Ayer entrevisté en esta radio y en Todo Noticias, a la licenciada Belén Varela. Me pareció, y me sigue pareciendo, que el ataque que sufrió ella y sus padres, fue uno de los hechos más graves desde el retorno del cristinismo al poder. Cruzaron un límite muy peligroso. No fue un simple escrache, aunque eso, solo ya sería absolutamente condenable, como todos los escraches. Ella lo definió como “un apriete mafioso” y eso es lo que fue. Pero como si esto fuera poco, fue impulsado desde el peronismo que gobierna la provincia de San Juan. Por eso yo le agrego que se trató de “escenas de fascismo explícito” y “patoterismo de estado”.
Le cuento con más detalles, como fue la barbarie. Las imágenes que mostré anoche en el canal y las que se pueden ver en “el diario de leuco”, son pruebas que hacen correr frío por la espalda.
Un grupo de barras bravas y piqueteros kirchneristas que funcionan como grupo de choque de la política, fueron a la puerta de la casa de una señora llamada María Belén Varela. Aprovecharon la pandemia para taparse las caras con barbijos y anteojos.
Belén, es licenciada en sicología, viuda reciente y tiene tres hijos chicos. La intimidaron a la manera de las camisas negras de Mussollini o de los colectivos de Maduro.
Más de 40 patoteros que gritaban “aguante Cristina” con una cobardía repugnante, se pararon en la vereda para bloquearle la salida de su domicilio. Querían evitar que fuera a hacer alguna manifestación crítica hacia el presidente Alberto Fernández que ayer visitó San Juan. Estos salvajes, utilizaban redoblantes, insultos groseros y gritos amenazantes. Toda esa banda delictiva contra una señora sola con su hijito en brazos. ¿Por qué fueron? Algún pasquín alimentado a pauta oficial acusó a ella y a otra mujer, de ser las responsables de haber organizado el banderazo del domingo en San Juan. En las redes las ametrallaron con descalificaciones, mentiras e intentos de estigmatizarlas. Y el diario oficialista se sumó a la operación. ¿Qué pasó? ¿Cómo fueron capaces de fomentar semejante locura? Estaban nerviosos porque este domingo, se armó una de las concentraciones más grandes. Hubo muchísima gente protestando contra la impunidad de Cristina y los ladrones de estado y contra el autoritarismo del gobierno. Por supuesto que ese banderazo como todos, es un producto colectivo y autónomo que creció en las redes sociales y que no tiene patrones ni figuras partidarias convocantes. Pero estos capangas, acusaron a dos mujeres. Como esperaban la llegada del presidente Alberto Fernández, algún cobarde con presupuesto y poder, mandó a este grupo de tareas a impedir la salida de su casa de esta señora. La quisieron asustar y evitar que ejerciera su derecho constitucional a la protesta y a peticionar. Pero estos mafiosos y machirulos, no contaban con el coraje de una mujer que salió con su teléfono y su pequeño hijo en brazos y los filmó. Les decía que se bajaran los barbijos, que dieran la cara, que se sacaran los anteojos y los filmaba todo el tiempo.
Los presuntos guapos de los delincuentes, intentaron manotearles el teléfono y como no pudieron, retrocedieron, aumentaron los insultos y hasta una piba se sacó el barbijo y desencajada le gritó: “No me podes hacer nada porque soy menor”. Es la cultura del delito que, en muchos casos, usa a menores para que no puedan ser encarcelados por la justicia. Patético. Terrible. Todo organizado como una banda con un jefe identificado como Raúl Peña, según Varela, que responde al intendente de la capital sanjuanina, Emilio Javier Baistrocchi Guimaraes. Ella también le dijo al diario “El Zonda” que un tal Galván también es responsable de esta movida terrorífica.
¿Quién los mandó?, preguntaba María Belén. ¿Quién los mandó también a atacar la casa de los padres de ella? Son dos personas mayores que podrían haber tenido consecuencias serias para su salud. Quién los mandó tienen que responder el presidente Alberto Fernández, el presidente del Partido Justicialista, José Luis Gioja, el gobernador Sergio Uñac, el intendente Baistrocchi y Cristina Fernández de Kirchner. Porque el secretario de seguridad, Carlos Munizaga, en una entrevista que le hice anoche, trató de minimizar la situación e igualarla con algún escrache que le hicieron antes a ciertos funcionarios. Dijo que había sido una reacción frente a esa acción anterior. Como si hubiera sido algo espontáneo y eso no es cierto. Tengo audios que demuestran cómo fue organizado todo. Incluso la movilización para recibir a Alberto. Y eso que se enojan con los banderazos porque, según dicen, no respetan las reglas del distanciamiento social. Pero el justicialismo sanjuanino organizó un recibimiento a Alberto a lo largo de la ruta que lo llevó a su destino. Uno al lado del otro. Bien juntitos, sin distancia social. Pero ese es otro tema.
Tengo las fotos de los dos colectivos que llevaron los barras bravas al lugar y en los que luego huyeron. Uno de ellos es el interno 01 de la empresa “Alto de Sierra” con la patente AC471MW. Un auto los proveía de viandas y agua. Le doy los datos por si el secretario de Seguridad quiere investigar de verdad para castigar a los culpables con todo el peso de la ley. Porque si le pasa algo a Belén Varela o a algún miembro de su familia, los funcionarios de gobierno serán los responsables.
La policía miró para otro lado. Fue prácticamente una zona liberada. Un patrullero no dejaba pasar a los ciudadanos independientes autoconvocados que quisieron ir en auxilio de la licenciada Varela.
El secretario de seguridad alegó que era para evitar que hubiera conflictos mayores, pero en realidad, no evitaron nada. Todo lo contrario. Protegieron a los delincuentes que estuvieron 4 horas en la puerta de la casa de esta señora. Incluso cuando salió para ir al departamento central de policía y hacer la denuncia correspondiente, tuvo que ir rodeada de un grupo de vecinos para evitar algún otro ataque a su integridad física. Estos mercenarios sembraron las calles de clavos miguelitos para evitar que fueran en auto. No se privaron de nada. El domingo también tiraron clavos para que la caravana de autos del banderazo se frenara con las gomas pinchadas. Otro despropósito autoritario y vengativo.
Ojalá que los encargados de garantizar la seguridad y tranquilidad del pueblo tengan voluntad y sean capaces de investigar a fondo este hecho de intimidación feroz y bien facho, a una mujer sola en su domicilio. Ellos deben responder y castigar severamente con todo el peso de la ley a los responsables. A los que fueron a apretar a una ciudadana y a los que organizaron esta repugnante acción. Por lo pronto sería bueno que repudiaran a coro todo esto. Me refiero sobre todo a los peronistas y los colectivos feministas. Para que no se multiplique la irracionalidad y este país no se transforme en la ley de la selva y en el ojo por ojo. No siembren vientos. No fomenten la violencia. Castiguen con la ley a los que hicieron esto.
Y como si esto fuera poco, una vecina, conmovida por lo que veía, también salió a filmar con su teléfono. Era una forma de protegerla. La policía miraba la situación. Esta vecina comenzó a filmar y uno de estos malandras le pegó delante de una policía femenina, y le tiró su teléfono al suelo.
Y luego lo dejó escapar como si nada. La vecina le exigía que actuara de oficio ante ese delito cometido delante de sus ojos. Le decía que detenga al forajido por la trompada que le pegó o que si no la iba a denunciar por no protegerla. La policía agachó la cabeza, mientras los fascistas de San Juan se retiraban victoriosos de la escena.
Escenas de fascismo explícito. Patoterismo de estado.
Aquellos que defendemos a las mujeres y a la libertad nos sentimos avergonzados frente a este acto horroroso. Dos mujeres, armadas solamente con su valentía, un teléfono y su defensa de la libertad, una de ellas con su hijito en brazo fueron blanco del patoterismo de estado. Los que estamos contra la violencia de género y la violencia estatal y contra todo tipo de violencia, pensamos que es urgente que frente a este escándalo, actúen Alberto, Cristina y el gobernador Uñac que son las autoridades. Con semejante locura, el que calla, otorga. Es necesario que castiguen a los responsables. Antes de que sea demasiado tarde para lágrimas.
El Ricardito de Cristina – 15 de septiembre 2020
Hace tiempo que Ricardito viene desparramando elogios al gobierno de los Fernández. Ni una sola crítica. Todo lo contrario, sus reproches han sido contra la oposición. Nadie sabe si le piden tanta subordinación y valor para defender a Cristina, o lo hace de puro agradecido que es por el conchabo que le dieron como embajador en España.
Ayer, Ricardito, fue duro contra las opiniones de Mauricio Macri. ¿Dónde vive Macri, en Narnia?, se preguntó y aseguró que las palabras del ex presidente no eran muy republicanas. Después, defendió a Aníbal Fernández en vivo y en directo en el canal de Cristóbal López donde es entrevistado con asiduidad. El colmo fue cuando dijo que Juntos por el Cambio “quiere que el gobierno haga las cosas mal y, si eso no ocurre, la inventan. Las marchas son por cualquier excusa pero en verdad, es que protestan porque perdieron las elecciones. El radicalismo y el Pro se disputan el liderazgo de la derecha”.
Increíble, pero cierto.
Yo le conté que, en su momento, Luis Brandoni, que venía negándose a opinar sobre el tema, dijo en mi programa de TN, que el hijo del ex presidente “cruzó la raya. Es un error muy grande el que cometió y no está en el centro de sus convicciones, de lo que ha mamado desde que nació. Y me dá mucha pena”.
Es que Ricardito había censurado muy duramente al banderazo patriótico del 17-A. Tal vez fue el más severo de todos. Entre otras cosas, habló de una derecha que solo cree que hay democracia cuando se practican políticas neoliberales. Pero también comparó la protesta contra los K, con la que le hicieron a don Arturo Illia en 1966, durante un brote de fiebre amarilla, en sintonía con los medios. El canal amigo, Cristina 5 Néstor, hizo un informe basado en esa falacia. A don Arturo Illia lo derrocaron los paros feroces y golpistas del gremialismo peronista del Lobo Vandor, llamado plan de lucha, y un ejército atravesado por el fascismo de Juan Carlos Onganía. En esta ocasión, no hubo, ni en la calle ni en las opiniones favorables, mafiosos sindicalistas ni uniformados. Bad information, Ricardito.
El embajador en España dijo que parte del radicalismo no superó la derrota electoral y que se mueven con odio y rencor y “así es muy difícil resolver los problemas del país”. Alvaro de Lamadrid, el diputado que conoce profundamente la dinastía K, dice que el objetivo es armar una fórmula para el 2023 entre Máximo Kirchner y Ricardito Alfonsín. Incomprensible. Sorprendente. Como la catarata de elogios que el senador Martín Lousteau descargó sobre Ricardito para apoyar su designación como embajador. Lousteau, incluso, citó al senador ultra K Jorge Taiana y dijo que Ricardito “tiene tatuado en la piel el interés nacional” y lamentó no poder estar presente para darle un gran abrazo.
Ernesto Sanz, ex titular del radicalismo y arquitecto de Cambiemos, le dijo a sus correligionarios en un Zoom que “Ricardito se subió al altar de la patria y dispara desde todos lados. Presidió el radicalismo bonaerense durante diez años y tuvimos apenas 9 concejales en toda la provincia. Después llegó Daniel Salvador y hoy el radicalismo tiene 32 intendentes, 15 legisladores provinciales, 6 diputados nacionales y cerca de 500 concejales”. La conducción de Ricardito llevaba al radicalismo a la extinción. Y tal vez ese es el mérito que le encuentran los cristinistas.
Se habrán dado cuenta que propongo que por ahora, en esta columna, lo llamemos simplemente, Ricardito. Así es conocido en el mundillo político. Ahora, su nueva jefa política es Cristina. ¿O alguien duda de eso? Semejante decisión levantó una gran polvareda y un debate muy caliente en su partido que como lema de Leandro Alem, supo tener aquello de que “se rompa pero que no se doble”. Eso habla de firmeza de las convicciones. De no transar con ladrones ni golpistas.
El presidente del interbloque de Cambiemos de diputados, Mario Negri dijo que “el que se quiera ir del radicalismo, que se vaya. No estoy de acuerdo con las expulsiones, pero para estar incómodo en un lugar, mejor que se vaya”
El presidente de la Juventud Radical bonaerense, Martín Borrazas, en su momento, fue mucho más implacable. Directamente pidió la expulsión del partido. “Ricardo fuera de la UCR”, fue su tuit.
Ricardito viene tirando centros para que cabecee Alberto. Algunos dicen que estaba buscando un trabajo, pero yo no lo creo. El tema que me parece grave es que Ricardito es el hijo de don Raúl Alfonsín y ese apellido, a esta altura de la historia, es un patrimonio de todos los argentinos. Salvo los extremistas que no quieren a nadie, la inmensa mayoría de nuestro pueblo tiene a Alfonsín en un pedestal porque representa cuestiones sagradas: es el padre de la democracia y la libertad recuperada después de la noche tenebrosa del terrorismo de estado y también, como la mayoría de su partido, expresa a quienes creen en la honradez, en las manos limpias y las uñas cortas, en la austeridad republicana y en el diálogo democrático que evite cualquier tipo de autoritarismo y violencia. Eso representa ese apellido. Los valores de Alfonsín son casi la contra cara de los disvalores del cristinismo. Cristina, sus hijos y su cartel de los pingüinos, en el mundo y, por lo menos para diez millones de argentinos, son sinónimo de cleptocracia y de la corrupción más colosal de la historia democrática, y de una apuesta al chavismo criollo, hegemónico y generador de la grieta más profunda que vivimos en este país después de la pelea entre los seguidores de Perón y sus opositores.
¿Es positivo para nuestro futuro político que alguien que tiene como apellido Alfonsín sea la cara ante España de los Lázaro Báez, los Cristóbal López, los José López, los Luis D’Elía, los Boudou y los Esteches. Pregunto: ¿Ricardito cree que en Venezuela hay democracia? Lo digo porque en su explicación asegura que va a apostar con su gestión a la “no restauración de los tiranos”. Por eso sería bueno conocer su opinión sobre Maduro, Raúl Castro y compañía y el nicaragüense, Daniel Ortega. ¿Son tiranos o líderes democráticos?
¿Está de acuerdo, Ricardito, en que los 8 procesamientos y elevaciones a juicio oral de Cristina son una campaña armada por la embajada de Estados Unidos, ciertos jueces y los medios de comunicación hegemónicos? ¿Eso cree Ricardito? Lo pregunto porque pidió respeto por una decisión que tomó, según dijo, “desde la más profunda honestidad y con el mayor sentido patriótico”. ¿Lo hizo por la patria? ¿O por un interés personal acomodaticio?
Por supuesto que le agradeció a Alberto Fernández “por su confianza” y por el ejemplo de amplitud”. Después aclaró que no va a asumir una responsabilidad partidaria, sino de Estado y abogó para que eso en el futuro sea un “deber”. Parece que nos quiere hacer creer que no se trata de una lujosa zanahoria para cooptarlo sino de una obligación y de un sacrificio que hace por todos nosotros. Nadie le pide tanto, Ricardito.
Pregunto: ¿Está feliz con la darle la libertad a los ladrones de estado que este gobierno llama presos políticos? Lo digo porque Ricardito, va a tener que poner la cara por todo esto. Los empresarios y los periodistas españoles le van a preguntar sobre estos temas y muchos más. ¿Usted, Ricardito, compartió el pacto tenebroso que Cristina firmó con Irán? ¿Cree que Nisman se suicidó o fue asesinado?
El revuelo que se armó fue tan grande que Ricardito se vió obligado a emitir un comunicado tratando de explicar lo inexplicable. Sus excusas y justificaciones fueron de una fragilidad notable. Dijo que su padre, también designó a embajadores de otros partidos como el peronismo. No puedo creer como (justo él) pudo hacer semejante comparación. Para cualquier dirigente del justicialismo o de otro partido, era un orgullo, una medalla ética representar esa lucha por los derechos humanos contra todo tipo de dictadura que fomentó Alfonsín. El gobierno de los Fernández no tiene ni punto de comparación con aquella administración alfonsinista. Son el día y la noche. Un tempo de las ideas y los consensos y un prostíbulo de las mafias y los chanchullos. No creo que Ricardito defienda en España la libertad de Julio de Vido.
Como si esto fuera poco, levanta el dedito y para defenderse ataca a los que tienen una mirada crítica con los K. Dice que hay una peligrosa fractura en la sociedad y que hay dirigentes que “no hacen más que estimularla con posiciones irreductibles”. Ricardito quiere cerrar la grieta. ¿Con quién se quiere abrazar? ¿Con Ricardo Jaime? La grieta se cierra con el respeto a la Constitución y a la división de poderes. Con los corruptos de estado y los chavista K, afuera. De lo contrario es sumisión.
Ricardito se preguntó en algún momento porque motivo lo eligió Alberto. ¿Cuál es el objetivo del presidente? ¿Seguir dividiendo al radicalismo y a la oposición? Eso lo viene fogoneando Leopoldo Moreau que quedará como un triste recuerdo en el radicalismo. Cuando fue candidato a presidente, hizo un papelón de padre y señor nuestro. Sacó la menor cantidad de votos de la historia. Cuando Ricardito fue candidato a presidente, en el 2011, llevó de candidato a gobernador a Francisco de Narváez que, ideológicamente, nunca fue muy distinto de Macri. Obtuvo el 11% de los votos contra el 54% de Cristina y dividió a la socialdemocracia porque Hermes Binner fue separado y consiguió el segundo puesto con casi el 17 % de los sufragios.
¿Entonces porque lo eligió Alberto? ¿Por qué Ricardito es un pensador innovador de la política que escribió varios libros de ensayos sobre la caída de las certezas o la fragilidad de las democracias o acerca de las nuevas formas de la comunicación política? No. De ninguna manera.
¿Alberto lo eligió porque tiene un armado organizativo que moviliza y convoca a multitudes? No. De ninguna manera.
¿Alberto lo eligió porque su carisma y su discurso enamoran desde los medios de comunicación? No. De ninguna manera.
Entonces, ¿Por qué lo eligió? Por portación de apellido. Seamos sinceros. Si Ricardito se llamara Pérez, o González, hoy no sería embajador en España. El apellido Alfonsín, es un patrimonio de todos los argentinos. A esta altura define mucho más que una familia. Por suerte y a pesar de todo, el apellido Alfonsín, no se mancha.
Banderazos contra Cristina y Alberto – 14 de septiembre 2020
Es muy difícil advertir cuales son las motivaciones principales de estos banderazos multitudinarios. No hay líderes políticos que hagan declaraciones y bajen línea. No hay un texto de un discurso que alguien lea sobre un escenario. No hay ni escenario. Todo es horizontal. No hay partidos que hayan impulsado estas concentraciones impresionantes por la contundencia de su masividad ni por la extensión territorial. Son como gigantescas asambleas populares donde cada uno expresa su queja y su exigencia. Claramente es un fenómeno novedoso, dinámico, absolutamente autónomo y en todo eso, radica su poderío. Nadie los manipula. Nadie los estimula. Se manejan con una libertad absoluta. De hecho, esa máxima sanmartiniana de “Seamos libres, lo demás no importa nada” se ha convertido en una especie de cédula de identidad. Es el primer paso para hacer un diagnóstico de lo que mueve a tantos argentinos. La libertad. Y no es poco, frente al avance de los autoritarios de toda calaña, empezando por el cristinismo y La Cámpora, la guardia de hierro de Cristina.
Y no queda otro remedio que leer todos los carteles y pancartas o escuchar los gritos y consignas para tratar de definir quiénes son los que reclaman y que reclaman.
Ocupar la calle es otro dato casi inédito. Para fuerzas populares claramente no peronistas es toda una novedad. O casi, porque en la primavera alfonsinista de 1983, el espacio público fue ocupado con alegría y libertad por multitudes. Pero no son muchos los antecedentes de aquellos que salieron del Twitter y del control remoto de la tele y saltaron a las calles para quien quiera oír que oiga.
Segundo elemento: calle y libertad. El tercero es la bandera nacional. Un símbolo patrio que durante mucho tiempo se lo apropiaron los militares y luego el peronismo. Como si fuera cierta esa soberbia de creerse que solo ellos son la patria y el pueblo y que todo lo demás es oligarquía cipaya y pro imperialista. Eso es repetir la sanata básica del fanático.
Ya tenemos tres elementos: libertad, calle y bandera argentina.
De todos los carteles que pude ver en las calles, en las fotos y en las pantallas hay uno que parecía reunir un gran consenso que decía: “Somos malos y opulentos, pero defendemos la República y laburamos”. Ahí se pueden encontrar varias claves para entender semejantes marchas a repetición que los medios tradicionales no anuncian y que, como submarinos, transitan por las redes sociales y por abajo de los radares habituales. Vamos por partes.
Somos malos. Es claramente una respuesta irónica y una burla a la barbaridad discriminatoria que les dijo Alberto Fernández a sus compañeros del Partido Justicialista. Dijo que soñaba que terminara la pandemia para salir a la calle y hacer una gran movilización de los argentinos de bien. Fue un misil que Alberto se disparó en su pie. Una grosería que confirma que en muchos momentos aparece contra las cuerdas y medio boleado sin entender que pasa a su alrededor. Si los argentinos de bien son sus seguidores, quiere decir que el resto, son los argentinos del mal. Sigue la misma línea de la fractura social expuesta que alimentaron los Kirchner y otra vez, la vieja división nefasta entre patria y antipatria, pueblo y anti pueblo, peronistas y gorilas, gente de bien y gente de mal.
Y encima Alberto lo dijo para endulzar los oídos de dos derechosos reaccionarios y señores feudales como José Luis Gioja y Gildo Insfrán. Para Alberto esos símbolos del atraso son gente de bien. Viven del estado hace años. Fueron incapaces de crear empleo privado y sobre todo en Formosa, la pobreza y marginalidad es escandalosa. Pero Alberto puso como ejemplo del nuevo tipo de líder que necesita la Argentina a Insfrán. Madre mía. Si ese es su modelo de dirigente, estamos perdidos. Porque encima es un corrupto de gran envergadura que le robó dos millones de dólares a su pueblo pobre. Le dió una mega coima a Amado Boudou para que le refinancie la deuda provincial. Gente de bien, las pelotas. Feudales y chorros.
Somos malos y opulentos, decía el cartel. Tampoco hay dudas. Otra vez Alberto se habló encima con incontinencia oral y dijo que la ciudad de Buenos Aires le producía culpa porque la veía tan opulenta como desigual. Ya Cristina le había marcado el camino para que le metiera la mano en el bolsillo a Horacio Rodríguez Larreta y le sacara los fondos. Fue con aquella famosa frase de los helechos iluminados, los agapantos frente al barro y la pobreza de La Matanza. Fernando Espinoza le dijo a Cristina que ese distrito, conocido como la Capital del peronismo, estaba siempre abierto para ella. Pero ella hizo oído sordos. Es autoritaria pero no come vidrio. Finge defender a los pobres pero es millonaria y vive en Recoleta y su lugar en el mundo son sus cadenas de hoteles y el lujo opulento de El Calafate.
Alberto preparó el terreno para el saqueo a los porteños y dijo eso de la opulencia. Como si la Capital del peronismo no desbordara de exclusión social, marginalidad y faltaran cloacas y agua corriente por culpa de los porteños o de Larreta cuando La Matanza solo fue gobernada por el peronismo más rancio durante los 37 años de democracia. Alberto no siente culpa por ese emblema de la pobreza, el hambre y la desocupación al que los peronistas (gente de bien) condenaron a los habitantes más humildes y sufridos del Conurbano. Otra vez, gente de bien las pelotas. Chorros y traidores a su gente.
El cartel decía: “Somos malos y opulentos pero defendemos la República y laburamos”. Esto también caracteriza a gran parte de la concurrencia. No son golpistas ni desestabilizadores, como dicen los lenguaraces del cuarto gobierno kirchnerista. Son amplias frajas de las clases medias urbanas y rurales que no soportan los autoritarios que fueron incapaces, como Cristina, de entregar los atributos del mando cuando perdió las elecciones o que pusieron cara de Cristina comienzo limón, cuando tuvo que saludar al ex presidente Macri. Son republicanos. Muchos llevaron el libro de la Constitución Nacional en la mano. Defienden la división de poderes. La justicia independiente que los Fernández quieren descabezar y colonizar para garantizar la impunidad de Cristina, sus hijos y sus cómplices del Cartel de los Pinguinos. Esos ciudadanos en movimiento, ejercen sus derechos y quieren un país más igualitario, sin extorsiones, sin narcos ni presos con más derechos que la gente honrada y donde el trabajo y la innovación sean premiados y no castigados con maltrato y asfixia impositiva. No piden nada raro. Piden un país normal que respete la ley. Con premios y castigos. Sin vagos que viven hace años de la teta del estado y con el dinero que pagamos en toda la Argentina productiva. Ayudar en la emergencia a los que más necesitan, sí. Avivados que especulan con el empleo público y los planes para convertir en clientes a los ciudadanos más pobres, no. Eso es abusar de la necesidad de la gente. Una violación de su dignidad humana.
Había otros mensajes en las distintas concentraciones a lo largo y a lo ancho de país. Porque hay reclamos sectoriales y geográficos. La gente de Bariloche no puede creer que desde el estado, se fomentan las tomas de tierras por parte de grupitos de violentos que se denominan representantes de los mapuches. La mayoría de ese pueblo los desprecia y no los apoya. Porque queman cabañas y estancias. Porque rompen instrumentos de trabajo y atacan a los trabajadores. Y la justicia tiene miedo de actuar. Sobre todo cuando ve como funcionarios nacionales como Luis Pilquimán o la ministra Elizabeth Gómez Alcorta llevan agua para el molino de los que ni siquiera se reconocen argentinos. “Cuando los que gobiernan pierden la vergüenza, el pueblo pierde el respeto”, decía una bandera. Otra: “Eran buitres, no pingüinos. Usurpar tierras es un delito. Pero permitirlo, es complicidad” y el ruego para que defiendan el Parque Nacional Nahuel Huapi o el Bolson. Muchos viven del turismo que huye espantado de esa furia delictiva.
La mayoría de los mensajes del banderazo eran contra el gobierno de Cristina y Alberto. Pero también hubo varios que le ponían la lupa a la actitud de la Corte Suprema. El más brutal les exigía que “no se asociaran a esta banda de forajidos que nos gobierna”. Para Cristina, la cárcel, ya”, fue otro cartel que los unificaba. Quieren que haya juicio, castigo y condena, como corresponde.
Quieren un país para trabajar y vivir en paz y tranquilidad. Son la gran novedad política de estos tiempos. Van al frente, por ahora sin dirigentes, pero seguramente los van a encontrar en el camino. Y seguro que ninguno será parecido ni a Cristina ni a Alberto.
A 100 años del nacimiento de Mario Benedetti, podrían cantar con Nacha que sus manos trabajan por la justicia y que en la calle, codo a codo, son mucho más que dos.