Víctor Hugo Inmorales – 3 de septiembre 2020

Volvieron para ser peores. Con mucho menos rating y con muchos más ataques que 678. Víctor Hugo Morales comanda lo que ellos llaman un programa de televisión, pero, en realidad, se trata de una bajada de línea feroz contra el periodismo independiente y profesional que ellos califican de hegemónico. El canal que lo emite es C5N, más conocido como Cristina 5 Néstor en la jerga de los medios. La justicia tiene procesado y en su momento encarceló, a sus dueños porque se apropiaron de 8 mil millones de pesos de aquella época, de la retención del impuesto a las naftas. Oil Combustibles solo debía cobrar y pasar de inmediato al estado esa recaudación. Pero se la guardaron en el bolsillo y la utilizaron para comprar medios de comunicación que pusieron al servicio de Cristina. Los Fernández devolvieron esas gentilezas, entre otras cosas, con un traje a medida de Cristóbal López que metieron dentro de la moratoria impositiva.
Víctor Hugo se encarga de los adjetivos ampulosos contra sus viejas obsesiones y un par de colaboradores aportan la presunta información, floja de papeles.
Pero esta vez se pasaron de la raya. Porque una cosa es acusar a medios y periodistas de gorilas, oligarcas, derechistas, y otra, muy distinta, es hacerlos responsables de los contagios y las muertes por el coronavirus. Es de una gravedad extrema. Criminalizan el trabajo de informar y opinar como si fuera una forma de fomentar crímenes. Una locura absoluta. Y probablemente, fue un pedido de Cristina y Cristóbal para canalizar la venganza y para tratar de ocultar las torpezas del gobierno nacional en la lucha contra el virus.
Se le fue la mano a Víctor Hugo. Es como si yo lo hiciera responsable de las muertes por desnutrición infantil en La Matanza, capital del peronismo, que fue gobernada desde el retorno de la democracia por los dirigentes que Víctor Hugo admira, defiende y que, en muchos casos, lo contratan para dar charlas a cambio de jugosos honorarios.
“Los medios que provocaron la flexibilidad, ahora se asombran por las cifras que tenemos. Es demasiado perverso», acusó el mandamás y un muchacho apellidado Borroni, lo ratificó: “Tienen desprecio por la vida. Los grandes medios apoyan a los anti cuarentena. ¿Se van a hacer cargo de las víctimas?”
Hubo un informe, editado con su habitual malicia, donde aparecieron “los que empujaron al desastre”, según anunciaba el video graph. La lista es larguísima. Menos los ultra cristinistas, aparecieron casi todos. La Nación, Clarín, Canal 13, TN, Magnetto (que se robó 300 canales, dijo el relator), Infobae, Lanata, Joaquín Morales Solá, Novaresio, María Laura Santillán y Diego Leuco, Daniel Santoro, Nicolás Wiñazki, Luis Majul, Tato Young, Jonatan Viale y Viviana Canosa entre otros, y un servidor.
Víctor Hugo sentenció que “la mentira es el diablo” y que los medios usaron la queja por la cuarentena eterna para castigar al gobierno de los Fernández que estaba muy bien considerado en las encuestas.
No tuvieron un gran nivel de audiencia pero, como aquel 678, arman una suerte de misa ideológica para que los fieles tengan argumentos en la militancia: “Los medios concentrados son la anti patria, porque defienden a la patria financiera, para enloquecer a la gente e instalar Fake News”. Eso, plantean. Muy elemental, Watson. Ya en los 70 era jurásica esa teoría de que el periodismo les llena la cabeza a los ciudadanos. Es un concepto paternalista. Es creer que nuestros compatriotas son muy tontitos y se dejan llevar por lo que le ordenan los medios.
Uno de los panelistas dice “que a Santiago Maldonado lo mataron” y luego, presenta el momento estelar. Acciona una palanca de un artefacto, que denominan “detonador”, y hace volar por los aires a un diario. ¿A que no adivinan cuál es el periódico al que le dedicaron la explosión con llamas y todo? Si, acertaron: Clarín. Néstor lo dijo “Clarín Miente”. Jorge Capitanich, jefe de gabinete de Cristina, rompió en pedacitos un ejemplar del matutino frente a las cámaras. El Coqui sabía cómo ganarse el corazón de Cristina. Por eso le digo que volvieron peores. Ahora directamente, dinamitan, simbólicamente al diario que está cumpliendo 75 años. En ese momento muestran en primer plano una gran foto de Héctor Magnetto al que Víctor Hugo acusa de “habernos socavado la vida para convertirse en el amo y señor y en el Chasman de este mundo de chirolitas”.
Sin que se le caiga la cara de vergüenza, denuncia que los medios persiguen a los Moyano y los quieren meter presos”.
En mi libro “Juicio y Castigo”, hay una columna que se titula: “Los relatos inmorales de Víctor Hugo Morales”. Durante mucho tiempo cerré este programa con una sección que tuvo mucho éxito entre los oyentes donde todos los días alguien se tragaba el sapo porque había dicho o hecho algo en contra de la democracia. Era un juego irónico entre la presidenta Cristina que preguntaba “¿quién se traga el sapo hoy? y Víctor Hugo que, resignado, decía que algún sapo hay que tragarse”.
Muchas veces me pregunté si no era una injusticia de mi parte, una exageración en mi crítica al uruguayo. Y siempre apareció en mi conciencia la misma respuesta: es la forma que encontré de ridiculizar editorialmente a quien prostituyó el periodismo, el oficio que tanto amo. Uno de los balances que hago de los 12 años anteriores de kirchnerismo, es que intentaron borrar de la faz de la tierra a los periodistas independientes. Es cierto que finalmente no lo lograron. De lo contrario, hoy seríamos una prolongación del chavismo. No lo lograron, pero estuvieron cerca. Y ahora vienen por la revancha. Utilizan los mismos instrumentos: látigo y chequera contra los periodistas que no nos arrodillamos ante el trono de la Cristina.
Víctor Hugo, con su fanatismo de converso se transformó en un emblema de la malversación de nuestro trabajo. Pasaron a ser alcahuetes y comisarios políticos.
Como yo trabajaba en radio Continental con Fernando Bravo, pude ver de cerca la panquequeada brutal de Víctor Hugo. Me indignaba porque era capaz de humillar a humildes cronistas que estaban haciendo sus primeras armas en esta profesión por el solo hecho de trabajar en TN o en esta querida radio Mitre.
Multiplicó su fortuna con la pauta oficial del gobierno y con los programas que hacía desde localidades con intendentes cristinistas que le pagaban aparte y algunas veces, en negro. Evasor, me había salido el botija. Su chofer era el que facturaba. Y en el 2018, su hijo Matías era productor de C5N en Estados Unidos y cobraba un sueldo sideral, superior al de los gerentes. Todos decían en el canal que era una manera de pagarle en negro y off shore al admirador de Fidel Castro.
Fue tan servil que nunca pudo lograr un éxito de audiencia pese a que en el 2011, por ejemplo, Cristina sacó 12 millones de votos. Era demasiado mayordomo de los funcionarios y hasta sus propios compañeros del micrófono se asombraban cuando leía como si estuviera improvisando largas gacetillas que le enviaban desde el gobierno de Cristina. ¿Se entiende lo que digo? Decía como si fuera su propio pensamiento la bajada de línea que le mandaban las usinas oficialistas. Eso es una estafa al periodismo. En un delito de lesa profesionalidad.
Víctor Hugo es además un tipo soberbio y agresivo. Pateó el auto de un invitado a otro programa que había estacionado en su lugar. Amenazó a los gritos a un gran periodista del grupo Prisa que quiso cambiarle un horario. Se agarró a trompadas varias veces por un punto mal cobrado en el tenis.
Fue un fracaso absoluto de audiencias en sus programas. Solo seguía poniendo al aire sus proclamas engoladas y pseudo-revolucionarias y cargadas de miel con los Kirchner a cambio de pauta publicitaria.
Me permito escuchar su discurso para la gilada. Habla maravillas de Cuba como un guevarista pero tiene un departamento lujoso en Nueva York. Adora a Nicolás Maduro y el chavismo decadente pero viaja varias veces al año a Paris, Roma y Madrid. Suele llenarse la boca con los pobres y es un señor acaudalado como pocos. Siente culpa por eso, pero sigue facturando. Está enamorado solamente de dos cosas: de su voz y de su chequera. Siempre dijo una cosa e hizo otra. La hipocresía está en su ADN. Con el tema de la dictadura batió todos los records. En Uruguay jugaba al fútbol y cantaba tangos en los cuarteles donde tenían alojados a los presos políticos y en Argentina tuvo que pedirle perdón por carta a Estela Carlotto por haber expresado sus simpatías por Videla y compañía. Sin embargo ahora levanta el dedito acusador.
En eso tiene muchas similitudes con Cristina. Ambos se hicieron millonarios y no levantaron un dedo durante el terrorismo de estado.
Víctor Hugo, fue el relator del relato, el defensor mediático de todos los corruptos más corruptos, empezando por Amado Boudou y Ricardo Jaime y terminando por Lázaro Báez y su amada Cristina. Es el símbolo del periodismo de estado. Es la bandera de los que quisieron instalar un régimen autoritario con discurso único. El barrilete cósmico que se dio vuelta en el aire como una media y se convirtió en genuflexo de los Kirchner y en verdugo del periodismo.
Víctor Hugo, el de los relatos Inmorales.

Mas chavismo K, menos democracia – 2 de septiembre 2020

Son tantos y tan graves los dramas argentinos que cuesta identificar cual es el principal desafío que tenemos. Por convicción, pienso que el general don José de San Martín nos dio la respuesta: “Seamos libres, lo demás no importa”. Ese es el ADN del país que debemos construir. Primero, la libertad. Es el cimiento sobre el cual debemos edificar nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos. Con libertad, todo es posible. Sin libertad, nada es posible. Por eso creo que hay dos personas que son ejemplo de honradez y ética, que encontraron las mejores definiciones de la etapa que estamos atravesando. Elisa Carrió que advirtió el peligro del golpe de estado parlamentario y Pablo Lanusse que dijo una verdad grande como la Patagonia: “Ganar una elección, no autoriza a destruir la República”.
Es que todos los días, el cuarto gobierno kirchnerista da un paso más en dirección hacia Venezuela. Tienen una concepción chavista de las cosas. El diputado Fernando Iglesias, sentado en su banca como todos los de Juntos por el Cambio, lo definió en un tuit: “Yo estoy en el recinto, pero ausente y Leopoldo Moreau, está durmiendo en su casa, pero está presente en el mundo y el Congreso del revés”. Todo, lamentablemente cierto. Moreau, desparramado en un sillón roncando una siesta en pantalla y un delirio y un atropello la sesión que quedará en la historia de los escándalos más inquietantes del Parlamento. Carrió calificó al presidente de la Cámara, Sergio Massa como “un golpista y un oportunista, que se merece una denuncia penal por Traición a la Patria, art 29 y 36 de la Constitución Nacional”.
Por eso el repudio en las redes fue tan masivo y simultáneo que el hashtag “Golpe de estado K” fue tendencia mundial. A la una de la madrugada, mucha gente estaba poniendo el pecho en la calle y ovacionando a los legisladores de la oposición que iban saliendo del recinto. Hasta el actor republicano Alfredo Casero, se había convertido en un tribuno de la Constitución y arengaba a los ciudadanos indignados.
Por supuesto que esa farsa que aprobó dos leyes con el apoyo de la izquierda jurásica y la fuerza que conduce Roberto Lavagna, va a ser impugnada en la justicia. Porque sesionaron en forma virtual sin el protocolo correspondiente porque el que existía estaba vencido desde el 4 de agosto. Tiene que quedar claro que el reglamento no es una pavada sin importancia. Senadores y diputados se manejan con normas que tienen rango constitucional. Y por lo tanto, como dijo Federico Pinedo “ violar esos reglamentos, es violar la Constitución que los diputados juraron respetar”.
Lilita, la jefa espiritual de la Coalición Cívica hizo declaraciones explosivas. Ella misma llamó al programa de Nicolás Wiñazki para alertar sobre “el virtual estado de sitio”. Pero Carrió también fue a fondo contra el resto de los despropósitos que comete el gobierno de los Fernández. Dijo que los responsables de las tomas y usurpaciones de terrenos y casas, “son la izquierda, La Cámpora y algunos amigos del Papa”, en obvia referencia a Juan Grabois. Este tema merece un capítulo aparte porque la ministra de inseguridad, Sabina Fréderic, envió una señal nefasta a la sociedad. Porque estamos hablando de un delito de una violencia inusitada que puede provocar un enfrentamiento armado entre compatriotas y según ella, “se trata de un problema de déficit habitacional”. No entiendo cómo es que Fréderic sigue todavía en el cargo y no la renunciaron ni como el presidente Alberto Fernández mantiene su silencio cómplice. Son cuestiones fundacionales de la vida democrática y la convivencia pacífica. Si el estado no resuelve que se cumpla la ley y no castiga al delincuente que la viola, se abre una caja de pandora terrorífica que puede terminar en la ley de la selva, en la justicia por mano propia.
Carrió también fustigó al presidente Alberto Fernández pese a que dijo que tenía que respetarlo por su investidura. Pero no se privó de decir que es un “charlatán sin moral, un operador de segunda que cambia de opinión según la ocasión y que se dio un abrazo mafioso con Hugo Moyano”. Y también denunció que los soldados del narcotráfico en el conurbano con mayor exclusión social, son los punteros del Partido Justicialista.
Este panorama terrible, instala una gran inquietud de los ciudadanos que en todas las encuestas colocan al tope de sus preocupaciones a la inseguridad criminal y a la corrupción de Cristina, sus hijos y el Cartel de los Pingüinos. Inseguridad y corrupción, en muchas encuestas, aparece por encima del drama de la hecatombe económica y del pánico al contagio del virus.
Fue emocionante escuchar la intervención de la diputada cordobesa Soher El Sukaría que le dijo en la cara, con respeto pero sin eufemismos, todo lo que pensaba del atropello de Sergio Massa. Lo acusó de utilizar engaños y ardides y de funcionar a los telefonazos de Cristina. Mario Negri, su coterráneo dijo que “se rompió el único espacio de diálogo que existía” y Joaquín Morales Solá utilizó una metáfora futbolera. Dijo que el presidente de la Cámara” debe actuar como un árbitro y actuó como un barra brava”. Es que se están llevando puestas las instituciones. El operativo de cooptación y domesticación de la justicia avanza a paso redoblado y tambor batiente. Y ahora quebraron el sagrado Parlamento donde están representados el pueblo y las provincias. Carrió explicó que los fueros existen para garantizar que nadie le impida el ingreso a la Cámara a ningún legislador y no para “que delincuentes presidan un poder del estado”, en obvia referencia a Cristina. Y remató asegurando que “este no es un gobierno de científicos, es un gobierno de guarangos, vulgares e ignorantes”.
Hace poco le hablé del regreso del huracán Carrió. En ese mismo proceso de vuelta a los principales escenarios de la política está Ernesto Sanz, ex presidente del radicalismo. Es que el cristinismo juega fuerte y pone en riesgo el régimen democrático porque no respeta nada ni a nadie. Vamos por todo y el rencor, son los dos principales motores que mueven a Cristina. Necesita lo antes posible que esa Reforma Judicial por la Venganza y la Impunidad sea votada lo antes posible. Por eso ayer, Sergio Massa abrió las puertas para que mediante sesiones remotas se trate cualquier tema. Esa fue la trampa. Esa es la trampa. La segunda parte de este esperpento legislativo es meter por la ventana esa maldita reforma, traje a medida de los corruptos de estado.
Y mucho cuidado con que no utilicen este cheque en blanco para destituir a Eduardo Casal, para bombardear definitivamente a los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi y no reciban con alegría el consejo de la comisión Beraldi de que amplíen los miembros de la Corte Suprema. Falta que coloquen un afiche de Hugo Chávez en todas reparticiones públicas. El avance antidemocrático fue brutal. La tensión es muy grande. Tal vez por eso Carrió dijo que “de acá me van a sacar a la cárcel o a donde sea, pero de la Argentina no me muevo. No vamos a hacer la experiencia de Venezuela”.
Anoche la grieta se profundizó entre los que creen en la democracia republicana y los que apuestan al nacional populismo autoritario. Nadie debería subestimar el daño que Cristina y sus talibanes pueden hacer. Ellos construyen más chavismo y del otro lado le responden edificando más democracia. Sergio Massa anoche dio un paso más para convertirse en un soldado de Cristina. Ella lo insultó brutalmente en su momento y él supo prometer que iba a meter preso a los corruptos y que iba a barrer con los ñoquis de La Cámpora. Hoy es la mano derecha de Máximo Kirchner y el ejecutor de esta patoteada parlamentaria. Quien quiera oir que oiga, antes de que sea demasiado tarde para lágrimas. Por suerte hay una parte muy importante de la sociedad atenta y dispuesta a defender la libertad con uñas y dientes. Con resistencia pacífica. Erguida frente a todo, gran parte de la Argentina se volverá de hierro para endurecer la piel. Como dice nuestra cortina y arenga: “Resistiré para seguir viviendo. Soportaré los golpes y jamás me rendiré”. Esa canción hoy es un compromiso y un juramento. Por un país sin corruptos ni golpistas. Viva la patria, carajo.

La reina Cristina y el golpe palaciego – 1 de septiembre 2020

Cristina miente con frecuencia, pero no siempre. Cuando anunció el “vamos por todo”, estaba diciendo una verdad que está en el ADN de su resentimiento y de su ideología. Su nacional populismo, surgió del ladri progresismo feudal y de la mezquindad y el maltrato personal. Por eso es totalitaria. Por eso nada le alcanza. Su voracidad por el poder y por el dinero, no tiene límites. Siempre va por más. Va por todo, como ella misma confesó. Ungir a Alberto como presidente y sumar a Sergio Massa no fue producto de su generosidad o de su astucia táctica electoral. Ella y su guardia de hierro camporista, desprecian profundamente a ambos, pero los utilizaron para volver al poder. Ahora no los soporta. Es absolutamente consciente de que Alberto y Sergio fueron dos de sus principales enemigos. Y ella no perdona. El rencor es su principal motor. Alberto le dijo de todo en todos los temas. Por eso ratifico que el archivo y Cristina son los principales enemigos del Presidente. Alberto jamás podrá borrar sus testimonios más anti cristina. Desde que “todo lo que hizo fue deplorable” hasta calificarla de “cínicamente delirante” y psicópata
Sergio Massa, se asoció a Margarita Stolbizer y la utilizó con oportunismo, para mostrarse como un cruzado contra la corrupción. Por eso, Cristina mantiene la consigna de los 70: Ni olvido ni perdón. A Massa no le dijo pelotudo, como a Parrilli, a Diana Conti, a Jorge Taiana, al Movimiento Evita y a tantos otros. Cristina fue mucho más a fondo con Massa y Stolbizer. Los llamó hijos de puta a ambos y a ella loca y gorda y le pidió a Parrilli que la matara a Stolbizer y lo embocara a Massa. Son los audios que todos escuchamos. Nadie lo contó en forma reservada. Cualquiera los puede escuchar y entender con más profundidad la lógica autoritaria de Cristina.
Por eso ahora, va por la venganza contra Alberto y Sergio. Ya no los necesita. Ya lo usó y pronto los va a tirar. Esa es su concepción de la lealtad y las coaliciones: use y tire. Esa es la razón por las que, durante todo este tiempo, Cristina se borró del tema de la cuarentena. No dijo una palabra ni siquiera de pésame a tanta gente que murió. Pero boicoteó casi todas las acciones de Alberto. Lo acorraló contra su propio arco.
La gran novedad es que ahora Cristina decidió atacar directamente a sus dos socios del Frente. Contra Alberto utilizó al titular de la Oficina Anticorrupción, Félix Crous. Muchos ingenuos creyeron que la exigencia de que Alberto mostrara quienes fueron sus clientes en los últimos tres años, era un acto de transparencia en el cumplimiento de sus funciones. Bad Information. Crous es un soldado de Cristina y jamás haría algo así sin una orden de ella.
Cristina confesó varias veces a sus personas más cercanas, que le da mucha bronca que los medios la muestren como una corrupta, la jefa de una asociación ilícita para saquear al estado y que a Alberto lo muestren como alguien impoluto que no se manchó jamás con la corrupción. Cristina cree que eso es producto de un pacto entre Clarín y Alberto. Siempre lo acusó de eso. “A Alberto lo protegen, lo cuidan, él es un santo para los medios hegemónicos. Los únicos corruptos somos nosotros”, suele quejarse. En el 2011, en el libro de Sandra Russo llamado “La Presidenta. Historia de una vida”, Cristina definió a Alberto como “vocero del grupo Clarín”. Y los informes de 67Chorro del pauta traficante Diego Gvirtz lo mostraban como un lobista de Repsol y de otras multinacionales.
La información de la factura de 435.600 que Alberto le hizo a Oil Combustible, de Cristóbal López se descubrió durante el concurso de esa empresa. Después Fernández no pudo negar la existencia de esa factura. Dijo que era un error, que no se había cobrado, que después la anuló y que bla bla bla. Pero la factura estaba. Y a eso apuntó Cristina a través del pedido de Felix Crous. Quería que Alberto confesara que Cristóbal fue su cliente. Por eso Alberto reaccionó tan enojado y se negó a aportar esa información. Fue el propio Crous el que ventiló esa situación. Se la filtró al periodismo con el único objetivo de ensuciar a Alberto para satisfacer el pedido de Cristina. En su lenguaje: Cristina lo embocó a Alberto.
Ahora estará satisfecha diciendo: “No solo yo tenía relaciones non sanctas con Cristóbal”. En el lenguaje de la batalla naval podría decirse que el barco de Alberto fue “tocado”. Pero en cualquier momento puede ser hundido.
El otro zarpazo de Cristina involucra a ambos enemigos íntimos, a Alberto y a Massa. Su jugada fue decir que la reforma judicial no era la de ella. Se lavó las manos, de la casi segura derrota. Le sacó el cuerpo al costo político. La culpa será de Alberto y Massa. Fue una forma de decir “yo no tengo nada que ver” con la suerte de esa reforma.
La gran pregunta es porque Cristina dispara con fuego amigo. ¿Con que objetivo bombardea su propia coalición? Porque considera muy mediocre al gobierno y a la mitad de los ministros del gabinete de Alberto, cosa en la que tiene razón. Es cierto que Alberto adoptó la intransigencia y la agresividad del discurso de Cristina. Le dije la semana pasada que por momentos, parece más cristinista que Cristina. Pero en la acción no pasa lo mismo. Da vueltas, es inseguro y dubitativo, va y vuelve. Avanza y retrocede. Cristina sabe que le queda poco tiempo para lograr la impunidad absoluta que es su único objetivo. Ella necesita salvarse de la cárcel. Ella necesita evitar que sus hijos y sus secuaces sean condenados a prisión. Y con movimientos lentos y burocráticos no lo va a lograr. Le gustaría ver a Alberto y a Massa jugar más a fondo contra los jueces, fiscales y periodistas que la investigaron o la procesaron. Cristina los quiere ver metiendo las manos en el barro por ella. Forzar el sistema democrático y si es necesario desconocer las reglas como ya está ocurriendo en el Congreso. Cristina sospecha con toda razón, que por la hecatombe económica, la crisis social sin antecedentes, el fracaso de la gestión sanitaria y la explosión de la inseguridad, es muy probable que en las elecciones parlamentarias del año que viene, el peronismo K sufra una derrota importante. Eso tendrá dos consecuencias inmediatas: habrá más legisladores opositores en el Congreso y los jueces se sentirán con las manos libres para avanzar en los 8 juicios orales que le esperan a Cristina.
Y el resultado políticamente más importante, será el alto costo político que deberá pagar Alberto. Quedará muy erosionada su investidura y su fortaleza institucional. Y ahí viene el vamos por todo de la reina Cristina y de Máximo, el príncipe heredero. La jugada macabra que ya hicieron dos veces en Santa Cruz, se llama golpe palaciego. Cristina dirá que Alberto es un tibio, una especie de Daniel Scioli canoso y le dirá que se corra del medio, que va a gobernar ella. Alberto deberá enfermarse o simular una situación de ese tipo y dar un paso al costado. Ojalá me equivoque porque eso sería una locura antidemocrática. Pero los Kirchner ya tienen antecedentes al respecto. Insisto: lo hicieron en Santa Cruz con Carlos Sancho y Sergio Acevedo. Los entronizaron como gobernadores y cuando ya no los necesitaron, los destituyeron.
A ningún dirigente que respete la Constitución Nacional, las formas republicanas de gobierno y las libertades, se le ocurriría pegar semejante puñetazo destituyente. Pero los Kirchner ya lo hicieron. Está dentro de su lógica. Y con Cristina al mando del timón, radicalizarían su gestión a fondo. Sueñan con la expropiación de los medios, la colonización absoluta de la justicia y el avance sobre la propiedad privada. Eso le dejaría las manos libres para cumplir con su objetivo: convertir a Argentina en Santa Cruz o en Venezuela. Quemar en el altar del lawfare todos sus juicios, encarcelar a los que fueron contra ella. Ese el plan que Cristina tiene en la cabeza. Ojalá la realidad se oponga a semejante ataque a las instituciones. Pero nadie debería subestimar el odio de Cristina. No tiene otro camino para defender su libertad ambulatoria. Nadie puede descartar este escenario que mantendría la apariencia de una democracia, pero que ocultaría el gen de una tiranía.
La prueba más clara de que ese es el rumbo, es el atropello al que se está sometiendo a los senadores y diputados hasta en el reglamento, la brutal avanzada contra Eduardo Casal, o los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi. La Unidad de Investigación Financiera tiró 15 técnicos de primer nivel por la ventana porque hicieron bien su trabajo. La frutilla de la torta es la ampliación de miembros de la Corte para someterla y tener mayorías automáticas como en los tiempos de Carlos Menem.
Estamos atravesando un momento muy delicado e inquietante. Las turbulencias irán en aumento. La liberación de presos, los grupos de choque sindicales, la toma de tierras fomentadas por kirchneristas o aliados, son chispas que pueden encender la pólvora de la violencia. Y eso sería imperdonable en términos históricos. Muchos talibanes cristinistas, sienten una nostalgia romántica por el foquismo criminal de los 70 y son capaces de repetir la historia, como farsa y como tragedia. La sociedad está atenta y movilizada.
Muchos proponen defender en la calle, con cacerolas y banderas, al doctor Eduardo Casal como en su momento se hizo con el fiscal José María Campagnoli. Para que Cristina logre su objetivo de volver a la presidencia se necesita un pueblo sumiso y paralizado. Y esa es la buena noticia para la democracia. Por ahora se ve una fuerte resistencia democrática y pacífica. Una amplia franja de los argentinos que quiere paz, trabajo, sentido común y la vigencia plena de la Constitución. Hay por lo menos diez millones de personas que están dispuesto a decir que el vamos por todo, no pasara. Ni ahora ni nunca.