era necesario que la defensora del Público anunciara ese “esperpento institucional, esa inquisición tan descabellada como ilegal”, como editorializó La Nación. ¿Tanto apuro para presentar en sociedad un organismo dedicado a convertirse en policía del pensamiento para criminalizar la opinión de los periodistas y los medios. ¿No sabe que la libertad en general, pero la libertad de prensa en particular, es uno de las banderas de los indignados argentinos?
Como si esto fuera poco, Alberto se reunió por dos horas con uno de los argentinos más desprestigiados en todas las encuestas. Hablo de Hugo Moyano a quien Alberto puso como ejemplo del dirigente sindical que el país necesita. ¿No sabe que los banderazos repudian a las patotas y las mafias gremiales corruptas?
¿Nadie lo asesora? ¿Nadie lo cuida? Anoche apareció en un canal oficialista a responderle a Macri y demostró que corre detrás de los acontecimientos. El presidente de la Nación en ejercicio se hizo invitar por un programa que no acusa peso en la balanza y por supuesto, fue derrotado en el rating. ¿No le interesa la audiencia? ¿No quiere que lo escuchen la mayor cantidad de argentinos posibles? Es un dato a tener en cuenta que el presidente haya hecho un rating tan bajo. Eso demuestra la falta de capacidad de sus asesores en medios y el poco interés que despiertan sus palabras tan devaluadas. Le cuento algo personal. Yo miraba mi teléfono celular mientras hacía mi programa en TN y veía como los tuiteros escribían con ironía: “Leuco le está ganando al Presidente”. Los datos son reales y cualquiera lo puede comprobar. Pero son apenas programas de televisión. Nada más. De todas maneras, confieso que me sorprendió la mala praxis comunicacional del gobierno.
¿Era necesario? Balazos en los pies. Errores no forzados. Necesita cada vez más reinsertarse en el mundo de la racionalidad política y pega un portazo en el grupo Lima que quería condenar a Maduro y recibe gustoso el apoyo del grupo Puebla, un club de ex presidentes populistas que fueron importantes y hoy están en el llano, casi jubilados. ¿Cuál es el objetivo de semejante equivocación? ¿Darle una satisfacción ideológica a Cristina y sus fanáticos? ¿No piensa que la Argentina necesita confianza, créditos, inversiones y que es imposible que Rafael Correa, Fernando Lugo o Dilma puedan hacer algo en ese sentido?
Alberto un día no tiene rumbo y al otro día tiene un rumbo equivocado. Navega confuso sin un plan económico o sobreactúa su populismo chavista que antes le criticaba a Cristina.
¿Sirve de algo que el canal Cristina 5 Néstor, C5N haya titulado: “Cambiemos y Clarín, juntos por la desestabilización”.
Tres mentiras en una frase. Cambiemos fue a la cola de la convocatoria de ciudadanos independientes. Solo algunos de sus dirigentes se sumaron a título personal. Clarín no tiene nada que ver con eso. Apenas informa. Y nadie quiere desestabilizar al gobierno. Al contrario, como dice hoy el humorista Sendra en forma brillante: “No queremos voltear al gobierno. Solo queremos que el gobierno no nos voltee a nosotros”.
Nadie puede negar que fue un océano multitudinario a lo largo y a lo ancho de la Argentina que hizo temblar al gobierno. No solamente por la diversidad y pluralismo de las exigencias y los reclamos. Además, porque el movimiento popular republicano le ganó la calle y los símbolos patrios al peronismo. Y también le está diputando la palabra “pueblo”. El peronismo cristinista no lo puede entender. No les entra en la cabeza. No pueden descifrar que tienen adentro los banderazos. Hacen diagnósticos totalmente equivocados, cargados de anacrónicos prejuicios ideológicos y por lo tanto dicen cualquier cosa y cometen torpezas seriales. El cuarto gobierno kirchnerista no sabe cuál es la enfermedad que los aqueja y en consecuencia, no saben cuál es el mejor remedio. Intentaron varias cosas y todas les salieron mal.
Primero, apuntaron a meter miedo. Recitaron como loros que hay riesgo de contagiarse el virus. No hay una sola prueba de que las marchas al aire libre, con barbijo, gel y distanciamiento, hayan producido un crecimiento en los pacientes del covid 19. Siempre, la esperanza vence al miedo. Nunca el miedo es un instrumento genuino de la lucha política democrática. Es una amenaza típica del nacional populismo autoritario y chavista que encabeza Cristina.
Después, quisieron culpar por la tremenda movilización a Mauricio Macri y a Patricia Bullrich. Como eso no es cierto, lo único que logran es subirle el precio a ambos. Mucha de la gente que va con su pancarta y su bronca es dura contra Alberto y Cristina, pero eso no significa que respalden ni que respondan a Mauricio Macri.
También fueron por el camino de la estigmatización ideológica. Santiago Cafiero, cada vez más criticado por los talibanes de Cristina, dijo en el Congreso que “la oposición va camino a convertirse en una ultraderecha antidemocrática y minoritaria”. Y después dijo que “no son el pueblo, que no son la gente” ¿Qué son, entonces? ¿Animales en una selva? ¿Podrá comprender Cafierito que esa gente es parte del pueblo y de la gente. Una parte importante, pero solo una parte. Igual que el kirchnerismo. Nadie es dueño de la patria ni del pueblo.
Agustín Rossi, jefe de un ministerio que no permite homenajear a los militares asesinados por la guerrilla en Tucumán, fue por el mismo camino que, encima fue retuiteado por el presidente Alberto Fernández: “Es una derecha que pierde elecciones y quiere obtener el poder por otros medios” y también responsabiliza a Macri y Bullrich pero le agregó a Clarín y La Nación. Nuestro gobierno vino a mejorar la vida del pueblo”. El presidente formal de la Nación, su jefe de gabinete y el ministro de Defensa, exhiben con impudicia su desorientación. Vamos por partes.
Ultraderecha en la Argentina son los violentos y criminales que dentro del peronismo integraron la Triple A de José López Rega. O los terroristas de estado de Jorge Videla y sus cómplices. Estos ciudadanos que se movilizan todo el tiempo, piden en sus carteles y consignas, solucionar los problemas con más y mejore democracia. Nadie habla de derrocar al gobierno como lo hicieron los K en el pasado con el helicóptero amarillo que llevaban a las marchas contra Macri. Si exigen el fin de la impunidad y el respeto a los jueces para que los ladrones de estado paguen sus culpas ante los tribunales. Siempre está presente esa muñeca inflable gigante que es una caricatura de Cristina con traje a rayas de presidiaria. En un brazo tiene una cartera Louis Vuitton, por supuesto, que desborda de dólares, anillos y pulseras carísimas y en el otro brazo, un títere que es Alberto. El número que figura en el traje es aterrador: 18-1-15, la fecha en la que asesinaron al fiscal Alberto Nisman.
Los tres que acusan a los banderazos de ultraderecha sin votos y minoritaria cometen una gran contradicción. Si es cierto que son minoritarios y perdedores de elecciones, no deberían preocuparse tanto. Porque violentos, no son. No tiran 10 toneladas de piedras ni rompen la plaza de Los dos Congresos, con el objetivo de evitar que sesione uno de los tres poderes del estado. Eso lo hicieron los K y la izquierda irracional que los acompaña como comparsa. En estos banderazos no hay energúmenos que disparen con morteros caseros, que se profuguen y que luego sean recibidos como héroes. Eso pasaba antes.
Lo cierto es que tan minoritarios no parecen ser. Porque llenan las calles y las plazas y como mínimo, expresan el pensamiento de alrededor de 10 millones de personas que votaron contra los Fernández. Aunque hay evidencias, según todas las encuestas que, en estos momentos, la oposición, sacaría muchos más votos en un comicio parlamentario. Es que hay muchos peronistas y votantes de Alberto que están en la lona y desilusionados. En el banderazo de La Matanza se notó. Porque multiplicaron todos los indicadores malos. Más desocupación, más pobreza, más indigencia, más empresas y comercios quebrados, más contagiados, más muertos, más cuarentena.
Por primera vez en mi vida, le doy la razón a Luis D’Elia en algo. En su tuit le aconsejó a Cristina que salga de Recoleta y se mude a su barrio, El Tambo, en Laferrere: “Seguro que ahí tendría sobradas muestras de reconocimiento, gratitud y cariño. De los ricos de este país, solo recibirá odio de clase”
Cristina se autopercibe defensora de los pobres pero vive como lo que es: millonaria.
D’Elía le dice a Cristina que los ricos le van a enrostrar un odio de clase, pero olvida que ellos, también son verdaderos magnates. Hablo de Cristina, Máximo, Florencia, Lázaro, Cristóbal y los finados, Daniel Muñoz y Fabián Gutiérrez, y demás revolucionarios que se enriquecieron ilícitamente con el dinero del pueblo argentino.
Pero lo más grave del odio que destilan y la violencia que promueven, fueron los irracionales comentarios de Dady Brieva, el bufón de la reina Cristina. Seguro que ya lo escuchó: dijo que tuvo ganas de jugar al bowling por la 9 de Julio con un camión. Atropellar y matar gente, no se puede sugerir ni en broma. Ninguna persona democrática, puede, aunque sea imaginar, semejante asesinato masivo típico de los que hicieron grupos terroristas de Al Qaeda en Niza, Berlín y Nueva York.
Los Fernández, están haciendo agua por todos lados. Casi que no tienen un solo logro para exhibir. ¿Y si prueban con gobernar?

Banderazo de la diversidad – 9 de octubre 2020

En el día del descubrimiento de América, el cuarto gobierno kirchnerista va a descubrir, una vez más, la potencia inmensa que tienen los banderazos ciudadanos. El lunes, en el día de la diversidad, miles y miles de argentinos, a lo largo y a lo ancho del país, se proponen demostrar el grado de masividad que tienen sus convocatorias y la diversidad de sus reclamos y exigencias. Será el banderazo de la diversidad. Y promete ser multitudinario, porque así lo indica la temperatura de las redes sociales. Vuelan y se viralizan cientos de mensajes creativos llamando a la unidad en la diversidad. Es tan espontáneo, autónomo y plural el movimiento, que cada individuo se convierte en un difusor y un comunicador de su esperanza y su protesta contra el gobierno de los Fernández en general y contra Cristina en particular. Ella suele ser el blanco de los gritos y las pancartas. “Argentina/ sin Cristina”, es el canto que aparece, inmediatamente después del himno nacional o la marcha de San Lorenzo. Nunca falta el gigante muñeco de goma inflable con Cristina vestida con traje a rayas de presidiaria y dos números grabados que son casi una editorial. El 678 de los estigmatizadores y agitadores de Diego Gvirtz y el 18-1-15, la fecha en la que asesinaron al fiscal Alberto Nisman. Últimamente han aparecido decenas de muñecas iguales pero más chicas, que circulan entre la gente.
Es imposible registrar todas las consignas que resumen los motivos de la concentración celeste y blanca. Pero hay dos que sobresalen por la masividad y el grado de aceptación que han tenido. Hablo de “La Hora de los Patriotas” y de “Somos Libres”. En línea con la diversidad del día, se espera la participación de todos los que por algún motivo han sido afectados, humillados o destruidos por las decisiones nefastas de este gobierno. Casi no hay sector social que no esté enojado y con bronca. Los afiches virtuales llaman a “trabajadores y empresarios; productores agropecuarios y economías regionales; docentes y alumnos; comerciantes y fabricantes; jubilados y gimnasios; hoteles y agencias de turismo; influencers y familias; médicos y pacientes; enfermeros y bomberos; colectiveros y taxistas; financistas y ahorristas; tecnológicos y artesanos; artistas y científicos; dueños de bares y mozos; porteños y provincianos; jueces y fiscales y finalmente los más golpeados por la inseguridad galopante: policías y víctimas de delitos.
Todos estos grupos tienen motivos para quejarse. Todos estos argentinos fueron cacheteados por algún drama que vino desde el gobierno. Todos están hartos de todo, pero básicamente del patoterismo de estado, de la cleptocracia que no se castiga y de la búsqueda desesperada de impunidad para Cristina.
Este fenómeno de los banderazos es la novedad más importante, desafiante, creativa y torrentosa que tiene la política. Es un movimiento popular y republicano que no tiene líderes y que se conduce a sí mismo. Como toda estructura aluvional, es difícil de clasificar. No van a las unidades básicas ni a los comités partidarios. Su territorio de militancia son las redes, las neuronas innovadoras y las calles. Es un tsunami pacífico, corajudo y policlasista, aunque con fuerte presencia de la clase media elegida como enemiga por el cristinismo. Es tan grande la dimensión que alberga en su seno, como todo movimiento, a sectores que simpatizan con la derecha conservadora, con el centro político o con la centro izquierda socialdemócrata. No tienen camiseta partidaria. Todo lo contrario, tienen sus simpatías y antipatías por determinados dirigentes de la oposición. Celebran y agradecen a los que a título personal, se suman y acompañan las caravanas y critican muy duramente a los pechos fríos que siempre tienen una excusa para callarse la boca y mirar para otro lado. Esta gente es la vanguardia de la lucha por la libertad y la República. Y avanzan con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes. Quien no logre descifrar o subestime semejante transformación de las formas de hacer política, quedará al costado del camino, pedaleando en la burocracia de los despachos o en el chiquitaje de las prebendas.
Es una movida original que puede tener algún antecedente en los indignados de Europa y se multiplica todos los días con un funcionamiento de asamblea horizontal, sin líderes ni patrones. Hay muchos grupos y cada uno aporta lo suyo. Por ahora no compiten y se ayudan y complementan. Entre los más activos están Banquemos, Campo más Ciudad, Equipo Republicano, Ahora Más que Nunca, Argentinos en el exterior, Ciudadanos Autoconvocados, Rebelión de los Mansos, Guardianes del Cambio y Gorilas, una genialidad irónica para exorcizar el insulto típico de los populistas.
Por muchos motivos las coberturas periodísticas están apuntadas a los grandes centros urbanos, pero otra característica de los banderazos es su presencia federal hasta en los pueblitos más chicos de nuestra bendita Argentina.
Por eso muchas veces se destacan las multitudes que envuelven la gran vidriera del Obelisco porteño o el Patio Olmos en Córdoba. Pero pocos han registrado a don Edgardo Rovea. “Solito mi alma”, dijo y apareció con su impecable bandera idolatrada, la enseña que Belgrano nos legó. Su poncho es celeste con vivos blancos y tiene en el pecho el escudo de la República Argentina. Anda en un tractor verde que no es de última generación y participa de los banderazos parado en la puerta de la comisaria o en el arco de entrada, de un pueblito santiagueño llamado Icaño. Le confieso que no sabía ni de la existencia de Icaño. Y mucho menos de este laburante patriótico llamado Edgardo. Icaño, se fundó en 1892 y tiene alrededor de 2.000 habitantes. Nació con pueblos originarios y se desarrolló con inmigrantes europeos, muchos de ellos, judíos. Otto Wolff fue uno de los pioneros. El cine-teatro Berkoff, fue el primero de la provincia. Parece un lugar olvidado por Dios pero ahí está Edgardo con su bandera, su barbijo y un perro marrón que lo acompaña en esos caminos de tierra y esperanza.
Durante años se les estuvo reclamando a los ciudadanos mayor compromiso y participación. Que se sumen los buenos, los honestos y los capaces a la lucha política es la única manera de recuperar su mejor contenido transformador. No hay otra forma. Si ellos, no ocupan esos lugares, serán cubiertos, como hasta ahora por muchos incapaces, corruptos y chantas. Hoy, esos argentinos, salieron de la comodidad de sus casas. Ya no comentan la política que miran por la televisión. Quieren protagonizarla. Comprendieron que con la queja desde su domicilio, no alcanza. No quieren nada demasiado extraordinario. Un país serio y confiable, con igualdad de oportunidades, libertad absoluta, sin ladrones de ningún tipo y menos de ladrones de estado, y sin mafias autoritarias.
Muchos dirigentes políticos o figuras conocidas, anunciaron que este lunes se van a sumar, a título personal, al océano de ciudadanos. Luis Brandoni, Maximiliano Guerra y Alfredo Casero que nunca faltan. Patricia Bullrich, Elisa Carrió, Fernando Iglesias, Waldo Wolff, Alvaro de Lamadrid, Hernán Lombardi, Luis Etchevehere, son algunos de los que pude registrar en las redes. Pero será muchos más, por supuesto. Sin especulaciones partidarias ni ansias de apropiarse del suceso. Acompañando y tratando de comprender lo nuevo para luego tratar de representarlo cabalmente.
Le comento algo personal y no tanto porque tiene que ver con este maravilloso oficio de periodistas que tanto amo. Igual que ellos, yo no tengo camisetas partidarias. No defiendo agrupaciones políticas. Soy absolutamente independiente. Pero tampoco soy neutral. Trato de estar siempre del lado de las víctimas y jamás de los victimarios. Y defiendo valores. Los cristinistas, que siempre tienen miradas conspirativas de la vida, creen que estos banderazos son organizados por fuerzas ocultas y malignas y muy poderosas. La verdad es que hay de todo, incluso gente con la que no comparto determinadas miradas culturales. Pero la mayoría, son héroes anónimos que lo dan todo y no piden nada a cambio. Que le sacan horas a su trabajo o a su estudio para hacer su aporte. No buscan un carguito en el estado ni quieren ser políticos profesionales. Son argentinos todo terreno y toda generosidad. Adoran la meritocracia y la cultura del esfuerzo que aprendieron de sus padres y abuelos. Uno de ellos se llama Pablo Demarchi. Vive en Embalse, en el departamento de Calamuchita, en el corazón de las sierras de Córdoba. No es oligarca ni millonario. Tiene menos de 40 años, se gana la vida como profesor universitario y es licenciado en publicidad. Se sumó al combate por sus ideas durante la guerra que Cristina le declaró al campo con la 125. Pablo comprendió profundamente el concepto de la diversidad. Diferentes pero juntos. Distintos pero unidos. Y redactó el credo republicano con el que me siento profundamente identificado. Esa suerte de rezo laico, de padre nuestro de la Argentina que soñamos, me representa. Y creo que sintetiza los sueños de la inmensa mayoría de los argentinos. Lo comparto para que usted también lo comparta:
Creo en la igualdad ante la ley.
Creo en la independencia de los poderes.
Creo en el Congreso como templo de la democracia.
Creo en la justicia como garante de la libertad.
Creo en los hombres y mujeres de mi patria, y en la Constitución que consagra sus derechos.
Creo en la libertad de prensa, de opinión y de empresa.
Creo en la propiedad privada.
Creo en el derecho a la privacidad y al trabajo.
Creo en el castigo a los corruptos y el respeto a los honestos.
Creo en estos principios y juro solo a ellos someterme.
En ellos, y por ellos, me declaro libre.
Y por todo esto, resistiré.

Cristina y Maduro, un solo corazón – 8 de octubre 2020

¿Cómo es posible que el gobierno argentino permita que otro país humille al presidente Alberto Fernández? ¿Cómo es posible que todos los ministros y gobernadores se queden callados frente a las agresiones verbales que el jefe de estado sufrió por parte de altas autoridades de Venezuela? ¿Cómo es posible que la vice presidenta Cristina, la jefa del jefe de estado, mire para otro lado cuando el primer mandatario de la Argentina es vapuleado por funcionarios extranjeros?
¿Se imaginan que hubiera pasado si el canciller norteamericano o el uruguayo o el chileno hubieran castigado tan duramente a Alberto Fernández como lo hicieron Diosdado Cabello, Jorge Arreaza o Mario Silva? Hubieran dicho que el imperialismo norteamericano y sus socios de Uruguay o Chile están atropellando la soberanía nacional y ofendiendo al presidente de “todes” los argentinos. Hubieran dicho que es intolerable que funcionarios de otros países tengan semejante nivel de injerencia en los asuntos de nuestro país y hubieran retirado a nuestro embajador de Washington, Montevideo o Santiago.
Pero como son venezolanos chavistas, tienen carta blanca para faltarle el respeto al presidente Alberto Fernández. ¿No hay un poco de dignidad nacional frente a los escupitajos verbales que lanzaron los chavistas sobre las autoridades argentinas? ¿Alberto le tiene miedo a lo que diga Cristina? ¿Tan baja tiene la autoestima? ¿No siente menospreciado y erosionado su investidura presidencial frente a los sablazos que vienen de otra nación? ¿Se van a quedar mudos frente al maltrato chavista?
Diosdado Cabello es el carnicero más poderoso que hay en Venezuela. Es el principal acusado en el informe de Michelle Bachellet por el terrorismo de estado. Diosdado es el poder detrás del poder. Nicolás Maduro es apenas el títere de Diosdado que no tiene un pelo de zonzo. Diosdado tiene alquilado Alberto. Ahora se refirió a él como un presidente que llega y defrauda y lo trató de tibio y frío. Eso dijo, después de agradecer las declaraciones de Alicia Castro y Hebe de Bonafini que criticaron al canciller Felipe Solá y al voto del gobierno argentino en Naciones Unidas apoyando el informe de Michelle Bachellet que denuncia la barbarie de la narco dictadura chavista.
Diosdado también le dijo a Alberto que el Fondo Monetario es el principal enemigo de los pueblos de América Latina, justo cuando el ministro Martín Guzman está haciendo malabarismos para llegar a un acuerdo con ese organismo. Pero digo que Diosdado lo tiene alquilado, porque ya le había hecho una advertencia apenas Alberto ganó en las PASO. En aquel momento, el tirano feroz, entrometido e irrespetuoso, le dijo a Alberto que no se creyera “que lo estaban eligiendo porque es el. Hay algunos que llegan ahí y se olvidan de que solos no podrían jamás”.
Esa amenaza a Alberto fue en línea con las acusaciones de Mario Silva. Dijo que “el señor Fernández engañó a todo el pueblo argentino, engañó a Cristina, a Néstor, a todo el mundo. Se arrodilló ante el cartel de Lima. Todos países arrodillados al imperialismo norteamericano. Yo no puedo culpar a Cristina por esto. Es una decisión que ha tomado un tipo que es ambivalente, ambiguo y que sigue traicionando con una postura casamentera con el Fondo Monetario.”
Silva es uno de los voceros del partido de gobierno y miembro de la Asamblea Nacional. Y dijo todo esto en la televisión estatal donde obviamente, solo se expresa el chavismo cleptocrático y fascista de izquierda.
Pero eso no es todo. El canciller Jorge Arreaza, retuiteó a Alicia Castro respaldando su renuncia como embajadora designada en Rusia y a uno de los más obvios defensores del marxismo más jurásico y fracasado, como Atilio Borón. ¿Qué dijo Borón que tanto le gustó el canciller de Venezuela? Que el voto de Argentina “es un grave retroceso de la política exterior al asociar a nuestro país a la ofensiva de Estados Unidos contra el pueblo venezolano”.
Insisto con mi pregunta. ¿Se imaginan si tres dirigentes y funcionarios de otro país hubieran dicho eso de Alberto y de Felipe Sola? Hubieran puesto el grito en el cielo. Hubieran presentado una protesta formal muy contundente y, repito, hasta hubieran retirado al embajador argentino.
Pero no pasó nada de eso. Se tragaron el sapo ideológico por pánico a Cristina que calla y otorga. Eso demuestra la inquietante debilidad del gobierno de Fernández que recibe fuego amigo todos los días. Horacio Vebitsky cuestiona las medidas económicas y a Sergio Berni. Roberto Navarro exige que los ministros fracasados, tengan la dignidad de irse. Juan Grabois dice que Alberto se alineó con Trump en esta decisión. Hebe le pide perdón al pueblo venezolano, a Chávez y a Néstor y dice que le da vergüenza el gobierno que ella votó y Alicia Castro aseguró que es la misma actitud que hubiera tomado Macri. Hasta Luis D’Elía metió a Cuba y a Cristina en el medio. Carlos Raimundi, que expresó una posición similar a la de todos los críticos de Alberto, sigue en su puesto. Ayer, Santiago Cafiero lo ratificó en el Congreso y dijo que estaban muy conformes con su tarea. De todos modos, la palabra del jefe de gabinete está más devaluada que la del presidente. Y eso es mucho decir.
¿Alguien va a defender a Alberto Fernández? ¿El presidente va a reaccionar frente a esta mojada de oreja de otro país?
La gran verdad que todo esto desnuda es que el proyecto de Cristina está hermanado con el régimen de Maduro. Me gusta definirlo como chavismo K. Es nacional populismo, autoritario y cleptocrático. Venezuela y Argentina son los dos únicos países de la región que aumentaron considerablemente su pobreza. En el mundo, Venezuela, es respaldado, por Cuba, Nicaragua, Turquía, Siria e Irán entre otros países con gobiernos absolutamente antidemocráticos y represores.
¿Cómo es posible que el fanatismo de la ideologistis empuje a estos argentinos a convertirse en cómplices de los crímenes de lesa humanidad, torturas, desapariciones y de la destrucción de la economía que empujó a más de 4 millones de venezolanos al exilio? Ignorando los acontecimientos históricos, Bonafini dijo que Venezuela les abrió las puertas a los argentinos que tuvieron que escaparse de la dictadura de Videla. Eso fue cierto. Allí fueron recibidos con los brazos abiertos y por diversos períodos, Tomás Eloy Martínez, Pepe Eliaschev, el ex senador Adolfo Gass, Rodolfo Terragno e Hipólito Solari Yrigoyen, entre otros. Pero el presidente era Carlos Andrés Pérez, un socialdemócrata que en el año 1992 sufrió un golpe de estado que fracasó por parte de un grupo de militares de ideología carapintada encabezados por el entonces teniente coronel, Hugo Chávez.
El progresismo regresista de América Latina llama golpes militares a los que tienen como víctima a gobiernos de su simpatía. Si el acto subversivo es protagonizado por uniformados de su mismo pensamiento ideológico, le llaman revolución emancipadora. Ese doble discurso tiene vigencia ahora mismo. Maduro no viola los derechos humanos. Asesina y encarcela a los enemigos del pueblo. Esa es la doble vara hipócrita de sus conveniencias y no de sus convicciones.
No me canso de repetirlo. Hoy está más claro que nunca: Cristina es Maduro. O Maduro es Cristina, como usted prefiera.
Por más que se disfrace de cordero patagónico, sigue siendo un lobo feroz. O mejor dicho, una loba feroz. Quiso instalar el chavismo en
Argentina y la mayoría de los ciudadanos, se lo impidió con sus votos. Pero Cristina no se rinde. Quiere volver por todo. Para reformar la Constitución y colonizar definitivamente a la justicia, para expropiar los medios de
Comunicación, y para gobernar con puño de hierro. Eso es chavismo
kirchnerista. Por eso le digo que Cristina es Maduro.
Cristina se mantiene en silencio. Sabe, porque no come vidrio, que
el presunto socialismo ladri progresista,
tiene un rechazo muy fuerte en la inmensa mayoría de los argentinos. Hasta los grupos terroristas de Hezbollah y Hamas,
apoyaron a Maduro. Y también la feroz
guerrilla colombiana del ELN.
Luis D’Elía salió (en su momento) con los tapones de punta a aplaudir a Maduro. Le recuerdo que incluso, le
recomendó que fusilara a los opositores.
Que no cometiera el mismo error que
cometió Perón, cuando fue
derrocado por la Revolución Libertadora.
Hay que tener odio en las venas para pedir fusilamientos de los que piensan distinto.
De hecho cuando los K estuvieron en el
poder, las relaciones carnales que
establecieron con Venezuela fueron muy
intensas y por supuesto, sazonadas con
negociados sucios y delictivos de todo tipo.
Nunca vamos a olvidar lo que el chavismo y el kirchnerismo hicieron para estafar a ambos pueblos: Prestamos de dinero a tasas del 15 % que nos perjudicaron muchísimo.
Bicicletas con el dólar en el mercado negro. La valija de dólares sucios de Antonini Wilson que llegó para la campaña de Cristina. Los negociados de Julio de Vido con el tema petrolero y los barcos que nadie sabe cuántos fueron ni cuanto nos costaron. Y las coimas que hubo que pagar con la maquinaria agrícola.
? Se acuerda de la embajada paralela de los negocios y negociados? La encabezó
Claudio Uberti, hoy arrepentido, confesó ante la justicia que en una sola operación trucha realizada con bonos de la deuda argentina en 2007, Néstor y Chávez se quedaron con 25 millones de dólares cada uno. Y que la parte del presidente argentino llegó al país en billetes verdes en aviones especialmente fletados.
Jean Paul Sartre dijo que “a todo puede renunciar el hombre, sin dejar de ser hombre. A todo, menos a la libertad”. Y está todo dicho.