¿Qué fue lo que pasó? ¿Cuáles fueron los errores y las torpezas más brutales que cometió el presidente? Estas son las preguntas que se hace la política porque la imagen positiva de Alberto Fernández se derrumbó en todas las encuestas. En el trabajo que realizó la consultora Synopsis aparece un dato clave: por primera vez desde que asumió como jefe de estado, Alberto tiene ahora mayor imagen negativa que positiva. Se quebró esa luna de miel. La caída en la consideración de los ciudadanos fue muy veloz. Al comienzo, producto de su rápida decisión de enfrentar el coronavirus y del trato amable que le daba a los opositores, sus números llegaron muy arriba, al 75% en abril. Llegó a conquistar la simpatía de muchos argentinos que no lo habían votado. Pero tal vez emborrachado por ese crecimiento o acosado por Cristina, el jefe de estado empezó a subordinarse a su jefa y se convirtió en una máquina de cometer barbaridades y desmesuras. Ahora cayó al 40,6 %. Perdió 35 puntos porcentuales en un par de meses. Insólito record. Cientos de errores no forzados.
Cristina terminó de domesticarlo y pasó a manejar el poder real en la Argentina.
Gran parte de la ciudadanía se dio cuenta que esa esperanza que algunos ilusos o ingenuos habían tenido, era absolutamente infundada. Que nadie le puede poner límites al autoritarismo chavista de Cristina y que por el contrario, Alberto tuvo que subordinarse en forma verticalista y transformarse en un impulsor del plan sistemático de impunidad y venganza del cristinismo.
Esto es básico para entender al cuarto gobierno kirchnerista. Cristina controla todo. Es la única fuente de poder. Ella imparte premios y castigos. Ella fija la agenda de los temas estratégicos y ocupa los lugares con sus soldados más fieles. Cristina logró instalar que sus intereses personales y los de su familia, son políticas de estado y no se discuten. La gran novedad es que esto, dinamita esa frágil coalición que intentaron vender para ganar las elecciones. No hay un albertismo o un massismo aliados al cristinismo. Hoy solo hay cristinistas. En dos minutos, Cristina se convirtió en hegemónica y todos repiten su discurso para halagar sus oídos. Le doy un ejemplo y solo uno pero hay cientos.
Que Oscar Parrilli, un mayordomo reducido a la esclavitud quiera incorporar incisos contra la libertad de expresión, es una salvajada fascista pero previsible. Pero que Marcela Losardo también dispare contra el periodismo independiente es un síntoma claro de lo que le estoy diciendo. La doctora Losardo es la ministra formal de justicia. Pero no decide nada. Todo lo maneja Juan Martín Mena junto a Carlos Beraldi y Eugenio Zaffaroni, abogado y asesor de Cristina respectivamente. A Losardo le vaciaron de contenido su ministerio y le expropiaron el proyecto de reforma judicial. Gustavo Béliz y Vilma Ibarra quedaron pedaleando en el aire y como todo acto de rebeldía faltaron a la presentación formal. Ese enojo se pasa rápido. Porque tienen dos opciones. O renuncian manifestando su oposición a los atropellos de Cristina o se suman a la tropa de la vice presidenta. Por ahora, no renuncian. Ponen la excusa de no producirle más daño a la investidura presidencial de su amigo Alberto. Y por eso, empiezan como conversos, a sobreactuar el discurso K. Losardo es el ejemplo ms claro porque Vilma y Béliz hablan poco y nada. La ministra formal de justicia en una entrevista con Horacio Verbtisky repitió el discurso censurador de la prensa de todos los K. “Me ofende que digan que es una reforma para la impunidad. Hay que terminar con el apego de la justicia a los poderes mediáticos”. Eso dijo Losardo pero tranquilamente lo podría haber dicho Parrilli o Leopoldo Moreau.
Yo creo que los albertistas nunca tuvieron chances ni coraje ni decisión de ponerle límites a Cristina. Pero ahora la novedad es que bajaron los brazos, se rindieron y se entregaron. Ahora son cautivos de Cristina. Súbditos de la reina.
Esto lo percibe cada ciudadano en sus preocupaciones. Por eso en esta última encuesta de Synopsis Alberto tiene apenas 40,6% de imagen positiva y 43,3 de negativa. Le recuerdo que Alberto ganó las elecciones con el 48,2% de los votos. Es decir que perdió por lo menos el 8% de apoyo entre los que lo votaron. Y los que no los votaron, ahora tienen más argumentos para ir a los banderazos, a los cacerolazos o para instalar críticas muy duras en las redes sociales. Lo rechazan más que antes.
El divorcio entre las expectativas, necesidades y esperanzas de una gran parte de los ciudadanos, es abismal respecto de lo que ofrece el gobierno. A Alberto le preocupan mucho más los retos de Cristina que el rechazo creciente de los ciudadanos.
Las preocupaciones de Cristina son personales. Y tienen que ver con voltear todas las causas y todos los jueces para lograr su impunidad y la de sus hijos. Quiere evitar ir a la cárcel, para decirlo en pocas palabras. Y además quiere perseguir a los que la investigaron. Y como si esto fuera poco, pretenden cohesionar su fuerza y diluir la coalición de tres espacios en el Partido para la Cristina Eterna.
Por el contrario, las preocupaciones de la mayoría de los argentinos tiene que ver con lo siguiente:
1) La brutal inseguridad, potenciada en su criminalidad gracias a la liberación de presos que hizo este gobierno.
2) La hecatombe económica que multiplicó pobres, desocupados y excluidos y destruyó pequeñas empresas y sueños de comerciantes y profesionales.
3) La trampa en la que el gobierno se metió con la cuarentena de 5 meses que no muestra salida y que por ahora, no consigue evitar muertos ni contagios.
4) La impunidad y venganza descarada que está fabricando el estado mayor de Cristina que ofende a las personas honradas que quieren que la justicia aplique el castigo y la condena que corresponde a la jefa de una asociación ilícita dedicada a saquear al estado. Le recuerdo que Cristina tiene 8 procesamientos y 8 elevaciones a juicio oral, uno de ellos en pleno desarrollo.
Cristina, emulando a Fidel Castro, les gritó a los jueces que llevan adelante ese proceso que a ella “ya la absolvió la historia”. Veremos más adelante el veredicto de la historia y de la justicia celestial. Pero falta el veredicto de la justicia terrenal. Esa batalla, Cristina todavía no la ganó. Es más, en muchos planos la está perdiendo como dice la doctora Elisa Carrió. Es que podrá cortarle la cabeza a medio mundo en tribunales. Pero no le va a ser fácil conseguir las mayorías calificadas que necesita para designar a nuevos jueces con la camiseta de Cristina puesta. Salvo que lleve al máximo el ataque al régimen democrático y trate de romperlo o de no respetar las normas, tal como hizo con Néstor para construir su feudo en Santa Cruz. Veremos. Nadie puede estar con la guardia baja.
Pero desde lo institucional, creo que los dos motivos más decisivos en el derrumbe de Alberto en todas las encuestas, tiene que ver la pérdida de olfato político y sentido común. Elogió y puso como ejemplo a tres de los personajes más repudiados por la mayoría de los argentinos.
Todavía no es gratis en este país decir que extraña a Hugo Chávez, el heredero de Fidel y constructor de una feroz narco dictadura. Y no lo digo yo. Lo dice Michelle Bachellet, ex presidente socialista de Chile que, en su momento,
fue bastante amiga de Alberto.
Todavía no es gratis en este país poner como ejemplo de dirigente sindical a Hugo Moyano, el emblema de un estilo mafioso, corrupto y patotero que atrasa 40 años.
Todavía no es gratis en este país celebrar a un señor feudal como Gildo Insfran que tiene a Formosa en un puño de hierro desde hace años y que acaba de conseguir que uno de los casos más graves de corrupción que compartió con Amado Boudou, sea juzgado en su provincia. ¿Se imagina que van a decir los jueces formoseños sobre el dueño y señor de la vida de la provincia? Que es un santo. Aunque le haya robado dinero al pueblo más pobre entre los pobres.
Y por último, hace unos días, Alberto rompió todos los manuales del buen dirigente. Incluso los del peronismo. Muy suelto de cuerpo responsabilizó a los ciudadanos comunes por el aumento de los muertos y los contagiados por el virus maldito. Dijo que “la gente se relajó equivocadamente”.
Yo no digo que el pueblo siempre tiene razón. Pero es una burrada decir, después de 5 meses de cuarentena eterna, que la culpa es de los compatriotas que sorprendieron gratamente por la responsabilidad y la disciplina social que tuvieron durante mucho tiempo. Es cierto que con el paso de las semanas se fue aflojando. Pero es comprensible y absolutamente natural.
Todo el tiempo buscan culpables en lugar de buscar soluciones. Y jamás se miran al espejo. Jamás una autocrítica. Nunca se preguntan que hicieron ellos de malo para tener estos resultados. ¿No será que la cuarentena para todos se instaló demasiado anticipadamente? ¿No será que debió haber sido en forma más escalonada? ¿No será que se tendría que haber controlado sobre todo a los grupos de riesgo? No lograron evitar el hartazgo de mucha gente que no soporta dejar de ver a sus hijos o a sus nietos o quedarse pasivos mirando cómo se caen a pedazos los sueños de progreso que tanto les costó edificar.
Alberto se desplomó en las encuestas. La coalición ya no existe. El Frente de Todos, ahora es el Frente de Cristina y Alberto Fernández de Kirchner está atrapado sin salida. La soberbia suele ser la madre de todas las derrotas.
Ginés no pega una – 12 de agosto 2020
El oportunismo y la actitud permanentemente acomodaticia de Ginés González García lo empuja a hacer evidentes papelones de magnitud. El actual ministro de Salud, seguramente, hablará de disciplina partidaria o de verticalismo peronista, pero dos veces le ordenaron retroceder en chancletas y lo hizo a toda velocidad.
La última fue televisada y todavía no se le cayó la cara de vergüenza. Por ese motivo, Jorge Lanata le dio el título del boludo de la semana. Lo escuchamos al principio. ¿Qué pasó? Estaba en el Senado de la Nación explicando doctoralmente que había que rechazar la ley de cobertura de una terrible enfermedad llamada fibrosis quística. Ginés decía que los objetivos de la norma que se estaba tratando eran incumplibles y que iba en contra de los tratados internacionales y que bla y bla. El ministro argumentaba que ese proyecto, no se podía aprobar. En ese instante, apareció en escena Anabel Fernández Sagasti, la senadora mendocina de la Cámpora y mano derecha de Cristina. Sin ningún preámbulo fue derecho al grano y dijo que el presidente Alberto se había comunicado con la vice Cristina y ordenaban que el proyecto saliera aprobado en forma inmediata. La cara de Ginés fue un mapa de la humillación. Tragarse semejante sapo en vivo y en directo. Su mandíbula casi golpea contra el escritorio. Orden de Alberto y de Cristina que desautorizaron a la vista de todos a Ginés. Tal vez, el ministro desairado habrá pensado: “Me hubieran mandado un mensajito de texto al teléfono y me evitaban este papelón”. Ginés agachó la cabeza y se fue a su casa. Y el proyecto, por supuesto, se convirtió en ley.
Con el tema del aborto, pasó algo igualmente grave. Digno de Groucho Marx. Estos son mis principios, pero si no les gustan, tengo otros. Ginés siempre estuvo, como sanitarista del justicialismo, a favor de la despenalización del aborto. Un tema de salud pública, decía. Eso lo llevó a confrontar con la iglesia y Cristina que en ese momento estaba en contra, lo mandó a un exilio dorado como embajador en Chile. A partir de ese momento, Ginés, siempre tan charlatán con los medios, se quedó mudo. Disfrutó de las mieles y los privilegios de la diplomacia y no dijo una sola palabra de su bandera de la despenalización. Metió violín en bolsa para no hacer enojar a Cristina y para no perder su puesto. Recién cuando Cristina cambió su opinión, al parecer convencida por su hija Florencia, el inefable Ginés recuperó la voz pública y volvió a poner sus propuestas sobre la mesa.
La dignidad es como el embarazo. No se puede estar medio embarazada. Se está o no. No hay término medio. Con la dignidad, pasa lo mismo. No se puede ser medio digno. Conveniencia y especulación, siempre mata ideas.
Gé Ge Gé, como se conoce a Ginés por sus iniciales, batió todos los records de metidas de pata y bloopers durante esta cuarentena extra large. Habló hasta por los codos y dijo barbaridades. Eso le quitó credibilidad para criticar al ex ministro Adolfo Rubinstein a quien ayer fustigó por el campeonato del mundo. Ge Ge Ge está preocupado porque están creciendo mucho los contagiados y los muertos por el coronavirus. Y está abriendo el paraguas igual que Alberto y el ministro y vice bonaerense, Daniel Gollan y Nicolás Kreplak. Todos buscan culpables en lugar de encontrar soluciones. No quieren hacerse cargo de la ineficiencia y la ineptitud que demostraron en muchos planos. Los funcionarios de Axel Kicillof, otro que no está a la altura de la responsabilidad, se la pasaron mirando a la Ciudad de Buenos Aires. A medida que fue mejorando la situación de Horacio Rodríguez Larreta y el ministro Fernán Quirós, más se ensañaron con sus críticas. Que los porteños y los runners eran los que diseminaban el virus. Los chetos que viajaron. Los comerciantes. Los periodistas que incitan a que la gente salga a la calle. No se hicieron cargo de nada. Ellos son perfectos. Cero autocrítica. Lo cierto es que todas las encuestas muestran que Quirós es el ministro del área mas valorado en todas las encuestas y que en muchas aparece el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, en el primer lugar en imagen positiva de gestión. Eso los descolocó. Empezaron a decir que estaban habilitando al mejor candidato de la derecha y ese tipo de pavadas cargadas de agitación ideológica carente de sentido común. Los momentos más insólitos del deporte “Disparen contra Larreta”, fueron cuando Cristina quiso estigmatizarlo como un represor de manifestantes pacíficos. ¿Se acuerda? En realidad, la Policía de la Ciudad actuó con todas las garantías contra unos salvajes que con bombas molotov intentaron prender fuego a una sede de la Gendarmería. Los videos de las cámaras de la ciudad, son una prueba irrefutable. La realidad hizo callar a Cristina. Pero después, sus soldados camporistas del PAMI le hicieron decir a Alberto una mentira grande como la Patagonia: que en la ciudad no había más lugar para los adultos mayores. Todo el tiempo van contra Larreta que en su estilo y su táctica solo les contesta con más y mejor gestión.
Pero lo de GGG, superó todos los límites. El que peor actuación tuvo en este combate contra el virus, levantó el dedito y le dio con todo al doctor Rubinstein que siempre fue prudente y cuando hizo críticas, fueron responsables y moderadas. Rubinstein nunca tuvo un exabrupto. Dijo lo que muchos médicos dicen en voz baja. Que no están enamorados de la cuarentena. Que están entrampados en la cuarentena y no saben cómo salir. Vamos hacia los 5 meses en la cuarentena que bate todos los records mundiales. Y nada indica por ahora que hayamos pasado el pico de contagios.
GGG dijo que Rubinstein había sido un mal ministro y un peor ex ministro. Lo responsabilizó por el aumento fuerte de casos en Jujuy y por haber dejado al país sin vacunas (otra falacia). Ginés dijo que Rubinstein hizo mucho daño y que se atreve a decir barbaridades porque tiene 6 causas ante la justicia. Y que por eso se hace la víctima.
GGG dijo cosas terribles que no son para reírse.
Pero si lo confrontamos con el archivo, las cuestiones terribles son las suyas. Para empezar, no pegó una en diez definiciones que tuvo ante los medios. Desde aquel histórico día 23 de enero, cuando dijo que no había ninguna posibilidad de que el coronavirus llegara a la Argentina. El médico de este gobierno de científicos hizo diagnósticos absolutamente equivocados. Insisto: no pegó una. “Me preocupa más el dengue que el coronavirus”, planteó sin que se le moviera un músculo, ni pidiera disculpas por semejante pifia. El 3 de marzo dijo, “uy, me sorprendió el virus, yo no creía que iba a llegar tan rápido”. Hay que recordar que vaticinó que en julio iba a bajar la curva y que la gripe era mucho peor que el covid 19. Están todos los audios y los videos. Tardó en usar barbijo y al principio no fue contundente para recomendarlo. Dudaba en público sobre si era efectivo ese tapabocas que es fundamental.
GGG dudaba del barbijo. Pero no dudó en llevar a todos sus socios comerciales al Ministerio. Muchos no tienen nada que ver con la salud. Pero cobran un sueldo y tienen un cargo en el ministerio. Uno de sus socios en la bodega sanjuanina, Eugenio Zanarini maneja la caja. Está a cargo de una fortuna que se distribuye entre las obras sociales. Es la Superintendencia de Servicios de Salud. Una oficina clave en la relación con el dinero y los gremios. En ese lugar estuvo el amigo de Alberto que recaudaba para el Justicialismo. Hablo de Héctor Capaccioli y los aportes que hicieron las droguerías y la mafia de los medicamentos a la campaña de Cristina.
Pero eso no es todo. Daniel Alejandro López, otro socio de la bodega es director nacional del ministerio. Marcelo Guille socio en el criadero de chanchos que tiene en Baradero, figura como experto entre los infectólogos y es chofer y amigo de GGG. Por lo menos dos de sus emprendimientos cobraron el aporte del tesoro para los salarios. Un informe riguroso que se hizo en el programa de Lanata demostró que muchos funcionarios vienen de la actividad privada: de los negocios de GGG. Lisandro Bonelli, sobrino del ministro también es su socio en el emprendimiento porcino y el arquitecto Hernán Barbalace tienen su cargo importante y fue el que supervisó los hospitales que se construyeron en Cañuelas y en Chubut recomendados por la auditoria del doctor Ginés Mario González García. Hay mucha más información en el mismo sentido. Pero no quiero cansar a los oyentes. Solo argumentar porque creo que Ginés no pega una y levanta el dedito para dar cátedra. Su oportunismo verticalista no siempre le da resultados. Pero al ministro le importa poco. El ministro se ríe: GGG. ¿De qué se ríe ministro?
Fundación San Felice los Kirchner – 11 de agosto 2020
En la política doméstica de Santa Cruz circula este chiste: ¿Sabes cuál es el santo de los testaferros? San Felice, por supuesto. Es una referencia al tristemente célebre Bochi, Osvaldo Sanfelice.
Ahora se le viene la noche y se le complican los días. Lo digo porque la Cámara Federal porteña confirmó su procesamiento por lavado de dinero. Fue una decisión del juez Julián Ercolini en junio de 2019 que, además de Sanfelice, involucra principalmente a Cristóbal López y a Fabián De Souza. Lo acaban de certificar los votos de los camaristas Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi. Ambos magistrados están sufriendo el embate del cristinismo que cuestiona sus traslados ante el Consejo de la Magistratura. Cristina los acusó en un tuit de “flojos de papeles, sin acuerdo del Senado y sin prestar juramento de ley”. Cristina se olvida que la Corte Suprema avaló esos traslados. Pero Cristina siempre se olvida de lo que le conviene olvidarse.
Le cuento: Sanfelice tenía una empresa insólita llamada Agosto S.A. Alquilaba maquinaria y tenía un solo cliente: Cristóbal López. Con la confirmación de los procesamientos por parte de la sala 1 de la cámara, estos personajes quedaron a un paso del juicio oral.
A Sanfelice lo engancharon por el lavado de 38 millones. Y el juez sostuvo que ese dinero fue derivado por Cristóbal y era parte de los 8 mil millones de pesos que se apropió cuando era titular de Oil Combustibles. Y digo apropió porque se trata de una fortuna que la empresa no transfirió como es su obligación como agente de retención de los impuestos al transferencia de combustibles. Mucha gente habla de evasión y se equivoca, es mucho más grave que evasión. Es apropiación de fondos. Se quedaron con esa montaña de plata que solo recaudaban y debían pasar de inmediato al estado. Evadir en no pagar un impuesto que te corresponde a vos. No pagas de tu propia plata. Pero acá se metieron al bolsillo una fortuna que era del estado. Defraudaron al estado. Encima todo indica que con ese dinero, compraron el grupo de medios de comunicación que pusieron al servicio de Cristina y su gente.
Pero volvamos al santo de los testaferros. Sanfelice fue socio, amigo y empleado de Cristóbal. Y además, socio y vecino de Máximo Kirchner. Ahora le cuento más detalles.
En su momento una presentación judicial confirmó además que Osvaldo José Sanfelice (a) Bochi, el socio de Máximo Kirchner en la inmobiliaria es, una especie de segundo Lázaro Báez, un testaferro coordinador de un cartel de testaferros.
Cristina no es una santa y el Bochi, pese a su apellido, tampoco es el patrono de la felicidad.
En la presentación que hizo en su momento Margarita Stolbizer, se reveló el rol de Cristina como “socia oculta” de una empresa de digitalización de documentos que tiene 100 empleados y que facturó en 2018 más de 380 millones de pesos. La compañía llamada Lakaut fue creada poco tiempo después de que Ricardo Echegaray, cuando no, al frente de la AFIP creara la necesidad y la obligación de digitalizar y certificar documentos físicos para poder archivar. Simultáneamente facilitaron la creación de esta empresa que, con información calificada, llegó a ser casi monopólica.
Otra de las cuestiones que la presentación ante los tribunales demuestra es que Sanfelice se cansó de comprar propiedades, terrenos, el hotel Waldorf y siempre pagó en efectivo, con dinero físico, como dice Fariña. En el 2008 la cuestión de las compras se aceleró. Fue aluvional y casi compulsiva. Es que las denuncias de los periodistas independientes y de los políticos honestos eran balas que picaban cerca. Tuvieron que desprenderse rápidamente de esas montañas de dólares sucios. Era dinero que quemaba las manos.
Esto produce dos preguntas: ¿De dónde sacó esa plata Sanfelice? No tiene ingresos que justifiquen ni el uno por ciento de lo que adquirió. En la justicia creen que esa catarata de billetes, salieron de los cientos de bolsos y valijas que Daniel Muñoz recibía ilegalmente en el departamento de Cristina, en Uruguay y Juncal o en la quinta de Olivos y que escondían en Río Gallegos, en la casa de Marta Ostoic, la madre de Néstor Kirchner.
Si tiran de esa cuerda puede aparecer una parte importante de todo el dinero robado por la familia presidencial. Otra parte, está en las casas que compró Daniel Muñoz en Argentina y en Estados Unidos y gran parte en las más de 1.300 propiedades y los 1.100 vehículos de Lázaro Báez.
Esta es una respuesta con datos, cifras, documentos probatorios a la pregunta, ¿Dónde está la plata que se robaron?
Sanfelice también compró una chacra lujosa con helipuerto y amarradero para embarcaciones en Puerto Panal, en el partido de Zárate. Allí también compraron Julio de Vido, Fabián de Sousa y Máximo Kirchner. Amigos son los amigos. En sus mansiones, los muchachos hicieron reformas sofisticadas y berlusconianas. De Vido puso pajareras con humidificadores y sensores de temperatura y Fabián hizo un extraño trabajo en madera como si fuera una marina privada por pedido de su esposa. No se privaban de nada los muchachos. Es fácil vivir como reyes con el dinero del pueblo argentino.
Por eso le digo que se viene la noche para Sanfelice. Hizo operaciones multimillonarias y dejó todos los dedos pegados porque nunca tuvo ingresos de esa magnitud. Hay que decir que, igual que los Kirchner, y los Báez, el Bochi también involucro en estos negociados turbios a su familia. Marta Leiva, su esposa aparece como empleada Lakaut y su hija, María Martha también recibió donaciones inexplicables y adquirió inmuebles casi sin tener ingresos declarados.
La plata fluía de una suerte de dinero ducto que iba de la Capital hasta Rio Gallegos y de ahí a distintos lugares del mundo. Por eso los delitos son los de asociación ilícita, enriquecimiento colosal, lavado de dinero y malversación de fondos públicos.
Sanfelice tenía amplios poderes firmados por Néstor para comprar, vender, administrar y disponer de sus bienes. Era casi de la familia.
Este riguroso trabajo de Stolbizer y Silvina Martínez fue volcado en un libro llamado “Ella miente, Cristina y los dos mil millones de dólares”.
Una parte del texto define a San Felice como “un perro fiel” de la familia Kirchner y aunque su imagen no es muy conocida en los grandes medios, en Santa Cruz, todo el mundo sabe que Sanfelice es sinónimo de negocios sucios de Kirchner. Por eso, en su momento, le pidieron al juez Daniel Rafecas la inmediata indagatoria del jefe del cartel de los testaferros. Es un entramado monumental de prestanombres que intentan ocultar lo inocultable. Es que la cantidad de pruebas son abrumadoras. Los personajes de las distintas sociedades casi inactivas son los mismos que se entrecruzan, los domicilios en varios casos son idénticos, hay préstamos de montos muy elevados que nunca se pagan y que casi no tienen intereses. Más que prestamos parecen regalos. O retornos.
Son varios los negociados y las estafas.
Pero en muchas aparece Ricardo Echegaray como el primer motor de todo.
Fue el creador del “régimen de resguardo de documentación aduanera” y es la AFIP bajo su mando la que otorga la única habilitación para realizar ese trabajo a Lakaut. La empresa que fue importante y exitosa tenía una de las sedes es la calle Lima 35 piso 12, el mismo domicilio legal que tuvo Hotesur, que regenteaba el hotel más grande de los Kirchner, el Alto Calafate. Otra: uno de los vehículos de Lakaut tiene una cédula verde a nombre de Osvaldo Sanfelice. Otra: Marta Leiva, la esposa del Bochi fue empleada de esa firma. Y hasta el famoso hotel Waldorf es de la familia Kirchner. El contador arrepentido de los K, Víctor Manzanares confesó que Néstor le pidió varias veces que fuera a controlar que el Bochi no le robara en el hotel Waldorf. Su declaración está disponible para quien quiera oir.
Y como si esto fuera poco, la bóveda que existía en lo de Lázaro y que luego por arte de mafia fue transformada en una vinoteca y la bóveda de la inmobiliaria de Sanfelice y Máximo, fueron construidas por el mismo herrero y con el mismo diseño.
Pero en la Argentina hay algunos que tienen coronita. Sobre todo los reyes de la corrupción y su jefa, la reina Cristina. Cristina seguramente no es una santa pero a cada santo le debe una vela. Sobre todo a San felice, el santo de los testaferros.