El Nobel para Vargas Llosa – 7 de octubre 2020

El escritor peruano Mario Vargas Llosa, es el ganador del Premio Nobel de Literatura 2010, por su «cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo», anunció a primera hora Peter Englud, secretario de la Academia Sueca.
Vargas Llosa es el primer autor de habla hispana premiado en los últimos veinte años, desde que en 1990 el galardón recayera en el mexicano Octavio Paz, un año después que el español Camilo José Cela.
Un día como hoy, pero de hace diez años, los medios de comunicación del mundo ponían en tapa esta noticia.
Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, cumplirá 85 años dentro de 5 meses. Su última columna titulada “Ideologías que labraron la ruina de América Latina” es una valiente y renovada toma de posición sobre su lucha contra todo tipo de dictaduras. Dice textualmente: “Un manto de tinieblas y de sangre ha caído sobre la tierra de Bolívar” en obvia condena a la tiranía chavista en Venezuela.
Indomable, como buen intelectual, Vargas Llosa es uno de los que mejor trata al idioma que hablamos más de 570 millones de personas en el planeta.
Mario, desde 1993, también tiene la nacionalidad española y el título de Marqués que le otorgó el rey Juan Carlos. Dice que lo más importante que le ocurrió en la vida fue aprender a leer a los 5 años, en la clase del hermano Justiniano en el colegio Lasalle de Cochabamba, Bolivia. Su madre, Dora Llosa Ureta que lloraba con los poemas de Amado Nervo y Pablo Neruda, le contó que sus primeros escritos eran una continuación de los libros de aventuras que había leído. Ya sea para prolongarlos en el tiempo o para cambiarle los finales a Los Tres Mosqueteros o al viaje del capitán Nemo, por ejemplo.
Vargas Llosa no se privó de nada. Respaldó la lucha del presidente Mauricio Macri en su momento y dijo que “los remedios contra el populismo siempre son de mucho sacrificio”.
Pero si tuviéramos que asociar a Vargas Llosa con una sola palabra, esa palabra sería libertad. Es que su lucha política siempre ha sido contra todo tipo de dictaduras y autoritarismo. Eso solo, más el genio literario que lo llevó a ser Premio Nobel, lo coloca en un altar de admiración. Pero lo que más me impacta de Vargas Llosa es su insobornable y feroz pelea por su propia libertad individual. No hablo solamente de condenar asesinos jurásicos como Hugo Chávez o Jorge Rafael Videla. Hablo de sus libertades personales. De permitirse a los 83 años ponerse de novio con una estrella del glamour como es la bellísima Isabel Preysler (la ex mujer de Julio Iglesias) y que le importe un comino lo que la gente comente. Dijo que su fórmula para disfrutar es tratar de que la muerte lo encuentre vivo. Que lo sorprenda lleno de proyectos, de ilusiones, de batallas, de amores y esperanzas. Jamás hay que entregarse mansamente a la muerte ni esperar sentado que la parca llegue. Eso habla de su amor a la vida y a la libertad. Pero como es un francotirador que no tiene patrones ni dogmas no tuvo problemas en tener varias definiciones políticamente incorrectas. Planteó que el Papa Francisco hasta ahora había sido pura retórica, con un discurso que busca simpatías pero que, de verdad, no había cambiado nada de la estructura de la iglesia y el Vaticano. Se puede estar de acuerdo o no con su pensamiento. Pero hay que tener coraje para meter los dedos en todas las llagas. Ni siquiera tuvo problemas en decir que mientras vivió en Londres descubrió que los ingleses son muy sensibles con los animales pero no tanto con los seres humanos. O de utilizar calientes escenas de sexo explícito para describir el clima de época del final de Fujimori y en muchos de sus grandes libros.
Esa libertad y ese combate contra todos los prejuicios, fanatismos y las pacaterías de catedrales, contrasta con muchos de sus enemigos que no le llegan ni al tobillo.
Recuerdo que en 2011, ocurrió algo que me dio una profunda vergüenza ajena.
Le cuento primero los hechos puros y duros porque… no se pueden creer. Escuche, por favor: una cronista de televisión, le hizo una entrevista a la diputada kirchnerista Diana Conti.
– ¿Leyó algo de Mario Vargas Llosa?, fue una de las preguntas.
– Las venas abiertas de América Latina, contestó la dama, metiendo la pata hasta el caracú. Pero no conforme con semejante papelón, avanzó rauda hacia el ridículo: “Y después, como me pareció un traidor, dejé de leerlo”, sentenció con tono revolucionario. Al final, con cierto pudor, Diana Conti, salió rápidamente de la escena, y dijo una primera verdad: “Entonces no leí nada”. Ni a Eduardo Galeano, había leído, el verdadero autor de “Las venas abiertas…” y un ícono de la cultura de izquierda.
La ex diputada que encima se ha manifestado orgullosa de ser estalinista o de soñar con una Cristina eterna, junto a otros fascistas de izquierda, en aquellos tiempos cólera, quiso evitar que Mario Vargas Llosa, inaugurara la Feria del Libro con su discurso. El que primero levantó la bandera de la censura fue Horacio González que es sociólogo, docente, integrante de Carta Abierta y en ese momento era director de la Biblioteca Nacional. González les envió un mail a los organizadores donde acusaba Vargas Llosa de ser “un mesiánico autoritario que expresa a la derecha más agresiva y un militante que no deja de atacar a los gobiernos populares” de la región.
Fue otro momento de intensa vergüenza ajena. Era la primera vez que un premio Nobel y encima latinoamericano, iba a abrir nuestra querida Feria del Libro.
El talentoso peruano recordó amargamente aquel trago amargo. “En algún momento soñé con vivir un tiempo en Buenos Aires. Pero tengo un triste recuerdo de las últimas veces que fui. Un grupo de escritores encabezados por el director de la Biblioteca Nacional me quiso prohibir que hablara por mis ideas políticas. ¡Escritores! ¡El director de la biblioteca en donde estuvo Borges!”, dijo con asombro, Vargas Llosa. Parecen salidos de la Inquisición. Insisto con el concepto: fachos de izquierda.
No quiero ni acordarme de su paso por Rosario, cuando un grupo de vándalos auto titulados militantes K atacaron a pedradas la camioneta en la que se desplazaba Vargas Llosa. Daban ganas de escuchar a Jesús diciendo: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen». Seguramente, leyeron tantos libros como Diana Conti.
Mario Vargas Llosa es un combatiente a favor de todas las libertades en su máxima expresión y está en contra de todas las censuras y dictaduras. Desde las de la izquierda stalinista como la de la dinastía Castro en Cuba hasta las de la derecha fascista como las de Pinochet en Chile.
No me gustan las posturas sectarias, militantistas, enfermas de ideologitis que son capaces de apoyar gobiernos corruptos y patoteros como vemos a estas horas en este cristinato que se arrodilla ante el terrorismo de estado de Nicolás Maduro.
Es verdad que Vargas Llosa fue un duro crítico del matrimonio Kirchner. Eso lo hace más interesante todavía. Si el intelectual no tiene una cuota de provocación a contra corriente suele convertirse en un funcionario del montón que apela a la obsecuencia para mantener sus privilegios. El gran escritor peruano dijo que Trump es “populista, demagogo e inculto”.
Los que desprecian desde el kirchnerismo a Vargas Llosa por ser un neoliberal no deberían olvidar que Carlos Menem que fue el ícono más grande que tuvo este pensamiento en la Argentina a la que gobernó durante una década, fue compañero de boleta electoral del matrimonio Kirchner en siete ocasiones. ¿Escuchó? No en una ocasión… en siete. Néstor lo elogió como el mejor presidente de la historia. ¿Se acuerda?
Para aportar otra mirada vale la pena escuchar lo que dijo Joaquín Sabina sobre Vargas Llosa: “Me alegré mucho con su Nobel; es un magnifico escritor. Soy amigo de él, no soy sectario y no les pido carnet a mis amigos. Mis amigos son de izquierda, pero no tienen la obligación de serlo. Me enfado con mis amigos cuando son sectarios y dicen que él es de derechas. Pero los progres deberían leer sus libros”. Alguno, aunque sea uno de sus 59 libros.
Esto es lo que dijo Joaquín Sabina sobre Vargas Llosa. Y solo un fanático podría acusarlo de derechista.
Vargas Llosa desprecia por igual a los carniceros que industrializaron la muerte tanto en nombre de Hitler como de Stalin. Para que no queden dudas hay que decir que la dictadura de Videla lo censuró y por decreto de un general genocida e ignorante llamado Albano Harguindeguy prohibió la circulación de su emblemático libro “La tía Julia y el escribidor”. Vargas Llosa contó que guarda aquel texto oscurantista y medieval y todavía no entiende lo que quiere decir.
Además, Vargas Llosa en el plano de los derechos individuales y la cultura dinamita todos los dogmas. Abre todas las cabezas. Francotira ideas para provocar e incomodar a los pensadores perezosos. Está a favor del matrimonio igualitario, del aborto, defiende a rajatabla los derechos humanos. Mario Vargas Llosa es un hombre libre en el más amplio sentido de la palabra. Hace diez años le daban el premio Nobel de Literatura. Brindo por eso.

Leopoldo Moreau, el tránsfuga – 6 de octubre 2020

Leopoldo Raúl Guido Moreau cumplirá 74 años dentro de un mes. Es un provocador serial, el provocador preferido de Cristina. Su genuflexión lo convierte en un operador apto para todo servicio. Es un generador de escándalos y desde que dejó el periodismo que practicó en La Opinión y Noticias Argentinas, no se le conoce otro trabajo que el de ser un político profesional que vive de los sueldos del estado que le paga el pueblo argentino. Hace 37 años que es diputado nacional y provincial o senador. En lugar de servir a la gente a través de la política, se sirve de la política para subsistir.
Su último atropello antidemocrático fue patético. Por orden de su patrona, embistió contra todos los integrantes de la Corte Suprema de Justicia. Parece que Cristina tiene información de que el máximo tribunal va a respaldar los traslados de los jueces Bertuzzi, Bruglia y Castelli que tanto la molestan. Y Cristina sospecha que esa sería una señal también para su futuro. Para no ir presa, ella necesita que la Corte mire para otro lado o se convierta en cómplice de sus delitos. Por eso quiere voltear a la Corte. Se sabe que, históricamente, Cristina destruye todo lo que no puede controlar.
Moreau dijo que la Corte “está agotada, institucionalmente muy degradada” y que malgastan su tiempo “jugando al truco”. También disparó contra la última decisión de los supremos y dijo que “aceptar el per saltum fue una aberración” y “una manera de volver a recuperar el poder que no les corresponde y que excede lo que les otorga la Constitución”.
El talibán Moreau no se privó de nada a la hora de humillar al máximo tribunal y fustigo uno por uno a todos sus integrantes. De Rosenkrantz y Rossatti dijo que “aceptaron ingresar por decreto, una cosa insólita”. Ayer le conté que Rosenkrantz, con postgrado en Yale, y recibido con honores, fue el discípulo preferido de Carlos Nino, un símbolo de la excelencia jurídica y fue colaborador de Raúl Alfonsín. Horacio Rosatti fue ministro de Néstor Kirchner, pero renunció y huyó despavorido, cuando advirtió que lo querían hacer firmar la construcción de cárceles con sobreprecios que luego se convertían en coimas.
A Elena Highton le pasó la factura de su edad. Dijo que debería estar jubilada porque tiene vencido su mandato. Una falta de respeto absoluta por quien siente que la ministra Marcela Losardo es su discípula y tiene una buena relación con el Presidente Alberto Fernández. Esto confirma que Cristina pega y Alberto calla. De hecho la ministra de la mujer, Elizabeth Gómez Alcorta, que casi no tiene gestión alguna, recuperó su voz para criticar las políticas de género que la Corte no aplicaba en materia de capacitación. Pero recibió una respuesta contundente que demostraba su ignorancia en el tema. “La Corte lidera el tema de capacitación en perspectiva de género desde hace 10 años”, decía el documento del máximo tribunal redactado por la única mujer del cuerpo.
Moreau también castigó a Ricardo Lorenzetti “por tener actitudes disruptivas y sacarse fotos con Sergio Moro”, en referencia al juez que investigó la corrupción y puso preso a Lula en Brasil.
El palazo a Juan Carlos Maqueda, peronista desde la cuna, fue antológico. Moreau dijo que tiene un gran afecto personal con él pero que “está en una zona de confort”. Parece que hay un nuevo delito en el Código Penal, “estar en la zona de confort”. En realidad le está reclamando que salga a diferenciarse del resto de sus compañeros y banque a la compañera Cristina.
Para el final, Moreau, sintetizó sus cuestionamientos porque “esta Corte no tiene jerarquía”. El catador de jerarquía abandonó la carrera de Derecho, apenas cuenta con el secundario cumplido y como le dije, hace 37 años que no trabaja en algo que no sea vivir del estado.
Moreau pone en tela de juicio la jerarquía académica de la Corte y es un dirigente que fue expulsado del radicalismo, luego de su actitud de tránsfuga. El tribunal de Etica, le sacó tarjeta roja por “adherir a un espacio político populista, autoritario, oportunista, corrupto, impostor e ineficiente”. Eso decía la resolución que le aplicó la máxima pena prevista por la Carta Orgánica del partido de Yrigoyen y Alem por su “manifiesta inconducta ética y moral”.
Pero en su biografía se pueden encontrar un rosario de despropósitos. Fue el mariscal de la derrota más grave de la historia del radicalismo. En el 2003 fue candidato a presidente y obtuvo el 2,34 % de los votos. Un papelón gigante. Se rompió y se dobló.
Pero eso no es todo. Moreau, el diputado ultra cristinista, escribió que “Nisman se suicidó y el Mossad y los Fondos Buitres inventaron su asesinato”. Luego amplió su salvajada y dijo que “fue la operación de marketing a nivel global mejor concebida” promovida por “el estado de Israel, la derecha norteamericana, los fondos buitres y sus socios locales”.
La inmensa mayoría de los ciudadanos democráticos argentinos se indignó ante la provocación antisemita de Moreau. Ni Luis D‘Elía, el vocero de Irán en Argentina, se había atrevido a tanto. El diputado de Cambiemos, Waldo Wolff denunció ante la justicia a “El Marciano”, nunca tan bien puesto el apodo, por incitación a la discriminación por anteriores declaraciones de similar discriminación. Le dijo que “era agente del Mossad”. Insiste con su odio discriminatorio porque “extranjeriza al judío” como ocurrió durante el nazismo. Hoy esa actitud está considerada un delito y un acto de antisemitismo.
En realidad, Moreau se atropella con otros alcahuetes por ver quien le chupa primero las medias a Cristina.
Sus bloopers dan vergüenza ajena. Como cuando se quedó dormido en su banca. Durmió la siesta hace poco, a principios de setiembre. O cuando exhibió una foto a los gritos para fundamentar que el gobierno de Macri había infiltrado policías durante una protesta que fue muy violenta y destructiva. Y resultó que esa foto era de un año antes y había sido tomada por un fotógrafo de Infobae. Siendo el presidente de la Comisión de Libertad de Prensa justificó una brutal agresión que sufrió Julio Bazán, nuestro compañero de TN, que estaba cubriendo las protestas contra la reforma previsional. Lo agarraron a trompadas y a patadas y le arrojaron piedras y cenizas en los ojos. ¿Qué dijo Moreau? Que Bazán “es víctima del grupo en el que trabaja”. ¿Y no se acuerdan cuando fue a patotear a Emilio Monzó a la presidencia de la Cámara de Diputados y le tiró el micrófono al presidente del cuerpo? ¿Y cuándo le gritó al diputado Nicolás Massot que le gustaba la represión, “igual que tu familia”. No llegaron a las piñas porque algunos legisladores los separaron.
Cuando se borocoteó al cristinismo, presentó su Movimiento en un acto en Tres de Febrero, auspiciado por el intendente Hugo Curto, un barón autoritario del conurbano, metalúrgico, heredero de Lorenzo Miguel.
Nuestro colega Daniel Santoro, ubicó sus actitudes de falsas denuncias y persecución, en la época del terror estalinista de la Unión Soviética. Llamó a Moreau “el Beria vernáculo”. Lavrenti Pavlovich Beria, fue el jefe de policía y del servicio secreto y la mano ultra derecha del carnicero Josef Stalin.
Hoy Leopoldo Moreau, es la mano ultra derecha de Cristina. Salvando las terribles distancias de los millones de muertos, el papel y el papelón de Moreau es muy similar: un provocador todo terreno que esta vez provocó a la Corte.
Será justicia.

Cristina y el golpe contra la Corte – 5 de octubre 2020

Cristina quiere cortarle la cabeza a Carlos Rosenkrantz y al resto de la Corte Suprema. Por eso le ordenó a su talibán más genuflexo, Leopoldo Moreau que diga lo que dijo. Que le quieren hacer juicio político a toda la Corte porque, según el tránsfuga ex radical, es una composición “agotada, que institucionalmente está muy degradada y que juegan el truco”. Una provocación típica de Cristina y de su provocador preferido.
De esta manera, Cristina dio su golpe más grave y peligrosamente antidemocrático, contra la división de poderes y la República. Porque el objetivo es destituir al presidente de la Corte Suprema y al resto de los integrantes. Pero ya habían empezado con la máxima autoridad del máximo tribunal. Rosenkrantz es el jefe de uno de los tres poderes del estado. Cristina lo hace en defensa propia. Entiende que someter a los tribunales desde la cima, es la única manera segura que tiene de evitar la cárcel y de lograr impunidad para ella, sus hijos, y los cómplices del Cartel de los Pingüinos. Está obsesionada porque se juega su libertad ambulatoria. Es también un aviso y una forma de intimidar a los cinco integrantes de la Corte y a todos los jueces y fiscales que tengan la osadía de avanzar con las causas de mega corrupción de estado que tiene que afrontar en 6 juicios orales en marcha.
La Comisión Beraldi, presidida por el abogado personal de Cristina, es otra espada de Damócles. Van a impulsar la ampliación de los cortesanos, hasta lograr tener una mayoría automática como en tiempos de Carlos Menem o de Carlos Zannini, presidente del Tribunal Superior en Santa Cruz.
Por eso muchos carteles de los banderazos dicen que “la grieta es entre mafia o república” o entre “Delito e impunidad”.
A Cristina, no le va a resultar fácil accionar su afilada guillotina contra Rosenkrantz. Se trata de un juez intachable desde lo ético y de gran prestigio académico. Fue uno de los discípulos predilectos del inmenso jurista Carlos Nino y tiene una maestría y un doctorado en la universidad de Yale. Además, los argumentos reclamando el inicio del juicio político que expuso la diputada Vanesa Siley, son de gran fragilidad conceptual, sesgada con fanatismo ideológico. Floja de papeles y fuerte militantismo, para decirlo en dos palabras. “Una aberración”, calificó el constitucionalista Daniel Sabsay. Insólitamente acusan a Rosenkrantz de favorecer a los terroristas de estado de la dictadura cuando, desde muy joven, colaboró con el equipo del doctor Raúl Alfonsín en los temas del Nunca Más y el Juicio a las Juntas militares, un hecho histórico sin antecedentes en el mundo. Mientras tanto, Cristina y su marido, no dijeron una palabra de la violación a los derechos humanos, se dedicaron a rematar las casas de los deudores hipotecarios y apoyaron a Italo Luder que, en su campaña electoral, propuso convalidar la ley de autoamnistía de la dictadura.
Siley es una de las integrantes del grupo de tareas judicial de Cristina en el Instituto Patria, miembro del Consejo de la Magistratura y líder de un gremio de trabajadores judiciales que compite con el de Julio Piumatto. Jamás haría semejante presentación contra Rosenkrantz sin la orden o el aval de Cristina. Pero sus acusaciones son tan inconsistentes que hasta la organización Human Rights Watch aseguró que “no tienen fundamento”. José Miguel Vivanco, su director para América, dijo que “el único argumento es la venganza y la impunidad y esto atenta contra la independencia de la justicia”.
El juicio político no tiene ninguna chance de prosperar. Por ausencia absoluta de motivos y porque el cristinismo no tiene los dos tercios de los legisladores que necesita. Pero la metodología que Cristina utiliza, es siempre la misma, aunque choque contra la pared del sentido común y las leyes. Ella embiste, hostiga, persigue y lanza a su tropa a un ataque contra todos los magistrados que no se someten a sus caprichos. Es lo que está padeciendo el jefe de los fiscales, Eduardo Casal y los tres jueces trasladados, entre otros.
En el caso de Rosenkrantz, hasta Alberto Fernández, en un solo día, tuvo tres comentarios que fueron obscenas injerencias en otro poder con un tufillo de apriete. “Es una clara extorsión que no vamos a permitir”, dijo Cristian Ritondo, jefe de los diputados del PRO. En cualquier país del mundo, si quien está a cargo del Poder Ejecutivo, se refiere críticamente a las decisiones o actitudes del número uno del Poder Judicial, sería motivo de un escándalo institucional. Acá pasó casi como una anécdota. Nos acostumbramos demasiado rápido a la ilegalidad. Pero Alberto presionó a la Corte, diciendo que “era un escándalo el traslado de los jueces Bruglia, Bertuzzi y Castelli”. Agregó que le “llamaban mucho la atención las cosas que se ven en la Corte” y le preguntó públicamente a Rosenkrantz: “¿Qué es lo que está buscando el presidente de la Corte que tanto ahínco mete, cuál es su disyuntiva?”
Alberto contra Rosenkrantz, en tres ocasiones, en 24 horas. Insólito. Todo porque Rosenkrantz había cometido “el pecado” de convocar a un acuerdo extraordinario, algo que está entre sus facultades. Y pensar que Alberto calificó de “fascistas”a un grupo de automovilistas que equivocadamente fueron a tocar bocina frente a la casa de Ricardo Lorenzetti. Si los bocinazos injustificables son fascistas, los fuertes aprietes extorsivos golpistas, ¿Qué son? Autocracia y autoritarismo, por lo menos.
¿O no se acuerdan cuando Cristina le ordenó a Parrilli que le dijera a Martin Mena que saliera a apretar jueces? Martin Mena, en la práctica, hoy es el ministro de justicia, aunque en lo formal, ocupe el segundo lugar.
Fueron varios los kirchneristas que trataron de influir en las decisiones de la Corte. Incluso, Felix Crous dijo que “la Corte Suprema ya no tiene autoridad”. Lo dice Crous, el titular de una Oficina Anticorrupción que puso al servicio de la impunidad de Cristina y de la venganza contra los funcionarios del gobierno de Macri.
Semejante grosería provocó que dos hashtag fueran trending topic en las redes: “Todos con Rosenkrantz”, decía uno y el otro: “El 12-O, todos a la calle”.
Se refiere a un nuevo banderazo multitudinario para el próximo lunes 12 de octubre. Es el día de la diversidad y la idea es que todos los afectados por el gobierno, expongan la diversidad de sus reclamos. “La hora de los patriotas” y “Somos libres” son las primeras consignas de la convocatoria.
Todo esto se desarrolla durante el intento de imponer una reforma judicial que es un traje a medida de Cristina. Un meme que circuló en las redes lo decía con claridad: “Cuando hubo que elegir entre la salud y la economía, eligieron el ataque a la justicia”. Es dolorosamente cierto. Ya estamos entre los países del mundo con más contagios, más muertes, más cuarentena, más destrucción de la economía y menos testeos.
Una editorial de La Nación llama a las cosas por su nombre. Habla del desastre actual “que tiene por objetivo absolver de delitos de corrupción, a la vice presidenta, su familia, sus colaboradores y muchos empresarios que ahora apoyan a imberbes, ineptos y venales en el intento de desguazar la justicia, aunque se pierda la Nación”.
Pero en la justicia electoral, se produjo otro gigantesco paso hacia la consolidación del nacional populismo chavista. No tuvo tanta repercusión. Pero tiene una gravedad extrema producto porque estamos hablando de la Cámara Nacional Electoral que regula nada más y nada menos que los comicios que eligen a las autoridades. Lo que pasó, pinta en toda su dimensión al ladri feudalismo del doble discurso. La Cámara tiene tres integrantes. Falleció un juez y quedó una vacante. Se llamó a concurso y el resultado fue el siguiente: Primera: Alejandra Marcela Lázzaro 170, 75 puntos. Segundo: Raúl Daniel Bejas, 167,30. Era la gran posibilidad de que una mujer integrara por primera vez una cámara tan importante. ¿A quien eligió Alberto Fernández? Al juez tucumano Bejas, ex apoderado del partido Justicialista de la provincia, muy vinculado al gobernador Juan Manzur, al que sobreseyó en una causa por enriquecimiento ilícito y abogado de empresas de José Alperovich, que dicho sea de paso está acusado de violación y abuso sexual y su expediente casi ni se mueve y que además es el senador más rico, con un patrimonio de 1.387 millones. Para que lo sepa la diputada Siley, el elegido por su gobierno, el juez Bejas, además se negó a citar al general César Milani en el caso de la desaparición del soldado Agapito Ledo.
La doctora Lázzaro fue la que tuvo mejores resultados y por conveniencia política la dejaron de lado. Encima ella tiene gran experiencia en el tema porque ya es la secretaria de la cámara. El kirchnerismo se llena la boca hablando de equidad de género y a la hora de la verdad, prefieren un juez amigo. Ya enviaron su pliego al senado. La diputada Paula Oliveto, indignada habló de “un macho de Manzur y las feministas K siguen calladitas”. Parece que machirulos son solamente los anti K. Hipocresía de estado. Dedocracia mata meritocracia y conveniencia mata género.
Es la radiografía de un intento de poner de rodillas a la justicia que la sociedad no puede permitir. Cristina lo hace en defensa propia. Los argentinos, también.