Hoy que la educación está cerrada por pandemia y con el año prácticamente perdido. Hoy que los que manejan el ministerio son los sindicalistas del atraso y la no capacitación. Hoy que los jerarcas y burócratas de los gremios son bajadores de línea y adoctrinadores de los chicos. Hoy que no hay millones de argentinitos frente al misterio del pizarrón. Hoy que no se fomenta la excelencia y la meritocracia.
Hoy más que nunca, la figura de Sarmiento y su apuesta a la educación como revolución igualitaria nos ayuda.
Es la contra cara de lo que vienen mostrando los provocadores del odio y la caricatura de la lucha de clases de la pre historia.
Frente a la barbarie de la prepotencia y de la utilización perversa de los más pobres, en lugar de quejarnos solamente, nos vendría bien, sobre todo en este día revisitar la civilización de un prócer que nos puede iluminar el camino cuando muchos no ven la salida.
Domingo Faustino Sarmiento dijo que combatía para “poder escribir porque escribir es pensar y combatir, en consecuencia, es realizar el pensamiento”. Su opinión sobre Juan Manuel de Rosas nos puede servir a la hora de juzgar a todos los tiranos de todos los colores y de todas las latitudes: “Lo que la República Argentina necesita ante todo, lo que Rosas no le dará jamás, es que la vida y la propiedad de los hombres no estén pendientes de una palabra indiscretamente pronunciada o de un capricho del que manda”. Capricho del que manda. ¿Le suena familiar? ¿Escuchó la conversación telefónica entre el ministro Nicolas Trotta y los capangas del sindicato? Están ciegos por el fanatismo y la inflamación ideológica. No quieren que haya clases en la ciudad para 6 mil chicos que no tuvieron acceso a las clases a distancia. Hasta el gobernador que no gobierna, Kicillof, se sumó a esa crítica insólita. No quieren que los chicos progresen. Pero lo justifican con una mentira y una acusación brutal. Los Roberto Baradel de la vida, dicen que Horacio Rodríguez Larreta quiere que se mueran los chicos pobres. Son caraduras y falaces. Nadie hizo tanto como Larreta en la Argentina por los estudiantes más pobre de los barrios más vulnerables de la ciudad. Hay que ir al barrio 31 para ver lo que son esas escuelas nuevas y confortables. No es casual que el ministerio de Educación de la Ciudad fue construido en ese lugar y funciona maravillosamente.
Por eso me pongo de pié por la manera en que Sarmiento, con un par de frases, definió casi un plan de gobierno: “Lo primero que debe atenderse en todo el país, es proporcionar a la clase más numerosa y menos acomodada, los medios que llenen sus primeras necesidades, particularmente aquellas que tienen directa influencia sobre la higiene y la salud: el buen salario, la comida abundante, el buen vestir, la libertad ilimitada, educan al adulto más que la escuela al niño.”
Habla de libertad ilimitada, de atender a los más necesitados y de no someterse a los caprichos de los autoritarios. Son los cimientos de la Nación que necesitamos construir. Sarmiento es la patria que necesitamos construir entre todos. Porque además fue la honradez en persona.
Hoy es el día de Sarmiento, el maestro de la patria y el de todos los maestros con mayúsculas. Maestro de los maestros, como se dice cotidianamente. El talento e inteligencia de Domingo Faustino Sarmiento empujaron la movilidad social ascendente. La prueba es que nació en el Carrascal, un barrio pobre de San Juan, llegó a ser presidente de la Nación y murió a los 77 años tan pobre como había nacido.
Es la gran figura polémica de nuestra historia. Se puede hablar horas de sus grandezas y de sus miserias. No nos alcanzaría todo un año. Solo su obra escrita tiene 52 tomos y más de 15 mil páginas. Se puede decir que fue cascarrabias, mujeriego y que tuvo actitudes francamente discriminadoras sobre todo con los indios y los gauchos.
Pero el fanatismo de los cristinistas lo pretende borrar de la historia como si fuera un tirano.
Durante el anterior gobierno de Cristina, el intelectual camporista Juan Cabandié no anduvo con sutilezas para descalificar a Sarmiento: “Era de derecha”, sentenció. Le faltó agregar: “Como Macri”. Desde Paka Paka lo atacaban como si fuera el diablo. Menos mal que a ningún talibán kirchnerista se le ocurrió declarar de interés público y sujeto a expropiación a la calle Sarmiento para rebautizarla Néstor Kirchner quien nunca escribió un libro y del que se sospecha que tampoco leyó alguno.
Cristina hablaba hasta por los codos. Pero la presidenta y su gobierno en su momento no hicieron un solo comentario ni acto para recordar a Sarmiento. Hoy, el presidente testimonial, Alberto Fernández no participó ni propició ningún acto. Apenas un modesto tuit donde felicitaba a los docentes y sin decir ni una palabra de Sarmiento. ¿El ministro Trotta que opina de Sarmiento?¿Cómo les explicarán a los chicos porque es el día del maestro? ¿Quisieron borrar de la historia argentina a Sarmiento? ¿Son tan omnipotentes, autoritarios y caraduras?
Pero hoy debo rescatar lo mejor de su luz de educador. Un poema dice que “sembró escuelas como soles a lo largo de la patria”. Su dimensión de estadista lo llevó a fundar 800 escuelas en un país que según el primer censo que el propio Sarmiento ordenó padecía un drama: 7 de cada 10 argentinos eran analfabetos. En 1871, la población de nuestro país era de 1.836.000 personas entre las que se encontraban 194 ingenieros y 1.047 curanderos, por ejemplo. En ese país de la injusticia y la oscuridad, Sarmiento fue el motor de la educación como igualador social y como principal instrumento del desarrollo.
Eso no se lo vamos a terminar de agradecer nunca. Fue el mejor combatiente contra la ignorancia y eso solo lo coloca como uno de los principales impulsores de la democracia y de los derechos de los más pobres. Decretó la ley de enseñanza primaria obligatoria. ¿Se imaginan la aceleración del progreso que eso significó? Cuando asumió había 30 mil y cuando dejó la presidencia ya eran 100 mil los chicos que concurrían a la escuela. Es que eran leyes revolucionarias. Cambiaban la estructura de la sociedad y la hacían más justa y realmente progresista.
Le recuerdo solo algunos de los conceptos y valores que Sarmiento instaló para siempre en el inconsciente colectivo de los argentinos:” todos los problemas son problemas de educación.
Las escuelas son la base de la civilización.” Faltaban 30 años para el 1900 y Sarmiento ya decía que “se puede juzgar el grado de civilización de un pueblo por la posición social de la mujer”. Fue un verdadero visionario, un genio en su capacidad de enseñanza, un escritor colosal y un combativo periodista y político. Su concepto de educación para el desarrollo se adelantó un siglo. Gran parte de sus construcciones teóricas se siguen utilizando en la actualidad.
No quiso que el saber fuera un privilegio de pocos. Propuso que toda la República fuera una escuela. Apostó al progreso científico, a las comunicaciones. El correo y el ferrocarril en ese entonces eran catalizadores de las mejores ideas y soluciones concretas. Fue un férreo defensor de las libertades civiles y un opositor feroz a los dictadores. “Bárbaros, las ideas no se matan”, dejó grabado por los siglos de los siglos.
En su primer discurso presidencial dijo algo que todavía hoy tiene una vigencia impresionante y que es la síntesis más perfecta de lo que debería ser la política: “el gobierno está para distribuir la mayor porción posible de felicidad sobre el mayor número posible de ciudadanos”. ¿Qué me cuenta? Ojalá fuera el objetivo que guíe a todos nuestros gobernantes.
José Clemente, su padre fue peón de campo y arriero y combatió en las guerras por la independencia junto a Belgrano y San Martín.
Paula Albarracín, su madre, le quiso poner Domingo pero no pudo. Por eso en su partida de nacimiento figura como Faustino Valentín Quiroga Sarmiento. A los 4 años ya leía de corrido y a los 15, era maestro, tal vez su principal condición que no abandonó jamás. Hasta en la cárcel, mientras fue preso político, se dedicó a enseñar a sus compañeros de celda.
Y luego se convirtió en un monumento vivo a los docentes y no paró nunca de construir bibliotecas populares. El filósofo Tomas Abraham lo definió como el hombre más grande que dio esta tierra. Su himno que es el himno que nos ilumina reclama honor y gratitud para él y lo bautiza como corresponde: Domingo Faustino Sarmiento, Padre del Aula. Si San Martín fue el Santo de la Espada, Sarmiento fue el Santo de la palabra. San Sarmiento de la Educación, es la patria que necesitamos.
La autodestrucción de Alberto – 10 de septiembre 2020
El presidente Alberto Fernández y su jefa, Cristina Fernández, multiplican los problemas y van a contra mano del sentido común republicano. En nueve meses, han puesto al país al borde de un colapso con un nivel inédito de inoperancia, soberbia y resentimiento disfrazado de ideología. Si la Argentina registra un escape de gas, el presidente debe ir a ver lo que pasa con una linterna. Pero se empeña en ir con un fósforo. Por momentos, son tantos los tiros en los pies que se pegan que uno se pregunta si no se dan cuenta de que se acercan al suicidio político.
Hay un denominador común que dinamita las esperanzas de encontrar los mejores caminos. Todo el tiempo y en todos los temas, Los Fernández castigan el progreso, la innovación, la honestidad, el esfuerzo de superación, la eficiencia y la meritocracia que hizo grande a este país. A eso le llaman progresismo. Se auto perciben revolucionarios y en realidad, son los reaccionarios que más atrasan. Porque fomentan disvalores como el delito y la corrupción desde el estado, la vagancia, la toma de tierras, el autoritarismo patotero, la injusticia que desconoce la división de poderes, la impunidad, la venganza y el igualar todo para abajo. Así es imposible que nuestro bendito país salga adelante. Con estas ideas nefastas estamos condenados al fracaso.
Hay infinidad de ejemplos de esto que le digo. Los más recientes tienen que ver con el saqueo para el 2021, de 45 mil millones de pesos a la Ciudad de Buenos Aires. Alberto les metió la mano en el bolsillo a Horacio Rodríguez Larreta y a todos los habitantes. El Pro dijo que esa decisión fue: “inconstitucional, injusta y y prepotente”. Dicen que a las 19.30 va a anunciar que hará una presentación ante la Corte Suprema. Y todo fue por orden de Cristina. Antes de esta locura, yo le avise que la dueña del estado le declaró la guerra popular prolongada al jefe de gobierno de la ciudad. No puede soportar una buena administración. La ciudad, con todas las cuestiones que todavía faltan mejorar, es el distrito que más se modernizó, que mejoró la calidad de vida de sus vecinos, de sus maestros, de sus policías y que mostró a través de Larreta un nuevo tipo de liderazgo moderado que lo ha colocado en el primer lugar de imagen positiva del país. Cristina vive y disfruta de Recoleta. Cristina tiene departamentos y cocheras en Puerto Madero. Pero con su hipocresía ataca todo lo que tenga que ver con el crecimiento con equidad de la Ciudad que se transformó positivamente desde que no la gobierna el peronismo kirchnerista. Se miente a sí misma. Nos miente a todos cuando proclama que la ciudad está mejor porque La Matanza está peor. Es como si los porteños y sus gobernantes fueran culpables de 37 años de la corrupción, el clientelismo feroz, la inseguridad, falta de cloacas, agua y asfalto producto de gobiernos del peronismo de todos los palos ideológicos. Dicen que quieren terminar con la pobreza y en realidad la multiplican.
Lo mismo pasa con la policía. Les pagan miseria. Los uniformados se juegan la vida para defender a los ciudadanos decentes y los maltratan y ni los escuchan. Es tan grande la falta de diálogo que el gobernador que no gobierna, Axel Kicillof, y el ministro Sergio Berni, no pudieron anticipar la crisis. Porque viven en su burbuja de poder. Porque no les importa un carajo lo que piensan y lo que sufren los demás. El gobernador no se debe ir a su casa porque fue elegido democráticamente. Pero el ministro, no puede durar un minuto más en su cargo. El Rambo de cabotaje se transformó en un pelele que no sabe ni lo que pasa con sus subordinados. Se quebró la cadena de mando y nadie le da bola. Por lo tanto no puede conducir nada. Y mucho menos una fuerza civil armada de 90 mil integrantes. Vendió humo. Protagonizó series de Netflix tragicómicas, se hizo filmar armado, en helicóptero, haciendo abdominales y los policías honestos que ponen el pecho lo miraban como quien mira a un payaso. Ahora es un jefe sin tropa. Por lo tanto se tiene que ir a su casa.
La incapacidad y altanería de Axel Kicillof y Berni produjeron una de las situaciones de mayor peligro y desafío antidemocrático. Uniformados con sus pistolas reglamentarias rodeando la casa de Kicillof o la quinta de Olivos es un desafío inaceptable para las instituciones. Eso hay que condenarlo sin vueltas. Pero no se pueden desconocer ni los reclamos que son totalmente justos ni la actitud irracional del Presidente de tirar más nafta al fuego. Los provocó, les mojó la oreja.
Alberto y Kicillof deberían saber que este conflicto no se soluciona solamente con plata para los sueldos, como anunciaron. Los policías se sienten desprotegidos por el estado y la justicia. La inmensa mayoría de los agentes que son honestos y valientes, ven todos los días como desde el cristinismo se favorece siempre a los delincuentes y se perjudica a los policías. Hay coronavirus y sueltan ladrones, violadores y asesinos con una frivolidad criminal. A la fuerza de seguridad provincial le cuesta un ojo de la cara perseguir a los que violan la ley y finalmente apresarlos. Después ven como la justicia en su gran mayoría, no los condena pese a que sean reincidentes de delitos graves. Y cuando finalmente, algunos van presos, apenas aparece un virus los sueltan para que no se contagien. Una locura por donde se la mire. En las cárceles casi no hay infectados y entre los policías hay miles. La atención médica que tienen es un desastre. Recién ahora van a poner dos hospitales a su disposición. Muchos tienen que pagar sus hisopados. Los barras bravas y los grupos de choque de los movimientos sociales, toman tierras con toda libertad. Nadie quiere desalojar porque aunque haya una orden de la justicia, por estadística, los que terminan presos o exonerados son los policías y no los que violaron la ley.
Atrasan tanto los kirchneristas que todavía ven un uniforme y piensan en Videla. Son tan delirantes que no se dan cuenta que ya pasó mucho tiempo y que estas generaciones no tienen nada que ver con aquellos fascistas y terroristas de estado.
Por eso le digo que todo esto no se arregla solamente con aumentos de sueldos. Hace falta una línea política clara de seguridad democrática. Un combate fuerte contra el delito tanto de civiles como de los uniformados. Los premios y los castigos tienen que ser claros. Premiar la decencia y castigar a los malandras. No es tan difícil comprender eso.
Y lo mismo pasa con la pandemia. Kicillof y sus encargados de la salud fueron absolutamente incapaces en la gestión de la cuarentena. Se la pasaron criticando a la ciudad y buscando culpables en lugar de encontrar soluciones. Daniel Gollan y Ernesto Kreplak, dijeron barbaridades que deberían ser castigadas con su desplazamiento. Se quejaron de la apertura razonable y planificada de la capital y ellos no pudieron controlar las multitudes que caminan por las calles del Conurbano, sin distancia social, sin barbijo y sin que nadie haya podido controlar esa situación. Todo el tiempo mirando la paja en el ojo ajeno sin mirar la viga en el propio. Siempre con mirada conspirativa.
Hablaron mucho, pero hicieron muy poco. Siempre ven una mano negra, el macrismo, la oligarquía o los medios hegemónicos como culpables de los problemas que ellos generan, multiplican y no solucionan.
Alberto Fernández de Kirchner profundiza todas las crisis y la grieta. En lugar de consensos, busca pelea. Todos los días deja en ridículo a aquellos que se compraron el caramelo envenenado del Alberto bueno y prudente. Elisa Carrió lo definió como alguien que “no tiene peso, ni valor, ni coraje, ni palabra, ni respeto”. Aseguró que el presidente testimonial “está sitiado por Cristina y que ella está sitiada por su propia sed de venganza”
El senador Martín Lousteau, ahora sobreactúa su enojo, pero fue a visitarlo a Olivos sin consultar a la fuerza política que integra. Su individualismo hizo que se cortara solo. Hoy dice que nadie se enteró de que Alberto le iba a rapiñar 45 mil pesos a los porteños. Pero los que mandan ya lo habían anticipado. Cristina con su frase de los helechos iluminados, Máximo idem y el propio presidente cuando habló de la culpa que le generaba la opulencia de la ciudad. Hay gente que solo escucha lo que quiere. O lo que le conviene. Por eso no pueden ver el proceso de autodestrucción de Alberto empujado por Cristina. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
El fracaso del gobierno de los Fernández – 9 de septiembre 2020
El gobierno de los Fernández, frente a sus fracasos seriales, debe bajar su tono de soberbia, escuchar más y dejar de buscar culpables para poder encontrar soluciones. El presidente está tan confundido que provocó a los policías. Casi que los acusó de miserables. “Esto no se resuelve a los gritos, escondido en un patrullero y tocando la sirena”. En medio de una situación gravísima, tiró más nafta al fuego.
Uno de los líderes del reclamo le contestó: ““Nosotros nunca nos escondemos. Fue una declaración inoportuna que no suma, resta. La sangre derramada de nuestros compañeros no merece una declaración así del Presidente”.
Santiag Cafiero y Axel Kicillof también parecen comentaristas de la realidad. No asumen los conflictos. De inmediato acusan a otros. Y si prueban con gobernar con racionalidad y diálogo. ¿Y si prueban con humildad y sentido común? Siempre hay una mano negra. Siempre hay alguien que está conspirando y por supuesto es de derecha, macrista, periodista. Insisto. Bajen a la tierra de la realidad y dejen de volar por el aire del ideologismo. Gestión es lo que hace falta.
El fracaso del gobierno de los Fernández es estrepitoso. Se observa en todas las encuestas. Cristina y Alberto abrieron infinidad de peleas y no solucionaron ni uno solo de los graves problemas. Tal vez la única excepción, sea el acierto de haber acordado con los bonistas.
Lo más grave, es el atentado contra el orden constitucional al colonizar la justicia para lograr impunidad y venganza y el congelamiento al que sometieron al Congreso de la Nación. Justicia adicta y Parlamento bloqueado, son dos pasos claves hacia un chavismo que pone en riesgo el sistema republicano. Jorge Fernández Díaz escribió que “Alberto y Sergio Massa no lograron sosegar a Cristina y se convirtieron en sus sicarios a la carta”.
Es que Cristina es el motor que todo lo mueve. Pero Alberto no es su víctima, es su cómplice. Porque en lugar de resistir los embates de su jefa, se pliega a su patorerismo de estado. La doctora Elisa Carrió, lo dijo sin eufemismos: “Cristina quiere voltear a Alberto. Ella está encarcelada en el resentimiento y el odio”.
El colega Jorge Liotti, en La Nación, reveló que Cristina le ordenó a Alberto que emprenda una guerra popular prolongada contra Horacio Rodríguez Larreta. Lo ve como un presidenciable y lo quiere asimilar a un represor al igual que a Mauricio Macri. Pero lo más impactante de esa nota es que Cristina fue demoledora con gran parte del gabinete que considera mediocre y timorato. “Parece un gobierno de radicales”, le dijo Cristina con el fin de humillarlo y compararlo con Fernando de la Rúa.
Ojo con este tema. Hay que encender una luz de alerta roja en el tablero. Cristina erosiona la investidura presidencial y eso, implica un grave riesgo destituyente. De la Rúa, en el inconsciente colectivo, es un símbolo de desgobierno, de huída en helicóptero y de muerte por las calles en el 2001.
Axel Kicillof desgobierna el feudo donde reside gran parte del poder de Cristina y no puede controlar casi nada. Ni la pandemia, ni las usurpaciones de tierras, ni las exigencias policiales. Quieren estar de los dos lados del mostrador. Ser oficialismo y oposición al mismo tiempo y se neutralizan a sí mismos a la hora de administrar la crisis y resolver realidades muy complejas.
Muchos cristinistas, van contra Alberto y sus dirigentes más cercanos. Los esmerilan. No fue casual que la Oficina Anticorrupción, liderada por Félix Crous, un talibán de Cristina, le reclamara la lista de clientes a Alberto. Y mucho menos casual, fue que luego, filtraran al periodismo que el presidente se negó a dar esa información porque le había facturado a Cristóbal López.
Ya le dije que Cristina no soporta que los medios la traten como corrupta y que a Alberto lo presenten como alguien prudente y honesto. Horacio Verbitsky, en su portal de internet, que recibe casi 700 mil pesos de publicidad de Axel Kicillof, cuestionó la empresa offshore que Nicolás Trotta tiene en Miami desde 2014. Verbitsky aprovechó para meter cizaña y recordó una frase de Alberto que asegura que “nadie crea una empresa offshore con fines santos,… es porque quiere lavar dinero o eludir impuestos en la Argentina”.
Verbitsky también hostiga a Alberto en sus páginas porque no avanza contra Gerardo Morales para lograr la libertad de Milagro Sala y sus cómplices. Voceros del Instituto Patria como Oscar Parrilli comentaron que a Santiago Cafiero le dicen “Delivery boy”, a Marcela Losardo, “la socia” y se burlan de Gustávo Béliz por su “paradero desconocido”. Todos, son albertistas puros.
Eso es fuego amigo. Por eso Carrió dice que Cristina lo quiere voltear.
Alejandro Borensztein, coincidió con el análisis de Carrió pero fue más irónico y sin eufemismos: “Doña Cristina Hotesur de los Sauces, lo lleva al presidente a patadas en el orto”. Creo que quedó claro.
Hoy más que nunca hay una gran responsabilidad en manos de la Corte Suprema de Justicia. Cristina tiene todos sus cañones apuntados contra los jueces Pablo Bertuzzi, Leopoldo Bruglia, Germán Castelli y el jefe de los fiscales, Eduardo Casal. Todos son profesionales no contaminados partidariamente y sin ningún tipo de mácula ética, que hicieron su trabajo con corrección. Pero Cristina sigue su lema setentista de “Ni olvido ni perdón”. Si la Corte mira para otro lado se convertirá en cómplice de un hecho escandaloso contra la división de poderes. Cristina se encargó de desmantelar, diezmar o neutralizar todos los organismos de control. Ella es la única que puede controlar y no permite que nadie la controle a ella. Autoritarismo en estado puro.
Carrió definió a Casal como “un héroe” que soporta la violencia institucional a la que está siendo sometido y reclamó a la sociedad responder con “una resistencia pacífica” y como última opción llamó a la “desobediencia civil no violenta porque nosotros no somos golpistas”.
Como si el covid 19 le hubiera anulado el olfato político, el gobierno se pega todos los días un par de tiros en los pies. Hay un problema de origen que no tiene solución. El pacto entre Cristina y Alberto es de cumplimiento imposible. Cristina le dio el sillón de Rivadavia pero le pide tener el prontuario limpio de causas y si es posible un monumento de reconocimiento. La estatua, tal vez Alberto la construya. Pero no hay forma de que Cristina zafe de los ocho juicios orales que tiene en marcha. Están cargados de pruebas documentales y testimonios de arrepentidos de su propio espacio. Es imposible borrar semejante enriquecimiento ilícito sin romper los pilares del régimen democrático. Alberto le quiere pagar a Cristina. Quiere cumplir con su parte del pacto, pero no sabe cómo hacer.
Alberto Fernández desnuda profundas divisiones, puertas adentro del gobierno. La coalición, como puede verse, fue muy funcional para ganar las elecciones, pero un verdadero desastre a la hora de gobernar.
La policía se amotinó, entre otras cosas, porque siente que muchas veces, los presos y los delincuentes tienen más derechos que los encargados de velar por la seguridad de todos. Los salieri de Zaffaroni no se privan de nada. Víctor Hortel, el capo del Vatayon Militante que sacaba presos de las cárceles para ir a los actos kirchneristas y que fue abogado de Lázaro Báez, acaba de ser conchabado por el gobierno nacional por la albertista Victoria Tolosa Paz, esposa de Pepe Albistur, el que le presta el departamento a Alberto Fernández en Puerto Madero.
Tampoco resuelven ni condenan con firmeza y convicción política las tomas. Ni las gigantescas, como las de Guernica o La Plata, ni las pequeñas como las de Tigre donde 8 familias paralizaron al tren perjudicando a miles de trabajadores. En muchos casos aparecen miembros del gobierno fogoneando y organizando las usurpaciones. El propio Sergio Berni acusó al Movimiento Evita que tiene varios funcionarios en el gobierno.
Discuten lo obvio y no se ponen de acuerdo. Se preguntan si las ocupaciones de terrenos son delitos o no y si hay que solucionarlo?
Pierden el tiempo y el país comienza a ser una sumatoria de usurpaciones.
La señal es terrible. Tiran demasiado de una soga que puede ahorcar al propio gobierno en las urnas. Los que usurpan, en su mayoría votan al peronismo. Y los que viven en la zona y están aterrados, son obreros que con un gran esfuerzo construyeron sus humildes casitas. Muchos de ellos, también votan históricamente al peronismo. Es una pelea dentro de un electorado peronista.
En la Patagonia, los ataques, además son muy violentos y con delirio ideológico que prende fuego a cabañas y destruye elementos de trabajo.
Los más agresivos, son los que tienen como comandante a Facundo Jones Huala, preso en Chile. ¿Saben quién fue hasta hace poco la abogada de Jones Huala? La ministra Elizabeth Gómez Alcorta, que milita con Juan Grabois el que justifica todas las usurpaciones y fomenta una reforma agraria que fracasó incluso en Cuba.
Pero más allá de lo ideológico, los Fernández, no solucionan los problemas concretos y cotidianos de la gente. No volvieron mejores. No es un gobierno de científicos. Es un gobierno de ineficientes. Y allí radica su principal fracaso.