Parece una ficción. Un dibujo del destino.
Dos amigos y dos talentos que casi mueren el mismo día. Quino, que ayer recibió todos los homenajes y Hermenegildo Sabat del que hoy se cumplen dos años de su fallecimiento. La capacidad periodística de Pablo Calvo iluminó en Clarín una carta inédita de las muchas que se cruzaron cimentando su hermandad en el oficio, en la vida y en la ética republicana. El texto es de 1977, en plena ferocidad de la dictadura que había hecho exiliar a Quino en Milán. Estaba ansioso por volver al olor a tinta de las redacciones. Le pedía al Menchi Sábat que le mandara todos los datos posibles porque estaba muy entusiasmado con regresar al ruido de las máquinas de escribir, las linotipos, el humo del cigarrillo y la adrenalina que despiertan las noticias. Un año antes un grupo armado había roto la puerta del ascensor de la casa de Quino. Eran épocas de un López Rega del peronismo criminal triple A, que le abrió las puertas al terrorismo de estado de Videla. Secuestros, desapariciones, torturas, crímenes de lesa humanidad. Había que cuidar el pellejo. Las cartas que se intercambiaban entre el mendocino y el uruguayo tenían como destinatarias a sus esposas. Alicia y Blanca eran una forma de evitar la censura y la persecución. Después convivieron bajo el techo de Clarín durante 29 años. Tres décadas de humor inteligente. Alfredo, el hijo de Sábat recordó esa entrañable relación y aseguró que el mundo, es un chiste de Quino.
Hoy se cumplen dos años, sin el Menchi. Eduardo van der Kooy nos habló el año pasado de esa oficina huérfana y apagada, en el fondo de ese largo callejón que es la redacción de Clarín. Las ventanas miran hacia la calle Piedras en ese laboratorio de ideas y pinceladas luminosas. Todavía están sobre su tablero algunas acuarelas resecas y unos pinceles esperando que su amo les vuelva a dar vida.
Estoy seguro que el Menchi Sábat, volverá y será dibujos. Y talentos. Y coraje. Hace dos años que se fue al cielo de la cultura y la ética y lo extrañamos muchísimo. Y lo necesitamos. Sobre todo ahora que estamos tan preocupados por la defensa de la libertad de prensa en la Argentina. Otra vez el cristinismo acecha con salvajadas contra los medios y los periodistas. Por eso estamos alertas y con la guardia alta. Porque defendemos nuestro derecho a informar pero sobre todo el derecho de los ciudadanos a ser informados. No hay democracia plena sin libertad de expresión plena.
Para convocar el recuerdo del querido Sábat y abrazarlo, necesitamos jazz del bueno. No pude faltar en este humilde homenaje a Sábat.
Es la mejor forma de retratar a semejante ejemplo como profesional y ciudadano. No lo tenemos pero tenemos sus trabajos magistrales que mantienen la misma actualidad que los monólogos de Tato Bores. Los dibujos de archivo del Menchi parecen dibujados ayer.
Por suerte quedan esos trabajos mágicos y su gallardía flotando en el adiós con música de Duke Ellington o la trompeta de Louis Armstrong.
Lo recuerdo caminando sigiloso por la vieja redacción de Clarín, esa cuadra interminable poblada de afectos y conspiraciones. Con su delantal gris o azul, como si fuera un mameluco, las manos entrelazadas atrás de su cintura, el pelo engominado y sus anteojos tan enraizados. Era un duende que navegaba entre los escritorios y que venía del taller de los obreros gráficos. Una vez confesó que extrañaba aquella música de la fábrica de noticias. Todos le decíamos maestro. Su talento había trascendido las fronteras. Publicó sus trabajos en el New York Times y en Liberatión, solo para nombrar dos medios. Había conversado con Jorge Luis Borges, seguramente de su amor por el jazz y el tango. Supo ilustrar a Julio Cortázar sobre Henri de Toulouse Lautrec y recibir un premio de la Fundación del Nuevo Periodismo de manos del mismísimo Gabriel García Márquez. Cuando le dieron el Konex de Brillante fue rodeado y aplaudido por todos sus compañeros del diario. Jamás voy a olvidar que el día que me casé, me regaló una de sus creaciones con plumín y tinta china que siempre estuvo en una pared central de living de mi casa. Parecía metido hacia adentro, pensativo e irónico pero era muy feliz tocando el clarinete. Tenía varios y para comprar el primero tuvo que recurrir al ex presidente Jorge Battle que le salió de garante. Escuchaba a Gardel o al Gordo Troilo y disfrutaba las melodías de Charlie Parker y Benny Goodman. Su máxima alegría era la docencia en el atelier glorioso de San Telmo donde había una luz de otro planeta y aroma a colores y a lápices.
Menchi era muchas cosas. Fotógrafo, un artista plástico descomunal, poeta, caricaturista, pero yo lo quiero guardar en mi memoria como un periodista. Fue un editorialista demoledor sin utilizar palabras. Por algo era el presidente de la Academia Nacional de Periodismo. Fue el dibujante de la libertad.
Me dolió en el alma cuando la presidenta Cristina Elisabet, en ejercicio de sus facultades mentales, con alto grado de altanería autoritaria descalificó al Menchi como “un cuasi mafioso”. Nada menos que a Sábat, uno de los personajes de los medios y la cultura más queridos en el ambiente por su honestidad brutal, su austeridad franciscana y su espíritu solidario y democrático. Cuando Cristina y Néstor se apropiaban de las casas de los que no podían pagar las cuotas durante la dictadura en una clara actitud usurera, Sábat se jugaba la vida publicando caricaturas de Videla y Massera manchados de sangre o de un ínfimo, insignificante Bignone sentado en un sillón de Rivadavia gigantesco. Y a aquel general Galtieri que tenía un vaso de whisky en la mano, como un símbolo de la desmesura y el horror que desató en Malvinas.
En una entrevista dijo: “Miro los dibujos que hice durante la dictadura y creo que es un milagro estar vivo”. Se refería a una amenaza que le hizo el entonces terrorista de estado Guillermo Suarez Mason: “Si sigue publicando esos pequeños dibujos, puede terminar tirado en el río”, en referencia a los atroces vuelos de la muerte que arrojaban detenidos desaparecidos al mar desde los aviones.
Sábat era admirado y amado por todos. Aquel dibujo de las curitas cruzando la boca de Cristina no eran un deseo de censura: eran una expresión del hastío que producía Cristina hablando hasta por los codos todos los días y por cadena nacional. Cristina fue prepotente e injusta pero también ignorante. Creo que ni sabía quién era Sábat. Pero lo que más me dolió fue el silencio cómplice y cobarde de los artistas y periodistas kirchneristas que si sabían quién era Menchi. Su silencio fue patético. El dijo con su genial ironía que “muchos se pusieron la camiseta para defender los altos valores de la Cristinidad”.
El retrato que hizo de Nisman fue estremecedor. Su cara limpia en blanco y negro y un chorro de témpera roja saliendo de un agujero en su cabeza.
Sabat fue corajudo, humilde, uruguayo y argentino hasta los huesos y nos dejó una obra maravillosa. Decía que cada dibujo le llevaba 80 años para hacerlo porque durante todo ese tiempo estuvo aprendiendo a dibujar. Entraba en éxtasis no con una caja fuerte porque nunca le sobró el dinero. Lo podían los cuadros de Diego Velázquez y Goya.
Pasó por el diario El País de Montevideo, La Opinión y Primera Plana de Jacobo Timerman y en 1973 echó anclas en Clarín. Ganó el premio Moors Cabot que otorga la escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.
Uno de sus grandes logros fue haber dejado esos cigarrillos negros que él llamaba petardos y no utilizar teléfono celular. Los correos electrónicos recién los leía a la noche. Nunca nadie lo vió exaltado o fuera de sí. Así fue en vida Hermenegildo Mariano Sábat Garibaldi
Dicen que se murió dormido. Por suerte no tuvo que sufrir a sus 85 años.
En aquel adiós y en este reencuentro, me gustaría enviarle un abrazo solidario a Blanca su esposa y a sus dos hijos, Alfredo que sigue su camino en el diario La Nación y a Rafael.
Dicen que el día anterior se fue del diario como todos los días. De riguroso traje y corbata. Entregó su dibujo y le preguntó al editor: “¿Te sirve?”. Saludó la foto que presidía su escritorio, la de Rogelio García Lupo, el Pájaro, otro periodista admirado por su honradez y capacidad intelectual. Uno de sus últimos trabajos fue una caricatura de Julio Blanck que había muerto un mes atrás. Lo dibujó con alas, como a Gardel y a tantos hombres y mujeres que el admiraba y quería. Tal vez hoy este en el cielo con su gente querida, con Quino recién llegado, comiendo un chocolate, escuchando música de Piazzola, leyendo a Fernando Pessoa, pintando magias y peleando como siempre por la libertad. Es que se ganó el paraíso. Menchi querido. Fue un lujo haberte conocido. Fuiste un viento puro en este país. Te extrañamos mucho. Chau y Hola Menchi querido, dibujante de la libertad y la honradez.
Cristina, la presidenta de facto – 1 de octubre 2020
Pepe Nun no es un gorila ni un oligarca. Néstor Kirchner lo designó Secretario de Cultura de la Nación, cargo en el que estuvo durante 5 años. Es un abogado recibido con honores, un politólogo que llegó a investigador superior del Conicet, un intelectual muy respetado que completó su formación en Paris, Nueva York y Canadá. Si fuera un gorila o un oligarca, Kirchner no lo hubiera sumado a su gestión y Nun, tampoco hubiera aceptado.
Hoy, sus opiniones, son reproches durísimos contra Cristina y su gobierno. Pepe dijo que estamos viviendo una “autocracia absolutista” y calificó a Cristina como “la presidenta de facto que maneja el Senado a su antojo”. Muchas veces, utilizamos gobierno de facto como sinónimo de dictadura. En realidad,” facto” es un término latino que significa “hechos consumados”, o “por la fuerza de las circunstancias. Y es cierto. Cristina es la presidenta por la fuerza de las circunstancias y por un hecho consumado.
A Alberto, Pepe, le reservó el mismo lugar de antes: jefe de gabinete de Cristina.
Yo apunto a lo mismo, pero lo digo de otra forma. La llamo la jefa del jefe del estado. Estoy convencido que es la principal anomalía que estamos viviendo. Y todos los problemas más complejos que estamos atravesando los argentinos derivan de ese pacto espurio entre Cristina y Alberto: vos me das la impunidad y yo te doy el sillón de Rivadavia. Tiene razón, Pepe Nun: no hay un doble comando como algunos ingenuos o transas, creían. Hay una usurpación del cargo por parte de Cristina que es la única que manda en el gobierno. Daniel Sabsay, tal vez el constitucionalista más importante definió el gobierno como un “régimen vice presidencial” y aseguró que esa es la principal violación de la Constitución, en el artículo 87 que define como “unipersonal” al Poder Ejecutivo: “Acá e han invertido los roles”.
Tal vez ese sometimiento a cielo abierto y delante de todo el mundo, conmueva tanto el ánimo de Alberto que no pueda encontrar una plataforma de gobierno para ponerse de pié. Cristina pone de rodillas a todo el mundo. Es su estilo, su forma de vivir y de gobernar. Les mete pánico a los tímidos para el coraje o a los flojos de personalidad. Cuatro gritos y listo. Así construyó esta actualidad que podríamos llamar “Cristinato”. Es una manera de rebautizar el “Unicato”, concepto que desde 1886, con la presidencia de Miguel Juárez Celman, resume el abuso y la concentración de poder basado en prebendas y castigos. Estos niveles de opresión parieron la “Revolución del Parque”, conducida por la naciente Unión Cívica de Leandro Alem, Hipólito Yrigoyen, Marcelo T de Alvear, Bartolomé Mitre y Aristóbulo del Valle, entre otros.
El Cristinato, no tiene piedad ni contemplaciones con nadie. Avanza en forma autoritaria, a paso redoblado y deja a Alberto, “groggy”, mareado, contra las cuerdas, como dijo Duhalde. Por eso Alberto aparece lento, sin iniciativa y comete errores muy elementales. No tiene lugar. No tiene espacio. Ella ocupa todo. Es asombrosa y casi inédita, la cantidad de errores y torpezas que cometió en tan poco tiempo. Incineró su capital político en el altar de Cristina. No tiene rumbo. Ni él, ni su gobierno. Como decía Séneca: no hay viento que lo favorezca porque no sabe a dónde va. Últimamente, además de repetir ese mensaje agresivo y patotero contra medio mundo, no encuentra la ruta de su gestión. Apela al voluntarismo, a la magia, como si fuera un curandero que quiere curar de palabra. Le dice a los argentinos que tenemos que acostumbrarnos a ahorrar en pesos y les pide a los jóvenes que no se vayan del país. Actúa como un comentarista que encima, tiene su palabra devaluada. Para salir de esa encrucijada, solo tiene una puerta: debería generar hechos concretos. Generar desde el gobierno las condiciones económicas necesarias para que la gente ahorre en pesos y para que nadie se quiera ir. Hacen falta gestos. Medidas. Planes. Que se baje el sueldo y obligue a ministros, funcionarios y legisladores a que hagan lo mismo. Que deje de hostigar y perseguir a Horacio Rodríguez Larreta, un posible candidato a presidente de la oposición. Que respete la opinión del periodismo y de la oposición. Que demuestre que no se entromete en la justicia y estimule que todos sean iguales ante la ley para que no haya impunidad ni para Cristina ni para sus hijos o sus cómplices del Cártel de los Pingüinos. Pero pasa todo lo contrario. Cristina tiene cada vez mas poder sobre los tres poderes. Por eso le hablo de Unicato. Ya casi no quedan presos de la mega corrupción K. Están a punto de hacer caer la causa de los cuadernos de las coimas y voltear todas las pruebas que aportaron los arrepentidos. Con eso dinamitan la idea de justicia independiente.
La única forma que tiene Alberto de intentar recuperar la presidencia que le usurpó Cristina es demostrar autonomía. Debería asegurar la vigencia de la propiedad privada y que no va a expropiar Vicentín. O que va a cerrar las puertas de las cárceles para que no salgan miles de delincuentes peligrosos con tanta facilidad. Se debería comprometer públicamente y cumplir a no fortalecer a los que se apropiaron de terrenos que no les pertenecen o que queman cabañas en la Patagonia. Todo eso podría hacer el gobierno y Alberto si es que sabe, puede y quiere. ¿Podrá? No creo. ¿Se atreverá? No creo. ¿Le dará el cuero? No creo. ¿Hasta cuándo el peronismo mantendrá su verticalismo obsecuente con Cristina? Si Alberto no gira 180 grados, estará condenado a ir de papelón en papelón. No habrá ficha limpia ni se cambiarán las listas sábanas y seguirán ingresando legisladores de la calaña de Juan Ameri, cuya lista fue apoyada por Roberto Navarro, el para periodista y pauta traficante. En un spot de campana, aparece diciendo que Cristina le dijo que el Oso Leavy era su candidato. Leavy fue al senado y la banca libre que dejó fue ocupada por el patotero y acosador de Ameri.
Cristina no hace otra cosa que espantar inversores y empresas con su actitud vengativa y anti capitalista. Alberto dice que quiere ser como Noruega o Suecia. Cristina dijo, hace tiempo, que quería ser como Alemania. Pero nos llevan derechito a Venezuela o a Santa Cruz.
Carlos Raimundi, en la OEA nos somete a una vergüenza internacional y respalda a una narco dictadura. La respuesta del gobierno es tibia y formalota. Y Alberto le hace decir a sus periodistas chupamedias que está enojado y que no piensa como Raimundo. Si eso fuera cierto, le sacaría tarjeta roja a Raimundi. Pero a Raimundi, lo puso Cristina.
La ministra Sabina Fréderic se está ahogando en el mar de su ineficiencia y, encima, levanta el dedito para enseñarle a nadar a la policía de la Ciudad. Es patética y nadie explica como continúa en su cargo.
La economía se cae a pedazos. Más pobreza, más indigencia, más desocupación y menos empresas. Solo dos países de la región aumentaron su pobreza en la última década: Venezuela y Argentina.
Todos los indicadores hablan de un país que se hunde y al que solo le tiran salva vidas de plomo. Por eso Alberto se derrumbó en todas las encuestas. Cristina lo deglutió. Lo puso en el lugar de un actor de reparto. Casi, casi que no importa lo que Alberto diga o quiera. Sus ministros de más confianza están colgado del pincel. Cristina les pasará por encima más temprano que tarde. Que se preparen Santiaguito Cafiero, Marcela Losardo, Gustavo Béliz, Matías Kulfas, Miguel Pesce, María Eugenia Bielsa y siguen las firmas. Hasta Guillermo Moreno, otro peronista de la patota, que Cristina ya desprecia, dice que Alberto va a fracasar porque no es peronista: es socialdemócrata. Esta costumbre de apuntar quien es y quien no es peronista también afectó a Fernando Espinoza, el intendente y patrón del mal de La Matanza, conocida como la capital del peronismo. Sin embargo, el capo sindical de los municipales, el Cholo García, le hizo una marcha en el municipio y además de insultarlo, le decía que no era peronista.
Si Alberto y Espinoza no son peronistas, no sé quién es peronista, entonces. Menemistas, duhaldistas, kirchneristas, cristinistas, todos peronistas. Crece la bronca, y la tensión en todos los rincones. En la granja del peronismo hay varias rebeliones en ciernes, y en el anti kirchnerismo, los banderazos son cada vez más masivos como explosión del descontento de más de medio país. En menos de dos semanas, se viene el 12 de octubre, y en el día de la diversidad, se prepara una concentración con la diversidad de reclamos sectoriales. Casi no hay grupo en la Argentina que esté conforme con lo que está pasando y con lo que no está pasando. Los problemas son múltiples y sumamente graves. El diputado Fernando Iglesias dice que este es el gobierno de la reina y el virrey. Y que sus enemigos son los integrantes de la clase media.
Pero el eje del mal, la patrona del mal, es la presidenta de facto, o el Cristinato, que no es lo mismo, pero es igual.
La República venció a Cristina – 30 de septiembre 2020
El senador Oscar Isidro Parrilli, conocido como “Parrilitudo o el chirolita de Cristina”, dijo por radio que la decisión de la Corte, “es un asalto a la Constitución Nacional”. Semejante delirio, es la confirmación de que la Corte, por unanimidad, hizo lo correcto. Si Parrilli y todos los cristinistas están en contra, quiere decir que la Corte defendió bien los intereses de todos los argentinos.
La verdad es que Cristina desafió a la República y fue derrotada en la primera batalla. Cristina intentó poner de rodillas a la justicia independiente y la Corte Suprema, por 5 votos a 0, le puso un freno porque advirtió la extrema gravedad institucional que eso implica. No se puede permitir que una sola persona tenga la suma del poder público. Cristina ya maneja el Poder Ejecutivo, porque usurpó el sillón de Rivadavia. Es la dueña y señora del Senado y su hijo casi, casi conduce la Cámara de Diputados. Si ella logra designar y destituir jueces, según sus objetivos de lograr impunidad, estaremos ante un régimen mucho más parecido a Venezuela que a la Suecia que dice pretender el Presidente encargado. Y si alguien cree que estoy exagerando, puede leer el discurso de Carlos Raimundi en la OEA. Este embajador, un soldado de Cristina, nos hizo pasar un papelón mundial al defender la narco dictadura de Nicolás Maduro. Si algún prestigio todavía tiene la Argentina en el planeta, es gracias a los juicios a las juntas militares y el Nunca Más de Raúl Alfonsín. Esa defensa legal y pacífica de los derechos humanos, reconocida universalmente, fue manchada por el cristinismo que se negó a condenar las torturas, desaparecidos, fusilamientos y los presos políticos del chavismo. Y eso que la denunciante de los crímenes de lesa humanidad, con un informe detallado y riguroso es Michelle Bachellet. No estamos hablando de alguien que los K definirían como gorila o pro imperialista. Fue dos veces presidenta de Chile y es la heredera del socialista Salvador Allende. Ni siquiera el gobierno izquierdista de México se atrevió a tanto. Sin embargo Raimundi, defendió a un tirano porque el proyecto del cristinismo es instalar un chavismo K en nuestro país.
Por eso es tan importante la decisión que tomó la Corte. Porque le dijo con toda contundencia a todos los jueces y a todos los ciudadanos que está dispuesta a defender la independencia de los poderes frente a una situación de “gravedad institucional inusitada”, según el presidente del cuerpo, Carlos Rosenkrantz. Hay que aclarar, rápidamente que esta lucha por evitar el golpe institucional de Cristina, recién comienza. Cristina no se rinde jamás. Nunca baja los brazos y seguramente va a redoblar su apuesta. Ayer, la Corte le propinó un fuerte revés, pero es solamente un primer capítulo de varios que va a tener esta película de terror en contra del funcionamiento de una democracia plena. La valiente ciudadanía que puso pecho y sus banderas en la calle para resistir, tuvo y tiene un momento de satisfacción y alegría. “Siento una profunda emoción”, dijo el doctor Daniel Sabsay por estos micrófonos. Pero hay que advertir que esto recién comienza. Es solo un primer paso en el sentido correcto. Nadie puede bajar la guardia. Ni la resistencia popular y republicana, ni los partidos opositores. Cristina atacó por varios frentes. En el caso del desplazamiento de los tres jueces que la molestaban, todavía falta el fallo definitivo, sobre el fondo de la cuestión de parte de la Corte. Se estima que el máximo tribunal apoyará a los magistrados porque ya lo hizo a través de dos acordadas. Sería extraño que cambiaran su opinión sobre el mismo tema en tan poco tiempo. Pero hay que esperar. Nadie puede cantar victoria. Pronto veremos la decisión definitiva. De hecho, hasta la propia Cristina, cuando era presidenta, firmó un decreto de traslado del juez Pablo Bertuzzi. El mismo juez y la misma situación. Ella piensa que hizo lo correcto. Pero lo que hizo Macri no vale pese a que hizo lo mismo que ella. Doble vara en el atropello y la prepotencia de estado.
La Corte aceptó el per saltum solamente en dos ocasiones. Es algo muy inusual. Excepcional. Se accede, cuándo corren peligro las bases del estado de derecho. Es como romper el vidrio en caso de incendio. Un último recurso para usar cuando no haya otro remedio. Y en las dos veces, se activó esa alarma producto de los planes de Cristina de poner la justicia a su servicio. En el anterior caso, la Corte declaró inconstitucional la reforma judicial que impulsaba la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero que lo perdió varias veces. Cristina no escarmienta. Insiste.
El plan sistemático para domesticar a la justicia, sigue su marcha. Tiene varias puntas además de la remoción de estos tres jueces que en principio, respaldó la Corte. También van por la cabeza del jefe de los fiscales, Eduardo Casal. Quieren voltear el testimonio de los arrepentidos y las pruebas que se consiguieron en la causa de los cuadernos de las coimas, la más grave corrupción de estado de la historia argentina. Pese a esta intención, hoy la Cámara Federal de Casación ratificó el procesamiento de Cristina como jefa de la asociación ilícita dedicada a cobrar sobornos a los empresarios de la obra pública.
La jefa del jefe de estado, también está empujando en diputados la reforma que les abre las puertas a los jueces y fiscales militantes. Cristina puso a su abogado personal, el doctor Carlos Beraldi, al frente de la comisión que seguramente va a recomendar el aumento de los integrantes de la Corte. Sería la frutilla de la torta. El eje del mal contra la justicia. Cubrir las vacantes que se producirían en la Corte con jueces militantes y conseguir una mayoría automática que vote todo lo que Cristina necesite. Eso hizo Menem, eso hicieron en Santa Cruz, donde Carlos Zannini fue el presidente de la corte provincial, y eso hace Maduro en Venezuela. Autoritarismo de estado en estado puro. El presidente encargado, Alberto Fernández es un ariete al servicio de los planes de venganza e impunidad de Cristina. En un solo día, apretó tres veces, públicamente al presidente de la Corte Suprema. En cualquier lugar del mundo se hubiera producido un verdadero escándalo. Más injerencia en otro poder, imposible. Presión explícita. Sin embargo, Alberto, en ese camino hacia el precipicio que está recorriendo, acusó de nazis a un grupo de automovilistas equivocados que tocaron bocina frente a la casa de Ricardo Lorenzetti. Las instituciones de la colectividad judía se encargaron de recordarle al presidente que no se puede banalizar ni vaciar de contenido de esa manera tan brutal al holocausto. Hitler no tocaba bocina. Instaló la maquinaria estatal de exterminio masivo más brutal de la historia.
Al mediodía, abrazando los tribunales, el actor Luis Brandoni había dicho que no podían estar pendientes “de los caprichos de una señora que no quiere pagar por los delitos que cometió”. Autoconvocados, argentinos independientes que nadie maneja y agrupaciones de abogados, iluminaron con sus presencias, con sus antorchas, velas y linternas la oscuridad de las intenciones de Cristina. Bautizaron su derecho constitucional a peticionar y a protestar como “Una luz por la República”. Y la luz se hizo.
Y aunque falta mucho todavía para lograr una victoria definitiva, es cierto que debe valorarse en toda su dimensión, ese compromiso ciudadano.
El diputado Eduardo Valdés, amigo de Alberto, el Papa y Cristina, responsabilizó al periodismo que empujó las movilizaciones. Es extraño que alguien que se dice peronista, tenga una mirada tan paternalista y humillante de la gente. Los argentinos no son ovejitas obedientes que son llevados de las narices por los diarios y las radios. No se puede subestimar al ciudadano de una manera tan feroz. Le diría que ocurre todo lo contrario. La madurez y el coraje de la gente que participa en las redes y en esa epopeya de los banderazos, son los que marcan el rumbo a los medios de comunicación tradicionales que les cuesta registrar un fenómeno tan novedoso.
Futbolísticamente se podría decir que la Corte evitó un gol en contra sobre la raya y que dio vuelta el partido para lograr un triunfo. Pero fue un amistoso. El partido por los puntos, se juega en un par de semanas. Las tribunas estarán colmadas. La expectativa paralizará a la Argentina. De un lado Cristina y sus fanáticos repitiendo el mismo coro de siempre. Acusando a los medios hegemónicos y a los poderes económicos concentrados de trabajar para el enemigo del pueblo. Y del otro lado, La República, con mayúsculas y sin camiseta partidaria, aguantando los trapos para defender el sistema democrático pleno. Ayer, la República venció a Cristina. Pero el desafío sigue.